Debate sobre moda e Higiene en 1928

Uno de los debates que hubo en la Sociedad Española de Higiene, en concreto el 6 de marzo de 1928, fue objeto de atención por parte de la prensa diaria y de numeroso público. No era extraño, ya que la prensa solía proporcionar información de las sesiones de esta Sociedad. Ésta mereció comentario aparte.

El título del artículo era ‘Un debate sobre la moda. Los médicos se preocupan de la falda corta y el pelo a lo Manolo’. El tema que debía abordar el Dr. Lasvennes era ‘La actual indumentaria femenina’ y despertó pronto el interés del público. Cuenta que el Dr. Villarejo expuso que “las modas no suelen estar inspiradas en razones higiénicas, sino estéticas, porque al aumentar la originalidad hacen más ostensible y atractiva la belleza; sin embargo, la de llevar cortado el pelo, favorece la higiene, porque facilita la limpieza y ayuda a la curación de gran número de enfermedades”.

El Dr. García del Real intervino, ayudándose de un proyector, para demostrar con imágenes las molestias y sacrificios de salud a las que se sometió voluntariamente la mujer por agradar. Se detuvo en las incomodidades del miriñaque o crinolina, cuyo uso exigía un aprendizaje; al martirio de los corsés que deformaban las costillas y provocaban ‘sofocos y vahídos que las pobres mártires llamaban vapores”.  Relacionó la actual moda con las profesiones que empezaban a desempeñar: “… vestidos, sencillos, adaptables a todo movimiento, se contornan mejor al trabajo y a la actividad que aquellos otros llenos de faravales y estorbos. Esta moda es sana y limpia y bella; la moral no se deja influir por el vestido corto: la moral la lleva cada una en sí misma; no en la falda que se pone”.

Sin embargo, parece que el Dr. Lasvennes se encargó de buscar inconvenientes al nuevo estilo. Dijo que el actual vestido predisponía a enfriamientos y bronconeumonías; que el pelo corto hacía perder encantos, y hasta debía modificarse el nombre con el que se conocía.

Debió ser una sesión un tanto ‘frívola’ en comparación con otras en las que se abordaban temas más graves. Quizás influyeron los grandes cambios que estaban teniendo lugar en la década de los veinte en todos los aspectos.

El tema continuó en otra sesión en la que el Dr. Ferrán Pérez señaló que “los vestidos actuales y el pelo corto le parecen más higiénicos, aunque es conveniente advertir que las mujeres cambiarán cuando la moda disponga”. Ese mismo día, el conocido Dr. Decref insistió en cosas que ya había señalado, como ser enemigo del tacón y amigo de las medias de lana por ser las más higiénicas, y también del pelo corto, por ser también más higiénico. Además se refirió a la educación física, de la que dijo que no era adecuado que los varones y las muejeres practicaran la misma como parece que se hacía. Según él, cada sexo requería una educación física peculiar.

También intervino el Dr. Espina, quien reconoció los inconvenientes que tenían las modas pasadas, especialmente el corsé, pero que en la actualidad se había llegado a la exageración al suprimir demasiada ropa interior y exterior.

El tema se prolongó hasta mediados de abril, cuando Lasvennes presentó un resumen de las intervenciones que se habían producido en las diferentes sesiones.

[El Imparcial, 10 de marzo de 1928, p. 3 y 22 de marzo de 1918, p. 2]

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Lo que leía la generalidad en 1899

Me he encontrado con este gráfico informativo que se publicó en El Imparcial en 1899. Su títulko: Lo que lee la generalidad. Para muchos hoy sería una ‘infografía’. Hace referencia al género de libros que se leían en esa época. Me da la sensación de que apenas ha variado. Quizás deberíamos sustituir ‘novelas de folletín’ por bestsellers y libros de autoayuda.

Los estudiantes contra Simarro (1851-1921)

A lo largo de la revisión de la prensa diaria que estamos realizado entre los años 1898 y 1930, hemos podido comprobar que los estudiantes universitarios protestaron, igual que sucede en la actualidad. Aunque este asunto no ha sido objeto directo de nuestro estudio, sí nos hemos detenido en los casos relativos a los estudiantes de Medicina en asuntos de la enseñanza. Unas veces se trata de protestas por reivindicaciones más que justificadas; otras, por cuestiones mucho menos importantes, como alargar los periodos de vacaciones.

En esta ocasión quiero traer un ejemplo muy llamativo. Se trata de las protestas de los estudiantes de doctorado de Medicina por la asignatura del doctor Simarro, ‘Psicología experimental’. Llegaron a ser tan intensas que trascendió a la prensa. Veamos cómo otro médico que más tarde adquirió gran relieve, José Verdés Montenegro, colaborador asíduo de El Imparcial, opinaba sobre el tema en portada en junio de 1907.

Simarro
Todos los años, llegada la época de los exámenes, un cierto número de alumnos de doctorado de Medicina reniega de Simarro, y pide la supresión de la asignatura que, para honor de la cultura española, explica el eminente profesor. Si pudiesen darse cuenta los que proceden de esa suerte de la aflicción que en la conciencia nacional produce la protesta, seguidamente se arrepentirían de formularla. Hay que advertírselo, por lo mismo, sin acritud, sin aspereza, como paternal amonestación, si se quiere; pero es preciso hacerles saber que para la intelectualidad española será siempre un motivo de tristeza el que la juventud se aparte de Simarro, que por su inteligencia, por su cultura, por sus maravillosas facultades docentes, es una gloria del profesorado del país.

Como en otras muchas cosas sucede, cuando ya no podemos soportar más tiempo la vergüenza de que no hubiese en España cátedra alguna de Psicología fisiológica, habiéndolas en el extranjero a centenares, se creó la enseñanza oficial de esa asignatura en nuestra patria. Los que piden su supresión ignoran indudablemente esta historia, y no han pensado en lo que nos afrentaría en la opinión mundial el que se accediese a lo que solicitan.

No he de ocuparme en rebatir la pueril suposición de que la Psicología fisiológica carece de vínculos que la unan con los demás estudios médicos. Voy más allá: cualquiera que fuese la asignatura, a condición de que la explicase Simarro, merecería que los alumnos se dedicasen a ella con fervor. El contacto con los espíritus superiores eleva las almas, abriéndolas horizontes inesperados, despierta emulaciones, tonifica y ennoblece; y sólamente con haber puesto a la juventud en comunicación con Simarro, ha hecho el Estado una obra de cultura. Más quizás que su ciencia, ha querido el Estado que la juventud se asimile al espíritu del maestro, de una serenidad y de una flexibilidad portentosas, que revelan su aristocratismo intelectual, y que se contagien de su amor al estudio y de su fe en el trabajo, para ser orgullo de su país.

No es posible que la juventud reniegue de Simarro sabiendo quién es; seguramente los que tal hacen desconocen su figura, ignoran la alta representación que tiene en el mundo intelectual. Díganles quién es Simarro sus hermanos en vigor espiritual, sus compañeros en la lucha por la cultura. Giner, Azcárate, Cajal, Echegaray, Galdós, todos aquellos por quienes el nombre de España es pronunciado en el mundo científico, eviten con su autoridad que se repita ese periódico espectáculo de la protesta contra Simarro, que apena profundamente a cuantos se interesan por el progreso de su país.

El Sr. Martínez Sierra, pidiendo que se haga algo en honor de Simarro, ha tenido una iniciativa laudable. Nada mejor que hacer sentir a esos jóvenes mal inspirados la «presión social» que cohibe toda clase de manifestaciones infundadas, corrige errores y vuelve a su cauce los ríos desbordados.

Yo me hubiera dirigido exclusivamente a los médicos; pero Simarro es una gloria de la cultura general española, no de la clase médica en particular. A nosotros nos apena doblemente el hecho lamentable, no porque sea médico Simarro, sino porque son alumnos de Medicina los que piden que les crucifiquen a Jesús… y les suelten a Barrabás.

José Verdés Montenegro

Hoy la tecnología permite conocer opiniones sinceras de los estudiantes de Medicina en las redes sociales, sobre todo en épocas de exámenes. No es que sean las disciplinas más cercanas a las ciencias sociales o humanas el objetivo de su desagrado, la fisiología del aparato renal o del corazón, el parto o temas de salud pública les resultan ‘insoportables’ y ‘muy aburridos’. Independientemente de cómo se haya explicado la materia o del planteamiento de una disciplina concreta, resulta curioso este tipo de opiniones. Se puede pensar que esto se relaciona con las formas tradicionales de evaluación; es verdad, pero no siempre.

Simarro al microscopio. Óleo de Joaquín Sorolla. Legado Simarro. Fundación General. Universidad Complutense.

La ciudad futura según Edison

Me ha llamado la atención el extracto de la entrevista que un periódico de Nueva York hizo a Edison sobre el futuro, que insertó el diario El Imparcial en diciembre de 1926 en primera página. Como suele ocurrir en este tipo de predicciones, no acierta casi nada, especialmente lo que se refiere a los impuestos.

Reproduzco el mencionado extracto:

La ciudad futura según Edison

Nueva York 30.

El célebre Edison, de cuya ciencia urbanística no habrá habido noticias hasta ahora, pero cuyo espíritu preclaro puede permitirse toda clase de incursiones y profecías, ha sido interrogado por un redactor del ‘Forum Magazine’ acerca de lo que a su juicio ha de ser la ciudad futura.
El gran inventor ha dicho en sustancia:
“Creo que la ciudad futura tendrá dos clases de calles: unas para la circulación especial y otras para la circulación ordinaria. El agente urbano, que hoy regula el tráfico, será sustituido por una máquina que dirigirá un ingeniero.
Los tejados de los rascacielos, que actualmente no sirven para nada, serán convertidos en estaciones para helicópteros, los aviones del porvenir.
Otro augurio de Edison más interesante, más placentero, aunque tal vez menos verosímil, es el que se refiere a los contribuyentes del futuro. Estos, dentro de un siglo, podrán creerse en un edén. Los impuestos, gracias al empleo de las máquinas, serán tan exiguos que no valdrá siquiera la pena hablar de ellos. El bienestar general saneará las costumbres y apenas habrá crímenes.
La gran cuestión del porvenir será la de ahorrar tiempo y en esto estribarán las luchas políticas: pero la ciencia suplantará a los oradores parlamentarios, cuyos discursos no suelen ofrecer más que un interés académico.
Edison anuncia también que la ciudad futura será todavía más ruidosa que la ciudad actual.
“Pero -dice- la Naturaleza ensordecerá a los hombres hasta el punto de que no oirán ese ruido o que cuando menos no les moleste”.
El periodista hace observar como único comentario que Edison está más sordo que una tapia.

La noticia del fallecimiento de Simarro en 1921

Reproduzco, a continuación, la noticia del fallecimiento de Luis Simarro Lacabra (1851-1921) que se publicó en El Imparcial, en 1921.

«Una gran pérdida para la Ciencia
Muerte del doctor Simarro

En la madrugada del sábado falleció en Madrid el sabio catedrático de la Facultad de Medicina D. Luis Simarro, figura relevante de la ciencia española contemporánea; curioso investigador, cuya obra con ser varia y estimable, no fue nunca condensada en tratados por su autor.

Como político militó primero en el partido centralista, bajo la jefatura de Salmerón, y últimamente en el reformismo, aunque su espíritu, nada propicio a sujetarse a disciplina ni programas, estuvo siempre en los puestos avanzados y defendió las más radicales ideas, conducta que suscitó contra él apasionadas censuras por parte de los elementos de las derechas y le valió también devotos admiradores entre los hombres más significados de los partidos de la izquierda.

Su labor docente en la cátedra de Psicología experimental ha sido digna de encomio, y no menos meritoria fue su labor profesional como médico dedicado a la especialidad de las enfermedades mentales.

El doctor Simarro ha muerto asistido en sus últimos momentos por los doctores Madinaveitia y Lavín y el Sr. Barnés, amigos y admiradores del sabio profesor.

En cumplimiento de la voluntad expresa del finado, el entierro, que se verificó el domingo por la tarde, fue modestísimo.

Los indicados señores albaceas testamentarios del doctor Simarro, siguiendo las recomendaciones de éste, trataron de evitar que la noticia de su muerte se propagara, por lo que al acto de la conducción del cadáver, que recibió sepultura en el cementerio civil, asistieron escasas personalidades y público no muy numeroso.

Presidieron el duelo el rector de la Universidad, doctor Rodríguez Carracido, el decano de la Facultad de Filosofía y Letras, doctor Tormo; los hermanos políticos del finado, y los albaceas testamentarios.

El doctor Simarro iba a cumplir setenta años. Descanse en paz».

El Imparcial, 21 de junio de 1921

Viñetas humorísticas, 1920

EL MÉDICO.— ¡Esta niña lo que necesita es cola, mucha cola!
LA MADRE.— ¡¡Pero, señor, si se pasa todos los días tres horas en la del aceite!!

[Tiempos de carestía, por una parte, y la moda de dar a los niños cola, como la Kola Astier]

EL MÉDICO.— Le encuentro a usted el estómago más límpio
EL CLIENTE.— ¡Como que hace días que el cocinero se ha declarado en huelga!

[Año 1919 y 1920, años de muchos conflictos sociales, huelgas, y numerosos cambios de gobierno]

Viñetas sobre el suero antidiftérico y la gripe (1918)

Las viñetas que traigo se publicaron en El Imparcial durante los peores momentos de la epidemia de gripe de 1918. El diario dio cumplida información sobre la misma que compitió con el posible final de la primera guerra mundial, las crisis de gobierno y los problemas de la carestía de la vida.

El especialista.— Si, compañero; esto bien puede ser la gran panacea o la carabina de Ambrosio.
El Caballo.— ¡Pues también es gana de fastidiarle a uno!…

—¡Si, señor; aquí ya apenas si hay gripe!
—¿…?
—¡Porque se han muerto casi todos los vecinos!