Fórceps obstétrico. Un poco de historia (I)

Los últimos vídeos del canal de Youtube “Medicina, historia y sociedad” correspondientes a la primera temporada, están dedicados a contar algo de la historia de los fórceps obstétricos. En dos partes o vídeos se abordan los de Levret-Dubois, Simpson-Braun, Tarnier y Killian-Luikart, aparte de una introducción y de una valoración sobre su uso actual.

Fórceps obstétricos. Un poco de historia (I)

Este es el guión del primero de los vídeos que contiene una introducción sobre la historia de los fórceps obstétricos así como la descripción de los de Levret-Dubois y Simpson-Braun:

Introducción
“Aquí tenemos unas piezas sencillas que, ajustadas entre sí y empleando una energía mecánica, realizan un trabajo o cumplen una determinada función. Puede ser una máquina simple vista como un conjunto de mecanismos. Entre las máquinas simples tenemos el plano inclinado, el tornillo, la rueda, la palanca y la polea.

El parto con la ayuda de instrumentos está descrito en el siglo VI aC en la India y también en los textos hipocráticos y otros escritos greco-romanos entre el 500 aC y el 500 dC.

Muchas veces se usaban sólo para extraer el feto muerto después de varios días para evitar la muerte de la mujer. Posteriormente se emplearon buscando beneficios tanto para la madre como para el bebé.

Como siempre en Historia, podemos remontarnos al origen de este tipo de instrumentos recurriendo a imágenes que provienen de bajorrelieves, de manuscritos, esculturas, etc., pero podríamos equivocarnos. A veces se trata aparatos parecidos a los que se daba un uso distinto del que nosotros pensamos.

En lo que se ha publicado hasta ahora al respecto, –mayoritariamente en inglés, lo que puede introducir errores porque suelen ignorar lo que no está escrito en esa lengua– relacionan el nacimiento del fórceps con la familia de hugonotes Chamberlen que se refugiaron en Gran Bretaña en el siglo XVI. El padre se llamaba William. A sus dos hijos les puso de nombre Peter (el mayor y el menor). Ambos se convirtieron en miembros de la Barber Surgeons Company. Se dice que, probablemente el mayor, fuera el creador del fórceps a finales del siglo XVI. Otros miembros de la familia introdujeron pequeñas modificaciones.

Los Chamberlen se “vendían” a sí mismos como hombres de ciencia  porque entonces las “parteras varones” no estaban bien vistos.

Se enfrentaron a multas por no acudir a las conferencias del Barber Surgeon Guild, necesarias para mantener la licencia profesional. En 1612 el Royal College of Physicians multó a Peter el mayor por recetar medicamentos administrados por vía interna (sólo lo podían hacer los médicos).

El fórceps fue creado con el propósito de extraer al niño de manera segura en el caso de un parto difícil. Antes se utilizaban dispositivos no diseñados ex profeso; solían ser un peligro tanto para el niño como para la madre.

Los hermanos Chamberlen guardaban sus fórceps, su preciado secreto familiar, en un enorme cofre adornado con tallas doradas. Lo transportaban en el interior de una caja enorme rodeado todo de un gran secretismo. Vendaban también los ojos de la futura madre antes de abrir el cofre, para que no viera la herramienta. También se cubría la mitad inferior de la mujer con mantas porque el partero trabajaba con el tacto sin mirar. Esto también protegía el instrumental de miradas ajenas.

En el fondo los Chamberlens eran hábiles empresarios. Anunciaron sus servicios y protegieron su invento de los ojos rivales. Uno de los hijos de Pedro el joven fue uno de los pocos Chamberlens que obtuvo un título médico, pero fue advertido por el Royal College of Physicians porque vestía de forma frívola y extravagante. Fue expulsado después por no asistir a las conferencias. Sólo quiso atender a familias ricas.

Los instrumentos originales de Chamberlen fueron descubiertos en 1813 bajo las tablas del ático de su residencia de Essex, escondidos por Ann, la esposa de Peter el menor.

A pesar de esto, comenzaron a aparecer modelos de fórceps desde principios del siglo XVIII. No es raro que se filtrara algún diseño y que otros obstetras lo copiaran e incluso lo mejoraran. Por otro lado, parece que en los Países Bajos también aparecieron fabricantes de fórceps y de otros instrumentos médico-quirúrgicos.

A mediados del siglo XVIII uno de los obstetras más destacado de Europa fue William Smellie (1697-1763). Su formación no fue demasiado regular y empezó a ejercecer antes de que tener su título. Contribuyó a dotar la obstetricia de una base más científica. Mejoró los fórceps pero promovió el parto natural. En 1752 publicó el Tratado sobre la teoría y práctica de los partos.

Los fórceps se desarrollaron también en Europa continental. En buena parte del siglo XIX estaban destinados a tratar los problemas de las pequeñas pelvis deformadas que provocaban desproporción pélvica y trabajos de parto prolongados. Esto llevó al diseño de numerosos modelos de fórceps centrados en el desarrollo de la tracción del eje. 

Fórceps de Levret-Dubois
André Levret nació en París en 1703 y murió en la misma ciudad en 1780. Contemporáneo del inglés William Smellie (1697-1763). Lévret realizó un estudio concienzudo del canal del parto y de las presentaciones fetales  en el parto y diseñó un fórceps con arreglo a estas características. Introdujo la curvatura pélvica que permitía facilitar la tracción cuando la cabeza fetal estaba detenida en una posición alta en la pelvis. De esta forma se inicia una etapa más científica en lo que a concepción y uso del fórceps se refiere. El de Smellie en Inglaterra era parecido, pero más corto. Después aparecieron los de Simpson y Tarnier, y más tarde, el de Kielland.

Antoine Dubois modificó sensiblemente el de Levret. Doubois, baron Dubois, nació  en 1756 en Gramat, cerca de Cahors (Lot) y murió en 1837 en Paris. Fue un conocido cirujano francés, jefe de los servicios de maternidad de Napoleón y de su mujer la emperatriz María Luisa. Este fórceps se caracteriza porque un mecanismo de bloqueo de tornillo asegura las dos hojas. Los mangos tienen un atractivo y característico rayado. Los extremos de los mangos también se usaron como ganchos sin filo y se desatornillaban o desenroscaban para revelar puntas afiladas que podrían haberse usado como instrumentos destructivos para colapsar el cráneo fetal en caso de un parto detenido.

Forceps de Simpson-Braun
Uno de los fórceps más populares fue el de Simpson (1848). Defendía que era el mejor ya que, tras viajar por toda Europa, incorporó las mejores características de cada uno de los que había visto. 

Sir James Young Simpson, nació en Bathgate (Escocia) en 1811 y murió en Edimburgo en 1870. Obtuvo el título en 1830 en el Royal College of Surgeons de Edimburgo. Dos años más tarde obtuvo el título de médico. Conocido, sobre todo, por ser el primero en demostrar las propiedades anestésicas del cloroformo en humanos y ayudar a popularizarlo. Fue partidario, además, de incorporar parteras en los hospitales. 

Las pinzas obstétricas Simpson-Braun están hechas de acero inoxidable y constan de dos ramas que se utilizan para colocarlas alrededor de la cabeza del bebé. Tienen un mango ranurado para un agarre más seguro. 

Este fórceps obstétrico está entre los más utilizados y tiene una curva cefálica alargada. Se utiliza cuando hay un alargamiento temporal de la cabeza fetal a medida que se mueve a través del canal del parto.

Este que vemos es el corto. El fórceps de Simpson-Braun presenta ventajas e inconvenientes. Entre las primeras, su curvatura cefálica amplia permite buena toma o agarre parieto-malar y logra una buena adaptación al canal del parto. Sin embargo, dificulta la rotación y el mango no permite la tracción en el sentido del canal del parto.

También es interesante recordar que Simpson diseñó el Air Tractor en 1838, el primer extractor de vacío conocido para ayudar en el parto”.

Bibliografía
En el guión del segundo vídeo dedicado a los fórceps obstétricos.

Incorporación de nuevas fuentes iconográficas y materiales de historia de la medicina (julio, 2020)

Hoy hemos añadido a nuestra Colección de fuentes materiales e iconográficas varios medicamentos, alguna imagen y unos cuantos instrumentos.

Entre los primeros, el Bromhidrato de quinina, Bismuto Pons, Kombetín (Estrofantina Boehringer), Strofosid (k-estrofantósido cristalizado), Bioioduro de mercurio y ioduro potásico y Atoxyl.

Bromhidrato_de_quinina

Atoxyl2

 

En cuanto a imágenes, una fotografía de Rudolf Virchow y otra del grupo de estudiantes de la Facultad de Medicina de Valencia que en el curso 1960-61 celebraron su paso del ecuador.

Paso_Ecuador_1960_61

Respecto a los instrumentos, un Inhalador Torrecilla, un Estetoscopio electrónico Medetrón, una Ventosa obstétrica AGI-IMSA, y dos aparatos de electroterapia. Uno de ellos, de corriente galvánica, de Wohlmuth y el otro de Reiniger, Gebbert & Schall.

Medetron_2

Estetoscopio electrónico Medetrón

Ventosa_obstetrica_2

Ventosa obstétrica AGI-IMSA

Wohlmuth_Electroterapia_3

Aparato de electroterapia (corriente galvánica) Wohlmuth

Reiniger_Electroterapia_1

Aparato de electroterapia Reiniger, Gebbert & Schall

Anestesia. Inhalador de Ombrédanne

Como hemos subido un nuevo vídeo al canal de Youtube “Medicina, historia y sociedad”, insertamos a continuación el guión del penúltimo, “Anestesia. El inhalador de Ombrédanne” con su correspondiente bibliografía.

 

Guión

En otro vídeo hablamos del paso de la antisepsia a la asepsia, procedimientos que sirvieron para derribar una de las tres barreras con las que se enfrentaba la cirugía en el siglo XIX: la infección.

En esta ocasión nos ocuparemos de la que quizás fue la primera barrera, el dolor. Lo vamos a hacer utilizando como excusa el inhalador de Ombrédanne, que gozó de gran popularidad en Europa y Latinoamérica. En otro vídeo abordaremos el estudio de otros instrumentos y de otras técnicas.

[Intro]

Desde finales del siglo XVIII la química experimentó un extraordinario desarrollo que permitió crear y probar numerosas sustancias entre las que se encontraban diferentes gases, que pronto llamaron la atención de los médicos. En la Pneumatic Institution de Clifton (Inglaterra), se buscaron aplicaciones para el oxígeno, el éter y el óxido nitroso. A este último, descubierto por Joseph Priestley (1733-36 – 1804), otro químico, Humphry Davy (1778-1829), lo bautizó con el nombre de gas hilarante o gas de la risa que llegó a utilizarse en espectáculos. Su uso médico como anestésico, sin embargo, igual que pasó con el éter, no recibió la atención necesaria.

En Francia H. Hill Hickmann (1799-1829) propuso a la Academia el empleo del éter como anestésico, pero entonces, el poderoso Velpeau, redactó un informe negativo sobre su uso.

En los Estados Unidos Wiliamson Long (1815-1878) intervino en 1842 a varios enfermos con el empleo de la narcosis etérea.  Dos años más tarde Horace Wells (1815-1848) usó el gas de la risa en su práctica odontológica tras probarlo en un espectáculo. No intentó patentarlo para este fin porque pensaba que algo que libraba del dolor debía ser “tan gratuito como el aire”. Solicitó hacer una demostración en el Hospital General de Massachussetts que no funcionó y el público lo abucheó. A partir de aquí su vida fue una sucesión de fracasos que le llevaron al suicidio.

El estadounidense Charles Thomas Jackson (1805-1880) experimentó varios gases, incluso en sí mismo, como el éter. Lo recomendó al dentista William Thomas Morton (1819-1868) quien lo introdujo en su práctica. También hizo una demostración pública en el Hospital general de Massachusetts. El hecho convenció al cirujano John Collins Warren (1778-1856), profesor en Boston, para que interviniera a uno de sus pacientes con el procedimiento. Tuvo lugar el 16 de octubre de 1846 y el éxito logrado fue la mejor publicidad para la divulgación del método. Se patentó la sustancia como Letheon, aunque se supo que era éter.

El nombre de “anestesia” procede de Oliver Wendell Holmes. Varios cirujanos norteamericanos siguieron el camino y en Europa a finales del año sucedía lo mismo: Robert Liston (1794-1847) y Jobert Lamballe (1799-1867). Alfred Armand Velpeau (1795-1867) reconoció su error. La técnica se propagó por el resto de países. En España fue Diego de Argumosa (1792-1865) quien en febrero de 1847 lo utilizó.

Otro hallazgo importante fue el descubrimiento del cloroformo por parte de Eugène Soubeiran (1793-1858), redescubierto en Estados Unidos por Samuel Guthrie (1782-1848) y en Alemania por Justus von Liebig. Fue el médico M.J.P. Flourens quien comunicó a la Academia de París sus propiedades anestésicas en 1847. Ese mismo año el obstetra James Young Simpson (1811-1870) lo utilizó en su práctica obstétrica (todo un logro). Él ya había introducido el éter en Edimburgo.

Comenzó la lucha entre los partidarios del éter y del cloroformo y también aparecieron los que probaron multitud de mezclas. El primero irritaba las vías respiratorias, resultaba desagradable y tardaba mucho en metabolizarse y eliminarse. El segundo tenía más ventajas hasta que empezaron a producirse fallecimientos por su administración. Finalmente la Segunda Comisión Inglesa del Cloroformo, vistas las estadísticas proporcionadas por Ernst Julius Gurlt (1825-1899) en 1897, arrinconaron su uso.

Los sencillos aparatos o instrumentos utilizados al principio (abiertos) para administrar la anestesia, pronto se tornaron más complejos. Con algunos surgían complicaciones como la asfixia, y al final solamente permanecieron los que utilizaban procedimientos llamados abiertos o semiabiertos. Fue muy popular el “gota a gota” y, sobre todo, el de Ombrédanne (parecido al de Clover), que desplazó a una gran cantidad de aparatos. Era sencillo, fácil de transportar, permitía la dosificación adecuada de éter, y también la estimulación del centro respiratorio con el CO2 refluyente. Fue entonces el aparato perfecto de narcosis. Hoy se descartaría por proporcionar mezclas de gases hipóxicas (pobres de oxígeno) e hipercápnicas (con el aumento de la presión parcial del dióxido de carbono).

Vinieron otros anestésicos, como el cloruro de etilo, se revalorizó a principios del siglo XX el óxido nitroso, se inventaron aparatos que insuflaban además oxígeno (Cotton), también se añadió la insuflación intratraqueal, y surgieron otras vías de anestesia, pero nosotros nos detendremos aquí para mostrar y explicar el Aparato de Ombrédanne.

El inhalador de Ombrédanne
El inhalador de Ombrédanne llegó a ser un aparato que, entre otros muchos, llegó a triunfar por su buen funcionamiento, su fácil manejo y sus resultados. Entonces la anestesia la aplicaba el propio cirujano, un alumno interno, enfermera o ayudante. Su simplicidad y fácil aprendizaje quizás influyó en el retraso de la aparición de la especialidad de anestesiología en Europa.

Ombrédanne buscaba un dispositivo diferente a los inhaladores cerrados. Con éstos había que levantar la mascarilla de vez en cuando para que entrara aire fresco.

Algunos dicen que en 1907 fue el cirujano Auguste Nélaton (1807-1873) quien, tras dos accidentes fatales, encargó a su alumno Louis Ombredanne, que ideara un aparato más seguro.

Ombredanne trabajó con el conocido constructor de instrumentos Collin hasta llegar al diseño definitivo.

En el artículo que publicó en la Gazette des hôpitaux en 1908 muestra estos prototipos y describe minuciosamente el que finalmente se fabricó. Imaginó un instrumento con el que el enfermo pudiera aspirar aire en cada respiración junto con cantidades crecientes de vapor de éter de forma gradual.

Se trata de una esfera que a un lado se enrosca una bolsa de reinhalación o de confinamiento. Al otro lado, una entrada en escalera con un regulador o controlador con puntero que se mueve sobre una escala grabada en la esfera. La escala va del 0 al 8.

En la parte superior se encuentra una abertura con tapa por donde se introducía el éter. La cantidad de 150 gramos daba para hora y media. En la parte inferior se sitúa la máscara con dos anillos para los pulgares del anestesista o el ayudante mientras que con los otros dedos levanta la barbilla. Dentro hay un canal con dos amplias chimeneas en la parte superior. Un tubo con ventanas recorre este canal. Éstas giran según el regulador antes mencionado que es empírico. El resto está relleno de guata que se empapa de éter.

Funcionamiento
Estos son nuestros esquemas. Aquí con la aguja en la posición 0, la entrada K está totalmente abierta. Por la misma entra aire atmosférico o fresco. Las ventanas G y G1 que dan a las chimeneas están cerradas y la entrada O1 del tubo de aire respirado está abierta. En esta posición el aire que respira el paciente es aire fresco y una pequeña proporción de aire de la bolsa de confinamiento.

En la posición 8, el otro extremo de la escala, que se usa sólo en algunos casos para la inducción, K está abierta al mínimo, G y G1 abiertas al máximo y O1 cerrada. De esta forma todos los compartimentos del aparato y los pulmones del paciente se van cargando progresivamente de éter, vapor de agua y anhídrido carbónico.

En la posición 4, intermedia o de mantenimiento, la ventana K está semicerrada, G y G1 están semiabiertas y O1 también semiabierta. El aire inspirado se carga con vapores de éter que proceden de la cámara de vaporización así como de la bolsa de confinamiento.

Final
Ya hemos visto cómo funciona el inhalador de Ombredanne, instrumento que ideó con la ayuda de la conocida casa de instrumentos médicos de París Collin. También hemos revisado su funcionamiento. En resumen, se trataba de aumentar la concentración de éter señalado en un índice del 0 al 8, aumentando un punto cada minuto aproximadamente hasta llegar a la posición 4 o de mantenimiento. En algunos pacientes, a veces era necesario seguir hasta la posición 8. Conseguida la anestesia, se descendía de nuevo al número 4. El aparato producía una retención importante de anhídrido carbónico con lo que se conseguía una hipernea.

Su fácil manejo hizo que se vendieran miles de unidades que se utilizaron hasta final de los años treinta del siglo XX, por un lado, y que pudiera ser utilizado por personal de enfermería, alumnos internos o ayudantes. Esto último quizás influyó en que la especialidad de anestesiología se retrasara en muchos lugares.

Louis Ombredanne nació en París en 1871 y murió en la misma ciudad en 1956. Fue ayudante de anatomía, cirujano de los hospitales Ténon, Saint-Louis y Boucicaut. Más tarde fue profesor de clínica quirúrgica infantil y ortopedia en el Hospital de los Niños enfermos. Tras jubilarse fue nombrado profesor honorario. Fue miembro de la Academia de Medicina y de la Academia de Cirugía. Fue premiado con la La Orden Nacional de la Legión de Honor.

Bibliografía
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–Zimmer, M. (2008). Histoire de l’anesthésie. Méthodes et techniques au XIXe siècle. Paris, EDP Sciences.

Fuentes materiales e iconográficas de historia de la medicina. Nuevas incorporaciones (febrero, 2020)

Se han añadido a la colección de fuentes iconográficas y materiales  de historia de la medicina nuevas incorporaciones.

En lo que se refiere a objetos, dentro del conjunto de aparatos para “masajes” hemos adquirido el de construcción alemana MASPO, de baquelita, y el de “masaje vibratorio” Veedee, de principios del siglo XX, fabricado en Londres, que llegó a ser muy popular en varios países europeos.

Veedee_Vibrator

También ha pasado a formar parte de la colección el hemoglobinómtero Boehringer, que la marca de medicamentos debía regalar a los médicos para detectar anemias con cierta rapidez. Una cifra baja de hemoglobina se relaciona directamente con un bajo nivel de oxígeno. Es muy parecido al que presentamos hace tiempo, modelo Marucelli.

Hemoglobinometro_boehringer

Un nuevo Otoscopio de Brunton en excelentes condiciones de conservación, se une al que ya teníamos. Incorporamos además un corrector nasal, un pulverizador de anestesia local, posiblemente para uso odontológico, y una jeringuilla hipodérmica en su estuche de finales del siglo XIX.

Hemos adquirido la medalla que conmemora la inauguración del nuevo edificio que en 1949 ocupó la Facultad de medicina de Valencia y que todavía hoy, tras profundas reformas, sigue en funcionamiento.

Medala_Facultad

Como material iconográfico incorporamos dos fotografías que recogen los daños sufridos por el Hospital Clínico de Madrid, que quedó entre los dos bandos durante la guerra civil. Los franquistas en lo que sería la Escuela de Arquitectura y alrededores, y los republicanos en lo que fue la cárcel modelo (hoy el edificio del Ejército del Aire) y el Instituto Rubio (hoy Fundación Jiménez Díaz). Una procede de algún particular y la otra de una agencia de prensa inglesa.

clinico_destruido

De la antisepsia a la asepsia. El pulverizador de fenol

Hace unas semanas se subió al canal “Medicina, historia y sociedad” de YouTube, el vídeo “De la antisepsia a la asepsia. El pulverizador de fenol”·

En este vídeo se explica de forma muy sencilla lo que es la antisepsia y el conocido como método de Lister. Se muestra con detalle el pulverizador de ácido fénico que se utilizó en la época, en concreto el diseñado por el francés Lucas Championnière, que se parecía bastante al del inglés. En España se utilizó este modelo. Por ejemplo, según señala Salvador Cardenal, estuvo funcionando en su clínica y en su servicio del Hospital de Nuestra Señora del Sagrado Corazón de Jesús, de Barcelona.

A mediados del siglo XIX en las salas quirúrgicas de los hospitales la mortalidad oscilaba entre el 30 y el 50 por ciento, especialmente por infecciones (piemia, erisipela, gangrena, etc.

En los hospitales de París, por ejemplo, se hizo una estadística; de 560 intervenciones quirúrgicas se produjeron 300 defunciones.

Intervenciones realizadas por Ernst Küster entre 1868-1869:

  • 6 amputaciones de brazo – 5 fracasos
  • 5 amputaciones de antebrazo – 4 fracasos
  • 15 amputaciones de muslo – 11 fracasos

Casi todos fallecieron por piemia.

Con estos datos nos hacemos una idea de lo que suponía la cirugía a mediados de siglo. Sin embargo, fue en el siglo XIX cuando se superaron las tres barreras que todavía tenía que superar la cirugía:

  • El dolor con la anestesia
  • La hemorragia con la hemostasia
  • La infección, primero con la antisepsia y después con la asepsia

Vamos a dejar para otra ocasión los dos primeros y nos ocuparemos de la infección. Ésta se solucionó a lo largo de dos etapas que se conocen con el nombre de “Antisepsia” y “Asepsia”

El escenario principal fue Europa y se desarrolló, sobre todo, en las últimas décadas del siglo XIX.

El químico Louis Pasteur (1822-1895) descubrió que todo proceso de fermentación y descomposición orgánica se debe a la acción de organismos vivos. Asimismo que preservando del aire las sustancias que se suelen descomponer Pasteur explicó cómo se evitaba la putrefacción.

Los manuales de historia de la medicina se centran sobre todo en la figura del inglés Joseph Lister cuando se refieren a la antisepsia. Las ideas de Pasteur le llevaron a buscar un método para evitar que los gérmenes invadieran las heridas. ¿Cómo hacerlo?

Utilizó el ácido fénico o carbólico, que fue descubierto en 1834 por Friedrich Ferdinand Runge. Se usaba para limpiar y evitar los malos olores de los albayaldes (se parecía mucho al olor que se percibía en las salas quirúrgicas) y contra los parásitos de los animales que atacaban al ganado en zonas rurales.

Sin embargo, habría que revisar más a fondo los acontecimientos, lo que no es fácil. Sabemos que algunos cirujanos utilizaron otras sustancias buscando lo mismo. Tenemos noticia de que en 1863 en la Charité de Novara (Italia) Enrico Bottini lo utilizó en seiscientos enfermos. Ese mismo año el médico y farmacéutico Lemaire publicó un libro de más de cuatrocientas páginas sobre el ácido fénico y su acción sobre los vegetales, animales, fermentos, venenos, virus y miasmas… En 1865 publicó la segunda edición ampliada.

En un texto de la época se lee:

“Esta es la teoría de los gérmenes. Hay gérmenes dañinos en el aire y donde sea que el aire pueda depositarlos, instrumentos, manos, vendajes, heridas quirúrgicas: “el cirujano debe ver los gérmenes en la atmósfera como ve a las aves en el cielo”.

Pero volvamos a Lister. La publicación de “On the antiseptic principle in the practice of surgery” de 1867, demuestra los buenos resultados de su método. Escogió las heridas abiertas de las extremidades inferiores que habitualmente acababan en amputación. Con este procedimiento esta acción quirúrgica pasó a ser rara.

A lo largo de su vida Lister continuó mejorando su técnica y utilizándola en otro tipo de intervenciones. Aparte de compresas impregnadas con pomadas fenicadas utilizó un pulverizador cuyo uso se popularizó rápidamente por Europa. En Francia, por ejemplo, fue adoptado por Lucas Championnière quien diseñó, a su vez, un pulverizador semejante al de Lister.

Aquí tenemos uno que adquirimos en Francia. En España se utilizó este modelo. Por ejemplo, Salvador Cardenal, lo usó en su clínica privada y en su servicio del Hospital de Nuestra Señora del Sagrado Corazón de Jesús, de Barcelona. Consta de una caldera esférica que es calentada por la llama de un mechero de alcohol. Posee una válvula de seguridad. En uno de los costados hay una especie de embudito del mismo metal y que se cierra a rosca por el que se introduce el agua. Está colocada a tal altura que indica cuándo se sobrepasa la medida.

De la parte alta de la caldera salen dos tubos por los que sale el chorro de vapor. Son orientables. No tienen espita ya que se cierran cuando están en posición vertical.

Estos dos tubos se dirigen en ángulo agudo contra el extremo de otros dos tubos por los que tiene lugar la aspiración del líquido fenicado que, previamente se ha colocado en este recipiente sujeto por la parte inferior al aparato.

No era necesario usar los dos tubos a la vez. Uno servía de reserva por si se producían obturaciones. Podía funcionar durante dos horas con una sola carga de agua y emitía un chorro fino a bastante distancia.

Aparte de esto algunos cirujanos comenzaron a utilizar una disolución de ácido fénico al 5% para lavarse las manos, para sumergir el instrumental. Para el pulverizador también se usaba esta dilución que luego se debilitaba al mezclarse con el vapor de agua. También se usaba mucho el “agua fenicada” que era una disolución al 2 o 2,5 %. Era la más usada para el que entonces llamaban “listerismo”: lavado de la herida, de esponjas, de apósitos, para inyectar en cavidades, etc.

El ácido fénico presentaba, sin embargo, algunos problemas: alergias, irritación, picazón, etc. Otros cirujanos –como ya hemos dicho– ensayaron otras sustancias con mayor o menor fortuna.

A las ideas de Pasteur se sumaron después las del otro grande la microbiología: las del alemán Robert Koch. En 1887 publicó su Investigaciones sobre la etiología de la infección de heridas. De éstas aisló diferentes gérmenes que causaban en animales de investigación abcesos, necrosis, sepsis, fiebre, etc. Esto llevó a los cirujanos a pensar en evitar la entrada de gérmenes en vez de luchar contra ellos cuando ya estaban presentes en las heridas.

El alemán Ernst von Bergman (1836-1907) vio que en tiempos de guerra el tratamiento de las heridas de los soldados heridos por arma de fuego con un largo y tedioso traslado a los centros de cura era perjudicial. Se limitó a una limpieza superficial suave de las mismas y a aislarlas con un vendaje enyesado.

En principio esto funcionó mejor que la antisepsia. Aunque criticado en ocasiones, fue puliendo su técnica hasta llegar a la esterilización de todo (instrumentos, apósitos, vendas, batas, etc.) mediante vapor de agua. Publicó los resultados en 1891. Otros cirujanos adoptaron el método aséptico y los quirófanos cambiaron totalmente de aspecto.

Antes hemos mencionado a Salvador Cardenal. Este médico valenciano, por cierto, aunque desarrolló su carrera profesional en Barcelona, publicó en 1880 la Guía práctica para la cura de heridas y aplicaciones del método antiséptico. Hubo tres ediciones de este libro hasta 1894-95. A través de ellas es posible observar cómo se pasa de la antisepsia a la asepsia.

Bibliografía

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Lister, J. (1867). On the antiseptic principle in the practice of surgery. British Medicsal Journal, vol. 2, nº 351, pp. 246-248.

Peset, J.L. Cirugía general. En: Pedro Laín (dir.). Historia Universal de la Medicina. Barcelona, Salvat, vol. 6, pp. 298-305.

Fuentes iconográficas y materiales de historia de la medicina. Nuevas incorporaciones (noviembre, 2019)

Hemos enriquecido nuestra colección de fuentes iconográficas y materiales de historia de la medicina con nuevos elementos. Puede visitarse dentro del sitio web historiadelamedicina.org.

En cuanto a fotografías, la de la Orla de la Facultad de Medicina de Valencia, curso 1933-34 y la de la Orla de la Facultad de Medicina de Valencia, curso 1946-47.

Foto_orla_1933_34

De medicamentos en esta ocasión sólo hemos incluido una lata de Roter, tabletas para la úlcera de estómago, los Laboratorios Pharmaceutische Fabriek, Roter Hilversum, Holanda, y distribuido en España por Laboratorios Ausonia SA de Sarriá, Barcelona.

En cuanto a instrumentos hemos adquirido varios. En primer lugar el Hemocromómetro o hemoglobinómetro modelo Marucelli que se ha conservado en perfectas condiciones y que forma parte de los mejores museos de historia de la medicina. Procede de Italia.

Hemocromometro_3

Por otro lado, un Estuche de instrumentos de cirugía menor. Los más antiguos son de carey que se han mezclado con otros más modernos. Procede de España.

Equipo_cirugia_menor_3

En el conjunto de instrumentos de otología se incorpora una Trompetilla auditiva para sordos desplegable. Este tipo de objetos están muy buscados, especialmente en Gran Bretaña. Éste procede de España.

Trompetilla_sordos_1

También hemos adquirido dos inhaladores del Dr. Nelson (Inhalador Nelson), creados por este señor en 1865 y que todavía siguen vendiéndose. Proceden de Gran Bretaña. Llama la atención que las instrucciones de uso vienen grabadas en la propia botella.

Inhalador_Nelson

Por último, un resucitador que solía tenerse en las fábricas y en las estaciones de bomberos. El Porton Rescue (Resucitador Porton (Porton Rescue) que está en muy buenas condiciones, procede de Gran Bretaña. Para extraerlo se estira el cristal hacia arriba. En los dos laterales de la caja figuran las instrucciones en texto e imágenes.

Porton_3

El pulsoconn del Dr. Macaura

En nuestro canal de Youtube añadimos hace dos semanas un vídeo sobre el Pulsoconn del Dr. Macaura.

El masaje es un remedio terapéutico de tipo físico que viene utilizándose desde la antigüedad clásica hasta hoy. Está descrito en la medicina científica y en otras formas de medicina o sistemas médicos, como las medicinas de los pueblos aborígenes o indígenas, las medicinas arcaicas o, incluso, en las medicinas populares. En éstas se utiliza de forma empírica y a menudo se acompaña de elementos mágico-religiosos. Por si esto fuera poco, en el extenso grupo de medicinas complementarias se encuentran algunas que se basan en la manipulación de los huesos, articulaciones y músculos y utilizan también el masaje. Tanto es así que hoy en día al ciudadano le resulta difícil diferenciar unos masajes de otros y, sobre todo, los que tienen una base científica de los que no.

Durante el siglo XIX y primera parte del XX se produjo en el mundo más desarrollado  abundante literatura sobre el uso de los masajes con fines terapéuticos. También se inventaron aparatos singulares para aplicarlos. Sus creadores prometían curar todo tipo de enfermedades, pero detrás se escondían suculentos negocios. Hoy comentaremos la historia del que se llamó Pulsocón del Dr. Macaura.

El Pulsocón del Dr. Macaura fue creado, como su nombre indica, por Gerald Joseph Macaura. ¿Quién era este señor? Su biografía está plagada de zonas oscuras. Parece que nació en Skibbereen, condado de Cork, Irlanda. (No se conoce la fecha exacta). Como muchos compatriotas en aquella época, emigró a los Estados Unidos donde se unió a la comunidad de trabajadores irlandeses de Nueva Jersey.

Él decía que había estudiado medicina en Chicago. Sin embargo, algún artículo señala que estudió en el Sheerin Psychological College (Columbia), pero no medicina.

Si consultamos la base de datos internacional de patentes, observamos que en 1901 solicitó la de su Movement-Cure Apparatus (US716448 (A)) y en los años siguientes lo hizo también en el Reino Unido y Francia. Después continuó patentando cambios en su artefacto como se aprecia en la lista de la base de datos SPACENET.

Tenemos noticias de que en 1904 vivía en la zona donde nació y que colaboró en la instalación de la estación telegráfica en Brown Head. Adquirió una mansión en las afueras de Skibbereen. Para dar a conocer su aparato comenzó a viajar por diversas ciudades donde lo presentaba públicamente. Su técnica, la de un showman, consistía en alquilar grandes salones, reunir a mucha gente y hacer demostraciones de su invento. Ganó mucho dinero. Su ciudad se benefició de sus ganancias: Contribuyó a la Fundación de los Voluntarios de Skibbereen en 1914, pagó los instrumentos para crear una banda de música (todavía sigue hoy en día) e incluso llegó a construir un cine que fracasó porque no se pudo mantener debido a los pocos habitantes que tenía el pueblo.

Macaura quiso expandirse por otros países del continente. Abrió lo que se llamaron Institutos Macaura en diferentes ciudades europeas en donde se atendía a enfermos.

En circos, casinos, salones, teatros…, como hemos dicho, presentaba este aparato y otro también ideado por él que utilizaba la corriente galvánica.  Llegó a galvanizar a 20.000 personas en el Royal Albert Hall de Londres en 1911. En 1912 había Institutos Macaura en Bélgica, Holanda, Alemania, Suiza, etc.

En Francia, sin embargo, llegó a tener problemas. Tuvo centros en Bordeaux, Tolouse y en el conocido boulevard Haussmann de París. Fue denunciado por intrusismo.

Se le acusó de vender el aparato como una panacea útil contra gran número de enfermedades, porque sus argumentos basados en la fisiología eran falsos, y porque su supuesto diploma en medicina, que no pudo mostrar jamás, no le servía para ejercer en Francia.

Fue arrestado en 1912 pero salió libre el mismo día con una fianza de 50.000 francos. Según expertos una cantidad altísima para su época. La investigación y el juicio se prolongó mucho tiempo y en 1914 fue condenado por fraude a tres años de cárcel y 3.000 euros de multa junto a otros colaboradores que fueron condenados como cómplices a penas menores. No obstante, durante el proceso, los expertos no pudieron demostrar que las vibraciones no tuvieran eficacia contra la excitabilidad nerviosa, el tono muscular, etc. sobre todo porque había otros muchos aparatos que hacían lo mismo y habían sido inventados incluso por médicos de gran prestigio.

En 1923 adquirió la nacionalidad británica y pasó a residir en Londres. Mientras tanto seguía patentando modificaciones de su aparato en varios países como hemos dicho. Su aparato seguía fabricándose y vendiéndose por millares. Llegó a tener diferentes nombres: el Pulsocon, que ya conocemos, El de vibrador de mano Pulsocon de Macaura, y también el Circulador de sangre del Dr. Macaura.

Macaura_3

Se vendía dentro de una caja que se acompañaba de un folleto titulado “El libro de la salud” y de unas hojas en las que trataba de contestar las preguntas más frecuentes de los usuarios.

Macaura murió en 1941 y fue enterrado en el cementerio de Belfast.

De todos las variantes del pulsoconn, la más popular fue la patentada con el número 13.932. Está compuesta por un mango de madera, dos carcasas situadas dentro de otra, que es la que se observa exteriormente, una plataforma en forma de corona que podía estar hecha de vulcanita, y por último, el lugar donde se aloja el cabezal de caucho. Se suministraba con tres: uno en forma de pera, otro en forma de tronco de cono vacío y otro que es un círculo del que sobresalen unas púas.

El mecanismo es sencillo: un movimiento circular que se convierte en otro rectilíneo de vaivén. La velocidad que puede alcanzar depende de la que se imprima a la manivela. No sólo se recomendó para dar masajes sino que acabó como panacea para curar gran cantidad de trastornos: Cura completa de desórdenes nerviosos (neuralgia, neurastenia, debilidad nerviosa, insomnio, asma, corea… etc.); problemas de estómago (dispepsia, indigestión, “catarro gástrico”, úlceras de estómago… etc; problemas de hígado; tratamiento de las enfermedades de la mujer; tratamiento de las enfermedades del hombre (impotencia, alteraciones de la próstata, falta de vigor); para la reactivación de la función muscular; en la ataxia locomotora; para el reumatismo (gota, inflamación, tumores, etc.); para la ciática; para enfermedades de la sangre (anemia); entre otras.

Biblografía

–Goldstone, L.A. (2000). Massage as an orthodox medical treatment past and future. Complementary therapies in nursing and midwifery, vol. 6, nº 4, pp. 169-175.
–Martin, J.-P. (2013). Le Pulsoconn du Dr. Maura. Clystere, nº 19, pp. 14-18.
–Thoinot, L. (1915). L’affaire Macaura, exercise illegal de la médecine et escroquerie. Annales d’hygiène publique et de médecine légale, ser. 4, nº 24, pp. 97-109; 208-222.
–Le docteur Macaura en correctionnelle (1913). Paris Médical, la semaine du clinicien, nº 12, p. 696.
–Petitdant, B. (2018). Le Docteur Macaura et son Pulsoconn, appareil de massage vibratoire. Kinesither Rev, vol. 18, nº 199, pp. 36-42.

Fuentes iconográficas y materiales de la historia de la medicina. Nuevas incorporaciones (agosto, 2019)

Han pasado a engrosar la colección cuatro caricaturas de conocidos médicos de la primera mitad del siglo XX: Enrique Álvarez Sainz de Aja (1884-1965), dermatólogo del Hospital San Juan de Dios; del cirujano José Goyanes Capdevila (1876-1964); del dermatólogo Jaime Peyri Rocamora (1877-1959); y del clínico José Codina Castellví (1867-1934).

Caricatura_Goyanes_Capdevila

En cuanto objetos se han incluido un equipo quirúrgico de campaña procedente de la Segunda guerra mundial; una caja de instrumental para la intervención de cataratas y un equipo para la detección de glucosa, acetona y albúmina en la orina (Metrorin, de Laboratorios Barry). A esto hay que sumar un curioso aparato que tuvo mucho éxito especialmente en Gran Bretaña: el Rejuvenecedor de Overbeck. Por supuesto se trata de un aparato que los ingleses incluirían en el grupo de “quackmedicine” o de “charlatanes” o pseudociencia.

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Equipo quirúrgico de campaña

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Rejuvenecedor de Overbeck

Por último, en el terreno de la farmacología se han incluido la famosa vacuna anti-alfa que preparaba Jaime Ferrán en su Laboratorio y uno de los primeros quimioterápicos (sustancias obtenidas por procedimientos químicos), el salicilato de antipirina. La vacuna anti-alfa se basaba en la idea de que la tuberculosis se originaba en la bacteria alfa que, más tarde, se convertía en gamma. Si se vacunaba a los individuos con estas bacterias no virulentas, quedarían inmunizados. Cultivando el bacilo de Koch observó diferentes mutaciones del germen. La probó por vez primera en Alzira en 1919 a petición del tisiólogo valenciano Josep Chabàs. Más tarde sería desplazada por la conocida BCG. El sulfato de antipirina pertenece al grupo de los antipiréticos, analgésicos y antiinflamatorios no esteroideos y a los subgrupos de los derivados de los salicilatos (como la aspirina o la salicilamida) y pirazolonas (como el piramidón o aminofenazona, o la butazolidina).

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Fuentes materiales e iconográficas de la historia de la medicina: Nuevas incorporaciones (marzo, 2019)

Se han incluido en la sección de Fuentes iconográficas y materiales de historiadelamedicina.org varios objetos e imágenes.

En cuanto a instrumentos, un protector ocular de Arruga (Hermenegildo Arruga), que se ha adquirido en Inglaterra. Un conocido aparato quirúrgico que llegó a tener gran éxito en Francia durante la segunda mitad del siglo XIX, el Compresor recto de cadena ideado por el cirujano Chassaignac.

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Por otro lado, el exitoso aparato de masaje del Dr. Macaura (Macaura’s Blood Circulator), que acabó por convertirse en una panacea con la que curar un gran número de enfermedades en la época victoriana.

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También un aparato de respiración artificial “Pulmomán“, fabricado por Electrom, y un botiquín de urgencia de bolsillo que regalaba Laboratorios Frassie a los médicos.

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En cuanto a imágenes, se han incorporado una del antiguo Hospital San Juan de Dios, ya desaparecido, y dedicado a las enfermedades venéreas. Fue allí donde se probaron por primera vez en Madrid las primeras inyecciones de Salvarsán a la población civil. Días antes se aplicaron en el Hospital militar de Carabanchel.

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Aparte de una fotografía de estudiantes de medicina en la sala de disección, posiblemente de Valencia, varias postales con fotografías que regalaba el Instituto de Biología y Sueroterapia IBYS a los profesionales: el Instituto Rubio, el Instituto del cáncer, El Hospital de la Princesa y la Casa de salud Santa Cristina, que fue Escuela de matronas, todos ellos de Madrid.

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Fuentes materiales e iconográficas de la historia de la medicina: Nuevas incorporaciones (febrero, 2019)

Se han incorporado a la sección de Fuentes materiales e iconográficas de historia delamedicina.org nuevas imágenes y objetos.

En cuanto a fuentes iconográficas, un libro que recoge un reportaje fotográfico del Hospital provincial de Valencia en 1927.

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Reportaje fotográfico sobre el Hospital Provincial de Valencia en 1927.

Por otro lado, una hoja informativa del Asilo Hospital de Nuestra Señora del Carmen para niñas lisiadas, escrofulosas y raquíticas pobres, de Valencia, Imágenes del miedo en Londres a la epidemia de gripe de 1918 y, finalmente, una imagen del que primero se llamó Hospital Sagrada Familia, después José Antonio y hoy Arnau de Vilanova

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Hospital_Arnau_Vilanova

Hospital Sagrada Familia (principios de los años 70), actualmente llamado Arnau de Vilanova.

En lo relativo a objetos o instrumentos, se han incorporado un Exoftalmómetro de Hertel, un Estuche de instrumentos de otorrinolaringología, el Transfusor eléctrico por pulsación R. Arévalo, un Compresor nebulizador  FASE de uso pediátrico, así como un Laringoscopio Heine.

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Estuche de instrumentos de otorrinolaringología que Lluis Suñé i Molist o su hijo Lluis Suñé i Medant regaló a su amigo José Coll i Bofill, también otorrinolaringólogo.

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Transfusor eléctrico por pulsación. Se trata del “supermodelo” de Arévalo. 

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Laringoscopio Heine