Philip Drinker (1894-1972)

Hemos insertado en la sección ‘Epónimos y biografías médicas‘ de historiadelamedicina.org, una oticia biográfica de Philip Drinker (1894-1972).

Estudió química e ingeniería química. Desde el principio se ocupó de la higiene industrial. Trabajó en la Escuela de Salud pública de la Universidad de Harvard. Se le conoce por haber inventado el pulmón de acero en 1928. Durante la epidemia de polio de los años treinta y cuarenta ayudó a salvar muchas vidas. Autor de dos obras clásicas: Industrial medicine, publicada con W. Irving Clark, e Industrial Dust, con Theodore Hatch.

Drinker demostró los excelentes resultados que podía dar la colaboración entre la medicina y la ingeniería.

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Homenaje a Darwin de los estudiantes de medicina de Valencia (1909). Parte 25

Viene de aquí, Parte 24

Insertamos, a continuación, la última parte de la segunda conferencia que pronunció Unamuno en Valencia. Lo hizo para el Ateneo Científico, pero el acto se celebró en el Paraninfo de la Universidad.

Civilización viene de ‘cives’, ciudad, y lo contrario de civilización es ruralización. Hay que acabar con el espíritu rural, y en vez de que se metan los campos en las ciudades, es el espíritu de las ciudades el que hay que llevar a los campos. Para acabar el fermento de discordia, la barbarie y el procedimiento instintivo, hay que extender el espíritu de las ciudades a los campos. Esta mañana, viendo desde lo alto de la torre esta ciudad como una especie de rebaño esparcida, me hacían notar, y es cierto, que así como en otra parte, en Castilla por ejemplo, donde termina la ciudad empieza bruscamente el campo, desde que un núcleo de casas interrumpe, luego viene la campiña, aquí se va difuminando, se va poco a poco, y no se sabe dónde termina el campo y dónde empieza la ciudad, y entonces yo pensaba: ahora lo que hace falta es saber una cosa que yo no sé, y si esto también se repite en el orden espiritual, si esto significa que es es la ciudad la que va hacia el campo o es el campo el que va viniendo y se mete en la ciudad. Si esto es lo segundo, no hay movimiento de cultura posible, y siento tener que herir acaso sentimientos de campesinos. Ea es la verdad.

La ciudad es en todas partes el núcleo de la región, y si aquí ha de haber región, lo que primero hace falta es que haya ciudad con propia conciencia colectiva y con ciudadanía. La ciudad ha sido el origen de la civilización en todas partes y aquí como en todas partes tiene que serlo.

Afortunadamente, parece que va poco a poco haciéndose, no lo bastante; aquí no sólo tenéis una ciudad, sino tenéis también una ciudad universitaria; yo no lo sé, no hago más que dirigiros una pregunta, y cada uno se la contestará.— Esta institución, esto que llamamos universidad, y que debe ser más que una fábrica de licenciados en Derecho, en Medicina, o lo que quiera, porque mientras que no sea más que fábrica de esto, seguirá sujeta al régimen de las fábricas, ésta, ¿tiene alguna influencia en la ciudad? ¿Llega de alguna manera al pueblo? ¿Es una cosa popular? ¿Hace o contribuye hacer conciencia?

Si no contribuye a hacer conciencia está perdido esto, no vive, vegeta la vida más triste y es una oficina como puede serlo la Delegación de Hacienda, en la que uno tiene el ‘negociado’ de Historia, otro tiene el negociado de Patología, otro tiene el negociado de Derecho Mercantil, y cada uno tiene su negociado, despacha, y andando. Eso no es Universidad.

Siempre que he llegado a una ciudad universitaria, y os lo dice un universitario, que se jacta y se gloria de serlo, siempre que he llegado a una ciudad universitaria, he procurado hacer una visita a las librerías y saber si se venden muchos o pocos libros y qué clase de libros se venden. Claro que excluyo los libros de texto, esos no son libros generalmente. (Ovación). Siempre me he dicho: “Si esta institución no ha conseguido que se desarrolle aquí el culto al libro que se compren, que se lean, ¿qué es lo que ha conseguido? Porque hora es ya de entrar en un terreno absolutamente práctico. Una de las cosas que más hacen falta en España es instituir un poco el culto al libro. Que no haya el horror tan grande que hay al libro. Y cuando se ha hecho algo en este sentido no han sido estas instituciones, no hemos sido nosotros siquiera, los universitarios, ha sido algún modesto editor que ha tenido un poco de acierto y capital, y un poco de arrojo, el que ha hecho esta obra.

El culto al libro es una de las cosas que más hay que desarrollar. El saber leer y escribir importa poco, si la gente no sabe lo que lee y lo que escribe, o lee y escribe cosas que lo mismo da que no las leyera ni las escribiera.

Y hay un horror tal al libro, tan grande, que yo conozco a una persona que estando en Madrid va al teatro todas, todas absolutamente todas las noches. Una vez se encontró acatarrado, no pudo salir de casa, pero su catarro no le impedía leer; en fin, estaba hasta levantado. Cualquiera diría que un señor que se gastaba dos, tres y cuatro pesetas cada noche en el teatro, ya que no podía salir, que se comprara un libro que le costara tres pesetas y tenía distracción para tres noches. No, señor, no lo compraba y se pasaba el tiempo echado encima de la cama. Le dije: “Hombre, ¿por qué no compra usted un libro?”. Y me dio la contestación más peregrina: “Y luego de leerlo, ¿qué hago yo con él?”.

Al hombre le dolía hacer el gasto, y luego ¿dónde colocaba el libro?

Es lo mismo, le dije, que si cuando me llama usted  a comer y me trae una chuleta le digo: “No, no como, porque luego de haberla comido ¿qué hago de ella?” Por una parte el cultivo del libro y por otra —y en esto me dirijo a los jóvenes— una especie de amor, a lo que en el sentido no abstracto de la palabra, se puede llamar lo clásico, a la lectura y conocimiento de quellas obras fundamentales del espíritu humano, de aquellas cosas que no son como los hitos de la historia. Tengo observado en la mayor parte de los muchachos, lo he visto constantemente, que se pasan el tiempo leyendo el último libro del último muchacho que ha salido de Madrid, y leen las cosas de aquellos que conocen por el retrato que llevan en la portada del libro, y saben lo que ha publicado Juan Pérez, José Fernández, el muchacho de allá y el de más allá, y llegan a cierta edad, por ejemplo, tienen afición a la literatura, o dicen tenerla, y no han leído a Homero ni a Virgilio ni al Dante, ni a Shakespeare, ¿qué se yo? una porción de las cosas que no se pueden ignorar y con el horror a las lecturas de ese género, se pasan el tiempo en la comparación que a mí se me ocurre hacer.

Se pasan el tiempo comiendo aceitunas y toda clase de aperitivos, se estropean el estómago y luego no comen nada, porque pretenden vivir de aperitivos. Y esta falta de vida en nuestras ciudades que es una cosa que realmente da pena, porque casi todas las ciudades de provincias de España, y creo que esta no es excepción, lo demás sería una cosa exagerada, en el orden intelectual, en el orden del espíritu, están si no muertas, moribundas, no tienen apenas vida intelectual ninguna y una de las desgracias más grandes de España esta especie de centralización de la cultura, yo que en otras cosas soy muy centralista, cada vez más, en ésta lo lamento.

La poca cultura que hay aquí, poca o mucha hay que decir la verdad está concentrada en Madrid. Y esta es una desventaja muy grande y una grande dificultad. Los intelectuales de provincias casi todos emigran a Madrid y se olvidan de su provincia con el tiempo y se da el caso de quien ha nacido campesino, se va a Madrid, se mete a escritor y a los cinco años de estar en Madrid escribiendo, no sabe distinguir el trigo de la cebada.

Una de las cosas que indudablemente da hoy más fisonomía, más vida de cultura, más intensidad al movimiento intelectual italiano, es la descentralización de su cultura. En una porción de ciudades, no ya grandes, no ya en Florencia, Turín, Nápoles, en ciudades pequeñas, se encuentran siempre algunos hombres que trabajan, hay un núcleo de hombres, ya en literatura ya en ciencias, que tienen una pequeña revista, revista que vive, que se sostiene y en todas partes dicen: “en tal parte está Zutano y en tal otra Mengano, en otra está el de más allá”. Aquí si hay alguien muere en medio de la soledad y de la tristeza, aislado, sin espíritu de solidaridad, sin ambiente de ninguna clase. No puedo creer que no haya aquí, por ejemplo, dos, cuatro, seis, siete personas, ocho, veinte, acaso de buena voluntad, de inteligencia y de un cierto entusiasmo inicial para el estudio de la ciencia, el cultivo de las artes.

Observad, porque eso lo observamos todos, que en cuanto estos hombres han pasado de la cuarentena ya están vencidos, ya están viejos de espíritu, no hacen nada, están completamente tristes, no han sabido unirse, no han sabido tener solidaridad, no se han juntado para hacer una obra común, y, sobre todo, no han encontrado ambiente.

Conviene que os dediquéis a este estudio, debéis crear una especie de ambiente a eso, y si aquí hay una institución de enseñanza o de cultura, y ella por su parte, por una u otra razón, por un peso mortal de tradición, por una inercia de los individuos, no va a vosotros, id vosotros a ella y obligadla a salir de aquí y desamortizar la ciencia oficial. Yo creo que una de las cosas más necesarias es que un día las gentes irrumpan y se metan en las cátedras, hay quien no le gusta, hay quien no tiene un verdadero horror a los oyentes, le vienen a perturbar; pero ¡ojalá que la gente entre en las cátedras, que una porción de gente cambie completamente el curso de lo que se estaba diciendo?

Aquí tenéis una ciudad; esta ciudad es, en mayor o menor grado, una ciudad universitaria, y esa labor de hacer una conciencia colectiva, si a alguien obliga, es precisamente a un centro como este en que estoy hablando; y si el elemento que aquí enseña no tiene ninguna simpatía por el pueblo, acaso por temor, por vergonzosidad y miedo, creo que se le debe obligar a salir de esta especie de torre de marfil en que vive encerrado. Sólo de esta manera, haciendo una obra de cultura, tratando de hacer una conciencia en la ciudad y de hacer cada uno de vosotros una conciencia y darse cuenta de cada cosa, podréis no matar, que eso no conviene nunca, sino encauzar, dar vida a todos esos instintos, a todas esas pasiones, a esa especie de concepción emocional, estética y artística que os habrá llevado alguna vez, acaso, a excesos que han hecho esa especie de noción de la Valencia de los de fuera que como dicen, acaso no es la de vosotros, ni acaso tampoco es la verdadera.

Si con estas cosas puramente descosidas, sin orden, un poco así al desbaste, he conseguido, en uno siquiera de los que me oyen, encender un poco o avivarle un sentimiento que ya tenía, moverle a esta obra, me daré por satisfecho. Si yo volviera a esta ciudad — y ojalá pudiera ser ello —y al volver me encontrara con que había una cierta vida, de otro modo, con que se había desamortizado esta especie de ciencia oficial, que mientras es oficial no es ciencia, creo que diría: “Si en algo, si en las más pequeña partícula pude contribuir en un momento, no a la obra, a excitar a los que estaban dispuestos a emprenderla, me doy por muy bien venido, y por muy satisfecho de haberlos conocido.

(Grande ovación. Los señores que ocupan el estrado felicitan al orador).

El Pueblo, 24 de febrero de 1909.

unamuno_leyendo

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Equipamiento de un consultorio médico-quirúrgico en 1898

He encontrado el anuncio de un consultorio médico-quirúrgico en El Imparcial de 27 de octubre de 1898. Está en la página de publicidad (la cuarta y últma). Lo recojo porque es interesante la descripción que hace de los servicios, aparatos e instrumentos de que dispone. Este es el anuncio:

Consultorio Médico Quirúrgico Internacional
Dedicado exclusivamente a las enfermedades crónicas y operaciones quirúrgicas en general, dirigido por los profesores especialistas:
Ayza Mendes— D. Valentín.
Busacca y Somma— D. Manuel.
Cavazuzuti de Bosacca— Dña. Aurelia
Farinós y Marqués— D. Felipe.
García y Muñoz—D.  José.
Rivera y Fernández — D.  Manuel
Uldaca y Vargas — D.  Constantino.
Valentín Torres—D.  Eduardo.
Wenceslao García Nogués—D.  Jaime.

Para el efecto disponen de los medios más eficaces y modernos de investigación diagnóstica, co-
mo son: microscopios para la inspección de esputos, orina y demás secreciones; hemactoespectroscopios para apreciar la hemoglobina, y oxihemoglobina en la sangre; galactómetros, urinoscopios, oftalmoscopios, pneumómetros, espirómetros, laringoscopios y reflectores eléctricos para la inspección de cavidades y el más reciente y poderoso aparato de radioscopia y radiografía (rayos X), y los curativos, tales como la máquina electro-estática del Dr.  Artois, dieléctrica de Carré (gran modelo) para baño, soplo y chispa en la neurastenia, clorosis, polisarcia (obesidad), pila eléctrica de cien elementos Callaud; miliamperómetro Trouvé para corrientes continuas contra las parálisis, atrofias, catarro y atonía de la matriz, catarro y úlceras del estómago, y para electrolisis y cataforesis contra estrecheces y tumores; corrrientes farádicas (triple carrete Chardin) contra parálisis locales, impotencia, espermatorrea, sordera, atonía; productores de ozono de varios sistemas para las afecciones del aparato respiratorio (Academia de Medicina de París, 1839); inhalaciones antisépticas; oxigenógeno de Valdemburg, vaporarios con presión para las afecciones de la garganta y de la piel, ídem tricógeno contra la calvicie, alopecia, evitar la caída del cabello y extinguir la caspa; duchas hidroeléctricas filiformes oculares, nasales, auriculares, uretrales, endo-uterinas, vesicales con toda clase de medicamento**s apropiados; seroterapia, hipodermia; aparatos ozonizadores para enfermos y para médicos, con el nuevo tratamiento para las afecciones venéreas y sifilíticas por el suero de carnero.
Y de un completo arsenal quirúrgico para llevar a cabo, en la más perfecta antisepsia, toda clase de operaciones.

Dos patentes de invención por las dentaduras de níquel y aluminio sobredorado, las más higiénicas, ligeras y económicas; y el auto-moto-eléctrico, un aparato para la curación de toda clase de hernias, del cual posee su inventor, el Sr. Bussacca, privilegio de invención por veinte años.

Consulta por correo. Horas de nueve a doce y de dos a seis. Gratis a los pobres; consultas y operaciones de ocho y media a diez.

Arenal 1, Principal. Madrid”.

Rayos lumínicos curativos

La imagen no tiene nada que ver con el Consultorio. Sólo es ilustrativa.

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Peter J. Safar (1924-2003)

Hemos insertado en la sección ‘Epónimos y biografías médicas’ de historiadelamedicina.org una noticia biográfica de Peter J. Safar (1924-2003).

Se le conoce como el padre de la reanimación CPR. Nacido en Viena en 1924, estudió en su Universidad y marchó después a los Estados Unidos para especializarse. Dada la situación europea de entonces se quedó en los Estados Unidos donde llegó a ser catedrático y director del Departamento de Anestesiología de la Universidad de Pittsburgh. Creó un Departamento interdisciplinar de reanimación y cuidados intensivos, que hoy se conoce como el ‘Safar Centre for Resuscitation Research’.

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Maniquí para la enseñanza de las maniobras de reanimación

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Samuel Wilks (1824-1911)

Hemos insertado en historiadelamedicina.org, una noticia biográfica de Sir Samuel Wiks (1824-1911). Nacido en Londres, trabajó toda su vida en el Guy’s Hospital, uno de los escenarios en los que se desarrolló la anatomía patológica microscópica en Gran Bretaña. Entre sus maestros figuran Bright, Addison y Hodkin. Hizo que las autopsias fueran rutina y relacionó los hallazgos de éstas con los datos clínicos. Sus contribuciones se sitúan en los campos de la neurología, la sífilis y las inflamaciones intestinales. Dejó aquí los enlaces:

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La circulación electrónica de los datos clínicos de los pacientes

La manera en que los ciudadanos buscamos y obtenemos información ha cambiado de forma radical en los últimos años. Es de sentido común creer que la forma en la que se guardan y circulan nuestros datos clínicos, también. De hecho, en algunos casos las historias clínicas se digitalizaban antes de que apareciera Internet. La ‘historia clínica’, importantísimo documento que forma parte de nuestra medicina desde casi siempre, también se ha actualizado. Sin embargo, las nuevas tecnologías permiten que esta información pueda circular con gran rapidez y estar disponible, por ejemplo, para un médico que atiende por vez primera a un enfermo o en una situación de urgencia médica. Nadie duda de los beneficios que esto puede suponer, pero se trata de una información delicada y muy sensible que requiere un tratamiento especial, incluso una legislación ad hoc. ¿Qué saben de esto los ciudadanos de nuestras comunidades autonómicas?

Algunos países llevan tiempo desarrollando este tipo de sistemas de transmisión de la información clínica. Estados Unidos está en ello. Nos ha llamado la atención un artículo que se publica en el Journal of Medical Internet Research (vol 11, número 3, Julio-Septiembre, 2009) y que puede consultarse en red. Sus autores son Steven R Simon, J Stewart Evans, Alison Benjamin, David Delano, y David W Bates. Su título es “Patients’ Attitudes Toward Electronic Health Information Exchange: Qualitative Study“.

Se trata de un estudio cualitativo que trata de explorar a los pacientes en relación con el tema del intercambio electrónico de información clínica y que se ha desarrollado en una comunidad de Massachusetts. Aunque los datos que se obtienen son de sentido común, lo que me parece importante es que pone de relieve la necesidad de implicar a los usuarios de los sistemas de salud o a los pacientes. Dicho de otra manera: darles la oportunidad de que participen en el proceso.

Parecen indudables los beneficios del intercambio de información de los datos de salud sobre los pacientes. Puede mejorar la asistencia, la reducción de errores y el ahorro económico en atención sanitaria; por ejemplo, un mejor seguimiento de las enfermedades infecciosas o de los pacientes con afecciones crónicas. En los Estados Unidos las que se llaman Organizaciones Regionales de Información Sanitaria (RHIOs – regional health information organizations) han surgido como el modelo principal que facilita el intercambio electrónico de información clínica de los pacientes entre los médicos de familia y otras organizaciones que proporcionan atención sanitaria. El objetivo es garantizar que los médicos y otros proveedores de salud tengan acceso a la información completa del paciente en tiempo real, es decir, que estén atendiéndole en la sala de exploración, en la consulta, en un servicio de urgencias, en una clínica, etc.  Este modelo difiere del utilizado en otros países, como el Reino Unido, que se basa en una sola “columna vertebral”.

Según informan los autores del trabajo, en estos momentos en los Estados Unidos hay problemas para desarrollar este tipo de sistemas por limitaciones de tipo técnico y económico. Recordemos que los modelos de asistencia de los Estados Unidos y de otros países, como la mayoría de los europeos, es completamente distinta. Allí se considera la posibilidad de negocio o rentabilidad detrás de cualquier iniciativa, por eso se formulan la pregunta de ¿quién sufragará los gastos que ocasiona el intercambio de información? No obstante, parece que se están superando ambos tipos de dificultades, las técnicas y las financieras. Llega, pues, el momento de pedir la participación de los pacientes y conocer sus opiniones y preocupaciones al respecto. Uno de los temas importantes es la seguridad de los datos y la confidencialidad.

Ante el lanzamiento de un sistema electrónico de intercambio de datos, los autores han reunido a las distintas partes con el fin de abordar aspectos clave como: ¿conocen los pacientes el valor que puede tener el intercambio de información? ¿en qué medida aopyan la iniciativa de transmisión electrónica de información clínica entre los distintos proveedores de salud? ¿cuáles son sus dudas y preocupaciones sobre el tema? ¿cómo se informa a los pacientes?

Los temas que surgieron durante los encuentros fueron: (1) preocupación por la privacidad y la seguridad, (2) el beneficio potencial para la salud de una persona, y (3) el deseo de obtener más información acerca del proceso de consentimiento.

Parece que la población está dispuesta a dar su consentimiento para el intercambio de información (no se observan diferencias en cuanto a la edad, el sexo y otras circunstancias), a pesar de los posibles problemas de seguridad y privacidad (por ejemplo, en el Reino Unido se perdieron varios CDs con información de unos 25 millones de personas). Sin embargo, sí quiere garantías de que puedan hacer preguntas y de obtener información antes de dar el consentimiento oportuno. En este último punto los que participaron en el estudio proporcionaron mucha ayuda con el objetivo de mejorar los consentimientos y los folletos informativos.

Vale la pena leer el artículo, que no es muy largo, y echar un vistazo a los documentos que le acompañan, como los folletos informativos.

Los datos clínicos electrónicos

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William Richard Gowers (1845-1915)

Hemos insertado en historiadelamedicina.org la biografía de William R. Gowers (1845-1915).

Siguiendo el esquema de profesionalización entonces vigente en Inglaterra, se formó junto al médico Thomas Simpson y después con William Jenner, y en el University College Hospital. Aquí obtuvo el grado de bachiller en medicina y también el de doctor. Trabajó en esta institución, donde llegó a ser profesor de clínica hasta 1888. Realizó su obra en el National Hospital for the Paralysed and Epileptic, donde permaneció hasta su jubilación en 1910. Discípulo de Jackson, fue uno de los creadores de la neurología contemporánea.

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