Opoterapia I

Insertamos el guión del vídeo Opoterapia I que se subió al canal Historia, medicina y sociedad, de Youtube, hace unas semanas.

Durante milenios la especie humana ha dispuesto de productos procedentes del reino vegetal, animal y mineral para curarse o protegerse de las enfermedades.

Hoy nos ocuparemos de la opoterapia, es decir, del uso de productos procedentes de los animales. Como el tema es extenso, presentaremos el tema en dos partes.

[INTRO]

En alguna tablilla sumeria del tercer milenio a. C. se habla de una serie de productos para tratar enfermedades. Entre estos se mencionan la leche, la piel de serpiente y la concha de tortuga.
 
Reginal Campbell Thompson, estudioso de la medicina mesopotámica, recogió una receta a base de productos animales: “mezcla de estiércol, de palomo, de cantáridas, harina de trigo y excrementos de gacela en la cerveza kurunnu; “extiende la mezcla sobre un lienzo, líalo sobre su pecho y la base de los pulmones, déjalo colocado durante tres días y curará”. Utilizaban estos productos por su propio valor intrínseco o bien por razones de tipo mágico. Este último tipo de uso perdura en nuestros días.
 
En el Egipto arcaico se utilizaron la bilis, la sangre, el cerebro, los excrementos y la carne de animales de especies indeterminadas y de otras como el asno, el murciélago, el gato, el cocodrilo, el pato, de algunos peces, etcétera.

En el Corpus hipocráticum encontramos también recetas que contienen productos procedentes de los animales; por ejemplo, se administraba como diurético una infusión de vino y miel con cantáridas a las que se quitaban las alas y las patas. La bilis de buey, en suspensión con miel, era un medicamento contra el “engurgitamiento intestinal”. La leche y el suero en los que se diluía cal, eran recomendados contra las diarreas.
 
De la época romana destacaremos, como no, la Materia médica de Dioscórides. En su libro segundo dice: “trataremos acerca de los animales, de la miel, de la leche, de la grasa y de los llamados cereales, también de las hortalizas, añadiendo a estas materias cuantas hierbas se usan de virtud aguda, porque tienen afinidad con ellas, como los ajos, las cebollas y la mostaza, para que no se separen la virtud de las cosas homogéneas”. Sus capítulos se ocupan de cosas tan distintas como el escorpión, los mejillones, la víbora, los chinches, los gusanos y partes de animales como el testículo de castor, el hígado de cabra o de asno, la pezuña de las cabras, el cuerno de ciervo, etc.

De aquí saltamos al Renacimiento, época en la que se revisaron los textos clásicos, como el de Dioscórides, y se añadieron sustancias procedentes de las Indias orientales, especialmente por los portugueses–, y de las occidentales –,especialmente aquellos que les enseñaron o aprendieron de los indígenas y los que los españoles adaptaron a los principios de la medicina de su tiempo, es decir, el galenismo.

La obra de Monardes, Historia medicinal de las cosas que se traen de nuestras indias occidentales, contiene, sobre todo, la descripción de productos vegetales, pero menciona también el armadillo, la piedra que se formaba en el buche de los caimanes y las que se encontraban en la cabeza de los tiburones. Más importancia se les concede a las piedras bezoares, concreciones calculosas que se forman en el aparato digestivo de los rumiantes. Se solían usar como contravenenos. También mencionó las alpacas, ciertos cangrejos, arañas, papagallos y unos gusanos que “sacaban de bajo tierra, los engordaban con hojas de maíz y después los cocían”.  Así elaboraban una especie de pasta que servía para curar el “fuego en el rostro” o “encendimiento de la sangre con picazón”.

Entre los siglos XIX y XX se recomendó en todos los estadíos y formas de tisis pulmonar exceptuando las febriles, en los catarros crónicos; en la escrofulosis, acompañada o no de lesiones diversas; en el raquitismo; hemeralopia epidémica (Disminución de la capacidad de visión durante el día o cuando hay luz muy intensa); clorosis; reumatismo crónico; estados de caquexia; y en convalecencias. Por vía externa en la lepra y diversas dermatosis.
 
Había de diversos colores, desde el casi transparente al marrón oscuro. Hacia mediados del siglo XIX se realizaron análisis químicos de los distintos tipos, determinando que el de color marrón claro era más terapéutico. Dependía de la temperatura y técnica de extracción.

John Hughes Bennett en 1841 publicó un tratado sobre el uso terapéutico del aceite de hígado de bacalao. Se trataba de un anatomopatólogo que describió la leucemia al mismo tiempo que lo hizo Virchow y la relacionó con la sangre y también describió la aspergilosis.
 
Ludovicus J. De Jongh también publicó un texto sobre las características de los distintos aceites. Viajó a Noruega con el fin de poder obtener el aceite más puro posible. De esta forma comenzó a comercializarse en toda Europa y a exportarse a los Estados Unidos el “Dr. Johngh’s light-brown Cod Liver Oil”. The most efficacious remedy for diseases of the chest, throat, debility, gout, rheimatism, rickets…”.

Sin embargo no pudo evitar el sabor y olor nauseabundo del preparado. En 1873 Alfred B. Scott vio la oportunidad de un nuevo negocio con la creciente demanda del aceite. En Nueva York comenzó a buscar con su socio Samuel Bowne una versión que tuviera mejor sabor. Mediante emulsión lograron un nuevo producto que cumplía con estos requisitos y que bautizaron como “Emulsión Scott”. La imagen de la marca era un hombre que llevaba un pez colgando en la parte posterior. En los ochenta ya se distribuía en toda América, Europa y Asia. En los primeros años del siglo XX era habitual que los niños tomaran una cucharada diaria de este aceite para tener un crecimiento saludable.
 
En 1879 la marca Scott y Bowne incluía las inciales PPP: perfecto, permanente y agradable al paladar. Las pequeñas gotas de aceite se cubrían con la glicerina que les confería el sabor dulce de ésta. Se vendía como un producto con el mismo paladar que la leche.

Por estas fechas, en 1890, los franceses Armand Gautier y Louis Mourgues publicaron su trabajo Les alkaloides de l’huile de foie de morue. Lograron aislar la butilamina, amilamina, hexilamina, la dihidrolutidina, asellina y la morrhuina.
 
En 1912 el bioquímico Casimer Funk (1884-19678) acuñó el término vitamina para referirse a algún nutriente que faltaba en ciertas enfermedades como el beriberi, la pelagra, el escorbuto y el raquitismo. Se investigó entre otras sustancias el aceite de hígado de bacalao. Elmer McCollum y Marguerite Davis, en la Universidad de Wisconsin, demostraron la existencia de un nutriente esencial en este aceite: la vitamina liposoluble A. Más tarde la vitamina liposoluble D. El descubrimiento de las vitaminas supuso un nuevo empuje para la venta de este producto. En 1927 Casimir Funk y Harry Dubin cuando trabajaban para los laboratorios HA Metz patentaron un procedimiento de extracción de las vitaminas A y D.
 
La síntesis química de las sustancias puso de nuevo en peligro al aceite de hígado de bacalao. En 1970 el médico danés Jorn Dyerburg estudió las dietas de los Inuit de Groenlandia y observó la baja incidencia en ellos de enfermedades coronarias. Se relacionó con el consumo de pescado. Esto abrió el camino a futuros estudios sobre los beneficios de los ácidos grasos omega 3. Los laboratorios Glaxo-Smith-Kleine, propietarios actuales de la patente de la Emulsión de Scott, volvieron a la ofensiva destacando las bondades de su producto en especial en lo que se refería a los efectos de los ácidos grasos Omega 3.
 
La emulsión Scott, pues, ha sobrevivido a sus creadores Scott y Beane que fallecieron en 1908 y 1910 respectivamente.


Bibliografía

–Bennett, J.H. (1841). Treatise on the Oleum jecoris aselli or Cod Ilver Oil. London: S. Highley.

–Cuenca-Estrella, M.; Barba, R. (2004). La medicina en el antiguo Egipto. Madrid, Alderabán Ediciones.

–De Jongh, L.J. (1843) Disquisitio comparativa chemico-medica de tribus olei jecoris aselli speciebus, quam, annuente summo numine, ex auctoritate rectoris magnifici…. Trajecti ad Rhenum, Eduard Fuhrl.

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–Gautier, A.; Mourgues, L. (1890). Les alkaloides de l’huile de foie de morue. Paris, G. Masson.

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–Peset Cervera, V. (1906), Terapéutica, materia médica y arte de recetar con hidrología médica. 2ª ed., 2 vols. Valencia, Imprenta de Francisco Vives Mora.

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–Wolf, G. (1996). A history of vitamin A and retinoids. FASEB J, vol. 10, nº 9, pp. 1102-1107.

Historia de la ilustración anatómica II

Como siempre, al subir un nuevo vídeo al canal de Youtube Medicina, historia y sociedad, incluimos en este blog la transcripción del guión del anterior. Éste hace referencia a la segunda parte de la Historia de la ilustración anatómica.

[Intro]

Seguimos en este vídeo la historia de la ilustración anatómica que iniciamos en el inmediato anterior y cuyo enlace pueden encontrar aquí arriba (señalando)

Decíamos que el potencial del color en la metodología de la ilustración no se realizó plenamente hasta el último periodo.

Mostrábamos alguna de las extraordinarias láminas de Paulo Mascagni (1755-1815), prosector de Anatomía en la Universidad de Siena, como la del ‘tórax explotado’. Su Anatomia Universa (1823-1832) fue una obra completa de anatomía con cuarenta y cuatro láminas coloreadas a mano posiblemente por Antonio Serrantoni.

A continuación hablaremos del último periodo, de las reconstrucciones anatómicas por planos, de la divulgación de la anatomía y de los avances proporcionados por las nuevas tecnologías.

[Títulos]

El último periodo fue el que marcó  De basi encephali  de Soemmering  de 1778 hasta mediados del siglo XIX.

Una característica de esta fase es un mayor cambio hacia la anatomía de los órganos internos, a la luz de los nuevos descubrimientos realizados como resultado de un estudio más especializado.

La mecanización de la imprenta en el siglo XIX, junto con la invención y el desarrollo de la litografía, hizo que los textos y las ilustraciones pudieran producirse en masa y distribuirse ampliamente a través de redes de editores y libreros.

Con la introducción de la cromolitografía en la década de 1830, la ilustración anatómica alcanzó quizás su nivel más alto en el atlas de ocho volúmenes de Bourgery. 

Bourgery empezó a trabajar en su magnífico atlas en 1830 en colaboración con el ilustrador Nicolas Henri Jacob (1782-1871), un alumno del pintor francés Jacques Louis David. Los primeros volúmenes se publicaron al año siguiente, pero completar el tratado requirió cerca de dos décadas de esfuerzos; Bourgery consiguió culminar en vida su magna tarea, pero el último de los ocho volúmenes del tratado no se publicó en su totalidad hasta cinco años después de la muerte de su autor.

Los ocho volúmenes del tratado de Bourgery cubren la anatomía descriptiva, anatomía topográfica y técnicas quirúrgicas (con descripciones detalladas de casi todas las principales intervenciones que se realizaban durante la primera mitad del siglo xix), anatomía general, embriología y anatomía microscópica.

Aquí podemos contemplar unas láminas del primer volumen dedicado a la Osteología y Sindesmología (huesos, articulaciones y ligamentos). Aquí otras del segundo volumen sobre Miología, es decir, músculos, tendones y fascias.

Del tercer volumen consagrado a la Neurología (sistema nervioso central, periférico y vegetativo, así como los órganos de los sentidos) podemos observar estas láminas.

La Angiología (corazón, arterias, venas y sistema linfático) constituye el cuarto volumen. He aquí unas láminas del mismo.

Estas otras láminas son una muestra del quinto volumen dedicado a la Esplacnología constituido por las vísceras abdominales, aparatos digestivo y genitourinario.

Y estas otras lo son del sexto volumen sobre Anatomía quirúrgica o topográfica.

Estas lo son del séptimo volumen, también consagrado a la anatomía quirúrgica, que contiene interesantes láminas de procedimientos quirúrgicos con sus instrumentos. Por último, estas láminas son un ejemplo del octavo volumen dedicado a la Embriología, Anatomía comparada y Anatomía microscópica.

Todas las láminas del Traité se realizaron e imprimieron mediante la litografía, que significa “escritura o dibujo en piedra”. Esta técnica nació en Praga entre 1796 y 1798. Su descubrimiento supuso una auténtica revolución, ya que hasta entonces el único medio para reproducir una imagen era el grabado en hueco especialmente sobre cobre o en relieve sobre madera.

La litografía y su coste reducido significó que el número de litógrafos y de imprentas que la utilizaban creciera.

En un principio sólo se imprimió en blanco y negro. Las láminas de la primera edición se iluminaron a mano. En 1837 G. Engelmann registró la patente de la litografía en color (uso del rojo, amarillo, azul y negro). El procedimiento seguía siendo largo y costoso.

La segunda edición del Tratado se imprimió utilizando ya la cromolitografía. Se iban entregando a los suscriptores en grupos de 8 láminas y 8 hojas.

Por último señalar que cada volumen de láminas se acompañaba de un volumen de texto.

Por otro lado, el anatomista escocés John Bell, prefería y reivindicó un estilo sencillo adaptado a las necesidades de la enseñanza y la cirugía, frente a las pretensiones de los libros anteriores. La conocida Anatomía de Henry Gray de 1858, ilustrada por Henry Vandyke Carter, aspiró a un modo descriptivo simple.

La Grey’s Anatomy se editó y reeditó a lo largo de los años por sucesivos profesores. La primera edición es de 1858 con 363 dibujos. Apenas hay estilo, poco modelado en luces y sombras, ningún intento de colocar figuras en poses elegantes y sin fondos evocadores

En 1923, cuando se alcanzaron 22 ediciones, el libro había ganado 1378 páginas con 1256 ilustraciones, muchas en color. De las ediciones actuales queda poco de Gray.

A finales del siglo XIX las imágenes anatómicas se convirtieron en parte integral de la enseñanza de la anatomía.

Los cambios tecnológicos, sociales y culturales y otras circunstancias favorables permitieron el surgimiento de los ilustradores anatómicos profesionales. Aunque algunos de ellos no tenían formación anatómica solían adquirir conocimientos de esta y otras disciplinas médicas como la fisiología, la cirugía, la ginecología, etc.

Un ejemplo lo tenemos en el alemán Max Brödel que trabajó en la Escuela de Medicina de la John Hopkins University. Creó técnicas nuevas como la de polvo de carbón y tablero punteado para reproducir el tejido de forma más vívida. Incorporó el realismo de los tejidos con la anatomía transversal. Desarrolló un patrón instructivo y didáctico de ilustración médica y muchos le consideran el padre de la ilustración médica moderna.

Otro ejemplo es el también conocido Frank H. Netter, cirujano estadounidense y célebre ilustrador médico. Pronto se dedicó a esta última profesión en exclusiva. En su opinión, una ilustración médica tenía poco valor si no aclaraba bien los aspectos médicos que pretendía mostrar o explicar. Su obra cumbre fue su Colección de ilustraciones médicas (1948) para CIBA en un solo volumen. Después se amplió a 13 volúmenes con 4.000 ilustraciones.

De las ilustraciones anatómicas se compuso su Atlas de Anatomía (1989). Rápidamente se convirtió en uno de los preferidos de los estudiantes de muchos países. Se edita en 16 idiomas.

Aquí hojeamos el volumen 3, parte segunda dedicada al aparato digestivo.

También mostramos aquí un atlas de anatomía para que sea coloreado por el estudiante (Netter].

También queremos poner de relieve los textos que contienen láminas iluminadas, recortadas y superpuestas.

Aquí tenemos un ejemplo del texto G.A. Kuhff, doctor en medicina y preperador del Laboratorio de Antropología de la École des Hautes Études, ilustrado por Edouard Cuyer. Traducido y publicado en España por Baillière en 1880. Necesita restauración.

Esta idea se ha repetido después mucho antes de la aparición de las imágenes 3D generadas por ordenador. Yo como estudiante lo conocí con el nombre de Belorcio o una reconstrucción o atlas del cuerpo humano por planos. Muchos venían en bruto y el estudiante tenía que recortarlos, coloréalos y armarlos como complemento a las prácticas de anatomía.

Aquí vemnos reunidos los Belorcios de la Escuela anatómica de Escolar, utilizados en la enseñanza de la anatomía en Valencia bajo la dirección de Víctor Smith Agreda.

Esta idea se integró con facilidad en los libros desplegables –que hoy con la invasión del inglés llaman pop-up– y que muestran de forma más sencilla la estructura del cuerpo humano para niños. Los hay más cercanos a la realidad y los hay que explotan más los aspectos artísticos.

Los adelantos tecnológicos han contribuido a mejorar cada vez más las imágenes anatómicas. Los rayos X, la angiografía, la ecografía (la ecocardiografía, por ejemplo), la tomografía axial computerizada, la Resonancia magnética, la utilización de estas dos últimas con la ayuda de potentes ordenadores que permiten obtener imágenes 3D mediante reconstrucción volumétrica. Igualmente con el TAC y la Resonancia en combinación con la tomografía por emisión de positrones PET, se están desarrollando nuevas generaciones de imágenes digitales que representan los detalles estructurales en 3D de la anatomía viva.

No olvidemos la fotografía y la fotografía estereoscópica. A finales del siglo XX el cadáver de un condenado a muerte y el de una mujer desconocida que permanecían congelados en una mezcla de agua y gelatina sirvieron para hacer cortes transversales de 1 mm que luego se fotografiaron. Estas se usaron para crear modelos completos de cuerpos humanos masculinos femeninos. Las imágenes pasaron a formar parte de la National Library of Medicine que emprendió en 1989 el The Visible human project.

Aquí termina la síntesis de la Historia de la ilustración anatómica que hemos visto a través de dos vídeos. Por supuesto podría ampliarse a muchos más, pero nuestra intención es ofrecer una primera toma de contacto.

¡Hasta el próximo!

Bibliografía

–Hernández-Mansilla, J.M. (Juan Valverd de Amusco, a hombros de gigantes. Disponible en https://www.institutoeticaclinica.org/wp-content/uploads/Juan-Valverde-de-Amusco-a-hombros-de-gigantes.pdf Consultado el 12 de mayo de 2021.

–Choulant, L.; Frank, M.; Garrison, F.H.; Streeter, E.C. (1917)). History and Bibliography of Anatomic Illustration: In Its Relation to Anatomic Science and the Graphic Arts. Chicago,  University of Chicago Press.

–Choulant, L. (1852). Geschichte und Bibliographie der anatomischen Abbildung nach ihrer Beziehung auf anatomische Wissenschaft und bildende Kunst, Leipzig, Rudolph Weigel.

–Hansen, J.T. /2019). Netter. Cuaderno de Anatomía para colorear. 2ª ed., Barcelona, Elsevier.

–Kemp, M. (2010). Style and non-style in anatomical illustration: From Renaissance Humanism to Henry Gray. Journal of Anatomy, vol. 216, nº 2, pp. 192-208.

–Moreno Egea, A.; De la Torre Sánchez, J.A. (2016). Giulio Cesare Casseri (1552-1616): el Anatomista de Padua ensombrecido por la historia. International Journal of Morphology, vol. 34, nº 4, pp. 1322-1327.

–Netter, F.H. (1962). The CIBA Collection of Medical Illustrations. Vol. 3: Digestive System. Part II: Lower Digestive Tract. New York, CIBA.

–Parent, A. (2019). Berengario da Carpi and the Renaissance of Brain Anatomy. Frontiers in Neuroanatomy; 13, 11. doi: 10.3389/fnana.2019.00011.

–Pearce, J.M.S. (2017). Samuel Thomas Soemmerring (1755-1830): The Naming of Cranial Nerves. European Neurology, vol. 77, pp. 303-306.

­–Roberts, K.B.; Tomlinson, J.D.W. (1992). The Fabric of the Body: European Traditions of Anatomical illustration. Clarendon Press.

–Tsiaras, A. (2009). El Cuerpo humano. La maravilla del cuerpo humano revelada. Barcelona, Editorial Paidotribo.

Nuevas fuentes materiales e iconográficas de historia de la medicina (julio, 2021)

La sección de Fuentes materiales e iconográficas del sitio web historiadelamedicina.org se ha incrementado con una serie de nuevos objetos e imágenes. Entre estos podemos mencionar los siguientes:

Objetos

Se ha adquirido un endoscopio de Wolf así como dos cajas de lentes de prueba, una de los años 50 del siglo XX y otra de los años 20 del mismo siglo.

Caja de lentes de prueba. Años 20 siglo XX
Caja de lentes de prueba. Años 50 siglo XX

También se ha incorporado un objeto que hemos incluido en “sistemas médicos, medicina popular”. Se trata de un amuleto de la Virgen de Guadalupe y del Santo Niño Médico, procedente de México.

Amuleto Virgen de Guadalupe y del Santo Niño Médico (México)

Imágenes

Varios retratos de médicos españoles de Coronado, una fotografía de Rafael Ulecia Cardona y dos de una consulta médica de Valencia de los años 50. Posiblemente se trate del Hospital Clínico. En una de ellas parece distinguirse al ya fallecido Carlos Carbonell, catedrático de Cirugía.

Rafael Ulecia Cardona

Medicamentos

En esta ocasión se han incorporado un buen número de antiguos medicamentos. Con algunos se está preparando un nuevo vídeo para el canal Medicina, historia y sociedad. Otro que tiene cierto interés es una versión más del salvarsán, el silversalvarsán.

Ampolla de Silbersalvarsán
Sanatogen
Hipofisina. Instituto Llorente
Hepatina

Historia de la ilustración anatómica I

Hemos insertado en el canal Youtube Medicina, historia y sociedad la segunda parte de La ilustración anatómica. Como es habitual a continuación ofrecemos la transcripción de la primera parte. La bibliografía se incluirá en el siguiente vídeo (La ilustración anatómica II).

[Intro]

A pesar de su importancia, el estudio de la ilustración anatómica, se ha realizado de forma parcial y desde puntos de vista diferentes.  

Un clásico es el libro Geschichte und Bibliographie der anatomischen Abbildung nach ihrer Beziehung auf anatomische Wissenschaft und bildende Kunst (Historia y bibliografía de la ilustración anatómica: en su relación con la ciencia anatómica y las artes visuales), que fue escrito por Choulant en 1857.  

Uno mucho más reciente es el de Roberts y Tomlinson,  The Fabric of the Body: European Traditions of Anatomical illustration, de 1992.

Se trata de un mundo complejo en el que coinciden médicos, artesanos como escultores, pintores, dibujantes, grabadores, imprentas y editores de libros, comerciantes…  

En esta ocasión no me voy a referir al periodo anterior a la aparición de la imprenta ni a las obras que no iban destinadas a las distintas ramas sanitarias.      

[Título]

Algunos autores, como el historiador de la medicina Charles Singer, establecen diferentes etapas en la ilustración anatómica, en las que nos vamos a basar aunque sea sólo en parte.  

La primera, la más larga, que abarcaría desde la Antigüedad hasta los precursores de Vesalio y que, como hemos dicho, no vamos a ver.  

La segunda, por el contrario, sería muy corta (unos veinte años). Comenzaría en 1521 con Berengario da Carpi y terminaría en 1543 con la publicación de la Fabrica.  

Se caracterizó por el uso de xilografías que llegaron a tener gran precisión en la época, sobre todo las realizadas por alemanes e italianos. Entre sus características está la representación preferente de todo el cuerpo en vez de sus partes aisladas, el uso de fondos paisajísticos, un diseño de las figuras que parecen vivas y no cadáveres, etc.    

Berengario, que lo ubicamos siempre en la “anatomía prevesaliana”, se graduó en medicina en Bolonia en 1489 y fue catedrático de cirugía en 1502 donde enseñó durante veinticinco años. Fue de los primeros anatomistas en utilizar ilustraciones basadas en la observación. Anatomistas y artistas (dibujantes y a veces dibujantes y grabadores) comenzaron una larga etapa de relación que perduró siglos.  

Las láminas que vemos pertenecen al Isagogae breves de Berengario de 1525. Se cree que el artista fue Hugo da Carpi (1455-1523).  

La siguiente fase, la tercera, duraría ochenta años. Comenzaría con Vesalio y terminaría en 1627.  

En un vídeo anterior (aquí arriba aparece el enlace) repasábamos la importancia que tuvo la edición de la Fabrica de Vesalio con sus ilustraciones. De alguna manera no sólo comenzó a cambiar los contenidos anatómicos sino que influyó también en la ilustración anatómica basada en la observación directa. Las xilografías que contiene marcaron la pauta de lo que vendría posteriormente durante muchos años.  

Una buena parte de las ilustraciones fueron hechas por Johannes Stephanus de Calcar (ca1499-1546), discípulo del artista veneciano Tiziano. Los grabados se llevaron a Basilea para que los imprimiera Joannis Oporini, un destacado editor que eligió una excelente tipografía y realizó una maquetación impecable, entre otros aciertos. Vesalio supervisó las tareas.

Sus ilustraciones fueron muy copiadas especialmente por reconocimiento de una gran obra pero también por plagio.  

De los posvesalianos mencionaremos la Historia de la composición del cuerpo humano (1556), del castellano Juan Valverde de Amusco, que goza de características propias.  

A diferencia de Vesalio, que publicó su obra en un exquisito latín, Valverde usó la lengua vulgar, en este caso el castellano (después fue traducida al italiano) que acercó la anatomía a sus verdaderos destinatarios, los cirujanos quienes socialmente estaban en un nivel inferior a los médicos y tenían formación artesanal. No nos referimos aquí a los médicos-cirujanos, una excepción que se dio en Italia y España.  

La calidad de sus imágenes es extraordinaria ya que se utilizó la calcografía, es decir, planchas metálicas. El autor fue Gaspar Becerra (1520-1568), artista nacido en Baeza que se formó en Roma con mucha influencia de Miguel Angel.  Nicolás Beatriced o Beatrizius (ca 1507-1570) fue el grabador.  

Esta lámina, la del cuerpo que se despelleja a sí mismo (conócete a ti mismo), tiene sus similitudes con esta otra de la Capilla sixtina. Determinados autores señalan otro periodo importante (el cuarto): el que marcó el grabado y aguafuerte en plancha de cobre entre 1627 y 1730.  

Ejemplos: la Anatomia anatomicæ de Giulio Casseri, que nació en Piacenza en 1552, estudió en Padua y fue ayudante de Acquapendente aunque sus relaciones no fueron siempre buenas.    

Su tercera gran obra Tabulae Anatomicae LXXIIX  visa omnes novae nec ante hac fue  publicada 11 años después de su muerte y fue editada en 16 ocasiones desde 1627.

A finales del siglo XVII se sacrificó en ocasiones la precisión científica por cuestiones artísticas.  Las láminas de la anatomía de Godefridi Bidloo, dibujadas por Gérard de Lairesse, son magníficas obras de arte y, sin embargo, contienen numerosas inexactitudes anatómicas.  Los diseños de Gerard de Lairesse son una desviación total de la tradición idealista inaugurada por las xilografías vesalianas.  

Las figuras se muestran con realismo y sensualidad cotidianos, contrastando las partes crudas y disecadas del cuerpo con las superficies suaves y llenas de carne sin cortar que las rodean. Aparecen figuras atadas y desolladas en ropa de dormir o ropa de cama ordinaria; así como objetos (un libro, un frasco, una mosca…)  

De lactibus (1627) de Gaspare Aselli  (ca 1581-1626)), que no sólo anunció el descubrimiento de los vasos quilíferos, sino que también representa el primer intento de utilizar el color para distinguir diferentes partes del cuerpo, en este caso estos vasos de los vasos sanguíneos y las vísceras, con la ayuda de un xilografía de claroscuro impresa en color. También fue durante este período cuando las espléndidas planchas grabadas de Bartolomeeo Eustachi (ca 1500-1574), que habían estado perdidas durante 162 años, fueron redescubiertas y publicadas por primera vez en 1714 por Giovanni Maria Lancisi a expensas del papa Clemente XI.  

Aquí quiero colocar también el Atlas anatómico de Crisóstomo Martínez. Valenciano de nacimiento, fue coetáneo de Marcelo Malpighi, Lorenzo Bellini y Antony Leeuwenkoek. Aprendió y luego ejerció en Valencia de pintor, grabador y decorador de muebles. Hacia 1680 comenzó a realizar un Atlas para lo que recibió una ayuda que el Ayuntamiento y de los diputados de la Generalitat solicitaron a Carlos II. Realizó parte del mismo en París. Destaca el detalle del estudio textural del tejido óseo. Dedicaremos un vídeo para hablar del mismo.  

El quinto periodo abarcaría de 1730 a 1778 y estaría marcado por la obra de  Bernhard Siegfried Albinus (1697-1770)   Anatomista conocido por sus Tabulae sceleti et musculorum corporis humani, un volumen ilustrado, que se publicó por primera vez en Leiden en 1747.   Contrató a un gran artista, Jan Wandelaar (1690-1759), para ejecutar los dibujos bajo su estrecha supervisión. Las placas resultantes, que combinan una gran precisión científica con logros artísticos, se convirtieron en la nueva norma que eventualmente reemplazó a las imágenes vesalianas que habían sido el pilar de la ilustración anatómica durante más de doscientos años.  

También podemos mencionar las placas preparadas por el pintor y grabador Jan van Rymsdyk (ca 1700/1730-1788/1790) para la Anatomia uteri humani gravidi de William Hunter (1774) (hermano del conocido cirujano John Hunter) y para los atlas anatómicos de otros autores.   

El papel vital del artista, más que el del anatomista solo, comienza a ser reconocido cada vez más, y los nombres del artista e incluso de los grabadores a veces ocupan un lugar destacado bien en las portadas bien en la parte dedicada a las cuestiones preliminares.  

El gran potencial del color en la metodología de la ilustración no se realizó plenamente hasta un período posterior.  

Aquí tenemos Ilustración de vísceras humanas de Paulo Mascagni (1755-1815) ‘tórax explotado’, prosector de Anatomía en la Universidad de Siena, lo que significaba que era responsable de dirigir la disección para la demostración y la investigación.   Su Anatomia Universa (1823-1832) fue una obra completa de anatomía con cuarenta y cuatro láminas coloreadas a mano posiblemente por Antonio Serrantoni.    

El último periodo fue el que marcó  De basi encephali  de Soemmering  de 1778 hasta mediados del siglo XIX.   Una característica de esta fase es un mayor cambio hacia la anatomía de los órganos internos, a la luz de los nuevos descubrimientos realizados como resultado de un estudio más especializado.   La mecanización de la imprenta en el siglo XIX, junto con la invención y el desarrollo de la litografía, hizo que los textos y las ilustraciones pudieran producirse en masa y distribuirse ampliamente a través de redes de editores y libreros.  

Con la introducción de la cromolitografía en la década de 1830, la ilustración anatómica alcanzó quizás su nivel más alto en el atlas de ocho volúmenes de Bourgery.   

Bourgery empezó a trabajar en su magnífico atlas en 1830 en colaboración con el ilustrador Nicolas Henri Jacob (1782-1871), un alumno del pintor francés Jacques Louis David. Los primeros volúmenes se publicaron al año siguiente, pero completar el tratado requirió cerca de dos décadas de esfuerzos; Bourgery consiguió completar en vida su magna tarea, pero el último de los ocho volúmenes del tratado no se publicó en su totalidad hasta cinco años después de la muerte de su autor. Los ocho volúmenes del tratado de Bourgery cubren la anatomía descriptiva, anatomía topográfica y técnicas quirúrgicas (con descripciones detalladas de casi todas las principales intervenciones que se realizaron durante la primera mitad del siglo xix), anatomía general, embriología y anatomía microscópica.   Las espectaculares litografías coloreadas a mano y de tamaño natural son extraordinarias por su claridad, color y atractivo estético, ya que reflejan una combinación de observación directa en laboratorio e investigación ilustrativa.  

Nuevas fuentes materiales e iconográficas de historia de la medicina (enero, 2021)

La sección de Fuentes materiales e iconográficas del sitio web historiadelamedicina.org se ha incrementado con una serie de nuevos objetos e imágenes. Entre estos podemos mencionar los siguientes:

Hemoglobinómetro de Gowers

Hemoglobinómetro de Sahli (Gebrauchsanweisung zum Farbstat Haemometer)

Hemómetro con cámara de Neubauer

Juego de lancetas para sangrar

Jeringa para enemas

Fotografía: Sesión operatoria en la Sala del Dr. Antonio Cortés Lladó del Hospital Central de Sevilla

Wunderlich y la termometría clínica

Subido un nuevo vídeo al canal Medicina, historia y sociedad, insertamos en este post la transcripción del anterior: Wunderlich y la termometría clínica.

“En el vídeo anterior hablábamos de la importancia de la lesión y de las alteraciones estructurales en patología. Sin embargo, esto solo nos proporciona información de la enfermedad en un determinado momento y en localizaciones concretas.

A lo largo de las primeras décadas del siglo XIX Alemania salía de un periodo en el que habían florecido los sistemas especulativos por la influencia de la llamada Naturphilosophie. La química y la física seguían proporcionando apoyo para la construcción de una patología científica. Ahora era necesario estudiar la enfermedad desde el punto dinámico.

Dos eran las posibilidades: investigar las alteraciones como procesos energéticos, estudiables por la física, y como procesos materiales, estudiables por la química.

Carl Reinhold August Wunderlich, hijo de alemán y francesa, fue uno de los primeros en adentrarse en el primer campo. Veamos cómo.

[INTRO]

Wunderlich nació en 1815 en Sulz, junto al Neckar (suroeste de Alemania). Su padre era médico y trabajó en salud pública. Falleció en 1824. Con su madre y su abuela se trasladó a Stuttgart donde finalizó sus estudios secundarios en 1833. Estudió después medicina en Tubingen –donde se ofrecía una enseñanza libresca– hasta 1837. Allí fue influenciado por Albert Frederich Schill (1812-1839), un profesor que había estado en Francia e Inglaterra, que le recomendó que aprendiera percusión y auscultación, lo que hizo durante tres viajes a Viena. Con otros dos renovadores (Wilhelm Roser (1817-1888) y Wilhelm Greisinger (1817-1868) fundó el el Archiv für Physiologische Heilkunde en 1842, donde clamó por una nueva medicina basada en la observación científica y en particular por la obra fisiológica de Johannes Müller (1801-1858). Uno de los artículos de la introducción llevaba el título “Sobre las deficiencias de la medicina alemana actual y sobre la necesidad de una firme orientación científica de la misma”, donde decía: ‘La medicina, como ciencia empírica e inductiva, tiene que vestir el mismo atavío y progresar con los mismos métodos que las ciencias físicas exactas… La medicina fisiológica, apoyándose en hechos comprobados, tiene que formular las leyes según las cuales el organismo vive y enferma, sana y perece’.

Estuvo un año en París donde aprendió especialmente de Pierre Charles A. Louis (1787-1872) y también de Louis D. Jules Gavarret (1809-1890), empirismo y estadística aplicada.

Regresó a Stuttgart donde presentó su tesis en 1838 sobre la nosología del tifus. De nuevo estancia en París y después, en 1840, se trasladó a Viena. Publicó un libro (Wien und Paris) en el que realiza un agudo análisis crítico en el que comparaba la medicina que se hacía en ese momento en Francia y la que se desarrollaba en el área germánica. París era para él el lugar más adecuado para formarse. También se refería al renacimiento de la escuela vienesa en torno a las figuras de Rokitansky y Skoda.

Habiéndose habilitado en 1839 como profesor en la Universidad de Tubinga, pasó por asistente y sustituto. En 1846 fue nombrado profesor ordinario de clínica médica. Hubo reacciones en contra por parte del profesorado conservador y tuvo que interceder por él el ministro de educación del reino de Württemberg.

En 1845 publicó Versuch einer pathologischen Physiologie des Blutes (1845) y al año siguiente comenzaron a ver la luz los tres volúmenes de su Handbuch der Pathologie und Therapie (1850-1852). El libro sobre la fisiopatología patológica de la sangre es una muestra de que Wunderlich hizo investigación experimental de laboratorio. El segundo indica que la fuente principal de su obra de investigación fue la observación y la exploración clínica.   

En 1850 Wunderlich aceptó una de las cátedras de más prestigio de Alemania, la de la Universidad de Leipzig. Allí estuvo a lo largo de veinticinco años durante los cuales publicó una Geschichte der Medizin (1858) y su obra central Das Verhalten der Eigenwärme in Krankheite (El comportamiento de de la temperatura corporal en las enfermedades) (1868). Convirtió su servicio del Jakobshospital en uno de los más importantes de Alemania. Dio clases de patología y terapéutica, de psiquiatría y también de historia de la medicina

Wunderlich culminó el grueso de su trabajo sobre termometría mientras estuvo en Leipzig. A lo largo de dieciocho años antes de publicar Das Verhalten der Eigenwärme in Krankheiten, recogió datos del examen clínico de más de veinticinco mil pacientes. Reunió miles y miles de registros de las lecturas de la temperatura. El análisis de estos datos produjo una veintena de trabajos sobre termometría además del libro.

El termómetro
Galileo ya utilizó el termoscopio que Sanctorius empleó con fines médicos. Varios médicos franceses y alemanes del siglo XIX se interesaron también por el termómetro. Sin embargo, el mérito de haber sentado de modo sistemático los fundamentos científicos de la termometría clínica es de Wunderlich, así como haber convertido el termómetro en un instrumento imprescindible de la práctica médica.

Aquí vemos distintos tipos de termómetros algunos muy antiguos. Muy recientemente se sustituyó el mercurio de los mismos. [Se muestran varios termómetros de diferentes épocas].

En el contexto de la mentalidad fisiopatológica Wunderlich se interesó por la fiebre, el signo más adecuado a una consideración energética y procesal. Buscó descubrir por vía experimental que las modificaciones de la temperatura en las enfermedades se hallan fundamentadas en una ley. 

Los principios de los que partió Wunderlich fueron: (a) la constancia de la temperatura en las personas sanas, y (b) la variación de la temperatura en la enfermedad. Recogió millones de registros, como hemos dicho. Trató de buscar regularidades en los trazados termométricos de las enfermedades. Los halló a pesar de que con frecuencia había variaciones que dependían de influencias accidentales. Por tanto, muchas especies morbosas se corresponden con tipos bien delimitados de temperaturas alteradas.

Wunderlich extrajo las curvas térmicas típicas del tifus abdominal, el tifus exantemático, la fiebre recurrente, el sarampión, la viruela, la neumonía, la escarlatina y el paludismo reciente. Otras eran relativamente típicas, como la de la septicemia, rubeola y varicela, erisipela, amigdalitis, meningitis, reumatismo agudo, pleuritis, etc.

El espectacular desarrollo de la microbiología en la segunda mitad del siglo XIX y la aparición de medicamentos eficaces contra las infecciones a principios del siglo XX oscurecieron de alguna manera la excelente labor de Wunderlich.

Mientras Wunderlich trabajó en el tema, el también alemán Justus von Liebig (1803-1873) acababa de descubrir que el calor animal se originaba en los procesos químicos orgánicos, especialmente en las oxidaciones. Por otro lado, los trabajos de Meyer, Joule y Helmholtz habían llevado a la formulación del primer principio de la termodinámica.

Wunderlich falleció cuatro años después que su hijo, en septiembre de 1877″.

Bibliografía
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—Carl Reinhold August Wunderlich und die Universitätsklinik St. Jakob. Historia de la Universidad de Leipzig. Disponible en: http://www.uni-leipzig. de/~agintern/uni600/ug174.htm Consultado el 12 de diciembre de 2013.

—Karl Reinhold August Wunderlich. En: Professo- renkatalog der Universität Leipzig. Catalogus pro- fessorum lipsiensium. Dispoible en: http://www. uni-leipzig.de/unigeschichte/professorenkatalog/ leipzig/Wunderlich_1307/ Consultado el 5 de dicie- mre de 2013.

—Diepgen, P. Historia de la Medicina. 2a ed., Barce- lona, Labor, 1932.

—Hess, V. Objektivität und Rhetorik: Karl August Wunderlich (1815–1877) und die klinische Thermo- metrie. Medizinhistorisches Journal, 1997; 32(3-4): 299-319.

—Korn, G. Wunderlich, Karl Reinhold August. In: Allgemeine Deutsche Biographie (ADB). Band 44, Duncker & Humblot, Leipzig 1898, S. 313 f.

—López Piñero, J.M. Patología y medicina interna. In- troducción general, Alemania, Francia, Gran Bretaña y España. En: Laín Entralgo, P. (dir). Historia Universal de la Medicina. Barcelona, Salvat, vol. 6, pp. 123-156.

—Mackowiak, P.A.; Wasserman, S.S.; Levine,M.M. A Critical Appraisal of 98.6°F, the Upper Limit of the Normal Body Temperature, and Other Legacies of Carl Reinhold August Wunderlich. JAMA. 1992; 268(12): 1578-1580.

–Mackowiak, P.A.; Worden, G. (1994). Carl Reinhold Wunderlich and the evolution of clinical thermometry. Clin. Infect. Dis., vol. 18, n1 3, pp. 458-467.

—Oon SF, Murphy M, Connolly SS. Wunderlich syndrome as the first manifestation of renal cell carcinoma”. Urology Journal, 2010; 7 (2): 129–32.

—Singer, Ch.; Underwood, E.A. Breve Historia de la Medicina con un apéndice sobre la Historia de la Medicina española por José M. López Piñero. Ma- drid, Guadarrama, 1966.

—Temkin, O. Wunderlich, Schelling and the His- tory of medicine, Gesnerus,1966; 23: 188-195. En: (1977)The double face of Janus, Baltimore, The Jo- hns Hopkins University Press,1977, pp. 246-251.

Andrés Vesalio (1514-1564). Una nueva forma de ver el cuerpo humano

Al subir en el canal Medicina, historia y sociedad un nuevo vídeo, “Fórceps obstétricos. Un poco de historia (I)“, voy a insertar el guión del anterior, el que dedicamos a Andrés Vesalio: “Andrés Vesalio (1514-1564). Una nueva forma de ver el cuerpo humano.

Guión

En esta ocasión nos vamos a ir a la época del Renacimiento. Bueno, ya sé que algunos me dirán que el Renacimiento no existió.

Fueron otras personas siglos después, especialmente el francés Jules Michelet y el suizo Jacob Burckhardt los que dieron forma al concepto “Renacimiento”.

Por supuesto hay que recordar que ese fenómeno no fue universal y afectó sólo a una parte del planeta, especialmente a Europa.

Unos lo consideran como una continuación o evolución de la época medieval y otros como una completa novedad en la que la persona, liberada del espíritu de la Edad Media se convierte en artífice de sí misma.

Otra manera de considerar al Renacimiento es como una transición crítica, como una dialéctica de dos formas de ver el mundo: la medieval y la moderna con muchas contradicciones internas.

No nos entretengamos en el asunto porque hay abundante literatura sobre el tema. Ocupémonos, aunque no se a fondo, de una de las figuras centrales y decisivas de la Historia de la Medicina: ANDRÉS VESALIO

Vesalio nació en Bruselas en 1514 en el seno de una familia en la que había habido médicos de cámara, es decir, médicos al servicio de emperadores alemanes durante generaciones.

Estudió en Bruselas y Lovaina y a los dieciocho años se trasladó a París para estudiar medicina. Estuvo durante tres años (1533-1536), en un ambiente en el que prevalecía el galenismo, siguió las enseñanzas de Jacobo Silvio y Günther von Andernach. El primero de ellos utilizaba el libro De usu partium de Galeno hasta la mitad; el resto –decía– era demasiado complicado para los estudiantes. Contrariado y seducido por la materia Vesalio trató de completar su formación osteológica con huesos sustraídos del cementerio de los Santos Inocentes. También realizó algunas disecciones ayudado por su compañero Miguel Servet.

El estallido de la guerra entre Francisco I y Carlos V le devolvió a Lovaina, donde permaneció por espacio de dos años (1536-1537). Allí le fue otorgado el grado de bachiller en medicina en 1537. Realizó disecciones y publicó su primera obra. Marchó después a Italia. Pasó primero por Venecia, donde conoció a su futuro colaborador y discípulo de Tiziano, Stefan Kalkar, y fue después a Padua para inscribirse en su escuela médica.

En Padua realizó su prueba doctoral el 5 de diciembre de 1537 y al día siguiente fue nombrado profesor de cirugía con la responsabilidad de explicar cirugía y anatomía. A los pocos días ya había llamado la atención entre alumnos y profesores ¿Por qué? Vesalio rompió con el método didáctico medieval: abandonó la enseñanza libresca de los glosadores de Galeno, bajó de su cátedra y se situó junto al cadáver, disecando y mostrando por sí mismo la parte a la que la explicación se refería.

Utilizó además dibujos que los alumnos le solicitaban y él creía adecuados. Este fue el origen de las Tabulae anatomicae Sex (Venecia, 1538). Los tratados de anatomía de entonces no solían contener ningún tipo de ilustración.

En 1539 con el fin de aportar claridad a una polémica sobre la sangría en las afecciones neumónicas monolaterales, el médico de Carlos V, Nicolás Florena, encargó a Vesalio una exploración disectiva del sistema venoso endotorácico. Descubrió así la vena azigos mayor y su desembocadura en la vena cava superior (si seguimos la idea galénica de la circulación de la sangre sería el origen y no el final). Publicó los resultados ese mismo año y también aceptó el encargo de la Giunta, una afamada casa editorial veneciana, para revisar la edición latina de varios escritos anatómicos de Galeno. Como se puede apreciar, nos encontramos con una de las características del Renacimiento: revisar y corregir. Concluyó el trabajo apenas un año después.

Su experiencia disectiva le demostró día a día que Galeno se equivocó en muchas ocasiones. El hecho de querer extrapolar a los humanos lo que veía en la disección de animales, le condujo a numerosos errores. Desde fines del siglo XIII algunos médicos europeos disecaron cadáveres humanos. Sin embargo, la tradición galénica pesaba tanto, que los disectores no lograban percibir la discrepancia existente entre lo que sus ojos veían y lo que su lengua y su pluma decían. Vesalio se comprometió a escribir un nuevo tratado de anatomía. En 1543 ya estaba redactado su conocido De humani corporis fabrica libri septem. Unos días después también terminó el Epitome, una especie de Fabrica compendiada para uso de los estudiantes.

El texto, al que se unieron trescientas planchas grabadas en madera por Kalkar, salieron en mula hacia Basilea al taller de Juan Oporino. Poco después vieron la luz los primeros ejemplares. La Fabrica iba dedicada al emperador Carlos V y el Epitome al que después sería Felipe II. Vesalio tenía entonces 29 años. La obra originó una reacción airada de algunos galenistas. Jacobo Silvio, su viejo maestro, le propinó calificativos como desvergonzado, impío, calumniador e ignorante.

Siguiendo la tradición familiar, Vesalio fue requerido por Carlos V para que formara parte de su servicio médico; por tanto, marchó a Bruselas. Allí se casó, ejerció la medicina y escribió. Tras abdicar Carlos V en 1556 pasó al servicio de Felipe II, lo que le obligó a trasladarse a Madrid en 1559. Su estancia no fue demasiado grata por cuestiones que no vienen al caso.

Ya hemos visto algunas novedades en la obra y la práctica de Vesalio: a) cambiar el método didáctico, b) el uso de ilustraciones, c) introducir correcciones a la obra de Galeno, y d) incorporar nuevos hallazgos. A esto hay que añadir que Vesalio vio de otra manera la anatomía o al cuerpo humano, una forma nueva que podemos llamar renacentista.

La Fabrica vesaliana muestra su idea descriptiva en su índice, en el orden sistemático que a su propia descripción quiso dar Vesalio. Comienza exponiendo la anatomía del esqueleto, lo que sustenta, las “vigas y las paredes de las casas”. El cuerpo es para él un edificio arquitectónico. Dedica el libro segundo a los ligamentos y músculos (lo que da forma al esqueleto y le permite moverse). Los libros tercero y cuarto a las venas, arterias y nervios (lo que une). En los libros quinto, sexto y séptimo se ocupa de los órganos que encierran la cavidad abdominal (instrumentos de la facultas naturalis), la torácica (instrumentos de la facultas vitalis) y la cefálica (instrumentos de la facultas animalis) y lo hace a la manera galénica, es decir, funcional.

Tres partes, por tanto:

  1. Sistemas edificativos o constructivos
  2. Sistemas conectivos o unitivos
  3. Sistemas animadores o impulsivos

La parte más brillante de la Fabrica es la que se refiere a la osteología. Se describe con detalle cada uno de los huesos. En la miología diferencia bien el ligamento del tendón, el nervio y el músculo, que hasta entonces era frecuente confundirlos. La parte dedicada a la angiología es bastante completa; niega rotundamente la existencia de la famosa rete mirabile. En cuanto a los nervios sigue clasificándolos en duros o motores y blandos o sensitivos. Niega la oquedad de los nervios de los sentidos y de forma especial la del nervio óptico.

Respecto a los órganos de la nutrición y generación sus descripciones de los genitales suponen un avance. Describe bien el peritoneo y el estómago, pero desconoce estructuras como el páncreas. Habla por vez primera de la estructura interna del hígado.

En lo que se refiere a los órganos de la cavidad vital o torácica merece ser mencionada la descripción del corazón. Niega la existencia de los “agujeros” interventriculares pero su esquema de la circulación de la sangre sigue siendo galénica.

La descripción de los órganos de cavidad animal o craneal es cuidadosa. Destruye la concepción errónea de los tres ventrículos del cerebro, y señala la diferencia entre la sustancia gris y blanca del encéfalo entre otras cosas.

En definitiva, Vesalio no sólo enseñó más y mejor la anatomía, sino que también enseñó a hacerlo de otro modo, un modo totalmente renacentista.

Es casi imposible encontrar entre los historiadores de la medicina una opinión sobre Vesalio que no sea la que hemos expuesto. Sin embargo, en 1994, el catedrático ya jubilado de anatomía de la Universidad de Valencia (España), Juan José Barcia Goyanes (1901-2003), publicó el libro El mito de Vesalio. En éste expone la idea de que, en cuanto a contenido anatómico, Vesalio hizo poco por el avance de la anatomía. Para Barcia éste no sólo se limitó a descubrir los errores de Galeno sino que hizo de ellos toda la razón de ser de su investigación anatómica. Esta obra no es fruto de la especulación sino que su autor trata de demostrar lo dicho a través de sus doscientas cuarenta y una páginas. Hay que señalar que el profesor Barcia era conocedor, al menos, de las mismas lenguas clásicas que Vesalio y entre sus obras destaca la Onomatologia anatomica nova, una compilación de los términos anatómicos que aparecen en los textos clásicos griegos y latinos y su evolución a lo largo de la historia; alcanza ésta una extensión de diez volúmenes. Una cosa es cierta, este libro nos hace reflexionar y nos hace ver lo importante que es considerar la ciencia como un producto en cuya realización contribuyeron y contribuyen muchas personas.

Bibliografía

–Ballesteros Massó, R. (2015). Iconografía de Andrés Vesalio, el nacimiento de una idea. Madrid, Universidad Complutense [Tesis]

–Barcia Goyanes, J.J. (1994). El mito de Vesalio. Valencia, Real Academia de Medicina-Universitat de València.

–Barón Fernández, J. (1970). Andrés Vesalio. Su vida y su obra. Madrid, CSIC.

–Duffin, J. (2000). History of Medicine. Houndmills-London, Macmillan Press.

–Huard, P. ; Imbault-Huart, M.J. (Eds). (1983). Andrés Vesalio: iconografía anatómica : fábrica, epítome, tabulae sex. Madrid, Laboratorios Beecham

–Laín Entralgo, P. (1951). La anatomía de Vesalio. Archivos Iberoamericanos de Historia de la Medicina, vol. 3, nº 1, pp. 85-147.

–Laín Entralgo, P. (1948). La anatomía de Vesalio y el arte del Renacimiento. Revista de Ideas Estéticas, nº 21, pp. 3-26.

–O’Malley, Ch.D. (1964). Andreas Vesalius of Bruselas, 1514-1564. Los Ángeles, University of California Press.

–Olmedilla y Puig, J. (1913). Andrés Vesalio (médico de Carlos I y eminente anatómico y escritor del siglo XVI). Madrid, Administración de la Revista de Medicina y Cirugía Prácticas.

–Riera Palmero, J. (2015). V Centenario del Nacimiento de Andrés Vesalio (1514-1564). Llull: Revista de la Sociedad Española de Historia de las Ciencias y de las Técnicas, vol. 38, nº 82, pp. 399-404.

Historia del tratamiento de la sífilis

Como siempre, cuando subimos un nuevo vídeo al canal de Youtube “Medicina, historia y sociedad”, proporcionamos en este blog la transcripción del vídeo anterior junto con una selección bibliográfica.

En esta ocasión se trata de la Historia del tratamiento de la sífilis. Se han añadido algunos fragmentos que fueron suprimidos del vídeo a última hora para ajustarse al tiempo.

La sífilis es conocida como una de las nuevas enfermedades que surge en el Renacimiento. Se presentó en Europa de forma epidémica a finales del siglo XV tras el descubrimiento de América. Durante siglos se ha debatido si su origen es americano o europeo.

Se alternan básicamente tres teorías: la llamada “precolombina”, que afirma que las enfermedades treponémicas, incluida la sífilis, se propagaron por el Viejo y el Nuevo mundo. En Europa se confundían con la lepra. En sucesivas mutaciones fueron apareciendo diferentes enfermedades. La sífilis de transmisión sexual surgió de la sífilis endémica en el sudoeste de Asia, debido a las temperaturas más bajas de la era postglacial y se extendió a Europa y al resto del mundo. Inicialmente se manifestó como una enfermedad leve, que eventualmente se agravó y creció en virulencia a fines del siglo XV.

La hipótesis “unitaria”, bastante parecida a la anterior, que defiende que las enfermedades treponémicas siempre han tenido una distribución global. Según esta teoría, tanto la sífilis como las enfermedades treponémicas no venéreas son variantes de las mismas infecciones y las diferencias clínicas se deben a las variaciones geográficas y climáticas y al grado de desarrollo cultural de las poblaciones dentro de áreas dispares. Así, la pinta, el pian, la sífilis endémica y la sífilis venérea se consideran respuestas adaptativas de T. Pallidum a los cambios en el medio ambiente, las diferencias culturales y el contacto entre varias poblaciones.

Por último la hipótesis conocida como “colombina”, que stablece que los navegantes de la flota de Colón habrían traído una nueva enfermedad a su regreso del Nuevo Mundo en 1493. Para los indígenas era una enfermedad conocida (bejel y pian). En Europa la bacteria pudo haber evolucionado a una nueva subespecie del Treponema pallidum.

Con la investigación de esqueletos europeos y americanos con nuevas técnicas, vuelve a cobrar fuerza esta teoría. Se ha descubierto que la sífilis venérea guarda estrecha relación con las cepas de pian de transmisión no sexual de América del Sur.

¿Cómo ha luchado la humanidad contra la sífilis?

Lo habitual para un médico del siglo XVI era acudir a los clásicos para ver qué es lo que estos recomendaban. Sin embargo, no encontraron nada porque para ellos era desconocida.

Esto supuso una ventaja pues los liberaba en buena medida de su autoridad. Podían buscar, probar, establecer diferentes puntos de vista… aunque en el fondo las ideas galénicas seguían estando ahí para justificar cualquier elección.

Guayaco
En la edición de la Materia médica de Dioscórides de Andrés Laguna se encuentran ya algunos medicamentos americanos. En el capítulo dedicado al Ébano Laguna dice:

“Hallándose muchas especies de Ebano, entre las cuales es una, y la más excelente aquel bendito y Santo madero llamado vulgarmente Guayaco, el cual por divina bondad, y misericordia, fue comunicado a los hombres. Porque dado que es Dios todo poderoso, por nuestras maldades y excesos nos castiga con infinitas enfermedades, todavía como padre piadoso, para que nos desesperemos, juntamente con cada una de ellas, nos da subido el congruente remedio…”

Se trataba de un medicamento diaforético. Claro, si se tomaba en infusión caliente se sudaba, lo que “cuadraba” bien con las teorías médicas entonces vigentes. Se reforzaba el efecto con baños de sudor, por donde se eliminaba el humor causante de la enfermedad.

El guayaco tuvo defensores como Ulrich von Hutten que en 1519 escribió: De guaiaci medicina et morbo galico. Los banqueros y comerciantes holandeses también lo apoyaron, como los Fugger. La corona española les concedió la exclusiva de su comercio con lo que obtuvieron grandes ganancias.

Junto con el guayaco se usaron otros sudoríficos como la zarzaparrilla.

Mercurio
Pero ya en el siglo XVI se dieron cuenta de que la eficacia de los sudoríficos no era la esperada. Se recuperó un medicamento que ya se había utilizado en la Edad Media para problemas de piel. Venía recomendado por el entonces prestigioso Guy de Chauliac en su Cirugía magna (1363).

Parece que fueron los cirujanos los que primero utilizaron el mercurio contra la sífilis. Hay que tener en cuenta que entonces la cirugía se consideraba como una ocupación socialmente inferior a la del médico, a excepción de los médico-cirujanos españoles e italianos.

Un ejemplo es Arias de Benavides que fue a Nueva España (México) y alabó el uso del metal contra las bubas. Dirigió durante unos años el Hospital del Amor de Dios de la capital mexicana donde se trataba esta enfermedad.

En Europa defendieron su uso Ruy Diaz de Isla, Paracelso y Fracastoro.

El mercurio tenía un problema. Era muy tóxico. Como muchos minerales y metales, se usaba por vía externa, sobre todo de dos formas. Se encerraba a los enfermos en una especie de estufas en cuya base se quemaba cinabrio (sulfuro de mercurio). Se liberaban vapores de mercurio que actuaban sobre la piel de los enfermos y también se podían respirar. A veces se producían accidentes graves.

Aquí tenemos dos muestras de cinabrio de las minas de Almadén.

Otra forma era aplicar el mercurio con fricciones sobre la piel, o en emplasto sobre las úlceras. Dependía de los productos con los que se mezclara, los compuestos a los que daba lugar y de las cantidades utilizadas que resultara más o menos tóxico o venenoso.

Lo único que podemos decir del mercurio es que resulta ser un ligero antiséptico o bacteriostático. Quizás por este motivo siguió siendo el tratamiento de elección hasta principios del siglo XX.

Las formas de administración cambiaron. Se prefería la vía oral. En el siglo XVIII –se confundía mucho con la gonorrea–, el cirujano van Swieten popularizó el uso del licor de Swieten (sublimado corrosivo o cloruro mercúrico). En forma de pastillas estuvieron de mnoda las “píldoras de Dupuytren”. Ricord creó las suyas (píldoras de Ricord) a base de yoduro mercurioso. También se usaron los calomelanos o cloruro de mercurio.

Algunos dermatólogos de la época prefirieron la inyección intramuscular y muy pocos la intravenosa de algunos de estos productos.

El Tratado de Terapéutica de finales del siglo XIX del químico y médico Vicente Peset, en el capítulo de los mercuriales, se refiere a varias docenas de preparados con este metal. Señala que en su época comenzaron a aclararse las acciones de algunos de estos fármacos. Poco a poco fueron desapareciendo de los manuales de farmacología.

Yoduros
El uso de yoduros –especialmente el youduro potásico– procede del irlandés William Wallace quien señala que los utilizó con éxito en los años treinta del siglo XIX. Posteriormente fue el francés Ricord quien difundió su uso en Europa para la sífilis terciaria. Algunas veces se asociaba con productos mercuriales, como el que mostramos.

Es una mezcla de bi-ioduro de mercurio y de ioduro potásico, elaborado por el Laboratorio de Esterilización B. Martín, de Madrid, premiado con la Medalla de oro en la Exposición de París de 1915 y registrado en la Dirección General de Sanidad en 1921.

Atoxyl
Aquí mostramos el Atoxil, uno de los arsenicales con los que comenzó Ehrlich a trabajar para obtener su bala mágica. Se usaba contra las tripanosomiasis. Era muy tóxico; podía producir ceguera. Este procede del Laboratorio de Hipodermia de París.

Salvarsán
Los cambios en la medicina durante el último tercio del siglo XIX y los primeros años del siglo XX fueron extraordinarios. Ya hemos dicho algo de ello en los vídeos anteriores. Nos centraremos en la síntesis del salvarsán por parte de Paul Ehrlich.

Para él la obtención del 606 supuso ‘siete años de desgracia con un éxito’. Para ello fueron necesarias, según él, las 4 Gs: Geld, Geduld, Geschick y Gluck ; ew decir, dinero, paciencia, habilidad y suerte.

Según Ehrlich obtuvo una sustancia de dos átomos de arsénico de doble enlace, cada uno unido a un grupo aminofenol. En 2004 se despejó la duda. En realidad se trataba de una mezcla o compuesto de especies de arsénico cíclico, de un trímero cíclico y un pentámero. Esto se pudo saber gracias al análisis espectroscópico ESI (espectrometría de masas que utiliza la ionización por electrospray.

El salvarsán y sus análogos fueron el tratamiento estándar de la sífilis hasta el final de la Segunda guerra mundial cuando fue posible fabricar penicilina en grandes cantidades.

Aquí tenemos un envase de madera de Salvarsán o arsfenamina fabricado ya en Nueva York. Como se traduce de los vídeos anteriores, la inyección de este producto era difícil. Se preparaba con una solución de sosa cáustica. Al tener mucha afinidad por el oxígeno del aire, se oxidaba rápidamente y se transformaba en sustancias tóxicas. El producto venía envasado en una ampolla seca y libre de aire. Tenía que prepararse bien y rápidamente.

A partir del mismo se obtuvieron otras fórmulas más estables y fáciles de administrar. Uno era éste que presentamos el “Salvarsán sódico”, que ya llevaba incorporado el sodio de forma estable. Sólo había que disolverlo en agua. Se usaba por vía intravenosa en el caso de que después de un tratamiento normal el paciente siguiera presentando un Wassermann positivo. También en casos de sífilis terciaria.

Uno de los preparados salvarsánicos más icónicos fue este: el Sulfoxil-Salvarsán. Difícilmente se oxidaba y ya venía listo para inyectar. Permanecía mucho tiempo en el organismo antes de eliminarse. Se usaba en los periodos terciarios y para los casos tratado habitualmente pero que seguían presentando Wassermann positivo.

Otro de los preparados fue el conocido como 914 o Neosalvarsán. Se trataba de una solución estable y dispuesta para su uso. Se administraba por vía intramuscular en el cuadrante superexterno del glúteo mayor.

También circuló el Solusalvarsán, dispuesto para inyección tanto intramuscular como intravenosa. De utilidad en todos los estadios de la enfermedad, especialmente en el periodo inicial.

Por último mostramos el Neo espirol, = al 914 fabricado por Laboratorios del Dr. Esteve, el primer salvarsán fabricado en España. Se administraba por vía intravenosa.

Bismuto
El origen del uso del bismuto está en los trabajos de Benjamin Sauton de 1914. No pudo proseguirlos porque murió en la primera gran guerra. En 1921 Robert Sazerac y Constantin Levaditi demostraron que el bismuto tenía eficacia contra las trepanomatosis. A ello se unía baja toxicidad. A pesar del éxito de los salvarsanes, acabó desplazando al mercurio.

Aquí vemos una caja de inyectables de un “poderoso antiluético a base de protóxido de bismuto en ampollas esterilizadas de 2 cc de suspensión oleosa”. De Laboratorios Pons, de Lérida.

Penicilina
La penicilina se creó en un momento social, político y económico difícil. Transcurría la Segunda guerra mundial. Se probó su eficacia en humanos en 1941. En 1943 ya se comercializaba.

En la sífilis la introdujeron John Mahoney, Richard Arnold y AD Harris ese mismo año. La administraron a un paciente cada cuatro horas durante ocho días. Dados los buenos resultados, en 1945 se generalizó su uso.

Se administraba Penicilina G benzatina o procaína por vía parenteral en cualquiera de los tres periodos de la sífilis. La benzatina o la procaína tenían la finalidad de alargar su vida en el organismo. Se administraba por vía intramuscular.

Mostramos este vial de Farmaproina, penicilina G Procaina de 600.000 UI. Fabricada por Compañía Española de Penicilina SA en 1966, con el permiso de Merck & Co.

Después se han ido creando nuevos antibióticos.

Bibliografía
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Incorporación de nuevas fuentes iconográficas y materiales de historia de la medicina (julio, 2020)

Hoy hemos añadido a nuestra Colección de fuentes materiales e iconográficas varios medicamentos, alguna imagen y unos cuantos instrumentos.

Entre los primeros, el Bromhidrato de quinina, Bismuto Pons, Kombetín (Estrofantina Boehringer), Strofosid (k-estrofantósido cristalizado), Bioioduro de mercurio y ioduro potásico y Atoxyl.

Bromhidrato_de_quinina

Atoxyl2

 

En cuanto a imágenes, una fotografía de Rudolf Virchow y otra del grupo de estudiantes de la Facultad de Medicina de Valencia que en el curso 1960-61 celebraron su paso del ecuador.

Paso_Ecuador_1960_61

Respecto a los instrumentos, un Inhalador Torrecilla, un Estetoscopio electrónico Medetrón, una Ventosa obstétrica AGI-IMSA, y dos aparatos de electroterapia. Uno de ellos, de corriente galvánica, de Wohlmuth y el otro de Reiniger, Gebbert & Schall.

Medetron_2

Estetoscopio electrónico Medetrón

Ventosa_obstetrica_2

Ventosa obstétrica AGI-IMSA

Wohlmuth_Electroterapia_3

Aparato de electroterapia (corriente galvánica) Wohlmuth

Reiniger_Electroterapia_1

Aparato de electroterapia Reiniger, Gebbert & Schall

Incorporación de nuevas fuentes iconográficas de historia de la medicina

Se han incorporado varias fuentes de tipo iconográfico que han pasado a engrosar nuestra colección de Fuentes iconográficas y materiales de Historia de la Medicina. Se han adquirido en mercadillos, subastas, venta directa, etc. tanto del extranjero como de España. Son las siguientes:

  1. Enfermeras poniendo a los niños al sol en el tejado del West London Hospital (años 30 siglo XX) en una plataforma giratoria. (Procede de agencia de prensa).

Enfermeras-poniendo-a-los-nilos-al-sol

2. Fotografía-tarjeta postal de la antigua Facultad de Medicina de Valencia, en la calle Guillén de Castro (principios del siglo XX).

3. Tarjeta postal circulada de la antigua escultura dedicada a Pelletier y Caventou (1901) en París que fue destruida durante la segunda guerra mundial. Después fue sustituida por otra completamente distinta.

4. Tarjeta postal circulada que muestra la ubicación de la escultura dedicada a los farmacéuticos Pelletier y Caventou (1907).

Escultura_Pelletier_Caventou

5. Fotografía que muestra a unos médicos pesando a un bebé en lo que debió ser la Gota de leche situada en la esquina de la calle Vallehermoso con Aguilera, en Madrid.

6. Fotografía del urólogo valenciano Nicasio Benlloch Giner (1888-1957) con su equipo del Hospital Provincial de Valencia en 1848.

Equipo_Nicasio_Benlloch

7. Tarjeta postal Dr. Mariano Pérez Feliu. Iniciador del Sanatorio Malvarrosa de Valencia y Director del mismo el año 1931.

8. Fotografía del oftalmólogo Ramón Castroviejo Briones (1904-1987).

9. Tarjeta postal del Real Sanatorio de “Nuestra Señora de las Mercedes” (Húmera)

10. Fotografía que muestra la Publicidad de un aparato de masaje sónico por las calles de Madrid

11. Fotografía que muestra la revisión médica en la enfermería de un cuartel militar de Melilla (1955).

Revision_medica_cuartel

12. Fotografía de Gregorio Marañón (1887-1960) en un oficio religioso

13. Fotografía. “Hija de la nueva España”. Niña huérfana de la guerra civil que es medida por una enfermera (procedente de agencia de prensa) (1940).