Calle del médico Esteve, Valencia

Hace unos días insertamos un vídeo en el nuevo canal “Medicina, historia y sociedad” que se refiere a la Calle del Médico Esteve, de Valencia. En el mismo contamos quién fue este médico. Hay una versión del vídeo en castellano y otra en valenciano.

 

Europa occidental atravesaba un periodo de depresión durante el siglo XV. Valencia, sin embargo, alcanzó un extraordinario esplendor demográfico, económico y cultural, por eso algunos hablan de su “siglo de oro”. Valencia “tiraba entonces del carro” de la Corona de Aragón.

La unión con Castilla cambió la situación y Valencia pasó a ocupar un lugar secundario –digámoslo así– igual que le sucedió a toda la Corona de Aragón. A lo largo de los siglos XVI y XVII fue arraigando el absolutismo monárquico que se consolidó con la llegada de los Borbones. Poco a poco se fue perdiendo la autonomía y para tomar cualquier decisión había que contar con el beneplácito de la Corona.

Sin embargo, la Universitat de València, la típica universidad municipal, mantenida por la oligarquía preburguesa local, vivió en el siglo XVI uno de sus periodos más florecientes.

Valencia es una de las ciudades que más calles ha dedicado a sus médicos de todas las épocas. Hoy nos ocuparemos de la calle del médico Esteve.

Pedro Jaime Esteve nació en Morella o San Mateo (Castellón) en 1500 y falleció en Valencia en 1556. Pertenecía a una familia que se dedicaba a la enseñanza.  Como médico se formó en la Universidad de París, con Jacobo Sylvio (el que da nombre a una estructura anatómica: el acueducto de Silvio), seguidor fanático de Galeno que más tarde se enfrentaría con el renovador Andrés Vesalio que también había sido discípulo suyo. Otro de los profesores que tuvo Esteve fue Pierre Gorris, cultivador del humanismo médico especialmente como lexicógrafo.

Esteve estuvo además en la Universidad de Montpellier. Su principal maestro allí fue Guillaume Rondelet, excelente naturalista que destacó por el estudio de la fauna marina. Sus viajes por Italia le mostraron el interés de realizar disecciones de cadáveres para el estudio de la anatomía aunque Montpellier carecía entonces de la cátedra de esta materia.

Esteve, con una excelente formación en lenguas clásicas, anatomía y como naturalista, vino a Valencia para ejercer la profesión. Gaspar Escolano dijo de él lo siguiente:

“Sin duda, este aventajado varón Pedro Jaime, nuevo Colón de las Indias descubiertas en la medicina, mereció el nombre de Trimegistro, que quiere decir tres veces grande, porque fue grande trilingüe, grande astrólogo y grande médico, mayormente en anotomía y cátedra de yerbas”

En 1544 y 1553 fue nombrado examinador de médicos. Ocupó la cátedra de anatomía y medicamentos simples los cursos 1545-46 y 1546-47; la de griego y cirugía el de 1547-48 y de matemáticas el de 1555-56.

En la Universidad se le asocia con Miguel Jerónimo Ledesma, es decir, con el grupo o movimiento humanista que se enfrentó durante los años 40 a los seguidores de la tradición bajomedieval. Fue expulsado durante un año de la Universidad por intercambiar palabras gruesas con el entonces rector Juan de Celaya, cabeza de los bárbaros.

Esteve nos dejó varias obras escritas. El 1551 publicó una edición del texto griego con traducción latina y amplios comentarios del segundo libro de las Epidemias hipocráticas. El editor fue Juan Mey y la obra fue impresa a la altura de las mejores ediciones italianas de la época.

Lo que hoy llamaríamos el logo de Mey lo formaba un anciano que lleva un libro en su mano izquierda y sostiene con la derecha un gran compás, debajo del cual hay un cetro y una corona. Simboliza el gran poder que los libros dan al ser humano. Esta obra fue utilizada en toda Europa a lo largo de cuatro siglos. Llegó a tener tanta importancia que algunos envidiosos dijeron que lo había copiado de un libro desaparecido u oculto del propio Galeno.

Un año después dedicó una obra a la teriaca (preparado compuesto por varios ingredientes distintos), poema de tema toxicológico de Nicandro de Colofón que también editó Mey. Theriaka tiene 958 hexámetros y se ocupa de los síntomas y tratamiento de las intoxicaciones por mordeduras y picaduras de serpientes, arañas, escorpiones y otros animales venenosos.

La primera traducción grecolatina de la Theriaka es la de Pedro Jaime Esteve. Historiadores posteriores dijeron de esta obra que demostraba los vastos conocimientos  de Esteve en la lengua griega, la latina, en botánica y en medicina. Supo reducir el poema al latín con el mismo número de versos y pies de que consta el original. El libro añade comentarios sobre varias plantas que observó él mismo en Valencia.

También escribió un Diccionario de yerbas y plantas medicinales del reino de Valencia que no se publicó y del que quedó un resumen o extracto en la Historia de Valencia, de Escolano.

Al principio del vídeo me he preguntado qué tenía que ver nuestro personaje con un producto comercial. Se trata de esto que sin duda ya conocerán: un endulzante a base de un producto obtenido de una planta llamada Estevia. En realidad esta planta recibe el nombre de Stevia rebaudiana Bertoni. Pertenece a la familia de las Asteráceas, género Stevia.

El nombre de Stevia lo puso un célebre botánico valenciano que conocerán: Antonio José Cavanilles (1745-1804). Lo podemos ver en una copia digital de la Biblioteca del CSIC de sus Icones et descriptiones plantarum. El detalle lo hallamos en la descripción que se encuentra en las páginas 32 y 33. Lo puso, pues, en homenaje a Pere Jaume Esteve.

Cavanilles distingue tres especies de las que adjunta lámina: La 354: Estevia saliciforme, la 355: Stevia serrata, la 356: Stevia Pedata. Estas no son, sin embargo, la Estevia “rebaudina”, la edulcorante, que tardaría todavía en llegar. La palabra “rebaudiana” procede de Ovidio Rebaudi que fue el que realizó su primer análisis químico. Por último “Bertoni” viene Moisés Santiago Bertoni, un estudioso de la flora guaraní de finales del siglo XIX que fue quien la identificó. La planta es oriunda de Paraguay y los nativos la utilizaban para endulzar las infusiones de mate y de otras plantas. Su poder edulcorante es muy alto.

Muchos vieron su utilidad después de popularizarse los edulcorantes y ahora la industria alimentaria le está sacando mucho partido. Los resultados de su aclimatación al ambiente mediterráneo son positivos, pero en estos momentos China es su principal productor. Lo que a nosotros nos llega, sin embargo, es un producto procesado que contiene glucósidos del esteviol (Aditivo E-960). Por tanto, aunque se venda como producto natural, no lo es. Su uso fue aprobado por la FDA americana y también por la Comisión Alimentaria y de Sanidad Animal de la Comisión Europea en 2011.

En España no está permitida la venta de las hojas. Como siempre algunos han tratado de convertir a esta planta en “panacea” para los diabéticos. Cuidado con estos temas, todos ellos derivados del abuso de la palabra NATURAL que se la equipara a SIN PELIGRO.

Bueno, ya conocemos quién está detrás del nombre de esta calle.

Bibliografía

Pedro Jaime EsteveNicandri Theriaca: traducción latina en verso (1552). Introducción, edición crítica, traducción y notas de M.T. Santamaría Hernández. Cuenca: Universidad de Castilla-La Mancha, 2018.

López Piñero, J.M. (2010). La Escuela botánica valenciana del Renacimiento. València, Consell Valencià de Cultura, pp. 39-61.

Moisés Santiago Bertoni. En: Wikipedia español. Disponible en: https://es.wikipedia.org/wiki/Mois%C3%A9s_Santiago_Bertoni , Consultado el 15 de octubre de 2019.

Ovidio Rebaudi. En Wikipedia español. Disponible en: https://es.wikipedia.org/wiki/Ovidio_Rebaudi , Consultado el 15 de octubre de 2019.

Santamaría Hernández, María Teresa (2012), “Esteve, Pedro Jaime”, en Diccionario biográfico y bibliográfico del humanismo español (siglos XV-XVII). Madrid, Ediciones Clásicas, pp. 287-290.

Homenaje de los estudiantes de medicina de Valencia a Jaime Ferrán (1918)

Hemos abierto un nuevo videoblog en Youtube, “Medicina, historia y sociedad“, que pretende ser un complemento de éste blog. Esto implica bastante trabajo: guión, grabación, postproducción, etc., máxime cuando solo una persona se encarga de ello, como sucede con los canales de mayor éxito de Youtube. Se pretende realizar un nuevo vídeo cada dos o tres semanas si recibe un mínimo apoyo “moral” de los visitantes.

El vídeo inaugural pretende contar el homenaje que los estudiantes de medicina de Valencia dedicaron a Jaime Ferrán en el marco de la Primera Asamblea Médica Regional Valenciana. El motivo: agradecer a Ferrán haber aplicado por primera vez en el mundo su vacuna contra el el cólera morbo asiático en la epidemia que sufrió Valencia en 1885.

El acto se celebró el día 16 sobre las 12,30 h. En la prensa de entonces se puede leer:

«Abrían la marcha la guardia municipal de caballería en traje de gala, las banderas de todos los centros docentes acompañadas de los respectivos alumnos; seguían los municipios de Alcira y Valencia en corporación, llevando el síndico de la primera de las citadas poblaciones la bandera de la ciudad.

La presidencia la formaban…..

El homenaje consistía, como es sabido, en descubrir una lápida dedicada al ilustre bacteriólogo, en el año 1885 y su estudio sobre el remedio de la terrible enfermedad del cólera, que tantos estragos causaba.

La comitiva se detuvo frente a la casa número 25 de la calle de Pascual y Genís, donde por primera vez se hicieron inoculaciones del suero anticolérico. Allí se había  construido un tablado, al que subieron las autoridades y comisiones oficiales.

Don Ramón Such, alumno de quinto curso de la facultad de medicina, leyó unas cuartillas haciendo una acertadísimo bosquejo de la personalidad científica de Ferrán, y el secretario del Ayuntamiento señor Jiménez Valdivieso, dio lectura al siguiente siguiente telefonema: 

“Imposible estar en Valencia en estos momentos; estoy de Valencia enamorado y agradecido; ruégole, como representante pueblo valenciano, ensalce nombres inolvidables a Amalio Gimeno, Ángel Pulido, Manuel Candela como representantes clase médica época 85. Sin la generosidad y la conjunción de ese pueblo admirable no hubieran sido posibles demostración vacuna anti colérica. Ruégole en mi nombre un vibrante ¡viva valencia! – Jaime Ferrán….»

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Casa de la calle de Pascual y Genís donde se colocó la lápida

Leyó después el profesor Manuel Candela una carta que le había remitido Ferrán. Intervino a continuación el alcalde de Alzira recordando la actitud de sus habitantes que depositaron toda su fe y confianza en Ferrán para experimentar su vacuna. Fue el alcalde de Valencia quien cerró el acto excitando a la juventud de Valencia a seguir los pasos marcados por Jaime Ferrán. A los acordes de himno de la Exposición (hoy el himno regional) se descubrió la lápida conmemorativa que todavía se puede ver en la actualidad.

En Las Provincias del día 19 se recoge el agradecimiento de los estudiantes a las autoridades e instituciones que participaron en el acto: el alcalde de Valencia, el gobernador civil, el capitán general, el presidente de la Asamblea médica Peset Aleixandre (“amable y pródigo maestro a quien tanto debemos”), al rector Rafael Pastor, a los directores de los diferentes centros docentes, al alcalde de Alzira y a todos los estudiantes que se sumaron al homenaje. Firmaban la carta en representación de los estudiantes, M. Such y M. Gómez.

No olvidemos que se celebró en 1918. Quizás se habían presentado los primeros casos de la terrible epidemia de gripe que afectó a todo el mundo. Unos meses más tarde, en octubre, Ferrán vino a Valencia para trabajar en el Laboratorio Bacteriológico Provincial con Peset, Rincón de Arellano (del Laboratorio militar) y Pablo Colvée (del Laboratorio Municipal).

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Placa conmemorativa dedicada a Jaime Ferrán que se colocó en la calle de Pascual y Genís. Fue una iniciativa de los estudiantes de medicina de Valencia.

Bibliografía
–En honor del Dr. Ferrán. Las Provincias, 17 de marzo de 1918, p. 1.
–En honor del ilustre Dr. Ferrán. El Pueblo, 17 de marzo de 1918, p. 1
–El homenaje a Ferrán. Las Provincias, 19 de marzo de 1918, p. 4
–El Dr. Ferrán en Valencia. Las Provincias, 29 de octubre de 1918, p. 1
–Guijarro, F.G. Descubrimiento de la lápida dedicada al Dr. Jaime Ferrán. Oro de ley, nº 82, 24 de marzo de 1918, p. 160

Juan B. Aguilar y Lara (1848-1885)

Se ha incluido una nueva biografía en la sección de biografías y epónimos de historiadelamedicina.org. Se trata de Juan Bautista Aguilar y Lara (1848-1885).

Fue uno de los renovadores de la medicina en Valencia durante la restauración. Introdujo la llamada “medicina de laboratorio” junto con otros médicos destacados como Peregrín Casanova, Amalio Gimeno Cabañas, Santiago Ramón y Cajal, José Crous Casellas, Julio Magraner Mariñas, Francisco Moliner Nicolás, Francisco de Paula Campá Porta, Manuel Candela Pla, Enrique Ferrer Viñerta y Constantino Gómez Reig.

También fue uno de los fundadores y directores de la revista La Crónica Médica. Escribió unos Cuadros sinóptico-descriptivos de fisiología humana (1882) que demuestran su asimilación de la obra de Claude Bernard, y Lister y Guerin. La Cirugía antiséptica (1882), en el que resume cómo se introdujo la antisepsia en Valencia y los procedimientos utilizados.

Tradujo varias obras: el Compendio de fisiología humana (1877) del alemán Ludwig Julius Budge (1811-1888), el Manual de Obstetricia (1877), de Maurice Nielly (1834-1888) o su participación en la versión castellana del conocido Diccionario de medicina de Émile Littré (1801-1881), iniciativa de Amalio Gimeno y que continuó Carreras Sanchis. También tradujo obras no médicas como El materialismo contemporáneo (1877) y El cerebro y el pensamiento (1878) del filósofo francés Paul Janet (1823-1899).

Publicó numerosos artículos de temas variados en diferentes revistas. Quiso ser catedrático de fisiología, de patología medica y de patología quirúrgica sin conseguirlo debido a las numerosas irregularidades y conductas viciadas que entonces eran frecuentes en las oposiciones.

Fue profesor clínico y auxiliar de cátedra. Estuvo en el servicio de patología quirúrgica de Enrique Ferrer Viñerta y mantuvo una consulta privada de prestigio. Fue también miembro del Instituto Médico Valenciano. Murió muy joven, a la edad de 38 años.

Su hermano Pascual Aguilar se estableció como librero en la calle Caballeros. Publicó mucho gracias a que supo mantener buenas relaciones con los sectores ideológicos del liberalismo de la ciudad. La edición de obras médicas supuso también un gran soporte para el negocio. De gran éxito fue la “Biblioteca selecta” que incluyó volúmenes de unas doscientas páginas a una precio asequible y que gozó de una excelente distribución por el país y ultramar.

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Amputación de una pierna practicada por Enrique Ferrer Viñerta (segundo de izquierda a derecha), con el método de Lister. Grabado de Heliodoro Payá (1882) del libro de Aguilar y Lara Lister y Guerin, La Cirugía antiséptica (1882)

Interesante carta de Orfila a su padre sobre la enseñanza de la Medicina en Valencia

La lectura de esta carta de Orfila de 17 de agosto de 1805 a su padre, me ha llamado la atención porque refleja muy bien la situación de la enseñanza universitaria en la España de principios del siglo XIX y en concreto en Valencia. La he encontrado publicada en castellano en La Vanguardia en 1906 por J. Fabré y Oliver. Aunque reproducida en otros lugares total o parcialmente, como fue escrita o traducida, quiero incluirla en este blog. Fabré dice que la misiva fue hallada en 1877 en la casa pairal de los Orfila en Mahón. Vea el lector si Orfila exagera algo o no, valore su edad, el mes en que fue escrita… Tras su lectura uno parece escuchar ¡Sáquenme de aquí!

«Estimado padre. Tengo extendido el certificado del premio y está ya legalizado por tres notarios; es muy honorífico y comprende el mérito de Química y Botánica, aunque de esta última no haya tenido premio, pero dijo el rector que viendo que los otros dos opositores de Química no querían contender conmigo, no se verificarían ejercicios, pues caballo que corre, siendo único, gana seguramente; y que ya veía se retraían ellos por acobardados y que, por consiguiente, se me concedían los honores como si hubiera luchado…

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En la carta de usted de 18 de julio próximo pasado me decía: Mateo, en vista de que este diario ha hecho anuncio en ésta de tus talentos (si lo que dicen es verdad), opinan muchas personas que yerras en cursar Medicina, y dicen que tú serías un gran abogado, si estudiaras, etc., etc.; á ello me dice conteste, y digo: no tengo inconveniente en serlo, antes bien tendré en ello gran gusto, pues la causa de no hallarme inclinado á esto, desde el principio, fueron mis pocos años. Pero dejemos esto ahora.

Usted sabe que D. Hernández me aseguró que la Universidad de Valencia era la mejor de España, y quizás de Europa. Yo, como un cándido, lo creí. ¡Ah padre!, sólo tengo valor para decirle que prefiero antes morir que permanecer diez días más en esta Universidad; antes sería zapatero, sastre, tejedor, ¡que! mejor morir de hambre que quedarme perdiendo mi juventud entre bárbaros, como los que aquí habitan. En esta Universidad, en la cual hemos sacado el cómputo otros y yo, en la que se dan de 55 á 56 clases anuales, y si no cuente: desde 10 de mayo hasta el 4 de noviembre que tiene las puertas cerradas; quite un mes por Navidad, quite un mes de Pascuas, quite quince días por Carnaval, descuente los jueves, fiestas de misa y de precepto, todos los días fríos y lluviosos, y verá lo que queda del año; los días de escuela dura ésta tres cuartos de hora á lo más; unos fuman, otros hablan, otros cantan y los maestros aspiran á que los estudiantes queden tan asnos como son ellos; la lección es una pequeña hoja, y á veces se repite tres ó cuatro días, porque la mayoría no la aprende: el autor aceptado es de lo más indigno que se ha escrito y la causa es porque es fácil, pues si fuese difícil no sabrían explicarlo, y esto no les tiene cuenta: los catedráticos, todos, desde el primero al último, son unos pedantones, como sabe España entera, que no saben más que liar cigarros y fu-mar, visitar, si se ofrece, pues de otro modo morirían de hambre, porque la Universidad no les renta lo preciso para merendar; con todas estas circunstancias nos quedamos nosotros, infelices, sin aprender palabra. Usted me dirá: aprende en las casas particulares, pero ¿de qué modo si ninguno de los que pretenden enseñar sabe?

Si es Viñes, es como los demás; y si se les pregunta sobre un punto difícil lo que dicen es: esto ya es cosa superior á lo que permite la proporción que tenemos en esta Universidad para enseñar y aprender. En el ramo de Química he tenido la suerte de estudiar con Cisneros, permaneciendo con él casi todo el día, aprendiendo con la gran fatiga que me cuesta. Pues sepa usted (aunque está mal que yo lo diga, pero es preciso) que los mismos catedráticos y mi propio catedrático están todavía instándome y rogándome para que les enseñe. ¡No me ha de causar esto un dolor considerar que un muchacho tenga que ir á aprender donde están tan atrasados! Cisneros es sujeto razonable é instruido y puede informar respecto á esta Universidad. ¿Por qué ha huido Hernández de esta Universidad? para no tratar con borricos; lo sé, pues públicamente lo decía á todos. ¡Ah, Hernández, seductor, como me engañaste para tus fines particulares! pero lee esta carta y mudarás de color; lee indigno. Duran los cursos 6 años, y dicen que son indispensables para aprender lo que so enseña: dije un día á los 3 catedráticos más antiguos (tan burros como los jóvenes): «Si yo en 10 meses no aprendiese lo que ustedes enseñan en 6 años, me dejaría cortar los miembros más interesantes del cuerpo; lo que sois aquí muy tardos y no hay quien haya estudiado jamás una hora seguida, y por ello todo os parece imposible. En el ramo de Anatomía (que es lo que debería estudiar el año próximo) he estudiado por mí mismo, sin profesor (pues aquí si algo quiere aprenderse debe ser por propio esfuerzo), lo tratado con algunos catedráticos hablándoles de dicha ¡ Anatomía, ¿y qué han sabido contestar? Higa; pues lléveos el demonio, ignorantes, confesad vuestra estulticia y no permitáis que los jóvenes estudiosos pierdan aquí tan miserablemente el tiempo. Son tan ciertas estas verdades, como es cierto que existe un Dios omnipotente. Pues, ¿quién, en vista de esto, podrá soportar quedarse entre estos bárbaros, gastando dinero en balde? No seré quien lo toque con las manos. Cuando pienso que Pistó, Pons y Climent podrían ser maestros de los de aquí, ¿no me destrozaré las manos á mordiscos? Cuando pienso que en mi acto dijeron todos los catedráticos… Todos nosotros debemos aprender de este joven, y al D. Jhs Boigues le dijeron: De las 60 partes que ha expuesto no conocíamos las 59; padre, ¿todo esto un muchacho de 18 años? ¿No he de estallar? Sí, á todos he dicho: Antes que quedarme aquí 10 días más me tiraré al mar, pues ya no puede llegar á más mi pena. Y por tanto, padre, al contestarme usted á ésta déme orden para partir á cualquier punto menos quedarme en España, pues si desde antiguo somos tenidos por bárbaros, efectivamente lo son todos: no considere obstáculo la guerra, pues con facilidad puedo librarme del enemigo (que con la ayuda de Dios no temo) y si quiere permanezca en España digo á usted dos cosas: la primera que en esta ciudad no ha de ser y la segunda que en donde estuviere no quiero me envié más dinero, pues no puedo consentir deber robarle el dinero sin aprovechamiento. Yo, en este caso, procuraré ganar algo enseñando (con lo cual estoy persuadido ganaré para vivir) y me mantendré de lo que gane; no quiero, repito, robarlo á mis hermanos y por tanto consulte estas verdades y vea lo que resuelva, que yo antes que quedarme aquí seré esclavo en Argel y si el Cielo permite que pueda arrancar las orejas á Hernández, le dejare sin ellas: si no contesta á vuelta de correo (sepa tengo vendido el ajuar) voy á Barcelona á pie, entro en la botica práctica de química, gano dos ó tres pesetas practicando y al menos paso la vida con hombres más instruidos que los de aquí; hombres que dan pruebas de serlo de los cuales habla la Gaceta todos los días por nuevos descubrimientos, cuando los de aquí no saben escribir ni leer; padre, terminemos. No trato de apesararle sino por obligación de revelarle la verdad y procurar mi bien. No hablo de ir á Mahón á estudiar con Juan Pons (cuando deba cursar Medicina), pues usted tendría en ello reparo por cierto asunto; esto es lo único que digo, pues abandóneme si precisa en tal cosa, pues desde quo pienso mejor que antes no he escrito ni pienso escribir aunque varios me han escrito para que escribiese; pero yo me hago el sordo; todo lo cual supondrá usted viendo en el correo que no había cartas y que, por consiguiente mi poca ciencia ha dominado las preocupaciones. Si debo estudiar para abogado (que más me conviene, me gusta y á usted también), de ningún modo puedo quedarme en España, pues en primer lugar se estudian 10 años; en segundo se sigue igual método que en la Medicina; en tercero, las leyes á que están sujetos los abogados de Mahón son distintas de las de España á causa de los varios Reyes que tuvo la isla, y, finalmente, por lo tontos que aquí son, como puede informar el doctor Gabriel Seguí. Por lo que, padre, resuelva, estudiaré con mucho gusto la abogacía, tanto por serme grato como para salir presto de gastos. Ahora, lejos de salir de gastos vamos entrando en ellos, pues, ó tengo que estudiar en París, ó debo ser sastre, ó zapatero, etc. No crea á los que afirman que no se puede actuar en la facultad de Derecho sin estar graduado en España. Vea usted á Uhler. Estudió en Llambías (hombre que no tiene rival en España), se hizo en Italia y se graduó al igual que los demás. Por tanto digo: En esta ciudad no he de permanecer un solo instante, pues está tan fatal que más no cabe. A madre recuerdos y á toda la familia.

Y usted, padre, tiene á su hijo.—Mateo Orfila. P. D…»

Fabré y Oliver sitúa la carta en el siguiente contexto. Dice que en un siglo la enseñanza universitaria en España había cambiado mucho. Recuerda muy brevemente los éxitos que alcanzó Orfila aunque, en nuestro país, –dice– no es una figura popular. Es más, no lo es ningún hombre de ciencia. Aquí –señala– se escribe y se ensalza a toreros, políticos, cómicos y dramaturgos. La prensa, si quiere tener una función más educativa, debe dedicar espacio a las personas de ciencia como Cajal.

Piense ahora el lector lo que sucede en la actualidad en los medios de comunicación.

Francisco Villanueva Esteve (1857-1915)

Se ha insertado en la sección de Epónimos y biografías médicas del sitio web historiadelamedicina.org, la de Francisco Villanueva Esteve (1857-1915).

Se trata de uno de tantos médicos que no destacó en su época ni en el mundo de la docencia ni en el de la investigación. Cuando terminó sus estudios de licenciatura en Valencia y de doctorado en Madrid,  estableció una consulta privada que poco a poco fue ganando en prestigio y clientes.

Pronto ingresó en el Instituto Médico Valenciano donde ocupó diversos cargos, la mayoría relacionados con aspectos de la Higiene. Fue también académico de la Real Academia de Medicina de Valencia y miembro del Cuerpo Municipal de Sanidad por oposición. En todas las instituciones desarrolló una intensa labor y ocupó cargos de responsabilidad.

Francisco Villanueva falleció en Valencia en 1915 después de que uno de sus enfermos le disparara por no estar conforme con el diagnóstico, aunque parece que lo hizo teniendo sus facultades mentales alteradas. Después se suicidó. Salvando las distancias y los contextos, quizás pueda considerarse este caso de agresión a un médico como uno de los primeros sucedidos en Valencia, tema que hoy está de plena actualidad.

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Francisco Villanueva Esteve (1857-1915)

La Historia Natural en el Instituto Luis Vives: Exposición

Como indica el díptico de la exposición La Història Natural a l’Institut Lluís Vives, los institutos de segunda enseñanza tenían una actividad mucho más diversa que en la actualidad. Aparte de centros docentes, en ellos se realizaba también investigación y difusión de conocimientos. En muchas ocasiones tenían excelentes profesores que publicaban y eran conocidos por su participación en otras instituciones docentes, científicas y literarias.

El caso del Lluís Vives, de Valencia, es muy especial. Como tal siempre ha gozado de tradición y fama. Su nombre (era conocido como el Instiuto de Valencia) y el de muchos de sus profesores aparece siempre en las actas y memorias de la Universitat de València, Instituto Médico Valenciano, Ateneo científico, artístico y literario de Valencia, Sociedad Económica de Amigos del País, etc. Por supuesto, también en la prensa especializada y la diaria de la época.

El Lluís Vives destacó en el campo de la Historia Natural. Contó con un Museo con importantes colecciones, un laboratorio dedicado al estudio de la ecología de aguas dulces y una revista propia: los Anales del Instituto. En los mismos llegaron a publicarse numerosos artículos de gran valor científico que llegaron a ser apreciados y valorados internacionalmente.

Las cosas cambiaron significativamente durante la segunda mitad del siglo XX para estas instituciones, especialmente en lo que se refiere a museos, colecciones, publicaciones e investigación. En muchas ocasiones se han perdido, en otras se han estropeado sin posible recuperación, en el mejor de los casos se han mantenido bajo mínimos o por el voluntarismo de algunas personas.

Esta exposición pretende mostrar lo que fue el Lluís Vives a través de sus objetos, modelos docentes, especímenes, preparaciones, mapas, fotografías, publicaciones, etc. Cumple su objeto de reflejar perfectamente una etapa “más gloriosa” para Valencia.

Al visitante pudiera parecerle pequeña porque se diferencia de las demás. Han proliferado demasiado las exposiciones a base de paneles y fotografías que carecen de interés y que en la época de Internet son sustituibles perfectamente por páginas web que cualquier persona del mundo puede consultar sin moverse de su casa. Es necesario prescindir de exposiciones absurdas y concentrar esfuerzos y dinero en unas pocas que estén justificadas, que tengan calidad, que sorprendan al visitante, que muestren objetos, instrumentos, imágenes, fotografías, manuscritos, cartas, libros… originales.

La sala grande del Palacio Cerveró hubiera sido más adecuada y se hubieran podido exhibir más materiales. También sería una buena ocasión para explicar al público en general en qué condiciones se encuentran estas colecciones y qué hacen las instituciones para preservarlas, porque mucho hablar de “conservar el patrimonio”, pero la realidad es muy diferente.

La Exposición está instalada en el Palau Cerveró, sede del Instituto de Historia de la Medicina y de la Ciencia, de la Universitat de València. Permanecerá abierta hasta el día 24 de abril de 2015.

Enhorabuena a los comisarios y organizadores.

José L. Fresquet, Universitat de València, España

 

Díptico de la Exposición "La Historia Natural en el Instituto Luis Vives"

Manuel Candela y Pla (1847-1919)

Se ha añadido una nueva biografía en historiadelamedicina.org en la sección Epónimos y biografías médicas, la de Manuel Candela y Pla (1847-1919).

Manuel Candela y Pla representa a la generación renovadora en lo científico y en lo social que desarrolló su obra en Valencia durante la Restauración y los primeros años del siglo XX. Seguidor del evolucionismo darwinista, la medicina de laboratorio, la naciente microbiología y la nueva cirugía propiciada por la antisepsia y la asepsia, fue catedrático de tocoginecología de la Universitat de València.

Candela impulso y creó varias revistas médicas: El Progreso ginecológico y pediatra, La Crónica Médica, los Anales del Instituto Candela y los Anales del Instituto Médico Valenciano.En todas ellas y en otras de carácter nacional publicó decenas de artículos.

Dirigió el Instituto Médico Valenciano y fue miembro de sociedades científicas y culturales de la ciudad de Valencia. Creó un Instituto ginecológico en el lugar que hoy ocupa el hospital Casa Salud, situado en la calle que lleva su nombre. Fue rector de la Universidad en tiempos de revueltas estudiantiles, periodo en el que su compañero de claustro, el conocido Dr. Moliner, le creó no pocos problemas. Algunos de sus discursos reivindicativos siguen hoy tan vigentes como cuando los escribió. La solución a los males de este país —muchos de los cuales siguen de actualidad— estaba para Candela en la educación.

José L. Fresquet, Universitat de València, España

Manuel Candela y Pla (1847-1919) en web
Manuel Candela y Pla (1847-1919) en pdf

Manuel Candela y Pla. Imagen procedente de la Galería de retratos de los rectores de la Universitat de València
Manuel Candela y Pla. Imagen procedente de la Galería de retratos de los rectores de la Universitat de València