La prensa diaria española y la introducción en España del 606

En el sitio historiadelamedicina.org hemos incluido una nueva exposición interactiva dedicada a la introducción en España del Salvarsán. Su título es La prensa diaria  y la introducción en España del 606.

Se compone de varios módulos. En el que lleva el título “1910” se muestran algunos datos y tasas estadísticas relativos a España y a Madrid de 1910; imágenes y una película de la capital de España de esta época; publicidad; y espectáculos. Su objetivo es introducir al visitante en el contexto social y cultural.

El módulo “La sífilis” muestra imágenes macroscópicos y microscópicas de las lesiones características de la enfermedad. Se habla de la misma y se ofrecen algunos datos estadísticos.

“Paul Ehrlich” se compone de tres apartados. En el primero se ofrece una biografía de Ehrlich. En el segundo, se describe cómo se llegó al compuesto 606 o salvarsán. El tercero trata de que el visitante reviva los acontecimientos de las decenas de médicos españoles que se trasladaron a Frakfurt para aprender todo lo relativo al nuevo fármaco. Para ello se recurre a las crónicas que los hermanos José y Vicente García Donato, valencianos, mandaron al diario Las Provincias, desde Alemania y París.

En “Prensa diaria” se habla, de una parte, de los diarios y revistas que se han investigado. De otra, se resume lo que sucedió de agosto de 1910 a diciembre de ese mismo año. Se invita al visitante a que lea las noticias y artículos originales más significativos. Por último se muestra un resumen estadístico de lo que se publicó en la muestra de periódicos elegida por meses y por diarios o revistas.

En “Protagonistas” se han reunido de forma muy sintética las biografías de los principales protagonistas que intervinieron en la introducción en España del salvarsán.

Finalmente se ofrece también un mapa del sitio y la sección de créditos y bibliografía.

Para poder disfrutar de la exposición se recomienda el uso de navegadores actualizados.

Captura de pantalla

Anuncios

El ‘606’ en El Imparcial (1910) (3)

Seguimos adelante con el seguimiento que hizo El Imparcial del nuevo medicamento de Ehrlich, el ‘606’. Después de la temprana noticia que proporcionó Verdes Montenegro, se publicó un artículo de otro de los protagonistas de la introducción del salvarsán en España. Como ya vimos al abordar el tema en otros diarios, se trata del doctor Bandelac de Pariente, que era médico de la Embajada de España en París. Veamos el artículo:

El 606 del profesor Ehrlich, de Francfort

Nuestro eminente colaborador científico, el doctor Verdes Montenegro, escribió en El IMPARCIAL un artículo que produjo impresión profunda en todas partes. Exponía el descubrimiento admirable y transcendental de Ehrlich para la curación de la ‘avariosis’.

Ayer hemos recibido un nuevo artículo sobre tan interesante asunto, escrito por el doctor Bandelac de Pariente, médico de la Embajada española en París. Insertamos a seguida esta nota científica.

Francfort, Septiembre
Hace dos meses aparecieron en las revista médicas las primeras comunicaciones sobre los resultados verdaderamente extraordinarios obtenidos en la curación de la sífilis por un nuevo procedimiento descubierto por el profesor Ehrlich, de Francfort.

Este procedimiento, según aparecía en las tales comunicaciones, violentaba de tal manera todos nuestros conocimientos sobre la terapéutica específica hasta hoy empleada, que hemos de confesar nuestro escepticismo ante ellas.

‘Una sola inyección del nuevo específico, y no ya los casos incipientes, sino las afecciones más antiguas y rebeldes a todo tratamiento mercurial o arsenal (incluso el atoxil); las manifestaciones más terribles del periodo, no ya secundario, sino del terciario; las gomas ulceradas y aun los principios de parálisis; en una palabra, los casos más desesperados, y ante los que la terapéutica era impotente, curábanse con una rapidez rayana en el milagro, puesto que asignaban periodos de cuatro a diez días para la cicatrización de estas lesiones, hasta entonces rebeldes a todo tratamiento’.

Por la misma exageración de los resultados, estas comunicaciones hubiéramos parecido uno de tantos ‘bluffs’ de los que se dan, por desgracia, casos frecuentes en los medios científicos, a no haber mediado en todo ello el nombre de Ehrlich, cuya honradez científica es universalmente proclamada, así como su grandísima ciencia; cualidades que hace dos años se vieron recompensadas por la concesión del premio Nobel, de ciencias médicas, que le fue atribuido en unión del sabio Metchnikoff, director del Instituto Pasteur de París.

Ante la dificultad de comprobar por nosotros mismos estos inverosímiles resultados, puesto que los ensayos habían sido hechos tan solo en una Clínica particular de Alemania, y en un pequeño número, hubimos de resignarnos a esperar que el tiempo confirmara estos anuncios, firmemente decidos a estudiarlos por nosotros mismos en cuanto se nos presentase un momento propicio, convencidos de que, en caso de ser ciertos estos vaticinios, para pocos países era de tan capital importancia el descubrimiento en cuestión como para el nuestro, puesto que todos sabemos hasta qué punto la terrible enfermedad es una plaga nacional y el lugar preferente que ocupa en la estadística de nuestra patología.

Han pasado dos meses desde los primeros anuncios, y no ya la Prensa médica, sino todos los periódicos europeos se vienen ocupando diariamente del prodigioso descubrimiento de Ehrlich, comunicando resultados no menos sorprendentes que los primeros obtenidos, y no en una sola clínica, como al principio, sino en las principales de Viena, Moscou, Bruselas y en el mismo París en la dirigida por el doctor Salmon, del Instituto Pasteur.

Consecuentes, pues, con nuestro primitivo propósito, creímos llegado el momento oportuno y hemos venido, a la misma cuna del descubrimiento a estudiar y a ver por nuestros propios ojos estas curas milagrosas que hasta ahora consideramos increíbles.

Apenas llegados a esta población, nos apresuramos a presentarnos al profesor Ehrlich, quien nos recibió con la amabilidad más cordial, manifestándonos la gran satisfacción que le causaba ver, por fin, a un médico español que venía estudiar personalmente su nuevo procedimiento, pues hasta ahora nuestro país no había parecido darle crédito.

El profesor Ehrlich nos explicó personalmente en qué consistía su famoso 606, fórmula de nombre cabalístico, así llamada por el número ordinal de las preparaciones que hasta aquí había ensayado sin resultado satisfactorio: es un ‘diamedo-arseno-benzol’ de cuya preparación se guarda el más absoluto secreto; el producto en cuestión tardará aún algunos meses en entregarse al comercio, y hasta ahora Ehrlich no ha confiado su aplicación más que a muy contados médicos especialistas; por estas mismas dificultades, nuestra gratitud hacia el ilustre profesor es mucho mayor por su amabilidad al entregarnos una cantidad de tubitos para que pudiéramos ensayar su procedimiento por nosotros mismos.

El tratamiento consiste en una sola inyección intramuscular, en dosis que oscilan entre ‘dos centímetro cúbicos’ para los recién nacidos, hasta ‘sesenta centigramos’ del específico inicial, según la edad, la resistencia y el grado de infección del paciente.

Al terminar nuestra entrevista con el sabio profesor, éste nos presentó y recomendó personalmente al profesor Herxheimer, el gran dermatólogo, en cuya clínica principalmente hemos podido, durante nuestra larga estancia, comprobar día a día el verdadero valor de este nuevo tratamiento.

Hoy podemos afirmar que cuanto se ha dicho de este famoso 606 es cierto, y que las curaciones obtenidas causan verdadera estupefacción, por la rapidez de sus resultados y por la igualdad de éstos en los más diversos casos.

Hemos podido comprobar curaciones de la enfermedad adquirida por el propio paciente, de la hereditaria en los recién nacidos y de las de los adultos hijos de sifilíticos, haciendo en todos los casos previamente la reacción de Wassermann con resultado positivo, siendo este negativo al proceder a un ensayo de nueva reacción a los dos meses de aplicada la única inyección en que, como hemos dicho, consiste este tratamiento.

Reservamos para una revista profesional todos los detalles clínicos, descripción de la evolución de las lesiones y sujetos curados, pues no creemos que tal estudio correspondiera a la índole de EL IMPARCIAL:

Doctor Baudelac de Pariente. El Imparcial, lunes 12 de septiembre de 1910, p. 5

El Imparcial, lunes 12 de septiembre de 1910, p. 1.

++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++

Extranjero. París 12.— El ilustre doctor español Bandelac de Pariente, médico de la Embajada de España en París, ha marchado hoy a Alemania para realizar nuevos estudios el ya famoso 606, remedio hallado por el sabio profesor Ehrlich.

El Imparcial, martes 13 de septiembre de 1910, p. 1.

[Proyecto HAR2008-04023]

El ‘606’ en El Imparcial (1910) (2)

A los pocos días de publicarse la primera noticia en El Imparcial sobre el ‘606’, uno de los periodistas y comentarista más reputado de la época, Mariano de Cavia (1855-1920), se hacía eco de la misma. Cavia nació en Zaragoza en 1855, donde estudió derecho y comenzó a destacar en la prensa local. Marchó luego a Madrid y trabajó en los diarios más prestigiosos de la época; primero en El Liberal, después durante una década en El Imparcial tras una breve estancia el Heraldo, y más tarde en El Sol. En 1916 fue elegido académico de la Real Academia de la Lengua, aunque no tomó posesión debido a su precario estado de salud. Como nota curiosa, vivió siempre en un hotel y tenía un piso en el que guardaba su biblioteca.

Reproducimos, a continuación el artículo publicado bajo el título de su columna Cháchara:

Lo que es por falta de motes no se quedará el año que corre sin ocupar un puesto de los más salientes en la historia del siglo actual.

Se le puede denominar el año del cometa engañoso, el año del cólera discretito (al menos hasta ahora), el año de la ‘huelguitis’ crónica, el año de la exaltación de Don Dalmacio, y ante todo y sobre todo, ‘el año del 606’.

Número bendito, número afortunado, número milagroso, número digno de toda admiración y reverencia… Cuando halléis el 606 en un coche de punto, apresuraros a subir en el simón, aunque sea sin rumbo fijo, porque no podrá menos de conduciros hacia la Fortuna, hacia la Felicidad.

Si encontráis el 606 bajo la prosaica figura de un guardia de Seguridad, saludad a éste con toda la devoción que merece un verdadero ángel custodio del género humano. Contemplad y venerad en él una auténtica, excelsa y portentosa representación de la Providencia divina o de la Ciencia humana, según seáis deístas o positivistas.

Y principalmente, oh jugadores de la Lotería Nacional, proceded sin tregua ni descanso a la busca y captura del billete que ostente el privilegiado, el mágico, el deslumbrador número 606. Imposible que ese billete deje de trocarse en un puñado de los otros que emite el Banco de España.

Por de pronto, un efectivo premio gordo ha tocado a la Humanidad  con el celebérrimo 606 del doctor Ehrlich, si es cierto, como parece serlo, que ese preparado —más valioso que la misma piedra filosofal— cura de un modo definitivo aquella terrible dolencia que, según dicen, se vengó de sus descubridores y conquistadores europeos la que llamó Quintana ‘virgen del mundo, América inocente’.

La sencilla y clara denominación de «606» quedará para siempre. Es el mejor y más legítimo alarde que el doctor Ehrlich tiene derecho a hacer de su tesón a toda prueba; porque antes de acertar con el remedio que hoy constituye la gran actualidad médica y humanitaria, el profesor alemán se había ensayado con la friolera de otros seiscientos cinco productos análogos y conducientes al mismo fin.

No; en verdad que ante ese éxito sensacional no se dirá que ‘la obra estrenada se resentía de falta de ensayos’. Y si el estruendoso triunfo del profesor Ehrlich queda asegurado con toda la solidez que es de desear, a pocos hombres como a ese Alcides de laboratorio, vencedor de una hidra mucho más temible y cruel que la de Lerma, se podrá aplicar la sabida definición: ‘El genio es la paciencia’.

¡Hurra, pues, por el 606 y por su descubridor! ¡Y viva (toma carrerilla, lector, para lanzar este vítor) viva el biclorhidrato de diamidoarsenobenzol!… Tal es el nombre técnico del prodigioso preparado. Se comprende que el bueno de Ehrlich no haya querido imponernos tan molesto trabalenguas a los que tenemos expedita la dicción; si bien, en opinión del profesor Humbugman, el constante y metódico nombrar al ‘bicloridrato de diamidoarsenobenzol’ sería un excelente remedio para la tartamudez.

No hay mal que por bien no venga, y viceversa.

La verdad de ese aforismo vulgar viene a comprobarla otro eficacísimo ‘medicamento’, digámoslo así, contra el cólera, que en competencia con el suero de Mechnikoff y Salumbeni, preconizan un virtuoso general y un bizarro sacerdote, sin apartarse (¡fuera las teorías razonadas!) de los modestos límites del empirismo casero.

El general Thory ha comunicado a un diario parisiense la gran receta del padre Janin, vicario apostólico en Cochinchina. No dicen si el tal padre Janin tiene algún parentesco con el humorístico autor de ‘El asno muerto y la mujer guillotinada’.

¿En qué consiste la receta de este señor vicario, no menos empírico que el de Zarauz pasado ya de moda?… Pues en administrarse copiosos tragos de aquel dañino brebaje que ciertos poetas melenudos bautizaron (poca agua y mucho ajenjo) con el nombre de ‘la Musa Verde’.

Según el susodicho padre de almas., y de licores fuertes, el ajenjo, ampliamente libado, sienta como ‘mano de santo’, no ya , a hombres en pleno vigor, pero a mujeres, viejos y niños, atacados del cólera.

—Yo mismo (declaró el vicario al general) he tenido el cólera tres veces. En la primera, la enfermedad se manifestó de súbito con vómitos y deposiciones que me dejaron absolutamente aniquilado. Bebí un tercio de litro de ajenjo; me quedé dormido, y a media noche desperté curado del todo. Del segundo y tercer ataque me curé, tomando dos vasitos de ajenjo, como vasos para el vino de Burdeos, en una taza de té bien caliente.

No sé por qué, se me figura que el empírico tratamiento del padre Janin contra ‘el cólera de origen asiático’ va a encontrar más creyentes que la sabia medicación del profesor Ehrlich contra el otro ‘morbo’ de procedencia americana. Y es probable que, así como en las cervecerías ocupa lugar preeminente la efigie del rey Gambrino, se ponga muy pronto en los despachos de bebidas alcohólicas el retrato del padre Janín, bienhechor de la humanidad… y de la ‘Maison Pernod’.

Peligrosillo remedio, a decir verdad, el del vicario apostólico en Cochinchina; porque muchos de los curados del cólera, contraerían el funesto vicio del ajenjo, siquiera por gratitud. Y sería como salir de Malaguita para entrar en Malagón.

Lo dicho. No hay mal que por bien no venga, ni bien que no ocasione algún mal. También esta es filosofía empíricamente pura. Se la brindo, a las comadres, al general Thory y al vicario apostólico… del ajenjo.

Mariano de Cavia. El Imparcial, miércoles 7 de septiembre de 1910, p. 1

Mariano de Cavia

[Proyecto HAR2008-04023]

El ‘606’ en ‘El Imparcial’ (1910) (1)

Después de habernos ocupado de seguir la cobertura que el Heraldo de Madrid dio a la novedad del Salvarsán o ‘606’, vamos a recoger la que hizo otro diario de gran importancia en la época: El Imparcial. Frente a los diarios de partido éste se puede catalogar como ‘de empresa’. Fue fundado por Eduardo Gasset y Artime en 1867. Dejó de publicarse en 1933. Este diario fue muy apreciado por lo que hoy llamaríamos su ‘suplemento cultural’, conocido como ‘Los lunes de El Imparcial’, que recogió artículos de los mejores escritores de entonces. También incluyó una sección de divulgación científica durante muchos años.

El Imparcial fue uno de los primeros en recoger información sobre el nuevo producto. Lo hizo gracias a un artículo que envió el médico José Verdes Montenegro [y Páramo], colaborador habitual del diario, desde Berlín. Estaba bien informado y conocía la labor científica de Paul Ehrlich. Lo reproducimos a continuación.

La lucha contra la Avariosis
El 606 en Berlín

No imagine el lector, considerando el título, que haya caído en Berlín el premio grande de la lotería. Trátese de un importante progreso científico, llamado quizás a producir a la humanidad bienes considerables. El producto de que se trata es conocido con el título de ‘606’ porque tiene ese número de orden en el registro de los ensayos del Laboratorio de Ehrlich. Para llegar a él han sido precisas 605 tentativas infructuosas y veinticinco años de perseverantes esfuerzos.

El 606 constituye la más importante actualidad del mundo científico porque se cree que se ha dado con un medio extraordinariamente más activo que los actualmente conocidos para combatir la avariosis, una de las grandes plagas del género humano. Ateniéndonos a los hechos registrados por médicos serios a quienes Ehrlich ha hecho ensayar el producto, para huir de lo que en Berlín, como en otras capitales, exagera la opinión científica impresionada, todavía encontramos en esos hechos motivos de grandes esperanzas.

En una conferencia reciente acaba de declarar Ehrlich que tiene los resultados de observación de 3.300 enfermos de avariosis; y que en 200 casos, considerados como desesperados, una sola inyección había podido arrancar a los enfermos de una muerte próxima. Es la afirmación, como se comprende, de una importancia extraordinaria: de un lado, por la figura respetable del sabio que la lanza, y de otro, por las particularidades de la enfermedad de que se trata.

No voy a describir a Ehrlich, una de las grandes figuras de la ciencia experimental alemana, director del Instituto de comprobación oficial de sueros y vacunas; pero respecto de la avariosis sí he de hacer observar que tiene una marcha crónica y traidora. Combatidas, con más o menos facilidad, sus primeras manifestaciones, al cabo de algún tiempo aparecen otras más importantes y graves; dominadas éstas ‘en los casos en que es posible, poco o mucho después se presentan manifestaciones terciarias imponentes y comprometedoras; algunas veces la muerte suele ser consecuencia de estas lesiones, y de todos modos, sea la infección benigna o grave, el individuo que una vez la ha sufrido no se ve nunca libre de ella; todo en él toma el carácter y se muestra influenciado por la infección experimentada, y hasta su misma descendencia sufre los efectos de la plaga avasalladora.

Más o menos fácilmente, según las condiciones del enfermo y la virulencia de la infección, se combaten actualmente las manifestaciones de la enfermedad mediante un tratamiento que dura dos, cuatro, seis o más años. Con algunas inexactitudes indispensables para ofrecer una síntesis del asunto, este puede decirse que es el estado actual de la terapéutica de la avariosis. Mis queridos amigos los doctores Azúa, Pardo Regidor, Nonell, Sánchez Covisa y tantos otros dedicados al estudio de esta enfermedad, me perdonarán si el cuadro no es completamente exacto, teniendo en cuenta que yo no sigo la ciencia en este punto con la asiduidad que ellos lo hacen. El producto de Ehrlich, ¿supone un paso más en la lucha contra la avariosis, aun cuando no impleque su curación definitiva?

Para pronunciarse respecto de este último particular es pronto todavía. Trátese de una enfermedad de la cual pudiéramos decir que se sumerge, como el Guadiana, en lo profundo del organismo para aparecer, años adelante, cuando nadie lo esperaba, con mayor caudal y con mayores bríos, con manifestaciones más intensas y aparatosas. No es posible, por lo tanto, el ver desaparecer los síntomas con el 606, profestizar si desaparecerán para siempre o, pasados los años, retornarán de nuevo. Esta parte de la acción terapéutica tiene que quedra todavía en suspenso para todo espíritu serio.

Pero en cuanto a la eficacia del 606 para combatir las manifestaciones de la avariosis, parece indudable que es muy superior a todos los medios que actualmente se emplean. Las alteraciones desaparecen rápidamente a consecuencia de la inyección. En los gomas del periodo terciario —dice Pick— el 606 tiene una rapidez de acción tan maravillosa, que recuerda la de la quinina en el paludismo. Ehrlich dice, con la prudencia que conviene a una personalidad de su relieve en el mundo científico, que él no afirma hoy por hoy la curación absoluta y sin recidivas; pero que tiene por evidente que las alteraciones desaparecerán rápidamente con la inyección del 606 y que confía en que una sola inyección de una dosis suficientemente fuerte podrá curar definitivamente gran número de enfermos. El autor rechaza que se emplee el nuevo producto en los casos en que se han producido lesiones graves de los centros nerviosos, como en la parálisis progresiva o la ataxia locomotriz.

He aquí lo que, hoy por hoy, desapasionadamente puede decirse de una cuestión que ha despertado en el mundo científico curiosidad tan grande. Todo hace creer que se ha realizado un gran progreso en la lucha contra la avariosis.

Los límites de la eficacia de ese progreso no están aún, ni estarán en mucho tiempo, bien determinados.

José Verdes Montenegro, Berlín Agosto. El Imparcial, 28 de Agosto de 1910, p. 2

El ‘606’ en el ‘Heraldo de Madrid’, 1910 (y 5)

Finaliza la serie de artículos y noticias sobre el ‘606’ publicadas en el Heraldo de Madrid en 1910. Se trata de la reseña de una conferencia que Juan de Azúa impartió en el Colegio de Médicos de Madrid. El objetivo era demostrar qué tipo de inyecciones de ‘606’ era mejor, si la intramuscular o la intravenosa:

El 606
La conferencia de Azúa

El sabio especialista llevó ayer noche a la tribuna del Colegio Médico el tema interesantísimo de la superioridad de las inyecciones intravenosas sobre las musculares en el tratamiento de la avariosis por el salvarsán (nombre definitivo con que ha quedado bautizado el 606.

Las inyecciones musculares son siempre dolorosas y predisponen además a la acumulación del medicamento, haciéndolo así inócuo; las intravenosas carecen de estos inconvenientes y además ofrecen las ventajas de su rapidez de acción y de la necesidad de una menor dosis. El obstáculo a las mismas está en la poca práctica que hay en su realización conceptuándolas difíciles, cuando en realidad tienen una ejecución sencilla.

Con toda claridad, y desde un punto de vista práctico, hizo el Dr. Azúa la descripción de esta técnica, para la que emplea una jeringuilla especial, según hemos expuesto en la conversación que respecto a este asunto tuvo la bondad de de sostener con nosotros el ilustre médico hace unos días.

La conferencia tuvo un aspecto práctico, de gran interés, que consistió en la presentación de varios enfermos, entre ellos uno de lesiones meningo-mialitis y otro, de siete años de antigëdad, y que, rebelde a todo tratamiento, mejoró de un modo manifiesto con la inyección del 606.

Un público numerosísimo y distinguido llenaba el salón de actos del Colegio y premiaron con un cariñosa ovación la conferencia del Dr. Azúa.

El Heraldo de Madrid, 31 de diciembre de 1913, p. 1

[Proyecto HAR2008-04023]

El ‘606’ en el ‘Heraldo de Madrid’ (4)

Seguimos con esta serie de breves y artículos sobre el ‘606’ publicados en el Heraldo de Madrid, para el trabajo que estamos preparando. Ya que andamos en la tarea, creo que es interesante compartir estos artículos dentro del espíritu de la Web 2.0 y porque es una forma de recuperarlos para quien esté interesado.

En noviembre se publicó una interesante entrevista a uno de los protagonistas, el Dr. Azúa, que apareció en portada, con fotografía. Se la hizo el Dr. José de Eleizegui. Aquí la transcribimos:

El 606
Hablando con el Doctor Azúa

La experiencia personal desde que regresó de Francfort el doctor Azúa.— Veintiséis casos tratados.— Modificaciones prácticas.— Su juicio comparativo con los demás tratamientos.— ¿Adónde llegará el 606?— ¿Qué porvenir aguarda a la quimioterapia?

Sigue siendo la novedad científica del día el preparado de Ehrlich. Se suceden las publicaciones, se repiten las casuisticas, se propaga el método, y ya no solo la clase médica, sino la Humanidad entera, está pendiente de que la Ciencia dé su definitiva sanción. Escuchar a Azúa resultaba, pues, de un interés extraordinario. Los juicios del primer especialista español tienen para nosotros toda la fuerza de una sentencia irrefutable… porque, al exponerlos ahora, habla por propia cuenta, por investigación personal, resultado de sus trabajos en la clínica de San Juan de Dios.

Decididos, pues, a interrogarle, contábamos desde luego con su amabilidad, nunca desmentida, o invocando la necesidad de exteriorizar la labor de nuestros maestros en crédito de la cultura patria, sabíamos que era hacedero el que nos dedicase unos minutos. Y así fue. Nuestro deseo se cumplió ampliamente, y nos honramos dando al mundo la opinión documentada y terminante de Azúa acerca del 606.

Hela aquí, fielmente reproducida:

—Mis observaciones propias confirman la eficacia grande e inmediata del 606 para hacer desaparecer las manifestaciones genuinamente sifilíticas, en un tiempo mucho más corto que con la medicación mercurial y potásica. Justifican esta opinión los siguientes hechos: ayudado por los Dres. Nonell, Covisa, Aja y Serrano hemos practicado hasta la fecha 26 inyecciones, de las que 16 han sido intravenosas, 7 intramusculares y 3 por un procedimiento con mezcla de lanolina, petrovaselina y 606.

Entre los casos hay uno de un niño de pocos meses, con graves lesiones en la boca y garganta, que desde una semana antes de la inyección le impedían tragar y mamar, y en estado tan agónico al ser inyectado que ni siquiera sintió el pinchazo de la aguja. Murió a las ocho o diez horas. Se empleó el método Ht. Evidente es, dado su estado de muerte inminente, a causa, principalmente, de la falta de alimento, que ninguna responsabilidad alcanza al 606.

En la clínica de Herxheimer he visto un caso parecido con igual resultado, y es que no hay medicina alguna capaz de salvar agónicos. En cambio, otros muy graves, pero aún con resortes vitales, han obedecido al 606 con gran premura.

Un enfermo tabético no avanzado ha tolerado, exceptuadas las molestias locales, la inyección intramuscular sin contratiempo alguno. Quince días después sólo acusa ligeras mejorías sintomáticas, que aún no es tiempo de decidir si son verdaderas o puramente sugestivas.

Otro inyectado intravenoso por neuritis óptica específica el día 19, no presenta aún modificaciones apreciables en los tres días transcurridos.

En los 23 restantes, el resultado inmediato ha sido una franca mejoría claramente apreciable, tanto que en 14 de los 16 enfermos tratados por inyección intravenosa se hizo ostensible antes de las 24 horas.

Uno que cito expresamente  ‘sin más propósito que establecer la mayor intensidad de acción de la inyección intravenosa’, tenía grandes y viejas lesiones gomosas. Fue tratado por el Dr. Bandelac con inyección intramuscular de cinco decígramos de 606 y no se notó mejoría alguna. Persistiendo este estado, 25 días después de la intramuscular, inyecto en las venas 4 decígramos. Pasan tres días sin modificación importante objetiva, aunque sí con sensación subjetiva de bienestar, y desde el cuarto día se inicia rápido alivio que lleva camino de curación.

Los enfermos inyectados intramuscularmente por mí, han mejorado todos también muy rápidamente, y lo mismo ha sucedido a uno inyectado por el Sr. Aja. El método con lanolina y petrovaselina, ha sido seguramente eficaz, pero comienza un poco más lentamente y acrecienta su acción del segundo al tercero día.

En resumen: ningún efecto perjudicial, y exceptuado el tabético, aun en tela de juicio, efectos favorabilísimos en casos graves, algunos de los cuales han curado antes de doce días.

En inyección intramuscular  hemos puesto cinco y seis decígramos y usado el método de H, eficaz sin duda, pero doloroso. Con la fórmula de la lanolina, cinco y seis decígramos.

En inyección intravenosa, de tres a cuatro decígramos. No hemos tenido ningún fenómeno de infección. La fiebre ha sido, a veces, alta, pero pasajera. Algunos han tenido náuseas o vómitos y diarrea, sin dolores.

Impertinente sería hacer constar aquí ‘detalles descriptivos’ que abrillantasen el valor del 606, y reservo para una publicación técnica; pero en conjunto, de mis observaciones se desprende que las sífilis graves y precoces, las lesiones tercianas, incluso las óseas y articulares, las manifestaciones en las mucosas, tan peligrosas por los contagios que ocasiona, y la lesión inicial de la enfermedad se curan facilísimamente con el 606. También hemos curado una albuminuria por sífilis y aliviado transtornos de la vista y del oído. También hemos hecho tratamiento abortivo mediante la destrucción de la lesión inicial con aire caliente e inyecciones múltiples periféricas de 606 e inyección intramuscular.

—Y dígame, don Juan, ¡qué modificaciones ha hecho usted al procedimiento?

—Ahora verá. Schreiber, de Magdeburgo, que ha estudiado y sistematizado de un modo admirable el método de las inyecciones intravenosas, emplea para hacerlas una jeringa de disposición funcional muy ingeniosa, puesto que evita que sin conocimiento del operador se pueda inyectar el 606 fuera de la vena; pero es de manejo algo engorroso. He sustituido la jeringa por un inyector por presión de altura, que permite también comprobar cuando está bien colocada la aguja y es de más fácil manejo que la jeringa de Schreiber.

El aparato resultará de precio muy económico, de desinfección muy sencilla y con ayuda de una persona cualquiera, aunque no sea médico, podrá ser seguramente manejado, contribuyendo de esta manera a la difusión de la práctica de las inyecciones intravenosas de 606, método que en los casos graves y para hacer el primer ataque a la enfermedad, tiene una supremacía evidente sobre todos los demás.

Otra pequeña modificación consiste en la adaptación al 606 de la fórmula misma que sirve para preparar el aceite gris, salicilato de mercurio y calomelanos, con lanolina y petrovaselina. He comunicado esta técnica de preparación desde Francfort a la Sociedad Dermatológica Española en la sesión del 6 de octubre de este año. Posteriormente, los doctores Levi-Bing y Lafay han publicado el día 20 de octubre en la ‘Gazette des Hopitaux’ este mismo procedimiento, disminuyendo la cantidad de lanolina e indicando sería ventajoso sustituir la petrovaselina por el aceite de clavel coagulable.

He practicado tres inyecciones con la mezcla propuesta por mí; en dos casos apenas han molestado después de hacerlas, y en los días siguientes no han sido apenas incómodas. Pero en una mujer, la inyección ha sido dolorosa inmediatamente después de hecha, y ha continuado molestando varios días.

Kromayer, de Berlín, hace las inyecciones en parafina líquida, resultando una emulsión que dicen que no es dolorosa al inyectarla; pero nosotros hemos comprobado en la misma clínica de Kromayer que días después es dolorosa. Si las preparaciones hechas con lanolina y petrovaselina u otra grasa aceitosa resultase que no alteran el 606, podría encontrarse con ellas un método que, aunque no de acción tan intensa y rápida como la inyección intravenosa y la de Ht, fuese utilizable cuando las circunstancias no exigiesen tanta prisa o intensidad. Una disposición de la masa o o inyectar en tubos a estilo de cómo están los calomelanos Zambelieri, sería muy aceptable.

—¿Por manera que no hay exageración en decir que el 606 es maravilloso y superior a los demás tratamientos?

El tratamiento por el 606 produce la impresión, por sus inmediatos y bruscos resultados en los ‘casos que está indicado’ de un medicamento altamente específico , que destruye el germen de la enfermedad y regenera los tejidos con rapidez sorprendente, sin originar en el organismo más que alteraciones leves y pasajeras. Médicamente se palpa que la medicación aniquila el agente causal de la avariosis ‘en las lesiones en actividad’.

No es posible afirmar actualmente que el 606 extinga la enfermedad con una sola inyección, y en cuanto a la acción  de varias consecutivas, a través de meses o de años, no han pasado los bastantes para que sobre este punto se puedan hacer afirmaciones definitivas.

El tratamiento abortivo por destrucción de la lesión inicial, inyecciones periféricas a ella  o inyección intramuscular soluble, representa el máximum de garantías terapéuticas; pero sólo cuando los enfermos así tratados pasen años sin manifestaciones y sin reacción de Wasserman, podrá estimarse se consiguió la curación definitiva.

Seguro es se trata de un medicamento perfectamente específico, cuyo uso repetido, ‘si se demuestra no tiene inconvenientes’, nos debe conducir, dada su superioridad específica sobre el mercurio, a resultados que superen a los conseguidos con este también excelso medicamento. Pero todo depende de que sea o no posible hacer tratamientos crónicos con el 606. Si no son posibles, el mercurio persistirá con su envidiable acción específica para ser empleado después de los ataques hechos con el 606 en los casos en que éste resulte ineficaz o cuando esté contraindicado por condiciones del enfermo. Es un propósito muy razonables el asociar en una misma fórmula química los elementos activos del 606 ey el mercurio, y quizás esto ya se persigue por los maestros inventores de esta medicación.

—¿Y la noticia que ahora circula por la Prensa de modificaciones que ha hecho Ehrlich a su preparado?

—La acción divulgadora de la Prensa, usted lo sabe, querido Eleizegui, se corre ‘algunas veces’, y esto ha sucedido con el notición referente a la vieja novedad de que Ehrlich recomendaba las preparaciones solubles; quien trajo la noticia llegó con retraso. Ehrlich ha recomendado siempre como mejor tratamiento la inyección intravenosa, a lo menos para la primera intervención terapéutica, y claro es que las inyecciones intravenosas han sido y son en disolución perfecta. Así las han ejecutado Iversen y Scheiber desde el principio de la experimentación, y así las hacemos nosotros. Por otra parte, los procedimientos de Ht, de Duhot, de Taiges y otros, ya dados a conocer algunos hace tiempo, son también disoluciones del 606.

En resumen: que la anunciada última novedad no lo es, porque desde hace tiempo ya se realiza.

—¿Tiene usted fe en la quimioterapia?

—Mi opinión respecto de la quimioterapia es la de una profunda admiración hacia unos estudios que llevan camino de hacer pasar el arte de curar, un tanto aventurero a veces, a la categoría de ciencia da curar, precisa y consciente en sus determinaciones, y realizadora de la máxima perfección terapéutica: curar sin producir perjuicio alguno. A los sabios nunca bastante venerados como Ehrlich que orientan la ciencia por esos derroteros llenos de esperanza, la humanidad actual nunca los recompensará bastante. Los hombres del porvenir los harán santos, si para entonces los santos están de moda.

Los enfermos esperaban. Los minutos que se distraiga a Azúa son otros tantos perjuicios para el paciente que aguarda. Era necesario poner punto final a una conversación tan interesante y definitiva, Interesante porque el 606 ha llegado a apasionarnos a los médicos; definitiva porque, al menos para mí, en estas cuestiones D. Juan es un oráculo,

Dr. José de Eleizegui

Heraldo de Madrid, 22 de Noviembre de 1910, p. 1

Reproducción parcial de la portada en la que aparece la entrevista

[Proyecto HAR2008-04023]

El ‘606’ en el ‘Heraldo de Madrid’ (3)

Sigo reuniendo información de la introducción del 606 en España a través de la prensa diaria. Continuamos con las notas, noticias, anuncios y artículos aparecidos en el Heraldo de Madrid relacionados con el tema. En esta ocasión se aprecia hasta qué punto se popularizó la nueva sustancia mientras transcurrían los primeros meses de su aplicación en humanos. Unos versos, una viñeta y un apropósito (breve pieza teatral de circunstancias), que se estrenó en el Royal-Kursaal, de Madrid.

Ha regresado de Francfort, donde fue comisionado por el Excmo. Ayuntamiento de Madrid para estudiar el ‘606’, el Dr. Jacinto Navarro y Samín

Heraldo de Madrid, 12 de octubre de 1910, p. 5

+++++++++++++++++++++++++++++++++

Mañana a las diez de la noche dará una conferencia en el Ateneo de Madrid el señor D. Juan Azúa sobre ‘El estudio médico del 606’. Habrá tribuna pública y entrada libre para médicos.

Heraldo de Madrid, 19 de octuibre de 1910,  p. 5

+++++++++++++++++++++++++++++++++

Cosquillas

Consejo que en Valdechufas
le ha dado de buena fe
ayer un pobre labriego
a su sobrino ezequiel:
-Vete a Madrid, hijo mío,
con don Pacomio Soler,
y que el doctor que a él le cura
te aplique el 606.
Pero dale solamente la mitad de lo que dé
por su inyección don Pancomio,
que está de fondos muy bien.
Sí; dale la mitad sólo,
al menos por esta vez;
todo será que el doctor
te aplique el 303.

Heraldo de Madrid, 19 de octubre de 1910, p.6

+++++++++++++++++++++++++++++++++

Diario del teatro
Royal-Kursaal. Mañana sábado, en la sesión de las diez y media, se estrenará el apropósito de actualidad ‘¡Dale con el 606!
El debut de la bella Crisantema ha sido un acontecimiento; María Manzano interpreta el cuplé: La Pulga con tanto arte como picardía, y la bella cupletista Margot es cada día más aplaudida.

Heraldo de Madrid, 21 de octubre de 1910, p. 3

+++++++++++++++++++++++++++++++++

Congreso
… Especifica el Sr. Burell, diciendo que el decreto sólo es aplicable para casos urgentes.

Cita el caso en que España era el único país no representado en las experiencias del ‘606’, y no podía ser legalmente representado por no funcionar la Junta correspondiente. Entonces, asumiendo yo toda responsabilidad, nombré y envié dos médicos.

Por tiquis miquis administrativos no podía arrostrarse tal responsabilidad.

Queda terminada la interpelación.

Heraldo de Madrid, 28 de octubre de 1910, p. 3

+++++++++++++++++++++++++++++++++

—Eso del “606”, créame usted a mí, es una solemne patraña…
—¿Es usted médico especialista?
—No, señor, soy dueño de una casa de huéspedes en Archena

Heraldo de Madrid, 25 de septiembre de 1910, p. 1

[Proyecto HAR2008-04023]