Fórceps obstétrico. Un poco de historia (I)

Los últimos vídeos del canal de Youtube “Medicina, historia y sociedad” correspondientes a la primera temporada, están dedicados a contar algo de la historia de los fórceps obstétricos. En dos partes o vídeos se abordan los de Levret-Dubois, Simpson-Braun, Tarnier y Killian-Luikart, aparte de una introducción y de una valoración sobre su uso actual.

Fórceps obstétricos. Un poco de historia (I)

Este es el guión del primero de los vídeos que contiene una introducción sobre la historia de los fórceps obstétricos así como la descripción de los de Levret-Dubois y Simpson-Braun:

Introducción
“Aquí tenemos unas piezas sencillas que, ajustadas entre sí y empleando una energía mecánica, realizan un trabajo o cumplen una determinada función. Puede ser una máquina simple vista como un conjunto de mecanismos. Entre las máquinas simples tenemos el plano inclinado, el tornillo, la rueda, la palanca y la polea.

El parto con la ayuda de instrumentos está descrito en el siglo VI aC en la India y también en los textos hipocráticos y otros escritos greco-romanos entre el 500 aC y el 500 dC.

Muchas veces se usaban sólo para extraer el feto muerto después de varios días para evitar la muerte de la mujer. Posteriormente se emplearon buscando beneficios tanto para la madre como para el bebé.

Como siempre en Historia, podemos remontarnos al origen de este tipo de instrumentos recurriendo a imágenes que provienen de bajorrelieves, de manuscritos, esculturas, etc., pero podríamos equivocarnos. A veces se trata aparatos parecidos a los que se daba un uso distinto del que nosotros pensamos.

En lo que se ha publicado hasta ahora al respecto, –mayoritariamente en inglés, lo que puede introducir errores porque suelen ignorar lo que no está escrito en esa lengua– relacionan el nacimiento del fórceps con la familia de hugonotes Chamberlen que se refugiaron en Gran Bretaña en el siglo XVI. El padre se llamaba William. A sus dos hijos les puso de nombre Peter (el mayor y el menor). Ambos se convirtieron en miembros de la Barber Surgeons Company. Se dice que, probablemente el mayor, fuera el creador del fórceps a finales del siglo XVI. Otros miembros de la familia introdujeron pequeñas modificaciones.

Los Chamberlen se “vendían” a sí mismos como hombres de ciencia  porque entonces las “parteras varones” no estaban bien vistos.

Se enfrentaron a multas por no acudir a las conferencias del Barber Surgeon Guild, necesarias para mantener la licencia profesional. En 1612 el Royal College of Physicians multó a Peter el mayor por recetar medicamentos administrados por vía interna (sólo lo podían hacer los médicos).

El fórceps fue creado con el propósito de extraer al niño de manera segura en el caso de un parto difícil. Antes se utilizaban dispositivos no diseñados ex profeso; solían ser un peligro tanto para el niño como para la madre.

Los hermanos Chamberlen guardaban sus fórceps, su preciado secreto familiar, en un enorme cofre adornado con tallas doradas. Lo transportaban en el interior de una caja enorme rodeado todo de un gran secretismo. Vendaban también los ojos de la futura madre antes de abrir el cofre, para que no viera la herramienta. También se cubría la mitad inferior de la mujer con mantas porque el partero trabajaba con el tacto sin mirar. Esto también protegía el instrumental de miradas ajenas.

En el fondo los Chamberlens eran hábiles empresarios. Anunciaron sus servicios y protegieron su invento de los ojos rivales. Uno de los hijos de Pedro el joven fue uno de los pocos Chamberlens que obtuvo un título médico, pero fue advertido por el Royal College of Physicians porque vestía de forma frívola y extravagante. Fue expulsado después por no asistir a las conferencias. Sólo quiso atender a familias ricas.

Los instrumentos originales de Chamberlen fueron descubiertos en 1813 bajo las tablas del ático de su residencia de Essex, escondidos por Ann, la esposa de Peter el menor.

A pesar de esto, comenzaron a aparecer modelos de fórceps desde principios del siglo XVIII. No es raro que se filtrara algún diseño y que otros obstetras lo copiaran e incluso lo mejoraran. Por otro lado, parece que en los Países Bajos también aparecieron fabricantes de fórceps y de otros instrumentos médico-quirúrgicos.

A mediados del siglo XVIII uno de los obstetras más destacado de Europa fue William Smellie (1697-1763). Su formación no fue demasiado regular y empezó a ejercecer antes de que tener su título. Contribuyó a dotar la obstetricia de una base más científica. Mejoró los fórceps pero promovió el parto natural. En 1752 publicó el Tratado sobre la teoría y práctica de los partos.

Los fórceps se desarrollaron también en Europa continental. En buena parte del siglo XIX estaban destinados a tratar los problemas de las pequeñas pelvis deformadas que provocaban desproporción pélvica y trabajos de parto prolongados. Esto llevó al diseño de numerosos modelos de fórceps centrados en el desarrollo de la tracción del eje. 

Fórceps de Levret-Dubois
André Levret nació en París en 1703 y murió en la misma ciudad en 1780. Contemporáneo del inglés William Smellie (1697-1763). Lévret realizó un estudio concienzudo del canal del parto y de las presentaciones fetales  en el parto y diseñó un fórceps con arreglo a estas características. Introdujo la curvatura pélvica que permitía facilitar la tracción cuando la cabeza fetal estaba detenida en una posición alta en la pelvis. De esta forma se inicia una etapa más científica en lo que a concepción y uso del fórceps se refiere. El de Smellie en Inglaterra era parecido, pero más corto. Después aparecieron los de Simpson y Tarnier, y más tarde, el de Kielland.

Antoine Dubois modificó sensiblemente el de Levret. Doubois, baron Dubois, nació  en 1756 en Gramat, cerca de Cahors (Lot) y murió en 1837 en Paris. Fue un conocido cirujano francés, jefe de los servicios de maternidad de Napoleón y de su mujer la emperatriz María Luisa. Este fórceps se caracteriza porque un mecanismo de bloqueo de tornillo asegura las dos hojas. Los mangos tienen un atractivo y característico rayado. Los extremos de los mangos también se usaron como ganchos sin filo y se desatornillaban o desenroscaban para revelar puntas afiladas que podrían haberse usado como instrumentos destructivos para colapsar el cráneo fetal en caso de un parto detenido.

Forceps de Simpson-Braun
Uno de los fórceps más populares fue el de Simpson (1848). Defendía que era el mejor ya que, tras viajar por toda Europa, incorporó las mejores características de cada uno de los que había visto. 

Sir James Young Simpson, nació en Bathgate (Escocia) en 1811 y murió en Edimburgo en 1870. Obtuvo el título en 1830 en el Royal College of Surgeons de Edimburgo. Dos años más tarde obtuvo el título de médico. Conocido, sobre todo, por ser el primero en demostrar las propiedades anestésicas del cloroformo en humanos y ayudar a popularizarlo. Fue partidario, además, de incorporar parteras en los hospitales. 

Las pinzas obstétricas Simpson-Braun están hechas de acero inoxidable y constan de dos ramas que se utilizan para colocarlas alrededor de la cabeza del bebé. Tienen un mango ranurado para un agarre más seguro. 

Este fórceps obstétrico está entre los más utilizados y tiene una curva cefálica alargada. Se utiliza cuando hay un alargamiento temporal de la cabeza fetal a medida que se mueve a través del canal del parto.

Este que vemos es el corto. El fórceps de Simpson-Braun presenta ventajas e inconvenientes. Entre las primeras, su curvatura cefálica amplia permite buena toma o agarre parieto-malar y logra una buena adaptación al canal del parto. Sin embargo, dificulta la rotación y el mango no permite la tracción en el sentido del canal del parto.

También es interesante recordar que Simpson diseñó el Air Tractor en 1838, el primer extractor de vacío conocido para ayudar en el parto”.

Bibliografía
En el guión del segundo vídeo dedicado a los fórceps obstétricos.

Andrés Vesalio (1514-1564). Una nueva forma de ver el cuerpo humano

Al subir en el canal Medicina, historia y sociedad un nuevo vídeo, “Fórceps obstétricos. Un poco de historia (I)“, voy a insertar el guión del anterior, el que dedicamos a Andrés Vesalio: “Andrés Vesalio (1514-1564). Una nueva forma de ver el cuerpo humano.

Guión

En esta ocasión nos vamos a ir a la época del Renacimiento. Bueno, ya sé que algunos me dirán que el Renacimiento no existió.

Fueron otras personas siglos después, especialmente el francés Jules Michelet y el suizo Jacob Burckhardt los que dieron forma al concepto “Renacimiento”.

Por supuesto hay que recordar que ese fenómeno no fue universal y afectó sólo a una parte del planeta, especialmente a Europa.

Unos lo consideran como una continuación o evolución de la época medieval y otros como una completa novedad en la que la persona, liberada del espíritu de la Edad Media se convierte en artífice de sí misma.

Otra manera de considerar al Renacimiento es como una transición crítica, como una dialéctica de dos formas de ver el mundo: la medieval y la moderna con muchas contradicciones internas.

No nos entretengamos en el asunto porque hay abundante literatura sobre el tema. Ocupémonos, aunque no se a fondo, de una de las figuras centrales y decisivas de la Historia de la Medicina: ANDRÉS VESALIO

Vesalio nació en Bruselas en 1514 en el seno de una familia en la que había habido médicos de cámara, es decir, médicos al servicio de emperadores alemanes durante generaciones.

Estudió en Bruselas y Lovaina y a los dieciocho años se trasladó a París para estudiar medicina. Estuvo durante tres años (1533-1536), en un ambiente en el que prevalecía el galenismo, siguió las enseñanzas de Jacobo Silvio y Günther von Andernach. El primero de ellos utilizaba el libro De usu partium de Galeno hasta la mitad; el resto –decía– era demasiado complicado para los estudiantes. Contrariado y seducido por la materia Vesalio trató de completar su formación osteológica con huesos sustraídos del cementerio de los Santos Inocentes. También realizó algunas disecciones ayudado por su compañero Miguel Servet.

El estallido de la guerra entre Francisco I y Carlos V le devolvió a Lovaina, donde permaneció por espacio de dos años (1536-1537). Allí le fue otorgado el grado de bachiller en medicina en 1537. Realizó disecciones y publicó su primera obra. Marchó después a Italia. Pasó primero por Venecia, donde conoció a su futuro colaborador y discípulo de Tiziano, Stefan Kalkar, y fue después a Padua para inscribirse en su escuela médica.

En Padua realizó su prueba doctoral el 5 de diciembre de 1537 y al día siguiente fue nombrado profesor de cirugía con la responsabilidad de explicar cirugía y anatomía. A los pocos días ya había llamado la atención entre alumnos y profesores ¿Por qué? Vesalio rompió con el método didáctico medieval: abandonó la enseñanza libresca de los glosadores de Galeno, bajó de su cátedra y se situó junto al cadáver, disecando y mostrando por sí mismo la parte a la que la explicación se refería.

Utilizó además dibujos que los alumnos le solicitaban y él creía adecuados. Este fue el origen de las Tabulae anatomicae Sex (Venecia, 1538). Los tratados de anatomía de entonces no solían contener ningún tipo de ilustración.

En 1539 con el fin de aportar claridad a una polémica sobre la sangría en las afecciones neumónicas monolaterales, el médico de Carlos V, Nicolás Florena, encargó a Vesalio una exploración disectiva del sistema venoso endotorácico. Descubrió así la vena azigos mayor y su desembocadura en la vena cava superior (si seguimos la idea galénica de la circulación de la sangre sería el origen y no el final). Publicó los resultados ese mismo año y también aceptó el encargo de la Giunta, una afamada casa editorial veneciana, para revisar la edición latina de varios escritos anatómicos de Galeno. Como se puede apreciar, nos encontramos con una de las características del Renacimiento: revisar y corregir. Concluyó el trabajo apenas un año después.

Su experiencia disectiva le demostró día a día que Galeno se equivocó en muchas ocasiones. El hecho de querer extrapolar a los humanos lo que veía en la disección de animales, le condujo a numerosos errores. Desde fines del siglo XIII algunos médicos europeos disecaron cadáveres humanos. Sin embargo, la tradición galénica pesaba tanto, que los disectores no lograban percibir la discrepancia existente entre lo que sus ojos veían y lo que su lengua y su pluma decían. Vesalio se comprometió a escribir un nuevo tratado de anatomía. En 1543 ya estaba redactado su conocido De humani corporis fabrica libri septem. Unos días después también terminó el Epitome, una especie de Fabrica compendiada para uso de los estudiantes.

El texto, al que se unieron trescientas planchas grabadas en madera por Kalkar, salieron en mula hacia Basilea al taller de Juan Oporino. Poco después vieron la luz los primeros ejemplares. La Fabrica iba dedicada al emperador Carlos V y el Epitome al que después sería Felipe II. Vesalio tenía entonces 29 años. La obra originó una reacción airada de algunos galenistas. Jacobo Silvio, su viejo maestro, le propinó calificativos como desvergonzado, impío, calumniador e ignorante.

Siguiendo la tradición familiar, Vesalio fue requerido por Carlos V para que formara parte de su servicio médico; por tanto, marchó a Bruselas. Allí se casó, ejerció la medicina y escribió. Tras abdicar Carlos V en 1556 pasó al servicio de Felipe II, lo que le obligó a trasladarse a Madrid en 1559. Su estancia no fue demasiado grata por cuestiones que no vienen al caso.

Ya hemos visto algunas novedades en la obra y la práctica de Vesalio: a) cambiar el método didáctico, b) el uso de ilustraciones, c) introducir correcciones a la obra de Galeno, y d) incorporar nuevos hallazgos. A esto hay que añadir que Vesalio vio de otra manera la anatomía o al cuerpo humano, una forma nueva que podemos llamar renacentista.

La Fabrica vesaliana muestra su idea descriptiva en su índice, en el orden sistemático que a su propia descripción quiso dar Vesalio. Comienza exponiendo la anatomía del esqueleto, lo que sustenta, las “vigas y las paredes de las casas”. El cuerpo es para él un edificio arquitectónico. Dedica el libro segundo a los ligamentos y músculos (lo que da forma al esqueleto y le permite moverse). Los libros tercero y cuarto a las venas, arterias y nervios (lo que une). En los libros quinto, sexto y séptimo se ocupa de los órganos que encierran la cavidad abdominal (instrumentos de la facultas naturalis), la torácica (instrumentos de la facultas vitalis) y la cefálica (instrumentos de la facultas animalis) y lo hace a la manera galénica, es decir, funcional.

Tres partes, por tanto:

  1. Sistemas edificativos o constructivos
  2. Sistemas conectivos o unitivos
  3. Sistemas animadores o impulsivos

La parte más brillante de la Fabrica es la que se refiere a la osteología. Se describe con detalle cada uno de los huesos. En la miología diferencia bien el ligamento del tendón, el nervio y el músculo, que hasta entonces era frecuente confundirlos. La parte dedicada a la angiología es bastante completa; niega rotundamente la existencia de la famosa rete mirabile. En cuanto a los nervios sigue clasificándolos en duros o motores y blandos o sensitivos. Niega la oquedad de los nervios de los sentidos y de forma especial la del nervio óptico.

Respecto a los órganos de la nutrición y generación sus descripciones de los genitales suponen un avance. Describe bien el peritoneo y el estómago, pero desconoce estructuras como el páncreas. Habla por vez primera de la estructura interna del hígado.

En lo que se refiere a los órganos de la cavidad vital o torácica merece ser mencionada la descripción del corazón. Niega la existencia de los “agujeros” interventriculares pero su esquema de la circulación de la sangre sigue siendo galénica.

La descripción de los órganos de cavidad animal o craneal es cuidadosa. Destruye la concepción errónea de los tres ventrículos del cerebro, y señala la diferencia entre la sustancia gris y blanca del encéfalo entre otras cosas.

En definitiva, Vesalio no sólo enseñó más y mejor la anatomía, sino que también enseñó a hacerlo de otro modo, un modo totalmente renacentista.

Es casi imposible encontrar entre los historiadores de la medicina una opinión sobre Vesalio que no sea la que hemos expuesto. Sin embargo, en 1994, el catedrático ya jubilado de anatomía de la Universidad de Valencia (España), Juan José Barcia Goyanes (1901-2003), publicó el libro El mito de Vesalio. En éste expone la idea de que, en cuanto a contenido anatómico, Vesalio hizo poco por el avance de la anatomía. Para Barcia éste no sólo se limitó a descubrir los errores de Galeno sino que hizo de ellos toda la razón de ser de su investigación anatómica. Esta obra no es fruto de la especulación sino que su autor trata de demostrar lo dicho a través de sus doscientas cuarenta y una páginas. Hay que señalar que el profesor Barcia era conocedor, al menos, de las mismas lenguas clásicas que Vesalio y entre sus obras destaca la Onomatologia anatomica nova, una compilación de los términos anatómicos que aparecen en los textos clásicos griegos y latinos y su evolución a lo largo de la historia; alcanza ésta una extensión de diez volúmenes. Una cosa es cierta, este libro nos hace reflexionar y nos hace ver lo importante que es considerar la ciencia como un producto en cuya realización contribuyeron y contribuyen muchas personas.

Bibliografía

–Ballesteros Massó, R. (2015). Iconografía de Andrés Vesalio, el nacimiento de una idea. Madrid, Universidad Complutense [Tesis]

–Barcia Goyanes, J.J. (1994). El mito de Vesalio. Valencia, Real Academia de Medicina-Universitat de València.

–Barón Fernández, J. (1970). Andrés Vesalio. Su vida y su obra. Madrid, CSIC.

–Duffin, J. (2000). History of Medicine. Houndmills-London, Macmillan Press.

–Huard, P. ; Imbault-Huart, M.J. (Eds). (1983). Andrés Vesalio: iconografía anatómica : fábrica, epítome, tabulae sex. Madrid, Laboratorios Beecham

–Laín Entralgo, P. (1951). La anatomía de Vesalio. Archivos Iberoamericanos de Historia de la Medicina, vol. 3, nº 1, pp. 85-147.

–Laín Entralgo, P. (1948). La anatomía de Vesalio y el arte del Renacimiento. Revista de Ideas Estéticas, nº 21, pp. 3-26.

–O’Malley, Ch.D. (1964). Andreas Vesalius of Bruselas, 1514-1564. Los Ángeles, University of California Press.

–Olmedilla y Puig, J. (1913). Andrés Vesalio (médico de Carlos I y eminente anatómico y escritor del siglo XVI). Madrid, Administración de la Revista de Medicina y Cirugía Prácticas.

–Riera Palmero, J. (2015). V Centenario del Nacimiento de Andrés Vesalio (1514-1564). Llull: Revista de la Sociedad Española de Historia de las Ciencias y de las Técnicas, vol. 38, nº 82, pp. 399-404.

El doctor Moliner

Con motivo de haber subido nuevo vídeo al canal de Youtube “Medicina, historia y sociedad”, insertamos en este blog la transcripción del anterior vídeo, dedicado en esa ocasión al doctor Moliner o Francisco Moliner y Nicolás (1855-1915).

[Intro]
“Estoy frente al Hospital que hoy se llama Dr. Moliner. Fue inaugurado el 15 de julio de 1899 en las dependencias de la antigua Cartuja, en la sierra Calderona, como Sanatorio de Porta-coeli. Estaba destinado a los enfermos pobres.

Tras la guerra civil, las habitaciones de los enfermos de un hospital todavía en construcción, se convirtieron en celdas y su patio en zona de reclusión. Llegaron a concentrarse más de diez mil presos políticos.

El actual hospital se reconstruyó a finales de 1942 como Sanatorio Nacional Antituberculoso dado que la TBC volvió a convertirse en un problema. En 1943 fue adquirido por la Diputación provincial. En 1987 fue adscrito al INSALUD y se destinó a enfermos crónicos de media y larga estancia y terminales.

Tras este “Sanatorio” se encuentra la voluntad de un médico valenciano que luchó siempre por los derechos de los enfermos pobres y la “reconstrucción” de una verdadera sanidad pública y de la enseñanza de la medicina. A pesar de los pocos logros que consiguió, luchó incansablemente hasta el día de su muerte manteniendo sus principios. Nos referimos al conocido como Doctor Moliner, o Francisco Moliner y Nicolás.

[Rótulo]
Ya existían los sanatorios antituberculosos para las clases acomodadas, como el de Busot, y para niños, como el de Chipiona, pero no para las clases trabajadoras y pobres. Moliner también quería acoger a los soldados enfermos repatriados a la península desde Ultramar.

Moliner propuso la creación de sanatorios para ellos donde la disciplina, una buena alimentación, aire limpio, sol y reposo, les devolvería la salud. De lo contrario supondrían un peligro para toda la sociedad.

Creía que los gastos debían correr a cargo del estado, las instituciones provinciales y locales. Sabía que era difícil pues denunció que el estado dedicaba la irrisoria cantidad de 480.000 pesetas a la Sanidad, de las cuales 350.000 se dedicaban a sueldo del personal.

Moliner comenzó la campaña de 1 céntimo diario que convenció a a 14.000 obreros valencianos. A ellos se sumaban algunas donaciones y las colectas organizadas por los estudiantes.

Las obras del sanatorio comenzaron en 1898.

Obtuvo el favor (sólo eso) de la protección de la reina regente y de su hijo. Se nombró una junta de patronos. José Juan Dómine presentó el proyecto en la Conferencia Internacional Antituberculosa que se celebró en Berlín en 1899.

Moliner era el director, José Chabás (que después creó una revista especializada en tuberculosis) era el jefe clínico. Había además un practicante, un farmacéutico, dos enfermeros, dos ordenanzas, dos limpiadoras, dos cocineras, un repostero, un pinche, un mozo de limpieza, dos sirvientes de cocina, una jefa de comedor y dos camareros.

A finales de 1899 el gobierno declaraba de utilidad pública el Sanatorio y aceptaba una propuesta de ley para convertirlo en nacional.

En mayo de 1901 se habían atendido a 320 enfermos. Algunos médicos criticaron el derroche de dinero ofreciendo seis comidas abundantes a los pacientes.

Al no recibir subvenciones oficiales de forma regular el sanatorio tuvo que cerrar en 1902 con unos treinta enfermos.

En 1905 logró que el rey visitara el centro. Le hizo promesas como una subvención de 25 millones de pesetas, que, por unas razones u otras, tampoco se cumplieron.

Esbozo biográfico
Francisco Moliner nació en Valencia en 1855 y no en 1851 como se suele decir en algunos textos, en el seno de una familia acomodada. Estudió el bachillerato en el Instituto de Segunda Enseñanza de Valencia.

Se matriculó después en la Facultad de Medicina. En 1874 consiguió una plaza de alumno interno y en 1876 obtuvo la licenciatura con la calificación de sobresaliente y premio extraordinario. Cursó el doctorado en Madrid, grado que ganó en 1878 con la tesis “De la bomba del estómago y sus aplicaciones generales”. En la misma describe las propiedades exploratorias y terapéuticas del aparato ideado por Kussmaul y Weiss.

Ese mismo año ganó por oposición la plaza de Ayudante del Disector del Museo Anatómico de Valencia. En 1880 ganó la de profesor clínico, puesto que ocupó hasta 1883 cuando ganó las oposiciones a la cátedra de Patología de la Universidad de Zaragoza. En junio obtuvo la cátedra de Obstetricia de Granada y el 16 de julio la permutó por la de Fisiología de Valencia.

En Valencia vivió activamente la epidemia de cólera de 1885. Se declaró seguidor de la nueva bacteriología, pero se enfrentó a Ferrán y a Amalio Gimeno y seguidores por “problemas en la experimentación” y “falta de fiabilidad de las estadísticas”. Se enfrentó así a una serie de personas que luego se encontraría en el camino. Quizás los directores generales de sanidad Cortejarena y Pulido fueron poco receptivos en atender sus peticiones por ese motivo. Es difícil afirmarlo, pero conociendo el carácter patrio no sería extraño. Contrapuso a la vacunación, un método para el tratamiento del cólera, denominado “lavado de la sangre”, que pretendía la disolución de las toxinas microbianas y su posterior eliminación por la orina, mediante la inyección endovenosa de grandes cantidades de suero salino.

En 1887, tras el fallecimiento de José Crous, pasó a ocupar la cátedra de Patología especial de Valencia hasta 1908. En 1889 publicó Lecciones clínicas dadas en la Facultad de Medicina durante el curso 1888 a 1889.

Poco a poco los intereses de Moliner se desplazaron hacia temas médico-sociales. En 1890 pronunció el discurso inaugural del Instituto Médico Valenciano: Necesidad de crear cátedras de Medicina popular. Ese mismo año fue comisionado por el Ayuntamiento y la Academia para que fuera a Alemania a estudiar el procedimiento de Koch contra la tuberculosis.

En 1893 publicó Tratado clínico de la pulmonía infecciosa. Ese mismo año fue nombrado rector de la Universidad.

En 1894 hizo hincapié en la importancia de “las granjas-sanatorios en el tratamiento de los tísicos pobres” y publicó dos años después su discurso “Aspecto social de la tuberculosis”, en el que defendió, principalmente, con datos epidemiológicos, que “la tuberculosis es una verdadera enfermedad social, por su extensión, por su naturaleza, por las condiciones biológicas de su germen, por su modo de propagación, por su distribución geográfica y social, por los problemas que provoca y por la terapéutica que reclama”.

En 1895 fue nombrado presidente del Ateneo Científico y Literario de Valencia. Inauguró el curso con la conferencia Aspecto social de la tuberculosis.

En otoño de 1897 se produjeron abundantes lluvias en Valencia y ocasionaron el desbordamiento del río Turia. Las entidades culturales organizaron actos para recaudar dinero para ayudar a los damnificados. El Ateneo organizó una corrida de toros benéfica cuya presidencia fue aceptada por la reina regente. Mientras tanto fue nombrado rector. Se celebró la corrida y asistió a la misma como tal. Esto se consideró como una vergüenza nacional por la prensa de Madrid. El Gobierno consideró la corrida poco adecuada para un rector y lo destituyó.

En 1899 creó la Liga Nacional contra la tuberculosis y de socorro a los tísicos pobres en el seno del Instituto Médico Valenciano. Sus objetivos eran atender a los enfermos sin recursos y fomentar la creación de sanatorios para ellos. Pretendía extenderse por todas las provincias. Sin embargo fue languideciendo poco a poco.

Aquí situaríamos ahora todo lo dicho al principio del vídeo sobre el Sanatorio.

Tras el fracaso en parte del Sanatorio de Portaceli inició otra campaña para la creación de este tipo de sanatoriospopulares en todo el estado. A pesar de los miles de apoyos esta iniciativa tampoco se atendió.

Se presentó a elecciones por la “Candidatura médica independiente” con el fin de lograr, entre otras cosas, una ley para la protección de los tuberculosos pobres. Su insistencia y modos resultaron ser incómodos y se hizo lo posible para expedientarlo e incapacitarlo.

El 8 de abril de 1905 presentó su dimisión de la cátedra de Valencia por falta de medios para enseñarla. Su renuncia no fue aceptada.

En 1908 publicó Por la enseñanza y la salud. Mostraba su indignación porque las cortes habían denegado cinco millones para la mejora de la enseñanza y concedido doscientos para la marina de guerra. Incitaba a los estudiantes valencianos a que reclamasen un empréstito de cien millones para la enseñanza y la salud pública.

Encabezó las revueltas de los propios estudiantes y el gobernador le mandó encarcelar junto a ellos. Estuvo un mes encerrado, lo que le supuso la separación de la cátedra.

En 1909 pidió la creación de un ministerio de sanidad independiente, lo que fue desestimado.

En 1911 escribió el folleto Pidiendo una revisión en defensa de la verdad y de la justicia. En el mismo reivindicaba la cátedra y criticaba a quienes lo atacaron en los sucesos de 1908.

En 1914 se presentó de nuevo a diputado por el Partido Conservador. Siguió luchando por la defensa de los enfermos pobres, por la dignificación de la enseñanza y la sanidad pública.

Uno de sus últimos objetivos fue la aprobación de un proyecto de ley sobre epidemias.

Moliner falleció el 21 de enero de 1915 de una hemorragia cerebral.

En Madrid fue trasladado desde la casa mortuoria hasta la Estación de Mediodía. A los lados del coche mortuorio iban los porteros del Congreso con hachas encendidas. La presidencia estaba compuesta por los presidentes del Consejo de Ministros y del Congreso de Diputados. El ministro de Gobernación, el hijo de Moliner, el alcalde de Valencia, los doctores Pulido, Cortezo y Albiñana.

Su entierro en Valencia fue un auténtico acontecimiento social, fiel reflejo de la popularidad y del gran aprecio que el pueblo valenciano sentía por Moliner. Presidió el capitán general, el arzobispo, el gobernador civil, el alcalde y demás autoridades. En una segunda presidencia estuvieron el decano de la Facultad de Medicina, el presidente de la Academia, del Instituto Médico y representantes de la Casa del Pueblo y de los escolares.  En el cementerio leyeron discursos el hijo de Moliner y su fiel seguidor el doctor Albiñana.

Monumento y calle homenaje a Moliner en Valencia
Inmediatamente se formó una junta pro-monumento a Moliner. Fueron llegando las donaciones. En 1916 se hizo un concurso que ganó el escultor José Capuz. Sin embargo, tardó en realizarla al surgir numerosos problemas. Debió terminarse en 1920 o 1921. Se montó sin inauguración.

En el centro aparece la figura de Moliner revestido con toga universitaria sobre un pedestal en el que figura la inscripción “PAZ Y ARMONÍA SOCIAL POR EL AMOR Y LA CIENCIA”. Abajo, “AL DR. MOLINER”. A ambos lados le flanquean dos matronas que simbolizan el amor y la ciencia. Ambas recostadas sobre enormes volutas. En la trasera existe un relieve que deja constancia de la fecha. En torno al monumento se dispuso después una alberca con juego de surtidores e iluminación nocturna (1972).

Valencia le dedicó también una calle en 1924, la actual calle Sueca. Después se cambió por otra que va desde Micer Mascó (antes Luis Simarro) al actual Blasco Ibáñez a la altura del Hospital Clínico y la Facultad de Medicina. Data de 1936 y fue solicitada por el concejal médico García Brustenga.

Bibliografía

–Ayuntamiento de Valencia. Sesión de Ayer. Las Provincias, 29 de mayo de 1924, p. 3.

–De las Heras Esteban, H. (2001). El monumento al Dr. Moliner en la Alameda de Valencia, obra del escultor José Capuz Mamano. Archivo de Arte Valenciano, nº 81, pp. 109-115.

–El doctor Moliner. Heraldo de Madrid, 21 de enero de 1915, p. 1

–El doctor Moliner. La Hormiga de Oro, 30 de enero de 1915, pp. 8-10.

–Fresquet Febrer, J.L. (2012). Dr. Moliner: la corrida de toros que le costó el rectorado. En Medicina, historia y sociedad. Disponible en: https://historiadelamedicina.wordpress.com/2012/11/08/dr-moliner-la-corrida-de-toros-que-le-costo-el-rectorado/, consultado el 12 de mayo de 2020.

–La Unión Ilustrada, 31 enero de 1915, pp. 20

–Lo que dice Capuz. El monumento al Dr. Moliner. Las Provincias, 16 de agosto de 1919, p. 2.

–La Ilustración Artística, 1 de febrero de 1915, p. 107.

–Manaut Noigués, J. Un monumento “paz y armonía social por el Amor y la Ciencia”. La Esfera: ilustración mundial, 8 de octubre de 1921, p. 23.

–Micó Navarro, J. (1991). Francisco Moliner y Nicolás (1851-1915), fundador de la moderna patología respiratoria en Valencia y del sanatorio antituberculoso de Porta-coeli. Médicos, nº 36, pp. 7-9.

–Molero Mesa, J. (1990). Francisco Moliner y Nicolás (1851-1915) y el inicio de la lucha antituberculosa en España. Asclepio, vol. 42, pp. 253-279.

Mundo Gráfico, 27 enero de 1915, p. 15.

–Perales Birlanga, G. (2009). Católicos y liberales. El movimiento estudiantil en la Universidad de Valencia (1875-1939). Valencia, Publicacions de la Universitat de València.

–Perales Birlanga, G. (2012). Francisco Moliner y Nicolás, de la cátedra al escaño. Matrícula y lecciones: XI Congreso Internacional de Historia de las Universidades Hispánicas, Valencia, Universitat de València, vol. 2, pp. 157-175.

–Peydró Olaya, A. (). Recuerdo histórico académico del Excmo. Sr. Prof. D. Francisco Moliner Nicolás, fundador del Sanatorio Antituberculoso de Portacoeli, con motivo del centenario de su fallecimiento. Anales de la Real Academia de Medicina de la Comunitat Valenciana, 15, disponible en: https://www.uv.es/ramcv/2015/6_16_128_Amando_Peydro.pdf, consultado el 12 de mayo de 2020.

–Toro, M. de (2019). El campo de concentración de Portaceli (1939-1942). En elestado.net Comunicación contra la desinformación. Disponible en https://elestado.net/campo-concentracion-portaceli/ Consultado el 15 de mayo de 2020.

–VV.AA. El Camp de Concentració de Portaceli (1939-1942). Tavernes Blanques, València, L’Eixam Edicions.

La introducción del salvarsán en España

A continuación insertamos el guión y la bibliografía del vídeo del canal “Historia, medicina y sociedad”, que se insertó hace tres semanas, Introducción del salvarsán en España.

Guión:

Como ya dijimos en el vídeo anterior, el caso del 606 o salvarsán es de los pocos en los que la información científica circuló al mismo tiempo por la prensa diaria y la científica, o lo que es lo mismo, entre la sociedad en general y los profesionales.

¿Los motivos?

–Se trataba de una enfermedad “secreta” que atacaba a un buen número de ciudadanos que se sometían a largos y desagradables tratamientos con mercurio.

–El hecho de que alguien hubiera encontrado un nuevo remedio que en una o unas pocas inyecciones curaba, era noticia de portada.

–Los periódicos más importantes contaban con redactores médicos que podían comprender bien los acontecimientos y divulgarlos adecuadamente entre la población.

¿Qué hitos podemos mencionar en este vídeo sobre la historia de la introducción del salvarsán en España?

[Gráfica]

En esta gráfica se aprecia el número de noticias, artículos e informaciones publicadas en los principales diarios de Madrid desde agosto de 1910 a diciembre del mismo año.:

La Correspondencia de España (39), El Imparcial (39), El Liberal (32) y el Heraldo de Madrid (23).

Por meses se aprecia el desarrollo del fenómeno: comienzo, explosión y normalización.

[Gráfica]

En cuanto a las revistas profesionales:

[Gráfica]

Actas dermosifilográficas publicó 66 artículos, reseñas o noticias sobre el tema; la Revista Clínica de Madrid le superó con 88 y El Siglo Médico 24.

Vemos, pues, que el tema atrajo la atención del público en general y también de los profesionales.

Para resumir cómo entró en España el salvarsán, nos centraremos en los siguientes grupos de personas:

1.Los Ayuntamientos y las diputaciones de gran parte del país nombraron representantes para que fueran a Frankfurt para hablar con Ehrlih, aprender a administrar el 606 y conseguir cierta cantidad de producto. Por ejemplo, en Valencia fueron comisionados los doctores Mauro Guillén y Ramón Alapont, que estuvieron en Alemania en noviembre; en Sevilla, el médico Juan Ruiz García y el farmacéutico Ramón Rodríguez de la Borbolla. Desde Madrid la Beneficiencia envió a su representante, Antonio Navarro Fernández y a Jacinto Navarro; El Cuerpo de Sanidad militar comisionó a Sixto Martín que estaba haciendo una estancia en Viena; la junta de Ampliación de Estudios mandó a los mejor preparados, el médico Juan de Azúa y el farmacéutico José Casares Gil; el ministerio de la Guerra a Ángel Morales.

2.Médicos que, por iniciativa propia, fueron a Frankfurt. Por ejemplo, los hermanos Donato (José y Vicente) de Valencia. De gran interés fueron las crónicas que enviaron al diario Las Provincias en las que informaron de todos los detalles de su viaje y experiencia. Otro ejemplo, de Barcelona fue un tal Dr. Gallego que recogió sus experiencias en este folleto. También lo hizo en las mismas circunstancias Fernando Castelo, de Madrid.

3.La intervención de los médicos publicistas fue también decisiva. Ángel Pulido trabajaba para El Liberal y colaboraba también en revistas profesionales como El Siglo Médico. José Verdés Montenegro lo hacía para El Imparcial. También teníamos médicos que ejercían de periodistas en el extranjero, como Eduardo G. Gereda. Todos hicieron un buen seguimiento de las novedades que se produjeron en torno al nuevo medicamento. Como decía Castelo, “Los médicos estamos obligados a satisfacer la curiosidad pública y a orientar a las gentes en temas transcendentales”.

La primera noticia que apareció en la prensa lo hizo en agosto en el Heraldo de Madrid. Se trataba de la polémica que había en Francia entre Doyen y Ehrlich. Lo publicó su corresponsal en París, el admirado y odiado por igual, Luis Bonafoux. Cuatro días después el médico José Verdés Montenegro, desde Alemania, publicó en El Imparcial información de primera mano del nuevo producto y de los ensayos clínicos que tenían lugar en Alemania.

En septiembre Gereda, Verdés Montenegro, Fernando Castelo, Sixto Martín, Francisco Huertas (en realidad escrito por Marañón) y Bandelac de Pariente mandaron sus artículos a distintos diarios. Como veremos fue el mes en el que se hicieron ya las primeras pruebas en España. La prensa siguió informando de los acontecimientos, algunos columnistas no médicos habían introducido en sus artículos de opinión el 606.

4.El núcleo de médicos en torno a la Revista Clínica de Madrid, fundada el año anterior, y entre los que figuraban médicos de la Facultad, del Hospital de la Princesa, del de San Juan de Dios, del Instituto Rubio o del Instituto Nacional de Higiene. Figuras como Marañón, Juan Madinaveitia, Jacobo López Elizagaray, José Ortiz de la Torre, León Cardenal y Pujals, José Goyanes Capdevila, Nicolás Achúcarro, Teófilo Hernando, Gustavo Pittaluga, y Miguel Gayarre Espinal. Fue en esta revista en la que Sáinz de Aja publicó las primeras reseñas sobre el nuevo medicamento en junio. En agosto apareció la reseña del libro de Ehrlich Beiträge zur experimentellen Pathologie und Chemotherapie por Madinaveitia. En el mismo número Gayarre hizo una reseña del artículo “El nuevo medicamento de Ehrlich”. El 15 de septiembre Marañón publicó una largo artículo titulado “La Quemoterapia de moderna. El nuevo remedio de Ehrlich-Hata contra la sífilis” que remitía desde Francfurt. En el mismo número Gayarre informa de los distintos modos de inyección que se utilizaban en Alemania. En octubre Teófilo Hernando escribe sobre la farmacología de los arsenicales. En los números siguientes se sigue la misma tónica: Teófilo Hernando publicó el folleto La Quimioterapia de Ehrlich: fundamentos y aplicaciones, la reseña de Marañón del libro de Ehrlich y Hata La Quimioterapia experimental de las espirilosis.

5.El grupo de dermatólogos en torno al Hospital San Juan de Dios, de la Academia Española de Dermatología y Venereología y de su órgano de expresión Actas dermo-sifilográficas. Ahí encontramos a Juan de Azúa, Sainz de Aja, Fernando Castelo, Manuel Sanz Bombín, Jaime Nonell, Antonio Pardo Regidor, José Quintana, José Sánchez Covisa, y Vicente Gimeno entre otros.

Médicos de ambos grupos mantenían amistades con destacados médicos franceses del Instituto Pasteur o de los Hospitales de París. Algunos, a su regreso de Frankfurt, pasaban unos días en la capital de Francia con el fin de recabar más opiniones y experiencias.

Entre finales de 1910 y principios de 1911 la revista recogió abundante información y artículos sobre el 606. Francisco Castelo, Sainz de Aja, y especialmente Juan de Azúa, escribieron mucho sobre distintos aspectos del salvarsán: efectos secundarios, su comportamiento en diferentes tipos de sífilis, su administración, etc. Entre ellos un trabajo de 197 páginas titulado “Ensayo clínico del 606”.

Fue este grupo, como es lógico, el que siguió publicando sobre el tema durante bastante tiempo y discutiendo en las reuniones de la Academia Española de Dermatología y Venereología.

6.Curiosamente ninguno de los anteriores puede atribuirse el mérito de ser los primeros españoles en probar el salvarsán en España. Alfonso XIII, conocedor de la novedad del 606 del que se hablaba insistentemente en Europa, cuando regresaba de uno de sus viajes a Inglaterra, se puso en contacto en París con el médico de la embajada española, Alberto Bandelac de Pariente. Le propuso que fuera a Frankfort para obtener información de primera mano.

Se trata de un personaje interesante. Era judío sefardita, nacido en Tánger y nacionalizado español. Viviendo en París estaba al tanto de todo lo que sucedía en Europa, contaba con grandes amistades y atendía a personajes importantes de las realezas y de la política europea. Estuvo dos veces con Ehrlich y publicó en la prensa diaria su experiencia. En la primera ocasión estuvo en la clínica de Herxheimer durante varios días comprobando el valor del ‘606’. Hace notar que la curación «causa verdadera estupefacción por la rapidez de sus resultados y por la igualdad de éstos en los más diversos casos».

Después de explicar al rey su primer encuentro con Ehrlich, se prepararon las primeras inoculaciones en Madrid en el Hospital militar de Carabanchel para el día 22 de septiembre. El primer inyectado fue un soldado del regimiento de María Cristina que se encontraba en el segundo periodo de la enfermedad. Había estado sometido a tratamiento de mercuriales. La cura le produjo menos dolor del esperado y apenas experimentó reacción febril. Un incidente obligó a interrumpir la prueba; había caído la jeringuilla al suelo y se rompió. Siguieron el día después.

Las inyecciones en civiles tuvo lugar en el Hospital San Juan de Dios el día 24. Allí se dieron cita el ministro de la gobernación, autoridades políticas y sanitarias, y personal facultativo.

Ayudado por Sainz de Aja Bandelac mezcló en un mortero el arsenobenzol con una disolución de sosa caústica al 20 por ciento. La mezcla adoptó un color no habitual; por si acaso, Bandelac hizo traer del Hospital de Carabanchel nuevas unidades. Mientras esperaban el producto se fotografiaron todos como si hubieran aplicado las inyecciones. En realidad esperaron al día siguiente. Los primeros inoculados fueron Mariano Blanco, Gregorio Torres, Ramón Martínez, Esteban Carratalá, y Luis París. La prensa siguió en los próximos días la recuperación de los pacientes.

Bandelac regresó a Frankfurt en noviembre para aprender una nueva técnica de inoculación intramuscular. Se inyectaba 1 gr a individuos fuertes y entre 60 y 70 cgrs al resto; se repetía la dosis a las cinco o seis semanas. Desde París mandó dosis del producto a varias diputaciones y también enseñaba la técnica a los españoles que decidieran ir a la capital de Francia.

Los colegas médicos españoles respetaron la decisión de Alfonso XIII. Sólo el republicano El País se mostró en contra. Opinaba que en España había suficientes especialistas preparados como para ocuparse del tema.

En definitiva:

El estudio de este hecho nos ha puesto de manifiesto varias cosas:

  • El alto nivel de muchos científicos españoles, su capacidad para viajar e intercambiar información con sus colegas europeos. Hemos visto que durante el periodo estudiado varios estaban realizando estancias en centros europeos. Otra cosa es que aquí las inversiones en recursos humanos e infraestructuras no estuviesen a la altura, como sigue ocurriendo.
  • La preocupación social por el tema impregnó a todas las capas de la población. Puede seguirse a través de la prensa diaria que se expresa en columnas de opinión, viñetas cómicas, pequeñas obras teatrales cómicas, etc.
  • El interés de la prensa en divulgar acontecimientos científicos con el mayor rigor y precisión apoyándose en crónicas de los propios médicos.
  • El interés de los ayuntamientos y diputaciones de toda España en conseguir el nuevo medicamento para sus ciudadanos.

La cuestión es que en diciembre el medicamento podía adquirirse en muchas farmacias y que se administraba ya tanto en instituciones públicas como en clínicas privadas.

En un último vídeo ofreceremos la historia del tratamiento de la sífilis con fuentes materiales de la época.

Bibliografía

–Fresquet Febrer, J.L. (2010). La Prensa diaria y la introducción en España del 606. Exposición dedicada a la introducción en España del Salvarsán. Disponible en: https://www.historiadelamedicina.org/606Expo/index.html Consultado el 12 de junio de 2020. El lector encontrará en la sección “Créditos” abundante bibliografía.

–Fresquet Febrer, J.L. (2019). Terapéutica etiológicamente orientada. Introducción de la salvarsanoterapia en España a través de la prensa diaria y del periodismo profesional. En: Carrascosa, A.V. y Báguena, M.J.. (coord.). El desarrollo de la Microbiología en España. Volumen I. Madrid, Fundación Ramón Areces, pp. 35-68.

 

 

 

Salvarsán. La bala mágica

Insertamos el guión del vídeo Salvarsán. La bala mágica que subimos al canal de Youtube “Medicina, historia y sociedad”.

 

Intro

Durante el siglo XIX la medicina asistió a la conversión de la materia médica en farmacología experimental, es decir, del uso de productos procedentes de la naturaleza para curar, a la extracción de sus principios activos y a la síntesis de otros nuevos. Asimismo se avanzó mucho en el estudio de sus acciones y efectos.

A finales de siglo XIX ya se disponía de un buen número de productos útiles que actuaban sobre síntomas: antipiréticos, narcóticos, anestésicos, analgésicos… pero pocos que actuaran sobre la causa de las enfermedades.

El médico alemán Paul Ehrlich se empeñó en buscar lo que llamó “la bala mágica”, es decir, una sustancia que actuara sobre la causa de una enfermedad creando los mínimos efectos secundarios o tóxicos al enfermo que la padeciera. Y lo logró.

En 1910 se probó con extraordinario éxito el conocido como 606 o salvarsán (arsénico que salva) contra la sífilis.

¿Cuándo y cómo ese medicamento llegó a España?

Rótulo

Se trata de un tema largo y complejo pero que merece nuestra atención a pesar de que nos veamos obligados a exponerlo en dos vídeos.

Aun así, no podemos abarcarlo todo y sólo hablaremos de grandes hitos, así que a ellos nos ceñiremos.

El salvarsán fue diseñado para matar al Treponema pallidum, bacteria causante de la sífilis. La humanidad llevaba luchando contra esa enfermedad desde el siglo XVI –conocida entonces entre nosotros como Morbo Gálico, mal francés, o mal de Nápoles– sin haber logrado ningún avance significativo. Su tratamiento era a base de mercurio, elemento de uso peligroso, tóxico, pero que de alguna manera detenía la enfermedad o la alargaba en el tiempo. En ocasiones se administraba junto con otros medicamentos. Se empleaba ya en el Renacimiento.

La sífilis era una enfermedad venérea, una enfermedad infecciosa que estaba bastante extendida. Se la relacionaba entonces con la degradación de la persona, con el deterioro físico y moral. Recordemos la existencia de la sífilis congénita y de que entonces la evolución natural de la enfermedad recorría los tres periodos llegando al último o periodo en el que se afectaba el cerebro, los nervios, los ojos, el corazón, los vasos sanguíneos, el hígado, los huesos y las articulaciones. Esto podía ocurrir muchos años después de la infección original no tratada. Aparte estaba también la neurosífilis o la afectación del cerebro y del sistema nervioso (los enfermos acababan sus días en asilos de alienados) y la sífilis ocular.

Desconocemos la tasas de sífilis en España porque no era enfermedad de declaración obligatoria. Aquí unas estadísticas de la mortalidad en Madrid y de los casos atendidos en el Hospital San Juan de Dios que era el lugar específico para el tratamiento de enfermedades venéreas y dermatológicas [Se muestran las estadísticas]. Están extraídas el libro de Antono Navarro Fernández, La prostitución en Madrid (1909).

A finales del siglo XIX la mentalidad etiológica, el estudio de las causas, tomó una extraordinaria relevancia en medicina. La microbiología por si sola pudo explicar la causa de numerosas enfermedades. En el caso de la sífilis. Elie Metchnikoff y Émile Roux demostraron en el Instituto Pasteur que la sífilis se podía transmitir de forma experimental al mono y algunas de sus lesiones al ojo del conejo. En 1905 Richard Shaudin y Paul Erich Hoffman pudieron descubrir que el Treponema pallidum  era el causante de la sífilis o avariosis

Sólo un año después, Albert Neisser y August von Wassermann desarrollaron una prueba de detección de anticuerpos en sifilíticos proporcionando la base para el desarrollo del serodiagnóstico de la infección sifilítica.

Wasserman, basándose en hallazgos científicos de Ehrlich como su teoría de las cadenas laterales, había comenzado en 1900 a trabajar en las reacciones de fijación del complemento e investigó la reacción toxinas-antitoxinas en la sangre.

Pero volvamos a fijar nuestra atención en Paul Ehrlich. Estudió medicina en Breslau, Estrasburgo, Friburgo y Leipzig. Trabajó en la Charité como asistente de Friedrich von Frerichs que le dejó que se dedicara a la investigación. Trabajó especialmente con los colorantes de los tejidos animales (histoquimia). Cuando murió Frerichs su sustituto obligó a Ehrlich a realizar práctica clínica. Como no le gustaba abandonó la Charité. Contrajo la tuberculosis. Una vez recuperado trabajó en su casa, luego en el Instituto de Robert Koch donde comenzó a investigar la inmunidad y las leyes por la que ésta se regía. Estudió, por ejemplo, la toxina antidiftérica. Dirigió después el Institut für Serumforschung und Serumprüfung que adoptó el nombre de Institut für experimentelle Therapie cuando fue trasladado a Frankfurt. Después se hizo cargo de la Georg Speyer Haus für Chemotherapie fundada para él por la viuda del banquero Speyer. Esto marcó la tercera etapa en la vida científica de Paul Ehrlich. Retomó uno de los aspectos de su tesis de doctorado: la necesidad de estudiar la relación existente entre la composición química de los fármacos y su modo de acción sobre el organismo y sobre las células del cuerpo a las que iban dirigidos. Igual que sucedía en inmunología, uno de sus propósitos era encontrar los productos específicos que tuvieran afinidad por los organismos patógenos. Él habló de “balas mágicas”: que actuarían sobre la causa de enfermedad dejando indemne al huesped.

Ehrlich utilizó el término “quimioterapia” para referirse a una parte de la terapéutica experimental, diferenciándola del término “farmacología”.

La terapéutica experimental, para Ehrlich, debía reproducir las enfermedades en animales para, más tarde, estudiar científicamente la acción de los fármacos. Las enfermedades infecciosas eran un ejemplo.

Tres áreas formaban para el médico alemán la terapéutica experimental: la Organoterapia (que incluiría más tarde el estudio de las hormonas), la Bacterioterapia y la Quimioterapia.

Contra la sífilis ya se usaba el atoxil –sustancia sistetizada por Pierre Antoine Béchamp en 1869–, pero tenía una alta toxicidad que lo hacía inviable.

Ehrlich trabajó con Sahachiro Hata (1873-1938), que era especialista en infecciones experimentales por Treponema pallidum en conejos y también había estudiado la eficacia de los derivados del atoxil.

El ‘606’ fue dado a conocer por Ehrlich en abril de 1910, en Wiesbaden, en el 27 Congreso alemán de Medicina interna.

La andadura del nuevo medicamento no fue, al principio, un camino de rosas. Farbwerke-Hoechst no esperó más ensayos y distribuyó 65.000 unidades de forma gratuita entre los médicos. El producto, en ocasiones, presentaba efectos secundarios y algunos adversarios no tardaron en importunar y criticar a Ehrlich; el cabecilla acabó en prisión.

A pesar de que se trató de retener el producto hasta que se hubiera probado en centenares de pacientes, Ehrlich no pudo evitar la demanda creciente del nuevo fármaco. El salvarsán también tuvo otro tipo de enemigos: la iglesia ortodoxa rusa, por ejemplo, sostuvo la opinión de que las enfermedades venéreas eran el castigo de Dios a la inmoralidad y no debían tratarse. La policía alemana también estuvo contra el salvarsán debido a los problemas que planteaba la prostitución. Fueron cuatro años difíciles hasta que Ehrlich sustituyó el 606 por el 914 o neosalvarsán, más soluble, fácil de usar y no perdía eficacia.

Ehrlich logró eliminar de esta manera a los gérmenes causantes de enfermedad sin lesionar al organismo mediante la inyección de un producto en la sangre. Es lo que antes hemos llamado “balas mágicas”. Este conjunto de trabajos significó su gloria y el comienzo de una fase revolucionaria para la farmacología y, por tanto, para la terapéutica. En poco tiempo siguieron las sulfamidas y después los antibióticos, y toda una serie de productos orgánicos con eficacia terapéutica.

El hallazgo de Ehrlich se difundió tanto en las revistas profesionales como en la prensa general de todo el mundo. España no fue una excepción y sucedió todo lo contrario que con el premio Nobel de Cajal. Numerosos artículos explicaron qué era el 606 o salvarsán, cuál era su acción, qué efectos tenía, cómo de importante podía ser su toxicidad y comentaban los ensayos clínicos que se llevaban a cabo.

La noticia se difundió por todo el mundo y Frankfurt se convirtió en el lugar donde llegaban por decenas los representantes de países, instituciones y sociedades para hablar con Ehrlich, conseguir unas dosis del nuevo medicamento y aprender a utilizarlo.

En resumen,

–Al principio el salvarsán no fue bien en todos los casos de sífilis. En algunos produjo efectos secundarios.

–En otros, en cambio, resultó ser una cura casi milagrosa.

–Algunos médicos se pasaron de entusiastas y otros de críticos.

–Su administración implicaba no pocos problemas técnicos.

–Se probaron la vía intradérmica, la intramuscular y la endovenosa.

–Significó un empuje para la medicina de laboratorio.

–Ambos sexos se beneficiaron del mismo.

–Contribuyó a que se hablara con menos prejuicios de las enfermedades venéreas desde el punto de vista de la salud pública.

¿Cómo conoció España el Salvarsán? La respuesta en el próximo vídeo.

Bibliografía

–Fresquet Febrer, J.L. (2004 y revisado en 2012). Paul Ehrlich (1845-1915). En: Epónimos y biografías médicas. Historiadelamedicina.org. Disponible en: https://www.historiadelamedicina.org/ehrlich.html , Consultado el 20 de marzo de 2020. Incluye amplia bibliografía:

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—García Sáncuez, J.E.; Lucila Merino, M. Cien años de la bala mágica del Dr. Ehrlich (1909–2009). Enfermedades infecciosas y Microbiología Clínica, 2010: 28(8): 521-533.

—Gesamtliste der Publikationen von Paul-Ehrlich, disponible en (http://www.pei.de/DE/institut/paul-ehrlich/publikationen/paul-ehrlich-publikationen.html?__nnn=true). Consultado en junio de 2012.

—Laín Entralgo, P. (1973), Farmacología, farmacoterapia y terapéutica general, En: Historia Universal de la Medicina (Dir.: Pedro Laín), Barcelona, Salvat, vol. 6, pp. 259-268.

—Lloyd, N.C.; Morgan, H.W.; Nicholson, B.K.; Ronimus, R.S. The composition of Ehrlich’s Salvarsan: Resolution of a Century-Old Debate. Angew. Chem. Int. Ed, 2005; 44: 941-944.

—Marquardt Martha. Paul Ehrlich als Mensch und Arbeiter. Erinnerungen aus dreizehn Jahren seines Lebens (1902-1915). Mit einer Einführung von Dr. Richard Koch. Stuttgart/Berlin/Leipzig, 1924. Versión en inglés: Paul Ehrlich. New York, Henry Schuman, 1951.

—Neosalvarsán, solu-salvarsán. Su descubrimiento, su obtención y comprobación, la técnica de su empleo y las indicaciones. Barcelona, Bayer-Meister Lucius, sa.

—Rubin LP. Styles in scientific explanation: Paul Ehrlich and Svante Arrhenius on Immunochemistry. J Hist Med Allied Sci. 35(4):397-25,1980

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Más bibliografía

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Kaufmann, S.H. (2008). Paul Ehrlich: founder of chemotherapy. Nat Rev Drug Discov, vol. 7, nº 5, p. 373.

Sepkowitz, K.A. (2011). One hundred years of Salvarsan. N England J Med, vol. 365, nº 4, pp. 291-293.

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Lavarse las manos. Ignaz Semmelweis

Insertamos el guión del vídeo que subimos al canal de Youtube “Medicina, historia y sociedad” de Youtube hace unas semanas dedicado a Ignaz Semmelweis y que hemos titulado Lavarse las manos. Ignaz Semmelweis.

 

Entre los consejos que constantemente estamos recibiendo desde hace unas semanas para luchar contra la pandemia de Covid-19, destaca el lavado de las manos.

Nadie duda de que la higiene nos ha ayudado a librarnos de muchas enfermedades infecciosas o al menos reducir su incidencia. Pero es verdad que hace meses leíamos en algún artículo que la gente estaba perdiendo hábitos de higiene entre los que se encontraba el lavado de manos con cierta frecuencia.

A mediados del siglo XIX un médico también llamó la atención sobre este hecho para prevenir la temida fiebre puerperal. Proporcionó una explicación científica, pero hasta que llegaron Pasteur y Koch décadas después, casi nadie le hizo caso.

[Intro]

En 1924 el conocido y a la vez odiado médico y escritor Louis Ferdinand Céline presentó su tesis que hablaba de Semmelweis, personaje central en esta historia.

Nació Semmelweis en lo que hoy es Budapest (Hungría) en 1818. Entonces formaba parte del imperio austríaco cuya capital era Viena. Su padre poseía una tienda y un almacén de venta de especias y productos generales. Parecía que su vocación lo llevaba a estudiar derecho en la Universidad de Viena en 1873, pero al año siguiente cambió a Medicina tras asistir, según se dice, a una autopsia realizada por Rokitansky.

Allí tuvo a destacados maestros, como señala Céline, como el gran clínico Joseph Skoda y el anatomopatólogo Carl von Rokitanski. El primero de ellos incluso le ayudó a superar su depresión por las continuas bromas que le gastaban sus compañeros por su marcado acento húngaro. Si su carácter era ya algo difícil estos hechos lo acentuaron.

En 1838 regresó a Budapest y se inscribió en la nueva escuela de medicina que allí se creó, pero la enseñanza que se impartía no le gustaba. En 1841 regresó a Viena y sufrió una crisis vocacional. Mientras tanto se aficionó por la botánica. Finalizó sus estudios en 1844.

En 1845 fue nombrado por concurso profesor de cirugía. Sin embargo, su plaza tardaba en llegar. Aceptó un puesto de obstetricia convirtiéndose en ayudante de un mediocre Johann Klein que dirigía la primera clínica obstétrica del Hospital Maternal de Viena. Había una segunda que dirigía Franz Bartchs.

En cuanto Semmelweis empezó a destacar, agrupó todas las envidias contra él. Estas cosas, como vemos, no sólo pasan en España.

La mortalidad en cirugía era altísima. Lo mismo que en los dos servicios de obstetricia, donde la fiebre puerperal era frecuente.  Lo sabía la población y sólo las mujeres en absoluta miseria o las rechazadas por las intransigentes costumbres de la época (solteras embarazadas, prostitutas, etc.) acudían allí para parir.

Sensibilizado por la alta mortalidad Semmelweis intentó averiguar los motivos. Eso ya fue colocar la primera piedra, algo que parece que al resto del personal no le preocupaba.

Observó que la mortalidad en el servicio de Klein era muy superior al de Bartch. Su capacidad de observación le hizo fijarse en el hecho de que en el de Bartch eran exploradas y atendidas por las estudiantes de comadronas y en la de Klein por estudiantes de medicina.

Pensó que las maniobras de las futuras comadronas se realizaban con cuidado mientras que los estudiantes actuaban con cierta brutalidad produciendo inflamaciones. Puesto de manifiesto, se acusó a los estudiantes extranjeros de ser los responsables. Muchos fueron expulsados y la mortalidad descendió. Quizás una casualidad.

Mientras tanto Semmelweis descartó otras explicaciones pintorescas, incluso de tipo religioso, que no merecen que nos detengamos. Él estaba convencido que los motivos estaban allí, en su clínica.

Mientras tanto tuvo que hacer frente a burlas y críticas de parte de sus colegas y estudiantes. Le acusaron de que él mismo provocaba ansiedad a las parturientas que las predisponía a contraer la enfermedad.

Observó también que las mujeres que parían en la calle y después eran llevadas a la clínica se salvaban más que las que parían en la propia clínica. Entonces decidió seguir a los estudiantes mucho más de cerca. Recordó que cuando estaba trabajando con Rokitansky se temía que éstos se hicieran incisiones involuntarias durante las autopsias porque solían ser mortales.

Semmelweis estaba más cerca de la verdad. Sin demasiada base científica como hoy la entenderíamos, se le ocurrió que los alumnos se lavaran las manos antes de acercarse a las embarazadas. Hizo instalar lavabos en las puertas de la clínica.

A Klein le pareció una idea ridícula y se opuso de forma violenta. Hizo todo lo que estuvo en sus manos para deshacerse de su ayudante. Otros muchos colegas creían lo mismo. La cosa se salió de lo normal y el 20 de octubre de 1846 Semmelweis fue destituido.

Un grupo de médicos pidió explicaciones sobre los hechos. Skoda movió todos los recursos para que se le devolviera su puesto. Mientras tanto Semmelweis realizó un largo viaje a Venecia.

A los dos meses regresó. Acababa de fallecer su amigo el forense Jakob Kolletschka de una herida accidental durante una autopsia.

Revisando el caso Semmelweis dijo que “la noción de identidad de este mal con la infección puerperal de la que morían las parturientas se impuso tan bruscamente en mi espíritu, con una claridad tan deslumbradora, que desde entonces dejé de buscar por otros sitios”.

Los dedos de los estudiantes se contaminaban con los exudados de los cadáveres y transportaban esas partículas cadavéricas a los órganos genitales de las mujeres, especialmente al cuello uterino.

Gracias a la influencia de Skoda, Bartch, médico jefe de la segunda maternidad, acabó por recibir a su protegido a título de asistente, aunque en realidad no tuviese ninguna necesidad de personal en aquel momento. Se hizo una prueba: los alumnos de Klein pasaron a la clínica de Bartch a cambio de las comadronas.

La mortalidad en la clínica subió al 27 % lo que representa un aumento del 18 % respecto al mes anterior. Así, pues, se demostraba que el problema eran los estudiantes.

Ese mes ingresó una mujer que pensaban que estaba embarazada. Semmelweis la examinó y encontró un cáncer de cuello de útero. Después, sin pensar en lavarse las manos hizo tacto vaginal sucesivamente a cinco mujeres que estaban dilatando. En las semanas siguientes todas ellas murieron por infección puerperal.

Semmelweis escribió: “Las manos, por su simple contacto pueden ser infectantes”.

Pidió que se preparara una solución de cloruro calcificó con la que cada estudiante, que hubiese disecado el mismo día o la víspera, debía lavarse cuidadosamente las manos antes de efectuar cualquier clase de reconocimiento en una mujer encinta. En el mes que sigue a la aplicación de esta medida la mortalidad descendió al 0,23 por ciento.

Sin embargo, obstetras y cirujanos rehusaron, en un impulso casi unánime, con odio, el inmenso progreso que se les ofrecía. Klein logró agrupar contra Semmelweis desde el primer momento a casi todos los miembros de la Facultad.

Céline dice al respecto “En el corazón de los hombres sólo habita la guerra”.

Solo cinco médicos se colocaron al lado de Semmelweis: Rokitansky, el gran dermatólogo Hebra, Heller, Helm y Skoda.

Se consultó a médicos del extranjero, pero la mayoría no se molestó ni en contestar. Ni Amsterdam, ni Berlín ni Edimburgo. Tampoco París. Ni siquiera tuvieron la curiosidad de probar algo tan sencillo en sus clínicas. Hablar de médicos que producían iatrogenia no cabía en sus cabezas. La estupidez humana no tiene límites.

Insultos, calumnias, risas, odio… ya no sólo de colegas, también se unieron estudiantes y enfermeros. La situación se hizo insostenible y Semmelweis fue destituido el 20 de marzo de 1849 por segunda vez.

Skoda comunicó a la Academia los resultados concluyentes y absolutamente favorables a la teoría que acababa de obtener por infección de fiebre puerperal experimental en un cierto número de animales.

Hebra, declaró en la Sociedad Médica de Viena que el hallazgo de Semmelweis gozaba de gran interés para el porvenir de la cirugía y de la obstetricia, y solicitó el inmediato nombramiento de una comisión para examinar, con toda imparcialidad, los resultados que se habían obtenido. Pero la tarde de “ciencia” y “académicos” terminó en una verdadera batalla campal de insultos y calumnias hasta llegar a zurrarse.

El ministro prohibió entonces que la comisión se reuniera y obligó a ser Semmelweis abandonara Viena lo más pronto posible.

Cuando regresó a Budapest el ambiente social y político ya estaba muy enrarecido. Sucedieron muchas cosas que aquí no caben, pero, en definitiva, la personalidad de Semmelweis comenzó a deshacerse. En 1848 se produjo comenzó la revolución húngara.

Semmelweis vivía humildemente del ejercicio de la medicina. Por si fuera poco, dos desgraciados accidentes le provocaron fractura de brazo primero y de pierna después. Quedó incapacitado e inmovilizado en su cama. No murió de hambre y frío gracias a sus amigos que lo impidieron. Corría el invierno de 1849.

Su amigo el cirujano Lajos Markusovszky fue a Budapest a ver a Semmelweis y escribió a Skoda para contarle la situación. Consiguieron que Birley, director de la Maternidad de San Roque, lo aceptara durante unos meses si renunciaba a “sus ideas”. Semmelweis, sin embargo, no hizo nada nuevo, ni siquiera fue a ver a Birley.

Un día un médico le llevó un mensaje. Le contó que el obstetra Gustav Adolf Michaelis se había suicidado. Atendió un parto de una de sus primas, la infectó y murió de fiebre puerperal. Investigó si era él el responsable. Días antes había atendido a mujeres con fiebre puerperal y no guardó las debidas precauciones. La culpa le lanzó a la vía del tren.

Este hecho hizo despertar a Semmelweis que fue a ver a Birley. Mostrándose cauto con sus ideas obtuvo tiempo para escribir su única obra: La etiología de la fiebre puerperal.

Muerto Birley se hizo cargo de la maternidad e impuso sus ideas. De nuevo burlas, enemistades… incluso se dice que sus ayudantes no se lavaban las manos con plena conciencia para aumentar el número de muertes.

Poco a poco Semmelweis entró en demencia hasta convertirse en miseria moral a principios de 1865. Hacía cosas raras. Incluso abrió un cadáver, se impregnó de pus y se hizo a sí mismo una incisión. Enfermó.

Conocedor de tal degradación, Skoda fue a Budapest a buscar a Semmelweis para trasladarlo a Viena. Nada más llegar el 22 de junio de 1865 fue conducido al asilo de alienados. Tras una agonía de tres semanas murió allí el 16 de agosto de 1865.

Luego se ha dicho que esa última fase de Semmelweis se debía a una sífilis terciaria.

Esta historia debe ser motivo de reflexión para muchos científicos sobre sus conductas.

Hasta casi cincuenta años después de las observaciones de Semmelweis, gracias a Pasteur y a Koch, no se supo comprender sus ideas. Lister, del que nos ocupamos en otro vídeo, tuvo más suerte y su idea de la antisepsia fue aceptada finalmente con éxito.

Ya en el siglo XX, conocido el valor de la higiene y de la medicina preventiva, los gobiernos de diferentes países fueron introduciendo estas ideas entre la población en general y especialmente entre los niños.

Un ejemplo es la película corta  Hand washing in patient care, del Servicio de Salud Pública de los Estados Unidos que se lanzó con afán educativo en 1961.

Este otro, del Communicable Disease Center, de los Estados Unidos,  Hand washing in patient care, de 1962, es otro ejemplo.

Carteles, cartillas de higiene, libros de texto, etc., se llenaron de estas recomendaciones.

Más recientemente, en el brote de SARS que surgió en el Hospital Príncipe de Gales de Hong Kong en 2003, las autoridades sanitarias informaron al público que lavarse las manos ayudaría a prevenir la propagación de la enfermedad, causada por un coronavirus.

Ahora, con el COVID-19, todos las autoridades de todos los países han vuelto a insistir en el tema: Semmelweis sigue más vivo que nunca.

Bibliografía

–Bauer J. The tragic fate of Ignaz Phillip Semmelweis. Calif Med 1962; 48: 264-6.

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Vídeos

Hand washing in patient care
Contributor(s): Coppage, Claire M.
United States. Public Health Service.
Publication: [Washington, D.C.] : U. S. Public Health Service : [for sale by National Audiovisual Center; Atlanta : for loan by National Medical Audiovisual Center, 1961]
The National Library of Medicine believes this item to be in the public domain
https://collections.nlm.nih.gov/catalog/nlm:nlmuid-7601415A-vid

The nurse combats disease
Contributor(s): Lester, Mary R., McDonald, Ellen.
Communicable Disease Center (U.S.)
Publication: [Atlanta]: The Center : [for loan by National Medical Audiovisual Center ; Washington : for sale by National Audiovisual Center], 1962
The National Library of Medicine believes this item to be in the public domain.
https://collections.nlm.nih.gov/catalog/nlm:nlmuid-7602239A-vid

Anestesia. Inhalador de Ombrédanne

Como hemos subido un nuevo vídeo al canal de Youtube “Medicina, historia y sociedad”, insertamos a continuación el guión del penúltimo, “Anestesia. El inhalador de Ombrédanne” con su correspondiente bibliografía.

 

Guión

En otro vídeo hablamos del paso de la antisepsia a la asepsia, procedimientos que sirvieron para derribar una de las tres barreras con las que se enfrentaba la cirugía en el siglo XIX: la infección.

En esta ocasión nos ocuparemos de la que quizás fue la primera barrera, el dolor. Lo vamos a hacer utilizando como excusa el inhalador de Ombrédanne, que gozó de gran popularidad en Europa y Latinoamérica. En otro vídeo abordaremos el estudio de otros instrumentos y de otras técnicas.

[Intro]

Desde finales del siglo XVIII la química experimentó un extraordinario desarrollo que permitió crear y probar numerosas sustancias entre las que se encontraban diferentes gases, que pronto llamaron la atención de los médicos. En la Pneumatic Institution de Clifton (Inglaterra), se buscaron aplicaciones para el oxígeno, el éter y el óxido nitroso. A este último, descubierto por Joseph Priestley (1733-36 – 1804), otro químico, Humphry Davy (1778-1829), lo bautizó con el nombre de gas hilarante o gas de la risa que llegó a utilizarse en espectáculos. Su uso médico como anestésico, sin embargo, igual que pasó con el éter, no recibió la atención necesaria.

En Francia H. Hill Hickmann (1799-1829) propuso a la Academia el empleo del éter como anestésico, pero entonces, el poderoso Velpeau, redactó un informe negativo sobre su uso.

En los Estados Unidos Wiliamson Long (1815-1878) intervino en 1842 a varios enfermos con el empleo de la narcosis etérea.  Dos años más tarde Horace Wells (1815-1848) usó el gas de la risa en su práctica odontológica tras probarlo en un espectáculo. No intentó patentarlo para este fin porque pensaba que algo que libraba del dolor debía ser “tan gratuito como el aire”. Solicitó hacer una demostración en el Hospital General de Massachussetts que no funcionó y el público lo abucheó. A partir de aquí su vida fue una sucesión de fracasos que le llevaron al suicidio.

El estadounidense Charles Thomas Jackson (1805-1880) experimentó varios gases, incluso en sí mismo, como el éter. Lo recomendó al dentista William Thomas Morton (1819-1868) quien lo introdujo en su práctica. También hizo una demostración pública en el Hospital general de Massachusetts. El hecho convenció al cirujano John Collins Warren (1778-1856), profesor en Boston, para que interviniera a uno de sus pacientes con el procedimiento. Tuvo lugar el 16 de octubre de 1846 y el éxito logrado fue la mejor publicidad para la divulgación del método. Se patentó la sustancia como Letheon, aunque se supo que era éter.

El nombre de “anestesia” procede de Oliver Wendell Holmes. Varios cirujanos norteamericanos siguieron el camino y en Europa a finales del año sucedía lo mismo: Robert Liston (1794-1847) y Jobert Lamballe (1799-1867). Alfred Armand Velpeau (1795-1867) reconoció su error. La técnica se propagó por el resto de países. En España fue Diego de Argumosa (1792-1865) quien en febrero de 1847 lo utilizó.

Otro hallazgo importante fue el descubrimiento del cloroformo por parte de Eugène Soubeiran (1793-1858), redescubierto en Estados Unidos por Samuel Guthrie (1782-1848) y en Alemania por Justus von Liebig. Fue el médico M.J.P. Flourens quien comunicó a la Academia de París sus propiedades anestésicas en 1847. Ese mismo año el obstetra James Young Simpson (1811-1870) lo utilizó en su práctica obstétrica (todo un logro). Él ya había introducido el éter en Edimburgo.

Comenzó la lucha entre los partidarios del éter y del cloroformo y también aparecieron los que probaron multitud de mezclas. El primero irritaba las vías respiratorias, resultaba desagradable y tardaba mucho en metabolizarse y eliminarse. El segundo tenía más ventajas hasta que empezaron a producirse fallecimientos por su administración. Finalmente la Segunda Comisión Inglesa del Cloroformo, vistas las estadísticas proporcionadas por Ernst Julius Gurlt (1825-1899) en 1897, arrinconaron su uso.

Los sencillos aparatos o instrumentos utilizados al principio (abiertos) para administrar la anestesia, pronto se tornaron más complejos. Con algunos surgían complicaciones como la asfixia, y al final solamente permanecieron los que utilizaban procedimientos llamados abiertos o semiabiertos. Fue muy popular el “gota a gota” y, sobre todo, el de Ombrédanne (parecido al de Clover), que desplazó a una gran cantidad de aparatos. Era sencillo, fácil de transportar, permitía la dosificación adecuada de éter, y también la estimulación del centro respiratorio con el CO2 refluyente. Fue entonces el aparato perfecto de narcosis. Hoy se descartaría por proporcionar mezclas de gases hipóxicas (pobres de oxígeno) e hipercápnicas (con el aumento de la presión parcial del dióxido de carbono).

Vinieron otros anestésicos, como el cloruro de etilo, se revalorizó a principios del siglo XX el óxido nitroso, se inventaron aparatos que insuflaban además oxígeno (Cotton), también se añadió la insuflación intratraqueal, y surgieron otras vías de anestesia, pero nosotros nos detendremos aquí para mostrar y explicar el Aparato de Ombrédanne.

El inhalador de Ombrédanne
El inhalador de Ombrédanne llegó a ser un aparato que, entre otros muchos, llegó a triunfar por su buen funcionamiento, su fácil manejo y sus resultados. Entonces la anestesia la aplicaba el propio cirujano, un alumno interno, enfermera o ayudante. Su simplicidad y fácil aprendizaje quizás influyó en el retraso de la aparición de la especialidad de anestesiología en Europa.

Ombrédanne buscaba un dispositivo diferente a los inhaladores cerrados. Con éstos había que levantar la mascarilla de vez en cuando para que entrara aire fresco.

Algunos dicen que en 1907 fue el cirujano Auguste Nélaton (1807-1873) quien, tras dos accidentes fatales, encargó a su alumno Louis Ombredanne, que ideara un aparato más seguro.

Ombredanne trabajó con el conocido constructor de instrumentos Collin hasta llegar al diseño definitivo.

En el artículo que publicó en la Gazette des hôpitaux en 1908 muestra estos prototipos y describe minuciosamente el que finalmente se fabricó. Imaginó un instrumento con el que el enfermo pudiera aspirar aire en cada respiración junto con cantidades crecientes de vapor de éter de forma gradual.

Se trata de una esfera que a un lado se enrosca una bolsa de reinhalación o de confinamiento. Al otro lado, una entrada en escalera con un regulador o controlador con puntero que se mueve sobre una escala grabada en la esfera. La escala va del 0 al 8.

En la parte superior se encuentra una abertura con tapa por donde se introducía el éter. La cantidad de 150 gramos daba para hora y media. En la parte inferior se sitúa la máscara con dos anillos para los pulgares del anestesista o el ayudante mientras que con los otros dedos levanta la barbilla. Dentro hay un canal con dos amplias chimeneas en la parte superior. Un tubo con ventanas recorre este canal. Éstas giran según el regulador antes mencionado que es empírico. El resto está relleno de guata que se empapa de éter.

Funcionamiento
Estos son nuestros esquemas. Aquí con la aguja en la posición 0, la entrada K está totalmente abierta. Por la misma entra aire atmosférico o fresco. Las ventanas G y G1 que dan a las chimeneas están cerradas y la entrada O1 del tubo de aire respirado está abierta. En esta posición el aire que respira el paciente es aire fresco y una pequeña proporción de aire de la bolsa de confinamiento.

En la posición 8, el otro extremo de la escala, que se usa sólo en algunos casos para la inducción, K está abierta al mínimo, G y G1 abiertas al máximo y O1 cerrada. De esta forma todos los compartimentos del aparato y los pulmones del paciente se van cargando progresivamente de éter, vapor de agua y anhídrido carbónico.

En la posición 4, intermedia o de mantenimiento, la ventana K está semicerrada, G y G1 están semiabiertas y O1 también semiabierta. El aire inspirado se carga con vapores de éter que proceden de la cámara de vaporización así como de la bolsa de confinamiento.

Final
Ya hemos visto cómo funciona el inhalador de Ombredanne, instrumento que ideó con la ayuda de la conocida casa de instrumentos médicos de París Collin. También hemos revisado su funcionamiento. En resumen, se trataba de aumentar la concentración de éter señalado en un índice del 0 al 8, aumentando un punto cada minuto aproximadamente hasta llegar a la posición 4 o de mantenimiento. En algunos pacientes, a veces era necesario seguir hasta la posición 8. Conseguida la anestesia, se descendía de nuevo al número 4. El aparato producía una retención importante de anhídrido carbónico con lo que se conseguía una hipernea.

Su fácil manejo hizo que se vendieran miles de unidades que se utilizaron hasta final de los años treinta del siglo XX, por un lado, y que pudiera ser utilizado por personal de enfermería, alumnos internos o ayudantes. Esto último quizás influyó en que la especialidad de anestesiología se retrasara en muchos lugares.

Louis Ombredanne nació en París en 1871 y murió en la misma ciudad en 1956. Fue ayudante de anatomía, cirujano de los hospitales Ténon, Saint-Louis y Boucicaut. Más tarde fue profesor de clínica quirúrgica infantil y ortopedia en el Hospital de los Niños enfermos. Tras jubilarse fue nombrado profesor honorario. Fue miembro de la Academia de Medicina y de la Academia de Cirugía. Fue premiado con la La Orden Nacional de la Legión de Honor.

Bibliografía
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–Zimmer, M. (2008). Histoire de l’anesthésie. Méthodes et techniques au XIXe siècle. Paris, EDP Sciences.

Homenaje de Valencia a Ramón Gómez Ferrer en 1920

Hace unas semanas subimos a nuestro canal de Youtube “Medicina, historia y sociedad” el vídeo “Homenaje a Gómez Ferrer (1920)”.

Transcribo el texto del mismo y añado relación bibliográfica:

En el Parterre
Me encuentro en el Parterre de Valencia, jardín que se creó en 1850. Imaginen que son las 10,30 del día 16 de mayo de 1920. Aquí se fueron concentrando los niños y sus maestros de las escuelas valencianas para dirigirse después a la Glorieta (de la que ya hablamos en otro vídeo) que está prácticamente enfrente.

Este jardín contaba con cuatro estanques circulares, uno en cada esquina. Después de la riada de 1957 fueron desmontados. Dentro del mismo destaca lo que fue la casita del guarda que luego se transformó en el Tribunal tutelar de menores. En el centro está la escultura ecuestre de Jaime I el Conquistador que se colocó en enero de 1891, obra de Agapito y Venancio Vallmitjana, de Barcelona.

Al fondo, la Fuente de Neptuno, realizada en el siglo XVIII por Giacomo Antonio Ponzanelli. Procede de un jardín privado, estuvo en la Glorieta y en 1960 fue trasladada a su actual ubicación.

A las 11 los niños se dirigieron con sus maestros y el Delegado regio de Primera Enseñanza a la Glorieta.

En la Glorieta
Allí iba a tener lugar la primera parte de un homenaje al primer catedrático de pediatría de Valencia –entonces de enfermedades infantiles– Ramón Gómez Ferrer.

La banda musical de la Casa de la Misericordia se encargaba de amenizar el acto.

La entrada se estableció frente al edificio de la antigua Tabacalera, que ya era Palacio de Justicia. A las 11,30 subieron a la tribuna los representantes del ayuntamiento donde fueron recibidos por otras autoridades y el Comité del monumento.

Al son de la marcha de la ciudad fue descubierta la estatua por las estudiantes o alumnas de la Facultad de Medicina.

Bajo el color amarillo de la bandera de la Facultad estaba la escultura en mármol blanco del doctor Ramón Gómez Ferrer, realizada por el escultor Francisco Paredes García.

La escultura muestra al médico sentado en un banco entonces a la sombra de una corpulenta araucaria, que parece meditar sobre la lectura de un libro entreabierto que guarda en sus manos y observa el juego de los niños.

Hubo un añadido posterior en los años cuarenta del siglo XX, dos niños realizados en bronce por el mismo escultor ayudado por su discípulo Luis Bolinches.

Después de varios vivas espontáneos a don Ramón se hizo el silencio y habló el presidente del Comité, doctor Jesús Bartrina Capella (1864-1947). Alabó al escultor y relató la historia de la idea de dedicar una escultura a Gómez Ferrer desde que el Comité se constituyó durante la Asamblea Médica Regional Valenciana que se celebró en 1918. Fue el encargado de abrir una suscripción popular. Entregó después el monumento al alcalde republicano Ricardo Samper. Que llegaría a ser ministro en varias ocasiones durante la segunda República.

El alcalde agradeció el ofrecimiento y dijo que no había mejor sitio para colocar la escultura que aquel jardín que reunía de habitual a los niños para sus juegos. También dedicó un recuerdo a las madres y elogios a Gómez Ferrer.

Después la Banda municipal interpretó la Marcha de la Exposición mientras los niños de las escuelas depositaban flores ante el monumento. Luego partieron hacia el Paraninfo de la Universidad donde tuvo lugar la segunda parte del Homenaje.

En el Paraninfo de la Universidad
El acto fue presidido por el rector el también médico Rafael Pastor González (1859-1947).

El alcalde entregó un pergamino a Gómez Ferrer, obra del notable dibujante Luis Dubón, nombrándole Hijo predilecto de la ciudad. Después el estudiante de medicina Marín del Pino leyó unas cuartillas en la que ensalzó la figura del maestro.

Luego habló Gómez Ferrer que agradeció y mostró gratitud a todos por el homenaje y pedía que Valencia anduviera deprisa por la senda de proteger y cuidar a los niños, que era mucha la urgencia. También se refirió al Hospital de Niños diciendo que sería manantial de vida pura.

“Sea este hospital la Casa de Salud donde ricos y pobres se sientan asistidos por iguales, y por igual reintegrados a la vida, con robustecida vida por el amor de todos. Anda deprisa Valencia, gana fama mundial de pródiga en sembrar el bien; sé para la conservación del niño y la formación del hombre futuro, la soberana del Bien como lo eres de la Belleza”.

Cerró el rector que se mostró orgulloso de tener en su claustro profesores como Gómez Ferrer.

Después el homenajeado fue acompañado a su domicilio por el alcalde y los médicos Muñoz Carbonero, Cuñat, Serra, y Bartrina. Allí lo esperaba una multitud que le obligó a salir al balcón de su casa y decir:

“Valencianos: No puedo más; mis lágrimas os dirán más que mis palabras. Para vosotros, estudiantes, intentaré ser siempre un padre. Para Valencia, mi amor”

Por la tarde los ayudantes de Gómez Ferrer Jorge Comín y José Tomás López Trigo y los alumnos de quinto curso regalaron a la esposa de Gómez Ferrer un gran ramo de flores. Ella correspondió regalando juguetes y pasteles a los niños enfermos de la Sala del Hospital que dirigía su esposo.

Ramón Gómez Ferrer
Gómez Ferrer nació en Valencia el 21 de diciembre de 1862. Vivió en su infancia las revueltas sociales y políticas que culminaron con el conocido como sexenio revolucionario. Hizo el bachillerato en el Instituto de Valencia. Cuando estaba realizando el “curso de ampliación de estudios” en 1877 murió su padre. Los sobrinos de la marquesa de San Juan, patronos del asilo que había fundado el acaudalado banquero y comerciante de la seda valenciano Juan Bautista Romero, se comprometieron a pagar los estudios de Ramón, hecho que éste nunca olvidó.

Se decidió por la medicina mientras llevaba la contabilidad del negocio familiar que consistía en confeccionar marmotas (gorras utilizadas entonces por mujeres y niños). En 1882 obtuvo la licenciatura a los 19 años. Ejerció después breve tiempo en dos pueblos sustituyendo a sus compañeros, en Godella y Cuatretonda.

Obtuvo el doctorado en 1884 con la tesis titulada  La herencia orgánica considerada desde el punto de vista de la higiene, en la que estudió la herencia orgánica sobre la base de las ideas de Haeckel.

En 1885, año de la epidemia de cólera, Gómez Ferrer se encargó de atender a los enfermos del barrio de Escuelas pías tras solicitar una plaza de agregado del Cuerpo Municipal de Sanidad.

En 1886 ganó una plaza de médico del Hospital provincial que no ocupó hasta más tarde. También ganó el cargo de ayudante de clínicas de la Facultad de Medicina de Madrid y de médico del Asilo San Juan Bautista. Tras opositar a otras cátedras, lo hizo a las vacantes de enfermedades de la infancia de Barcelona, Valencia y Granada. Eligió la de su ciudad natal.

En 1892 ingresó en la Academia de Medicina de Valencia, de la que en 1905 sería su secretario y en 1917 su presidente. En 1899 fue elegido vicepresidente del Ateneo de Valencia (no el actual Ateneo mercantil). En el mismo luchó para implantar la educación obligatoria en España y para divulgar temas médicos especialmente sobre higiene dirigidos a las madres.

En 1902 pudo compatibilizar su plaza de profesor con la que obtuvo en el Hospital provincial. A partir de entonces se encargó de la sala de niños. Pagaba en ocasiones los medicamentos que el hospital no poseía así como prendas, mantas, y otras cosas que se necesitaban.

En 1903, tras la muerte de Miguel Orellano, dirigió la revista médica La Medicina Valenciana, donde publicó buena parte de sus trabajos y sus ideas.

En 1908 fue designado miembro de la Junta de Protección a la Infancia y Represión de la Mendicidad en representación del Instituto Libre para la enseñanza de la Mujer.

En 1913 presentó ante la Junta Provincial de Protección a la Infancia una propuesta para que el Gobierno español aprobara una ley que estableciera la creación de tribunales de protección de menores.

En 1914 se constituyó una comisión para poner en marcha el hospital infantil de Valencia. Para ello se compraron unos terrenos en Paterna (67.000 metros cuadrados) con lo que se había recaudado. Sin embargo, más tarde, el proyecto quedó aparcado durante décadas.

En 1919 Gómez Ferrer fue nombrado decano de la Facultad de Medicina de Valencia, cargo que ocupó hasta su muerte.

En 1923 el Gobierno francés le otorgó la Legión de honor en reconocimiento a su labor asistencial y a su tarea científica en el campo de la pediatría.

Gómez Ferrer participó en varios congresos tanto nacionales como del extranjero y publicó buen número de trabajos tanto científicos como de divulgación, dirigidos a los padres con hijos.

Falleció el 11 de junio de 1924.

Cierre
No vamos a hablar aquí de la obra científica de Gómez Ferrer. A pesar de que no se ha realizado un estudio a fondo de su obra, puede encontrarse bastante información bibliográfica sobre él.

Aquí estamos en la calle Gómez Ferrer de Valencia, situada entre el Hospital Clínico y el que se conoce como “Materno Infantil”. ¿Hubiera podido ser éste el Hospital que imaginó? Lamentablemente se construyó en un momento que ya no era necesario debido a muchos motivos, entre ellos el descenso de la natalidad.

No sólo Valencia le recuerda. En muchos pueblos de Valencia puede encontrarse una plaza, una calle, un parque o una avenida con su nombre. Esto indica el agradecimiento de los valencianos a Gómez Ferrer por su generosidad, por su labor asistencial y científica.

Bibliografía

–Borrás Juan, J.A. (1968). El Doctor Ramón Gómez Ferrer, ilustre pediatra español. Valencia, Facta [separata de la revista Medicina Española, vol. 60]
–Comín, J. (1922). Homenaje al profesor Ramón Gómez Ferrer: discurso pronunciado… en el Instituto Médico Valenciano el 27 de mayo de 1922. Valencia, Publicaciones de La Crónica Médica.
–Cómo honra Valencia a un sabio. Pueblo, diario republicano de Valencia, 19 de mayo de 1920, p. 1.
–El doctor Gómez Ferrer y los niños. Pueblo, diario republicano de Valencia, 15 de mayo de 1920, p. 1.
–El homenaje al Dr. Gómez Ferrer. Pueblo, diario republicano de Valencia, 16 de mayo de 1920, p. 1.
–Estellés Salarich, J. (1920). El homenaje de Valencia al doctor Gómez Ferrer. Pueblo, diario republicano de Valencia, 19 de mayo de 1920, p. 1.
–Homenaje al Dr. Gómez Ferrer. Pueblo, diario republicano de Valencia, 17 de mayo de 1920, p. 2.
–La sesión del Ayuntamiento. Pueblo, diario republicano de Valencia, 10 de mayo de 1920, p. 3.
–Homenaje al Dr. Gómez Ferrer. Oro de ley, pp. 307-308
–López Piñero, J.M. et al (1992). Historia de la Medicina valenciana. Valencia, Vicent García Editors, vol. 3.
–Micó Navarro, J.A. (1993). Ramón Gómez Ferrer (1862-1924), primer catedrático de pediatría de Valencia. Valencia, Médicos, abril, nº 40, pp. 25-29.
–Torralba Rull, B. (2013). Ramón Gómez Ferrer: cronología de una vida dedicada a la infancia: 150 aniversario de su nacimiento. Valencia, Albatros.
–Una deuda de gratitud satisfecha. Valencia al doctor Gómez Ferrer. Las Provincias, martes 18 de mayo de 1920, p. 1
–Valencia y el doctor Gómez Ferrer. Nuevo Mundo, 6 de agosto de 1920.
–Varios autores (1920). El homenaje que Valencia a tributado a nuestro director el doctor Gómez Ferrer. La Medicina Valenciana, vol 20, pp. 200-248.
–Vidal Campos, A. (2017). Estudio de la revista ‘La Medicina Valenciana’ (1901-1920). Valencia, Trabajo Fin de Grado, dirigido por J.L. Fresquet.

 

Crimen y suicidio. Francisco Villanueva Esteve (1857-1915)

Hace ya unas semanas subimos al canal de Youtube “Medicina, historia y sociedad” un vídeo dedicado a Francisco Villanueva Esteve (1857-1915) que también dedicamos a los profesionales sanitarios que son agredidos. Está disponible tanto en castellano como en valenciano.

Nuestra intención es proporcionar pequeñas historias que caben dentro del rótulo “Medicina, historia y sociedad”, invitando a los visitantes a que completen la información que se proporciona, si es su deseo. En este caso pueden dirigirse a la biografía de F. Villanueva Esteve.

Canal en Instagram

 

Calle del médico Esteve, Valencia

Hace unos días insertamos un vídeo en el nuevo canal “Medicina, historia y sociedad” que se refiere a la Calle del Médico Esteve, de Valencia. En el mismo contamos quién fue este médico. Hay una versión del vídeo en castellano y otra en valenciano.

 

Europa occidental atravesaba un periodo de depresión durante el siglo XV. Valencia, sin embargo, alcanzó un extraordinario esplendor demográfico, económico y cultural, por eso algunos hablan de su “siglo de oro”. Valencia “tiraba entonces del carro” de la Corona de Aragón.

La unión con Castilla cambió la situación y Valencia pasó a ocupar un lugar secundario –digámoslo así– igual que le sucedió a toda la Corona de Aragón. A lo largo de los siglos XVI y XVII fue arraigando el absolutismo monárquico que se consolidó con la llegada de los Borbones. Poco a poco se fue perdiendo la autonomía y para tomar cualquier decisión había que contar con el beneplácito de la Corona.

Sin embargo, la Universitat de València, la típica universidad municipal, mantenida por la oligarquía preburguesa local, vivió en el siglo XVI uno de sus periodos más florecientes.

Valencia es una de las ciudades que más calles ha dedicado a sus médicos de todas las épocas. Hoy nos ocuparemos de la calle del médico Esteve.

Pedro Jaime Esteve nació en Morella o San Mateo (Castellón) en 1500 y falleció en Valencia en 1556. Pertenecía a una familia que se dedicaba a la enseñanza.  Como médico se formó en la Universidad de París, con Jacobo Sylvio (el que da nombre a una estructura anatómica: el acueducto de Silvio), seguidor fanático de Galeno que más tarde se enfrentaría con el renovador Andrés Vesalio que también había sido discípulo suyo. Otro de los profesores que tuvo Esteve fue Pierre Gorris, cultivador del humanismo médico especialmente como lexicógrafo.

Esteve estuvo además en la Universidad de Montpellier. Su principal maestro allí fue Guillaume Rondelet, excelente naturalista que destacó por el estudio de la fauna marina. Sus viajes por Italia le mostraron el interés de realizar disecciones de cadáveres para el estudio de la anatomía aunque Montpellier carecía entonces de la cátedra de esta materia.

Esteve, con una excelente formación en lenguas clásicas, anatomía y como naturalista, vino a Valencia para ejercer la profesión. Gaspar Escolano dijo de él lo siguiente:

“Sin duda, este aventajado varón Pedro Jaime, nuevo Colón de las Indias descubiertas en la medicina, mereció el nombre de Trimegistro, que quiere decir tres veces grande, porque fue grande trilingüe, grande astrólogo y grande médico, mayormente en anotomía y cátedra de yerbas”

En 1544 y 1553 fue nombrado examinador de médicos. Ocupó la cátedra de anatomía y medicamentos simples los cursos 1545-46 y 1546-47; la de griego y cirugía el de 1547-48 y de matemáticas el de 1555-56.

En la Universidad se le asocia con Miguel Jerónimo Ledesma, es decir, con el grupo o movimiento humanista que se enfrentó durante los años 40 a los seguidores de la tradición bajomedieval. Fue expulsado durante un año de la Universidad por intercambiar palabras gruesas con el entonces rector Juan de Celaya, cabeza de los bárbaros.

Esteve nos dejó varias obras escritas. El 1551 publicó una edición del texto griego con traducción latina y amplios comentarios del segundo libro de las Epidemias hipocráticas. El editor fue Juan Mey y la obra fue impresa a la altura de las mejores ediciones italianas de la época.

Lo que hoy llamaríamos el logo de Mey lo formaba un anciano que lleva un libro en su mano izquierda y sostiene con la derecha un gran compás, debajo del cual hay un cetro y una corona. Simboliza el gran poder que los libros dan al ser humano. Esta obra fue utilizada en toda Europa a lo largo de cuatro siglos. Llegó a tener tanta importancia que algunos envidiosos dijeron que lo había copiado de un libro desaparecido u oculto del propio Galeno.

Un año después dedicó una obra a la teriaca (preparado compuesto por varios ingredientes distintos), poema de tema toxicológico de Nicandro de Colofón que también editó Mey. Theriaka tiene 958 hexámetros y se ocupa de los síntomas y tratamiento de las intoxicaciones por mordeduras y picaduras de serpientes, arañas, escorpiones y otros animales venenosos.

La primera traducción grecolatina de la Theriaka es la de Pedro Jaime Esteve. Historiadores posteriores dijeron de esta obra que demostraba los vastos conocimientos  de Esteve en la lengua griega, la latina, en botánica y en medicina. Supo reducir el poema al latín con el mismo número de versos y pies de que consta el original. El libro añade comentarios sobre varias plantas que observó él mismo en Valencia.

También escribió un Diccionario de yerbas y plantas medicinales del reino de Valencia que no se publicó y del que quedó un resumen o extracto en la Historia de Valencia, de Escolano.

Al principio del vídeo me he preguntado qué tenía que ver nuestro personaje con un producto comercial. Se trata de esto que sin duda ya conocerán: un endulzante a base de un producto obtenido de una planta llamada Estevia. En realidad esta planta recibe el nombre de Stevia rebaudiana Bertoni. Pertenece a la familia de las Asteráceas, género Stevia.

El nombre de Stevia lo puso un célebre botánico valenciano que conocerán: Antonio José Cavanilles (1745-1804). Lo podemos ver en una copia digital de la Biblioteca del CSIC de sus Icones et descriptiones plantarum. El detalle lo hallamos en la descripción que se encuentra en las páginas 32 y 33. Lo puso, pues, en homenaje a Pere Jaume Esteve.

Cavanilles distingue tres especies de las que adjunta lámina: La 354: Estevia saliciforme, la 355: Stevia serrata, la 356: Stevia Pedata. Estas no son, sin embargo, la Estevia “rebaudina”, la edulcorante, que tardaría todavía en llegar. La palabra “rebaudiana” procede de Ovidio Rebaudi que fue el que realizó su primer análisis químico. Por último “Bertoni” viene Moisés Santiago Bertoni, un estudioso de la flora guaraní de finales del siglo XIX que fue quien la identificó. La planta es oriunda de Paraguay y los nativos la utilizaban para endulzar las infusiones de mate y de otras plantas. Su poder edulcorante es muy alto.

Muchos vieron su utilidad después de popularizarse los edulcorantes y ahora la industria alimentaria le está sacando mucho partido. Los resultados de su aclimatación al ambiente mediterráneo son positivos, pero en estos momentos China es su principal productor. Lo que a nosotros nos llega, sin embargo, es un producto procesado que contiene glucósidos del esteviol (Aditivo E-960). Por tanto, aunque se venda como producto natural, no lo es. Su uso fue aprobado por la FDA americana y también por la Comisión Alimentaria y de Sanidad Animal de la Comisión Europea en 2011.

En España no está permitida la venta de las hojas. Como siempre algunos han tratado de convertir a esta planta en “panacea” para los diabéticos. Cuidado con estos temas, todos ellos derivados del abuso de la palabra NATURAL que se la equipara a SIN PELIGRO.

Bueno, ya conocemos quién está detrás del nombre de esta calle.

Bibliografía

Pedro Jaime EsteveNicandri Theriaca: traducción latina en verso (1552). Introducción, edición crítica, traducción y notas de M.T. Santamaría Hernández. Cuenca: Universidad de Castilla-La Mancha, 2018.

López Piñero, J.M. (2010). La Escuela botánica valenciana del Renacimiento. València, Consell Valencià de Cultura, pp. 39-61.

Moisés Santiago Bertoni. En: Wikipedia español. Disponible en: https://es.wikipedia.org/wiki/Mois%C3%A9s_Santiago_Bertoni , Consultado el 15 de octubre de 2019.

Ovidio Rebaudi. En Wikipedia español. Disponible en: https://es.wikipedia.org/wiki/Ovidio_Rebaudi , Consultado el 15 de octubre de 2019.

Santamaría Hernández, María Teresa (2012), “Esteve, Pedro Jaime”, en Diccionario biográfico y bibliográfico del humanismo español (siglos XV-XVII). Madrid, Ediciones Clásicas, pp. 287-290.