Incorporación de nuevas fuentes iconográficas de historia de la medicina

Se han incorporado varias fuentes de tipo iconográfico que han pasado a engrosar nuestra colección de Fuentes iconográficas y materiales de Historia de la Medicina. Se han adquirido en mercadillos, subastas, venta directa, etc. tanto del extranjero como de España. Son las siguientes:

  1. Enfermeras poniendo a los niños al sol en el tejado del West London Hospital (años 30 siglo XX) en una plataforma giratoria. (Procede de agencia de prensa).

Enfermeras-poniendo-a-los-nilos-al-sol

2. Fotografía-tarjeta postal de la antigua Facultad de Medicina de Valencia, en la calle Guillén de Castro (principios del siglo XX).

3. Tarjeta postal circulada de la antigua escultura dedicada a Pelletier y Caventou (1901) en París que fue destruida durante la segunda guerra mundial. Después fue sustituida por otra completamente distinta.

4. Tarjeta postal circulada que muestra la ubicación de la escultura dedicada a los farmacéuticos Pelletier y Caventou (1907).

Escultura_Pelletier_Caventou

5. Fotografía que muestra a unos médicos pesando a un bebé en lo que debió ser la Gota de leche situada en la esquina de la calle Vallehermoso con Aguilera, en Madrid.

6. Fotografía del urólogo valenciano Nicasio Benlloch Giner (1888-1957) con su equipo del Hospital Provincial de Valencia en 1848.

Equipo_Nicasio_Benlloch

7. Tarjeta postal Dr. Mariano Pérez Feliu. Iniciador del Sanatorio Malvarrosa de Valencia y Director del mismo el año 1931.

8. Fotografía del oftalmólogo Ramón Castroviejo Briones (1904-1987).

9. Tarjeta postal del Real Sanatorio de “Nuestra Señora de las Mercedes” (Húmera)

10. Fotografía que muestra la Publicidad de un aparato de masaje sónico por las calles de Madrid

11. Fotografía que muestra la revisión médica en la enfermería de un cuartel militar de Melilla (1955).

Revision_medica_cuartel

12. Fotografía de Gregorio Marañón (1887-1960) en un oficio religioso

13. Fotografía. “Hija de la nueva España”. Niña huérfana de la guerra civil que es medida por una enfermera (procedente de agencia de prensa) (1940).

 

 

 

 

Cajal y la medalla Benlliure

Como hemos subido un nuevo vídeo al canal de Youtube “Medicina, historia y sociedad”, insertamos a continuación el guión del penúltimo, Cajal y la medalla Benlliure con su correspondiente bibliografía.

 

En su Historia de mi labor científica, Cajal dice que en el bienio 1905-1906 se vio favorecido por la medalla de oro Helmholtz y el premio Nobel y que por ello recibió “felicitaciones y premios a granel”, “…telegramas de felicitación; cartas y mensajes congratulatorios; homenajes de alumnos y profesores; diplomas conmemorativos; nombramientos honoríficos de corporaciones científicas y literarias; calles bautizadas con mi nombre en ciudades y hasta en villorrios; chocolates, anisetes y otras pócimas, dudosamente higiénicas, rotuladas con mi apellido; ofertas de pingüe participación en empresas arriesgadas o quiméricas; demanda apremiante de pensamientos para álbumes y colecciones de autógrafos; petición de destinos y sinecuras…; de todo hubo y a todo debí resignarme, agradeciéndolo y deplorándolo a un tiempo, con la sonrisa en los labios y la tristeza en el alma”.

Tomando como excusa la medalla que se le regaló con motivo de la concesión del Nobel, realizada por Mariano Benlliure, trataremos de hacer una síntesis de lo que le sucedió a Cajal durante ese periodo visto desde la prensa diaria.

[Intro]

1905
Cajal ya era un personaje público conocido y un científico respetado desde hacía tiempo.

Entre 1905 y 1907, aparte de desarrollar su trabajo cotidiano como profesor e investigador, tuvo que hacer frente a una serie de acontecimientos importantes:

–Le fue concedida en febrero de 1905 el premio Helmholtz por parte de la Academia Imperial de Ciencias de Berlín. A pesar de que no iba acompañado de una compensación económica, le proporcionó gran prestigio. Este premio se unía, además , al Premio Moscú que había recibido en 1900. Recibió una medalla de oro y una copia de cobre.

–Participó en el homenaje que se le tributó a nuestro primer premio Nobel, en este caso de literatura, José Echegaray, que se le otorgó en 1904. Su contribución destacó sus aptitudes científicas y de divulgación mas que las literarias. Hay que señalar que algunos jóvenes de la generación del 98 criticaron mucho la concesión de este premio. Cajal sorteó el tema.

Dos éxitos, el de Echegaray y Cajal, que de alguna manera contribuyeron a reducir la sensación de derrota, de abatimiento y de desesperanza que produjo la tan traída “catástrofe del 98”. Es más, la Clark University de los Estados Unidos invitó a Cajal. El país que contribuyó a esa derrota española, reconocía a nuestro histólogo como un héroe de la ciencia”. Este hecho no pasó desapercibido en la prensa diaria. Se llegó a ver como una “revancha” tanto por el gobierno como por la población.

–Ese año Cajal también participó en la celebración del aniversario del nacimiento de Manuel García, inventor del laringoscopio, que moriría en Londres al año siguiente. Muy comentado fue, además, el gran homenaje que se le tributó en aquella ciudad.

–¡Cómo no! Cajal se vio implicado en el aniversario de la publicación de El ingenioso hidalgo Don Quijote, idea que lanzó dos años antes el conocido e influyente periodista Mariano de Cavia.

Aprovechó la obra de Cervantes de forma muy inteligente en la conferencia que le tocó impartir. La tituló Psicología de don Quijote y el quijotismo. Usó el quijotismo como recurso para conseguir lo que muchos perseguían, la regeneración del país y eso se conseguía cultivando la ciencia y la técnica. “El quijotismo de buena ley –dijo–, tiene en España ancho campo en que ejercitarse”.

No creamos que sólo España actuaba de esta forma. Otros países europeos se lanzaron desde principios del siglo XX a ensalzar sus “glorias pasadas”.

En 1906 Cajal fue elegido miembro de la Real Academia de la Lengua para cubrir el sillón I mayúscula que había dejado Juan Valera. Sin embargo, no tomó posesión jamás. Se dice que su desinterés procedía de la actitud de la Academia de no apoyar a Galdós para el Nóbel (interesante recordar esto en el Año Galdós que estamos celebrando) y todas las resistencias que ofreció para que se nombrara a Emilia Pardo Bazán como académica.

1906
Como es sabido, en esta etapa los políticos preparaban con cierta antelación la próxima caída del gobierno. Éstas se sucedían a veces en cuestión de unos pocos meses. Segismundo Moret ya preparaba su gabinete y se entrevistó con Cajal a quién poco después, ya en el poder, le ofreció el ministerio de instrucción. Ambos hablaron de las reformas que necesitaba el país y Cajal se sintió seducido y convencido. Sin embargo, no contestó de inmediato y reflexionó durante un viaje que hizo a Lisboa para rechazar finalmente el ofrecimiento que sí aceptó otro médico, Alejandro San Martín, el 6 de junio de 1906.

Como decía Cajal, “Transcurridos algunos meses, y cuando el ánimo reposado y tranquilo volvía a saborear las cautivadoras sorpresas del trabajo concentrado y tácito, cierta mañana de octubre de 1906 sorprendióme, casi de noche, cierto lacónico telegrama expedido en Estocolmo y redactado en alemán… Carolinische Institut verleihen Sie Nobelpreiss…” Se trataba de la concesión del premio Nóbel.

Hacía años que varios colectivos especialmente de médicos, manifestaron la necesidad de homenajear al “sabio español”. Tras difundirse la noticia del Nóbel por los medios, esa necesidad se hizo imperiosa. Cajal se estaba convirtiendo en un mito.

Como siempre, los primeros en reaccionar fueron los estudiantes de los que surgieron varias ideas: regalarle un álbum con todas las firmas de los estudiantes españoles, organizar una velada conmemorativa en el Ateneo, regalarle un busto, proponer al ayuntamiento de la capital que sustituyera el nombre de la calle de Atocha por el de Cajal, fundar un hospital o clínica con su nombre dedicado a las enfermedades nerviosas por suscripción popular, entre otras iniciativas. Invitaban, también, a unirse a todos los escolares de España.

Por su lado el Colegio de Médicos de Madrid se reunió y se sumó a la idea. El busto lo realizó el escultor Agustín Querol Subirats de forma gratuita. Mientras tanto seguían surgiendo nuevas ideas y languideciendo otras.

Por su lado, en Valencia, como había sido profesor de su Universidad, el Ayuntamiento, la Universidad y los estudiantes se unieron para homenajear a Cajal con iniciativas como crear una beca para que un médico recién terminada la licenciatura ampliara estudios de bacteriología y microbiología en el Instituto Alfonso XIII dirigido por Cajal, nombrar a Cajal decano honorario, poner su nombre al anfiteatro anatómico, colocar una placa recordando que había impartido allí sus lecciones, crear un álbum de firmas, entre otras.

El Colegio de Médicos de Madrid iba mientras tanto integrando asociaciones y sociedades que se querían unir a los homenajes (un total de 78). Decidieron asimismo abrir una suscripción para sufragar los gastos.

Cajal salía de Madrid hacia Estocolmo en tren el día 1 de diciembre. Llegó a su destino el día 8. La entrega del premio tuvo lugar el día 10.

1907
A finales de año empezaron a hacerse realidad los homenajes en diferentes ciudades: Zaragoza, en diciembre de 1906, y Palma de Mallorca y Córdoba a principios de 1907. Mención especial merece el acto que se celebró en Valencia en el Teatro Principal el 28 de enero en el que habló Juan Bartual, discípulo valenciano de Cajal.

En enero de 1907 se hablaba ya en la prensa de la Junta de Ampliación de Estudios, su composición y de que Cajal había sido elegido presidente. Era entonces ministro de Instrucción pública el conocido médico y político Amalio Gimeno Cabañas.

En Madrid seguían organizando actividades. Una comisión visitó a Maura para solicitar una senaduría vitalicia para Cajal. También se abrió una suscripción para una medalla. A principios de marzo se habían recogido 6.809 pesetas. Se acordó prorrogar la colecta y encargar la obra a Benlliure, amigo de Cajal.

Las acciones en Madrid fueron disipándose y las que quedaron se distribuyeron en el tiempo debido, quizás, al exceso de participantes, a los cambios en la dirección del Colegio de médicos y a la imposibilidad de llegar a acuerdos. Unas se hicieron realidad y otras no.

Sin embargo, el día 14 de mayo llegó a Madrid una comitiva de estudiantes de Valencia en el tren Correo de Aragón. Le llevaban a Cajal el libro de firmas que dejarían en el Centro Regional Valenciano, situado entonces en la calle Bolsa, para que los valencianos que se encontraran en Madrid pudieran firmar. Se le entregó en una velada que tuvo lugar en el mismo Centro el día 22.

Intervino el presidente del Centro Regional, Luis Cerveró, el conocido estudiante Uxó, quien expuso los trabajos llevados a cabo y el entusiasmo que despertó en Valencia la iniciativa. Después, al son de la marcha de Valencia, le fue entregado a Cajal el álbum. Éste, emocionado, rindió homenaje de gratitud a Valencia. Abelardo Vidal (secretario del centro) le entregó el título de socio de mérito. El diputado Eduardo Vilar y el ministro Rodríguez-San Pedro cerraron los discursos.

Ese mismo año, el 30 de junio, Cajal ingresó también en la Real Academia de Medicina.

Volvamos a la medalla. La idea surgió del ámbito del Colegio de Médicos como hemos visto, pero la materialización del homenaje fue bastante tardía. La mención en el reverso de los que dedican, los españoles amantes del progreso, viene a indicar la heterogeneidad final de los participantes más allá de los colegas médicos.

Probablemente la medalla se acuñó en la Fábrica Nacional de la Moneda y Timbre con cierto retraso en 1908. Finalmente, se entregó a Cajal el 28 de mayo de 1908 y no en un acto público, circunstancia que fue lamentada, sino en una visita de la comisión a su propio domicilio. Como se puede observar en la medalla se mantuvo la fecha de 1907, errónea por otra parte ya que el premio se había concebido en 1906.

La medalla es una de las más conocidas de Mariano Benlliure. Leo ahora la descripción que hace el Museo del Pardo de la misma (Texto extractado de una obra de J. Gimeno Pascual): “La naturalidad expresiva y el desplazamiento de la centralidad en la composición del anverso se completan con el marcado decorativismo de la simbología, por otra parte rotundamente clásica, tanto de la Ciencia como de la Medicina. La caligrafía de la dedicación, que adquiere relieve protagonista en relación con la simbología iconográfica, apoya asimismo el marcado carácter decorativo. Es la manifestación más plenamente modernista de Benlliure y uno de los ejemplos más significativos de la medalla modernista española”.

[Final]

La lectura de los artículos y noticias publicadas en este periodo ofrecen dos visiones complementarias: en una los españoles no conocen la obra de sus sabios y tienen que ser los extranjeros los que nos las descubre, y en otra, que en el extranjero tenían que ir abandonando la idea de una España de toreros, de señoras con mantilla, de conspiradores, pobres y leprosos.

Sin embargo, a diferencia de lo que sucedió con el logro del salvarsán por parte de Ehrlich en 1910, no hemos hallado un solo artículo, información o noticia que contara con algo de detalle los logros que habían hecho a Cajal merecedor del Premio.

Bibliografía
Todos estos acontecimientos los analizo con detalle en este artículo:

–Fresquet Febrer, J.L. (2019). The image of Santiago Ramón y Cajal through the daily press. The awarding of the Nobel Prize. European Journal of Anatomy, vol. 23, Supplement 1, pp. 15-28. [Disponible en: http://www.eurjanat.com/web/paper.php?id=23s10001], donde se puede consultar toda la bibliografía utilizada.

En cuanto a la Medalla Benlliure: Medalla dedicada a Santiago Ramón y Cajal por la concesión del Premio Nobel de Medicina (1907). Museo del Pardo. Disponible en https://www.museodelprado.es/coleccion/obra-de-arte/medalla-dedicada-a-santiago-ramon-y-cajal-por-la/d89e2b09-7edb-49c8-b8f0-94017fdeedc2 Consultado el 8 de enero de 2010. Especialmente el texto extractado de Gimeno Pascual, J. (2013), en: Mariano Benlliure. El dominio de la materia, p. 328.

 

Homenaje a Federico Rubio y Galí (1906)

Hace unas semanas añadimos al canal Medicina, historia y sociedad, de Youtube, un vídeo sobre la inauguración del monumento a Federico Rubio, en Madrid, en 1906.

Como solemos hacer después de haber “subido” un nuevo vídeo al canal, ofrecemos ahora su transcripción:

Introducción
El Heraldo de Madrid del jueves 13 de diciembre de 1906 llevaba en su portada la crónica de la inauguración de un monumento:

Desde hoy podrá admirar el público de la capital un monumento del ilustre artista Miguel Blay. ¡Ya era hora!… Es la primera obra del laureado escultor admitida para el ornato de las vías públicas madrileñas, donde con frecuencia tropieza el paseante con cualquier Espartero ó marqués del Duero propios para destruir toda idea artística de buen gusto y también para partir los más empedernidos corazones. Se impone una revisión de estatuas, ¡oh, popular alcalde!, y lanzar muchas de ellas á la región de las tinieblas, en cualquier covacha, ó mejor aún en cualquier fundición, donde, perezcan á fuego… Pero esta revisión, á la que me permitiré aportar algunas indicaciones, queda para otro día y ocasión oportuna.

Se refería en esta ocasión para bien, a la escultura del cirujano Federico Rubio y Gali.

Decía Laín en el prólogo que hizo para una reedición de una obra de Rubio que, pese al puesto que ocupa este nombre en la epigrafía urbana, si alguien preguntase por su vida y su obra a un centenar de españoles cultos, no sabía cuántos darían respuesta satisfactoria. Y, sin embargo, –añadía– Rubio ha sido el médico más importante de todo nuestro siglo XIX a excepción de Cajal a quien considera investigador de ciencias básicas.

Hoy es posiblemente un personaje olvidado pero en su época y durante buena parte del siglo XX fue quizás magnificado.

Bueno, esto nos obliga a trasladarnos a Madrid.

Ante el monumento en el Parque del Oeste
… Uno de los más distinguidos monumentos de finales del siglo XIX es el que se levantó en honor al médico y político Federico Rubio y Galí, nacido en el Puerto de Santa María, Cádiz, el 30 de agosto de 1827 y fallecido en Madrid el día 31 de agosto de 1902.

Fue inaugurado en 1906 en el madrileño paseo “Parque del Oeste” donde hay varias decenas de esculturas. Fue este el primer parque que se creó en Madrid. Se abrió al público en 1905. Se sitúa entre el barrio de Argüelles y la estación de Príncipe Pío.

Su autor fue el escultor Miguel Blay y Fábregas nacido en Olot en 1866 y fallecido en Madrid en 1936.

Este monumento es de piedra caliza marfil (la figura y el sillón de estilo modernista donde está sentado el prestigioso cirujano), y en bronce, (una joven mujer con un hijo en brazos y otro a su lado que le obsequian con un ramo de flores en señal de agradecimiento).

Durante la guerra civil esta zona quedó entre los dos bandos que se enfrentaron a lo largo de tres años. Los franquistas estaban aquí detrás, en la Escuela de Arquitectura, apenas a 300 metros. Los republicanos se encontraban en lo que fue la cárcel modelo y el Hospital Clínico…

[Se ubican en un plano el monumento, la antigua cárcel modelo (hoy Cuartel del ejército del aire), Hospital Clínico, Fundación Jiménez Díaz, donde estuvo el Instituto Rubio, y la Escuela de Arquitectura]

Uno de los proyectiles impactó sobre la cabeza de Rubio y lo decapitó. También quedaron marcados en el resto de monumento varios impactos, alguno de los cuales se puede contemplar todavía.

Tras la guerra civil y un informe del Conde de Casal, el monumento fue reconstruido a pesar de las raíces republicanas de Federico Rubio.

Este distinguido médico cirujano había logrado que la gente más humilde a la que prestaba su ayuda lo llamase el “médico de los pobres”.

Su vida y contribuciones
Perteneciente a una familia de tradición liberal y perseguida en numerosas ocasiones, Federico nació en Puerto de Santa María (Cádiz) el 30 de agosto de 1827.

Después de los estudios secundarios se decantó por los de Medicina en el Colegio Nacional de Medicina y Cirugía de Cádiz (más tarde Facultad de Medicina).

Mientras tanto, sus escasos recursos le obligaron a realizar varias actividades que le proporcionaron dinero para sobrevivir. En 1850 se trasladó a Sevilla donde opositó para una plaza de cirujano en el Hospital Central que obtuvo el menos capacitado de los que se presentó, pero que tenía apoyos políticos. Lo ocurrido favoreció, sin embargo, a Rubio, quien se fue haciendo con una buena clientela privada a la vez que ganaba prestigio.

En esta época también comenzó a moverse en política. Como otros demócratas, fue detenido en 1859 y tuvo que exiliarse. Se fue a Inglaterra y en Londres aprovechó para formarse como cirujano con William Fergusson. Regresó en 1860.

En 1864 tuvo que exiliarse de nuevo. En esta ocasión marchó a París donde estuvo con figuras tan conocidas e influyentes como Alfred Velpeau, Piel Paul Broca y Auguste Nélaton. Asistió además a los cursos de microscopía de Eloy Carlos Ordóñez que también fue el maestro de Aureliano Maestre de San Juan. Estuvo además en Breslau con Johannes Evangelista Purkinje para completar su formación histológica.

En la década de los sesenta publicó bastante. También participó activamente en la preparación de la Revolución de Septiembre de 1868. Formó parte de la Junta provisional revolucionaria de Sevilla, cargo que fue renovado por sufragio en las elecciones que se celebraron en octubre, alcanzando la vicepresidencia.

Gracias a la revolución y a la libertad de enseñanza pudo crear la Escuela Libre de Medicina y Cirugía de Sevilla, cuna del especialismo médico en España, donde enseñó Clínica quirúrgica.

En el terreno político fue diputado en las Cortes Constituyentes, legislatura de 1869-1870. Fue reelegido en 1871, pero renunció.  En las elecciones generales de 1872 ganó un puesto de senador por Sevilla para la legislatura 1872-73. Durante la Primera República (1873-74) fue enviado a Londres para que el gobierno de Gran Bretaña reconociera al gobierno republicano español, cosa que no logró. No obstante, antes de regresar a España viajó a los Estados Unidos donde visitó hospitales de Nueva York, Chicago y Filadelfia. Más tarde se le reconoció haber actuado como embajador en Gran Bretaña.

En 1874 fijó su residencia en Madrid. Durante la Restauración abandonó la política y se convirtió en el médico de la aristocracia y alta burguesía de Madrid. En 1874 ingresó en la Academia.

En Madrid sintonizó bien con el grupo intelectual en torno a Giner de los Ríos y la Institución Libre de Enseñanza.

En 1880 creó el Instituto de Terapéutica Operatoria en el Hospital de la Princesa de Madrid que se encontraba entonces en lo que hoy es la calle de Alberto Aguilera. Para ello se valió no solo de su prestigio sino que utilizó además su amistad con políticos influyentes.

Este centro se independizó en 1896 cuando fue trasladado a unos edificios nuevos en la zona de Moncloa sufragados, en parte, por suscripción pública.

En la Fundación Jiménez Díaz
Nos encontramos ahora en la Fundación Jiménez Díaz, edificada en los mismos terrenos que ocupó el Instituto Rubio que fue destruido durante la guerra civil.  Los terrenos fueron cedidos por el Estado. Se construyeron varios edificios por pabellones. El principal, de tres plantas y sótano, albergaba la recepción de enfermos, unas dependencias privadas para Rubio y la administración. Otro edificio se destinó a enfermos varones, otro a mujeres y otro a enfermos infecciosos. Después se construyó una capilla donde se velaban los cadáveres y donde quiso ser enterrado el doctor Rubio.

La guerra civil destruyó tanto el edificio que se encontraba en pleno frente, como la labor del gran equipo de profesionales que allí trabajaban y que acabaron dispersándose.

Durante la guerra civil esta zona quedó entre los dos bandos que se enfrentaron a lo largo de tres años.

Si vemos los planos de la época situaríamos a los franquistas detrás, desplegados en la zona que ocupa la Escuela de Arquitectura. Todavía pueden verse trincheras y búnqueres.

Los republicanos se encontraba alrededor de la cárcel modelo, espacio que ocupa hoy el Ejército del Aire, y del Hospital clínico. Como se ve el monumento queda entre los dos y sufrió las consecuencias. Los impactos de proyectiles todavía se pueden ver hoy. También fue decapitado aunque gracias a un informe del conde de Casal el monumento fue reconstruido a pesar de las raíces republicanas de Rubio.

Consciente de que la revolución quirúrgica exigía nuevas instalaciones y personal técnico, creó también la Escuela de enfermeras Santa Isabel de Hungría, la primera de España de inspiración laica y burguesa.

En 1899 apareció la revista Revista Iberoamericana de Ciencias Médicas, donde publicó varios trabajos suyos como es lógico, así como la labor desarrollada en el Instituto.

Desde 1901 la salud de Federico Rubio se deterioró. Murió en Madrid, en la casa que su hija Sol poseía en la calle Barquillo, el 31 de agosto de 1902. Fue enterrado dos días más tarde en el panteón construido en la capilla de su Instituto por el rito católico.

Respecto a la obra de Rubio, aparte de su producción médica destaca El libro chico (1863) donde resumió sus ideas filosóficas y psicológicas y donde se refleja la influencia del krausismo; El Ferrando (1863), que escribió para defenderse de las críticas al anterior; La mujer gaditana (1902) y Mis maestros y mi educación (publicado por su hija después de su muerte) y que vendría a ser una suerte de autobiografía incompleta. Aquí tenemos dos ediciones del mismo.

También se ha destacado mucho su discurso de 1890 en la Academia que tituló La Sociopatología. Se trata de un ensayo original en el que defendió que la realidad y la vida del cuerpo social deben ser incumbencia del médico. Reconoce que disciplinas como el derecho, la filosofía, la economía, etc. deben estudiar la sociedad, pero sólo el médico posee la mentalidad y los métodos exigidos por el saber sociológico; puede pasar analógicamente desde el organismo individual hasta el organismo social. Por otro lado, para Rubio la sociedad es como un organismo pluricelular, un ser colectivo y natural y como tal puede también enfermar.

Este texto es un programa o esbozo de una ciencia que pugnaba por nacer y que esperaba que se desarrollara en el futuro como así ha sido.

Sin salirnos del tema, destaca su artículo en el que hace referencia al anterior, que con el título “Clínica social” publicó en 1899 en la Revista Ibero-Americana de Ciencias Médicas.

Aquí termina este acercamiento a un destacado médico y cirujano del siglo XIX del que siempre podrás obtener más datos de la bibliografía que dejaremos en el blog.

Bibliografía
–Carrillo, J.L. et al. (2002). Federico Rubio y Gali (1827-1902). Estudio Documental y Bibliográfico. Puerto de Santa María, Concejalía de Cultura del Ayuntamiento.

–Carrillo Martos, J.L. (Coord.) (2003). Medicina y sociedad en la España de la segunda mitad del siglo XIX: una aproximación a la obra de Federico Rubio y Galí, (1827-1902). Puerto de Santa María, Ayuntamiento.

–Laín Entralgo, P. (1986). Medicina y sociedad en la obra de Federico Rubio. En: Ciencia, técnica y medicina. Madrid, Alianza, pp. 333-341.

–Rubio y Galí, F. (1890): Discursos leídos en la solemne sesión inaugural del año de 1890 de la Real Academia de Medicina [La Sociopatología]. Madrid, Establecimiento Tipográfico E.Teo- doro, pp. 25-49.

–Rubio y Galí, F. (1899). Clínica social. Revista Ibero-americana de Ciencias Médicas (Madrid), vol. 2, no 3, `pp. 50-78.

Prensa:

–Del Diario de un paseante. Por Luis Bello. El Imparcial, 16 de diciembre de 1906, p. 2.

–El monumento a D. Federico Rubio. El Siglo futuro, 14 de diciembre de 1906, p. 2.

–Arte y artistas. Heraldo de Madrid, jueves 13 de diciembre de 1906, p. 1.

–Monumento al doctor Rubio. El Correo Español, jueves 13 de diciembre de 1906, p. 4.

–El monumento al Dr. Rubio. ABC, 14 de diciembre de 1906, p. 3.

 

Fuentes materiales e iconográficas de historia de la medicina. Nuevas incorporaciones (febrero, 2020)

Se han añadido a la colección de fuentes iconográficas y materiales  de historia de la medicina nuevas incorporaciones.

En lo que se refiere a objetos, dentro del conjunto de aparatos para “masajes” hemos adquirido el de construcción alemana MASPO, de baquelita, y el de “masaje vibratorio” Veedee, de principios del siglo XX, fabricado en Londres, que llegó a ser muy popular en varios países europeos.

Veedee_Vibrator

También ha pasado a formar parte de la colección el hemoglobinómtero Boehringer, que la marca de medicamentos debía regalar a los médicos para detectar anemias con cierta rapidez. Una cifra baja de hemoglobina se relaciona directamente con un bajo nivel de oxígeno. Es muy parecido al que presentamos hace tiempo, modelo Marucelli.

Hemoglobinometro_boehringer

Un nuevo Otoscopio de Brunton en excelentes condiciones de conservación, se une al que ya teníamos. Incorporamos además un corrector nasal, un pulverizador de anestesia local, posiblemente para uso odontológico, y una jeringuilla hipodérmica en su estuche de finales del siglo XIX.

Hemos adquirido la medalla que conmemora la inauguración del nuevo edificio que en 1949 ocupó la Facultad de medicina de Valencia y que todavía hoy, tras profundas reformas, sigue en funcionamiento.

Medala_Facultad

Como material iconográfico incorporamos dos fotografías que recogen los daños sufridos por el Hospital Clínico de Madrid, que quedó entre los dos bandos durante la guerra civil. Los franquistas en lo que sería la Escuela de Arquitectura y alrededores, y los republicanos en lo que fue la cárcel modelo (hoy el edificio del Ejército del Aire) y el Instituto Rubio (hoy Fundación Jiménez Díaz). Una procede de algún particular y la otra de una agencia de prensa inglesa.

clinico_destruido

De la antisepsia a la asepsia. El pulverizador de fenol

Hace unas semanas se subió al canal “Medicina, historia y sociedad” de YouTube, el vídeo “De la antisepsia a la asepsia. El pulverizador de fenol”·

En este vídeo se explica de forma muy sencilla lo que es la antisepsia y el conocido como método de Lister. Se muestra con detalle el pulverizador de ácido fénico que se utilizó en la época, en concreto el diseñado por el francés Lucas Championnière, que se parecía bastante al del inglés. En España se utilizó este modelo. Por ejemplo, según señala Salvador Cardenal, estuvo funcionando en su clínica y en su servicio del Hospital de Nuestra Señora del Sagrado Corazón de Jesús, de Barcelona.

A mediados del siglo XIX en las salas quirúrgicas de los hospitales la mortalidad oscilaba entre el 30 y el 50 por ciento, especialmente por infecciones (piemia, erisipela, gangrena, etc.

En los hospitales de París, por ejemplo, se hizo una estadística; de 560 intervenciones quirúrgicas se produjeron 300 defunciones.

Intervenciones realizadas por Ernst Küster entre 1868-1869:

  • 6 amputaciones de brazo – 5 fracasos
  • 5 amputaciones de antebrazo – 4 fracasos
  • 15 amputaciones de muslo – 11 fracasos

Casi todos fallecieron por piemia.

Con estos datos nos hacemos una idea de lo que suponía la cirugía a mediados de siglo. Sin embargo, fue en el siglo XIX cuando se superaron las tres barreras que todavía tenía que superar la cirugía:

  • El dolor con la anestesia
  • La hemorragia con la hemostasia
  • La infección, primero con la antisepsia y después con la asepsia

Vamos a dejar para otra ocasión los dos primeros y nos ocuparemos de la infección. Ésta se solucionó a lo largo de dos etapas que se conocen con el nombre de “Antisepsia” y “Asepsia”

El escenario principal fue Europa y se desarrolló, sobre todo, en las últimas décadas del siglo XIX.

El químico Louis Pasteur (1822-1895) descubrió que todo proceso de fermentación y descomposición orgánica se debe a la acción de organismos vivos. Asimismo que preservando del aire las sustancias que se suelen descomponer Pasteur explicó cómo se evitaba la putrefacción.

Los manuales de historia de la medicina se centran sobre todo en la figura del inglés Joseph Lister cuando se refieren a la antisepsia. Las ideas de Pasteur le llevaron a buscar un método para evitar que los gérmenes invadieran las heridas. ¿Cómo hacerlo?

Utilizó el ácido fénico o carbólico, que fue descubierto en 1834 por Friedrich Ferdinand Runge. Se usaba para limpiar y evitar los malos olores de los albayaldes (se parecía mucho al olor que se percibía en las salas quirúrgicas) y contra los parásitos de los animales que atacaban al ganado en zonas rurales.

Sin embargo, habría que revisar más a fondo los acontecimientos, lo que no es fácil. Sabemos que algunos cirujanos utilizaron otras sustancias buscando lo mismo. Tenemos noticia de que en 1863 en la Charité de Novara (Italia) Enrico Bottini lo utilizó en seiscientos enfermos. Ese mismo año el médico y farmacéutico Lemaire publicó un libro de más de cuatrocientas páginas sobre el ácido fénico y su acción sobre los vegetales, animales, fermentos, venenos, virus y miasmas… En 1865 publicó la segunda edición ampliada.

En un texto de la época se lee:

“Esta es la teoría de los gérmenes. Hay gérmenes dañinos en el aire y donde sea que el aire pueda depositarlos, instrumentos, manos, vendajes, heridas quirúrgicas: “el cirujano debe ver los gérmenes en la atmósfera como ve a las aves en el cielo”.

Pero volvamos a Lister. La publicación de “On the antiseptic principle in the practice of surgery” de 1867, demuestra los buenos resultados de su método. Escogió las heridas abiertas de las extremidades inferiores que habitualmente acababan en amputación. Con este procedimiento esta acción quirúrgica pasó a ser rara.

A lo largo de su vida Lister continuó mejorando su técnica y utilizándola en otro tipo de intervenciones. Aparte de compresas impregnadas con pomadas fenicadas utilizó un pulverizador cuyo uso se popularizó rápidamente por Europa. En Francia, por ejemplo, fue adoptado por Lucas Championnière quien diseñó, a su vez, un pulverizador semejante al de Lister.

Aquí tenemos uno que adquirimos en Francia. En España se utilizó este modelo. Por ejemplo, Salvador Cardenal, lo usó en su clínica privada y en su servicio del Hospital de Nuestra Señora del Sagrado Corazón de Jesús, de Barcelona. Consta de una caldera esférica que es calentada por la llama de un mechero de alcohol. Posee una válvula de seguridad. En uno de los costados hay una especie de embudito del mismo metal y que se cierra a rosca por el que se introduce el agua. Está colocada a tal altura que indica cuándo se sobrepasa la medida.

De la parte alta de la caldera salen dos tubos por los que sale el chorro de vapor. Son orientables. No tienen espita ya que se cierran cuando están en posición vertical.

Estos dos tubos se dirigen en ángulo agudo contra el extremo de otros dos tubos por los que tiene lugar la aspiración del líquido fenicado que, previamente se ha colocado en este recipiente sujeto por la parte inferior al aparato.

No era necesario usar los dos tubos a la vez. Uno servía de reserva por si se producían obturaciones. Podía funcionar durante dos horas con una sola carga de agua y emitía un chorro fino a bastante distancia.

Aparte de esto algunos cirujanos comenzaron a utilizar una disolución de ácido fénico al 5% para lavarse las manos, para sumergir el instrumental. Para el pulverizador también se usaba esta dilución que luego se debilitaba al mezclarse con el vapor de agua. También se usaba mucho el “agua fenicada” que era una disolución al 2 o 2,5 %. Era la más usada para el que entonces llamaban “listerismo”: lavado de la herida, de esponjas, de apósitos, para inyectar en cavidades, etc.

El ácido fénico presentaba, sin embargo, algunos problemas: alergias, irritación, picazón, etc. Otros cirujanos –como ya hemos dicho– ensayaron otras sustancias con mayor o menor fortuna.

A las ideas de Pasteur se sumaron después las del otro grande la microbiología: las del alemán Robert Koch. En 1887 publicó su Investigaciones sobre la etiología de la infección de heridas. De éstas aisló diferentes gérmenes que causaban en animales de investigación abcesos, necrosis, sepsis, fiebre, etc. Esto llevó a los cirujanos a pensar en evitar la entrada de gérmenes en vez de luchar contra ellos cuando ya estaban presentes en las heridas.

El alemán Ernst von Bergman (1836-1907) vio que en tiempos de guerra el tratamiento de las heridas de los soldados heridos por arma de fuego con un largo y tedioso traslado a los centros de cura era perjudicial. Se limitó a una limpieza superficial suave de las mismas y a aislarlas con un vendaje enyesado.

En principio esto funcionó mejor que la antisepsia. Aunque criticado en ocasiones, fue puliendo su técnica hasta llegar a la esterilización de todo (instrumentos, apósitos, vendas, batas, etc.) mediante vapor de agua. Publicó los resultados en 1891. Otros cirujanos adoptaron el método aséptico y los quirófanos cambiaron totalmente de aspecto.

Antes hemos mencionado a Salvador Cardenal. Este médico valenciano, por cierto, aunque desarrolló su carrera profesional en Barcelona, publicó en 1880 la Guía práctica para la cura de heridas y aplicaciones del método antiséptico. Hubo tres ediciones de este libro hasta 1894-95. A través de ellas es posible observar cómo se pasa de la antisepsia a la asepsia.

Bibliografía

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Cardenal Fernández, S. (1895). Manual práctico de Cirugia antiséptica, 3ª ed. rev. y considerablemente aum.. Ilustrada con grabados intercalados y [9] láminas, aparte en fototipia y cromolitografia. Barcelona, Biblioteca ilustrada de Espasa y Cª, Editores.

Championnière, L. (1899). Le passé et le présent de la Méthode antiseptique. Paris, Leçon d’Overture d’un Cours de Clinbique Chirurgicale.

Championnière, L. (1909). Pratique de la Chirurgie antiseptique. Leçons professées a l’Hotel-Dieu. Paris, G. Steinheil ed.

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Fresquet Febrer, J.L. (2008). Salvador Cardenal Fernández (1852-1927). En: Biografías y epónimos médicos, historiadelamedicina.org. Disponible en: https://www.historiadelamedicina.org/cardenal.html. Consultado el 12 de noviembre de 2019.

Fresquet Febrer, J.L. (2011). Just Lucas-Championnière (1843-1913). En: Biografías y epónimos médicos, historiadelamedicina.org. Disponible en: https://www.historiadelamedicina.org/championniere.html .Consultado el 12 de noviembre de 2019.

Koch, R. (1878). Untersuchungen über due Aetiologie der Wundinfectionskrakheiten. Leipzig, Verlag von F.C.W. Vogel.

Lemaire, J. (1863). De l’Acide phénique, de son action sur les végétaux, les animaux, les ferments, les venins, les virus, les miasmes, et de ses applications à l’industrie, à l’hygiène, aux sciences anatomiques et à la thérapeutique, par… Paris, Germer Baillière

Lister, J. (1867). On the antiseptic principle in the practice of surgery. British Medicsal Journal, vol. 2, nº 351, pp. 246-248.

Peset, J.L. Cirugía general. En: Pedro Laín (dir.). Historia Universal de la Medicina. Barcelona, Salvat, vol. 6, pp. 298-305.

Fuentes iconográficas y materiales de historia de la medicina. Nuevas incorporaciones (noviembre, 2019)

Hemos enriquecido nuestra colección de fuentes iconográficas y materiales de historia de la medicina con nuevos elementos. Puede visitarse dentro del sitio web historiadelamedicina.org.

En cuanto a fotografías, la de la Orla de la Facultad de Medicina de Valencia, curso 1933-34 y la de la Orla de la Facultad de Medicina de Valencia, curso 1946-47.

Foto_orla_1933_34

De medicamentos en esta ocasión sólo hemos incluido una lata de Roter, tabletas para la úlcera de estómago, los Laboratorios Pharmaceutische Fabriek, Roter Hilversum, Holanda, y distribuido en España por Laboratorios Ausonia SA de Sarriá, Barcelona.

En cuanto a instrumentos hemos adquirido varios. En primer lugar el Hemocromómetro o hemoglobinómetro modelo Marucelli que se ha conservado en perfectas condiciones y que forma parte de los mejores museos de historia de la medicina. Procede de Italia.

Hemocromometro_3

Por otro lado, un Estuche de instrumentos de cirugía menor. Los más antiguos son de carey que se han mezclado con otros más modernos. Procede de España.

Equipo_cirugia_menor_3

En el conjunto de instrumentos de otología se incorpora una Trompetilla auditiva para sordos desplegable. Este tipo de objetos están muy buscados, especialmente en Gran Bretaña. Éste procede de España.

Trompetilla_sordos_1

También hemos adquirido dos inhaladores del Dr. Nelson (Inhalador Nelson), creados por este señor en 1865 y que todavía siguen vendiéndose. Proceden de Gran Bretaña. Llama la atención que las instrucciones de uso vienen grabadas en la propia botella.

Inhalador_Nelson

Por último, un resucitador que solía tenerse en las fábricas y en las estaciones de bomberos. El Porton Rescue (Resucitador Porton (Porton Rescue) que está en muy buenas condiciones, procede de Gran Bretaña. Para extraerlo se estira el cristal hacia arriba. En los dos laterales de la caja figuran las instrucciones en texto e imágenes.

Porton_3

El pulsoconn del Dr. Macaura

En nuestro canal de Youtube añadimos hace dos semanas un vídeo sobre el Pulsoconn del Dr. Macaura.

El masaje es un remedio terapéutico de tipo físico que viene utilizándose desde la antigüedad clásica hasta hoy. Está descrito en la medicina científica y en otras formas de medicina o sistemas médicos, como las medicinas de los pueblos aborígenes o indígenas, las medicinas arcaicas o, incluso, en las medicinas populares. En éstas se utiliza de forma empírica y a menudo se acompaña de elementos mágico-religiosos. Por si esto fuera poco, en el extenso grupo de medicinas complementarias se encuentran algunas que se basan en la manipulación de los huesos, articulaciones y músculos y utilizan también el masaje. Tanto es así que hoy en día al ciudadano le resulta difícil diferenciar unos masajes de otros y, sobre todo, los que tienen una base científica de los que no.

Durante el siglo XIX y primera parte del XX se produjo en el mundo más desarrollado  abundante literatura sobre el uso de los masajes con fines terapéuticos. También se inventaron aparatos singulares para aplicarlos. Sus creadores prometían curar todo tipo de enfermedades, pero detrás se escondían suculentos negocios. Hoy comentaremos la historia del que se llamó Pulsocón del Dr. Macaura.

El Pulsocón del Dr. Macaura fue creado, como su nombre indica, por Gerald Joseph Macaura. ¿Quién era este señor? Su biografía está plagada de zonas oscuras. Parece que nació en Skibbereen, condado de Cork, Irlanda. (No se conoce la fecha exacta). Como muchos compatriotas en aquella época, emigró a los Estados Unidos donde se unió a la comunidad de trabajadores irlandeses de Nueva Jersey.

Él decía que había estudiado medicina en Chicago. Sin embargo, algún artículo señala que estudió en el Sheerin Psychological College (Columbia), pero no medicina.

Si consultamos la base de datos internacional de patentes, observamos que en 1901 solicitó la de su Movement-Cure Apparatus (US716448 (A)) y en los años siguientes lo hizo también en el Reino Unido y Francia. Después continuó patentando cambios en su artefacto como se aprecia en la lista de la base de datos SPACENET.

Tenemos noticias de que en 1904 vivía en la zona donde nació y que colaboró en la instalación de la estación telegráfica en Brown Head. Adquirió una mansión en las afueras de Skibbereen. Para dar a conocer su aparato comenzó a viajar por diversas ciudades donde lo presentaba públicamente. Su técnica, la de un showman, consistía en alquilar grandes salones, reunir a mucha gente y hacer demostraciones de su invento. Ganó mucho dinero. Su ciudad se benefició de sus ganancias: Contribuyó a la Fundación de los Voluntarios de Skibbereen en 1914, pagó los instrumentos para crear una banda de música (todavía sigue hoy en día) e incluso llegó a construir un cine que fracasó porque no se pudo mantener debido a los pocos habitantes que tenía el pueblo.

Macaura quiso expandirse por otros países del continente. Abrió lo que se llamaron Institutos Macaura en diferentes ciudades europeas en donde se atendía a enfermos.

En circos, casinos, salones, teatros…, como hemos dicho, presentaba este aparato y otro también ideado por él que utilizaba la corriente galvánica.  Llegó a galvanizar a 20.000 personas en el Royal Albert Hall de Londres en 1911. En 1912 había Institutos Macaura en Bélgica, Holanda, Alemania, Suiza, etc.

En Francia, sin embargo, llegó a tener problemas. Tuvo centros en Bordeaux, Tolouse y en el conocido boulevard Haussmann de París. Fue denunciado por intrusismo.

Se le acusó de vender el aparato como una panacea útil contra gran número de enfermedades, porque sus argumentos basados en la fisiología eran falsos, y porque su supuesto diploma en medicina, que no pudo mostrar jamás, no le servía para ejercer en Francia.

Fue arrestado en 1912 pero salió libre el mismo día con una fianza de 50.000 francos. Según expertos una cantidad altísima para su época. La investigación y el juicio se prolongó mucho tiempo y en 1914 fue condenado por fraude a tres años de cárcel y 3.000 euros de multa junto a otros colaboradores que fueron condenados como cómplices a penas menores. No obstante, durante el proceso, los expertos no pudieron demostrar que las vibraciones no tuvieran eficacia contra la excitabilidad nerviosa, el tono muscular, etc. sobre todo porque había otros muchos aparatos que hacían lo mismo y habían sido inventados incluso por médicos de gran prestigio.

En 1923 adquirió la nacionalidad británica y pasó a residir en Londres. Mientras tanto seguía patentando modificaciones de su aparato en varios países como hemos dicho. Su aparato seguía fabricándose y vendiéndose por millares. Llegó a tener diferentes nombres: el Pulsocon, que ya conocemos, El de vibrador de mano Pulsocon de Macaura, y también el Circulador de sangre del Dr. Macaura.

Macaura_3

Se vendía dentro de una caja que se acompañaba de un folleto titulado “El libro de la salud” y de unas hojas en las que trataba de contestar las preguntas más frecuentes de los usuarios.

Macaura murió en 1941 y fue enterrado en el cementerio de Belfast.

De todos las variantes del pulsoconn, la más popular fue la patentada con el número 13.932. Está compuesta por un mango de madera, dos carcasas situadas dentro de otra, que es la que se observa exteriormente, una plataforma en forma de corona que podía estar hecha de vulcanita, y por último, el lugar donde se aloja el cabezal de caucho. Se suministraba con tres: uno en forma de pera, otro en forma de tronco de cono vacío y otro que es un círculo del que sobresalen unas púas.

El mecanismo es sencillo: un movimiento circular que se convierte en otro rectilíneo de vaivén. La velocidad que puede alcanzar depende de la que se imprima a la manivela. No sólo se recomendó para dar masajes sino que acabó como panacea para curar gran cantidad de trastornos: Cura completa de desórdenes nerviosos (neuralgia, neurastenia, debilidad nerviosa, insomnio, asma, corea… etc.); problemas de estómago (dispepsia, indigestión, “catarro gástrico”, úlceras de estómago… etc; problemas de hígado; tratamiento de las enfermedades de la mujer; tratamiento de las enfermedades del hombre (impotencia, alteraciones de la próstata, falta de vigor); para la reactivación de la función muscular; en la ataxia locomotora; para el reumatismo (gota, inflamación, tumores, etc.); para la ciática; para enfermedades de la sangre (anemia); entre otras.

Biblografía

–Goldstone, L.A. (2000). Massage as an orthodox medical treatment past and future. Complementary therapies in nursing and midwifery, vol. 6, nº 4, pp. 169-175.
–Martin, J.-P. (2013). Le Pulsoconn du Dr. Maura. Clystere, nº 19, pp. 14-18.
–Thoinot, L. (1915). L’affaire Macaura, exercise illegal de la médecine et escroquerie. Annales d’hygiène publique et de médecine légale, ser. 4, nº 24, pp. 97-109; 208-222.
–Le docteur Macaura en correctionnelle (1913). Paris Médical, la semaine du clinicien, nº 12, p. 696.
–Petitdant, B. (2018). Le Docteur Macaura et son Pulsoconn, appareil de massage vibratoire. Kinesither Rev, vol. 18, nº 199, pp. 36-42.