Suplemento del ‘Journal of Health Communication’ dedicado a la mHealth

Cada día es más importante el uso de las tecnologías de comunicación móvil para la mejora de la salud de los individuos y de las poblaciones, además de que tiene un gran potencial. La palabra “mHealth” apareció por vez primera en Wikipedia en 2008. Sin embargo, es necesario que se realicen estudios rigurosos de su eficacia y que se exploren las formas más adecuadas de su uso. En este contexto, la revista Journal of Health Communication dedica un número monográfico o suplemento a la mHealth o mSalud o Salud móvil. El acceso es abierto.

Reúne los siguientes artículos:

-Editorial

-Introducción

-Promoción de la mHealth

-Desarrollo y evaluación de intervenciones mHealth: ejemplos de Nueva Zelanda

-Métodos móviles de evaluación de la salud: Estudio de caso Text4baby

-Text4baby en los Estados Unidos y Rusia: una oportunidad para entender cómo afecta la mHealth a la Salud materno-infantil

-El uso de teléfonos móviles para el cuidado de heridas agudas: actitudes y opiniones de los pacientes del Departamento de Urgencias

-Text2Quit: resultados de una prueba piloto de un programa personalizado e interactivo de mHealth para dejar de fumar

-¿Por qué los médicos deben compartir los resultados con sus pacientes (con PDA/Smartphone)? Un breve informe

-Aprovechar las características de la mHealth para evaluar su impacto

-Lecciones de una comunidad basada en mHealth de diabéticos para el autrocontrol

-Economía de la Salud en línea y mHealth

-Eficacia de las intervenciones mHealth  en el cambio de comportamiento en los países en desarrollo: una revisión sistemática de la literatura al respecto

-Llegar a los trabajadores de salud a distancia en Malawi: Línea de base de evaluación de una intervención piloto mHealth

-Mejora percibida en la gestión integral de las enfermedades de la infancia a través del uso de tecnología móvil: los datos cualitativos de un estudio piloto en Tanzania

-Abordar el conocimiento de VIH, la reducción del riesgo, el apoyo social y la participación del paciente, utilizando SMS: los resultados de un estudio de prueba de concepto

-¡Tiene un mensaje importante! Evaluar la efectividad de un mensaje de texto de la campaña VIH/SIDA en el noroeste de Uganda.

Anuncios

¿Experiencias de telemedicina hace 81 años? (y IV)

Llegamos al final de esta pequeña serie de posts, en los que hemos podido comprobar cómo a principios de los años treinta se pensó en el ejercicio de la medicina a distancia gracias a las posibilidades que ofrecían las nuevas tecnologías de entonces. Sin lugar a dudas debió haber otras experiencias que desconocemos.

Después de lo que hemos leído, la idea parece que surgió de la docencia de la medicina. No es lo mismo describir un sonido que se escucha a través de un fonendoscopio de forma individual, que hacerlo a través de una grabación o de algún dispositivo que lo amplifique y lo haga audible a un conjunto de personas. Los profesionales de la medicina nunca han sido reacios a la utilización de nuevas técnicas para la mejora de la enseñanza. Incluso en España se utilizaron con mucha frecuencia las proyecciones fijas desde principios del siglo XX para ilustrar casos clínicos. Tan pronto como fue posible se recurrió también a la película, primero muda y después sonora. Asimismo, los médicos vieron muy pronto (en otra ocasión nos ocuparemos de ello) la utilidad que podía tener la radio para divulgar conductas higiénicas y preventivas.

Queda claro que fue el doctor Montellano el que pensó en la nueva posibilidad de transmitir sonidos a gran distancia, y lo hizo con médicos españoles. Por esa época ambas medinas, la argentina y la española, se respetaban mucho y eran frecuentes los viajes de profesionales en ambas direcciones.

Cerramos la serie con dos artículos que hacen referencia a la segunda experiencia. Llaman la atención tres hechos. Primero, que el doctor Calandre desaparece de escena; no sabemos porqué. Segundo, la gran cantidad de médicos que acudieron al edificio de la Compañía Telefónica; unos dos cientos, entre los que se encontraban importantes figuras de la medicina de la época. Tercero, el fracaso de esta segunda transmisión por motivos que no están claros. Reproducimos la noticia que publicó El Imparcial y el artículo que apareció en la revista Nuevo Mundo, con varias ilustraciones.

Tampoco sabemos, de momento, si se repitieron las transmisiones o no, o si dejaron de ser noticia para la prensa.

La auscultación oceánica
[C.S.A. El Imparcial, domingo 13 de julio de 1930]

El viernes a las 9 de la noche (hora de Madrid) se verificaron unos ensayos de auscultación a distancia en el local del piso 13 del rascacielos de la Compañía Telefónica, en donde en largas mesas se habían colocado auriculares individuales para que los médicos invitados pudieran simultáneamente observar el experimento. La curiosidad despertada por las noticias publicadas de otra sesión anterior, hizo que se congregaran más de doscientos médicos entre los que se encontraban lo más destacado de la Medicina madrileña, siendo imposible citar nombres para no incurrir en omisiones lamentables.

Por especial deferencia del señor Berenguer, ingeniero de la casa; los doctores Jiménez Díaz, de la Facultad de Madrid; Tapia del Hospital del Rey; Cifuentes, decano de Benecencia general; e Hinojar, presidente del Colegio de Médicos. Con motivo de una tormenta que estaba sobro Griñón, donde está situada la receptoría de la Telefónica se esperó cerca de una hora hasta que se estableció la comunicación con Buenos Aires y empezó la experiencia con unas amables frases del doctor Montellano autor del procedimiento de transmisión. El señor Intendente Municipal de Buenos Aires pronunció un discurso de salutación y empezó la parte interesante de la sesión con la transmisión de los ruidos cardíacos de un corazón normal.

Si nos atuviéramos al resultado de la experiencia, diríamos que fue un fracaso porque no se percibió claramente ninguno de los tonos que caracterizan, según los latidos cardíacos porque a pesar de que la sintonía era perfecta, según frase de los técnicos había un ruido extraño que dominaba todo de un modo continuo y monotónico que impedía precisar lo que se oía; a que sea esto debido no lo sabemos. Sin embargo de esta decepción, son experimentos éstos que deben continuarse, pues, hay que tener en cuenta que la amplificación necesaria para la transmisión a tanta distancia enmascara toda la audición, ampliando los ruidos que se desea apreciar y los indeseables, y en un asunto como la auscultación cardíaca, tan precisa y tan localizada, es de una dificultad extraordinaria el eliminar los ruidos extraños.

De todos modos como experiencia de transmisión y curiosidad científica, podemos decir que fue un éxito.

El lunes continuará el experimento, siguen invitados cuantos médicos deseen asistir.

Merece plácemes por sus esfuerzos, el doctor Montellano, de Buenos Aires, con sus colaboradores y la Compañía Telefónica por el Trabajo empleado y sus deferencias con los médicos de Madrid.

El subdirector de la C. Telefónica, Jiménez Díaz, Pedro Cifuentes, Adolfo Hinojar, y Manuel Tapia (de izqu. a dcha).

Una transcendental curiosidad científica. Un experimento médico efectuado entre Madrid y Buenos Aires
[Rosa Arcienaga de Granda. Nuevo Mundo, Año XXXVII, número 1.904, 18 de julio de 1930]

En ese constante ir y venir del hombre hacia lo imposible -lucha tenaz de inteligencia contra las fuerzas ciegas de la Naturaleza-, cada día queda señalado un nuevo jalón, una nueva ruta que deja al descubierto amplios horizontes llenos de posibilidades para un porvenir más o menos lejano.

Fue primero el telégrafo sin hilos, maravilloso invento de Marconi, que anulando las distancias y salvando por igual las altitudes de los montes y las inmensas llanuras de los mares, ponía en estrecha comunicación al navegante perdido en medio del océano con sus semejantes.

Fue más tarde la ‘radio’ llevando toda clase de sonidos musicales de un extremo a otro del planeta.

Hoy es algo más. El hombre ha querido que este medio de comunicación sirva no sólo para establecer conversaciones particulares o comerciales, sino que sea un poderoso auxiliar de la Ciencia en su aspecto más noble y humano: la Medicina.

Y he aquí que en un amplio salón, situado en el piso trece del grandioso edificio de la Compañía Telefónica, se han congregado alrededor de doscientos doctores para, después de auscultar a través del microteléfono a varios enfermos del corazón en Buenos Aires, dar el diagnóstico en cada uno de los casos.

Bello cuento de hadas en el siglo pasado, aun para imaginaciones tan calenturientas como la de un Julio Verne, convertido hoy en realidad.

Alguien ha dicho que los adjetivos han perdido, si no su valor cualificativo, al menos el encomiástico, y creo que es verdad. Vuelos sensacionales, carreras inauditas de resistencia o velocidad, heroismos diarios, hacen pasar ya inadvertidas ciertas hazañas que años atrás habrían adquirido caracteres de gesta gloriosa. Otro tanto sucede con intinidad de experimentos científicos llevados a cabo en la soledad de los gabinetes del sabio.

Merezca el de hoy un humilde comentario por nuestra parte.

LA TRANSMISIÓN DEL RITMO CARDÍACO A DISTANCIA
El doctor Montellano, ilustre médico de Buenos Aires, inventó hace algún tiempo un aparato, mediante el cual sus alumnos podían percibir las pulsaciones del corazón, de una sala a otra de su clínica, con sólo aplicar a su oído un  micrófono corriente (teléfono). Más tarde hizo experimentos a una mayor distancia, con feliz resultado, lo que le sugirió la idea de hacer pruebas con Europa. Naturalmente, fue a España a quien ofreció las primicias de su invento, y esta tarde, ante una gran concurrencia de médicos y algunos periodistas, empezaron los ensayos.

Sobre las mesas, que ocupaban totalmente el salón de la Compañía Telefónica, había distribuida una gran cantidad de micrófonos para ser utilizados por los asistentes, algunos de ellos doctores de tanto relieve como Juarros, Tolosa Latour, Nogueras, Verdés Montenegro, etc.

La mesa presidencial fué ocupada por el subdirector de la Compañía, señor Berenguer, y los médicos  Jiménez Díaz, catedrático de Patología de la Facultad de Medicina; Pedro Cifuentes, decano de la Beneficencia general; Adolfo Hinojar, presidente del Colegio de Médicos, y Manuel Tapia, director del Hospital del Rey. Alguien, al ver á los circunstantes sobre las mesas en un ademán de profunda atención, dejó escapar la especie de que ‘aquéllo’ parecía una sesión de esperitismo. Y, en efecto, algo de sobrenatural y misterioso tenía este experimento médico realizado a varios millares de kilómetros de distancia.

Una señal de atención, y en seguida estamos al habla con el doctor Montellano, en Buenos Aires. Saluda éste a los médicos españoles. Su voz resulta clara, potente, limpia. Verdaderamente hay que recurrir a un esfuerzo mental para suponer que esta voz parte del otro lado del Atlántico, desde una clínica situada en las afueras de la bella ciudad del Plata. Tras un breve saludo, el doctor Montellano cede la palabra al intendente municipal de Buenos Aires, señor Cantila, quien en elocuentes frases encomia la labor de los médicos españoles, cuyos profundos conocimientos y experiencia aguardan -dice- con el mismo santo interés con que reciben todo lo que llega de la Madre Patria.

Y a continuación empieza el experimento. A través de nuestros auriculares seguimos la conversación de los doctores Jiménez Díaz y Montellano. Éste nos anuncia que va a colocar ante el micrófono un caso anormal, para que después de oídas las palpitaciones cardíacas, los doctores de acá dictaminen sobre su enfermedad.

Pero la audición no resulta perfecta. Conjuntamente con los latidos se percibe un ruido constante, una especie de fragor de tormenta o de torrente caudaloso de aguas que impide seguir el ritmo de la pulsación.

El doctor Jiménez Díaz se lo comunica así, y colocan varios enfermos más, obteniendo el mismo resultado negativo.

La impresión general es de que el ruido se produce por la respiración, o tal vez por la circulación de la sangre, inconveniente difícil de obviar, ya que el micrófono colocado en el pecho del enfermo aumentará por igual todos los ruidos.

En un momento en que, a petición del doctor Jiménez Díaz, hacen abstenerse de respirar al paciente, la audición del ritmo cardíaco parece más perfecta; pero el ruido de fragor de torrente no se consigue eliminar.

Tras varias tentativas más, el experimento sigue sin dar resultados positivos, por lo que se suspende la sesión, después de haber devuelto afectuosamente el saludo el presidente de Colegio de Médicos de Madrid, doctor Hinojar.

LA IMPRESIÓN DEL DOCTOR JIMÉNEZ DÍAZ
Aprovecho un instante, terminada la sesión, para hacer algunas preguntas al catedrático señor Jiménez Díaz:

—¿Qué tal ha oído usted, doctor?

—Francamente, mal, y así me he visto en la necesidad de decírselo al señor Montellano. En estas cuestiones no se puede, como en otras muchas, decir simplemente por cortesía una cosa por otra. Ciertamente, que en algunos instantes me parecía percibir algo rítmico, que podían ser los ruidos del corazón; pero ese fragor adventicio me desorientaba por completo.

—¿Usted cree que se podrá perfeccionar ese invento hasta obtener una audición perfecta?

—Desde luego; eso se conseguirá, en cuanto se logre aislar los demás ruidos, el de la respiración, por lo menos, que, a mi juicio, era el que nos impedía oír.

—Y en ese caso, ¿se podrá diagnosticar á una distanciaa de miles de kilómetros, como la que nos separa de la Argentina?

—Es posible que sí. Pero el objeto de este invento, no siendo como una curiosidad científica creo que será casi nulo, porque un diagnóstico verdadero sólo viendo al enfermo puede darse.

—¡Según eso…?

—Yo miro esto como un pequeño paso, un ensayo de algo más grande que un día, indudablemente, habrá de hacerse, y a lo que el ilustre doctor Montellano ha empezado a contribuir desde este instante con su aparato retransmisor de los ruidos del corazón.

Ésta también parecía la opinión de los demás doctores, que formando corrillos comentaban el resultado negativo de la experiencia y la nuestra de simples periodistas y observadores,

Y como periodistas también, profanos en Medicina, nos atrevemos a brindar una idea al señor Jiménez Díaz para una próxima experiencia; ¿No se podría determinar si el fragor que dificultaba la audición era producido por la respiración o circulación de la sangre, indicando al doctor Montellano que colocara ante el micrófono un reloj para ver si el tic-tac de éste era limpio, como debe serlo el del corazón?

El resto de los médicos que siguieron el acontecimiento desde la sala de audiciones. Foto de Cortés

¿Experiencias de telemedicina hace 81 años? (III)

Viene de un post anterior.

Las revistas se hicieron eco también de la experiencia llevada a cabo entre el doctor Montellano, de Buenos Aires, y el doctor Calandre, de Madrid. En esta ocasión voy a reproducir la reseña de una revista dedicada al mundo de la radio, Ondas, que copia prácticamente el artículo de Félix Herce que se publicó en Sol. Asimismo no faltaron los acercamientos más satíricos como el que apareció en Muchas gracias. Revista cómico-satítica.

Las maravillas de la Ciencia. El doctor Calandre diagnostica desde Madrid a unos enfermos de Buenos Aires
[Félix Herce. Ondas, Año VI, número 264, 5 de Julio de 1930, p. 8]

El  redactor de “El Sol” don Félix Herce, publicó en dicho periódico madrileño, el jueves 26, una curiosa información, que reproducimos:

“Ayer mañana cuando se disponía a salir para pasar su consulta del Hospital de la Cruz Roja, recibió un aviso telefónico el doctor Calandre, por el que se se comunicaba que el doctor Montellano, de Buenos Aires, quería transmitirle una demostración de ruidos y tonos cardíacos desde la capital del Plata por medio de la radiotelefonía.

En la Compañía Telefónica esperaban al doctor Ca!andre, con los directores y alto personal, los doctores Pulido, Cortezo (V.), Ubeda, Cerrero y los médicos de la Compañía.

Para poder transmitir la interesante demostración científica cooperaba con la Compañía Telefónica Nacional la United River Plate Telephone Company.

El doctor Montellano explicó cómo transmitía la auscultación, valiéndose de un amplificador y con un micrófono puesto sobre el pecho del paciente, utilizando la radiotelefonía para la tranmisión a distancia.

La emoción de todos al escuchar los ruidos del primer corazón fue intensa; se oían claros, precisos, como si se auscultara directamente, sin ningún ruido intermedio que los desfigurara. Se trataba de un individuo normal, cuyo corazón mostraba una ligera taquicardia
(velocidad en el ritmo, cien pulsaciones al minuto). Esta velocidad era debida al estado de emoción del sujeto con el que se hacia la experiencia.

Después, el micrófono se apoyó sobre pechos enfermos. Los ruidos ya no eran normales. En unos, los latidos eran galopantes; en otros variaba la intensidad de unos a otros. Calandre fué escuchando atentamente los diversos enfermos, y pronunció el diagnóstico auscultatorio por el orden siguiente: insuficiencia aórtica, estrechez mitral, enfermedad de Hogdson e insuficiencia mitral. El asombro de todos fue grande cuando el doctor Montellano, con voz emocionada, confirmó en absoluto que los diagnósticos auscultatorios de Ca- landre correspondían con las fichas clínicas que leyó a continuación.

Seguidamente, el doctor Montellano presentó varios enfermos de aparato respiratorio, oyéndose claramente los ruidos clásicos de una bronquitis crónica y varios casos más de lesiones típicas pulmonares.

Terminó el doctor argentino por pronunciar unas cariñosas frases de saludo hacia la Medicina española.

Antes de abandonar al doctor Calandre conversamos brevemente con él. Se mostraba entusiasmado de la experiencia, a la que daba más valor como experiencia científica que como adelanto clínico, pues bien es sabido que para diagnosticar un proceso cardíaco no basta sólo el oír los ruidos del corazón; son muchos los datos clínicos que se necesitan para un perfecto diagnóstico. Pero como experiencia científica es asombroso, y es la primera vez que se realiza en España.

Con este motivo nos recordó que la amplificación de los ruidos del corazón, con fines docentes, por medio de las lámparas de tres electrodos, es un hecho realizado hace tiempo en Bruselas por Philippson.

Ya Calandre, en una de sus últimas conferencias, hablaba de esta amplificación y aun de algo más positivo: registrar los ruidos cardíacos en película sonora, trabajo que piensa emprender el próximo otoño en el Hospital de la Cruz Roja.

El suceso, aunque desconocido por el público, causó gran sensación en los que lo presenciaron, por lo que representa para la clase médica. Hemos de manifestar que dentro de breves días se repetirá, con la retransmisión de vanos casos de enfermos cardiacos y respiratorios de una clínica de Buenos Aires, explicando una lección el doctor Montellano”

Corazones por radio
[José Bruno. Muchas gracias. Revista Cómico-satírica, Año VII, Número 335, 12 de Julio de 1930, p. 19]

Hoy las ciencias adelantan de un modo que es la verdadera barbaridad. A nuestro eminente doctor Calandre le ha transmitido el doctor Montellano, desde Buenos Aires, el ruido de varios corazones. Un descubrimiento que parecería propio de los tiempos románticos. El mentado doctor bonaerense avisó a nuestro médico, y le dijo:

—A ver si oye usted este corazón de un amigo mío, que se halla presente aquí, en mi clínica…

Y valiéndose de un amplificador de radio, y poniendo un micrófono sobro el pecho del tal, hizo una demostración de ruidos y tonos cardíacos ¡desde la ciudad del Plata!, ya digo, ‘Nuestro doctor Calandre oyó latidos de un corazón normal, y luego, de diversos corazones enfermos.

La cosa era estupenda. Se había ideado e inaugurado una auscultación gigantesca, fenomenal: nada menos que la transmisión trasatlántica de latidos de corazones.

A mí se me antoja esa prueba científica el mejor acto llevado a cabo, hasta ahora, para el fomento de las cordiales relaciones hispanoamericanas ; y mientras no se haga esto un cansino tópico literario y oratorio, me seguirá pareciendo bello.

¿Qué cosas se derivarán de la prueba hecha? No se sabe.

Quizá, que un enfermo cardíaco, desahuciado aquí, pueda consultar al doctor Montellano; y un repudiado en la Argentina pueda consultar al doctor Calandre.

Yo lanzaría también la idea de que se estableciera un servicio de transmisión cordial entre enamorados a gran distancia.

Se oiría el siguiente o parecido despacho :

—Paca; oye cómo mi corazón palpita por ti… ¡ Plon, plon, plon… i

Paca respondería:

—Pues, escucha tú el mio… ¡ Plon, plin, plum!…

—¡ Pero, chica; tú debes ir al médico, porque tu corazón no me gusta nada!

—Es la emoción.

—Pues, allá va un beso… ¡¡Plum!!

Con este servicio original, el corazón que lata por otro corazón sabrá de la fidelidad, de la firmeza e invariabilidad con que el amado corazón lejano lata.

¿Les estoy dando a ustedes la lata? Pues, ahueco. A hueco me está sonando a mí toda esta monserga. El corazón me lo está diciendo, y lo oigo perfectamente.

En el siguiente post haré referencia a la segunda prueba que se llevó a cabo a primeros de julio.

¿Experiencias de telemedicina hace 81 años? (II)

Después del post de ayer, sigo aportando lo que otros diarios publicaron sobre la comunicación por radioteléfono entre el doctor Montellano, de Buenos Aires, y el doctor Calandre, de Madrid, en junio de 1930.

Los prodigios de la ciencia
[El Siglo futuro. Diario católico, 26 de junio de 1930]

Ayer circuló por Madrid la sorprendente noticia de que el doctor Calandre había diagnosticado desde esta capital a unos enfermos de Buenos Aires. El hecho se realizó como sigue:

Cuando se disponía a salir para pasar su consulta del Hospital de la Cruz Roja, recibió un aviso telefónico el doctor Calandre, por el que se le comunicaba que el doctor Montellano, de Buenos Aires, quería transmitirle una demostración de ruidos y tonos cardíacos desde la capital del Plata por medio de la riotelefonía.

Trasladado el doctor Calandre a la Telefónica, por medio de una amplificador y con un micrófono puesto sobre el pecho del paciente, utilizando la radiotelefonía para la trasmisión a distancia, hizo el diagnóstico. La emoción de todos al escuchar los ruidos del primer corazón fue intensa; se oían claros, precisos, como si se auscultara directamente, sin ningún ruido intermedio que los desfigurara. Se trataba de un individuo normal, cuyo corazón mostraba una ligera taquicardia (velocidad en el ritmo, cien pulsaciones al minuto). Esta velocidad era debida al estado de emoción del sujeto con el que se hacía la experiencia.

Después el micrófono se apoyó sobre pechos enfermos. El asombro de todos fue grande cuando el doctor Montellano con voz emocionada, confirmó en absoluto que los diagnósticos auscultatorios de Calandre correspondían con las fichas clínicas que leyó a continuación.

Seguidamente el doctor Montellano presentó varios enfermos del aparato respiratorio, oyéndose claramente los ruidos clásicos de una bronquitis crónica y varios casos más de lesiones típicas pulmonares.

Terminó el doctor argentino por pronunciar unas cariñosas frases de saludo hacia la medicina española.

Por su parte, el Heraldo de Madrid mandó a un repórter (como se decía entonces) a que entrevistara a Calandre en su consultorio. Llama la atención la forma de plasmar el diálogo, muy diferente a la actual. Se publicó en portada con una fotografía de Luis Calandre Ibañez. Es es la transcripción:

El reporter en la sala de espera
El Doctor Calandre cuenta al Heraldo cómo ha oído latir desde Madrid el corazón de unos enfermos de Buenos Aires
La amplificación de los ruidos cardíacos no es precisamente un hecho nuevo
Ahora se harán con esos ruidos hasta películas sonoras
[J.L.S. Heraldo de Madrid, jueves 26 de Junio de 1930]

SALA DE ESPERA
Sala de espera del doctor Calandre. Aquí cabría aplicar ese procedimiento periodístico del sumario—tantas sillas, tantos almohadones, tantos cuadros—que no es grato a mi admirado amigo el Sr. Jiménez de Asúa. Pero esta sala no se presta a la literatura puntillista: de tal modo se halla desnuda de todo adorno suntuario. Aquí, un repórter, por enamorado del detalle que sea, tiene que resignarse a examinar, con ojos de indiferencia, a los demás enfermos que aguardan en esta tarde pesada de verano. Fíjese el amable lector en que hablo de los demás enfermos: de los demás. Es decir, que uno, en fuerza de esperar en esta salita llega casi a considerarse como otro enfermo que aguarda pacientemente su turno. Como a Espronceda, a uno empieza a dolerle el corazón.
Hasta que el doctor abre la puerta de su despacho:
—¡ Primero !
El repórter se pone en pie.
—¡ Servidor !
Y luego, un poco azorado:
—Perdóneme usted, doctor… Porque a mí no me duele nada… Sí; ahora que caigo… Yo venía a hacerle a usted una interviú.

INTERVIU
El doctor Calandre — menudo, afable, con unas gafas de concha que le dan cierto aire entre oriental y grave, de estudiante que acaba de venir de Kioto—me dice :
—Lo que cuenta Félix Herce en ‘El Sol’ es verdad. Efectivamente, ayer me avisaron de que el doctor Montellano, de Buenos Aires, quería transmitirme por medio de la radio-telefonía una demostración de ruidos y tonos cardíacos desde la ciudad del Plata. Y así fue Montellano, valiéndose de un amplificador, y con un micrófono puesto sobre el pecho del paciente, me transmitió, con ayuda de la radio, su auscultación. Primero escuché los latidos de un corazón normal, si acaso con una ligera taquicardia.
—Velocidad, precipitación en el ritmo, ¿no ?
El doctor asiente :
—En efecto.
—¿Y por qué?
—La emoción del instante. Compréndalo usted.
—De acuerdo.
—Después—sigue Calandre—el micrófono del doctor Montellano se apoyó sobre pechos enfermos. Los ruidos ya no eran normales. Yo, reloj en mano, fui diagnosticando, y le mentiría a usted si no le dijese que yo tampoco pude hurtarme entonces a la emoción del momento.
—¿Es ésta la primera vez que se realiza tal experiencia en España!
—La primera.
—¿Y qué valor le concede usted?
El doctor Calandre no se muestra, a lo que parece, muy entusiasmado.
—Pues un valor—dice—más científico que médico.
—¿Y por qué no médico?
—Sencillamente, porque ahora diagnosticar un proceso cardíaco no es bastante oír los ruidos del corazón. Haga usted hincapié en este punto. Me interesa. De Asuero a acá, la gente está siempre pidiendo milagros a la medicina. Además, que la amplificación de los tonos cardíacos no es una novedad. ¿Usted ha oído hablar de las experiencias de Philippson?
— No
— Pues Philippson, en Bruselas, amplificó los ruidos cardíacos por medio de lámparas de tres electrodos. Yo escuché esta amplificación en 1921. De modo que, para mí, la experiencia de ayer no ha sido precisamente un hecho nuevo. Lo nuevo sí ha sido la transmisión trasatlántica. Que ya está bien, ¿no le parece a usted?
— Y tanto.
—Otra cosa: las amplificaciones de los ruidos cardíacos pueden ser registradas ahora sobre discos de fonógrafo. Y, claro, así hasta se pueden hacer películas sonoras.
—En estas películas, ¿cómo suenan los ruidos del corazón?
—Pues cada ruido suena como un puñetazo contra la pared. Esto, naturalmente, no tiene sino un posible interés científico. Nada más.

Un golpe de nudillos en la puerta del despacho:
—Adelante.
El criado del doctor:
—Le llaman por teléfono desde Córdoba.
Calandire, al teléfono:
—Sí, sí… Es cierto. Pero, vamos, se trata de una experiencia sin valor médico… Créame usted. Una simple experiencia.
Cuelga el auricular y viene hacia mi:
—¿Ve usted por qué conviene dejar bien sentadas las cosas? Los enfermos sueñan siempre con el milagro que puede aliviarles, y es muy difícil llevar hasta ellos la certidumbre de que los milagros no caben en el siglo XX… Acaso dentro de una semana se repita la transmisión trasatlántica. Yo la espero ya con impaciencia. Pero sin demasiado entusiasmo, créame. En realidad, nada puede sustituir a lo que oye un clínico habituado.
Me levanto.
—Bien, doctor. Muchas gracias.
—¿Quería usted algo más?
—No, doctor. Me voy. Pero todavía oigo a Calandre en la puerta que da a la sala de espera:
—¡El primero!
Una voz:
—¡Yo!
Pausa. Al cabo, la misma voz:
—¡Enhorabuena, doctor! Ya me he enterado…

[Continuará…]

¿Experiencias de telemedicina hace 81 años? (I)

Hace 81 años se realizaron entre España y Argentina experiencias en el campo de lo que conocemos como telemedicina. En la actualidad lo relacionamos con Internet, igual que sucede con la enseñanza a distancia. Sin embargo, antes de la invención de la Red, se experimentó con otros medios como la telefonía, la radio, la televisión, etc., con fines clínicos.

Sin tener mucha información histórica sobre el tema concreto de la medicina, quiero traer un ejemplo muy significativo que atañe a Madrid y Buenos Aires y, en concreto, a los doctores Calandre y Montellano, respectivamente. El primero es Luis Calandre Ibañez (Cartagena, 1890 – Madrid, 1961), quien durante sus estudios de medicina entró en contacto con Cajal, Achúcarro y Madinaveitia, entre otros.  Se especializó en cardiología. Desde su creación entró en contacto con la Residencia de Estudiantes, de la que fue médico a su regreso de Berlín, donde amplió estudios. Fundó y dirigió el Laboratorio de anatomía microscópica de esta Institución. En 1925 fue nombrado Médico Consultor Especialista de Enfermedades del Corazón del Hospital Central de la Cruz Roja, más conocido como de San José y Santa Adela. Dos años más tarde fue médico de número en el Hospital-Escuela de la Cruz Roja de Madrid. En 1937 pasó a dirigir el Hospital de Guerra de Carabineros que pasó a ocupar las instalaciones de la Residencia de Estudiantes. Tras la guerra fue procesado por un Tribunal de Responsabilidades Políticas y sometido a dos consejos de guerra. Del primero fue absuelto. En el segundo fue condenado a doce años y un día, quedando la pena en seis años y un día. Fue inhabilitado por el Colegio de Médicos de Madrid para el ejercicio de la profesión por un periodo de cinco años. Del doctor Montellano, de Buenos Aires, no tengo de momento más información.

Dejemos que la prensa de la época cuente los acontecimientos a los que me he referido al inicio de este post.

Las maravillas de la Ciencia
El doctor Calandre diagnostica desde Madrid a unos enfermos de Buenos Aires
[Félix Herce. El Sol, jueves 26 de junio de 1930]

Ayer mañana, cuando se disponía a salir para pasar su consulta de la Cruz Roja, recibión un avido telefónico el doctor Calandre, por el que se le comunicaba que el doctor Montellano, de Buenos Aires, quería transmitirle una demostración de ruidos y tonos cardíacos desde la capital del Plata por medio de la radiotelefonía.

En la Comnañia Telefónica esperaban al doctor Calandre, con los directores y alto personal, los doctores Pulido, Cortezo (V.), Ubeda, Cerrero y los médicos de la Compañía.

Para poder trasmitir la interesante demostración científica cooperaba con la Compañía Telefónica Nacional la United River Plate Telephone Company.

El doctor Montellano explicó cómo trasmitía la auscultación, valiéndose de un amplificador y con un micrófono puesto sobre el pecho del paciente, utilizando la radiotelefonía para la trasmisión a distancia.

La emoción de todos al escuchar los ruidos del primer corazón fue intensa; se oían claros, precisos, como si se auscultara directamente, sin ningún ruido intermedio que lo desfigurara. Se trataba de un individuo normal, cuyo corazón mostraba una ligera taquicardia (velocidad en el ritmo, cien pulsaciones al minuto). Esta velocidad era debida al estado de emoción del sujeto con el que se hacía la experiencia.

Después el micrófono se apoyó sobre pechos enfermos. Los ruidos ya no eran normales. En unos, los latidos eran galopantes; en otros variaba la intensidad de unos a otros. Calandre fue escuchando atentamente los diversos enfermos, y pronunció el diagnóstico auscultatorio por el orden siguiente: insuficiencia aórtica, estrechez mitral, enfermedad de Hogdson e insuficiencia mitral. El asombro de todos fué grande cuando el doctor Montellano, con voz emocionada, conflrmó  en absoluto que los diagnósticos auscultatorios de Calandre correspondían con las fichas clínicas que leyó a continuación.

Seguidamente el doctor Montellano presentó varios enfermos de aparato respiratorio, oyéndose claramente los ruidos clásicos de una bronquitis crónica y varios casos más de lesiones típicas pulmonares.

Terminó el doctor argentino por pronunciar unas cariñosas frases de saludo hacia la Medicina española.

Antes de abandonar al doctor Calandre conversamos brevemente con él. Se mostraba entusiasmado de la experiencia, a la que daba más valor como experiencia científica que como adelanto clínico, pues es bien es sabido que para diagnosticar un proceso cardíaco no bastas sólo el oír los ruidos del corazón; son muchos los datos clínicos que se necesitan para un perfecto diagnóstico. Pero como experiencia científica es asombroso, y es la primera vez que se realiza en España.

Con este motivo nos recordó que la amplificación de los ruidos del corazón, con fines docentes, por medio de las lámparas de tres electrodos, es un hecho realizado hace tiempo en Bruselas por Philippson.

Ya Calandre, en una de sus últimas conferencias, hablaba de esta amplificación y aun de algo más positivo: registrar los ruidos cardíacos en película sonora, trabajo que piensa emprender el próximo otoño en el Hospital de la CruzRoja.

El suceso, aunque desconocido por el público, causó gran sensación en los que lo presenciaron, por lo que representa para la clase médica. Hemos  de manifestar que dentro de breves días se repetirá con la trasmisión de varios casos de enfermos cardíacos y respiratorios de una clínica de Buenos Aires explicando una lección el doctor Montellano.

Radiotelefonía. La Radio y la Medicina
[La Libertad, 27 de junio de 1930]

Una vez más la radio ha servido al médico para llevar sus auxilios a larga distancia; pero en esta ocasión concurren circunstancias especiales, que aumentan por modo extraordinario el interés del hecho.

El doctor Montellano, de Buenos Aires, ha celebrado una consulta con el doctor Calandre, de Madrid, valiéndose de una transmisión inalámbrica y utilizando además las líneas telefónicas ordinarias.

El doctor Calandre ‘auscultó’ desde Madrid a varios pacientes enfermos del corazón.

La transmisión de los ruidos y toses cardíacas fue hecha colocando un micrófono sobre el pecho del enfermo y empleando potentes amplificadores.

En Madrid, el doctor Calandre, en presencia de los doctores Pulido, Cortezo, Úbeda y de los médicos de la Compañía Telefónica, donde todos se hallaban, escuchaba emocionado los diversos ruidos y hacía sus diagnósticos, que inmediatamente fueron confirmados por el doctor Montellano.

Por modo análogo fueron examinados desde Madrid enfermos del aparato respiratorio.

Al final de estas experiencias tan interesantes, el doctor Montellano hizo grandes elogios de los médicos españoles, y el doctor Calandre hizo constar que la experiencia tenía gran valor como ensayo de orden científico, aunque en realidad no fuera suficiente la sola auscultación del corazón para fijar un diagnóstico preciso.

El doctor Calandre se propone registrar los ruidos del corazón por medio de películas sonoras.

Nos felicitamos de que en España se realicen estas experiencias, que marcan una aplicación interesantísima de la telefonía.

Edificio de la Telefónica, desde donde se efectuó la transmisión

Interesante entrevista al Dr. Jay Parkinson

Jay Parkinson es un conocido médico etiquetado como ‘2.0’ y ‘doctor of the future’. Es así por haberse preocupado de mejorar la comunicación con los pacientes con el uso de las nuevas tecnologías. Sus pacientes pueden contactar con él a través de Google Talk, MSN, Yahoo o por videochat. Utiliza mucho esta última herramienta después de una primera visita. Mantiene una página web con un blog donde ofrece abundante información. Está en Facebook y también atiende por correo electrónico. Los enfermos pueden consultar su agenda, pueden llamarle a su Iphone y le pueden pagar por Paypal.

Hizo la residencia en pediatría y en medicina preventiva en la John Hopkins University. Trabaja en un barrio de Brooklyn. En los últimos tres años ha dado muchas conferencias y ha sido objeto de entrevistas por parte de la prensa diaria y de reputadas revistas. Squire lo incluyó en el año 2009 entre los mejores y más brillantes: ‘radicales y rebeldes que están cambiando el mundo’. Fast Company entre los ‘Top Ten Most Creative People in Healthcare’.

Como un usuario más de Internet, en 2007 comenzó a utilizar las posibilidades que le ofrecía la red en su práctica diaria. En pocos meses tenía centenares de pacientes. Pronto llamó la atención de una empresa de software de Canadá (Myca). De esta forma nació lo que ahora es Hello Health, una especie de red social segura y de registro médico electrónico que permite poner en comunicación a médicos y pacientes para visitas presenciales y virtuales.

En Made by Many podemos leer una interesante entrevista que se publicó el 6 de junio. En ella se habla de la facilidad de uso de Hello Health; de la nueva experiencia The future well, que ya tiene más de un año; de si su propuesta se adapta a un país con la asistencia colectivizada como Gran Bretaña; de las comunidades de pacientes que han surgido gracias a la Red, etc. Sin lugar a dudas, a los interesados en estos temas les gustará.

Entrevista: Dr. Jay Parkinson

Salud en línea. Nuevas publicaciones de la OMS

El Observatorio global para la eHealth, de la OMS, fue creado para estudiar la situación del tema en los distintos países miembros y proporcionarles información estratégica y orientación sobre las normas y prácticas de la salud en línea. Entre sus objetivos, (1) poder ofrecer pruebas de calidad, pertinentes y oportunas a los gobiernos para que mejoren sus políticas, prácticas y gestión relativas a la sanidad electrónica. (2) Aumentar la conciencia y el compromiso de los gobiernos y del sector privado para que inviertan y promuevan la salud en línea. (3) Contribuir a la mejora de salud de la población mediante el uso de las TIC. (4) Difundir los resultados de investigación sobre salud en línea a través de publicaciones que sirvan de referencia a los gobiernos y responsables políticos.

Una de las pùblicacioines es el Atlas-eHealth Country profiles (del 22 de diciembre pasado), que presenta los datos ordenados que proceden de los 114 Estados miembros que participaron en la Encuesta mundial sobre Salud en línea que se realizó en el año 2009. Pretende mostrar el estado en el que se encuentra la “sanidad electrónica” en los mismos. De forma más concreta, describir el estado actual del uso de las TIC en salud y proporcionar información sobre la evolución de la demanda de eHealth. Contiene 230 páginas en las que se recogen los datos por cada país, por orden alfabético. En la página web se pueden consultar de forma individual para cada uno de estos.

La otra publicación, del 11 de enero de 2011, es Telemedicine. Opportunities and Developments in Member States. Su extensión es de 94 páginas. Sus capítulos: (1) Introducción: Visión general (Qué es la telemedicina; Orígenes e historia; Aplicaciones y servicios en contextos diversos; Posibles obstáculos para la difusión de la telemedicina). (2) La telemedicina en los países en desarrollo: Revisión de la literatura. (3) GOe Segunda Encuesta Mundial sobre salud en línea (4) Telemedicina (Estado actual de los servicios de telemedicina; Factores que favorecen el desarrollo de la telemedicina; Obstáculos; Necesidades de información sobre telemedicina). (5) Discusión y recomendaciones. Se acompañan de un listado de referencias  bibliográficas y de un anexo de los países que ofrecen servicios de telemedicina por especialidades. Este librito nos proporciona una visión sintética de lo que es la telemedicina y de su situación actual.

Igual que sucede en otros campos, las TIC pueden suponer para la medicina de los países desarrollados y en vías de hacerlo, una serie de cambios, transformaciones y nuevas posibilidades. Su utilidad es especialmente evidente para las comunidades rurales, de zonas poco pobladas y de regiones menos desarrolladas. No obstante, como sucede también en otras áreas, apenas se ha comenzado a trabajar en estos temas y, a veces, no se obtienen los resultados esperados.

Ambas publicaciones se pueden descargar en formato pdf del sitio web indicado. De momento sólo están disponibles en inglés.