Entrevista a Amalio Gimeno de Jose M. Torrero

En 1913 el periodista José María Carretero Novillo entrevistó a Amalio Gimeno Cabañas para la revista Mundo Gráfico. Tenía 26 años. Había nacido en Montilla en 1887. Estudió en Cabra (Córdoba) y se trasladó a Madrid a los quince años donde trabajó para diarios como el Heraldo de Madrid y la revista Nuevo Mundo, del que llegó a ser director. Más tarde escribió para La Esfera, en la que se popularizó su pseudónimo ‘El caballero audaz’. También llegó a dirigirlo.

Cultivó de forma especial la entrevista o inteviú, como se decía entonces, y también escribió folletines de contenido erótico que alcanzaron mucha popularidad (La bien pagada, La mentira de tu amor, Los celos viven…). Durante la guerra civil y la posguerra fue un convencido propagandista de la facción nacional. Murió en Madrid en 1951.

Entrevistó a personajes tan célebres como Galdós, Albéniz, Blasco Ibañez, Marconi, Margarita Xirgú, Mussolini, Pablo Igleias, Rubén darío, Valle Inclán, Trotski, entre otros muchos . Reunió buena parte de ellas en Galería. Más de cien vidas extraordinarias contadas por sus protagonistas y comentadas, que se publicó en cuatro volúmenes en los años cuarenta.

El interviú que hizo a Amalio Gimeno proporciona bastante información a pesar de que una primera lectura produce sensación de superficialidad. Comienza haciendo referencia a sí mismo comentando los preparativos, pero se cuelan los nombres de cantantes y cupletistas de la época: Fornarina, Mariquita Esparza, Adelita Lulú (nombre artístico de Adela del Barco), Teresita Zazá (Teresa Maravall Torres) y lo más destacable de cada una. Soñaba con una Frankenstein con el cuerpo de la primera, los ojos de la segunda, la gracia de la tercera y la piel de la última, cuando fue despertado por el fotógrafo que lo debía acompañar a hacer la entrevista a Gimeno, entonces ministro de Marina.

Una vez en casa de Amalio Gimeno, nos la describe con unas cuantas frases, lo que permite al lector hacerse rápidamente una idea. Uno de los retratos objeto de sus comentarios es el punto de partida de la entrevista, que se centra en Canalejas y en su relación con el entrevistado. Ya lo ha situado políticamente. De especial interés es la anécdota que cuenta Gimeno de cuando Canalejas fue a inaugurar el Congreso de Higiene.

Sin que el lector se dé cuenta se centra en la figura del entrevistado y proporciona información que hoy resulta interesante. Gimeno no se fue voluntariamente a terminar la carrera a Madrid. Por Salcedo Ginestal sabemos además que éste, Gimeno y Simarro estudiaban juntos y compartían apuntes. En concreto los del curso de clínica quirúrgica que impartía el conservador Enrique Ferrer Viñerta. Es decir, a Gimeno le pasó lo mismo que a Simarro. Sus ideas políticas chocaron con las del catedrático y más tarde rector de la Universidad de Valencia, y se vieron obligados los dos a irse a Madrid. Salcedo, en cambio, terminó sus estudios en Valencia, pero también marchó a la capital para realizar el doctorado, y allí se quedó. La entrevista deja entrever ese punto de orgullo que debía tener Gimeno: “prometí no volver a la Universidad de Valencia hasta que entrase en ella de catedrático”; y así fue.

Después la entrevista se centra en Gimeno como ministro de Marina. Esos días el tema era de actualidad. Desde muchos diarios y revistas, sobre todo republicanas y satíricas, Gimeno fue objeto de críticas y de chistes: ¡Un médico en el ministerio de Marina! Reprobación que Gimeno resuelve perfectamente.

Por último el periodista aporta datos sobre la cambiante situación política del momento: conservadores o liberales. Además, aprovecha para mencionar la belleza de la esposa de Gimeno y la longevidad de su madre.

La entrevista se acompaña de una fotografía de Salazar, el que al principio Torrero llama ‘El rey del magnesio’.


Amalio Gimeno junto a su esposa, su madre y uno de sus nietos

Esta es la entrevista completa:

Nuestros políticos en la intimidad. D. Amalio Gimeno

Soñaba… Soñaba yo con una linda mujercita que danzando a mi alrededor me hacía enloquecer con sus encantos… Los recuerdo bien. Tenía el cuerpo tan gentil y bien modelado como el de Fornarina. Sus ojos eran tan hechiceros y miraban con el mismo candor que los de Mariquita Esparza; hablaba con igual travesura y gracia que Adelita Lulú, y su piel nacarina, sedosa y transparente, como hecha con rosas tempranas, era la misma piel de Teresita Zazá. Pero… El timbre que repiquetea, y una voz ronca de barítono que grita:

—¡Carretero!… ¡Carretero!… Abri los ojos, y ya comprenderéis la decepción que me llevé al encontrarme ante Salazar.

—Pero ¿está usted todavía así? — exclamó, asombrado.

Yo, antes de contestarle me miré idiotamente, para ver en qué estado me encontraba… ¡Metido en el lecho y con un sueño atroz!…

—¡Pero, si son las nueve y D. Amallo nos espera a las nuevo y media — insistió ‘El rey del magnesio’, agobiándome con su sorpresa.

Miré el reloj. Di un salto. ¡Era verdad! ¡las nuevo y cinco!

Como un avión, como una centella, o como el maravilloso Toribio en las películas,  salté del lecho, me bañé, me rasuré la piel, tomé mi ligero yantar, hice provisión de cuartillas y salimos a la calle.

Cuando subimos en el automóvil que nos trasladó a la calle de la Lealtad, 15, eran las nuevo y media en punto.

Piso segundo. Un ayuda de cámara viejecito, pero ágil, con largas patillas, ya blancas, nos dijo con esa paternal afabilidad que emplean los muy ancianos cuando hablan con los muy jóvenes.

—¿Es usted el Sr. Carretero?… Pues, para ustedes sí está; pero para nadie más. Pasen, pasen…

Y atravesamos el recibimiento, donde hay varias copias de Velázquez, hechas por el notable Sorolla, después una magnifica habitación donde lo más notable es un retrato de D. Amalio, empezado y sin terminar por el gran pintor Emilio Sala, y pasamos al despacho del ilustre canalejista. D. Amalio es el reflejo más intenso que dejó D. José Canalejas. Un hijo no se parecería más a su padre. Todo en él recuerda al infortunado D. José. Así, como él nos ha estrechado la mano y la ha traído hacia su pecho en un gesto de amable nobleza, con el cual parece afirmar un compromiso de ferviente amistad, acostumbraba a saludarnos D. Pepe. Después, todo lo mismo: su afabilidad, su llaneza, hasta sus gestos nerviosos…

En el despacho de D. Amallo y en sitio preferente, hay un retrato del noble, del grande amigo. La dedicatoria no puedo ser más sencilla, y sin embargo, en ella es todo alma; Para Amalio, Pepe. ¿Pueden enlazar dos nombres con otras palabras que expresen mayor cariño?…

—Este retrato se lo hicieron al pobre de Canalejas en Valencia, cuando fue con el Rey —me dice D. Amalio, entristecido.

—Eran ustedes unos buenos amigos, ¿verdad?

—¡Oh! Nos queríamos mucho… Muy identificados en todo, nuestro espíritu palpitaba idénticamente… Nuestra amistad empezó el año 86, en que vine por primera vez a las Cortes representando el distrito de Alcira. Al poco tiempo de tratarnos, éramos íntimos. Como dos buenos hermanos, nos confiábamos todo; ¡hasta secretos de familia!… Yo apadriné su boda y él la segunda mía… Yo, que he convivido tanto con aquel hombre, sé lo que valía. ¡No hemos tenido otro! Era el político más completo que se ha conocido…Gran patriota, de una cultura enorme, de una elocuencia, como usted sabe, avasalladora, de una simpatía subyugante, con una preparación para gobernar ¡como nadie! Yo se lo digo á usted: ni Castelar, ni Cánovas, ni Sagasta, ni Silvela fueron tan completos como Canalejas. De su gran talento y de cómo se asimilaba lo que oía, da una idea lo siguiente: Siendo Presidente del Consejo me invitó un día a comer. «Háblame un poco—me dijo durante la comida,—de higiene moderna. Voy a inaugurar esta tarde el Congreso de Higiene y no sé una palabra do esa materia.» Yo, entre plato y plato, le hice sucinta exposición de aparatos y demás de higiene. Pues bien; de allí marchó a inaugurar el Congreso y pronunció el discurso más notable que se ha hecho sobre higiene. Dejó asombrados a todos los congresistas… y a mí de que hubiese una imaginación tan grande.

Seguimos hablando do otras anécdotas de Canalejas y después…

—¿Usted es valenciano?

—No, señor; todo el mundo lo cree eso, pero yo nací en Cartagena. Mi padre era militar como toda mi familia. Yo sentía una irresistible afección por la milicia—y hoy, como lo pasaba al pobre Pepe Canalejas, soy un hombre civil muy militar,—pero mi padre so opuso a que tomara la misma carrera que él y tuve que estudiar en Valencia para médico. Por cierto que por entonces—el año 70—tenía yo veinte años y era un revolucionario furibundo… En todos los mítines donde se pedía la demolición del régimen hablaba yo. Por esto, que no resultaba bien visto en la Universidad, me dieron el único suspenso que tengo en mi carrera. Y le juro a usted ahora a los sesenta y tres años, que aquel ‘cate’ fue injusto. Yo confieso que al pronto me dejó amilanado, pero luego me repuse y prometí no volver a la Universidad de Valencia hasta que entrase en ella de catedrático. A los seis años ganaba por oposición la cátedra de la hermosa capital levantina.

—¿Qué cargos ha ocupado usted en la política?

— Sólo ministro de Instrucción tres veces y ahora de Marina.

— ¿Qué proyectos piensa usted llevar a cabo en su Ministerio?

—Precisamente ayer se aprobó en Consejo el programa naval que se leerá en los primeros días de Cortes. Es una continuación de la gran obra de reconstitución naval iniciada por los conservadores y seguida por los liberales, que como es un asunto de vida nacional, en él colaboran por igual los conservadores y los liberales. El proyecto comprende la creación de la segunda división de la flota… Yo quiero, y las mismas aspiraciones tendrá el que me continúe, que dentro de seis años podamos tener una escuadra, sin alterar en ocho años la cifra con que cuenta el presupuesto de Marina…Y ya que de asuntos de Marina hablamos, le diré a usted que me duele mucho la campaña que algunos periódicos de la extrema izquierda vienen haciendo por que yo, que soy médico, haya sido designado para esta cartera… Me sorprende esta extrañeza y más me sorprendo que parta de los republicanos. Ellos, que para aprender miran a Francia, olvidan que allí casi todos los ministros de Marina fueron hombres civiles: es más, el reorganizador de la Marina francesa fue un médico: Lenasseu.

—Y de política en general ¿qué me dice usted?

—Que vamos a las Cortes el día 25. En el Senado se planteará el problema de nuestro partido… Si el Presidente del Consejo no consigue unirnos en bien del partido liberal, no veo otra solución que cederle el paso a los conservadores,

—¿No cree usted en la posibilidad de un Gabinete García-Prieto, trayendo elementos de la extrema izquierda a la monarquía?

Sonrió D. Amalio.

—No, no lo creo, la verdad. Y todavía charlamos de mil cosas más. Después el ilustre y afabilísimo ministro me hizo la merced de presentarme a su esposa, que es muy bella, y a su madre, venerable anciana de noventa y dos años.

Mundo Gráfico, Año III, nº 103. Miércoles 15 de octubre de 1913

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Entrevista a Amalio Gimeno

Voy a reproducir a continuación una entrevista que hizo Iturmendi, el que a sí mismo se llama Reporter, a Amalio Gimeno Cabañas en el mes de mayo de 1907. Apareció en Las Provincias el 10 de mayo. El texto nos proporciona información sobre la génesis del actual edificio de la Facultad de Medicina de Valencia, de lo que fue Facultad de Ciencias —ahora Rectorado— y del Hospital clínico. Por otro lado, nos acerca un poco a la persona de Amalio Gimeno.

Dos años después, como señalé en un anterior post, se puso la primera piedra. Gimeno no llegó a ver la Facultad terminada porque las obras se demoraron varios lustros.

Hablando con Amalio Gimeno
Las Facultades de Ciencias y Medicina

…Ya en la puerta, a donde la cortesía del ilustre visitado le obligó a acompañarme, exclamó:
—”De esto, por ahora, ni una palabra, que antes de las elecciones aparecería como reclamo… Le suplico guarde silencio sobre ello hasta el lunes…”

Y pasó este día, y el siguiente y el otro, hasta hoy en que el “reporter” va a hacer pública una conversación que el viernes pasado sostuvo con D. Amalio Gimeno. La exquisita delicadeza de este eximio amigo nuestro, nos ha obligado a tener inéditas las manifestaciones con que nos honró… y aún ahora, al insertarlas, lo hacemos con recelo de disgustarle, ya que —perdón— desoímos su ruego de callar, cuanto pudiera parecer elogio.

Habían publicado los periódicos las noticias del resultado del concurso de proyectos para la edificación de las dos Facultades de Ciencias y Medicina y de un Hospital clínico, de la prfesentación de dos proyectos y de la gran impresión que estos habían producido al Sr. Gimeno, y me creí obligado por deberes de información, en cuanto llegase a Valencia el ilustre exministro, a pedirle que me hablase de ese asunto, de tan gran importancia para nuestra ciudad, a fin de que la opinión conociera su verdadero estado y palpase su viviente realidad.

Y al llegar aquí, el “reporter”, discretamente, queda en la penumbra, y deja hablar al exministro y digno representante de nuestra Universidad en Cortes, dejando a un lado cortesías y preámbulos:

—”El edificio que a espaldas del Hospital provincial tiene hace tiempo la Facultad de Medicina, Vd. bien lo sabe, es insuficiente para las necesidades actuales de la enseñanza. Las cátedras no están bien instaladas, falta capacidad a las dependencias, las salas de operaciones carecen de las condiciones exigidas por la cirugía moderna, no hay locales para todos los laboratorios indispensables, consultorios, gabinetes de exploración radiológica, etc., etc.”

Yo asentía con inclinaciones de cabeza a todas estas afirmaciones.

—”La Facultad de Ciencias, que cuenta ya con una sección completa desde 1897, debido a gestiones que hice, está aún peor instalada en la Universidad, habiendo sido preciso improvisar pabellones acristalados, inutilizando parte de la galería, a fin de poder disponer de laboratorios, y el local destinado a cátedras es insuficiente, dado el número de alumnos.

Se imponía la realización de una idea hace tiempo concebida: la de construir un edificio nuevo para alojar las dos Facultades con toda la amplitud conveniente, a semejanza de lo hecho acertadamente en otras capitales de distrito universitario como Zaragoza, Valladolid y Barcelona.

La idea, pues, de construir los edificios para dichas Facultades no es de ahora. Ya hace algunos años, apenas elegido yo por vez primera senador por esta Universidad, se pensó en aprovechar el Jardín Botánico, que quizás hubiera podido trasladarse a otro sitio, a fin de aplicar el importe de la venta del terreno que actualmente ocupa a la compra de solares más baratos para su instalación en unión del edificio necesario a las dos Facultades de Ciencias y Medicina”.

—Sí, sí, recuerdo; pero se tropezó con graves dificultades.

—”Verdaderamente, prosiguió mi interlocutor, y el pensamiento no llegó a tener vida en la realidad. Entre tanto terminaba de construirse la nueva Facultad de Medicina de Barcelona con su Hospital clínico, cuya edificación ha costado al Estado siete millones de pesetas; habíanse levantado antes las de Zaragoza, cuyo importe excedía de la cantidad de cuatro millones, y se destinaban sumas de consideración a reformar la Universidad de Santiago, a la Facultad de Medicina de Madrid, que cuenta desde este año con un Hospital clínico independiente, para el que se ha aprovechado un ala del antiguo Hospital provincial, cedida al Estado por aquella Diputación, etc. etc.

¿Pero qué remedio? Habíamos de tener paciencia y esperar ocasión a que la influencia de nuestra ciudad pesara bastante para realizar obra tan necesaria. Y así las cosas, fui llamado a los Consejos de la Corona, ocupando el Departamento de Instrucción pública. Ni tardo, ni perezoso, al día siguiente de tomar posesión, llamé a uno de los arquitectos del ministerio, al Sr. Zabala, y le encargué inmediatamente por real orden la misión de venir a Valencia, y ponerse de acuerdo con el rector, decanos de las Facultades interesadas, y Ayuntamiento y Diputación, para estudiar el modo de contar con el solar necesario. Todos me ayudaron con entusiasmo en aquella ocasión; El Dr. Machí; el alcalde entonces Sr. Sanchís Bergón, antiguo discípulo mío; otros cocejales celosos, como el Dr. Aguilar, a quién tambiéntuve el honor de hace años de contar entre mis alumnos, y el presidente que era de la Diputación Sr. Santonja.

Hubo dificultades que pudieron vencerse al cabo, y en el mes de octubre tuve la satisfacción de recibir el acta de las dos corporaciones populares valencianas, ofreciendo al Estado un extenso solar, situado detrás de la Alameda, junto a los huertos de la condesa de Ripalda, y en el arranque del hermoso paseo o calle que ha de conducir al mar.

En el acto hice que dicho documento sirviera de base al expediente para la edificación de las dos Facultades de Ciencias y Medicina y de un Hospital clínico a costa del Estado, y anuncié concurso de proyectos con seis meses de plazo y dentro de las condiciones que debiera exigirse a edificios dedicados a enseñanza experimentales en nuestros tiempos. El plazo ha terminado hace pocos días, y durante él sólo se han presentado dos proyectos: uno del Sr. Oriol, fechado en Barcelona, y otro del Sr. Ferriol, firmado en Madrid. Los dos tienen un presupuesto próximo a cuatro millones y medio de pesetas.

—Dijo la prensa que ha visto Vd. los proyectos.

—”Verlos, sí; pero no he tenido tiempo para hacer un examen detenido de ellos. La primera impresión que pudo darme el otro día una rápida ojeada en los planos expuestos en uno de los patios cubiertos del ministerio de Instrucción pública, fue satisfactoria. La disposición de los edificios, especialmente el destinado al Hospital clínico, está pensado y calculado, de acuerdo con lo que la enseñanza y la higiene aconsejan; las exigencias de todo orden están atendidas en lo que se refiere a cátedras, anfiteatros, laboratorios, Museos, gabinetes, biblioteca, salas de profesores, galerías, salón de actos, observatorios meteorológico y astronómico, capilla, salas de operaciones, enfermerías, departamento de infecciosos, etc., etc. Quizás alguno de los proyectos peque de sobrado monumental”.

—Y ahora…
—”Ya sé lo que Vd. quiere preguntarme. Ahora pasarán los proyectos a informe de la junta de construcciones civiles, y una vez aprobado aquel de los dos proyectos que lo merezca, se habrá dado el primer paso de importancia. Yo trabajaré con el mismo entusiasmo con que hasta aquí he perseguido la realización de este empeño, a fin de que la inauguración de las obras no se demore, y espero que en lo sucesivo me ayuden en esta tarea todos los representantes de la provincia en el Congreso y en el Senado, animados del amor a la enseñanza y con todo el celo que el prestigio de nuestra antigua Universidad requiere”.

He aquí, lector, lo que hablamos en aquella visita, y que muy a pesar mío, y no sin grandes violencias, he venido callando algunos días, tortura durísima para un “reporter” que cifra todas sus ilusiones en acortar, en suprimir si fuera posible, el lazo entre las fuentes de información y el público.

Iturmendi

Facultad de Ciencias y Facultad de Medicina, de Valencia, en una imagen de mediados de los años cincuenta.

Proyecto de investigación HAR2008-04023 (La Medicina a través de la prensa diaria: El Imparcial y Las Provincias, 1898-1930)

Aportaciones de Amalio Gimeno como ministro de Instrucción pública

A continuación voy a reproducir un texto que se publicó en La Crónica Médica y en Las Provincias de 25 de febrero de 1907 en el que se hace balance de la primera etapa de Amalio Gimeno como ministro de Instrucción pública. Después, entre el 3 de abril de 1911 y el 12 de marzo de 1912, volvió a ocupar la cartera. En los mismos se recogen importantes aportaciones relativas al país y a Valencia que a menudo se olvidan. Quizás haya llegado el momento de recuperar este tipo de informaciones.

«El Dr. D. A. Gimeno y su balance en Instrucción pública
Ya vuelve a estar con nosotros. Ya casi podemos tutearle. Nuestro querido amigo y compañero ha dejado de ser ministro de Instrucción pública, y se ha reintegrado a sus patrios lares, en donde será de nuevo el regocijo de su familia, la satisfacción de sus amigos, el consuelo de sus clientes y la alegría de su biblioteca, en donde las horas de estudio, y el oejeo de sus libros, y la nota y el apunte para sus trabajos científicos sucederán a la vida agitada, a la preocupación de la ‘res publica’, a las citas cronométricas, a las recepciones oficiales, a las responsabilidades parlamentarias, y sobre todas estas ‘minucias’, a aquella avalancha incalculable de recomendaciones de todas clases que amargan a cada momento las dulzuras de la vida ministerial.

Cuando el Dr. Gimeno fue llamado a los Consejos, ocupando el departamento de Instrucción pública para el que fue solicitado por sus amigos políticos y por la opinión del país, la España intelectual en masa aclamó como el escogido entre los mejores, y nosotros saludamos su advenimiento como una esperanza legítima para la patria. ¡Pero cuán fugaces son las glorias humanas en la vida ministerial de este país!

Desde el 10 de julio al 24 de enero, distribuido en dos etapas ministeriales, siquiera el interregno fuera de breves horas, y siempre combatida la labor ministerial por los descontentos e impacientes de la política, siempre los adversarios minando el terreno que pisan los ministros, siempre la fatídica palabra ‘crisis’ siendo como el ‘Mane Thecel Phanes’ del banquete Babilónico… ¡Qué plan ni qué pensamiento educativo de un país puede desarrollarse en estas circunstancias, siquiera el que hubiera de ponerlo en acción tuviera los arrestos intelectuales del amigo Gimeno?

Y sin embargo, hay que rendirnos a la evidencia; la gestión ministerial de nuestro compañero ha superado a toda previsión o esperanza.

Percatado nuestro ministro de que el problema pedagógico en España debía comenzarse a resolver por la primera enseñanza, inició sus reformas en las Normales de maestros y fundó de un solo golpe 222 escuelas, pagadas directamente por el Estado, con una nueva preparación para los maestros; ha aumentado a 555.000 pesetas la raquítica suma de 120.000 que había antes consignada para la construcción de edificios escolares, dejando así en los presupuestos una semilla fecunda de progreso escolar por nadie igualada desde Claudio Moyano hasta nuestros días.

Él hizo votar 30.000 pesetas para pensiones en el extranjero, organizando este servicio como no lo ha estado nunca, y por primera vez ha llevado al articulado de la ley de Presupuestos el aumento de sueldo de catedráticos, mediante la transformación de los derechos de exámenes, mejora que por la oposición de los conservadores, y especialmente del actual ministro Rodríguez Sampedro, no pudo ya sacar adelante en los últimos y ya angustiosos momentos de su discusión en el Senado.

La creación por real decreto de una Junta para el fomento de la educación nacional y otra no menos interesante para ampliación de investigaciones y estudios científicos, cuyo personal idóneo y competentísimo ha de ser la mejor garantía de su éxito, y la institución de la Caja para investigaciones científicas, que ha merecido el elogio de propios y de extraños, ¿no son datos elocuentísimos de una intensa labor del ministro sazonada con el jugo cerebral, producto de madurísimos estudios, que han abierto nuevos derroteros a la Instrucción pública en España?

Y no se diga de la predilección con que el eximio senador por esta Universidad ha correspondido a la confianza que este claustro tiene en él depositada.

No hace muchos años, el claustro de esta Universidad estaba exclusivamente reducido a las Facultades de Derecho y Medicina. Obra suya fue, por su mediación con su íntimo amigo el entonces ministro de Hacienda, el Sr. Canalejas, la creación de una Facultad de Ciencias de nueva planta, en su sección de Ciencias físico-químicas hasta la licenciatura inclusive, y poderosamente influyó también en la creación de la Escuela de Comercio cerca del ministro del ramo, Sr. Romanones, y durante su gestión ministerial él ha llevado a los presupuestos del Estado el mantenimiento de la Facultad de Letras, y de una sola plumada ha incluido en los mismos presupuestos toda una Escuela Superior de Industrias que no existía.

Las subvenciones con créditos del departamento de Instrucción pública a la ‘Enseñanza de la mujer’ en esta capital, a la Escuela de Sordomudos, a las Escuelas de Artesanos y a las de Cullera, ¿no son testimonios inequívocos de su amor por las cosas de Valencia? ¿Y su denodado esfuerzo y su decidido empeño, escasamente secundado por cierto, excepción hecha del entonces alcalde de esta ciudad, Dr. Sanchís Bergón, por conseguir terrenos en esta ciudad para construir un soberbio palacio que costara cuatro millones de pesetas al Estado, con destino a las Facultades de Medicina y de Ciencias, llevando a la ‘Gaceta’ el real decreto del concurso de planos arquitectónicos que dentro de poco terminará, no son datos irrecusables de patriotismo regional?

¿Hubo alguien que hiciera más o mejor en pro de los intereses generales del país en el ramo de enseñanza y de los locales de Valencia, siendo acusado por esta predilección por un diputado que intentó argüirle diciendo que como ministro no se había acordado más que de que era valenciano y médico…?

¡Lástima grande que la inestabilidad de los gobiernos de este país, no hayan permitido al doctor Gimeno desarrollar sus vastos planes de enseñanza y su bien meditado estudio de educación nacional!

Ello no obstante, esté tranquilo nuestro buen amigo, que partidarios y adversarios suyos han de reconocerle siempre el mérito de su labor ministerial; y cuando allá en el fondo de su alma quiera hacer apelaciones a sus recuerdos de seis meses al frente de la Instrucción pública en España, por encima de los contratiempos y luchas sostenidas en tan ardua empresa, flotará siempre la satisfacción del deber cumplido, que es el mejor galardón de los grandes espíritus y de las conciencias honradas».

M.C.
[Crónica Médica] y Las Provincias 25 de febrero de 1907, p. 1.

Proyecto de investigación HAR2008-04023 (La Medicina a través de la prensa diaria: El Imparcial y Las Provincias, 1898-1930)

Noticias sobre Amalio Gimeno en ‘La Ilustración Española y Americana’

Inserto la transcripción de dos noticias aparecidas en La Ilustración Española y Americana, que pueden ser de interés.

Ingreso en la Academia de San Fernando de Amalio Gimeno Cabañas
La Ilustración Española y Americana, 30 de junio de 1916, pp. 3 y 4

Don Amalio Gimeno utilizó su puesto en la política para trabajar por la enseñanza y la cultura patrias, como lo demostraron su paso por el ministerio de Instrucción pública y Bellas Artes, en los Gabinetes de López Domínguez, del marqués de la Vega de Armijo y del infortunado D.José Canalejas. A él se debe la creación del Curso normal, luego convertido en Escuela Superior de Estudios
del Magisterio, déla Junta para ampliación de estudios é investigaciones científicas, de la Inspección médica escolar y de las Bibliotecaí populares.

Como ministro de Marina, es autor del proyecto de Escuadra y Bases navales, que mereció la general aprobación y el aplauso de los técnicos y de nuestros marinos.

Este nuevo académico de la de Bellas Artes de San Fernando, lo es ya de la Real de Medicina, y posee la Encomienda de Isabel la Católica, y las grandes cruces de Alfonso XII, Carlos III y Mérito Naval, y varias grandes cruces y Órdenes extranjeras, y en la actualidad desempeña la cartera de Estado, para cuyo elevado puesto ha sido nombrado en las difíciles y delicadas circunstancias presentes.

Siluetas de Personalidades ilustres: Don Amalio Gimeno
La Ilustración Española y Americana
, 8 de marzo de 1919, pp. 132-133

Entre las más poderosas mentalidades que avaloran la intelectualidad española contemporánea irradia su luz
propia la resallante personalidad del Excmo. Sr. D. Amalio Gimeno y Cabañas, hombre de ciencia respetadísimo, cuya sólida autoridad aquilató en brillante actuación de clínico y de publicista; dibujante meritísimo, faceta ésta eclipsada por el esplendente fulgor de las otras de su proteico talento, pero que bastaría por si sola para dar noble realce a toda una vida, y, político insigne de verbo ateniense y preparación vasta y profunda que patentizó luminosamente lo mismo en el Parlamento que en los diversos departamentos ministeriales por él regentados.

Don Amalio Gimeno y Cabañas nació en el año 1857 [?], en Cartageaa, donde estaba de guarnición su señor padre, pundonoroso militar, trasladándose aún muy niño a Valencia, de donde era su familia.

En la Atenas del Mediterráneo cursó los estudios de primera y segunda enseñanza, dando comienzo a los de Medicina, que terminó en 1872 en la Facultad de San Carlos, de Madrid. Su hoja de estudios, brillantísima, fué coronada al graduarse de doctor, en 1874, con el premio extraordinario.

Su ardiente vocación por el sacerdocio médico le llevó, en 1873, a ocupar la plaza de médico titular en Puzol (Valencia), en cuyo lindo pueblo no dejó anquilosar sus alas por el aletargador ambiente rural, que tantas inteligencias malogró, y, simultaneando los enfermos con los libros estudió sañudamente, obteniendo, en 1875, en reñidas oposiciones, el cargo de catedrático de la Facultad de Medicina en la Universidad de Santiago, de la que pasó a la de Valladolid y más tarde a la de Valencia hasta llegar a la de Madrid en la que explica actualmente la cátedra de Patología general.

No fué nuestro ilustre biografiado de aquellos que ya en la Capua del profesorado piensan sólo en vegetar. El éxito le alentó, y también por depuradora oposición alcanzó una plaza de médico director de baños, que hoy le lleva a dirigir el importantísimo balneario de Cestona.

En tanto escalaba con propios méritos estas cumbres, iba tejiendo una labor científica notabilísima con incalculable número de discursos, opúsculos y obras rreferidas a cuestiones de Medicina, cuya enumeración daria inusitada extensión a estas breves notas tomadas a vuela pluma, por lo que mencionaremos sólo sus magistrales obras Patología general y Tratado de Terapéutica, cuya segunda obra fué adoptada como texto en todas las Universidades españolas y en muchas de la América latina.

Lugar culminante de su vida profesional ocupa la campaña que realizó en 1885 en defensa de las inoculaciones anticoléricas del doctor Ferrán. Asiduo y entusiasta colaborador de éste en sus trabajos de laboratorio fué más tarde elocuente expositor de sus teorías y puso su actividad y su palabra al servicio de la idea que encarnaba difundiéndola en Academias, Sociedades y Centros de cultura de todo género, entre ellos el Ateneo de Madrid, donde dio varias notabilísimas conferencias ensalzando los procedimientos por él preconizados, que entonces parecieron a muchos erróneos y que hoy han sido universalmente confirmados. En colaboración del doctor Ferrán redactó las notas presentadas a la Academia de Medicina de París, y el libro La inoculación anticolérica que con posterioridad se tradujo al francés.

Su actuación en la Medicina universal abunda en hechos importalísimos: En 1891 ostentó la representación del Gobierno de España en Berlín, con motivo del descubrimiento de la tubercuiina de Koch. En 1894 obtuvo la Delegación en la Conferencia Internacional de París sobre profilaxis del cólera a consecuencia de las peregrinaciones a la Meca, siendo digno de mención el hecho de ser el doctor D. Amalio Gimeno el primer médico español nombrado plenipotenciario. El mismo año asistió con igual carácter de delegado especial de España al Congreso internacional de Higiene celebrado en Budapest, y entre otros honrosísimos actos, organizó, como secretario general, en 1898, el IX Congreso Internacional de Higiene y Demografía que se celebró en Madrid.

Son numerosas las Academias y Sociedades nacionales y extanjeras que se honran contando en su seno al doctor Gimeno; entre ellas la Real Academia de Medicina, en cuya solemne recepción leyó su admirable discurso «La lucha contra la vejez». De la de Bellas Artes de San Fernando es también académico de número.

Con ser tan abrumadora la actividad desplegada en el campo de la Medicina, no soló se agotó las energías de su privilegiado talante, sino que éste dio y está dando en el sector de la política óptimos frutos.

Don Amalio Ciimeno y Cabanas fué elegido en 1886 diputado a Cortes por Alcira (Valencia), dejando poco después este cargo por el de senador por la Universidad valentina, en el que fué reelegido ocho veces, hasta su nombramiento de senador vitalicio.

Sus excepcionales facultades de hombre cultísimo y decidido campeón de la enseñanza quedaron demostradas en el desempeño del cargo de ministro de Instrucción pública y Bellas Artes, para el que fué designado en julio de 1906 hasta fin de noviembre, en el Gabinete de López Domínguez; y en diciembre del mismo año hasta fin de enero de 1907 en el del Marqués de la Vega de Armijo. Creó entonces el Curso normal, que después sa transformó en la Escuela Superior de Estudios del Magisterio. También fué obra suya ta creación de la Junta para ampliación de estudios e investigaciones científicas, con todas sus derivaciones, y la implantación de la enseñanza nocturna de adultos.

Siendo presidente del Consejo de ministros el Sr. Canalejas, fué llamdao el Sr. Gimeno en 1911 por tercera vez al Ministerio de Instrucción pública y Bellas Artes, donde continuó su patriótica labor pedagógica. Creadas por el señor Burell las Escuelas del Hogar, Nacional de Artes Gráficas, de Cerámica artística y Central de Idiomas, pero sin llegar a dar principio su funcionamiento, el Sr. Gimeno puso en
marcha, con sus atinadas disposiciones, todos estos Centros que tan excelentes resultados están dando en la actualidad.

Obras asimismo del Sr. Gimeno son la iniciación de las Bibliotecas populares y la fundación de la Mutualidad Escolar de España entre otras culturales.

Después del nunca bastante anatematizado asesinato del Sr. Canalejas y encargado por S. M. el Rey para que formase Gobierno el excelentísimo señor conde de Romanones, éste designó al Sr. Gimeno para el cargo de ministro de Marina, del que tomó posesión en enero de 1913 y en cuyo alto cargo tuvo indiscutibles éxitos, tales como el de su proyecto de Escuadra y Bases navales, que merecieron la general aprobación y aplauso de los técnicos, despertando el Sr. Gimeno entre los marineros y patriotas excepcionales simpatías.

Más tarde, en plena guerra mundial y siempre bajo la jefatura del sagaz estadista señor conde de Romanones, el Sr. Gimeno pasó, en marzo de 1916, a ocupar la cartera de Estado, en cuyo delicado puesto dio evidentes pruebas de su exquisito tacto, amplia y sólida cultura e inmaculado patriotismo, resolviendo vidriosos problemas.

Finado el Gobierno del señor conde de Romanones, por las razones que él adujo y que no son de glosar ahora, y formado el primer Gobierno heterogéneo, en marzo de 1918, el Sr. Gimeno perteneció a él, en representación de su ilustre jefe, ocupando la cartera de Marina, donde prosiguió su patriótica labor con el beneplácito general.

Más tarde, y después de la disgregación del llamado Gobierno nacional presidido por el Sr.Maura, tornó al Poder en noviembre de 1918 el conde de Romanones, desempeñando en este Gobierno el Sr. Gimeno la cartera de Gobernación, en la que patentiza sus conocimientos sociales en los diversos difíciles problemas planteados y labora en cuestiones de sanidad muy acertadamente.

El número de condecoraciones con que don Amalio Gimeno y Cabañas ha sido distinguído por sus excepcionales méritos es grande, estando en posesión de la Encomienda de Isabel la Católica, grandes cruces de Alfonso XII, Carlos III y Mérito Naval, Gran cordón de la Legión de Honor e innumerables más españolas y extranjeras.

Tal es a grandes rasgos la silueta biográfica del insigne patricio Excmo. Sr D. Amalio Gimeno y Cabañas, formada con datos que son como flores arrancadas del jardín de su vida, y que como las otras flores, sólo pueden dar una idea somera al formar «bouquet» de la bella grandiosidad del vergel de donde proceden.

Firma: Saint-Martin

Antigua noticia sobre Amalio Gimeno en ‘El Siglo Médico’

Inserto esta noticia que apareció en El Siglo Médico, importante revista médica del siglo XIX y parte de XX, el 14 de julio de 1906, con motivo del nombramiento de Amalio Gimeno Cabañas (1850-1936) como Ministro de Instrucción Pública.

El nuevo ministro de Instrucción pública

Le conocimos hace más de treinta y cinco años, allá en sus mocedades, y ¡ay! también en las nuestras. Estudiábamos en la misma Facultad, aunque en cursos distintos; era ya en aquella época muchacho muy despierto, de clara inteligencia, de palabra fácil y elocuente, y solía entonces prodigarla para tratar cuestiones políticas (a los dieciocho años no cumplidos). Recordamos, como si fuera hoy, el discurso que sobre las quintas pronunció al aire libre, en el paseo que lleva en Valencia el nombre de Glorieta.

Después, después, vínose a la Corte a concluir carrera; entró en la Redacción de El Genio Médico-quirúrgico, a cuyo director, el Sr. Tejada y España, sorbió bien pronto el seso; hizo en seguida oposiciones a las plazas vacantes de médicos de baños y a la cátedra de Patología general de Santiago; en ambas obtuvo triunfo, y allá a Santiago marchó el hoy Ministro de Instrucción pública, pasando pronto, por traslado, a la Universidad de Valladolid, y no muy tarde a la de Valencia donde se reveló en toda plenitud de sus facultades, adquiriendo merecida fama de hombre de ciencia, de orador elocuentísimo y de práctico consumado, logrando en poco tiempo numerosa y brillante clientela. Sus campañas sanitarias fueron todas muy sonadas, y su primer discurso en el Ateneo de Madrid, cuyo público no le era favorable, quien esto escribe como uno de sus mayores y, al decir del hoy Ministro, como uno de sus más fáciles triunfos: de pie, con alguna emoción oratoria (no es el Sr. Gimeno de los oradores que más se emocionan), comenzó su discurso ante un público, más que indiferente, adverso. Los primeros párrafos fueron escuchados con glacial indiferencia, pero al terminar el tercero rompiose el hielo y estruendosos aplausos animaron al orador, que tuvo a los ateneistas suspensos de sus labios más de una hora. Aún recordamos la ingenuidad con que, ya en la calle, nos decía el Dr. Gimeno Cabañas que no creía fuera fácil de conquistar el Ateneo…

Desde entonces, y trasladado a una cátedra de Madrid el hoy Ministro de Instrucción pública, ha dejado oír muchas veces su palabra en el Congreso y muchas más en el Senado, al que por elección del claustro universitario de Valencia pertenece hace muchos años, y siempre ha revelado profundo conocimiento de los asuntos que ha tratado, gran dominio de la palabra y una elocuencia sencilla, pero fascinadora, a la que se impone, quiérase o no, el aplauso.

Como escritor, es difícil que entre los compañeros, y entre ellos los que no lo son, haya quien aventaje: la lástima es que se prodigue tan poco.

Demás de esto tiene el nuevo Ministro de Instrucción pública lo que, con mucha propiedad, llámase don de gentes: no es posible ser enemigo suyo. Basta hablarle una vez para quedar como subyugado, como fascinado por su palabra, por sus ademanes, por un no sé qué especial que desarma al más enojado, cualidad que poseen pocos.

EL SIGLO MÉDICO se congratula grandemente de que el sustituto en el Ministerio de Instrucción pública del sabio Dr. San Martín sea persona de tanto prestigio, de tantos méritos como el Dr. Gimeno Cabañas, cuya permanencia en el Ministerio se promete sea más larga que las de sus compañeros los doctores Cortezo y San Martín, para bien de la enseñanza y de los altos intereses que S.M. el Rey, en su alta sabiduría, le ha confiado.

Amalio Gimeno Cabañas
Amalio Gimeno Cabañas

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