Lavarse las manos. Ignaz Semmelweis

Insertamos el guión del vídeo que subimos al canal de Youtube “Medicina, historia y sociedad” de Youtube hace unas semanas dedicado a Ignaz Semmelweis y que hemos titulado Lavarse las manos. Ignaz Semmelweis.

 

Entre los consejos que constantemente estamos recibiendo desde hace unas semanas para luchar contra la pandemia de Covid-19, destaca el lavado de las manos.

Nadie duda de que la higiene nos ha ayudado a librarnos de muchas enfermedades infecciosas o al menos reducir su incidencia. Pero es verdad que hace meses leíamos en algún artículo que la gente estaba perdiendo hábitos de higiene entre los que se encontraba el lavado de manos con cierta frecuencia.

A mediados del siglo XIX un médico también llamó la atención sobre este hecho para prevenir la temida fiebre puerperal. Proporcionó una explicación científica, pero hasta que llegaron Pasteur y Koch décadas después, casi nadie le hizo caso.

[Intro]

En 1924 el conocido y a la vez odiado médico y escritor Louis Ferdinand Céline presentó su tesis que hablaba de Semmelweis, personaje central en esta historia.

Nació Semmelweis en lo que hoy es Budapest (Hungría) en 1818. Entonces formaba parte del imperio austríaco cuya capital era Viena. Su padre poseía una tienda y un almacén de venta de especias y productos generales. Parecía que su vocación lo llevaba a estudiar derecho en la Universidad de Viena en 1873, pero al año siguiente cambió a Medicina tras asistir, según se dice, a una autopsia realizada por Rokitansky.

Allí tuvo a destacados maestros, como señala Céline, como el gran clínico Joseph Skoda y el anatomopatólogo Carl von Rokitanski. El primero de ellos incluso le ayudó a superar su depresión por las continuas bromas que le gastaban sus compañeros por su marcado acento húngaro. Si su carácter era ya algo difícil estos hechos lo acentuaron.

En 1838 regresó a Budapest y se inscribió en la nueva escuela de medicina que allí se creó, pero la enseñanza que se impartía no le gustaba. En 1841 regresó a Viena y sufrió una crisis vocacional. Mientras tanto se aficionó por la botánica. Finalizó sus estudios en 1844.

En 1845 fue nombrado por concurso profesor de cirugía. Sin embargo, su plaza tardaba en llegar. Aceptó un puesto de obstetricia convirtiéndose en ayudante de un mediocre Johann Klein que dirigía la primera clínica obstétrica del Hospital Maternal de Viena. Había una segunda que dirigía Franz Bartchs.

En cuanto Semmelweis empezó a destacar, agrupó todas las envidias contra él. Estas cosas, como vemos, no sólo pasan en España.

La mortalidad en cirugía era altísima. Lo mismo que en los dos servicios de obstetricia, donde la fiebre puerperal era frecuente.  Lo sabía la población y sólo las mujeres en absoluta miseria o las rechazadas por las intransigentes costumbres de la época (solteras embarazadas, prostitutas, etc.) acudían allí para parir.

Sensibilizado por la alta mortalidad Semmelweis intentó averiguar los motivos. Eso ya fue colocar la primera piedra, algo que parece que al resto del personal no le preocupaba.

Observó que la mortalidad en el servicio de Klein era muy superior al de Bartch. Su capacidad de observación le hizo fijarse en el hecho de que en el de Bartch eran exploradas y atendidas por las estudiantes de comadronas y en la de Klein por estudiantes de medicina.

Pensó que las maniobras de las futuras comadronas se realizaban con cuidado mientras que los estudiantes actuaban con cierta brutalidad produciendo inflamaciones. Puesto de manifiesto, se acusó a los estudiantes extranjeros de ser los responsables. Muchos fueron expulsados y la mortalidad descendió. Quizás una casualidad.

Mientras tanto Semmelweis descartó otras explicaciones pintorescas, incluso de tipo religioso, que no merecen que nos detengamos. Él estaba convencido que los motivos estaban allí, en su clínica.

Mientras tanto tuvo que hacer frente a burlas y críticas de parte de sus colegas y estudiantes. Le acusaron de que él mismo provocaba ansiedad a las parturientas que las predisponía a contraer la enfermedad.

Observó también que las mujeres que parían en la calle y después eran llevadas a la clínica se salvaban más que las que parían en la propia clínica. Entonces decidió seguir a los estudiantes mucho más de cerca. Recordó que cuando estaba trabajando con Rokitansky se temía que éstos se hicieran incisiones involuntarias durante las autopsias porque solían ser mortales.

Semmelweis estaba más cerca de la verdad. Sin demasiada base científica como hoy la entenderíamos, se le ocurrió que los alumnos se lavaran las manos antes de acercarse a las embarazadas. Hizo instalar lavabos en las puertas de la clínica.

A Klein le pareció una idea ridícula y se opuso de forma violenta. Hizo todo lo que estuvo en sus manos para deshacerse de su ayudante. Otros muchos colegas creían lo mismo. La cosa se salió de lo normal y el 20 de octubre de 1846 Semmelweis fue destituido.

Un grupo de médicos pidió explicaciones sobre los hechos. Skoda movió todos los recursos para que se le devolviera su puesto. Mientras tanto Semmelweis realizó un largo viaje a Venecia.

A los dos meses regresó. Acababa de fallecer su amigo el forense Jakob Kolletschka de una herida accidental durante una autopsia.

Revisando el caso Semmelweis dijo que “la noción de identidad de este mal con la infección puerperal de la que morían las parturientas se impuso tan bruscamente en mi espíritu, con una claridad tan deslumbradora, que desde entonces dejé de buscar por otros sitios”.

Los dedos de los estudiantes se contaminaban con los exudados de los cadáveres y transportaban esas partículas cadavéricas a los órganos genitales de las mujeres, especialmente al cuello uterino.

Gracias a la influencia de Skoda, Bartch, médico jefe de la segunda maternidad, acabó por recibir a su protegido a título de asistente, aunque en realidad no tuviese ninguna necesidad de personal en aquel momento. Se hizo una prueba: los alumnos de Klein pasaron a la clínica de Bartch a cambio de las comadronas.

La mortalidad en la clínica subió al 27 % lo que representa un aumento del 18 % respecto al mes anterior. Así, pues, se demostraba que el problema eran los estudiantes.

Ese mes ingresó una mujer que pensaban que estaba embarazada. Semmelweis la examinó y encontró un cáncer de cuello de útero. Después, sin pensar en lavarse las manos hizo tacto vaginal sucesivamente a cinco mujeres que estaban dilatando. En las semanas siguientes todas ellas murieron por infección puerperal.

Semmelweis escribió: “Las manos, por su simple contacto pueden ser infectantes”.

Pidió que se preparara una solución de cloruro calcificó con la que cada estudiante, que hubiese disecado el mismo día o la víspera, debía lavarse cuidadosamente las manos antes de efectuar cualquier clase de reconocimiento en una mujer encinta. En el mes que sigue a la aplicación de esta medida la mortalidad descendió al 0,23 por ciento.

Sin embargo, obstetras y cirujanos rehusaron, en un impulso casi unánime, con odio, el inmenso progreso que se les ofrecía. Klein logró agrupar contra Semmelweis desde el primer momento a casi todos los miembros de la Facultad.

Céline dice al respecto “En el corazón de los hombres sólo habita la guerra”.

Solo cinco médicos se colocaron al lado de Semmelweis: Rokitansky, el gran dermatólogo Hebra, Heller, Helm y Skoda.

Se consultó a médicos del extranjero, pero la mayoría no se molestó ni en contestar. Ni Amsterdam, ni Berlín ni Edimburgo. Tampoco París. Ni siquiera tuvieron la curiosidad de probar algo tan sencillo en sus clínicas. Hablar de médicos que producían iatrogenia no cabía en sus cabezas. La estupidez humana no tiene límites.

Insultos, calumnias, risas, odio… ya no sólo de colegas, también se unieron estudiantes y enfermeros. La situación se hizo insostenible y Semmelweis fue destituido el 20 de marzo de 1849 por segunda vez.

Skoda comunicó a la Academia los resultados concluyentes y absolutamente favorables a la teoría que acababa de obtener por infección de fiebre puerperal experimental en un cierto número de animales.

Hebra, declaró en la Sociedad Médica de Viena que el hallazgo de Semmelweis gozaba de gran interés para el porvenir de la cirugía y de la obstetricia, y solicitó el inmediato nombramiento de una comisión para examinar, con toda imparcialidad, los resultados que se habían obtenido. Pero la tarde de “ciencia” y “académicos” terminó en una verdadera batalla campal de insultos y calumnias hasta llegar a zurrarse.

El ministro prohibió entonces que la comisión se reuniera y obligó a ser Semmelweis abandonara Viena lo más pronto posible.

Cuando regresó a Budapest el ambiente social y político ya estaba muy enrarecido. Sucedieron muchas cosas que aquí no caben, pero, en definitiva, la personalidad de Semmelweis comenzó a deshacerse. En 1848 se produjo comenzó la revolución húngara.

Semmelweis vivía humildemente del ejercicio de la medicina. Por si fuera poco, dos desgraciados accidentes le provocaron fractura de brazo primero y de pierna después. Quedó incapacitado e inmovilizado en su cama. No murió de hambre y frío gracias a sus amigos que lo impidieron. Corría el invierno de 1849.

Su amigo el cirujano Lajos Markusovszky fue a Budapest a ver a Semmelweis y escribió a Skoda para contarle la situación. Consiguieron que Birley, director de la Maternidad de San Roque, lo aceptara durante unos meses si renunciaba a “sus ideas”. Semmelweis, sin embargo, no hizo nada nuevo, ni siquiera fue a ver a Birley.

Un día un médico le llevó un mensaje. Le contó que el obstetra Gustav Adolf Michaelis se había suicidado. Atendió un parto de una de sus primas, la infectó y murió de fiebre puerperal. Investigó si era él el responsable. Días antes había atendido a mujeres con fiebre puerperal y no guardó las debidas precauciones. La culpa le lanzó a la vía del tren.

Este hecho hizo despertar a Semmelweis que fue a ver a Birley. Mostrándose cauto con sus ideas obtuvo tiempo para escribir su única obra: La etiología de la fiebre puerperal.

Muerto Birley se hizo cargo de la maternidad e impuso sus ideas. De nuevo burlas, enemistades… incluso se dice que sus ayudantes no se lavaban las manos con plena conciencia para aumentar el número de muertes.

Poco a poco Semmelweis entró en demencia hasta convertirse en miseria moral a principios de 1865. Hacía cosas raras. Incluso abrió un cadáver, se impregnó de pus y se hizo a sí mismo una incisión. Enfermó.

Conocedor de tal degradación, Skoda fue a Budapest a buscar a Semmelweis para trasladarlo a Viena. Nada más llegar el 22 de junio de 1865 fue conducido al asilo de alienados. Tras una agonía de tres semanas murió allí el 16 de agosto de 1865.

Luego se ha dicho que esa última fase de Semmelweis se debía a una sífilis terciaria.

Esta historia debe ser motivo de reflexión para muchos científicos sobre sus conductas.

Hasta casi cincuenta años después de las observaciones de Semmelweis, gracias a Pasteur y a Koch, no se supo comprender sus ideas. Lister, del que nos ocupamos en otro vídeo, tuvo más suerte y su idea de la antisepsia fue aceptada finalmente con éxito.

Ya en el siglo XX, conocido el valor de la higiene y de la medicina preventiva, los gobiernos de diferentes países fueron introduciendo estas ideas entre la población en general y especialmente entre los niños.

Un ejemplo es la película corta  Hand washing in patient care, del Servicio de Salud Pública de los Estados Unidos que se lanzó con afán educativo en 1961.

Este otro, del Communicable Disease Center, de los Estados Unidos,  Hand washing in patient care, de 1962, es otro ejemplo.

Carteles, cartillas de higiene, libros de texto, etc., se llenaron de estas recomendaciones.

Más recientemente, en el brote de SARS que surgió en el Hospital Príncipe de Gales de Hong Kong en 2003, las autoridades sanitarias informaron al público que lavarse las manos ayudaría a prevenir la propagación de la enfermedad, causada por un coronavirus.

Ahora, con el COVID-19, todos las autoridades de todos los países han vuelto a insistir en el tema: Semmelweis sigue más vivo que nunca.

Bibliografía

–Bauer J. The tragic fate of Ignaz Phillip Semmelweis. Calif Med 1962; 48: 264-6.

–Benenson S, Mankuta D, Gross I, Schwartz C. Cluster of Puerperal Fever in an Obstetric Ward: A Reminder of Ignaz Semmelweis. Infect Control Hosp Epidemiol. 2015 Dec;36(12):1488-90.

–Best M, Neuhauser D. Ignaz Semmelweis and the birth of infection control. Qual Saf Health Care 2004; 13: 233-4.

–Carter C K Semmelweis and his predecessors Med Hist 1981; 25: 52-72.

–Cavaillon JM, Chétien F. From septicemia to sepsis 3.0-from Ignaz Semmelweis to Louis Pasteur. Genes Immun. 2019 May;20(5):371-382.

–Chebbo A, Tan S, Kassis C, Tamura L, Carlson RW. Maternal Sepsis and Septic Shock. Crit Care Clin. 2016 Jan;32(1):119-35.

–Kadar N, Romero R, Papp Z. Ignaz Semmelweis: the “Savior of Mothers”: On the 200 (th) anniversary of his birth. Am J Obstet Gynecol. 2018 Dec;219(6):519-522

–Lee R, Chien A. Semmelweis. Med Hist 2005; 48: 616-8.

–Nuland S. The Doctor’s plague: germs. childbed fever, and the strange story of Ignác Semmelweis, New York, Atlas Books/Norton, 2003.

–Pittet D, Allegranzi B. Preventing sepsis in healthcare – 200 years after the birth of Ignaz Semmemweis. Euro Surveill. 2018 May;23(18):18-00222.

–Schreiner S. Ignaz Semmelweis: a victim of harassmen? Wien Med Wochenschr. 2020 Mar 4.

–Shaw LB, Shaw RA. The Pre-Anschluss Vienna School of Medicine — The surgeons: Ignaz Semmelweis (1818-1865), Theodor Billroth (1829-1894) and Robert Bárány (1876-1936). J Med Biogr. 2016 Feb;24(1):11-22.

Vídeos

Hand washing in patient care
Contributor(s): Coppage, Claire M.
United States. Public Health Service.
Publication: [Washington, D.C.] : U. S. Public Health Service : [for sale by National Audiovisual Center; Atlanta : for loan by National Medical Audiovisual Center, 1961]
The National Library of Medicine believes this item to be in the public domain
https://collections.nlm.nih.gov/catalog/nlm:nlmuid-7601415A-vid

The nurse combats disease
Contributor(s): Lester, Mary R., McDonald, Ellen.
Communicable Disease Center (U.S.)
Publication: [Atlanta]: The Center : [for loan by National Medical Audiovisual Center ; Washington : for sale by National Audiovisual Center], 1962
The National Library of Medicine believes this item to be in the public domain.
https://collections.nlm.nih.gov/catalog/nlm:nlmuid-7602239A-vid

Herbert Spencer Gasser (1888-1963)

Tal día como hoy, pero de 1963, falleció en Nueva York Herbert Spencer Gasser quien, en 1944, compartió el Premio Nobel de medicina con Joseph Erlanger por sus descubrimientos sobre las funciones de las fibras nerviosas aisladas.

Joseph_Erlanger
Imagen en dominio público, procedente de Wikipedia

Gasser nació en Platteville, Wisconsin, el 5 de julio de 1888. Estudió en la Escuela normal y después en la Universidad de Wisconsin, donde obtuvo el grado de bachiller en 1910 y el de máster un año después. Se formó en fisiología con Erlanger. Más tarde continuó su formación en la John Hopkins University y obtuvo el doctorado en 1915. Tras pasar un año en la Universidad de Wisconsin como farmacólogo marchó a la de Washington y fue asociado de Erlanger. En 1921 ocupó un puesto de profesor de farmacología.

Con una ayuda de la Fundación Rockefeller, en 1923 realizó un viaje científico por Europa. Trabajó con los profesores A. V. Hill, W. Straub, L. Lapicque y Henry Dale. Su actividad docente en la Washington University de St. Louis se prolongó hasta 1931. Posteriormente dirigió el Departamento de Fisiología del Cornell University College (New York) hasta 1935. Por último fue nombrado director del Rockefeller Institute for Medical Research, retirándose el mismo año en que falleció.

Como hemos señalado, Gasser se encontró con su maestro Erlanger en St. Louis en 1921. Desde entonces desarrollaron una investigación conjunta que más tarde les valió el Premio Nobel. Los resultados los ofrecieron en el trabajo “The compound nature of the action current of nerve as disclosed by the cathode ray oscillograph” que se publicó en el American Journal of Physiology (vol. 70, pp. 624-666) en 1924. Ambos colaboraron también en la redacción de la obra Electrical signs of nervous activity (1937). Sus trabajos de investigación estaban encaminados al estudio en profundidad de las funciones diferenciadas de las fibras nerviosas. Esto mismo intentó hacer el británico Edgar Douglas Adrian utilizando un electrómetro capilar y un amplificador. Sin embargo, Erlanger y Gasser usaron un oscilógrafo de rayos catódicos valiéndose del tubo que ideó el físico alemán Karl Ferdinand Braum. Pudieron diferenciar así la distinta capacidad de conducción de las fibras nerviosas que estaba en relación directa con el grosor de las mismas. Es de destacar su precisión técnica y el rigor con el que actualmente se realiza la investigación neurofisiológica.

Gasser recibió doctorados honorarios de varias universidades como Rochester, Columbia, Harvard, Oxford y París, entre otras. Fue nombrado doctor honoris causa por la Universidad Libre de Bruselas y la de París. Fue miembro de la Academy of Sciences, la Philosophical Society, la Association of American Physicians, y la American Physiological Society, entre otras.

[Reedición]

Louis Ombrédanne (1871-1956)

Hemos añadido a la sección de Biografías y epónimos médicos de historiadelamedicina.org la de Louis Ombrédanne.

Ombredanne

Nació en París en 1871 y murió en la misma ciudad en 1956. Estudió medicina y se formó en cirugía sobre todo con Auguste Nélaton. Sus áreas de trabajo fueron la cirugía general, la anestesia, la cirugía pediátrica y la cirugía plástica y reconstructora. Entre otros hospitales, dirigió uno de los servicios de cirugía pediátrica y ortopedia del Hôpital des Enfants malades-Necker, de París. También fue profesor de la Facultad de Medicina.

Conocido, sobre todo, por la invención de un inhalador de éter que lleva su nombre. Por su facilidad de uso se hizo popular en toda Europa continental y Latinoamérica entre 1908 y finales de los años treinta del siglo XX.

Describió, junto con Armingeat, el síndrome de palidez-hipertermia que lleva el nombre de los dos y que se caracteriza “por su aparición gradual, en una o dos etapas, con una palidez impresionante, con ojeras, una enorme aceleración del pulso que se vuelve incontable, mientras que la temperatura alcanza los 42º y la muerte ocurre repentinamente por síncope cardíaco”.

También hay otra intervención que lleva el nombre de Ombrédanne: la orquidopexia transcrotal en el niño. Por otro lado dedicó gran parte de sus investigaciones a la cirugía plástica y reconstructora, campo en el que también investigó. Buena parte de sus hallazgos los aplicó a la cirugía pediátrica, especialmente a la corrección de las malformaciones congénitas y adquiridas.

Autor de numerosos libros, artículos y comunicaciones a congresos, academias y sociedades científicas.

Homenaje a Federico Rubio y Galí (1906)

Hace unas semanas añadimos al canal Medicina, historia y sociedad, de Youtube, un vídeo sobre la inauguración del monumento a Federico Rubio, en Madrid, en 1906.

Como solemos hacer después de haber “subido” un nuevo vídeo al canal, ofrecemos ahora su transcripción:

Introducción
El Heraldo de Madrid del jueves 13 de diciembre de 1906 llevaba en su portada la crónica de la inauguración de un monumento:

Desde hoy podrá admirar el público de la capital un monumento del ilustre artista Miguel Blay. ¡Ya era hora!… Es la primera obra del laureado escultor admitida para el ornato de las vías públicas madrileñas, donde con frecuencia tropieza el paseante con cualquier Espartero ó marqués del Duero propios para destruir toda idea artística de buen gusto y también para partir los más empedernidos corazones. Se impone una revisión de estatuas, ¡oh, popular alcalde!, y lanzar muchas de ellas á la región de las tinieblas, en cualquier covacha, ó mejor aún en cualquier fundición, donde, perezcan á fuego… Pero esta revisión, á la que me permitiré aportar algunas indicaciones, queda para otro día y ocasión oportuna.

Se refería en esta ocasión para bien, a la escultura del cirujano Federico Rubio y Gali.

Decía Laín en el prólogo que hizo para una reedición de una obra de Rubio que, pese al puesto que ocupa este nombre en la epigrafía urbana, si alguien preguntase por su vida y su obra a un centenar de españoles cultos, no sabía cuántos darían respuesta satisfactoria. Y, sin embargo, –añadía– Rubio ha sido el médico más importante de todo nuestro siglo XIX a excepción de Cajal a quien considera investigador de ciencias básicas.

Hoy es posiblemente un personaje olvidado pero en su época y durante buena parte del siglo XX fue quizás magnificado.

Bueno, esto nos obliga a trasladarnos a Madrid.

Ante el monumento en el Parque del Oeste
… Uno de los más distinguidos monumentos de finales del siglo XIX es el que se levantó en honor al médico y político Federico Rubio y Galí, nacido en el Puerto de Santa María, Cádiz, el 30 de agosto de 1827 y fallecido en Madrid el día 31 de agosto de 1902.

Fue inaugurado en 1906 en el madrileño paseo “Parque del Oeste” donde hay varias decenas de esculturas. Fue este el primer parque que se creó en Madrid. Se abrió al público en 1905. Se sitúa entre el barrio de Argüelles y la estación de Príncipe Pío.

Su autor fue el escultor Miguel Blay y Fábregas nacido en Olot en 1866 y fallecido en Madrid en 1936.

Este monumento es de piedra caliza marfil (la figura y el sillón de estilo modernista donde está sentado el prestigioso cirujano), y en bronce, (una joven mujer con un hijo en brazos y otro a su lado que le obsequian con un ramo de flores en señal de agradecimiento).

Durante la guerra civil esta zona quedó entre los dos bandos que se enfrentaron a lo largo de tres años. Los franquistas estaban aquí detrás, en la Escuela de Arquitectura, apenas a 300 metros. Los republicanos se encontraban en lo que fue la cárcel modelo y el Hospital Clínico…

[Se ubican en un plano el monumento, la antigua cárcel modelo (hoy Cuartel del ejército del aire), Hospital Clínico, Fundación Jiménez Díaz, donde estuvo el Instituto Rubio, y la Escuela de Arquitectura]

Uno de los proyectiles impactó sobre la cabeza de Rubio y lo decapitó. También quedaron marcados en el resto de monumento varios impactos, alguno de los cuales se puede contemplar todavía.

Tras la guerra civil y un informe del Conde de Casal, el monumento fue reconstruido a pesar de las raíces republicanas de Federico Rubio.

Este distinguido médico cirujano había logrado que la gente más humilde a la que prestaba su ayuda lo llamase el “médico de los pobres”.

Su vida y contribuciones
Perteneciente a una familia de tradición liberal y perseguida en numerosas ocasiones, Federico nació en Puerto de Santa María (Cádiz) el 30 de agosto de 1827.

Después de los estudios secundarios se decantó por los de Medicina en el Colegio Nacional de Medicina y Cirugía de Cádiz (más tarde Facultad de Medicina).

Mientras tanto, sus escasos recursos le obligaron a realizar varias actividades que le proporcionaron dinero para sobrevivir. En 1850 se trasladó a Sevilla donde opositó para una plaza de cirujano en el Hospital Central que obtuvo el menos capacitado de los que se presentó, pero que tenía apoyos políticos. Lo ocurrido favoreció, sin embargo, a Rubio, quien se fue haciendo con una buena clientela privada a la vez que ganaba prestigio.

En esta época también comenzó a moverse en política. Como otros demócratas, fue detenido en 1859 y tuvo que exiliarse. Se fue a Inglaterra y en Londres aprovechó para formarse como cirujano con William Fergusson. Regresó en 1860.

En 1864 tuvo que exiliarse de nuevo. En esta ocasión marchó a París donde estuvo con figuras tan conocidas e influyentes como Alfred Velpeau, Piel Paul Broca y Auguste Nélaton. Asistió además a los cursos de microscopía de Eloy Carlos Ordóñez que también fue el maestro de Aureliano Maestre de San Juan. Estuvo además en Breslau con Johannes Evangelista Purkinje para completar su formación histológica.

En la década de los sesenta publicó bastante. También participó activamente en la preparación de la Revolución de Septiembre de 1868. Formó parte de la Junta provisional revolucionaria de Sevilla, cargo que fue renovado por sufragio en las elecciones que se celebraron en octubre, alcanzando la vicepresidencia.

Gracias a la revolución y a la libertad de enseñanza pudo crear la Escuela Libre de Medicina y Cirugía de Sevilla, cuna del especialismo médico en España, donde enseñó Clínica quirúrgica.

En el terreno político fue diputado en las Cortes Constituyentes, legislatura de 1869-1870. Fue reelegido en 1871, pero renunció.  En las elecciones generales de 1872 ganó un puesto de senador por Sevilla para la legislatura 1872-73. Durante la Primera República (1873-74) fue enviado a Londres para que el gobierno de Gran Bretaña reconociera al gobierno republicano español, cosa que no logró. No obstante, antes de regresar a España viajó a los Estados Unidos donde visitó hospitales de Nueva York, Chicago y Filadelfia. Más tarde se le reconoció haber actuado como embajador en Gran Bretaña.

En 1874 fijó su residencia en Madrid. Durante la Restauración abandonó la política y se convirtió en el médico de la aristocracia y alta burguesía de Madrid. En 1874 ingresó en la Academia.

En Madrid sintonizó bien con el grupo intelectual en torno a Giner de los Ríos y la Institución Libre de Enseñanza.

En 1880 creó el Instituto de Terapéutica Operatoria en el Hospital de la Princesa de Madrid que se encontraba entonces en lo que hoy es la calle de Alberto Aguilera. Para ello se valió no solo de su prestigio sino que utilizó además su amistad con políticos influyentes.

Este centro se independizó en 1896 cuando fue trasladado a unos edificios nuevos en la zona de Moncloa sufragados, en parte, por suscripción pública.

En la Fundación Jiménez Díaz
Nos encontramos ahora en la Fundación Jiménez Díaz, edificada en los mismos terrenos que ocupó el Instituto Rubio que fue destruido durante la guerra civil.  Los terrenos fueron cedidos por el Estado. Se construyeron varios edificios por pabellones. El principal, de tres plantas y sótano, albergaba la recepción de enfermos, unas dependencias privadas para Rubio y la administración. Otro edificio se destinó a enfermos varones, otro a mujeres y otro a enfermos infecciosos. Después se construyó una capilla donde se velaban los cadáveres y donde quiso ser enterrado el doctor Rubio.

La guerra civil destruyó tanto el edificio que se encontraba en pleno frente, como la labor del gran equipo de profesionales que allí trabajaban y que acabaron dispersándose.

Durante la guerra civil esta zona quedó entre los dos bandos que se enfrentaron a lo largo de tres años.

Si vemos los planos de la época situaríamos a los franquistas detrás, desplegados en la zona que ocupa la Escuela de Arquitectura. Todavía pueden verse trincheras y búnqueres.

Los republicanos se encontraba alrededor de la cárcel modelo, espacio que ocupa hoy el Ejército del Aire, y del Hospital clínico. Como se ve el monumento queda entre los dos y sufrió las consecuencias. Los impactos de proyectiles todavía se pueden ver hoy. También fue decapitado aunque gracias a un informe del conde de Casal el monumento fue reconstruido a pesar de las raíces republicanas de Rubio.

Consciente de que la revolución quirúrgica exigía nuevas instalaciones y personal técnico, creó también la Escuela de enfermeras Santa Isabel de Hungría, la primera de España de inspiración laica y burguesa.

En 1899 apareció la revista Revista Iberoamericana de Ciencias Médicas, donde publicó varios trabajos suyos como es lógico, así como la labor desarrollada en el Instituto.

Desde 1901 la salud de Federico Rubio se deterioró. Murió en Madrid, en la casa que su hija Sol poseía en la calle Barquillo, el 31 de agosto de 1902. Fue enterrado dos días más tarde en el panteón construido en la capilla de su Instituto por el rito católico.

Respecto a la obra de Rubio, aparte de su producción médica destaca El libro chico (1863) donde resumió sus ideas filosóficas y psicológicas y donde se refleja la influencia del krausismo; El Ferrando (1863), que escribió para defenderse de las críticas al anterior; La mujer gaditana (1902) y Mis maestros y mi educación (publicado por su hija después de su muerte) y que vendría a ser una suerte de autobiografía incompleta. Aquí tenemos dos ediciones del mismo.

También se ha destacado mucho su discurso de 1890 en la Academia que tituló La Sociopatología. Se trata de un ensayo original en el que defendió que la realidad y la vida del cuerpo social deben ser incumbencia del médico. Reconoce que disciplinas como el derecho, la filosofía, la economía, etc. deben estudiar la sociedad, pero sólo el médico posee la mentalidad y los métodos exigidos por el saber sociológico; puede pasar analógicamente desde el organismo individual hasta el organismo social. Por otro lado, para Rubio la sociedad es como un organismo pluricelular, un ser colectivo y natural y como tal puede también enfermar.

Este texto es un programa o esbozo de una ciencia que pugnaba por nacer y que esperaba que se desarrollara en el futuro como así ha sido.

Sin salirnos del tema, destaca su artículo en el que hace referencia al anterior, que con el título “Clínica social” publicó en 1899 en la Revista Ibero-Americana de Ciencias Médicas.

Aquí termina este acercamiento a un destacado médico y cirujano del siglo XIX del que siempre podrás obtener más datos de la bibliografía que dejaremos en el blog.

Bibliografía
–Carrillo, J.L. et al. (2002). Federico Rubio y Gali (1827-1902). Estudio Documental y Bibliográfico. Puerto de Santa María, Concejalía de Cultura del Ayuntamiento.

–Carrillo Martos, J.L. (Coord.) (2003). Medicina y sociedad en la España de la segunda mitad del siglo XIX: una aproximación a la obra de Federico Rubio y Galí, (1827-1902). Puerto de Santa María, Ayuntamiento.

–Laín Entralgo, P. (1986). Medicina y sociedad en la obra de Federico Rubio. En: Ciencia, técnica y medicina. Madrid, Alianza, pp. 333-341.

–Rubio y Galí, F. (1890): Discursos leídos en la solemne sesión inaugural del año de 1890 de la Real Academia de Medicina [La Sociopatología]. Madrid, Establecimiento Tipográfico E.Teo- doro, pp. 25-49.

–Rubio y Galí, F. (1899). Clínica social. Revista Ibero-americana de Ciencias Médicas (Madrid), vol. 2, no 3, `pp. 50-78.

Prensa:

–Del Diario de un paseante. Por Luis Bello. El Imparcial, 16 de diciembre de 1906, p. 2.

–El monumento a D. Federico Rubio. El Siglo futuro, 14 de diciembre de 1906, p. 2.

–Arte y artistas. Heraldo de Madrid, jueves 13 de diciembre de 1906, p. 1.

–Monumento al doctor Rubio. El Correo Español, jueves 13 de diciembre de 1906, p. 4.

–El monumento al Dr. Rubio. ABC, 14 de diciembre de 1906, p. 3.

 

Homenaje de Valencia a Ramón Gómez Ferrer en 1920

Hace unas semanas subimos a nuestro canal de Youtube “Medicina, historia y sociedad” el vídeo “Homenaje a Gómez Ferrer (1920)”.

Transcribo el texto del mismo y añado relación bibliográfica:

En el Parterre
Me encuentro en el Parterre de Valencia, jardín que se creó en 1850. Imaginen que son las 10,30 del día 16 de mayo de 1920. Aquí se fueron concentrando los niños y sus maestros de las escuelas valencianas para dirigirse después a la Glorieta (de la que ya hablamos en otro vídeo) que está prácticamente enfrente.

Este jardín contaba con cuatro estanques circulares, uno en cada esquina. Después de la riada de 1957 fueron desmontados. Dentro del mismo destaca lo que fue la casita del guarda que luego se transformó en el Tribunal tutelar de menores. En el centro está la escultura ecuestre de Jaime I el Conquistador que se colocó en enero de 1891, obra de Agapito y Venancio Vallmitjana, de Barcelona.

Al fondo, la Fuente de Neptuno, realizada en el siglo XVIII por Giacomo Antonio Ponzanelli. Procede de un jardín privado, estuvo en la Glorieta y en 1960 fue trasladada a su actual ubicación.

A las 11 los niños se dirigieron con sus maestros y el Delegado regio de Primera Enseñanza a la Glorieta.

En la Glorieta
Allí iba a tener lugar la primera parte de un homenaje al primer catedrático de pediatría de Valencia –entonces de enfermedades infantiles– Ramón Gómez Ferrer.

La banda musical de la Casa de la Misericordia se encargaba de amenizar el acto.

La entrada se estableció frente al edificio de la antigua Tabacalera, que ya era Palacio de Justicia. A las 11,30 subieron a la tribuna los representantes del ayuntamiento donde fueron recibidos por otras autoridades y el Comité del monumento.

Al son de la marcha de la ciudad fue descubierta la estatua por las estudiantes o alumnas de la Facultad de Medicina.

Bajo el color amarillo de la bandera de la Facultad estaba la escultura en mármol blanco del doctor Ramón Gómez Ferrer, realizada por el escultor Francisco Paredes García.

La escultura muestra al médico sentado en un banco entonces a la sombra de una corpulenta araucaria, que parece meditar sobre la lectura de un libro entreabierto que guarda en sus manos y observa el juego de los niños.

Hubo un añadido posterior en los años cuarenta del siglo XX, dos niños realizados en bronce por el mismo escultor ayudado por su discípulo Luis Bolinches.

Después de varios vivas espontáneos a don Ramón se hizo el silencio y habló el presidente del Comité, doctor Jesús Bartrina Capella (1864-1947). Alabó al escultor y relató la historia de la idea de dedicar una escultura a Gómez Ferrer desde que el Comité se constituyó durante la Asamblea Médica Regional Valenciana que se celebró en 1918. Fue el encargado de abrir una suscripción popular. Entregó después el monumento al alcalde republicano Ricardo Samper. Que llegaría a ser ministro en varias ocasiones durante la segunda República.

El alcalde agradeció el ofrecimiento y dijo que no había mejor sitio para colocar la escultura que aquel jardín que reunía de habitual a los niños para sus juegos. También dedicó un recuerdo a las madres y elogios a Gómez Ferrer.

Después la Banda municipal interpretó la Marcha de la Exposición mientras los niños de las escuelas depositaban flores ante el monumento. Luego partieron hacia el Paraninfo de la Universidad donde tuvo lugar la segunda parte del Homenaje.

En el Paraninfo de la Universidad
El acto fue presidido por el rector el también médico Rafael Pastor González (1859-1947).

El alcalde entregó un pergamino a Gómez Ferrer, obra del notable dibujante Luis Dubón, nombrándole Hijo predilecto de la ciudad. Después el estudiante de medicina Marín del Pino leyó unas cuartillas en la que ensalzó la figura del maestro.

Luego habló Gómez Ferrer que agradeció y mostró gratitud a todos por el homenaje y pedía que Valencia anduviera deprisa por la senda de proteger y cuidar a los niños, que era mucha la urgencia. También se refirió al Hospital de Niños diciendo que sería manantial de vida pura.

“Sea este hospital la Casa de Salud donde ricos y pobres se sientan asistidos por iguales, y por igual reintegrados a la vida, con robustecida vida por el amor de todos. Anda deprisa Valencia, gana fama mundial de pródiga en sembrar el bien; sé para la conservación del niño y la formación del hombre futuro, la soberana del Bien como lo eres de la Belleza”.

Cerró el rector que se mostró orgulloso de tener en su claustro profesores como Gómez Ferrer.

Después el homenajeado fue acompañado a su domicilio por el alcalde y los médicos Muñoz Carbonero, Cuñat, Serra, y Bartrina. Allí lo esperaba una multitud que le obligó a salir al balcón de su casa y decir:

“Valencianos: No puedo más; mis lágrimas os dirán más que mis palabras. Para vosotros, estudiantes, intentaré ser siempre un padre. Para Valencia, mi amor”

Por la tarde los ayudantes de Gómez Ferrer Jorge Comín y José Tomás López Trigo y los alumnos de quinto curso regalaron a la esposa de Gómez Ferrer un gran ramo de flores. Ella correspondió regalando juguetes y pasteles a los niños enfermos de la Sala del Hospital que dirigía su esposo.

Ramón Gómez Ferrer
Gómez Ferrer nació en Valencia el 21 de diciembre de 1862. Vivió en su infancia las revueltas sociales y políticas que culminaron con el conocido como sexenio revolucionario. Hizo el bachillerato en el Instituto de Valencia. Cuando estaba realizando el “curso de ampliación de estudios” en 1877 murió su padre. Los sobrinos de la marquesa de San Juan, patronos del asilo que había fundado el acaudalado banquero y comerciante de la seda valenciano Juan Bautista Romero, se comprometieron a pagar los estudios de Ramón, hecho que éste nunca olvidó.

Se decidió por la medicina mientras llevaba la contabilidad del negocio familiar que consistía en confeccionar marmotas (gorras utilizadas entonces por mujeres y niños). En 1882 obtuvo la licenciatura a los 19 años. Ejerció después breve tiempo en dos pueblos sustituyendo a sus compañeros, en Godella y Cuatretonda.

Obtuvo el doctorado en 1884 con la tesis titulada  La herencia orgánica considerada desde el punto de vista de la higiene, en la que estudió la herencia orgánica sobre la base de las ideas de Haeckel.

En 1885, año de la epidemia de cólera, Gómez Ferrer se encargó de atender a los enfermos del barrio de Escuelas pías tras solicitar una plaza de agregado del Cuerpo Municipal de Sanidad.

En 1886 ganó una plaza de médico del Hospital provincial que no ocupó hasta más tarde. También ganó el cargo de ayudante de clínicas de la Facultad de Medicina de Madrid y de médico del Asilo San Juan Bautista. Tras opositar a otras cátedras, lo hizo a las vacantes de enfermedades de la infancia de Barcelona, Valencia y Granada. Eligió la de su ciudad natal.

En 1892 ingresó en la Academia de Medicina de Valencia, de la que en 1905 sería su secretario y en 1917 su presidente. En 1899 fue elegido vicepresidente del Ateneo de Valencia (no el actual Ateneo mercantil). En el mismo luchó para implantar la educación obligatoria en España y para divulgar temas médicos especialmente sobre higiene dirigidos a las madres.

En 1902 pudo compatibilizar su plaza de profesor con la que obtuvo en el Hospital provincial. A partir de entonces se encargó de la sala de niños. Pagaba en ocasiones los medicamentos que el hospital no poseía así como prendas, mantas, y otras cosas que se necesitaban.

En 1903, tras la muerte de Miguel Orellano, dirigió la revista médica La Medicina Valenciana, donde publicó buena parte de sus trabajos y sus ideas.

En 1908 fue designado miembro de la Junta de Protección a la Infancia y Represión de la Mendicidad en representación del Instituto Libre para la enseñanza de la Mujer.

En 1913 presentó ante la Junta Provincial de Protección a la Infancia una propuesta para que el Gobierno español aprobara una ley que estableciera la creación de tribunales de protección de menores.

En 1914 se constituyó una comisión para poner en marcha el hospital infantil de Valencia. Para ello se compraron unos terrenos en Paterna (67.000 metros cuadrados) con lo que se había recaudado. Sin embargo, más tarde, el proyecto quedó aparcado durante décadas.

En 1919 Gómez Ferrer fue nombrado decano de la Facultad de Medicina de Valencia, cargo que ocupó hasta su muerte.

En 1923 el Gobierno francés le otorgó la Legión de honor en reconocimiento a su labor asistencial y a su tarea científica en el campo de la pediatría.

Gómez Ferrer participó en varios congresos tanto nacionales como del extranjero y publicó buen número de trabajos tanto científicos como de divulgación, dirigidos a los padres con hijos.

Falleció el 11 de junio de 1924.

Cierre
No vamos a hablar aquí de la obra científica de Gómez Ferrer. A pesar de que no se ha realizado un estudio a fondo de su obra, puede encontrarse bastante información bibliográfica sobre él.

Aquí estamos en la calle Gómez Ferrer de Valencia, situada entre el Hospital Clínico y el que se conoce como “Materno Infantil”. ¿Hubiera podido ser éste el Hospital que imaginó? Lamentablemente se construyó en un momento que ya no era necesario debido a muchos motivos, entre ellos el descenso de la natalidad.

No sólo Valencia le recuerda. En muchos pueblos de Valencia puede encontrarse una plaza, una calle, un parque o una avenida con su nombre. Esto indica el agradecimiento de los valencianos a Gómez Ferrer por su generosidad, por su labor asistencial y científica.

Bibliografía

–Borrás Juan, J.A. (1968). El Doctor Ramón Gómez Ferrer, ilustre pediatra español. Valencia, Facta [separata de la revista Medicina Española, vol. 60]
–Comín, J. (1922). Homenaje al profesor Ramón Gómez Ferrer: discurso pronunciado… en el Instituto Médico Valenciano el 27 de mayo de 1922. Valencia, Publicaciones de La Crónica Médica.
–Cómo honra Valencia a un sabio. Pueblo, diario republicano de Valencia, 19 de mayo de 1920, p. 1.
–El doctor Gómez Ferrer y los niños. Pueblo, diario republicano de Valencia, 15 de mayo de 1920, p. 1.
–El homenaje al Dr. Gómez Ferrer. Pueblo, diario republicano de Valencia, 16 de mayo de 1920, p. 1.
–Estellés Salarich, J. (1920). El homenaje de Valencia al doctor Gómez Ferrer. Pueblo, diario republicano de Valencia, 19 de mayo de 1920, p. 1.
–Homenaje al Dr. Gómez Ferrer. Pueblo, diario republicano de Valencia, 17 de mayo de 1920, p. 2.
–La sesión del Ayuntamiento. Pueblo, diario republicano de Valencia, 10 de mayo de 1920, p. 3.
–Homenaje al Dr. Gómez Ferrer. Oro de ley, pp. 307-308
–López Piñero, J.M. et al (1992). Historia de la Medicina valenciana. Valencia, Vicent García Editors, vol. 3.
–Micó Navarro, J.A. (1993). Ramón Gómez Ferrer (1862-1924), primer catedrático de pediatría de Valencia. Valencia, Médicos, abril, nº 40, pp. 25-29.
–Torralba Rull, B. (2013). Ramón Gómez Ferrer: cronología de una vida dedicada a la infancia: 150 aniversario de su nacimiento. Valencia, Albatros.
–Una deuda de gratitud satisfecha. Valencia al doctor Gómez Ferrer. Las Provincias, martes 18 de mayo de 1920, p. 1
–Valencia y el doctor Gómez Ferrer. Nuevo Mundo, 6 de agosto de 1920.
–Varios autores (1920). El homenaje que Valencia a tributado a nuestro director el doctor Gómez Ferrer. La Medicina Valenciana, vol 20, pp. 200-248.
–Vidal Campos, A. (2017). Estudio de la revista ‘La Medicina Valenciana’ (1901-1920). Valencia, Trabajo Fin de Grado, dirigido por J.L. Fresquet.

 

Oskar Liebreich (1839-1908)

Liebreich

En la línea de rescatar a los protagonistas de la conversión de la materia médica en farmacología experimental, hemos insertado en la sección de biografías y epónimos médicos de historiadelamedicina.org la del alemán Oskar Liebreich (1839-1908).

Liebreich nació el 14 de febrero de 1839 en Köngsberg, Prusia oriental. Se formó como técnico químico con Carl Remigius Fresenius (1818-1897). Posteriormente estudió medicina en las Universidades de Königsberg, Tübingen y más tarde en la de Berlín. Trabajó después como asistente químico en el Instituto de Patología que dirigía Rudolf Virchow.

Tras habilitarse como profesor de farmacología, fundó el Instituto de Farmacología Experimental de Berlín. Se le conoce, sobre todo, por la introducción del hidrato de cloral en terapéutica, pero estudió también anestésicos generales y locales procedentes de productos naturales y de síntesis, la neurina, la lanolina y las sustancias procedentes de las cantáridas, entre otros. Tuvo interés asimismo en la balneoterapia y fundó la revista Therapeutische Monatshefte.

Durante muchos años fue el presidente de la asociación médica de Berlín y más tarde su presidente honorario.

Era hermano del oftalmólogo Richard Liebreich (1830-1917), conocido por inventar el oftalmoscopio que lleva su nombre. Se casó con María, hija del químico suizo Hans Heinrich Landolt (1831-1910). No le faltaron amigos y seguidores, no solo en Alemania, sino también en el extranjero. Disfrutó de una gran reputación en Inglaterra, que visitó en varias ocasiones. Fue nombrado doctor honoris causa de Oxford y Aberdeen [19].

Murió en Berlín en 1908.

Vicenzo Cervello (1854-1918)

Hemos añadido a la sección de biografías y epónimos médicos de historiadelamedicina.org la del Italiano Vicenzo Cervello (1854-1918).

Seguimos insertando biografías de los científicos que contribuyeron a incorporar nuevos fármacos a la terapéutica desde las bases científicas de la nueva farmacología experimental. En este caso traemos la del italiano Vicenzo Cervello. Nació en Palermo el 13 de marzo de 1854. Su padre era profesor de la vieja asignatura de “materia médica y terapéutica” en la Universidad de Palermo, en la que estudió Vicenzo. Después se formó con el fisiólogo Angelo Mosso en su Instituto de Turin y pasó tres años con Oswald Schmiedeberg en su Instituto de Farmacología experimental de Estrasburgo.

Vicenzo Cervello acabó sustituyendo a su padre en la cátedra e introdujo la nueva farmacología experimental en Italia. Entre sus contribuciones está el aislamiento del principio activo de la Adonis vernali, el estudio de la acción de varias sales metálicas y la introducción en terapéutica del paraldehido, sustancia sintetizada por Widenbusch en 1829.

Cervello también colaboró en la lucha contra la epidemia de cólera de 1887 en Italia y fue un incansable luchador contra la tuberculosis. Cervello formó parte de la comisión designada por el gobierno para la revisión periódica de la farmacopea oficial del reino. También fue presidente de la Real Academia de ciencias médicas y de la Real Academia de ciencias, letras y artes de Palermo. Fue miembro del consejo provincial de salud y concejal de higiene del Ayuntamiento de Palermo. En 1893 fundó la revista Archivio di farmacologia e terapeutica, de la cual también fue su director entre 1893 y 1913. Murió en Palermo el 4 de diciembre de 1918.

Crimen y suicidio. Francisco Villanueva Esteve (1857-1915)

Hace ya unas semanas subimos al canal de Youtube “Medicina, historia y sociedad” un vídeo dedicado a Francisco Villanueva Esteve (1857-1915) que también dedicamos a los profesionales sanitarios que son agredidos. Está disponible tanto en castellano como en valenciano.

Nuestra intención es proporcionar pequeñas historias que caben dentro del rótulo “Medicina, historia y sociedad”, invitando a los visitantes a que completen la información que se proporciona, si es su deseo. En este caso pueden dirigirse a la biografía de F. Villanueva Esteve.

Canal en Instagram

 

John Jacob Abel (1857-1938)

Abel

Hemos añadido la biografía de John Jacob Abel en la sección de “Biografías y epónimos médicos” de historiadelamedicina.org.

Nacido cerca de Cleveland, Ohio, el 19 de mayo de 1857, procedente de una familia alemana, se formó en la Universidad de Michigan y en la de John Hopkins. Después él y su esposa programaron una larga estancia en Europa para formarse con los mejores científicos de cada campo de la medicina. Entre estos podemos mencionar a Carl Ludwig (1816-1895), Maximilian von Frey (1852-1932), Wilhelm His (1831-1904), Rudolf Boehm (1844-1926), Ernst Adolf G. Strümpell (1853-1925), Johannes Wislicenus (1835-1902), Adolf Kussmaul (1822-1902), Friedrich Daniel von Recklinghausen (1833-1910), Wilhelm Heinrich Erb (1840-1921), Vincenz Czerney (1842-1916), Bernhard Naunyn (1839-1925), Felix Hoppe-Seyler (1825-1895) y Oswald Schmiedeberg (1838-1921). Fue este último quien primero despertó en Abel el interés en la investigación farmacológica

A su regreso creó un departamento en la Universidad de Michigan y, dos años más tarde, fue contratado en la John Hopkins, donde permaneció hasta su jubilación. Fue uno de los responsables en los Estados Unidos de transformar la clásica materia médica en farmacología experimental. Entre sus contribuciones destacan el aislamiento de la epinefrina, principio activo de la médula suprarrenal, la cristalización de la insulina y sus hallazgos en el conocimiento de la acción biológica de la histamina.

John J. Abel se casó con Mary Hinman, hija de médico, en 1883, con la que compartió su vida a lo largo de cincuenta y cinco años. Cuando Abel estaba en Boston, ella fue nombrada miembro de la Junta de Supervisores de Caridad de la Ciudad de Baltimore, trabajando para mejorar los estándares de la alimentación en las instituciones de la ciudad. Durante la Primera Guerra Mundial fue directora de economía doméstica de la Administración de Alimentos de Maryland y asesoró a la División de Mujeres del Consejo de Defensa Nacional sobre la viabilidad de ofrecer al público tipos de cocinas y cooperativas comunitarias que había estudiado en Europa. Murió el 20 de enero de 1938 y fue enterrada en su ciudad natal de Montour Falls, Nueva York. Tuvieron tres hijos; una hija que murió en Estrasburgo el 30 de octubre de 1888, y dos niños que sobrevivieron, George H. Abel y Robert Abel.

Pocos meses después de que falleciera su esposa, el profesor Abel sucumbió a una trombosis coronaria cuando estaba ingresado en el Hospital Johns Hopkins el 26 de mayo de 1938.

Calle del médico Esteve, Valencia

Hace unos días insertamos un vídeo en el nuevo canal “Medicina, historia y sociedad” que se refiere a la Calle del Médico Esteve, de Valencia. En el mismo contamos quién fue este médico. Hay una versión del vídeo en castellano y otra en valenciano.

 

Europa occidental atravesaba un periodo de depresión durante el siglo XV. Valencia, sin embargo, alcanzó un extraordinario esplendor demográfico, económico y cultural, por eso algunos hablan de su “siglo de oro”. Valencia “tiraba entonces del carro” de la Corona de Aragón.

La unión con Castilla cambió la situación y Valencia pasó a ocupar un lugar secundario –digámoslo así– igual que le sucedió a toda la Corona de Aragón. A lo largo de los siglos XVI y XVII fue arraigando el absolutismo monárquico que se consolidó con la llegada de los Borbones. Poco a poco se fue perdiendo la autonomía y para tomar cualquier decisión había que contar con el beneplácito de la Corona.

Sin embargo, la Universitat de València, la típica universidad municipal, mantenida por la oligarquía preburguesa local, vivió en el siglo XVI uno de sus periodos más florecientes.

Valencia es una de las ciudades que más calles ha dedicado a sus médicos de todas las épocas. Hoy nos ocuparemos de la calle del médico Esteve.

Pedro Jaime Esteve nació en Morella o San Mateo (Castellón) en 1500 y falleció en Valencia en 1556. Pertenecía a una familia que se dedicaba a la enseñanza.  Como médico se formó en la Universidad de París, con Jacobo Sylvio (el que da nombre a una estructura anatómica: el acueducto de Silvio), seguidor fanático de Galeno que más tarde se enfrentaría con el renovador Andrés Vesalio que también había sido discípulo suyo. Otro de los profesores que tuvo Esteve fue Pierre Gorris, cultivador del humanismo médico especialmente como lexicógrafo.

Esteve estuvo además en la Universidad de Montpellier. Su principal maestro allí fue Guillaume Rondelet, excelente naturalista que destacó por el estudio de la fauna marina. Sus viajes por Italia le mostraron el interés de realizar disecciones de cadáveres para el estudio de la anatomía aunque Montpellier carecía entonces de la cátedra de esta materia.

Esteve, con una excelente formación en lenguas clásicas, anatomía y como naturalista, vino a Valencia para ejercer la profesión. Gaspar Escolano dijo de él lo siguiente:

“Sin duda, este aventajado varón Pedro Jaime, nuevo Colón de las Indias descubiertas en la medicina, mereció el nombre de Trimegistro, que quiere decir tres veces grande, porque fue grande trilingüe, grande astrólogo y grande médico, mayormente en anotomía y cátedra de yerbas”

En 1544 y 1553 fue nombrado examinador de médicos. Ocupó la cátedra de anatomía y medicamentos simples los cursos 1545-46 y 1546-47; la de griego y cirugía el de 1547-48 y de matemáticas el de 1555-56.

En la Universidad se le asocia con Miguel Jerónimo Ledesma, es decir, con el grupo o movimiento humanista que se enfrentó durante los años 40 a los seguidores de la tradición bajomedieval. Fue expulsado durante un año de la Universidad por intercambiar palabras gruesas con el entonces rector Juan de Celaya, cabeza de los bárbaros.

Esteve nos dejó varias obras escritas. El 1551 publicó una edición del texto griego con traducción latina y amplios comentarios del segundo libro de las Epidemias hipocráticas. El editor fue Juan Mey y la obra fue impresa a la altura de las mejores ediciones italianas de la época.

Lo que hoy llamaríamos el logo de Mey lo formaba un anciano que lleva un libro en su mano izquierda y sostiene con la derecha un gran compás, debajo del cual hay un cetro y una corona. Simboliza el gran poder que los libros dan al ser humano. Esta obra fue utilizada en toda Europa a lo largo de cuatro siglos. Llegó a tener tanta importancia que algunos envidiosos dijeron que lo había copiado de un libro desaparecido u oculto del propio Galeno.

Un año después dedicó una obra a la teriaca (preparado compuesto por varios ingredientes distintos), poema de tema toxicológico de Nicandro de Colofón que también editó Mey. Theriaka tiene 958 hexámetros y se ocupa de los síntomas y tratamiento de las intoxicaciones por mordeduras y picaduras de serpientes, arañas, escorpiones y otros animales venenosos.

La primera traducción grecolatina de la Theriaka es la de Pedro Jaime Esteve. Historiadores posteriores dijeron de esta obra que demostraba los vastos conocimientos  de Esteve en la lengua griega, la latina, en botánica y en medicina. Supo reducir el poema al latín con el mismo número de versos y pies de que consta el original. El libro añade comentarios sobre varias plantas que observó él mismo en Valencia.

También escribió un Diccionario de yerbas y plantas medicinales del reino de Valencia que no se publicó y del que quedó un resumen o extracto en la Historia de Valencia, de Escolano.

Al principio del vídeo me he preguntado qué tenía que ver nuestro personaje con un producto comercial. Se trata de esto que sin duda ya conocerán: un endulzante a base de un producto obtenido de una planta llamada Estevia. En realidad esta planta recibe el nombre de Stevia rebaudiana Bertoni. Pertenece a la familia de las Asteráceas, género Stevia.

El nombre de Stevia lo puso un célebre botánico valenciano que conocerán: Antonio José Cavanilles (1745-1804). Lo podemos ver en una copia digital de la Biblioteca del CSIC de sus Icones et descriptiones plantarum. El detalle lo hallamos en la descripción que se encuentra en las páginas 32 y 33. Lo puso, pues, en homenaje a Pere Jaume Esteve.

Cavanilles distingue tres especies de las que adjunta lámina: La 354: Estevia saliciforme, la 355: Stevia serrata, la 356: Stevia Pedata. Estas no son, sin embargo, la Estevia “rebaudina”, la edulcorante, que tardaría todavía en llegar. La palabra “rebaudiana” procede de Ovidio Rebaudi que fue el que realizó su primer análisis químico. Por último “Bertoni” viene Moisés Santiago Bertoni, un estudioso de la flora guaraní de finales del siglo XIX que fue quien la identificó. La planta es oriunda de Paraguay y los nativos la utilizaban para endulzar las infusiones de mate y de otras plantas. Su poder edulcorante es muy alto.

Muchos vieron su utilidad después de popularizarse los edulcorantes y ahora la industria alimentaria le está sacando mucho partido. Los resultados de su aclimatación al ambiente mediterráneo son positivos, pero en estos momentos China es su principal productor. Lo que a nosotros nos llega, sin embargo, es un producto procesado que contiene glucósidos del esteviol (Aditivo E-960). Por tanto, aunque se venda como producto natural, no lo es. Su uso fue aprobado por la FDA americana y también por la Comisión Alimentaria y de Sanidad Animal de la Comisión Europea en 2011.

En España no está permitida la venta de las hojas. Como siempre algunos han tratado de convertir a esta planta en “panacea” para los diabéticos. Cuidado con estos temas, todos ellos derivados del abuso de la palabra NATURAL que se la equipara a SIN PELIGRO.

Bueno, ya conocemos quién está detrás del nombre de esta calle.

Bibliografía

Pedro Jaime EsteveNicandri Theriaca: traducción latina en verso (1552). Introducción, edición crítica, traducción y notas de M.T. Santamaría Hernández. Cuenca: Universidad de Castilla-La Mancha, 2018.

López Piñero, J.M. (2010). La Escuela botánica valenciana del Renacimiento. València, Consell Valencià de Cultura, pp. 39-61.

Moisés Santiago Bertoni. En: Wikipedia español. Disponible en: https://es.wikipedia.org/wiki/Mois%C3%A9s_Santiago_Bertoni , Consultado el 15 de octubre de 2019.

Ovidio Rebaudi. En Wikipedia español. Disponible en: https://es.wikipedia.org/wiki/Ovidio_Rebaudi , Consultado el 15 de octubre de 2019.

Santamaría Hernández, María Teresa (2012), “Esteve, Pedro Jaime”, en Diccionario biográfico y bibliográfico del humanismo español (siglos XV-XVII). Madrid, Ediciones Clásicas, pp. 287-290.