Historia del tratamiento de la sífilis

Como siempre, cuando subimos un nuevo vídeo al canal de Youtube “Medicina, historia y sociedad”, proporcionamos en este blog la transcripción del vídeo anterior junto con una selección bibliográfica.

En esta ocasión se trata de la Historia del tratamiento de la sífilis. Se han añadido algunos fragmentos que fueron suprimidos del vídeo a última hora para ajustarse al tiempo.

La sífilis es conocida como una de las nuevas enfermedades que surge en el Renacimiento. Se presentó en Europa de forma epidémica a finales del siglo XV tras el descubrimiento de América. Durante siglos se ha debatido si su origen es americano o europeo.

Se alternan básicamente tres teorías: la llamada “precolombina”, que afirma que las enfermedades treponémicas, incluida la sífilis, se propagaron por el Viejo y el Nuevo mundo. En Europa se confundían con la lepra. En sucesivas mutaciones fueron apareciendo diferentes enfermedades. La sífilis de transmisión sexual surgió de la sífilis endémica en el sudoeste de Asia, debido a las temperaturas más bajas de la era postglacial y se extendió a Europa y al resto del mundo. Inicialmente se manifestó como una enfermedad leve, que eventualmente se agravó y creció en virulencia a fines del siglo XV.

La hipótesis “unitaria”, bastante parecida a la anterior, que defiende que las enfermedades treponémicas siempre han tenido una distribución global. Según esta teoría, tanto la sífilis como las enfermedades treponémicas no venéreas son variantes de las mismas infecciones y las diferencias clínicas se deben a las variaciones geográficas y climáticas y al grado de desarrollo cultural de las poblaciones dentro de áreas dispares. Así, la pinta, el pian, la sífilis endémica y la sífilis venérea se consideran respuestas adaptativas de T. Pallidum a los cambios en el medio ambiente, las diferencias culturales y el contacto entre varias poblaciones.

Por último la hipótesis conocida como “colombina”, que stablece que los navegantes de la flota de Colón habrían traído una nueva enfermedad a su regreso del Nuevo Mundo en 1493. Para los indígenas era una enfermedad conocida (bejel y pian). En Europa la bacteria pudo haber evolucionado a una nueva subespecie del Treponema pallidum.

Con la investigación de esqueletos europeos y americanos con nuevas técnicas, vuelve a cobrar fuerza esta teoría. Se ha descubierto que la sífilis venérea guarda estrecha relación con las cepas de pian de transmisión no sexual de América del Sur.

¿Cómo ha luchado la humanidad contra la sífilis?

Lo habitual para un médico del siglo XVI era acudir a los clásicos para ver qué es lo que estos recomendaban. Sin embargo, no encontraron nada porque para ellos era desconocida.

Esto supuso una ventaja pues los liberaba en buena medida de su autoridad. Podían buscar, probar, establecer diferentes puntos de vista… aunque en el fondo las ideas galénicas seguían estando ahí para justificar cualquier elección.

Guayaco
En la edición de la Materia médica de Dioscórides de Andrés Laguna se encuentran ya algunos medicamentos americanos. En el capítulo dedicado al Ébano Laguna dice:

“Hallándose muchas especies de Ebano, entre las cuales es una, y la más excelente aquel bendito y Santo madero llamado vulgarmente Guayaco, el cual por divina bondad, y misericordia, fue comunicado a los hombres. Porque dado que es Dios todo poderoso, por nuestras maldades y excesos nos castiga con infinitas enfermedades, todavía como padre piadoso, para que nos desesperemos, juntamente con cada una de ellas, nos da subido el congruente remedio…”

Se trataba de un medicamento diaforético. Claro, si se tomaba en infusión caliente se sudaba, lo que “cuadraba” bien con las teorías médicas entonces vigentes. Se reforzaba el efecto con baños de sudor, por donde se eliminaba el humor causante de la enfermedad.

El guayaco tuvo defensores como Ulrich von Hutten que en 1519 escribió: De guaiaci medicina et morbo galico. Los banqueros y comerciantes holandeses también lo apoyaron, como los Fugger. La corona española les concedió la exclusiva de su comercio con lo que obtuvieron grandes ganancias.

Junto con el guayaco se usaron otros sudoríficos como la zarzaparrilla.

Mercurio
Pero ya en el siglo XVI se dieron cuenta de que la eficacia de los sudoríficos no era la esperada. Se recuperó un medicamento que ya se había utilizado en la Edad Media para problemas de piel. Venía recomendado por el entonces prestigioso Guy de Chauliac en su Cirugía magna (1363).

Parece que fueron los cirujanos los que primero utilizaron el mercurio contra la sífilis. Hay que tener en cuenta que entonces la cirugía se consideraba como una ocupación socialmente inferior a la del médico, a excepción de los médico-cirujanos españoles e italianos.

Un ejemplo es Arias de Benavides que fue a Nueva España (México) y alabó el uso del metal contra las bubas. Dirigió durante unos años el Hospital del Amor de Dios de la capital mexicana donde se trataba esta enfermedad.

En Europa defendieron su uso Ruy Diaz de Isla, Paracelso y Fracastoro.

El mercurio tenía un problema. Era muy tóxico. Como muchos minerales y metales, se usaba por vía externa, sobre todo de dos formas. Se encerraba a los enfermos en una especie de estufas en cuya base se quemaba cinabrio (sulfuro de mercurio). Se liberaban vapores de mercurio que actuaban sobre la piel de los enfermos y también se podían respirar. A veces se producían accidentes graves.

Aquí tenemos dos muestras de cinabrio de las minas de Almadén.

Otra forma era aplicar el mercurio con fricciones sobre la piel, o en emplasto sobre las úlceras. Dependía de los productos con los que se mezclara, los compuestos a los que daba lugar y de las cantidades utilizadas que resultara más o menos tóxico o venenoso.

Lo único que podemos decir del mercurio es que resulta ser un ligero antiséptico o bacteriostático. Quizás por este motivo siguió siendo el tratamiento de elección hasta principios del siglo XX.

Las formas de administración cambiaron. Se prefería la vía oral. En el siglo XVIII –se confundía mucho con la gonorrea–, el cirujano van Swieten popularizó el uso del licor de Swieten (sublimado corrosivo o cloruro mercúrico). En forma de pastillas estuvieron de mnoda las “píldoras de Dupuytren”. Ricord creó las suyas (píldoras de Ricord) a base de yoduro mercurioso. También se usaron los calomelanos o cloruro de mercurio.

Algunos dermatólogos de la época prefirieron la inyección intramuscular y muy pocos la intravenosa de algunos de estos productos.

El Tratado de Terapéutica de finales del siglo XIX del químico y médico Vicente Peset, en el capítulo de los mercuriales, se refiere a varias docenas de preparados con este metal. Señala que en su época comenzaron a aclararse las acciones de algunos de estos fármacos. Poco a poco fueron desapareciendo de los manuales de farmacología.

Yoduros
El uso de yoduros –especialmente el youduro potásico– procede del irlandés William Wallace quien señala que los utilizó con éxito en los años treinta del siglo XIX. Posteriormente fue el francés Ricord quien difundió su uso en Europa para la sífilis terciaria. Algunas veces se asociaba con productos mercuriales, como el que mostramos.

Es una mezcla de bi-ioduro de mercurio y de ioduro potásico, elaborado por el Laboratorio de Esterilización B. Martín, de Madrid, premiado con la Medalla de oro en la Exposición de París de 1915 y registrado en la Dirección General de Sanidad en 1921.

Atoxyl
Aquí mostramos el Atoxil, uno de los arsenicales con los que comenzó Ehrlich a trabajar para obtener su bala mágica. Se usaba contra las tripanosomiasis. Era muy tóxico; podía producir ceguera. Este procede del Laboratorio de Hipodermia de París.

Salvarsán
Los cambios en la medicina durante el último tercio del siglo XIX y los primeros años del siglo XX fueron extraordinarios. Ya hemos dicho algo de ello en los vídeos anteriores. Nos centraremos en la síntesis del salvarsán por parte de Paul Ehrlich.

Para él la obtención del 606 supuso ‘siete años de desgracia con un éxito’. Para ello fueron necesarias, según él, las 4 Gs: Geld, Geduld, Geschick y Gluck ; ew decir, dinero, paciencia, habilidad y suerte.

Según Ehrlich obtuvo una sustancia de dos átomos de arsénico de doble enlace, cada uno unido a un grupo aminofenol. En 2004 se despejó la duda. En realidad se trataba de una mezcla o compuesto de especies de arsénico cíclico, de un trímero cíclico y un pentámero. Esto se pudo saber gracias al análisis espectroscópico ESI (espectrometría de masas que utiliza la ionización por electrospray.

El salvarsán y sus análogos fueron el tratamiento estándar de la sífilis hasta el final de la Segunda guerra mundial cuando fue posible fabricar penicilina en grandes cantidades.

Aquí tenemos un envase de madera de Salvarsán o arsfenamina fabricado ya en Nueva York. Como se traduce de los vídeos anteriores, la inyección de este producto era difícil. Se preparaba con una solución de sosa cáustica. Al tener mucha afinidad por el oxígeno del aire, se oxidaba rápidamente y se transformaba en sustancias tóxicas. El producto venía envasado en una ampolla seca y libre de aire. Tenía que prepararse bien y rápidamente.

A partir del mismo se obtuvieron otras fórmulas más estables y fáciles de administrar. Uno era éste que presentamos el “Salvarsán sódico”, que ya llevaba incorporado el sodio de forma estable. Sólo había que disolverlo en agua. Se usaba por vía intravenosa en el caso de que después de un tratamiento normal el paciente siguiera presentando un Wassermann positivo. También en casos de sífilis terciaria.

Uno de los preparados salvarsánicos más icónicos fue este: el Sulfoxil-Salvarsán. Difícilmente se oxidaba y ya venía listo para inyectar. Permanecía mucho tiempo en el organismo antes de eliminarse. Se usaba en los periodos terciarios y para los casos tratado habitualmente pero que seguían presentando Wassermann positivo.

Otro de los preparados fue el conocido como 914 o Neosalvarsán. Se trataba de una solución estable y dispuesta para su uso. Se administraba por vía intramuscular en el cuadrante superexterno del glúteo mayor.

También circuló el Solusalvarsán, dispuesto para inyección tanto intramuscular como intravenosa. De utilidad en todos los estadios de la enfermedad, especialmente en el periodo inicial.

Por último mostramos el Neo espirol, = al 914 fabricado por Laboratorios del Dr. Esteve, el primer salvarsán fabricado en España. Se administraba por vía intravenosa.

Bismuto
El origen del uso del bismuto está en los trabajos de Benjamin Sauton de 1914. No pudo proseguirlos porque murió en la primera gran guerra. En 1921 Robert Sazerac y Constantin Levaditi demostraron que el bismuto tenía eficacia contra las trepanomatosis. A ello se unía baja toxicidad. A pesar del éxito de los salvarsanes, acabó desplazando al mercurio.

Aquí vemos una caja de inyectables de un “poderoso antiluético a base de protóxido de bismuto en ampollas esterilizadas de 2 cc de suspensión oleosa”. De Laboratorios Pons, de Lérida.

Penicilina
La penicilina se creó en un momento social, político y económico difícil. Transcurría la Segunda guerra mundial. Se probó su eficacia en humanos en 1941. En 1943 ya se comercializaba.

En la sífilis la introdujeron John Mahoney, Richard Arnold y AD Harris ese mismo año. La administraron a un paciente cada cuatro horas durante ocho días. Dados los buenos resultados, en 1945 se generalizó su uso.

Se administraba Penicilina G benzatina o procaína por vía parenteral en cualquiera de los tres periodos de la sífilis. La benzatina o la procaína tenían la finalidad de alargar su vida en el organismo. Se administraba por vía intramuscular.

Mostramos este vial de Farmaproina, penicilina G Procaina de 600.000 UI. Fabricada por Compañía Española de Penicilina SA en 1966, con el permiso de Merck & Co.

Después se han ido creando nuevos antibióticos.

Bibliografía
–Calvo, A. (2006). Ehrlich y el concepto de “bala mágica”. Revista Española de Quimioterapia, vol. 19, pp. 90-92.

–Centurion-Lara A, Molini BJ, Godornes C, Sun E, Hevner K, Van Voorhis WC, et al. (2006). Molecular differentiation of Treponema pallidum subspecies. J Clin Microbiol vol. 44, pp. 3377-3380.

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–Fresquet Febrer, J.L. (1992). Terapéutica y materia médica americana en la obra de Andrés Laguna (1555). Asclepio, vol. 44, nº 2, pp. 53-82.

–Fresquet Febrer, J.L. (1993). La experiencia americana y la terapéutica en los ‘Secretos de chirurgia’ (1567) de Pedro Arias de Benavides. Valencia, Instituto de Estudios Documentales e Históricos sobre la Ciencia.

–Frith, J. (2012). Syphilis – Its early history and Treatment until Penicilin and the Debate on its Origins. Journal of Military and Veterans Health, vol. 20, nº 4, pp. 49-58. Disponible en https://jmvh.org/article/syphilis-its-early-history-and-treatment-until-penicillin-and-the-debate-on-its-origins/ Consultado el 20-6-2020.

–Jones, G.; Malcolm, E. (Eds.). (1999). Medicine, Disease and the State in Ireland, 1650-1940. Portland, Cork University Press.

–Parascandola, J. (2001). John Mahoney and the Introduction of Penicilin to treat Syphilis. Pharmacy in History, vol. 43, pp. 3-13-

–Peset Cervera, V. (1906). Terapéutica, materia médica y arte de recetar con hidrología médica. 2ª ed. 2 vols. Valencia, Imprenta de Francisco Vives Mora.

–Ros-Vivancos, C.; González-Hernández, M.; Navarro-Gracia, J. F:; Sánchez-Payá, J.; González Torga, A.; Portilla-Sogorb, J. (2018). Evolución del tratamiento de la sífilis a lo largo de la historia. Revista Española de Quimioterapia, vol. 31, nº 16, pp. 485-492.

–Tilles G.; Wallach, D. (1996). History of the treatment of syphilis with mercury: five centuries of uncertainty and toxicity. Rev Hist Pharm vol. 44, pp. 347-51.

–Sainz de Aja, E. (1929). Indicaciones de los bismúticos y mercuriales en el tratamiento de la sífilis. Madrid, Javier Morata ed.

–Tampa, M.; Sarbu, I.; Matei, C.; Benea, V. Georgescu, S.R. (2014). Brief History of Syphilis. J Med Life, vol. 7, nº 1, pp. 4-10.

–Vilanova X. (1955). El tratamiento penicilínico de la sífilis. Rev Clin Esp vol. 58, pp. 307-20.

 

 

 

La introducción del salvarsán en España

A continuación insertamos el guión y la bibliografía del vídeo del canal “Historia, medicina y sociedad”, que se insertó hace tres semanas, Introducción del salvarsán en España.

Guión:

Como ya dijimos en el vídeo anterior, el caso del 606 o salvarsán es de los pocos en los que la información científica circuló al mismo tiempo por la prensa diaria y la científica, o lo que es lo mismo, entre la sociedad en general y los profesionales.

¿Los motivos?

–Se trataba de una enfermedad “secreta” que atacaba a un buen número de ciudadanos que se sometían a largos y desagradables tratamientos con mercurio.

–El hecho de que alguien hubiera encontrado un nuevo remedio que en una o unas pocas inyecciones curaba, era noticia de portada.

–Los periódicos más importantes contaban con redactores médicos que podían comprender bien los acontecimientos y divulgarlos adecuadamente entre la población.

¿Qué hitos podemos mencionar en este vídeo sobre la historia de la introducción del salvarsán en España?

[Gráfica]

En esta gráfica se aprecia el número de noticias, artículos e informaciones publicadas en los principales diarios de Madrid desde agosto de 1910 a diciembre del mismo año.:

La Correspondencia de España (39), El Imparcial (39), El Liberal (32) y el Heraldo de Madrid (23).

Por meses se aprecia el desarrollo del fenómeno: comienzo, explosión y normalización.

[Gráfica]

En cuanto a las revistas profesionales:

[Gráfica]

Actas dermosifilográficas publicó 66 artículos, reseñas o noticias sobre el tema; la Revista Clínica de Madrid le superó con 88 y El Siglo Médico 24.

Vemos, pues, que el tema atrajo la atención del público en general y también de los profesionales.

Para resumir cómo entró en España el salvarsán, nos centraremos en los siguientes grupos de personas:

1.Los Ayuntamientos y las diputaciones de gran parte del país nombraron representantes para que fueran a Frankfurt para hablar con Ehrlih, aprender a administrar el 606 y conseguir cierta cantidad de producto. Por ejemplo, en Valencia fueron comisionados los doctores Mauro Guillén y Ramón Alapont, que estuvieron en Alemania en noviembre; en Sevilla, el médico Juan Ruiz García y el farmacéutico Ramón Rodríguez de la Borbolla. Desde Madrid la Beneficiencia envió a su representante, Antonio Navarro Fernández y a Jacinto Navarro; El Cuerpo de Sanidad militar comisionó a Sixto Martín que estaba haciendo una estancia en Viena; la junta de Ampliación de Estudios mandó a los mejor preparados, el médico Juan de Azúa y el farmacéutico José Casares Gil; el ministerio de la Guerra a Ángel Morales.

2.Médicos que, por iniciativa propia, fueron a Frankfurt. Por ejemplo, los hermanos Donato (José y Vicente) de Valencia. De gran interés fueron las crónicas que enviaron al diario Las Provincias en las que informaron de todos los detalles de su viaje y experiencia. Otro ejemplo, de Barcelona fue un tal Dr. Gallego que recogió sus experiencias en este folleto. También lo hizo en las mismas circunstancias Fernando Castelo, de Madrid.

3.La intervención de los médicos publicistas fue también decisiva. Ángel Pulido trabajaba para El Liberal y colaboraba también en revistas profesionales como El Siglo Médico. José Verdés Montenegro lo hacía para El Imparcial. También teníamos médicos que ejercían de periodistas en el extranjero, como Eduardo G. Gereda. Todos hicieron un buen seguimiento de las novedades que se produjeron en torno al nuevo medicamento. Como decía Castelo, “Los médicos estamos obligados a satisfacer la curiosidad pública y a orientar a las gentes en temas transcendentales”.

La primera noticia que apareció en la prensa lo hizo en agosto en el Heraldo de Madrid. Se trataba de la polémica que había en Francia entre Doyen y Ehrlich. Lo publicó su corresponsal en París, el admirado y odiado por igual, Luis Bonafoux. Cuatro días después el médico José Verdés Montenegro, desde Alemania, publicó en El Imparcial información de primera mano del nuevo producto y de los ensayos clínicos que tenían lugar en Alemania.

En septiembre Gereda, Verdés Montenegro, Fernando Castelo, Sixto Martín, Francisco Huertas (en realidad escrito por Marañón) y Bandelac de Pariente mandaron sus artículos a distintos diarios. Como veremos fue el mes en el que se hicieron ya las primeras pruebas en España. La prensa siguió informando de los acontecimientos, algunos columnistas no médicos habían introducido en sus artículos de opinión el 606.

4.El núcleo de médicos en torno a la Revista Clínica de Madrid, fundada el año anterior, y entre los que figuraban médicos de la Facultad, del Hospital de la Princesa, del de San Juan de Dios, del Instituto Rubio o del Instituto Nacional de Higiene. Figuras como Marañón, Juan Madinaveitia, Jacobo López Elizagaray, José Ortiz de la Torre, León Cardenal y Pujals, José Goyanes Capdevila, Nicolás Achúcarro, Teófilo Hernando, Gustavo Pittaluga, y Miguel Gayarre Espinal. Fue en esta revista en la que Sáinz de Aja publicó las primeras reseñas sobre el nuevo medicamento en junio. En agosto apareció la reseña del libro de Ehrlich Beiträge zur experimentellen Pathologie und Chemotherapie por Madinaveitia. En el mismo número Gayarre hizo una reseña del artículo “El nuevo medicamento de Ehrlich”. El 15 de septiembre Marañón publicó una largo artículo titulado “La Quemoterapia de moderna. El nuevo remedio de Ehrlich-Hata contra la sífilis” que remitía desde Francfurt. En el mismo número Gayarre informa de los distintos modos de inyección que se utilizaban en Alemania. En octubre Teófilo Hernando escribe sobre la farmacología de los arsenicales. En los números siguientes se sigue la misma tónica: Teófilo Hernando publicó el folleto La Quimioterapia de Ehrlich: fundamentos y aplicaciones, la reseña de Marañón del libro de Ehrlich y Hata La Quimioterapia experimental de las espirilosis.

5.El grupo de dermatólogos en torno al Hospital San Juan de Dios, de la Academia Española de Dermatología y Venereología y de su órgano de expresión Actas dermo-sifilográficas. Ahí encontramos a Juan de Azúa, Sainz de Aja, Fernando Castelo, Manuel Sanz Bombín, Jaime Nonell, Antonio Pardo Regidor, José Quintana, José Sánchez Covisa, y Vicente Gimeno entre otros.

Médicos de ambos grupos mantenían amistades con destacados médicos franceses del Instituto Pasteur o de los Hospitales de París. Algunos, a su regreso de Frankfurt, pasaban unos días en la capital de Francia con el fin de recabar más opiniones y experiencias.

Entre finales de 1910 y principios de 1911 la revista recogió abundante información y artículos sobre el 606. Francisco Castelo, Sainz de Aja, y especialmente Juan de Azúa, escribieron mucho sobre distintos aspectos del salvarsán: efectos secundarios, su comportamiento en diferentes tipos de sífilis, su administración, etc. Entre ellos un trabajo de 197 páginas titulado “Ensayo clínico del 606”.

Fue este grupo, como es lógico, el que siguió publicando sobre el tema durante bastante tiempo y discutiendo en las reuniones de la Academia Española de Dermatología y Venereología.

6.Curiosamente ninguno de los anteriores puede atribuirse el mérito de ser los primeros españoles en probar el salvarsán en España. Alfonso XIII, conocedor de la novedad del 606 del que se hablaba insistentemente en Europa, cuando regresaba de uno de sus viajes a Inglaterra, se puso en contacto en París con el médico de la embajada española, Alberto Bandelac de Pariente. Le propuso que fuera a Frankfort para obtener información de primera mano.

Se trata de un personaje interesante. Era judío sefardita, nacido en Tánger y nacionalizado español. Viviendo en París estaba al tanto de todo lo que sucedía en Europa, contaba con grandes amistades y atendía a personajes importantes de las realezas y de la política europea. Estuvo dos veces con Ehrlich y publicó en la prensa diaria su experiencia. En la primera ocasión estuvo en la clínica de Herxheimer durante varios días comprobando el valor del ‘606’. Hace notar que la curación «causa verdadera estupefacción por la rapidez de sus resultados y por la igualdad de éstos en los más diversos casos».

Después de explicar al rey su primer encuentro con Ehrlich, se prepararon las primeras inoculaciones en Madrid en el Hospital militar de Carabanchel para el día 22 de septiembre. El primer inyectado fue un soldado del regimiento de María Cristina que se encontraba en el segundo periodo de la enfermedad. Había estado sometido a tratamiento de mercuriales. La cura le produjo menos dolor del esperado y apenas experimentó reacción febril. Un incidente obligó a interrumpir la prueba; había caído la jeringuilla al suelo y se rompió. Siguieron el día después.

Las inyecciones en civiles tuvo lugar en el Hospital San Juan de Dios el día 24. Allí se dieron cita el ministro de la gobernación, autoridades políticas y sanitarias, y personal facultativo.

Ayudado por Sainz de Aja Bandelac mezcló en un mortero el arsenobenzol con una disolución de sosa caústica al 20 por ciento. La mezcla adoptó un color no habitual; por si acaso, Bandelac hizo traer del Hospital de Carabanchel nuevas unidades. Mientras esperaban el producto se fotografiaron todos como si hubieran aplicado las inyecciones. En realidad esperaron al día siguiente. Los primeros inoculados fueron Mariano Blanco, Gregorio Torres, Ramón Martínez, Esteban Carratalá, y Luis París. La prensa siguió en los próximos días la recuperación de los pacientes.

Bandelac regresó a Frankfurt en noviembre para aprender una nueva técnica de inoculación intramuscular. Se inyectaba 1 gr a individuos fuertes y entre 60 y 70 cgrs al resto; se repetía la dosis a las cinco o seis semanas. Desde París mandó dosis del producto a varias diputaciones y también enseñaba la técnica a los españoles que decidieran ir a la capital de Francia.

Los colegas médicos españoles respetaron la decisión de Alfonso XIII. Sólo el republicano El País se mostró en contra. Opinaba que en España había suficientes especialistas preparados como para ocuparse del tema.

En definitiva:

El estudio de este hecho nos ha puesto de manifiesto varias cosas:

  • El alto nivel de muchos científicos españoles, su capacidad para viajar e intercambiar información con sus colegas europeos. Hemos visto que durante el periodo estudiado varios estaban realizando estancias en centros europeos. Otra cosa es que aquí las inversiones en recursos humanos e infraestructuras no estuviesen a la altura, como sigue ocurriendo.
  • La preocupación social por el tema impregnó a todas las capas de la población. Puede seguirse a través de la prensa diaria que se expresa en columnas de opinión, viñetas cómicas, pequeñas obras teatrales cómicas, etc.
  • El interés de la prensa en divulgar acontecimientos científicos con el mayor rigor y precisión apoyándose en crónicas de los propios médicos.
  • El interés de los ayuntamientos y diputaciones de toda España en conseguir el nuevo medicamento para sus ciudadanos.

La cuestión es que en diciembre el medicamento podía adquirirse en muchas farmacias y que se administraba ya tanto en instituciones públicas como en clínicas privadas.

En un último vídeo ofreceremos la historia del tratamiento de la sífilis con fuentes materiales de la época.

Bibliografía

–Fresquet Febrer, J.L. (2010). La Prensa diaria y la introducción en España del 606. Exposición dedicada a la introducción en España del Salvarsán. Disponible en: https://www.historiadelamedicina.org/606Expo/index.html Consultado el 12 de junio de 2020. El lector encontrará en la sección “Créditos” abundante bibliografía.

–Fresquet Febrer, J.L. (2019). Terapéutica etiológicamente orientada. Introducción de la salvarsanoterapia en España a través de la prensa diaria y del periodismo profesional. En: Carrascosa, A.V. y Báguena, M.J.. (coord.). El desarrollo de la Microbiología en España. Volumen I. Madrid, Fundación Ramón Areces, pp. 35-68.

 

 

 

Una visión de la Terapéutica durante los últimos doscientos años a través del NEJM

El New England Journal of Medicine con motivo de celebrar el Ducentésimo aniversario publica artículos históricos de acceso abierto que toman como referencia textos publicados en su ya larga vida. En el número de fecha de 20 de septiembre viene el que lleva por título “Therapeutic Evolution and the Challenge of Rational Medicine“, escrito por Jeremy A. Greene, David S. Jones, y Scott H. Podolsky.

Su lectura no es nada complicada y ofrece una reflexión sobre los cambios extraordinarios que ha experimentado la terapéutica en estos últimos doscientos años. No sólo se refiere a los medicamentos sino que también aborda las ideas que subyacen al uso de esas sustancias. Vale la pena leerlo.