De la antisepsia a la asepsia. El pulverizador de fenol

Hace unas semanas se subió al canal “Medicina, historia y sociedad” de YouTube, el vídeo “De la antisepsia a la asepsia. El pulverizador de fenol”·

En este vídeo se explica de forma muy sencilla lo que es la antisepsia y el conocido como método de Lister. Se muestra con detalle el pulverizador de ácido fénico que se utilizó en la época, en concreto el diseñado por el francés Lucas Championnière, que se parecía bastante al del inglés. En España se utilizó este modelo. Por ejemplo, según señala Salvador Cardenal, estuvo funcionando en su clínica y en su servicio del Hospital de Nuestra Señora del Sagrado Corazón de Jesús, de Barcelona.

A mediados del siglo XIX en las salas quirúrgicas de los hospitales la mortalidad oscilaba entre el 30 y el 50 por ciento, especialmente por infecciones (piemia, erisipela, gangrena, etc.

En los hospitales de París, por ejemplo, se hizo una estadística; de 560 intervenciones quirúrgicas se produjeron 300 defunciones.

Intervenciones realizadas por Ernst Küster entre 1868-1869:

  • 6 amputaciones de brazo – 5 fracasos
  • 5 amputaciones de antebrazo – 4 fracasos
  • 15 amputaciones de muslo – 11 fracasos

Casi todos fallecieron por piemia.

Con estos datos nos hacemos una idea de lo que suponía la cirugía a mediados de siglo. Sin embargo, fue en el siglo XIX cuando se superaron las tres barreras que todavía tenía que superar la cirugía:

  • El dolor con la anestesia
  • La hemorragia con la hemostasia
  • La infección, primero con la antisepsia y después con la asepsia

Vamos a dejar para otra ocasión los dos primeros y nos ocuparemos de la infección. Ésta se solucionó a lo largo de dos etapas que se conocen con el nombre de “Antisepsia” y “Asepsia”

El escenario principal fue Europa y se desarrolló, sobre todo, en las últimas décadas del siglo XIX.

El químico Louis Pasteur (1822-1895) descubrió que todo proceso de fermentación y descomposición orgánica se debe a la acción de organismos vivos. Asimismo que preservando del aire las sustancias que se suelen descomponer Pasteur explicó cómo se evitaba la putrefacción.

Los manuales de historia de la medicina se centran sobre todo en la figura del inglés Joseph Lister cuando se refieren a la antisepsia. Las ideas de Pasteur le llevaron a buscar un método para evitar que los gérmenes invadieran las heridas. ¿Cómo hacerlo?

Utilizó el ácido fénico o carbólico, que fue descubierto en 1834 por Friedrich Ferdinand Runge. Se usaba para limpiar y evitar los malos olores de los albayaldes (se parecía mucho al olor que se percibía en las salas quirúrgicas) y contra los parásitos de los animales que atacaban al ganado en zonas rurales.

Sin embargo, habría que revisar más a fondo los acontecimientos, lo que no es fácil. Sabemos que algunos cirujanos utilizaron otras sustancias buscando lo mismo. Tenemos noticia de que en 1863 en la Charité de Novara (Italia) Enrico Bottini lo utilizó en seiscientos enfermos. Ese mismo año el médico y farmacéutico Lemaire publicó un libro de más de cuatrocientas páginas sobre el ácido fénico y su acción sobre los vegetales, animales, fermentos, venenos, virus y miasmas… En 1865 publicó la segunda edición ampliada.

En un texto de la época se lee:

“Esta es la teoría de los gérmenes. Hay gérmenes dañinos en el aire y donde sea que el aire pueda depositarlos, instrumentos, manos, vendajes, heridas quirúrgicas: “el cirujano debe ver los gérmenes en la atmósfera como ve a las aves en el cielo”.

Pero volvamos a Lister. La publicación de “On the antiseptic principle in the practice of surgery” de 1867, demuestra los buenos resultados de su método. Escogió las heridas abiertas de las extremidades inferiores que habitualmente acababan en amputación. Con este procedimiento esta acción quirúrgica pasó a ser rara.

A lo largo de su vida Lister continuó mejorando su técnica y utilizándola en otro tipo de intervenciones. Aparte de compresas impregnadas con pomadas fenicadas utilizó un pulverizador cuyo uso se popularizó rápidamente por Europa. En Francia, por ejemplo, fue adoptado por Lucas Championnière quien diseñó, a su vez, un pulverizador semejante al de Lister.

Aquí tenemos uno que adquirimos en Francia. En España se utilizó este modelo. Por ejemplo, Salvador Cardenal, lo usó en su clínica privada y en su servicio del Hospital de Nuestra Señora del Sagrado Corazón de Jesús, de Barcelona. Consta de una caldera esférica que es calentada por la llama de un mechero de alcohol. Posee una válvula de seguridad. En uno de los costados hay una especie de embudito del mismo metal y que se cierra a rosca por el que se introduce el agua. Está colocada a tal altura que indica cuándo se sobrepasa la medida.

De la parte alta de la caldera salen dos tubos por los que sale el chorro de vapor. Son orientables. No tienen espita ya que se cierran cuando están en posición vertical.

Estos dos tubos se dirigen en ángulo agudo contra el extremo de otros dos tubos por los que tiene lugar la aspiración del líquido fenicado que, previamente se ha colocado en este recipiente sujeto por la parte inferior al aparato.

No era necesario usar los dos tubos a la vez. Uno servía de reserva por si se producían obturaciones. Podía funcionar durante dos horas con una sola carga de agua y emitía un chorro fino a bastante distancia.

Aparte de esto algunos cirujanos comenzaron a utilizar una disolución de ácido fénico al 5% para lavarse las manos, para sumergir el instrumental. Para el pulverizador también se usaba esta dilución que luego se debilitaba al mezclarse con el vapor de agua. También se usaba mucho el “agua fenicada” que era una disolución al 2 o 2,5 %. Era la más usada para el que entonces llamaban “listerismo”: lavado de la herida, de esponjas, de apósitos, para inyectar en cavidades, etc.

El ácido fénico presentaba, sin embargo, algunos problemas: alergias, irritación, picazón, etc. Otros cirujanos –como ya hemos dicho– ensayaron otras sustancias con mayor o menor fortuna.

A las ideas de Pasteur se sumaron después las del otro grande la microbiología: las del alemán Robert Koch. En 1887 publicó su Investigaciones sobre la etiología de la infección de heridas. De éstas aisló diferentes gérmenes que causaban en animales de investigación abcesos, necrosis, sepsis, fiebre, etc. Esto llevó a los cirujanos a pensar en evitar la entrada de gérmenes en vez de luchar contra ellos cuando ya estaban presentes en las heridas.

El alemán Ernst von Bergman (1836-1907) vio que en tiempos de guerra el tratamiento de las heridas de los soldados heridos por arma de fuego con un largo y tedioso traslado a los centros de cura era perjudicial. Se limitó a una limpieza superficial suave de las mismas y a aislarlas con un vendaje enyesado.

En principio esto funcionó mejor que la antisepsia. Aunque criticado en ocasiones, fue puliendo su técnica hasta llegar a la esterilización de todo (instrumentos, apósitos, vendas, batas, etc.) mediante vapor de agua. Publicó los resultados en 1891. Otros cirujanos adoptaron el método aséptico y los quirófanos cambiaron totalmente de aspecto.

Antes hemos mencionado a Salvador Cardenal. Este médico valenciano, por cierto, aunque desarrolló su carrera profesional en Barcelona, publicó en 1880 la Guía práctica para la cura de heridas y aplicaciones del método antiséptico. Hubo tres ediciones de este libro hasta 1894-95. A través de ellas es posible observar cómo se pasa de la antisepsia a la asepsia.

Bibliografía

Bergmann, Ernst. In: J. Pagel (Hrsg.): J. Pagel: Biographisches Lexikon hervorragender Ärzte des neunzehnten Jahrhunderts. Urban & Schwarzenberg, Berlin 1901 [http://www.zeno.org/Pagel-1901/A/Bergmann,+Ernst]. Consultado el 12 de noviembre de 2019.

Cardenal Fernández, S. (1895). Manual práctico de Cirugia antiséptica, 3ª ed. rev. y considerablemente aum.. Ilustrada con grabados intercalados y [9] láminas, aparte en fototipia y cromolitografia. Barcelona, Biblioteca ilustrada de Espasa y Cª, Editores.

Championnière, L. (1899). Le passé et le présent de la Méthode antiseptique. Paris, Leçon d’Overture d’un Cours de Clinbique Chirurgicale.

Championnière, L. (1909). Pratique de la Chirurgie antiseptique. Leçons professées a l’Hotel-Dieu. Paris, G. Steinheil ed.

Désinfectants (1869). En: Nouveau dictuionnaire  de Médecine et de Chirurgie pratiques… vol. 11. Paris, J.B. Baillière et fils, 1869, pp. 224-244.

Fresquet Febrer, J.L. (2008). Salvador Cardenal Fernández (1852-1927). En: Biografías y epónimos médicos, historiadelamedicina.org. Disponible en: https://www.historiadelamedicina.org/cardenal.html. Consultado el 12 de noviembre de 2019.

Fresquet Febrer, J.L. (2011). Just Lucas-Championnière (1843-1913). En: Biografías y epónimos médicos, historiadelamedicina.org. Disponible en: https://www.historiadelamedicina.org/championniere.html .Consultado el 12 de noviembre de 2019.

Koch, R. (1878). Untersuchungen über due Aetiologie der Wundinfectionskrakheiten. Leipzig, Verlag von F.C.W. Vogel.

Lemaire, J. (1863). De l’Acide phénique, de son action sur les végétaux, les animaux, les ferments, les venins, les virus, les miasmes, et de ses applications à l’industrie, à l’hygiène, aux sciences anatomiques et à la thérapeutique, par… Paris, Germer Baillière

Lister, J. (1867). On the antiseptic principle in the practice of surgery. British Medicsal Journal, vol. 2, nº 351, pp. 246-248.

Peset, J.L. Cirugía general. En: Pedro Laín (dir.). Historia Universal de la Medicina. Barcelona, Salvat, vol. 6, pp. 298-305.

Oskar Liebreich (1839-1908)

Liebreich

En la línea de rescatar a los protagonistas de la conversión de la materia médica en farmacología experimental, hemos insertado en la sección de biografías y epónimos médicos de historiadelamedicina.org la del alemán Oskar Liebreich (1839-1908).

Liebreich nació el 14 de febrero de 1839 en Köngsberg, Prusia oriental. Se formó como técnico químico con Carl Remigius Fresenius (1818-1897). Posteriormente estudió medicina en las Universidades de Königsberg, Tübingen y más tarde en la de Berlín. Trabajó después como asistente químico en el Instituto de Patología que dirigía Rudolf Virchow.

Tras habilitarse como profesor de farmacología, fundó el Instituto de Farmacología Experimental de Berlín. Se le conoce, sobre todo, por la introducción del hidrato de cloral en terapéutica, pero estudió también anestésicos generales y locales procedentes de productos naturales y de síntesis, la neurina, la lanolina y las sustancias procedentes de las cantáridas, entre otros. Tuvo interés asimismo en la balneoterapia y fundó la revista Therapeutische Monatshefte.

Durante muchos años fue el presidente de la asociación médica de Berlín y más tarde su presidente honorario.

Era hermano del oftalmólogo Richard Liebreich (1830-1917), conocido por inventar el oftalmoscopio que lleva su nombre. Se casó con María, hija del químico suizo Hans Heinrich Landolt (1831-1910). No le faltaron amigos y seguidores, no solo en Alemania, sino también en el extranjero. Disfrutó de una gran reputación en Inglaterra, que visitó en varias ocasiones. Fue nombrado doctor honoris causa de Oxford y Aberdeen [19].

Murió en Berlín en 1908.

Vicenzo Cervello (1854-1918)

Hemos añadido a la sección de biografías y epónimos médicos de historiadelamedicina.org la del Italiano Vicenzo Cervello (1854-1918).

Seguimos insertando biografías de los científicos que contribuyeron a incorporar nuevos fármacos a la terapéutica desde las bases científicas de la nueva farmacología experimental. En este caso traemos la del italiano Vicenzo Cervello. Nació en Palermo el 13 de marzo de 1854. Su padre era profesor de la vieja asignatura de “materia médica y terapéutica” en la Universidad de Palermo, en la que estudió Vicenzo. Después se formó con el fisiólogo Angelo Mosso en su Instituto de Turin y pasó tres años con Oswald Schmiedeberg en su Instituto de Farmacología experimental de Estrasburgo.

Vicenzo Cervello acabó sustituyendo a su padre en la cátedra e introdujo la nueva farmacología experimental en Italia. Entre sus contribuciones está el aislamiento del principio activo de la Adonis vernali, el estudio de la acción de varias sales metálicas y la introducción en terapéutica del paraldehido, sustancia sintetizada por Widenbusch en 1829.

Cervello también colaboró en la lucha contra la epidemia de cólera de 1887 en Italia y fue un incansable luchador contra la tuberculosis. Cervello formó parte de la comisión designada por el gobierno para la revisión periódica de la farmacopea oficial del reino. También fue presidente de la Real Academia de ciencias médicas y de la Real Academia de ciencias, letras y artes de Palermo. Fue miembro del consejo provincial de salud y concejal de higiene del Ayuntamiento de Palermo. En 1893 fundó la revista Archivio di farmacologia e terapeutica, de la cual también fue su director entre 1893 y 1913. Murió en Palermo el 4 de diciembre de 1918.

Crimen y suicidio. Francisco Villanueva Esteve (1857-1915)

Hace ya unas semanas subimos al canal de Youtube “Medicina, historia y sociedad” un vídeo dedicado a Francisco Villanueva Esteve (1857-1915) que también dedicamos a los profesionales sanitarios que son agredidos. Está disponible tanto en castellano como en valenciano.

Nuestra intención es proporcionar pequeñas historias que caben dentro del rótulo “Medicina, historia y sociedad”, invitando a los visitantes a que completen la información que se proporciona, si es su deseo. En este caso pueden dirigirse a la biografía de F. Villanueva Esteve.

Canal en Instagram

 

John Jacob Abel (1857-1938)

Abel

Hemos añadido la biografía de John Jacob Abel en la sección de “Biografías y epónimos médicos” de historiadelamedicina.org.

Nacido cerca de Cleveland, Ohio, el 19 de mayo de 1857, procedente de una familia alemana, se formó en la Universidad de Michigan y en la de John Hopkins. Después él y su esposa programaron una larga estancia en Europa para formarse con los mejores científicos de cada campo de la medicina. Entre estos podemos mencionar a Carl Ludwig (1816-1895), Maximilian von Frey (1852-1932), Wilhelm His (1831-1904), Rudolf Boehm (1844-1926), Ernst Adolf G. Strümpell (1853-1925), Johannes Wislicenus (1835-1902), Adolf Kussmaul (1822-1902), Friedrich Daniel von Recklinghausen (1833-1910), Wilhelm Heinrich Erb (1840-1921), Vincenz Czerney (1842-1916), Bernhard Naunyn (1839-1925), Felix Hoppe-Seyler (1825-1895) y Oswald Schmiedeberg (1838-1921). Fue este último quien primero despertó en Abel el interés en la investigación farmacológica

A su regreso creó un departamento en la Universidad de Michigan y, dos años más tarde, fue contratado en la John Hopkins, donde permaneció hasta su jubilación. Fue uno de los responsables en los Estados Unidos de transformar la clásica materia médica en farmacología experimental. Entre sus contribuciones destacan el aislamiento de la epinefrina, principio activo de la médula suprarrenal, la cristalización de la insulina y sus hallazgos en el conocimiento de la acción biológica de la histamina.

John J. Abel se casó con Mary Hinman, hija de médico, en 1883, con la que compartió su vida a lo largo de cincuenta y cinco años. Cuando Abel estaba en Boston, ella fue nombrada miembro de la Junta de Supervisores de Caridad de la Ciudad de Baltimore, trabajando para mejorar los estándares de la alimentación en las instituciones de la ciudad. Durante la Primera Guerra Mundial fue directora de economía doméstica de la Administración de Alimentos de Maryland y asesoró a la División de Mujeres del Consejo de Defensa Nacional sobre la viabilidad de ofrecer al público tipos de cocinas y cooperativas comunitarias que había estudiado en Europa. Murió el 20 de enero de 1938 y fue enterrada en su ciudad natal de Montour Falls, Nueva York. Tuvieron tres hijos; una hija que murió en Estrasburgo el 30 de octubre de 1888, y dos niños que sobrevivieron, George H. Abel y Robert Abel.

Pocos meses después de que falleciera su esposa, el profesor Abel sucumbió a una trombosis coronaria cuando estaba ingresado en el Hospital Johns Hopkins el 26 de mayo de 1938.

Calle del médico Esteve, Valencia

Hace unos días insertamos un vídeo en el nuevo canal “Medicina, historia y sociedad” que se refiere a la Calle del Médico Esteve, de Valencia. En el mismo contamos quién fue este médico. Hay una versión del vídeo en castellano y otra en valenciano.

 

Europa occidental atravesaba un periodo de depresión durante el siglo XV. Valencia, sin embargo, alcanzó un extraordinario esplendor demográfico, económico y cultural, por eso algunos hablan de su “siglo de oro”. Valencia “tiraba entonces del carro” de la Corona de Aragón.

La unión con Castilla cambió la situación y Valencia pasó a ocupar un lugar secundario –digámoslo así– igual que le sucedió a toda la Corona de Aragón. A lo largo de los siglos XVI y XVII fue arraigando el absolutismo monárquico que se consolidó con la llegada de los Borbones. Poco a poco se fue perdiendo la autonomía y para tomar cualquier decisión había que contar con el beneplácito de la Corona.

Sin embargo, la Universitat de València, la típica universidad municipal, mantenida por la oligarquía preburguesa local, vivió en el siglo XVI uno de sus periodos más florecientes.

Valencia es una de las ciudades que más calles ha dedicado a sus médicos de todas las épocas. Hoy nos ocuparemos de la calle del médico Esteve.

Pedro Jaime Esteve nació en Morella o San Mateo (Castellón) en 1500 y falleció en Valencia en 1556. Pertenecía a una familia que se dedicaba a la enseñanza.  Como médico se formó en la Universidad de París, con Jacobo Sylvio (el que da nombre a una estructura anatómica: el acueducto de Silvio), seguidor fanático de Galeno que más tarde se enfrentaría con el renovador Andrés Vesalio que también había sido discípulo suyo. Otro de los profesores que tuvo Esteve fue Pierre Gorris, cultivador del humanismo médico especialmente como lexicógrafo.

Esteve estuvo además en la Universidad de Montpellier. Su principal maestro allí fue Guillaume Rondelet, excelente naturalista que destacó por el estudio de la fauna marina. Sus viajes por Italia le mostraron el interés de realizar disecciones de cadáveres para el estudio de la anatomía aunque Montpellier carecía entonces de la cátedra de esta materia.

Esteve, con una excelente formación en lenguas clásicas, anatomía y como naturalista, vino a Valencia para ejercer la profesión. Gaspar Escolano dijo de él lo siguiente:

“Sin duda, este aventajado varón Pedro Jaime, nuevo Colón de las Indias descubiertas en la medicina, mereció el nombre de Trimegistro, que quiere decir tres veces grande, porque fue grande trilingüe, grande astrólogo y grande médico, mayormente en anotomía y cátedra de yerbas”

En 1544 y 1553 fue nombrado examinador de médicos. Ocupó la cátedra de anatomía y medicamentos simples los cursos 1545-46 y 1546-47; la de griego y cirugía el de 1547-48 y de matemáticas el de 1555-56.

En la Universidad se le asocia con Miguel Jerónimo Ledesma, es decir, con el grupo o movimiento humanista que se enfrentó durante los años 40 a los seguidores de la tradición bajomedieval. Fue expulsado durante un año de la Universidad por intercambiar palabras gruesas con el entonces rector Juan de Celaya, cabeza de los bárbaros.

Esteve nos dejó varias obras escritas. El 1551 publicó una edición del texto griego con traducción latina y amplios comentarios del segundo libro de las Epidemias hipocráticas. El editor fue Juan Mey y la obra fue impresa a la altura de las mejores ediciones italianas de la época.

Lo que hoy llamaríamos el logo de Mey lo formaba un anciano que lleva un libro en su mano izquierda y sostiene con la derecha un gran compás, debajo del cual hay un cetro y una corona. Simboliza el gran poder que los libros dan al ser humano. Esta obra fue utilizada en toda Europa a lo largo de cuatro siglos. Llegó a tener tanta importancia que algunos envidiosos dijeron que lo había copiado de un libro desaparecido u oculto del propio Galeno.

Un año después dedicó una obra a la teriaca (preparado compuesto por varios ingredientes distintos), poema de tema toxicológico de Nicandro de Colofón que también editó Mey. Theriaka tiene 958 hexámetros y se ocupa de los síntomas y tratamiento de las intoxicaciones por mordeduras y picaduras de serpientes, arañas, escorpiones y otros animales venenosos.

La primera traducción grecolatina de la Theriaka es la de Pedro Jaime Esteve. Historiadores posteriores dijeron de esta obra que demostraba los vastos conocimientos  de Esteve en la lengua griega, la latina, en botánica y en medicina. Supo reducir el poema al latín con el mismo número de versos y pies de que consta el original. El libro añade comentarios sobre varias plantas que observó él mismo en Valencia.

También escribió un Diccionario de yerbas y plantas medicinales del reino de Valencia que no se publicó y del que quedó un resumen o extracto en la Historia de Valencia, de Escolano.

Al principio del vídeo me he preguntado qué tenía que ver nuestro personaje con un producto comercial. Se trata de esto que sin duda ya conocerán: un endulzante a base de un producto obtenido de una planta llamada Estevia. En realidad esta planta recibe el nombre de Stevia rebaudiana Bertoni. Pertenece a la familia de las Asteráceas, género Stevia.

El nombre de Stevia lo puso un célebre botánico valenciano que conocerán: Antonio José Cavanilles (1745-1804). Lo podemos ver en una copia digital de la Biblioteca del CSIC de sus Icones et descriptiones plantarum. El detalle lo hallamos en la descripción que se encuentra en las páginas 32 y 33. Lo puso, pues, en homenaje a Pere Jaume Esteve.

Cavanilles distingue tres especies de las que adjunta lámina: La 354: Estevia saliciforme, la 355: Stevia serrata, la 356: Stevia Pedata. Estas no son, sin embargo, la Estevia “rebaudina”, la edulcorante, que tardaría todavía en llegar. La palabra “rebaudiana” procede de Ovidio Rebaudi que fue el que realizó su primer análisis químico. Por último “Bertoni” viene Moisés Santiago Bertoni, un estudioso de la flora guaraní de finales del siglo XIX que fue quien la identificó. La planta es oriunda de Paraguay y los nativos la utilizaban para endulzar las infusiones de mate y de otras plantas. Su poder edulcorante es muy alto.

Muchos vieron su utilidad después de popularizarse los edulcorantes y ahora la industria alimentaria le está sacando mucho partido. Los resultados de su aclimatación al ambiente mediterráneo son positivos, pero en estos momentos China es su principal productor. Lo que a nosotros nos llega, sin embargo, es un producto procesado que contiene glucósidos del esteviol (Aditivo E-960). Por tanto, aunque se venda como producto natural, no lo es. Su uso fue aprobado por la FDA americana y también por la Comisión Alimentaria y de Sanidad Animal de la Comisión Europea en 2011.

En España no está permitida la venta de las hojas. Como siempre algunos han tratado de convertir a esta planta en “panacea” para los diabéticos. Cuidado con estos temas, todos ellos derivados del abuso de la palabra NATURAL que se la equipara a SIN PELIGRO.

Bueno, ya conocemos quién está detrás del nombre de esta calle.

Bibliografía

Pedro Jaime EsteveNicandri Theriaca: traducción latina en verso (1552). Introducción, edición crítica, traducción y notas de M.T. Santamaría Hernández. Cuenca: Universidad de Castilla-La Mancha, 2018.

López Piñero, J.M. (2010). La Escuela botánica valenciana del Renacimiento. València, Consell Valencià de Cultura, pp. 39-61.

Moisés Santiago Bertoni. En: Wikipedia español. Disponible en: https://es.wikipedia.org/wiki/Mois%C3%A9s_Santiago_Bertoni , Consultado el 15 de octubre de 2019.

Ovidio Rebaudi. En Wikipedia español. Disponible en: https://es.wikipedia.org/wiki/Ovidio_Rebaudi , Consultado el 15 de octubre de 2019.

Santamaría Hernández, María Teresa (2012), “Esteve, Pedro Jaime”, en Diccionario biográfico y bibliográfico del humanismo español (siglos XV-XVII). Madrid, Ediciones Clásicas, pp. 287-290.

Joseph Bienaimé Caventou (1795-1877)

Si hace unos días incorporábamos la biografía de Pierre Joseph Pelletier (1788-1842) en la sección de epónimos y biografías de historiadelamedicina.org, hoy lo hemos hecho con la de Joseph Bienaimé Caventou (1795-1877). Una de las razones es que una buena parte de sus vidas compartieron trabajo y lograron estudiar muchas sustancias naturales y aislar varios principios activos.

Pelletier_Caventou

Monumento dedicado a Pelletier y Caventou que se inauguró en París en 1900. Se destruyó para fundirlo entre 1942-44 durante el gobierno de Vichy. En 1948 se aprobó un decreto para reponerlo. Finalmente se inauguró el 2 de marzo de 1951. En esta ocasión, sin embargo, se sustituyó a las dos figuras por una alegoría de la curación de la fiebre. [De la colección del autor]

Ya dijimos que tanto los químicos, como los farmacéuticos y los médicos colaboraron en la tarea de aislar principios activos de los productos naturales, especialmente vegetales, y de estudiar sus efectos sobre el organismo. Esto sucedió así en Francia.

Caventou fue un farmacéutico que nació en 1795 en Saint Omer (Francia). Asistió a las clases de la Facultad de Ciencias y de la Escuela de Farmacia. Estuvo después con las tropas de Napoleón. Dirigió el servicio farmacéutico de Zuyderzée, nombre de un departamento del Primer Imperio Francés en los actuales Países Bajos. El 18 de junio de 1815 tuvo lugar la batalla de Waterloo, actual ciudad de Bélgica, situada a pocos kilómetros de Bruselas, entre las tropas del emperador Napoleón Bonaparte y las tropas británicas, holandesas y alemanas. El imperio sucumbe y Caventou acaba enfermo en Waarden, Holanda. Allí ayudó a potabilizar el agua y a fabricar jabón. Después regresó a París para reanudar sus estudios

Se presentó al internado y fue destinado al Hospital Saint-Antoine, a la farmacia del servicio de Jean-Baptiste Kapeler (1780-1852). Aparte de trabajar con Pelletier, llegó a impartir el primer curso de química orgánica en la Escuela de Farmacia de París. Después se le creó una cátedra de toxicología que ocupó hasta su jubilación en 1860. Falleció en 1877. Tras sufrir una hemorragia cerebral severa en 1874, todavía vivió tres años más hasta que finalmente falleció el 5 de mayo de 1877 en París.