La ‘Materia médica’ de Dioscórides

A continuación insertamos el guión del vídeo La ‘Materia médica’ de Dioscórides, después de haber subido un nuevo vídeo al Canal de Youtube Medicina, historia y sociedad que se centra en los productos americanos que el traductor Andrés Laguna introdujo en su ‘Materia médica’ de Dioscórides (1555).

La Materia médica de Dioscórides es quizás el libro de medicina clásica y científica que más veces se ha publicado.   Todavía hoy podemos encontrar varias ediciones facsímiles, nuevas y traducciones y libros que son una adaptación. Aquí tengo unas cuantas [Se muestran a cámara].
En este vídeo vamos a sintetizar el contenido de esa Materia médica, lo que significó para la Medicina científica y conoceremos también algo sobre su autor.

[INTRO]

Parece que Dioscórides vivió y desarrolló su obra bajo el mandato de Nerón (54-68 dC). Nació en Anazarbo, ciudad de Cilicia, cerca de Tarso. Lo poco que sabemos de él procede de la carta o dedicatoria que precede al libro y que está dedicado a un amigo suyo llamado Ario, médico de Tarso.   Dioscórides fue médico militar en época de Claudio y Nerón. Esto le dio la oportunidad de viajar y de conocer numerosas provincias de lo que fue el Imperio romano, lo que le permitió enriquecer sus conocimientos heredados de sus antecesores en materia de plantas y drogas medicinales. Él mismo se confiesa como un apasionado de la materia médica. Insistimos en decir que no parte de cero sino que ya dispuso de información que procedía de otros escritos que él califica de incompletos, confusos, incluso equivocados y de otros más modélicos. Está claro que muchos de esos escritos recogían tradiciones de Mesopotamia, del antiguo Egipto, etc.   A lo largo de la historia se le han atribuido otras obras y se han incluido capítulos en la suya de otros autores. Mientras no hubo imprenta, los ejemplares manuscritos de su Materia médica diferían unos de otros en el número de libros o de capítulos que lo componían. Lo cierto es que su Materia médica es quizás la obra médica más veces reeditada y traducida de la historia. Todavía hoy sigue siendo objeto de interés por números estudiosos. Constituye una fuente indispensable para el estudio de la materia médica, de la botánica, de las creencias populares y también para el estudio de la expresión formal de la prosa científica y del léxico.    

Dioscórides está convencido del rigor con el que construye su obra. Dice que ha visto un buen número de plantas con sus propios ojos y que ha investigado otras a partir de entrevistas a los habitantes del lugar. Por otro lado, tiene experiencia de ellas.   Ordena los remedios por sus “acciones y efectos” de ahí que a nosotros nos parezca una obra donde todo se mezcla.  

Su texto recoge 600 plantas, 35 productos de origen animal y 90 minerales.  Puede considerarse como las guía farmacéutica más amplia de la Antigüedad. Galeno la consideró como la mejor de su clase y la difundió a través de sus obras.   Por libros, en el primero (129 capítulos) trata de perfumes, aceites, ungüentos, árboles y arbustos (líquidos, gomas y frutos). En el segundo (de 186 capítulos) aborda los animales y partes de animales, productos animales, cereales y hierbas. En el tercero (de 158 capítulos) se ocupa de raíces, jugos, hierbas y semillas. En el libro cuarto (de 192 apartados) sigue tratando de raíces y hierbas. Por último, en el quinto (de 162 capítulos) describe vides, vinos y minerales.   El método descriptivo para cada remedio suele ser el siguiente: nombres con el que se le conoce en varias lenguas de la época; origen; características morfológicas de la planta (raíces, tallo, hojas, flores, aromas, sabor, etc.). Este último aspecto no aparece en todos los capítulos y en otros se dice que la planta es conocida. Hay que decir que sus descripciones son a veces insuficientes para la identificación correcta.   Sigue después la enumeración de las propiedades, especialmente las médicas. En algunos casos menciona propiedades basándose en la teoría incorrecta de las signaturas. Se ocupa después de los modos de preparación y luego de sus usos medicinales que incluyen, en ocasiones, los efectos perjudiciales. Describe, además, dosis, “formas farmacéuticas”.  

Dioscórides usó los términos de género y especie pero en un sentido distinto al que hoy lo hacemos, pero de alguna manera su intento de poner orden fue de utilidad a lo largo del tiempo. También dio importancia al ambiente en el que crecían las plantas. No tenían las mismas propiedades las que lo hacían en las altitudes que las de zonas pantanosas. También recomienda cuándo y cómo recoger las semillas, época de recolección, modo de cortarlas o de extraer su savia, etc. Asimismo proporciona información sobre su conservación.

Respecto a las ilustraciones habría que revisar los manuscritos medievales y las ediciones renacentistas.   El Códice más antiguo conservado de Dioscórides es el Vindobonensis, antes Constantinopolitanus en el que el texto se presenta por orden alfabético. Parece que las imágenes derivan de originales de una fecha tan temprana como el siglo II d.C. Varían mucho en calidad y claramente no proceden todos de la misma mano. Algunos, incluso, parece que fueron realizados por Cratevas. Las entradas de los capítulos de De Materia Medica se ordenaron alfabéticamente y sus descripciones se aumentaron con observaciones de Galeno y Crateuas (Krateuas). También se adjuntaron cinco textos suplementarios, incluyendo la Theriaca y Alexipharmaca de Nicandro y la Ornithiaca de Dionisio de Filadelfia (siglo I d.C.), que describe más de cuarenta aves mediterráneas. Después, lo que pasó es que los copistas dibujaron las plantas copiándolas y no a partir de la propia naturaleza. El cod Parisinus gr. 2179 es el mejor testimonio de la obra genuina de Dioscórides con el orden sin alterar.  

Con la aparición de la imprenta uno de los primeros libros que se editó fue este. Aparte de volver a traducir los originales, se trató de reconstruir lo original de Dioscórides a lo que se añadieron a veces comentarios, nuevas plantas y corrección de errores como era característico del Renacimiento, pero de forma separada. Se tradujo, además, a las lenguas vulgares como el castellano y el italiano.   Los grabados que acompañan a la edición de Andrés Laguna parece que los encargó él mismo a un taller veneciano para su edición castellana. Se inspiran en los de la versión latina de Mathioli. Luego se trasladaron a Amberes donde se hizo la edición principal y más tarde se trasladaron a España concretamente a Valencia hasta 1695. La edición de Madrid de 1733 ya no los usó.  

Esta edición de Gredos [Se muestra a cámara], en dos volúmenes, es una de las últimas traducciones que sepamos que se ha realizado de la Materia médica de Dioscórides de la mano de Manuela García Valdés.  

Bibliografía

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Carl Voegtlin (1879-1960)

[Portrait de Carl Voegtlin, collection du National Cancer Institute des États-Unis. Dominio público]

Entre los principales nombres representativos de la historia de la farmacología científica está el de Carl Voegtlin. Nacido en Zofingen (Suiza) en 1879, se trasladço con su familia a Basilea. Su madre murió cuando tenía 9 años y su padre y sus dos hermanos lo hicieron al poco tiempo en un accidente de ferrocarril.

Comenzó sus estudios en Basilea y siguió los de física y química en la Universidad de Munich. Hizo su doctorado en Ginebra con Carl Graebe (1841-1927) y con Ludwig Gattermann (1860-1920) leyó su tesis en Friburgo. Marchó después a la Universidad de Manchester al laboratorio de química orgánica del profesor William Henry Perkin (1860-1929).

Voegtlin pasó luego a la Universidad de Wisconsin donde aprendió todo sobre análisis cuantitativo y cualitativo. Recibió después una oferta de la Johns Hopkins para montar el primer laboratorio de bioquímica. Al conocer a John Jacob Abel (1857-1938) en la misma universidad, decidió trabajar con él en el área de farmacología entre 1908 y 1913. Todavía hizo una estancia de unos meses en el Laboratorio de Emil Fischer (1852-1919), en Alemania.

En 1913 Voegtlin fue nombrado Jefe de División de Farmacología del Laboratorio de Higiene de los Estados Unidos (Division of Pharmacology at the U.S. Hygienic Laboratory), precursor de los National Institutes of Health. Después fue nombrado Director médico en el Servicio de Salud Pública.

Una ley de 1937 creó el Instituto Nacional del Cáncer. Un año después, en 1938, Voegtlin fue designado primer jefe del mismo, cargo que ocupó hasta su jubilación en 1943. Durante la guerra y a lo largo de varios años, fue profesor de farmacología en la Universidad de Rochester, recibiendo un doctorado honoris causa en ciencias por sus contribuciones a la guerra y otras investigaciones.

Voegtlin trabajó en muchos campos como el del estudio del metabolismo, la función de las paratiroides y el tratamiento de la tetania con calcio, la acción de la digital sobre las coronarias, la etiología de la pelagra, las vitaminas, la anafilaxia, la quimioterapia con arsénico y el antimonio, el papel del glutatión, la bioquímica del tejido canceroso y sano, y finalmente, la toxicidad de los compuestos de uranio. Aunque socialmente sea, quizás, más conocido por sus estudios sobre el cáncer, sus investigaciones sobre farmacología fueron extensas e importantes. Murió el 9 de abril de 1960.

Breve historia de la digital

Subimos el guión del vídeo Breve historia de la digital después de insertar otro nuevo en el canal Medicina, historia y sociedad.

INTRO
Empezaremos esta tercera temporada con la historia de una planta que ha rendido grandes servicios a la humanidad: la digital.

En el camino nos referiremos a otras que han sido utilizadas por diferentes culturas a lo largo de la historia para enfermedades del corazón o que han sido evitadas por contener venenos que afectan gravemente a este órgano.

También nos referiremos a sus usos populares y cómo algunos han trascendido al cine o a la interpretación de la pintura de Vincent van Gogh.

[TÍTULO]

Una de las primeras plantas que se utilizó en las enfermedades del corazón fue la conocida como escila o Urginea marítima, Drimia marítima, muy abundante en las zonas costeras del Mediterráneo, cuyo bulbo se emplea en terapéutica desde el periodo inicial de la medicina clásica griega. Es uno de los escasos remedios medicamentosos que se citan explícitamente en las historias clínicas del siglo V aC. reunidas en el Corpus Hippocraticum. Uno de sus principios activos es el escilirósido, aislada posiblemente por Stoll y Suter en 1927.

Esta planta aparece mencionada en la Materia médica de Dioscórides entre otras cosas para resolver edemas. Con toda seguridad la conocieron los egipcios y otras sociedades de la Antigüedad.

El muguete o lirio de los valles (Convallaria majalis) es otra planta que crece abundantemente en el centro de Europa. En España es rara. Las hojas y flores contienen glucósidos cardiotónicos.

Igualmente el Ojo de perdiz o Adonis vernalis, procedentes de Oriente medio, se distribuyen por Europa, Asia y norte de África. Contiene varios principios activos, entre ellos heterósidos cardiotónicos. Se ha usado mucho en farmacia.

Muy conocida en nuestro ambiente por su abundancia es la adelfa o Nerium oleander. Se ha distribuido prácticamente por todo el mundo como planta ornamental. Contiene heterósidos cardiotónicos. La oleandrina, de estructura esteroide, es muy similar química y farmacológicamente a la oubaína y digoxina.

Propia del África tropical es el estrofanto (Strophantus kombe y algunas otras especies). Liana o arbusto trepador leñoso que segrega un líquido lechoso cuando se rompe. Contiene glucósidos cardíacos basados en la aglicona estrofantidina. En medicina parece que fue introducido por Thomas Fraser (1841-1920).

En 1889 y 1890 informó sobre un veneno para flechas utilizado en las zonas costeras de Kenia y Nigeria y analizó el frijol Calabar altamente venenoso y Strophanthus hispidus.

LA DIGITAL
Y llegamos a la digital o Digitalis purpurea, que aparece recogida por Fuchs (1501-1566) en su Nuevo herbario (1543) como “Von Finger-hutkraut (flores en forma de dedal), con propiedades descongestionantes viscerales. También la recoge Hieronymus Bock.

La leyenda (porque no sabemos cuánto hay de verdad y de fantasía) cuenta que una señora o posible curandera de Shropshire utilizaba una mezcla de plantas que daba a las personas que presentaban edemas o hidropesía y que, en algunos casos, funcionaba bien. Enterado el médico William Withering, que también era botánico, se hizo con la mezcla y empezó a analizar e identificar las distintas plantas del conjunto. Finalmente llegó a la conclusión de que era la digital o foxglove o dedalera o Digitalis purpurea la que producía esos efectos.

Si hoy pasara algo parecido, ¿algún científico se pondría a investigar el fenómeno? En esos tiempos la mayor parte de medicamentos procedían de las plantas y los médicos solían ser buenos conocedores de ellas. Por tanto, aquí tendríamos un ejemplo del paso de un uso popular a un uso científico.

La digital es una planta nativa de Europa, noroeste de África y Asia central y occidental.

Withering trabajó diez años para poder ajustar las dosis y lograr los efectos deseados. Descubrió que eran las hojas las que tenían los principios activos. Administró “la infusión” en varias concentraciones y observó que podía lograr una buena diuresis sin llegar al vómito, indicio de intoxicación. Determinó qué situaciones patológicas mejoraban: por ejemplo, el hidrotórax que a menudo se debían a insuficiencia cardíaca congestiva. Reconoció asimismo que tenía efectos sobre el corazón. Describió la intoxicación: vómitos, alteraciones de la visión (verde, amarillo, violeta) y bradicardia. Alguien ha llegado a decir que las pinturas de van Gohg representan muy bien las visiones en esos colores. La toxicidad de la digital (intoxicación digitálica) es el resultado de una sobredosificación y produce una visión amarilla (xantopsia) y la aparición de visión de perfiles desdibujados (halos), además de bradicardia en casos extremos.

En 1785 publicó The Foxglove and some of its Medical Uses. with practical remarks on the dropsy, and some other diseases [Un estudio de la Dedalera y algunos de sus usos médicos con observaciones prácticas sobre la hidropesía y otras enfermedades].

En España aparece en el volumen 5 de la Flora Española (1784) a la que se atribuyen propiedades diferentes (vomitiva, purgante, vulneraria, etc.).

Withering analizó 163 casos. Algunos ocupan páginas y otros apenas unas líneas. Este análisis, por supuesto, estaría lejos de una estudio actual aleatorio, prospectivo y doble ciego.

Sucedía esto en el tránsito de lo que llamamos “materia médica” a farmacología experimental. Todavía no se habían aislados sus principios activos, pero en Dinamarca, ya se fabricaba polvo de digital estandarizado que se usó en tabletas, infusiones y tinturas.

El Comité de expertos de la Organización Mundial de la Salud en 1949, estableció un preparado patrón internacional de polvo desecado de hojas de Digitalis purpurea, consistente en una mezcla de polvos de distinta procedencia. De tal forma, que una unidad internacional es la actividad de 76 mg del preparado estándar’

En 1868 el farmacéutico francés Claude Nativelle obtuvo la digitalina cristalizada pura prácticamente igual que la digitoxina aislada por Schmiedeberg  en 1874. Las hojas contienen digitalina. Las hojas, flores y semillas contienen también digitoxina y digoxina halladas posteriormente.

Actúan inhibiendo la bomba sodio-potasio ATPasa por lo que incrementa el calcio intracelular. Esto produce efecto inotrópico positivo. También se produce un efecto vagal en el parasimpático, razón por la que se regulan las arritmias y se enlentecen las contracciones del ventrículo en la fibrilación ventricular.

Se descubrió después la Digitalis lanata que contiene gran cantidad de digoxina. Ralentiza la conducción aurículo ventricular para que los latidos del corazón se ralenticen  y aumente poco el poder de contracción. Mejora la circulación, los riñones funcionan mejor, estimula el flujo de orina, reduce el volumen de sangre y reduce la carga sobre el corazón. En 1875 Oswald Schmiedeberg identificó la digoxina de la planta y Sidney Smith la aisló en la década de los años 30 del siglo XX.

Posee efectos secundarios graves. Se sigue usando la planta porque la extracción de ésta es más barata que la síntesis. Hoy la digoxina está siendo reemplazada por medicamentos como los bloqueadores beta, los inhibidores de la enzima convertidora de la angiotensina, así como agentes bloqueadores del canal de calcio. Otros señalan que fue el suizo Stoll el que descubrió la digoxina.

De la digitalis lanata también se extrae el lanatósido C, glucósido cardíaco utilizado para la insuficiencia cardíaca congestiva y arritmia cardíaca. Se administra vía oral o intravenosa

El uso de estos productos no era bien visto por algunos médicos. Corvisart, por ejemplo, cita la escila pero no la digital. Laennec pone reparos ante la dificultad que supone su manejo. Reconoce que tiene un efecto diurético y cierto poder sedante sobre el corazón aunque la acción no suele ser constante.

Jean Bouillaud, en su Traité clinique des maladies du coeur (1835) por el contrario sí la recomienda.

La reputación de la digital en el tratamiento de la insuficiencia cardíaca congestiva (ICC) se ha visto afectada en los últimos años. En las directrices de 2005 de la American Heart Association y el American College of Cardiology para el tratamiento de la ICC, la digital apenas se menciona ya.

Bibliografía

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Claude-Adolphe Nativelle (1812-1889)

Hemos incluido en la sección de epónimos y biografías médicas de historiadelamedicina.org la del farmacéutico Claude-Adolphe Nativelle.

Claude-Adolphe Nativelle (1812-1889)

Su padre era carnicero y su madre vendía flores, plantas y hierbas. Claude nació el 25 de junio de 1812. Tuvieron otros tres hijos de los que solo sobrevivió el más pequeño, Pierre-Hypolite. Jean, el padre, falleció en 1820 y su viuda lo hizo en 1825. Los dos hermanos ingresaron en un horfanato. El hermano pequeño aprendió el oficio de relojero. Él probó a hacer pinceles y sombreros; su padrino quería que continuara la tradición de su familia de hacer y vender sombreros, pero Claude-Auguste quiso seguir los pasos de su madre con quien aprendió mucho sobre la recolección de plantas y de sus propiedades. Había cursado estudios elementales y su padrino lo metió de aprendiz en una farmacia. Por entonces, realizando ocho años de prácticas en farmacias y aprobando el examen final, tenía derecho al grado de farmacéutico.

Pasó por varias farmacias de París. Con los años quiso investigar los principios activos de las plantas. Este tipo de estudios estaba en pleno desarrollo y había aportado grandes sustancias a la farmacología y a la terapéutica médica. Obtuvo el diploma con un trabajo sobre la jalapa en 1841. Investigó otras plantas como la quina. Realizó una expedición a Colombia para estudiar estos árboles, aunque regresó antes de que aquella finalizara.

A su regreso perdió el interés en analizar las clases de quina y se dedicó a estudiar la digital. La Sociedad de Farmacia y la Academia de Medicina ofrecían premios para los que presentaran memorias sobre los principios activos de esta planta. Tras múltiples intentos y de enfrentarse con otros investigadores, finalmente ganó el premio Orfila de la Academia de Medicina, que era la tercera vez que se convocaba (antes lo hizo en 1864 y 1866). En 1871, pues, Nativelle obtuvo el principio activo de la digital en estado puro y con una actividad intensa. En esta ocasión no era un alcaloide, sino un glucósido.

Su precaria salud hizo que se retirara a un pueblo de la periferia de Paris, Bourg-le-Reine. Allí se caso con una maestra a los 63 años, que murió en 1885. Fue aquí donde empezó a comercializarse la digitalina Nativelle. En 1888 hizo testamento y donó diez mil francos a la Academia de Medicina para la mejor memoria sobre la extracción de un principio activo, definido, cristalizado, todavía no aislado, de una sustancia medicamentosa.

Murió el 25 de marzo de 1889 durante una epidemia de gripe.

Portada de la memoria que le supuso a Nativelle el Premio Orfila de la Academia de Medicina de París

Opoterapia II

Insertamos el guión del vídeo «Opoterapia II» con su correspondiente bibliografía, al haber subido un nuevo vídeo al Canal Medicina, historia y sociedad.

«La farmacología y la terapéutica del siglo XIX sufrireron grandes cambios después de los descubrimientos de la química y de la fisiología. Se aislaron los principios activos de los productos naturales y se comprendió mejor su acción y efectos sobre el organismo. Esto hizo posible también la aparición de nuevos medicamentos mediante síntesis, lo que Paul Ehrlich denominó quimioterapia.

Pero nosotros vamos a centrarnos en este segundo vídeo en la opoterapia, con el que cerraremos la también segunda temporada del canal “Medicina, historia y sociedad”.

[INTRO]

En la historia de la opoterapia hay un nombre importante: Charles Brown-Sequard (1817-1894), discípulo de Claude Bernard que le sucedió en el College de France. Se formó en París donde fue profesor de fisiología. Marchó después a los Estados Unidos donde también fue profesor de fisiología en la Universidad de Richmond desde 1854. Mas tarde, desde 1864 fue profesor en Harvard y en 1869 fue encargado del curso de patología experimental y comparada de la Universidad de París. En 1872 regresó a los Estados Unidos. Cuando murió Claude Bernard le sucedió en el Collège de France.

Glándula suprarrenales

Brown-Sequard demostró la acción a distancia de los productos segregados por las glándulas suprarrenales. El llamado síndrome de Addison (hipotensión, astenia, anorexia, pigmentación cutánea) se presentaba también en perros, conejos y gatos.

John J. Abel y Albert C. Crawford, igual que hicieron los alemanes S. Fränkel y Otto von Fürtth (de forma separada) aislaron productos cuyos efectos eran parecidos. En 1900 el químico japonés Jokichi Takamine consiguió purificar más el extracto y que llamó “adrenalina” a la sustancia cristalina. Sin embargo, ésta no era suficiente para curar el Addison.

La investigación demostró la secreción de otra hormona por la corteza suprarrenal. Cuando se administraban extractos de ésta mejoraba la enfermedad. Poco a poco fueron descubriéndose 26 esteroides. Edward Calvin Kendall (1886-1972) y su equipo de la Clínica Mayo aislaron varios compuestos. Finalmente halló uno que aliviaba la artritis reumatoide al que llamó cortisona. De Parke Davis recibió extractos de suprarrenal de buey de los que entre 1933 y 1936 logró aislar 30 compuestos de los que logró purificar 5. En 1936 Seyle relacionó estas sustancias con el concepto de “reacción de alarma” o adaptación del organismo al estrés.

Durante la Segunda guerra mundial se trabajó de forma intensiva en lograr la síntesis de estas sustancias. El profesor F.C Kuch de la Universidad de Chicago, logró con Kendall mostrar que se trataba de un esteroide. Con la ayuda de las compañías Merck, Armoury y el laboratorio Upjohn, se comenzó la producción de la cortisona por vía parenteral. En mayo de 1949 Upjohn pudo lograr la presentación oral. Tadeus Reichstein, Edward Kendall y el médico Phillip Hench recibieron el Premio Nobel de Medicina en 1950.

A partir de ahí se abrieron nuevos horizontes terapéuticos para varias enfermedades.

La testosterona

Brown-Sequard también fue conocido por haber utilizado extractos de órganos como el del testículo. Utilizó este último en personas que habían perdido la vitalidad o en personas mayores. Llegó a inyectarse por vía subcutánea una mezcla acuosa de jugo de testículo con sangre de los vasos espermáticos con el fin de “Mantener una juventud eterna”, una quimera como pronto se dieron cuenta.

Las sustancias que el testículo vertía a la sangre controlaban la aparición de los caracteres sexuales secundarios. En 1902 Bayliss y Starling pusieron el nombre de hormona a estas sustancias. También vieron, entre otras cosas que, mezclando alimentos parcialmente digeridos con ácido clorhídrico, activaba una sustancia química en el duodeno que llamaron secretina debido a la secreción del jugo pancreático.

Más tarde en 1935, Ernst Laqueur (Ámsterdam) aisló la testosterona y Adolf Butenandt (Gdansk) y Leopold Ruzicka (Zürich) la sintetizaron luego. Esto se logró en los albores de la Segunda Guerra Mundial, gracias al apoyo de las farmacéuticas. En este trabajo participaron científicos nazis que posteriormente pudieron seguir trabajando en sus laboratorios.

Podríamos hablar de los usos y abusos de las hormonas androgénicas, pero no lo haremos porque es un tema conocido y no disponemos de tiempo para hacerlo.

La secreción excesiva de la tiroides se propuso también como enfermedad: el bocio o bocio exoftálmico (hipertrofia tiroidea acompañada de exoftalmia, anemia e hiperfuncionalismo.

La glándula tiroides

En el año 1656 Thomas Wharton, un anatomista inglés, describió la tiroides a la que se atribuían diversas secreciones y funciones. Tanto el bocio (hipertrofia de la glándula) como el cretinismo (atrofia, ausencia de la glándula) se trataron con sales marinas. William Gull fue quizás de los primeros en describir el mixedema con el nombre de “condición cretinoide en el adulto” (1873) relacionando la enfermedad con el tiroides. No fue la primera, pero sí fue la pionera en atribuir las causas clínicas al tiroides.

Cirujanos como Theodor Kocher que extirpaban el tiroides vieron que algunos pacientes desarrollaban cretinismo (niños) o mixedema (adultos). William Miller Ord (1834-1902) dirigió un comité que revisó numerosas historias clínicas y las consecuencias de tiroidectomías en animales. Después Moritz Schiff (1823-1896) describió la tetania en perros cuando se les extirpaba la glándula tiroides experimentalmente; en 1884 descubrió que podía prevenirse si se injertaba tejido tiroideo en el abdomen.  Utilizó con éxito extracto de tiroides para tratar a los humanos.

Victor Horsley (1857-1916), que trabajó con monos, se mostró partidario del injerto tiroideo como tratamiento de la hipofunción tiroidea, específicamente de tiroides de oveja para tratar el mixedema y el cretinismo. Antonio Maria Bettencourt Rorigues (1854-1933) y José Antonio Serrano (1851-1904) de Lisboa, hicieron el experimento, insertando la mitad de la tiroides de una oveja por vía subcutánea en la región inframamaria a cada lado de uno de sus pacientes. Descubrieron que el injerto funcionó de inmediato, antes de que pudiera haberse vascularizado, y concluyeron que su efecto probablemente se debió a la simple absorción de jugo de la glándula injertada, una conclusión de extraordinaria importancia. Después utilizaron inyecciones hipodérmicas de extracto de tiroides. 

Sus hallazgos fueron eclipsados ​​por el artículo posterior de George R. Murray (1865-1939) publicado en el más conocido British Medical Journal. También utilizó inyecciones de extracto de tiroides de oveja. Más tarde se pasó a la vía oral. 

Los efectos producidos en casos de mixedema por una cantidad relativamente minúscula de extracto de tiroides, la rapidez con la que desaparecen todos los síntomas característicos y la extraordinaria mejoría, tanto en la condición física como mental, de los cretinos esporádicos, son muy importantes.

La tiroxina fue aislada en 1915 por Edward Calvin Kendall (1886-1972) (en realidad, el día de Navidad de 1914). Su estructura química fue determinada en 1926 por Charles Harington, y fue sintetizada por Harington y George Barger en 1927. Sin embargo, pasó mucho tiempo antes de que fuera sintetizado sobre una base comercial. Al principio, se necesitaban 3 toneladas de tiroides de cerdo para aislar solo 33 gramos de tiroxina pura. Incluso cuando la tiroxina estuvo disponible comercialmente en Glaxo en 1949, las tabletas de extracto de tiroides desecado siguieron siendo la principal fuente de tratamiento durante muchos años.

La triyodotironina (T3) fue identificada, aislada y sintetizada en 1952/53 por Jack Gross, de Canadá, y Rosalind Pitt-Rivers, de Londres) pero, hasta hace relativamente poco tiempo, se utilizaba sólo en el tratamiento del coma mixoedematoso. 

La secreción excesiva de la tiroides se propuso también como enfermedad: el bocio o bocio exoftálmico (hipertrofia tiroidea acompañada de exoftalmia, anemia e hiperfuncionalismo cardíaco, caracterizada por temblor, irritabilidad mental, debilidad muscular y otros transtornos generales orgánicos). Descrito por Robert Graves y Carl von Basedow

En España, tal como ha estudiado Carla Aguirre el primer artículo que se publicó sobre el tratamiento del mixedema se debe a Martín Salazar en la Revista de Sanidad Militar en 1893. Más tarde Lobo Regidor publicó otro y Muga Machado lo incluyó como capítulo en su libro Idea general del método de Brown-Sequard.

Un texto clásico que se tradujo al castellano es el de los Medicamentos animales, de Paul Carnot, de la Biblioteca Terapéutica de Gilbert y Carnot.

El texto se refiere a:

A) Productos fisiológicos naturales que se encuentran en animales normales y son fabricados por el organismo en el curso de su funcionamiento normal.

B) Productos de reacción o anormales que proceden de animales preparados especialmente y que se fabrican de forma artificial para luego usarlos terapéuticamente.

Del grupo A):

1.Alimentos, secreciones externas (jugo gástrico, bilis, etc.) y secreciones internas.

–Directamente activas como los extractos de cápsula y de médula suprarrenal, de tiroides, etc.

–Secreciones internas excitantes de las glándulas sinérgicas (hormonas) como la secreción interna del ovario, de la placenta, etc.

2. Complementos que se encargan de activar un producto orgánico por sí mismo inactivo como la enteroquinasa que activa el jugo pancreático.

3.Productos antagónicos como la adrenalina para aumentar la presión arterial.

del grupo B)

1.Anticuerpos para provocar inmunidad pasiva

2.Anacuerpos para reforzar la acción nociva de los microbios y de sus productos tóxicos.

Hoy las cosas habrían cambiado bastante. Se hablaría de «Farmacología endocrinológica» que contendría estos apartados:

  1. Opoterapiao el estudio de las hormonas elaboradas por las glándulas de secreción interna.
  2. Introducción de modificaciones estructurales en la molécula de la hormona natural para facilitar su uso sustitutivo o para conseguir una selectividad de efectos.
  3. Sustancias que modifiquen farmacológicamente el equilibrio hormonal normal o perturbado del organismo.

Ejemplos de medicamentos de opoterapia: Se muestran los siguientes:

Hepatina (extracto de hígado)

Polihormina (Instituto Llorente) (ovario, testículo, hipófisis, tiroides, suprarrenal

Hipofisina (Instituto Llorente): Hipófisis desecada, para el crecimiento, el tono vascular, diuresis, metabolismo de los hidratos de carbono, adiposis, etc.

Tiro-Ovarina: ovario seco y tiroides seco

Orquina (Instituto Llorente): Extracto glicérico del testículo

Bibliografía

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Opoterapia I

Insertamos el guión del vídeo Opoterapia I que se subió al canal Historia, medicina y sociedad, de Youtube, hace unas semanas.

Durante milenios la especie humana ha dispuesto de productos procedentes del reino vegetal, animal y mineral para curarse o protegerse de las enfermedades.

Hoy nos ocuparemos de la opoterapia, es decir, del uso de productos procedentes de los animales. Como el tema es extenso, presentaremos el tema en dos partes.

[INTRO]

En alguna tablilla sumeria del tercer milenio a. C. se habla de una serie de productos para tratar enfermedades. Entre estos se mencionan la leche, la piel de serpiente y la concha de tortuga.
 
Reginal Campbell Thompson, estudioso de la medicina mesopotámica, recogió una receta a base de productos animales: “mezcla de estiércol, de palomo, de cantáridas, harina de trigo y excrementos de gacela en la cerveza kurunnu; «extiende la mezcla sobre un lienzo, líalo sobre su pecho y la base de los pulmones, déjalo colocado durante tres días y curará”. Utilizaban estos productos por su propio valor intrínseco o bien por razones de tipo mágico. Este último tipo de uso perdura en nuestros días.
 
En el Egipto arcaico se utilizaron la bilis, la sangre, el cerebro, los excrementos y la carne de animales de especies indeterminadas y de otras como el asno, el murciélago, el gato, el cocodrilo, el pato, de algunos peces, etcétera.

En el Corpus hipocráticum encontramos también recetas que contienen productos procedentes de los animales; por ejemplo, se administraba como diurético una infusión de vino y miel con cantáridas a las que se quitaban las alas y las patas. La bilis de buey, en suspensión con miel, era un medicamento contra el “engurgitamiento intestinal”. La leche y el suero en los que se diluía cal, eran recomendados contra las diarreas.
 
De la época romana destacaremos, como no, la Materia médica de Dioscórides. En su libro segundo dice: “trataremos acerca de los animales, de la miel, de la leche, de la grasa y de los llamados cereales, también de las hortalizas, añadiendo a estas materias cuantas hierbas se usan de virtud aguda, porque tienen afinidad con ellas, como los ajos, las cebollas y la mostaza, para que no se separen la virtud de las cosas homogéneas”. Sus capítulos se ocupan de cosas tan distintas como el escorpión, los mejillones, la víbora, los chinches, los gusanos y partes de animales como el testículo de castor, el hígado de cabra o de asno, la pezuña de las cabras, el cuerno de ciervo, etc.

De aquí saltamos al Renacimiento, época en la que se revisaron los textos clásicos, como el de Dioscórides, y se añadieron sustancias procedentes de las Indias orientales, especialmente por los portugueses–, y de las occidentales –,especialmente aquellos que les enseñaron o aprendieron de los indígenas y los que los españoles adaptaron a los principios de la medicina de su tiempo, es decir, el galenismo.

La obra de Monardes, Historia medicinal de las cosas que se traen de nuestras indias occidentales, contiene, sobre todo, la descripción de productos vegetales, pero menciona también el armadillo, la piedra que se formaba en el buche de los caimanes y las que se encontraban en la cabeza de los tiburones. Más importancia se les concede a las piedras bezoares, concreciones calculosas que se forman en el aparato digestivo de los rumiantes. Se solían usar como contravenenos. También mencionó las alpacas, ciertos cangrejos, arañas, papagallos y unos gusanos que “sacaban de bajo tierra, los engordaban con hojas de maíz y después los cocían”.  Así elaboraban una especie de pasta que servía para curar el “fuego en el rostro” o “encendimiento de la sangre con picazón”.

Entre los siglos XIX y XX se recomendó en todos los estadíos y formas de tisis pulmonar exceptuando las febriles, en los catarros crónicos; en la escrofulosis, acompañada o no de lesiones diversas; en el raquitismo; hemeralopia epidémica (Disminución de la capacidad de visión durante el día o cuando hay luz muy intensa); clorosis; reumatismo crónico; estados de caquexia; y en convalecencias. Por vía externa en la lepra y diversas dermatosis.
 
Había de diversos colores, desde el casi transparente al marrón oscuro. Hacia mediados del siglo XIX se realizaron análisis químicos de los distintos tipos, determinando que el de color marrón claro era más terapéutico. Dependía de la temperatura y técnica de extracción.

John Hughes Bennett en 1841 publicó un tratado sobre el uso terapéutico del aceite de hígado de bacalao. Se trataba de un anatomopatólogo que describió la leucemia al mismo tiempo que lo hizo Virchow y la relacionó con la sangre y también describió la aspergilosis.
 
Ludovicus J. De Jongh también publicó un texto sobre las características de los distintos aceites. Viajó a Noruega con el fin de poder obtener el aceite más puro posible. De esta forma comenzó a comercializarse en toda Europa y a exportarse a los Estados Unidos el “Dr. Johngh’s light-brown Cod Liver Oil”. The most efficacious remedy for diseases of the chest, throat, debility, gout, rheimatism, rickets…”.

Sin embargo no pudo evitar el sabor y olor nauseabundo del preparado. En 1873 Alfred B. Scott vio la oportunidad de un nuevo negocio con la creciente demanda del aceite. En Nueva York comenzó a buscar con su socio Samuel Bowne una versión que tuviera mejor sabor. Mediante emulsión lograron un nuevo producto que cumplía con estos requisitos y que bautizaron como “Emulsión Scott”. La imagen de la marca era un hombre que llevaba un pez colgando en la parte posterior. En los ochenta ya se distribuía en toda América, Europa y Asia. En los primeros años del siglo XX era habitual que los niños tomaran una cucharada diaria de este aceite para tener un crecimiento saludable.
 
En 1879 la marca Scott y Bowne incluía las inciales PPP: perfecto, permanente y agradable al paladar. Las pequeñas gotas de aceite se cubrían con la glicerina que les confería el sabor dulce de ésta. Se vendía como un producto con el mismo paladar que la leche.

Por estas fechas, en 1890, los franceses Armand Gautier y Louis Mourgues publicaron su trabajo Les alkaloides de l’huile de foie de morue. Lograron aislar la butilamina, amilamina, hexilamina, la dihidrolutidina, asellina y la morrhuina.
 
En 1912 el bioquímico Casimer Funk (1884-19678) acuñó el término vitamina para referirse a algún nutriente que faltaba en ciertas enfermedades como el beriberi, la pelagra, el escorbuto y el raquitismo. Se investigó entre otras sustancias el aceite de hígado de bacalao. Elmer McCollum y Marguerite Davis, en la Universidad de Wisconsin, demostraron la existencia de un nutriente esencial en este aceite: la vitamina liposoluble A. Más tarde la vitamina liposoluble D. El descubrimiento de las vitaminas supuso un nuevo empuje para la venta de este producto. En 1927 Casimir Funk y Harry Dubin cuando trabajaban para los laboratorios HA Metz patentaron un procedimiento de extracción de las vitaminas A y D.
 
La síntesis química de las sustancias puso de nuevo en peligro al aceite de hígado de bacalao. En 1970 el médico danés Jorn Dyerburg estudió las dietas de los Inuit de Groenlandia y observó la baja incidencia en ellos de enfermedades coronarias. Se relacionó con el consumo de pescado. Esto abrió el camino a futuros estudios sobre los beneficios de los ácidos grasos omega 3. Los laboratorios Glaxo-Smith-Kleine, propietarios actuales de la patente de la Emulsión de Scott, volvieron a la ofensiva destacando las bondades de su producto en especial en lo que se refería a los efectos de los ácidos grasos Omega 3.
 
La emulsión Scott, pues, ha sobrevivido a sus creadores Scott y Beane que fallecieron en 1908 y 1910 respectivamente.


Bibliografía

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Historia del tratamiento de la sífilis

Como siempre, cuando subimos un nuevo vídeo al canal de Youtube «Medicina, historia y sociedad», proporcionamos en este blog la transcripción del vídeo anterior junto con una selección bibliográfica.

En esta ocasión se trata de la Historia del tratamiento de la sífilis. Se han añadido algunos fragmentos que fueron suprimidos del vídeo a última hora para ajustarse al tiempo.

La sífilis es conocida como una de las nuevas enfermedades que surge en el Renacimiento. Se presentó en Europa de forma epidémica a finales del siglo XV tras el descubrimiento de América. Durante siglos se ha debatido si su origen es americano o europeo.

Se alternan básicamente tres teorías: la llamada “precolombina”, que afirma que las enfermedades treponémicas, incluida la sífilis, se propagaron por el Viejo y el Nuevo mundo. En Europa se confundían con la lepra. En sucesivas mutaciones fueron apareciendo diferentes enfermedades. La sífilis de transmisión sexual surgió de la sífilis endémica en el sudoeste de Asia, debido a las temperaturas más bajas de la era postglacial y se extendió a Europa y al resto del mundo. Inicialmente se manifestó como una enfermedad leve, que eventualmente se agravó y creció en virulencia a fines del siglo XV.

La hipótesis “unitaria”, bastante parecida a la anterior, que defiende que las enfermedades treponémicas siempre han tenido una distribución global. Según esta teoría, tanto la sífilis como las enfermedades treponémicas no venéreas son variantes de las mismas infecciones y las diferencias clínicas se deben a las variaciones geográficas y climáticas y al grado de desarrollo cultural de las poblaciones dentro de áreas dispares. Así, la pinta, el pian, la sífilis endémica y la sífilis venérea se consideran respuestas adaptativas de T. Pallidum a los cambios en el medio ambiente, las diferencias culturales y el contacto entre varias poblaciones.

Por último la hipótesis conocida como “colombina”, que stablece que los navegantes de la flota de Colón habrían traído una nueva enfermedad a su regreso del Nuevo Mundo en 1493. Para los indígenas era una enfermedad conocida (bejel y pian). En Europa la bacteria pudo haber evolucionado a una nueva subespecie del Treponema pallidum.

Con la investigación de esqueletos europeos y americanos con nuevas técnicas, vuelve a cobrar fuerza esta teoría. Se ha descubierto que la sífilis venérea guarda estrecha relación con las cepas de pian de transmisión no sexual de América del Sur.

¿Cómo ha luchado la humanidad contra la sífilis?

Lo habitual para un médico del siglo XVI era acudir a los clásicos para ver qué es lo que estos recomendaban. Sin embargo, no encontraron nada porque para ellos era desconocida.

Esto supuso una ventaja pues los liberaba en buena medida de su autoridad. Podían buscar, probar, establecer diferentes puntos de vista… aunque en el fondo las ideas galénicas seguían estando ahí para justificar cualquier elección.

Guayaco
En la edición de la Materia médica de Dioscórides de Andrés Laguna se encuentran ya algunos medicamentos americanos. En el capítulo dedicado al Ébano Laguna dice:

“Hallándose muchas especies de Ebano, entre las cuales es una, y la más excelente aquel bendito y Santo madero llamado vulgarmente Guayaco, el cual por divina bondad, y misericordia, fue comunicado a los hombres. Porque dado que es Dios todo poderoso, por nuestras maldades y excesos nos castiga con infinitas enfermedades, todavía como padre piadoso, para que nos desesperemos, juntamente con cada una de ellas, nos da subido el congruente remedio…»

Se trataba de un medicamento diaforético. Claro, si se tomaba en infusión caliente se sudaba, lo que “cuadraba” bien con las teorías médicas entonces vigentes. Se reforzaba el efecto con baños de sudor, por donde se eliminaba el humor causante de la enfermedad.

El guayaco tuvo defensores como Ulrich von Hutten que en 1519 escribió: De guaiaci medicina et morbo galico. Los banqueros y comerciantes holandeses también lo apoyaron, como los Fugger. La corona española les concedió la exclusiva de su comercio con lo que obtuvieron grandes ganancias.

Junto con el guayaco se usaron otros sudoríficos como la zarzaparrilla.

Mercurio
Pero ya en el siglo XVI se dieron cuenta de que la eficacia de los sudoríficos no era la esperada. Se recuperó un medicamento que ya se había utilizado en la Edad Media para problemas de piel. Venía recomendado por el entonces prestigioso Guy de Chauliac en su Cirugía magna (1363).

Parece que fueron los cirujanos los que primero utilizaron el mercurio contra la sífilis. Hay que tener en cuenta que entonces la cirugía se consideraba como una ocupación socialmente inferior a la del médico, a excepción de los médico-cirujanos españoles e italianos.

Un ejemplo es Arias de Benavides que fue a Nueva España (México) y alabó el uso del metal contra las bubas. Dirigió durante unos años el Hospital del Amor de Dios de la capital mexicana donde se trataba esta enfermedad.

En Europa defendieron su uso Ruy Diaz de Isla, Paracelso y Fracastoro.

El mercurio tenía un problema. Era muy tóxico. Como muchos minerales y metales, se usaba por vía externa, sobre todo de dos formas. Se encerraba a los enfermos en una especie de estufas en cuya base se quemaba cinabrio (sulfuro de mercurio). Se liberaban vapores de mercurio que actuaban sobre la piel de los enfermos y también se podían respirar. A veces se producían accidentes graves.

Aquí tenemos dos muestras de cinabrio de las minas de Almadén.

Otra forma era aplicar el mercurio con fricciones sobre la piel, o en emplasto sobre las úlceras. Dependía de los productos con los que se mezclara, los compuestos a los que daba lugar y de las cantidades utilizadas que resultara más o menos tóxico o venenoso.

Lo único que podemos decir del mercurio es que resulta ser un ligero antiséptico o bacteriostático. Quizás por este motivo siguió siendo el tratamiento de elección hasta principios del siglo XX.

Las formas de administración cambiaron. Se prefería la vía oral. En el siglo XVIII –se confundía mucho con la gonorrea–, el cirujano van Swieten popularizó el uso del licor de Swieten (sublimado corrosivo o cloruro mercúrico). En forma de pastillas estuvieron de mnoda las “píldoras de Dupuytren”. Ricord creó las suyas (píldoras de Ricord) a base de yoduro mercurioso. También se usaron los calomelanos o cloruro de mercurio.

Algunos dermatólogos de la época prefirieron la inyección intramuscular y muy pocos la intravenosa de algunos de estos productos.

El Tratado de Terapéutica de finales del siglo XIX del químico y médico Vicente Peset, en el capítulo de los mercuriales, se refiere a varias docenas de preparados con este metal. Señala que en su época comenzaron a aclararse las acciones de algunos de estos fármacos. Poco a poco fueron desapareciendo de los manuales de farmacología.

Yoduros
El uso de yoduros –especialmente el youduro potásico– procede del irlandés William Wallace quien señala que los utilizó con éxito en los años treinta del siglo XIX. Posteriormente fue el francés Ricord quien difundió su uso en Europa para la sífilis terciaria. Algunas veces se asociaba con productos mercuriales, como el que mostramos.

Es una mezcla de bi-ioduro de mercurio y de ioduro potásico, elaborado por el Laboratorio de Esterilización B. Martín, de Madrid, premiado con la Medalla de oro en la Exposición de París de 1915 y registrado en la Dirección General de Sanidad en 1921.

Atoxyl
Aquí mostramos el Atoxil, uno de los arsenicales con los que comenzó Ehrlich a trabajar para obtener su bala mágica. Se usaba contra las tripanosomiasis. Era muy tóxico; podía producir ceguera. Este procede del Laboratorio de Hipodermia de París.

Salvarsán
Los cambios en la medicina durante el último tercio del siglo XIX y los primeros años del siglo XX fueron extraordinarios. Ya hemos dicho algo de ello en los vídeos anteriores. Nos centraremos en la síntesis del salvarsán por parte de Paul Ehrlich.

Para él la obtención del 606 supuso ‘siete años de desgracia con un éxito’. Para ello fueron necesarias, según él, las 4 Gs: Geld, Geduld, Geschick y Gluck ; ew decir, dinero, paciencia, habilidad y suerte.

Según Ehrlich obtuvo una sustancia de dos átomos de arsénico de doble enlace, cada uno unido a un grupo aminofenol. En 2004 se despejó la duda. En realidad se trataba de una mezcla o compuesto de especies de arsénico cíclico, de un trímero cíclico y un pentámero. Esto se pudo saber gracias al análisis espectroscópico ESI (espectrometría de masas que utiliza la ionización por electrospray.

El salvarsán y sus análogos fueron el tratamiento estándar de la sífilis hasta el final de la Segunda guerra mundial cuando fue posible fabricar penicilina en grandes cantidades.

Aquí tenemos un envase de madera de Salvarsán o arsfenamina fabricado ya en Nueva York. Como se traduce de los vídeos anteriores, la inyección de este producto era difícil. Se preparaba con una solución de sosa cáustica. Al tener mucha afinidad por el oxígeno del aire, se oxidaba rápidamente y se transformaba en sustancias tóxicas. El producto venía envasado en una ampolla seca y libre de aire. Tenía que prepararse bien y rápidamente.

A partir del mismo se obtuvieron otras fórmulas más estables y fáciles de administrar. Uno era éste que presentamos el “Salvarsán sódico”, que ya llevaba incorporado el sodio de forma estable. Sólo había que disolverlo en agua. Se usaba por vía intravenosa en el caso de que después de un tratamiento normal el paciente siguiera presentando un Wassermann positivo. También en casos de sífilis terciaria.

Uno de los preparados salvarsánicos más icónicos fue este: el Sulfoxil-Salvarsán. Difícilmente se oxidaba y ya venía listo para inyectar. Permanecía mucho tiempo en el organismo antes de eliminarse. Se usaba en los periodos terciarios y para los casos tratado habitualmente pero que seguían presentando Wassermann positivo.

Otro de los preparados fue el conocido como 914 o Neosalvarsán. Se trataba de una solución estable y dispuesta para su uso. Se administraba por vía intramuscular en el cuadrante superexterno del glúteo mayor.

También circuló el Solusalvarsán, dispuesto para inyección tanto intramuscular como intravenosa. De utilidad en todos los estadios de la enfermedad, especialmente en el periodo inicial.

Por último mostramos el Neo espirol, = al 914 fabricado por Laboratorios del Dr. Esteve, el primer salvarsán fabricado en España. Se administraba por vía intravenosa.

Bismuto
El origen del uso del bismuto está en los trabajos de Benjamin Sauton de 1914. No pudo proseguirlos porque murió en la primera gran guerra. En 1921 Robert Sazerac y Constantin Levaditi demostraron que el bismuto tenía eficacia contra las trepanomatosis. A ello se unía baja toxicidad. A pesar del éxito de los salvarsanes, acabó desplazando al mercurio.

Aquí vemos una caja de inyectables de un “poderoso antiluético a base de protóxido de bismuto en ampollas esterilizadas de 2 cc de suspensión oleosa”. De Laboratorios Pons, de Lérida.

Penicilina
La penicilina se creó en un momento social, político y económico difícil. Transcurría la Segunda guerra mundial. Se probó su eficacia en humanos en 1941. En 1943 ya se comercializaba.

En la sífilis la introdujeron John Mahoney, Richard Arnold y AD Harris ese mismo año. La administraron a un paciente cada cuatro horas durante ocho días. Dados los buenos resultados, en 1945 se generalizó su uso.

Se administraba Penicilina G benzatina o procaína por vía parenteral en cualquiera de los tres periodos de la sífilis. La benzatina o la procaína tenían la finalidad de alargar su vida en el organismo. Se administraba por vía intramuscular.

Mostramos este vial de Farmaproina, penicilina G Procaina de 600.000 UI. Fabricada por Compañía Española de Penicilina SA en 1966, con el permiso de Merck & Co.

Después se han ido creando nuevos antibióticos.

Bibliografía
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Salvarsán. La bala mágica

Insertamos el guión del vídeo Salvarsán. La bala mágica que subimos al canal de Youtube «Medicina, historia y sociedad».

 

Intro

Durante el siglo XIX la medicina asistió a la conversión de la materia médica en farmacología experimental, es decir, del uso de productos procedentes de la naturaleza para curar, a la extracción de sus principios activos y a la síntesis de otros nuevos. Asimismo se avanzó mucho en el estudio de sus acciones y efectos.

A finales de siglo XIX ya se disponía de un buen número de productos útiles que actuaban sobre síntomas: antipiréticos, narcóticos, anestésicos, analgésicos… pero pocos que actuaran sobre la causa de las enfermedades.

El médico alemán Paul Ehrlich se empeñó en buscar lo que llamó “la bala mágica”, es decir, una sustancia que actuara sobre la causa de una enfermedad creando los mínimos efectos secundarios o tóxicos al enfermo que la padeciera. Y lo logró.

En 1910 se probó con extraordinario éxito el conocido como 606 o salvarsán (arsénico que salva) contra la sífilis.

¿Cuándo y cómo ese medicamento llegó a España?

Rótulo

Se trata de un tema largo y complejo pero que merece nuestra atención a pesar de que nos veamos obligados a exponerlo en dos vídeos.

Aun así, no podemos abarcarlo todo y sólo hablaremos de grandes hitos, así que a ellos nos ceñiremos.

El salvarsán fue diseñado para matar al Treponema pallidum, bacteria causante de la sífilis. La humanidad llevaba luchando contra esa enfermedad desde el siglo XVI –conocida entonces entre nosotros como Morbo Gálico, mal francés, o mal de Nápoles– sin haber logrado ningún avance significativo. Su tratamiento era a base de mercurio, elemento de uso peligroso, tóxico, pero que de alguna manera detenía la enfermedad o la alargaba en el tiempo. En ocasiones se administraba junto con otros medicamentos. Se empleaba ya en el Renacimiento.

La sífilis era una enfermedad venérea, una enfermedad infecciosa que estaba bastante extendida. Se la relacionaba entonces con la degradación de la persona, con el deterioro físico y moral. Recordemos la existencia de la sífilis congénita y de que entonces la evolución natural de la enfermedad recorría los tres periodos llegando al último o periodo en el que se afectaba el cerebro, los nervios, los ojos, el corazón, los vasos sanguíneos, el hígado, los huesos y las articulaciones. Esto podía ocurrir muchos años después de la infección original no tratada. Aparte estaba también la neurosífilis o la afectación del cerebro y del sistema nervioso (los enfermos acababan sus días en asilos de alienados) y la sífilis ocular.

Desconocemos la tasas de sífilis en España porque no era enfermedad de declaración obligatoria. Aquí unas estadísticas de la mortalidad en Madrid y de los casos atendidos en el Hospital San Juan de Dios que era el lugar específico para el tratamiento de enfermedades venéreas y dermatológicas [Se muestran las estadísticas]. Están extraídas el libro de Antono Navarro Fernández, La prostitución en Madrid (1909).

A finales del siglo XIX la mentalidad etiológica, el estudio de las causas, tomó una extraordinaria relevancia en medicina. La microbiología por si sola pudo explicar la causa de numerosas enfermedades. En el caso de la sífilis. Elie Metchnikoff y Émile Roux demostraron en el Instituto Pasteur que la sífilis se podía transmitir de forma experimental al mono y algunas de sus lesiones al ojo del conejo. En 1905 Richard Shaudin y Paul Erich Hoffman pudieron descubrir que el Treponema pallidum  era el causante de la sífilis o avariosis

Sólo un año después, Albert Neisser y August von Wassermann desarrollaron una prueba de detección de anticuerpos en sifilíticos proporcionando la base para el desarrollo del serodiagnóstico de la infección sifilítica.

Wasserman, basándose en hallazgos científicos de Ehrlich como su teoría de las cadenas laterales, había comenzado en 1900 a trabajar en las reacciones de fijación del complemento e investigó la reacción toxinas-antitoxinas en la sangre.

Pero volvamos a fijar nuestra atención en Paul Ehrlich. Estudió medicina en Breslau, Estrasburgo, Friburgo y Leipzig. Trabajó en la Charité como asistente de Friedrich von Frerichs que le dejó que se dedicara a la investigación. Trabajó especialmente con los colorantes de los tejidos animales (histoquimia). Cuando murió Frerichs su sustituto obligó a Ehrlich a realizar práctica clínica. Como no le gustaba abandonó la Charité. Contrajo la tuberculosis. Una vez recuperado trabajó en su casa, luego en el Instituto de Robert Koch donde comenzó a investigar la inmunidad y las leyes por la que ésta se regía. Estudió, por ejemplo, la toxina antidiftérica. Dirigió después el Institut für Serumforschung und Serumprüfung que adoptó el nombre de Institut für experimentelle Therapie cuando fue trasladado a Frankfurt. Después se hizo cargo de la Georg Speyer Haus für Chemotherapie fundada para él por la viuda del banquero Speyer. Esto marcó la tercera etapa en la vida científica de Paul Ehrlich. Retomó uno de los aspectos de su tesis de doctorado: la necesidad de estudiar la relación existente entre la composición química de los fármacos y su modo de acción sobre el organismo y sobre las células del cuerpo a las que iban dirigidos. Igual que sucedía en inmunología, uno de sus propósitos era encontrar los productos específicos que tuvieran afinidad por los organismos patógenos. Él habló de «balas mágicas»: que actuarían sobre la causa de enfermedad dejando indemne al huesped.

Ehrlich utilizó el término “quimioterapia” para referirse a una parte de la terapéutica experimental, diferenciándola del término “farmacología”.

La terapéutica experimental, para Ehrlich, debía reproducir las enfermedades en animales para, más tarde, estudiar científicamente la acción de los fármacos. Las enfermedades infecciosas eran un ejemplo.

Tres áreas formaban para el médico alemán la terapéutica experimental: la Organoterapia (que incluiría más tarde el estudio de las hormonas), la Bacterioterapia y la Quimioterapia.

Contra la sífilis ya se usaba el atoxil –sustancia sistetizada por Pierre Antoine Béchamp en 1869–, pero tenía una alta toxicidad que lo hacía inviable.

Ehrlich trabajó con Sahachiro Hata (1873-1938), que era especialista en infecciones experimentales por Treponema pallidum en conejos y también había estudiado la eficacia de los derivados del atoxil.

El ‘606’ fue dado a conocer por Ehrlich en abril de 1910, en Wiesbaden, en el 27 Congreso alemán de Medicina interna.

La andadura del nuevo medicamento no fue, al principio, un camino de rosas. Farbwerke-Hoechst no esperó más ensayos y distribuyó 65.000 unidades de forma gratuita entre los médicos. El producto, en ocasiones, presentaba efectos secundarios y algunos adversarios no tardaron en importunar y criticar a Ehrlich; el cabecilla acabó en prisión.

A pesar de que se trató de retener el producto hasta que se hubiera probado en centenares de pacientes, Ehrlich no pudo evitar la demanda creciente del nuevo fármaco. El salvarsán también tuvo otro tipo de enemigos: la iglesia ortodoxa rusa, por ejemplo, sostuvo la opinión de que las enfermedades venéreas eran el castigo de Dios a la inmoralidad y no debían tratarse. La policía alemana también estuvo contra el salvarsán debido a los problemas que planteaba la prostitución. Fueron cuatro años difíciles hasta que Ehrlich sustituyó el 606 por el 914 o neosalvarsán, más soluble, fácil de usar y no perdía eficacia.

Ehrlich logró eliminar de esta manera a los gérmenes causantes de enfermedad sin lesionar al organismo mediante la inyección de un producto en la sangre. Es lo que antes hemos llamado «balas mágicas». Este conjunto de trabajos significó su gloria y el comienzo de una fase revolucionaria para la farmacología y, por tanto, para la terapéutica. En poco tiempo siguieron las sulfamidas y después los antibióticos, y toda una serie de productos orgánicos con eficacia terapéutica.

El hallazgo de Ehrlich se difundió tanto en las revistas profesionales como en la prensa general de todo el mundo. España no fue una excepción y sucedió todo lo contrario que con el premio Nobel de Cajal. Numerosos artículos explicaron qué era el 606 o salvarsán, cuál era su acción, qué efectos tenía, cómo de importante podía ser su toxicidad y comentaban los ensayos clínicos que se llevaban a cabo.

La noticia se difundió por todo el mundo y Frankfurt se convirtió en el lugar donde llegaban por decenas los representantes de países, instituciones y sociedades para hablar con Ehrlich, conseguir unas dosis del nuevo medicamento y aprender a utilizarlo.

En resumen,

–Al principio el salvarsán no fue bien en todos los casos de sífilis. En algunos produjo efectos secundarios.

–En otros, en cambio, resultó ser una cura casi milagrosa.

–Algunos médicos se pasaron de entusiastas y otros de críticos.

–Su administración implicaba no pocos problemas técnicos.

–Se probaron la vía intradérmica, la intramuscular y la endovenosa.

–Significó un empuje para la medicina de laboratorio.

–Ambos sexos se beneficiaron del mismo.

–Contribuyó a que se hablara con menos prejuicios de las enfermedades venéreas desde el punto de vista de la salud pública.

¿Cómo conoció España el Salvarsán? La respuesta en el próximo vídeo.

Bibliografía

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Oskar Liebreich (1839-1908)

Liebreich

En la línea de rescatar a los protagonistas de la conversión de la materia médica en farmacología experimental, hemos insertado en la sección de biografías y epónimos médicos de historiadelamedicina.org la del alemán Oskar Liebreich (1839-1908).

Liebreich nació el 14 de febrero de 1839 en Köngsberg, Prusia oriental. Se formó como técnico químico con Carl Remigius Fresenius (1818-1897). Posteriormente estudió medicina en las Universidades de Königsberg, Tübingen y más tarde en la de Berlín. Trabajó después como asistente químico en el Instituto de Patología que dirigía Rudolf Virchow.

Tras habilitarse como profesor de farmacología, fundó el Instituto de Farmacología Experimental de Berlín. Se le conoce, sobre todo, por la introducción del hidrato de cloral en terapéutica, pero estudió también anestésicos generales y locales procedentes de productos naturales y de síntesis, la neurina, la lanolina y las sustancias procedentes de las cantáridas, entre otros. Tuvo interés asimismo en la balneoterapia y fundó la revista Therapeutische Monatshefte.

Durante muchos años fue el presidente de la asociación médica de Berlín y más tarde su presidente honorario.

Era hermano del oftalmólogo Richard Liebreich (1830-1917), conocido por inventar el oftalmoscopio que lleva su nombre. Se casó con María, hija del químico suizo Hans Heinrich Landolt (1831-1910). No le faltaron amigos y seguidores, no solo en Alemania, sino también en el extranjero. Disfrutó de una gran reputación en Inglaterra, que visitó en varias ocasiones. Fue nombrado doctor honoris causa de Oxford y Aberdeen [19].

Murió en Berlín en 1908.

Vicenzo Cervello (1854-1918)

Hemos añadido a la sección de biografías y epónimos médicos de historiadelamedicina.org la del Italiano Vicenzo Cervello (1854-1918).

Seguimos insertando biografías de los científicos que contribuyeron a incorporar nuevos fármacos a la terapéutica desde las bases científicas de la nueva farmacología experimental. En este caso traemos la del italiano Vicenzo Cervello. Nació en Palermo el 13 de marzo de 1854. Su padre era profesor de la vieja asignatura de «materia médica y terapéutica» en la Universidad de Palermo, en la que estudió Vicenzo. Después se formó con el fisiólogo Angelo Mosso en su Instituto de Turin y pasó tres años con Oswald Schmiedeberg en su Instituto de Farmacología experimental de Estrasburgo.

Vicenzo Cervello acabó sustituyendo a su padre en la cátedra e introdujo la nueva farmacología experimental en Italia. Entre sus contribuciones está el aislamiento del principio activo de la Adonis vernali, el estudio de la acción de varias sales metálicas y la introducción en terapéutica del paraldehido, sustancia sintetizada por Widenbusch en 1829.

Cervello también colaboró en la lucha contra la epidemia de cólera de 1887 en Italia y fue un incansable luchador contra la tuberculosis. Cervello formó parte de la comisión designada por el gobierno para la revisión periódica de la farmacopea oficial del reino. También fue presidente de la Real Academia de ciencias médicas y de la Real Academia de ciencias, letras y artes de Palermo. Fue miembro del consejo provincial de salud y concejal de higiene del Ayuntamiento de Palermo. En 1893 fundó la revista Archivio di farmacologia e terapeutica, de la cual también fue su director entre 1893 y 1913. Murió en Palermo el 4 de diciembre de 1918.