Aceite de hígado de bacalao. Emulsión Scott

Los tratados de materia médica de finales del siglo XIX dedicaban buen espacio al aceite de hígado de bacalao. Señalan que los hipocráticos lo aconsejaban contra la histeria y los romanos contra la hidropesía y, por vía externa, contra varias dermatosis. En algunos países como Inglaterra, Alemania, Holanda, etc. desde tiempo inmemorial lo han empleado para curar los dolores reumáticos.

En el cambio de siglo se recomendaba en todos los periodos y formas de tisis pulmonar exceptuando las febriles; en los catarros crónicos; en la escrofulosis, acompañada o no de lesiones diversas; en el raquitismo; hemeralopia epidémica; clorosis; reumatismo crónico; estados de caquexia; y convalecencias. Por vía externa en la lepra y diversas dermatosis.

Estos mismos textos describen los tres o cuatro tipos de aceite: el blanco o ambarino claro, trasparente, casi sin olor ni sabor que recuerdan al pescado fresco, se derrama de los hígados frescos por presión en frío, al aire o en la atmósfera de hidrógeno; el amarillo dorado que resulta de mayor calefacción o como viraje que ocurre con el tiempo al anterior, de sabor dulzón y más ácido; el rojo o moreno con fuerte olor a pescado, más ácido, de sabor acre y nauseabundo; finalmente el negro, verdoso oscuro, más consistente, que se obtiene por efecto del calor más intenso sobre los hígados en plena fermentación. El aceite de hígado de bacalao se encuentraba en el comercio muchas veces adulterado con otro tipo de aceites.

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Tarjeta publicitaria de Emulsión Scott (Colección Fresquet)

En 1841 John Hughes Bennet (1812-1875) publicó un tratado sobre el uso terapéutico del aceite de hígado de bacalao: Treatise on the Oleum Jecoris Aselli, or Cod Liver Oil. Fue un anatomopatólogo inglés que describió la leucemia en 1845 a la vez que lo hizo Virchow, considerándola un trastorno de la sangre. Se dice también que fue el primero en describir la aspergilosis como consecuencia del hongo Aspergilus que puede crecer en el tejido pulmonar de los humanos. Estudió en Edimburgo, estuvo después en París y más tarde en Alemania. Bennet recomendó el aceite para el raquitismo, el reumatismo, la gota y la escrófula. Este texto estimuló los estudios y el consumo sobre este tipo de aceite.

Hacia mediados del siglo XIX se realizaron análisis químicos de los distintos tipos de aceite, determinando que el de color marrón claro era más terapéutico. De forma especial nos referimos a Ludovicus J. De Jongh que dio a conocer sus hallazgos en el libro Disquisitio comparativa chemico-medica de tribus olei jecoris aselli speciebus, quam, annuente summo numine, ex auctoritate rectoris magnifici…. Halló yodo, fosfato de cal, ácidos volátiles y elementos de la bilis.

Jongh viajó a Noruega con el fin de poder obtener el aceite más puro posible. De esta forma comenzó a comercializarse en toda Europa y a exportarse a los Estados Unidos el “Dr. Johngh’s light-brown Cod Liver Oil”. The most efficacious remedy for diseases of the chest, throat, debility, gout, rheimatism, rickets…”.

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Publicidad troquelada de Emulsión Scott (Colección Fresquet)

Sin embargo no pudo evitar el sabor y olor nauseabundo del preparado. En 1873 Alfred B. Scott vio la oportunidad de un nuevo negocio con la creciente demanda del aceite. En Nueva York comenzó a buscar con su socio Samuel Bowne una versión que tuviera mejor sabor. Mediante emulsión lograron un nuevo producto que cumplía con estos requisitos y que bautizaron como “Emulsión Scott”. La imagen de la marca era un hombre que llevaba un pez colgando en la parte posterior. En los ochenta ya se distribuía en toda América, Europa y Asia. En los primeros años del siglo XX era habitual que los niños tomaran una cucharada diaria de este aceite para tener un crecimiento saludable.

En 1879 la marca Scott y Bowne incluía las inciales PPP: perfecto, permanente y agradable al paladar. Las pequeñas gotas de aceite se cubrían con la glicerina que les confería el sabor dulce de ésta. Se vendía como un producto con el mismo paladar que la leche.

El hombre con el pez en la espalda apareció por vez primera en 1884 y se convirtió en marca registrada “Scott & Bowne” en 1890. En 1885 ya aparece publicidad de la Emulsión Scott en la prensa española:

“Emulsión de Scott de Aceite puro de hígado de bacalao con hipofosfitos de cal y de sosa. Es tan agradable al paladar como la leche. Posee todas las virtudes del aceite crudo de hígado de bacalao, más las de los hipofosfitos. Nutre y fortifica mucho. Además cura la tisis, cura la escrófula, cura la demacración, cura la debilidad general, cura el reumatismo, cura la tos y resfriados, cura el raquitismo en los niños. Es recetada por los médicos, es de olor y sabor agradable, de fácil digestión, y la soportan los estómagos más delicados. De venta en todas las boticas y droguerías. Scott & Bowne, Químicos.–Nueva York. Depósito general en España para la venta al por mayor, sres. Vicente Ferrer y Cía.– Barcelona” (La Ilusración Española y Americana, 8 de enero de 1885, p. 20).

Por estas fechas, en 1890, los franceses Armand Gautier y Louis Mourgues publicaron su trabajo Les alkaloides de l’huile de foie de morue. Lograron aislar la butilamina, amilamina, hexilamina, la dihidrolutidina, asellina y la morrhuina.

En la década de los noventa del siglo XIX Scott y Bowne poseían fábricas en Canadá, Inglaterra, España, Portugal, Italia y Francia. Su aceite procedía de las islas Lofoten, situadas por encima del círculo polar ártico.

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Tarjeta publicitaria de Emulsión Scott (Colección Fresquet)

Algún texto de materia médica de los mencionados al principio, como el de Peset Cervera, señalaban que Heyerdahl había encontrado ácidos grasos terápico y jecoleico. En 1912 el bioquímico Casimer Funk (1884-19678) acuñó el término vitamina para referirse a algún nutriente que faltaba en ciertas enfermedades como el beriberi, la pelagra, el escorbuto y el raquitismo. Se investigó entre otras sustancias el aceite de hígado de bacalao. Elmer McCollum y Marguerite Davis, en la Universidad de Wisconsin, demostraron la existencia de un nutriente esencial en este aceite: la vitamina liposoluble A. Más tarde la vitamina liposoluble D. El descubrimiento de las vitaminas supuso un nuevo empuje para la venta de este producto. En 1927 Casimir Funk y Harry Dubin cuando trabajaban para los laboratorios HA Metz patentaron un procedimiento de extracción de las vitaminas A y D del aceite. Se fabricaron así las tabletas “Oscodal”.

Más tarde se aisló el ergosterol, sustancia extraída del hongo ergot, como precursor de la vitamina D. Su exposición a los rayos solares la convierte en vitamina D. Sin embargo la emulsión Scott resistió y en los años cuarenta del siglo XX se anunciaba como fuente de vitaminas A y D naturales. La síntesis química de sustancia volvió a poner en peligro el mantenimiento en el mercado de la emulsión, pero ésta sobrevivió. No obstante, se constató que uno de los riesgos del excesivo consumo de este aceite podía conducir a la hipervitaminosis. La vitamina A no se procesa adecuadamente y se acumula en el hígado. pudiendo ser peligroso su uso en mujeres embarazadas y durante la lactancia.

En 1970 el médico danés Jorn Dyerburg estudió las dietas de los Inuit de Groenlandia y observó la baja incidencia en ellos de enfermedades coronarias. Se relacionó con el consumo de pescado. Esto abrió el camino a futuros estudios sobre los beneficios de los ácidos grasos omega 3. Los laboratorios Glaxo-Smith-Kleine, propietarios actuales de la patente de la Emulsión de Scott, volvieron a la ofensiva destacando las bondades de su producto en especial en lo que se refería a los efectos de los ácidos grasos Omega 3.

La emulsión Scott, pues, ha sobrevivido a sus creadores Scott y Beane que fallecieron en 1908 y 1910 respectivamente.

Bibliografía

–Bennett, J.H. (1841). Treatise on the Oleum jecoris aselli or Cod Ilver Oil. London: S. Highley

–De Jongh, L.J. (1843) Disquisitio comparativa chemico-medica de tribus olei jecoris aselli speciebus, quam, annuente summo numine, ex auctoritate rectoris magnifici…. Trajecti ad Rhenum, Eduard Fuhrl.

–Gautier, A.; Mourgues, L. (1890). Les alkaloides de l’huile de foie de morue. Paris, G. Masson.

–Peset Cervera, V. (1906), Terapéutica, materia médica y arte de recetar con hidrología médica. 2ª ed., 2 vols. Valencia, Imprenta de Francisco Vives Mora.

–Semba R.D. (2012). On the ‘Discovery’ of Vitamin A. Annals of Nutrition & Metabolism, vol. 61 (3): 192–198.  

Scott’s. About Scotts. Our story. Disponible en: https://www.scottskids.com/ph/our-story.html. Consultado el 15/2/2017.          

–Wendt, D. (2010). The Man with a Fish on his Back. Distillations. Chemical Heritage Foundation. Disponible en:https://www.chemheritage.org/distillations/magazine/the-man-with-a-fish-on-his-back. Consultado el 15/2/2017.

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El ungüento y las píldoras Holloway

En otra entrada nos ocupamos del Compuesto vegetal de Lydia Pinkham. Hoy traemos otro producto similar que llegó a tener una enorme popularidad tanto en el siglo XIX como en parte del XX, no solo en el Reino Unido sino en otros países como España: el ungüento y las píldoras Holloway. Se dice que incluso la reina Victoria los utilizó. Sin subestimar el efecto placebo, estas sustancias no podían curar lo que prometían. Sin embargo, llegaron a proporcionar cuantiosos beneficios a sus creadores.

Thomas Holloway nació el 22 de septiembre de 1800 en Devonport, Plymouth. Su madre se llamaba Mary y su padre Thomas. Tenían una panadería. La familia cambió varias veces de domicilio. Cuando su padre murió Thomas abrió una tienda de comestibles con su madre y su hermano en el mercado.

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Cartón publicitario Holloway (Colección Fresquet)

En 1828 Thomas marchó durante un tiempo a Roubaix, Francia. Regresó a Inglaterra en 1831. Trabajó como secretario y traductor en Londres para una familia de importadores y exportadores. Más tarde, en 1836, se instaló en la Broad Street como agente comercial. Fue en esta época cuando empezó a hacer ungüentos y píldoras. La fórmula –según decía– procedía de un tal Felix Albinolo de Turín, vendedor de sanguijuelas y del ungüento de San Cosme y San Damián. Thomas lo presentó a las autoridades del St Thomas’ Hospital como inventor de una medicina, pero no mostraron demasiado interés igual que no lo hizo la Inglaterra protestante. Sin embargo creyó que un producto de similares características podía ser aceptado por el público. Algunos opinan que Thomas le robó la fórmula a Albinolo. Surgió así el Ungüento de Holloway que, en 1837, fabricaba en la cocina de su casa.

En 1840 Thomas contrajo matrimonio con Jane Pearce Driver que le ayudó a fabricar el ungüento y las píldoras, que creó más tarde. Durante un tiempo añadió a su nombre el título de “profesor” como estratagema comercial. Thomas Holloway también tenía claro que el éxito de sus productos no podía lograrse sin publicidad. Hoy se diría que fue un gran emprendedor. Acompañaba sus píldoras y ungüento con panfletos que prometían la curación de varias enfermedades.

En 1837 aparecieron en los periódicos los primeros anuncios. Apenas cinco años después el gasto en publicidad estaba en las 5.000 libras anuales. Acabó endeudándose y pasó por la cárcel. Una vez en la calle reanudó su negocio y la publicidad de sus productos. Siguió insertando anuncios pero de forma más selectiva. Al final de su vida la cifra se había disparado a las 50.000 libras esterlinas y no solo se anunciaba en la prensa sino que también lo hizo en forma de postales, tarjetas, juegos, folletos y carteles entre otros. En 1864 el volumen de ventas superaba las 250.000 libras anuales.

También visitaba los muelles de Plymouth, donde promocionaba sus productos entre los capitanes y la tripulación de los barcos que viajan a todas partes del mundo, consciente de que sus medicinas llegarían a otros países.

Se rumoreaba asimismo que mandaba a su hermano a las principales tiendas de la ciudad preguntando por las famosas píldoras de Holloway. Si no disponían de ellas simulaba un gran enfando. Después pasaba el propio Thomas para ofrecerles sus productos para la venta.

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Cartón publicitario Holloway (Colección Fresquet)

Holloway se fue a vivir en 1869 a Tittenhurst Park, una casa de campo georgiana de 29 hectáreas, London Road en Beggar’s Bush, cerca de Ascot. En 1898 fue adquirida por Thomas Hermann Lowinsky, gerente de unas minas de carbón de la India. En 1969 se convirtió en el hogar de John Lennon y su esposa Yoko Ono. Después vivió allí Ringo Starr con su familia hasta finales de la década de los ochenta. Después fue adquirida por el presidente de los Emiratos Árabes Unidos. Fue en esta casa donde Holloway falleció el 24 de diciembre de 1883 a la edad de 83 años. Su esposa lo había hecho en junio de 1876. El negocio continuó dirigido por su sobrino George Martin Holloway. En 1929 la compañía se llamaba Hollowys Oill Ltd.

Holloway se convirtió en uno de los hombres más rico de Gran Bretaña. No tuvo hijos. Fue un gran filántropo. Creó el Sanatorio Holloway en Virginia Water y el Royal Holloway College para mujeres, integrado en la Universidad de Londres. En vez del College, su idea era construir un hospital para enfermos incurables, pero su mujer lo persuadió para que hiciera algo para las mujeres en un momento en que su acceso a la educación superior era algo controvertido. Ambos edificios fueron diseñados por el arquitecto William Henry Crossland. También donó a la Universidad una excelente colección de arte, especialmente de pinturas.

Los productos Holloway aseguraban curar todo tipo de dolencias. Estaban compuestos de jengibre, cardamomo, azafrán, canela, raíz de ruibarbo y “confección de rosas”, aunque la fórmula era secreta. Tras su muerte se vio que algunos no contenían ningún principio activo. Su popularidad descendió progresivamente hasta que la competencia “Píldoras de Beecham” compró el negocio en 1930. Durante muchos años sus productos se vendieron no sólo en Gran Bretaña sino en multitud de países, entre ellos España.

En la imagen se puede ver la publicidad insertada en El Áncora (Barcelona) en octubre de 1850

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Otro de los anuncios deja bien claro las enfermedades que puede curar:

“Este inestimable específico, compuesto enteramente de yerbas medicinales, no contiene mercurio ni alguna otra sustancia deletérea. Benigno a la niñez más tierna y a la complexión más delicada, e igualmente pronto y seguro para desarraigar el mal en la complexión más robusta, es enteramente inofensivo en sus operaciones y efectos, mientras busca y remueve las enfermedades de cualquiera especie, y en cualquier grado, por antiguas y arraigadas que sean.

Entre los millares de personas curadas con esta medicina, muchas que ya estaban a las puertas de la muerte, perseverando en su uso, han llegado a recobrar su salud y sus fuerzas, después de haber tentado inútilmente todos los otros remedios.

Los más afligidos no deben entregarse a la desesperación ; hagan un competente ensayo de los eficaces efectos de esata asombrosa medicina, y pronto recobrará n el beneficio de la salud.

No se perderá tiempo en tomar este remedio para cualquiera de las enfermedades siguientes:

Accidentes epilépticos
Almorranas
Asma
Calenturas biliosas
Calenturas intermitentes
Calenturas de toda especie
Cólicos
Debilidad o extenuación
Debilidad o falta de fuerzas por cualquier causas
Disentería
Dolor de garganta
Dolor de vientre
Erisipela
Enfermedades del hígadoçEnfermedades venéreas
Gota
Hidropesía
Ictericia
Indigestiones
Inflamaciones
Irregularidad de la menstruación
Jaqueca
Lamparones
Lombrices de toda especie
Lumbago o dolor de riñones
Mal de piedra
Manchas en el cutis
Obstrucción de vientre
Retención de orina
Reumatismo
Síntomas secundarios
Tic-doloroso
Tisis o conunción pulmonar
Tumores
Úlceras

Estas píldoras se venden en el establecimiento general de Londres, 244, Strand, y en casa de todos los farmacéuticos, droguistas y otras personas encargadas de la venta en toda América del Sur, La Habana y la España.

Las cajitas se venden a 1fr. 60 cént, 4 fr. 20 cts, y 6 fr. 40 cént. Cada cajita contiene una instrucción en español para explicar la manera de hacer uso de estyas píldoras”.

Otro anuncio más breve, publicado esta vez en Las Provincias en 1913 dice:

“Diario de Avisos. Ungüento y Píldoras Holloway.– Para la curación de las úleras, de las quemaduras y las heridas de toda clase, el célebre Ungüento Holloway se encuentra sin rival. En el momento en que él se aplica a la parte afectada, sus virtudes balsámicas alivian el dolor, protegen los nervios expuestos contra el aire, dan a los vasos el vigor necesario para que sane la llaga, y purifica de tal modo la sangre, que cuanta carne crece, en lugar de la destruida es perfectamente sana. Las Píldoras Holloway, si se toman al mismo tiempo que se usa el Ungüento, aumentan considerablemente el poder depurativo y refrigerante de este último. Unidas dichas medicinas, obran como por encanto. Ningún enfermo que las haya ensayado ha dejado de librarse de su enfermedad, o por lo menos, de ser mitigadas sus penas”.

 

Bibliografía

–Bingham, C. (1987). The History of Royal Holloway College, (1886-1986). London: Constable.
–Harrison-Barbet, A. (1990). Thomas Holloway, victorian Philanthropist: a biographical Essay. London: Lyfrow Trelispen.
–Homan, P.G.; Hudson, B.; Rowe, R.C. (2008). Popular Medicines. An illustrated History. London-Chicago: Pharmaceutical Press.

 

El Compuesto vegetal de Lydia E. Pinkham

El Compuesto vegetal de Lydia E. Pinkham fue tanto en los Estados Unidos como en España y otros países uno de los remedios más populares de finales del siglo XIX y de buena parte del XX.

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Frasco de Compuesto vegetal de Lydia E. Pinkham (Colección Fresquet)

Lydia Pinkham nació en Lynn, Massachusetts (USA), el 9 de febrero de 1819. Su madre se llamaba Rebeca. Su padre, William Estes, comenzó como zapatero, fue propietario de unas salinas, se dedicó a la transacción de bienes inmuebles y se hizo rico. El origen de su familia fue un cuáquero que emigró al continente americano en 1676.

Lydia se graduó en la Lynn Academia y fue maestra de escuela mientras permaneció soltera. Su familia era abolicionista y pertenecían a la Lynn Female Anti-Slavery Society. El líder Frederick Douglass era vecino y amigo. La casa de los Estes servía de lugar de reunión. En 1843 fue elegida secretaria del Freeman’s Institute. Allí conoció al que después sería su marido Isaac Pinkham, un viudo de 29 años fabricante de zapatos. Tuvieron cinco hijos de los que sobrevivieron cuatro: Charles (1844), Daniel (1848), William (1852) y Aroline (1857).

Isaac no era un buen hombre de negocios. Inició varios pero ninguno tuvo éxito y perdió casi toda su fortuna en 1873. No llegó a recuperarse y falleció en 1889. Según dicen algunos, en 1875 se les ocurrió vender los remedios que su madre tenía para las dolencias propias de las mujeres. La idea parece que procedió de su hijo Daniel. Otros aseguran que años antes Isaac recibió una fórmula como pago parcial de una deuda.

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Postal de publicidad del Compuesto vegetal Lydia E. Pinkham. (Colección Fresquet)

La cuestión es que Lydia siempre se había interesado en los remedios vegetales caseros, especialmente aquellos que procedían del The American Dispensatory de John King. Preparó unas botellas, las llenó con su producto y las regaló a sus amistades como remedio contra “los problemas de las mujeres”. En esta época este tipo de panaceas era habitual y la gente los prefería a visitar a un médico y pagar el elevado precio que costaba una consulta. Por otro lado, la mayor parte de los medicamentos que utilizaban los profesionales tampoco eran muy eficaces.

En los inicios Lydia preparaba en su casa el remedio, pero el aumento de la demanda obligó a trasladar su producción a una fábrica. Se trataba del compuesto vegetal que llevaba su nombre. Parece que la idea de la publicidad, de recibir cartas de las clientas con dudas y preguntas, y de contestarlas, fue de la propia Lydia. La cuestión es que el preparado acabó convirtiéndose en uno de los “medicamentos” de patente más conocidos del siglo XIX en los Estados Unidos. Uno de los puntos fuertes de su éxito fue que la publicidad se dirigía directamente a las mujeres. Esta táctica también se utilizó en España años después, ya en el siglo XX. El rostro de Lydia solía figurar en las etiquetas y los anuncios en la prensa y se acompañaba de testimonios positivos de mujeres que lo habían probado. Esta forma de presentar y comercializar el preparado también fue del agrado de las feministas. Habían logrado que se hablara abiertamente de temas tabú como la menstruación en una etapa en la que los médicos no solían prestarles la atención que merecían.

Lydia murió en 1883. Las consultas de miles de mujeres siguieron recibiendo respuesta incluso décadas después del fallecimiento de su creadora. Los escritos hablaban con franqueza de los problemas de la mujer, les daban consejos y, por supuesto, les recomendaban el preparado vegetal.

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La esposa de su hijo Charles, Jennie Pinkham, se convirtió en la cabeza visible de la compañía. Daniel y William fallecieron en 1881. También participó Arolina, casada con Will Gove. Cuando Charles falleció en 1900 los Goves tomaron el control de la firma y Will Gove fue su presidente y manager general. Arthur, el hijo de Jennies, insistió en que las cartas dirigidas la Sra Pinkham debían ser entregadas a su madre, no a la fábrica. Crearon una compañía rival que vendía exactamente el mismo compuesto vegetal con el nombre “Regulador Delmac del hígado”. En la etiqueta había una retrato de Charles Pinkham. Sin embargo, al final hubo un acuerdo para no comercializar el nuevo producto a cambio de que Arthur se convirtiera en miembro de la junta directiva de Pinkham.

Tras la muerte de Gove en 1920 y después de nuevas disputas, el equipo directivo de la empresa estuvo formado por tres Pinhams y tres Govers. Los problemas continuaron y en 1937 se obtuvo un mandato por el que se prohibía a los Govers interferir en el negocio. En 1968 la empresa fue vendida a Cooper Laboratories que desplazaron la producción a Puerto Rico. Hoy siguen fabricándose y vendiéndose varios productos Lydia Pinkham.

El compuesto vegetal era una mezcla que contenía extractos vegetales en alcohol, una especie de “vino fortificado”. Se vendía como “una cura segura para el prolapso de útero y la caída de matriz”, y para “cualquier debilidad de los órganos reproductivos”. Originalmente contenía raíz de unicornio auténtica o de la Aletris farinosa, planta originaria de los Estados Unidos, utilizada por varias tribus de indios por sus efectos sobre la dismenorrea, el prolapso uterino, la congestión pélvica y para mejorar la función ovárica; la raíz de Senecio aureus L., que es un tónico uterino de uso tradicional, diurético, antiinflamatorio y emenagogo utilizado popularmente contra la amenorrea o la dismenorrea; alholva o Trigonella foenum-graecum con acción vulnerable, antiinflamatoria, antiespasmódica, tónica, emenagoga, galactogoga e hipotensora; “black cohosh”, cimífuga o Actaea racemosa o Cimífuga racemosa empleada en el síndrome premenstrual, menopausia e infertilidad, entre otras. Hay que tener en cuenta, además, el alcohol y sus correspondientes efectos. El lector puede seguir la historia del uso de estas plantas. Han sido analizadas en muchos casos, se han justificado algunos de sus usos y se han hallado nuevos efectos. Una de las más ensayadas ha sido el cohosh negro. La fórmula del producto ha ido cambiando con el tiempo.

Un anuncio insertado en Mundo Gráfico de 1921 decía: “Todas las mujeres que sufren dolores, irregularidades, dolor de cabeza, dolor de espalda, dolor de riñones, dolor en el bajo vientre, desmayos, síncopes, vahídos, frecuentes indigestiones, inflamaciones, úlceras, desplazamientos, irritabilidad, esterilidad y cualquier otro síntoma que pueda atribuirse directa o indirectamente a su condición de mujer, deben recordar que hay un remedio para sus males, y que este es el Compuesto Vegetal de Lydia E. Pinkham”.

Continúa diciendo que su eficacia queda demostrada por la infinidad de cartas de mujeres agradecidas que “recibimos todos los días”: “El Compuesto Vegetal de Lydia E. Pinkham es un remedio compuesto únicamente de plantas y raíces medicinales, cuya acción curativa para las enfermedades de la mujer lo demuestra la infinidad de cartas…”.

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Durante el primer tercio del siglo XX el producto se vendió en España y se insertaron anuncios publicitarios en la prensa diaria y en las revistas. Veamos algunos ejemplos:
En el siguiente se identifica fácilmente con tipografía de gran tamaño el destinatario: las mujeres, las madres. Se lee ¡MADRES! Vuestras hijas necesitan… En fuente de tamaño normal se explica: “de vuestros cuidados; tenéis obligación de velar por su salud, vigilando que sus funciones se desarrollen con toda regularidad. / Si la niña se queja de dolores de cabeza, de espalda o en las piernas; si se siente apática y no piensa muy deprisa o bien si está nerviosa, malhumorada, son pruebas evidentes que toda madre debe conocer, y ha llegado el momento en que su hija necesita la más estrecha vigilancia y los más asiduos cuidados, pues de ellos depende su salud y su felicidad de toda la vida. Recordad que /” “El compuesto Vegetal / de Lydia E. Pinkham / es el tónico de la mujer /” (esto último destacado) “Tomándolo vuestra hija, fortalecerá con rapidez, abrirá su apetito y facilitará tanto su desarrollo, que su paso a mujer lo efectuará con la mayor facilidad y sin ninguna molestia, alejando cualquier peligro que pudiera sobrevenir / Todas las mujeres que en la época del desarrollo han tomado esta medicina están hoy sanas, fuertes y felices /” “Compuesto Vegetal / de Lydia E. Pinkham / LYDIA E. PINKHAM MEDICINE CO., LYNN, MASS.”

Otro anuncio, insertado el La Correspondencia de España en 1920, contiene el testimonio de una mujer que había obtenido beneficios con el compuesto:

“SUFRÍ DURANTE 7 SIETE AÑOS/”. “Por fin curé todas mis dolencias gracias al Compuesto Vegetal de Lydia E. Pinkham/”. Philadelphia Pa.– “Sufría durante siete años de fuertísimos dolores de espalda y costado. Fui visitada por muchos médicos que no lograron ni aliviar mi mal. Leí algo referente al Compuesto Vegetal de Lydia E. Pinkham y decidí probarlo, y al poco tiempo me encontré muy mejorada y pronto completamente curada, y sin dolor ni molestia alguna. Varias de mis amigas han probado también el Compuesto Vegetal de Lydia E. Pinkham, todas con éxito” Srta. MARGARET NESS, 1846, E. Hazzard St., Philadelphia Pa. U.S.A. /”. “Las mujeres que sufren de desplazamientos, irregularidades, inflamaciones, úlceras, dolor de espalda, dolor de costado, dolor de cabeza, tristeza, melancolía, mal humor, irritabilidad, deben tomar la famosa medicina de hierbas y raíces llamada Compuesto Vegetal de Lydia E. Pinkham /”. “La vende su farmacéutico./ De venta en todas las farmacias”. El anuncio se acompaña de un dibujo de línea que representa a una mujer hasta la línea superior de la rodilla con uno de los brazos en jarra, que parece dirigirse a la lectora.

Otro ejemplo. Este anuncio contiene también un testimonio y se encabeza con la siguiente frase: “MI VIDA ERA / INSOPORTABLE”. “Sufrí durante dos años de enfermedades y desarreglos propios de mi sexo. No podía andar, salir de casa, ni aun en coche, cualquiera ejercicio me era absolutamente imposible. Si probaba de andar o hacer algún trabajo, enseguida sentía los efectos de mi enfermedad. Estaba siempre triste y lánguida y sin energías y la vida se me hacía insoportable hasta a los que me rodeaban. Estuve bajo los cuidados de un buen médico durante algunos meses y probé toda clase de remedios. Leí un anuncio del Compuesto Vegetal de Lydia E. Pinkham y decidí probarlo, después de tomar doce botellas me encontré completamente curada, tanto y tal efecto me produjo, que tomé seis más para asegurar mi curación. Nunca más he vuelto a sufrir de mi enfermedad. Ahora estoy dedicada a toda clase de trabajo sin sentir absolutamente ninguna molestia. Soy enfermera del hospital del Estado y me siento perfectamente bien. He recomendado el / Compuesto Vegetal / Lydia E. Pinkham / a docenas de amigas y siempre lo haré”. (La Correspondencia de España, 1920).

En ambos anuncios se habla de problemas que no resuelve el médico y que sí ha solucionado el Compuesto Pinkham. En el segundo, además, la que habla es enfermera. Llama la atención también que el número de frascos que consume la interesada es elevado, doce, que completa con otros seis.

Otro anuncio (Mundo Gráfico, 1921) muestra a Lydia E. Pinkham en un escenario dirigiéndose al público exclusivamente femenino que se representa en el patio de butacas: “YO NO QUIERO QUE LAS MUJERES SUFRAN”. Más adelante se dice “La sociedad moderna, la agitación de la vida en nuestros tiempos, han llevado a la mujer a ocupar un sitio en esta actividad mundial, obligándola a trabajos y ocupaciones demasiado fuertes y agitadas. Esto ha ocasionado en su delicado organismo desarreglos que se manifiestan en las más variadas formas y cuyo origen siempre es siempre el mismo…” . Aquí se pone de manifiesto que se trata de un problema del sexo femenino, cuyo papel en el mundo está cambiando, resuelto por una mujer.

Un anuncio de Las Provincias (1921) muestra en este caso una escena en la que aparece un hombre. Se trata de un farmacéutico (de pie) que le está enseñando el Compuesto de Lydia E. Pinkham a una señora que por su vestimenta parece ser de clase alta (sentada) al otro lado del mostrador. Se dice, además, que “Se cuentan por millones las mujeres de las cinco partes del mundo que deben su bienestar, su felicidad, su salud y muchas la vida a nuestro Compuesto Vegetal…”. Obsérvese la cadena de palabras: “bienestar, felicidad, salud, vida”. Por otro lado se deja constancia de que el éxito del producto lo había llevado a los cinco continentes.

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Otro reclamo iba dirigido a las mujeres casadas que no habían podido tener hijos: “MUJERES SIN HIJOS” que se acompañaba de algún testimonio supuestamente real: “… Hacía diez y seis años que estaba casada y no había tenido el placer de tener un hijo, ahora tengo uno gordo y sano y al cual llamamos nuestro Pinkham, porque al Compuesto Vegetal lo debemos. El Doctor estaba preocupado de mi caso, pues tenía cuarenta y un años cuando nació mi hijo, pero gracias al Compuesto Vegetal lo tuve con toda felicidad…” (Las Provincias, 1922).

La publicidad y el Compuesto Vegetal iba dirigido a cualquier tipo de mujer, rica o pobre. En un inserto en Las Provincias de 1931 se lee bajo el rótulo “La vida trata a todas igual”: “Mansiones donde vivir, limousines para pasear, criados que la aguarden a Vd., cada deseo satisfecho y falta de salud, es vivir? / La Naturaleza favorece por igual a pobre y a rica. Ambas están favorecidas por la misma salud y alegrías y están sujetas a los mismos dolores y enfermedades…”.

También se utilizó en ocasiones el anuncio que simulaba una noticia real con un titular llamativo como éste: “UNA MODISTA / QUE SE SALVA / DE UNA OPERACIÓN” «Ithaca, N.Y.–“Hace tres años estuve sufriendo de dolores en mi costado derecho tan fuertes, que no podía levantar mis pies del suelo. Los dolores siguieron por la espalda hasta las piernas, el médico dijo que tenía un abceso. Estuve en cama dos semanas con una bolsa de hielo en mi costado esperando que cualquier día me tendría que marchar al hospital para sufrir una operación. Una amiga mía me vino a ver y me habló de su medicina el Compuesto Vegetal de Lydia E. Pinkham. Empecé a tomarlo, y a las seis botellas me encontré bien y fuerte, hoy puedo trabajar en mi oficio de modista sin ninguna molestia. Nunca podré alabar bastante su medicina y recomendarla a las demás mujeres que sufren. Parece enviada por Dios para aliviar los sufrimientos de las mujeres».– Sra. PERMILLA HULSIZER, 218, E. Fall St. Ithaca, N.Y.”.

Bibliografía

–Danna, S.M. (2015). Lydia Pinkham. The Face that Launched a Thousand ADS. Lanham-Boulder-New York-London: Rowman & Littlefield.
–Homan, P.G.; Hudson, B.; Rowe, R.C. (2008). Popular Medicines. An illustrated History. London-Chicago: Pharmaceutical Press.
–Lamphier, P.A.; Welch, R. (Eds.) (2017). Women in American History. A social, Political, and Cultural Encyclopedia and Document Collection. ABC-CLIO.
–Lydia Pinkham, en Wikipedia. Disponible en: https://en.wikipedia.org/wiki/Lydia_Pinkham. Consultado el 8/1/2017.

 

Hipólito Ruiz y la ratania

En la conversión de la materia médica en farmacología experimental jugó un papel importante el aislamiento de los principios activos de plantas ya conocidas y de otras que seguían incorporándose al arsenal terapéutico. En la tarea colaboraron en buena medida los farmacéuticos y los químicos, lo que sucedió de forma especial en Francia. A gran distancia por las condiciones políticas y sociales de nuestro país, Hipólito Ruiz López jugó ese papel.

Ruiz nació en Belorado (Burgos) en 1752 y murio en Madrid en 1816. A los catorce años se trasladó a Madrid para estudiar bajo la tutela de su tío el farmacéutico Manuel López. Se fue formando en lógica, física experimental, química y farmacia. Asistió más tarde a los cursos del Jardín Botánico donde fue discípulo de Casimiro Gómez Ortega y de Antonio Palau Verdera.

En 1777, cuando Carlos III ordenó que se organizara una expedición a América meridional (Virreinato del Perú) para el estudio de sus producciones naturales, Hipólito Ruiz fue nombrado director de la misma. Como segundo botánico, José Pavón Jiménez (1754-1844). Los jóvenes farmacéuticos, desde que partieron de Cádiz y a lo largo de una década, recogieron ejemplares, datos y dibujos de las plantas del Nuevo Mundo, con la colaboración de los dibujantes Joseph Brunete e Isidro Gálvez, y con la ayuda del naturalista francés Joseph Dombey que estuvo con ellos durante seis años. A su regreso en 1788, dejaron grupos de investigación que prolongaron sus estudios por espacio de un cuarto de siglo.

 

ratania

El resultado final de la expedición “la sitúa entre las más importantes del siglo XVIII desde el punto de vista científico”. Las colecciones llegaron a Cádiz a finales de 1788 y se depositaron porteriormente en el Gabinete de Historia natural y en el Jardín Botánico de Madrid. Este material significó la incorporación de ciento cuarenta y un géneros nuevos y de más de un millar de especies hasta entonces desconocidas.

Hipólito Ruiz terminó sus estudios de boticario en 1790 lo que le permitió establecer su propia oficina de farmacia. En 1798 fue elegido primer secretario del Colegio de Boticarios de Madrid, cargo que ocupó hasta 1804. Fue nombrado académico numerario de la Real Academia Médica Matritense en 1805. Aunque se retrasó en presentarc el discurso, al final presentó la memoria preceptiva que en este caso fue la ratania. Fue socio de la Academia Médica de Montpellier y de la de Amigos especuladores de la naturaleza, de Berlín. Tras la contienda con Francia fue designado por el Protomedicato visitador de las farmacias de Madrid. Entre sus publicaciones destacan la Quinología o Tratado del árbol de la quina (1792) y Flora peruvianae et chilensis Prodromus (1794) que publicó con José Pavón. Pretendían establecer la prioridad de las descripciones de 136 géneros nuevos frente a las publicadas por Cavanilles basándose en datos de segunda mano o de ejemplares desecados. Una versión ampliada del Prodromus se editó en Roma en 1797. La Quinología fue traducida al italiano, alemán e inglés y motivó una polémica con los botánicos de Nueva Granada, encabezados por José Celestino Mutis. Ruiz y Pavón le contestaron en un Suplemento de la Quinología (1801).

La obra principal en la que Ruiz y Pavón se proponían exponer los hallazgos botánicos de la expedición fue la Flora peruviana et chilensis, de la que se publicaron los cuatro primeros volúmenes entre 1798 y 1802. Sólo aparecieron estos, de los ocho o doce previstos. Todavía hoy muchos materiales de esta expedición permanecen inéditos.

En forma de folletos o en las Memorias de la Real Academia publicó varios estudios monográficos: Memoria de las virtudes y usos de la raíz de la planta llamada Yallhoy en el Perú (1805), Memoria sobre las virtudes y usos de la llamada planta bejuco de la estrella (1805), Disertaciones sobre la raíz de la ratánhia, de la calaguala y de la china y acerca de la yerba llamada canchalagua (Se publicaron en la Memorias en 1797 y de forma independiente en una sola obra en 1796). En 1821 todavía apareció la Memoria sobre las virtudes y usos de la raíz de Purhampuy o China peruana. Esta fue la gran contribución de Hipólito Ruiz a la investigación española sobre plantas americanas. En términos generales, se ocupó de su descripción botánica, hábitat, recolección, desecación, encajonamiento y transporte, virtudes y usos medicinales, farmacotecnia, química y ensayos clínicos.

La ratania
Hipólito Ruiz dijo de ella “… los indios del Perú usaban desde tiempo inmemorial de esta raiz como de un remedio y específico poderoso para afirmar la dentadura, trayéndola de continuo en la boca todas las veces que la notaban poco firme, y descarnadas o llagadas las encías…”… “posee la virtud de colorear los labios y la de mantenerlos sonrosados todo el día…”. Ignoraban, según él, otros empleos. Tenía una virtud estíptica superior a la de otros vegetales. Podía utilizarse para teñir. El extracto mezclado con resinas o gomas medias y aplicado en parches era un poderoso restrictivo para “consolidar las relajaciones y ciactrizar las úlceras mundificadas, y aplicado en polvo sobre las heridas recientes restaña prontamente la sangre”. Admirable para curar llagas de la boca y constreñir las encías. La infusión de la raíz se utiliza para contener los flujos de sangre.

ratania_polvo

Los tratados de farmacognosia actuales dicen que la ratania es la especie Krameria triandra Ruiz y Pav., de la familia de las Krameriáceas. Es originaria de las montañas andinas de Perú, Bolivia y Chile. Es un arbusto con ramas jóvenes recubiertas de un bello fino y hojas también bellosas. Las flores son de color rojo y la raíz, muy desarrollada, está formada por una raíz principal y numerosas secundarias.En lo que se refiere a su composición química destaca entre un 10 y un 15 por ciento de taninos condensados. El conjunto de taninos es el ácido ratanitánico.

Respecto a su acción, es astringente con efecto antidiarréico y antiinflamatorio local. Indicada en el tratamiento de las hemorroides. Asimismo posee propiedades hemostásicas y antisépticas. También se ha utilizado en ginecología por su efecto hemostásico en casos de menstruación excesiva y en las vaginitis. En cuanto a su forma de uso se emplea por vía oral en infusión, decocto, polvo encapsulado y extracto fluido. En supositorios y pomadas por vía rectal. Por vía externa en forma de gargarismos y enjuagues bucofaríngeos para la gingivitis, faringitis, amigdalitis, etc.

Bibliografía
–Bruneton, J. (1991). Elementos de fitoquimica y de farmacognosia. Zaragoza: Editorial Acribia SA.
–Kuklinski, C. (2000). Farmacognosia. Barcelona: Ediciones Omega.
–Ruiz López, Hipólito (1799). Disertación sobre la raíz de la Ratánhia, específico singular contra los fluxos de sangre que se insertó en el primer tomo de las Memorias de la Real Academia Médica de Madrid... Madrid: Imprenta de la Viuda e Hijo de Marín.
–Ruiz López, Hipólito (2007). Relación del viaje hecho a los reinos del Perú y Chile por botánicos y… Introducción, transcripción y notas de Raúl Rodríguez Nozal y Antonio González Bueno. Madrid: Consejo Superior de Investigaciones Científicas.
–Steele, A.R. (1982). Flores para el rey. La expedición de Ruiz y Pavón y la “Flora del Perú” (1777-1788). Barcelona: Ediciones del Serbal.