Claude-Adolphe Nativelle (1812-1889)

Hemos incluido en la sección de epónimos y biografías médicas de historiadelamedicina.org la del farmacéutico Claude-Adolphe Nativelle.

Claude-Adolphe Nativelle (1812-1889)

Su padre era carnicero y su madre vendía flores, plantas y hierbas. Claude nació el 25 de junio de 1812. Tuvieron otros tres hijos de los que solo sobrevivió el más pequeño, Pierre-Hypolite. Jean, el padre, falleció en 1820 y su viuda lo hizo en 1825. Los dos hermanos ingresaron en un horfanato. El hermano pequeño aprendió el oficio de relojero. Él probó a hacer pinceles y sombreros; su padrino quería que continuara la tradición de su familia de hacer y vender sombreros, pero Claude-Auguste quiso seguir los pasos de su madre con quien aprendió mucho sobre la recolección de plantas y de sus propiedades. Había cursado estudios elementales y su padrino lo metió de aprendiz en una farmacia. Por entonces, realizando ocho años de prácticas en farmacias y aprobando el examen final, tenía derecho al grado de farmacéutico.

Pasó por varias farmacias de París. Con los años quiso investigar los principios activos de las plantas. Este tipo de estudios estaba en pleno desarrollo y había aportado grandes sustancias a la farmacología y a la terapéutica médica. Obtuvo el diploma con un trabajo sobre la jalapa en 1841. Investigó otras plantas como la quina. Realizó una expedición a Colombia para estudiar estos árboles, aunque regresó antes de que aquella finalizara.

A su regreso perdió el interés en analizar las clases de quina y se dedicó a estudiar la digital. La Sociedad de Farmacia y la Academia de Medicina ofrecían premios para los que presentaran memorias sobre los principios activos de esta planta. Tras múltiples intentos y de enfrentarse con otros investigadores, finalmente ganó el premio Orfila de la Academia de Medicina, que era la tercera vez que se convocaba (antes lo hizo en 1864 y 1866). En 1871, pues, Nativelle obtuvo el principio activo de la digital en estado puro y con una actividad intensa. En esta ocasión no era un alcaloide, sino un glucósido.

Su precaria salud hizo que se retirara a un pueblo de la periferia de Paris, Bourg-le-Reine. Allí se caso con una maestra a los 63 años, que murió en 1885. Fue aquí donde empezó a comercializarse la digitalina Nativelle. En 1888 hizo testamento y donó diez mil francos a la Academia de Medicina para la mejor memoria sobre la extracción de un principio activo, definido, cristalizado, todavía no aislado, de una sustancia medicamentosa.

Murió el 25 de marzo de 1889 durante una epidemia de gripe.

Portada de la memoria que le supuso a Nativelle el Premio Orfila de la Academia de Medicina de París

Opoterapia II

Insertamos el guión del vídeo “Opoterapia II” con su correspondiente bibliografía, al haber subido un nuevo vídeo al Canal Medicina, historia y sociedad.

“La farmacología y la terapéutica del siglo XIX sufrireron grandes cambios después de los descubrimientos de la química y de la fisiología. Se aislaron los principios activos de los productos naturales y se comprendió mejor su acción y efectos sobre el organismo. Esto hizo posible también la aparición de nuevos medicamentos mediante síntesis, lo que Paul Ehrlich denominó quimioterapia.

Pero nosotros vamos a centrarnos en este segundo vídeo en la opoterapia, con el que cerraremos la también segunda temporada del canal “Medicina, historia y sociedad”.

[INTRO]

En la historia de la opoterapia hay un nombre importante: Charles Brown-Sequard (1817-1894), discípulo de Claude Bernard que le sucedió en el College de France. Se formó en París donde fue profesor de fisiología. Marchó después a los Estados Unidos donde también fue profesor de fisiología en la Universidad de Richmond desde 1854. Mas tarde, desde 1864 fue profesor en Harvard y en 1869 fue encargado del curso de patología experimental y comparada de la Universidad de París. En 1872 regresó a los Estados Unidos. Cuando murió Claude Bernard le sucedió en el Collège de France.

Glándula suprarrenales

Brown-Sequard demostró la acción a distancia de los productos segregados por las glándulas suprarrenales. El llamado síndrome de Addison (hipotensión, astenia, anorexia, pigmentación cutánea) se presentaba también en perros, conejos y gatos.

John J. Abel y Albert C. Crawford, igual que hicieron los alemanes S. Fränkel y Otto von Fürtth (de forma separada) aislaron productos cuyos efectos eran parecidos. En 1900 el químico japonés Jokichi Takamine consiguió purificar más el extracto y que llamó “adrenalina” a la sustancia cristalina. Sin embargo, ésta no era suficiente para curar el Addison.

La investigación demostró la secreción de otra hormona por la corteza suprarrenal. Cuando se administraban extractos de ésta mejoraba la enfermedad. Poco a poco fueron descubriéndose 26 esteroides. Edward Calvin Kendall (1886-1972) y su equipo de la Clínica Mayo aislaron varios compuestos. Finalmente halló uno que aliviaba la artritis reumatoide al que llamó cortisona. De Parke Davis recibió extractos de suprarrenal de buey de los que entre 1933 y 1936 logró aislar 30 compuestos de los que logró purificar 5. En 1936 Seyle relacionó estas sustancias con el concepto de “reacción de alarma” o adaptación del organismo al estrés.

Durante la Segunda guerra mundial se trabajó de forma intensiva en lograr la síntesis de estas sustancias. El profesor F.C Kuch de la Universidad de Chicago, logró con Kendall mostrar que se trataba de un esteroide. Con la ayuda de las compañías Merck, Armoury y el laboratorio Upjohn, se comenzó la producción de la cortisona por vía parenteral. En mayo de 1949 Upjohn pudo lograr la presentación oral. Tadeus Reichstein, Edward Kendall y el médico Phillip Hench recibieron el Premio Nobel de Medicina en 1950.

A partir de ahí se abrieron nuevos horizontes terapéuticos para varias enfermedades.

La testosterona

Brown-Sequard también fue conocido por haber utilizado extractos de órganos como el del testículo. Utilizó este último en personas que habían perdido la vitalidad o en personas mayores. Llegó a inyectarse por vía subcutánea una mezcla acuosa de jugo de testículo con sangre de los vasos espermáticos con el fin de “Mantener una juventud eterna”, una quimera como pronto se dieron cuenta.

Las sustancias que el testículo vertía a la sangre controlaban la aparición de los caracteres sexuales secundarios. En 1902 Bayliss y Starling pusieron el nombre de hormona a estas sustancias. También vieron, entre otras cosas que, mezclando alimentos parcialmente digeridos con ácido clorhídrico, activaba una sustancia química en el duodeno que llamaron secretina debido a la secreción del jugo pancreático.

Más tarde en 1935, Ernst Laqueur (Ámsterdam) aisló la testosterona y Adolf Butenandt (Gdansk) y Leopold Ruzicka (Zürich) la sintetizaron luego. Esto se logró en los albores de la Segunda Guerra Mundial, gracias al apoyo de las farmacéuticas. En este trabajo participaron científicos nazis que posteriormente pudieron seguir trabajando en sus laboratorios.

Podríamos hablar de los usos y abusos de las hormonas androgénicas, pero no lo haremos porque es un tema conocido y no disponemos de tiempo para hacerlo.

La secreción excesiva de la tiroides se propuso también como enfermedad: el bocio o bocio exoftálmico (hipertrofia tiroidea acompañada de exoftalmia, anemia e hiperfuncionalismo.

La glándula tiroides

En el año 1656 Thomas Wharton, un anatomista inglés, describió la tiroides a la que se atribuían diversas secreciones y funciones. Tanto el bocio (hipertrofia de la glándula) como el cretinismo (atrofia, ausencia de la glándula) se trataron con sales marinas. William Gull fue quizás de los primeros en describir el mixedema con el nombre de “condición cretinoide en el adulto” (1873) relacionando la enfermedad con el tiroides. No fue la primera, pero sí fue la pionera en atribuir las causas clínicas al tiroides.

Cirujanos como Theodor Kocher que extirpaban el tiroides vieron que algunos pacientes desarrollaban cretinismo (niños) o mixedema (adultos). William Miller Ord (1834-1902) dirigió un comité que revisó numerosas historias clínicas y las consecuencias de tiroidectomías en animales. Después Moritz Schiff (1823-1896) describió la tetania en perros cuando se les extirpaba la glándula tiroides experimentalmente; en 1884 descubrió que podía prevenirse si se injertaba tejido tiroideo en el abdomen.  Utilizó con éxito extracto de tiroides para tratar a los humanos.

Victor Horsley (1857-1916), que trabajó con monos, se mostró partidario del injerto tiroideo como tratamiento de la hipofunción tiroidea, específicamente de tiroides de oveja para tratar el mixedema y el cretinismo. Antonio Maria Bettencourt Rorigues (1854-1933) y José Antonio Serrano (1851-1904) de Lisboa, hicieron el experimento, insertando la mitad de la tiroides de una oveja por vía subcutánea en la región inframamaria a cada lado de uno de sus pacientes. Descubrieron que el injerto funcionó de inmediato, antes de que pudiera haberse vascularizado, y concluyeron que su efecto probablemente se debió a la simple absorción de jugo de la glándula injertada, una conclusión de extraordinaria importancia. Después utilizaron inyecciones hipodérmicas de extracto de tiroides. 

Sus hallazgos fueron eclipsados ​​por el artículo posterior de George R. Murray (1865-1939) publicado en el más conocido British Medical Journal. También utilizó inyecciones de extracto de tiroides de oveja. Más tarde se pasó a la vía oral. 

Los efectos producidos en casos de mixedema por una cantidad relativamente minúscula de extracto de tiroides, la rapidez con la que desaparecen todos los síntomas característicos y la extraordinaria mejoría, tanto en la condición física como mental, de los cretinos esporádicos, son muy importantes.

La tiroxina fue aislada en 1915 por Edward Calvin Kendall (1886-1972) (en realidad, el día de Navidad de 1914). Su estructura química fue determinada en 1926 por Charles Harington, y fue sintetizada por Harington y George Barger en 1927. Sin embargo, pasó mucho tiempo antes de que fuera sintetizado sobre una base comercial. Al principio, se necesitaban 3 toneladas de tiroides de cerdo para aislar solo 33 gramos de tiroxina pura. Incluso cuando la tiroxina estuvo disponible comercialmente en Glaxo en 1949, las tabletas de extracto de tiroides desecado siguieron siendo la principal fuente de tratamiento durante muchos años.

La triyodotironina (T3) fue identificada, aislada y sintetizada en 1952/53 por Jack Gross, de Canadá, y Rosalind Pitt-Rivers, de Londres) pero, hasta hace relativamente poco tiempo, se utilizaba sólo en el tratamiento del coma mixoedematoso. 

La secreción excesiva de la tiroides se propuso también como enfermedad: el bocio o bocio exoftálmico (hipertrofia tiroidea acompañada de exoftalmia, anemia e hiperfuncionalismo cardíaco, caracterizada por temblor, irritabilidad mental, debilidad muscular y otros transtornos generales orgánicos). Descrito por Robert Graves y Carl von Basedow

En España, tal como ha estudiado Carla Aguirre el primer artículo que se publicó sobre el tratamiento del mixedema se debe a Martín Salazar en la Revista de Sanidad Militar en 1893. Más tarde Lobo Regidor publicó otro y Muga Machado lo incluyó como capítulo en su libro Idea general del método de Brown-Sequard.

Un texto clásico que se tradujo al castellano es el de los Medicamentos animales, de Paul Carnot, de la Biblioteca Terapéutica de Gilbert y Carnot.

El texto se refiere a:

A) Productos fisiológicos naturales que se encuentran en animales normales y son fabricados por el organismo en el curso de su funcionamiento normal.

B) Productos de reacción o anormales que proceden de animales preparados especialmente y que se fabrican de forma artificial para luego usarlos terapéuticamente.

Del grupo A):

1.Alimentos, secreciones externas (jugo gástrico, bilis, etc.) y secreciones internas.

–Directamente activas como los extractos de cápsula y de médula suprarrenal, de tiroides, etc.

–Secreciones internas excitantes de las glándulas sinérgicas (hormonas) como la secreción interna del ovario, de la placenta, etc.

2. Complementos que se encargan de activar un producto orgánico por sí mismo inactivo como la enteroquinasa que activa el jugo pancreático.

3.Productos antagónicos como la adrenalina para aumentar la presión arterial.

del grupo B)

1.Anticuerpos para provocar inmunidad pasiva

2.Anacuerpos para reforzar la acción nociva de los microbios y de sus productos tóxicos.

Hoy las cosas habrían cambiado bastante. Se hablaría de “Farmacología endocrinológica” que contendría estos apartados:

  1. Opoterapiao el estudio de las hormonas elaboradas por las glándulas de secreción interna.
  2. Introducción de modificaciones estructurales en la molécula de la hormona natural para facilitar su uso sustitutivo o para conseguir una selectividad de efectos.
  3. Sustancias que modifiquen farmacológicamente el equilibrio hormonal normal o perturbado del organismo.

Ejemplos de medicamentos de opoterapia: Se muestran los siguientes:

Hepatina (extracto de hígado)

Polihormina (Instituto Llorente) (ovario, testículo, hipófisis, tiroides, suprarrenal

Hipofisina (Instituto Llorente): Hipófisis desecada, para el crecimiento, el tono vascular, diuresis, metabolismo de los hidratos de carbono, adiposis, etc.

Tiro-Ovarina: ovario seco y tiroides seco

Orquina (Instituto Llorente): Extracto glicérico del testículo

Bibliografía

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Opoterapia I

Insertamos el guión del vídeo Opoterapia I que se subió al canal Historia, medicina y sociedad, de Youtube, hace unas semanas.

Durante milenios la especie humana ha dispuesto de productos procedentes del reino vegetal, animal y mineral para curarse o protegerse de las enfermedades.

Hoy nos ocuparemos de la opoterapia, es decir, del uso de productos procedentes de los animales. Como el tema es extenso, presentaremos el tema en dos partes.

[INTRO]

En alguna tablilla sumeria del tercer milenio a. C. se habla de una serie de productos para tratar enfermedades. Entre estos se mencionan la leche, la piel de serpiente y la concha de tortuga.
 
Reginal Campbell Thompson, estudioso de la medicina mesopotámica, recogió una receta a base de productos animales: “mezcla de estiércol, de palomo, de cantáridas, harina de trigo y excrementos de gacela en la cerveza kurunnu; “extiende la mezcla sobre un lienzo, líalo sobre su pecho y la base de los pulmones, déjalo colocado durante tres días y curará”. Utilizaban estos productos por su propio valor intrínseco o bien por razones de tipo mágico. Este último tipo de uso perdura en nuestros días.
 
En el Egipto arcaico se utilizaron la bilis, la sangre, el cerebro, los excrementos y la carne de animales de especies indeterminadas y de otras como el asno, el murciélago, el gato, el cocodrilo, el pato, de algunos peces, etcétera.

En el Corpus hipocráticum encontramos también recetas que contienen productos procedentes de los animales; por ejemplo, se administraba como diurético una infusión de vino y miel con cantáridas a las que se quitaban las alas y las patas. La bilis de buey, en suspensión con miel, era un medicamento contra el “engurgitamiento intestinal”. La leche y el suero en los que se diluía cal, eran recomendados contra las diarreas.
 
De la época romana destacaremos, como no, la Materia médica de Dioscórides. En su libro segundo dice: “trataremos acerca de los animales, de la miel, de la leche, de la grasa y de los llamados cereales, también de las hortalizas, añadiendo a estas materias cuantas hierbas se usan de virtud aguda, porque tienen afinidad con ellas, como los ajos, las cebollas y la mostaza, para que no se separen la virtud de las cosas homogéneas”. Sus capítulos se ocupan de cosas tan distintas como el escorpión, los mejillones, la víbora, los chinches, los gusanos y partes de animales como el testículo de castor, el hígado de cabra o de asno, la pezuña de las cabras, el cuerno de ciervo, etc.

De aquí saltamos al Renacimiento, época en la que se revisaron los textos clásicos, como el de Dioscórides, y se añadieron sustancias procedentes de las Indias orientales, especialmente por los portugueses–, y de las occidentales –,especialmente aquellos que les enseñaron o aprendieron de los indígenas y los que los españoles adaptaron a los principios de la medicina de su tiempo, es decir, el galenismo.

La obra de Monardes, Historia medicinal de las cosas que se traen de nuestras indias occidentales, contiene, sobre todo, la descripción de productos vegetales, pero menciona también el armadillo, la piedra que se formaba en el buche de los caimanes y las que se encontraban en la cabeza de los tiburones. Más importancia se les concede a las piedras bezoares, concreciones calculosas que se forman en el aparato digestivo de los rumiantes. Se solían usar como contravenenos. También mencionó las alpacas, ciertos cangrejos, arañas, papagallos y unos gusanos que “sacaban de bajo tierra, los engordaban con hojas de maíz y después los cocían”.  Así elaboraban una especie de pasta que servía para curar el “fuego en el rostro” o “encendimiento de la sangre con picazón”.

Entre los siglos XIX y XX se recomendó en todos los estadíos y formas de tisis pulmonar exceptuando las febriles, en los catarros crónicos; en la escrofulosis, acompañada o no de lesiones diversas; en el raquitismo; hemeralopia epidémica (Disminución de la capacidad de visión durante el día o cuando hay luz muy intensa); clorosis; reumatismo crónico; estados de caquexia; y en convalecencias. Por vía externa en la lepra y diversas dermatosis.
 
Había de diversos colores, desde el casi transparente al marrón oscuro. Hacia mediados del siglo XIX se realizaron análisis químicos de los distintos tipos, determinando que el de color marrón claro era más terapéutico. Dependía de la temperatura y técnica de extracción.

John Hughes Bennett en 1841 publicó un tratado sobre el uso terapéutico del aceite de hígado de bacalao. Se trataba de un anatomopatólogo que describió la leucemia al mismo tiempo que lo hizo Virchow y la relacionó con la sangre y también describió la aspergilosis.
 
Ludovicus J. De Jongh también publicó un texto sobre las características de los distintos aceites. Viajó a Noruega con el fin de poder obtener el aceite más puro posible. De esta forma comenzó a comercializarse en toda Europa y a exportarse a los Estados Unidos el “Dr. Johngh’s light-brown Cod Liver Oil”. The most efficacious remedy for diseases of the chest, throat, debility, gout, rheimatism, rickets…”.

Sin embargo no pudo evitar el sabor y olor nauseabundo del preparado. En 1873 Alfred B. Scott vio la oportunidad de un nuevo negocio con la creciente demanda del aceite. En Nueva York comenzó a buscar con su socio Samuel Bowne una versión que tuviera mejor sabor. Mediante emulsión lograron un nuevo producto que cumplía con estos requisitos y que bautizaron como “Emulsión Scott”. La imagen de la marca era un hombre que llevaba un pez colgando en la parte posterior. En los ochenta ya se distribuía en toda América, Europa y Asia. En los primeros años del siglo XX era habitual que los niños tomaran una cucharada diaria de este aceite para tener un crecimiento saludable.
 
En 1879 la marca Scott y Bowne incluía las inciales PPP: perfecto, permanente y agradable al paladar. Las pequeñas gotas de aceite se cubrían con la glicerina que les confería el sabor dulce de ésta. Se vendía como un producto con el mismo paladar que la leche.

Por estas fechas, en 1890, los franceses Armand Gautier y Louis Mourgues publicaron su trabajo Les alkaloides de l’huile de foie de morue. Lograron aislar la butilamina, amilamina, hexilamina, la dihidrolutidina, asellina y la morrhuina.
 
En 1912 el bioquímico Casimer Funk (1884-19678) acuñó el término vitamina para referirse a algún nutriente que faltaba en ciertas enfermedades como el beriberi, la pelagra, el escorbuto y el raquitismo. Se investigó entre otras sustancias el aceite de hígado de bacalao. Elmer McCollum y Marguerite Davis, en la Universidad de Wisconsin, demostraron la existencia de un nutriente esencial en este aceite: la vitamina liposoluble A. Más tarde la vitamina liposoluble D. El descubrimiento de las vitaminas supuso un nuevo empuje para la venta de este producto. En 1927 Casimir Funk y Harry Dubin cuando trabajaban para los laboratorios HA Metz patentaron un procedimiento de extracción de las vitaminas A y D.
 
La síntesis química de las sustancias puso de nuevo en peligro al aceite de hígado de bacalao. En 1970 el médico danés Jorn Dyerburg estudió las dietas de los Inuit de Groenlandia y observó la baja incidencia en ellos de enfermedades coronarias. Se relacionó con el consumo de pescado. Esto abrió el camino a futuros estudios sobre los beneficios de los ácidos grasos omega 3. Los laboratorios Glaxo-Smith-Kleine, propietarios actuales de la patente de la Emulsión de Scott, volvieron a la ofensiva destacando las bondades de su producto en especial en lo que se refería a los efectos de los ácidos grasos Omega 3.
 
La emulsión Scott, pues, ha sobrevivido a sus creadores Scott y Beane que fallecieron en 1908 y 1910 respectivamente.


Bibliografía

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Historia de la ilustración anatómica II

Como siempre, al subir un nuevo vídeo al canal de Youtube Medicina, historia y sociedad, incluimos en este blog la transcripción del guión del anterior. Éste hace referencia a la segunda parte de la Historia de la ilustración anatómica.

[Intro]

Seguimos en este vídeo la historia de la ilustración anatómica que iniciamos en el inmediato anterior y cuyo enlace pueden encontrar aquí arriba (señalando)

Decíamos que el potencial del color en la metodología de la ilustración no se realizó plenamente hasta el último periodo.

Mostrábamos alguna de las extraordinarias láminas de Paulo Mascagni (1755-1815), prosector de Anatomía en la Universidad de Siena, como la del ‘tórax explotado’. Su Anatomia Universa (1823-1832) fue una obra completa de anatomía con cuarenta y cuatro láminas coloreadas a mano posiblemente por Antonio Serrantoni.

A continuación hablaremos del último periodo, de las reconstrucciones anatómicas por planos, de la divulgación de la anatomía y de los avances proporcionados por las nuevas tecnologías.

[Títulos]

El último periodo fue el que marcó  De basi encephali  de Soemmering  de 1778 hasta mediados del siglo XIX.

Una característica de esta fase es un mayor cambio hacia la anatomía de los órganos internos, a la luz de los nuevos descubrimientos realizados como resultado de un estudio más especializado.

La mecanización de la imprenta en el siglo XIX, junto con la invención y el desarrollo de la litografía, hizo que los textos y las ilustraciones pudieran producirse en masa y distribuirse ampliamente a través de redes de editores y libreros.

Con la introducción de la cromolitografía en la década de 1830, la ilustración anatómica alcanzó quizás su nivel más alto en el atlas de ocho volúmenes de Bourgery. 

Bourgery empezó a trabajar en su magnífico atlas en 1830 en colaboración con el ilustrador Nicolas Henri Jacob (1782-1871), un alumno del pintor francés Jacques Louis David. Los primeros volúmenes se publicaron al año siguiente, pero completar el tratado requirió cerca de dos décadas de esfuerzos; Bourgery consiguió culminar en vida su magna tarea, pero el último de los ocho volúmenes del tratado no se publicó en su totalidad hasta cinco años después de la muerte de su autor.

Los ocho volúmenes del tratado de Bourgery cubren la anatomía descriptiva, anatomía topográfica y técnicas quirúrgicas (con descripciones detalladas de casi todas las principales intervenciones que se realizaban durante la primera mitad del siglo xix), anatomía general, embriología y anatomía microscópica.

Aquí podemos contemplar unas láminas del primer volumen dedicado a la Osteología y Sindesmología (huesos, articulaciones y ligamentos). Aquí otras del segundo volumen sobre Miología, es decir, músculos, tendones y fascias.

Del tercer volumen consagrado a la Neurología (sistema nervioso central, periférico y vegetativo, así como los órganos de los sentidos) podemos observar estas láminas.

La Angiología (corazón, arterias, venas y sistema linfático) constituye el cuarto volumen. He aquí unas láminas del mismo.

Estas otras láminas son una muestra del quinto volumen dedicado a la Esplacnología constituido por las vísceras abdominales, aparatos digestivo y genitourinario.

Y estas otras lo son del sexto volumen sobre Anatomía quirúrgica o topográfica.

Estas lo son del séptimo volumen, también consagrado a la anatomía quirúrgica, que contiene interesantes láminas de procedimientos quirúrgicos con sus instrumentos. Por último, estas láminas son un ejemplo del octavo volumen dedicado a la Embriología, Anatomía comparada y Anatomía microscópica.

Todas las láminas del Traité se realizaron e imprimieron mediante la litografía, que significa “escritura o dibujo en piedra”. Esta técnica nació en Praga entre 1796 y 1798. Su descubrimiento supuso una auténtica revolución, ya que hasta entonces el único medio para reproducir una imagen era el grabado en hueco especialmente sobre cobre o en relieve sobre madera.

La litografía y su coste reducido significó que el número de litógrafos y de imprentas que la utilizaban creciera.

En un principio sólo se imprimió en blanco y negro. Las láminas de la primera edición se iluminaron a mano. En 1837 G. Engelmann registró la patente de la litografía en color (uso del rojo, amarillo, azul y negro). El procedimiento seguía siendo largo y costoso.

La segunda edición del Tratado se imprimió utilizando ya la cromolitografía. Se iban entregando a los suscriptores en grupos de 8 láminas y 8 hojas.

Por último señalar que cada volumen de láminas se acompañaba de un volumen de texto.

Por otro lado, el anatomista escocés John Bell, prefería y reivindicó un estilo sencillo adaptado a las necesidades de la enseñanza y la cirugía, frente a las pretensiones de los libros anteriores. La conocida Anatomía de Henry Gray de 1858, ilustrada por Henry Vandyke Carter, aspiró a un modo descriptivo simple.

La Grey’s Anatomy se editó y reeditó a lo largo de los años por sucesivos profesores. La primera edición es de 1858 con 363 dibujos. Apenas hay estilo, poco modelado en luces y sombras, ningún intento de colocar figuras en poses elegantes y sin fondos evocadores

En 1923, cuando se alcanzaron 22 ediciones, el libro había ganado 1378 páginas con 1256 ilustraciones, muchas en color. De las ediciones actuales queda poco de Gray.

A finales del siglo XIX las imágenes anatómicas se convirtieron en parte integral de la enseñanza de la anatomía.

Los cambios tecnológicos, sociales y culturales y otras circunstancias favorables permitieron el surgimiento de los ilustradores anatómicos profesionales. Aunque algunos de ellos no tenían formación anatómica solían adquirir conocimientos de esta y otras disciplinas médicas como la fisiología, la cirugía, la ginecología, etc.

Un ejemplo lo tenemos en el alemán Max Brödel que trabajó en la Escuela de Medicina de la John Hopkins University. Creó técnicas nuevas como la de polvo de carbón y tablero punteado para reproducir el tejido de forma más vívida. Incorporó el realismo de los tejidos con la anatomía transversal. Desarrolló un patrón instructivo y didáctico de ilustración médica y muchos le consideran el padre de la ilustración médica moderna.

Otro ejemplo es el también conocido Frank H. Netter, cirujano estadounidense y célebre ilustrador médico. Pronto se dedicó a esta última profesión en exclusiva. En su opinión, una ilustración médica tenía poco valor si no aclaraba bien los aspectos médicos que pretendía mostrar o explicar. Su obra cumbre fue su Colección de ilustraciones médicas (1948) para CIBA en un solo volumen. Después se amplió a 13 volúmenes con 4.000 ilustraciones.

De las ilustraciones anatómicas se compuso su Atlas de Anatomía (1989). Rápidamente se convirtió en uno de los preferidos de los estudiantes de muchos países. Se edita en 16 idiomas.

Aquí hojeamos el volumen 3, parte segunda dedicada al aparato digestivo.

También mostramos aquí un atlas de anatomía para que sea coloreado por el estudiante (Netter].

También queremos poner de relieve los textos que contienen láminas iluminadas, recortadas y superpuestas.

Aquí tenemos un ejemplo del texto G.A. Kuhff, doctor en medicina y preperador del Laboratorio de Antropología de la École des Hautes Études, ilustrado por Edouard Cuyer. Traducido y publicado en España por Baillière en 1880. Necesita restauración.

Esta idea se ha repetido después mucho antes de la aparición de las imágenes 3D generadas por ordenador. Yo como estudiante lo conocí con el nombre de Belorcio o una reconstrucción o atlas del cuerpo humano por planos. Muchos venían en bruto y el estudiante tenía que recortarlos, coloréalos y armarlos como complemento a las prácticas de anatomía.

Aquí vemnos reunidos los Belorcios de la Escuela anatómica de Escolar, utilizados en la enseñanza de la anatomía en Valencia bajo la dirección de Víctor Smith Agreda.

Esta idea se integró con facilidad en los libros desplegables –que hoy con la invasión del inglés llaman pop-up– y que muestran de forma más sencilla la estructura del cuerpo humano para niños. Los hay más cercanos a la realidad y los hay que explotan más los aspectos artísticos.

Los adelantos tecnológicos han contribuido a mejorar cada vez más las imágenes anatómicas. Los rayos X, la angiografía, la ecografía (la ecocardiografía, por ejemplo), la tomografía axial computerizada, la Resonancia magnética, la utilización de estas dos últimas con la ayuda de potentes ordenadores que permiten obtener imágenes 3D mediante reconstrucción volumétrica. Igualmente con el TAC y la Resonancia en combinación con la tomografía por emisión de positrones PET, se están desarrollando nuevas generaciones de imágenes digitales que representan los detalles estructurales en 3D de la anatomía viva.

No olvidemos la fotografía y la fotografía estereoscópica. A finales del siglo XX el cadáver de un condenado a muerte y el de una mujer desconocida que permanecían congelados en una mezcla de agua y gelatina sirvieron para hacer cortes transversales de 1 mm que luego se fotografiaron. Estas se usaron para crear modelos completos de cuerpos humanos masculinos femeninos. Las imágenes pasaron a formar parte de la National Library of Medicine que emprendió en 1989 el The Visible human project.

Aquí termina la síntesis de la Historia de la ilustración anatómica que hemos visto a través de dos vídeos. Por supuesto podría ampliarse a muchos más, pero nuestra intención es ofrecer una primera toma de contacto.

¡Hasta el próximo!

Bibliografía

–Hernández-Mansilla, J.M. (Juan Valverd de Amusco, a hombros de gigantes. Disponible en https://www.institutoeticaclinica.org/wp-content/uploads/Juan-Valverde-de-Amusco-a-hombros-de-gigantes.pdf Consultado el 12 de mayo de 2021.

–Choulant, L.; Frank, M.; Garrison, F.H.; Streeter, E.C. (1917)). History and Bibliography of Anatomic Illustration: In Its Relation to Anatomic Science and the Graphic Arts. Chicago,  University of Chicago Press.

–Choulant, L. (1852). Geschichte und Bibliographie der anatomischen Abbildung nach ihrer Beziehung auf anatomische Wissenschaft und bildende Kunst, Leipzig, Rudolph Weigel.

–Hansen, J.T. /2019). Netter. Cuaderno de Anatomía para colorear. 2ª ed., Barcelona, Elsevier.

–Kemp, M. (2010). Style and non-style in anatomical illustration: From Renaissance Humanism to Henry Gray. Journal of Anatomy, vol. 216, nº 2, pp. 192-208.

–Moreno Egea, A.; De la Torre Sánchez, J.A. (2016). Giulio Cesare Casseri (1552-1616): el Anatomista de Padua ensombrecido por la historia. International Journal of Morphology, vol. 34, nº 4, pp. 1322-1327.

–Netter, F.H. (1962). The CIBA Collection of Medical Illustrations. Vol. 3: Digestive System. Part II: Lower Digestive Tract. New York, CIBA.

–Parent, A. (2019). Berengario da Carpi and the Renaissance of Brain Anatomy. Frontiers in Neuroanatomy; 13, 11. doi: 10.3389/fnana.2019.00011.

–Pearce, J.M.S. (2017). Samuel Thomas Soemmerring (1755-1830): The Naming of Cranial Nerves. European Neurology, vol. 77, pp. 303-306.

­–Roberts, K.B.; Tomlinson, J.D.W. (1992). The Fabric of the Body: European Traditions of Anatomical illustration. Clarendon Press.

–Tsiaras, A. (2009). El Cuerpo humano. La maravilla del cuerpo humano revelada. Barcelona, Editorial Paidotribo.

Breve historia del escorbuto

Insertamos el guión del vídeo Breve historia del escorbuto que se subió al canal Medicina, historia y sociedad.

Mucho hemos oído hablar de los grandes navegantes del pasado y de sus logros. Sin embargo, de los que embarcaban, en ocasiones regresaban menos de la mitad. Morían más marineros de la enfermedad que llamaban “peste de los mares o peste de las naos” que los que lo hacían a consecuencia de las batallas, naufragios, etc.

Francia, Gran Bretaña, Países Bajos y España, los países con más barcos y experiencia, conocían bien esta dolencia pero carecían de remedios eficaces. No solo causaba estragos en naos y barcos, también lo hacía en los ejércitos, en poblaciones sitiadas, migraciones, etc.

[Intro]

Se dice que esta enfermedad era conocida en la Antigüedad, pero fue en la época de las grandes navegaciones cuando aparecía con frecuencia. Las referencias concretas a la misma son de ese periodo y las primeras proceden de la península ibérica: Viaje de Vasco de Gama de Portugal a la India entre 1497 y 1499 donde se le llamó Mal de Loanda, y la primera vuelta o circunvalación terrestre de Elcano de 1519 a 1522 donde apareció en el Pacífico, el Índico y el Atlántico.

En el primer caso se lee en las crónicas que “se les hinchaban los pies y las manos y les crecían tanto las encías por encima de los dientes que no podían comer”. Cuando llegaron a Mombasa los árabes conocían la enfermedad y sus remedios, como las naranjas y limones entre otros productos frescos. Los enfermos se recuperaron aunque creyeron que la curación se debió al clima y “al buen aire”. Las teorías galénicas lo dominaban todo.

En otra ocasión estuvieron otros tres meses navegando y volvieron a caer muchos. “enfermaban de las encías, que les crecían por encima de los dientes y no podían comer, se les hinchaban las piernas y otras grandes hinchazones les salían por todo el cuerpo, y de tal modo minaban la vida de un hombre, que éste moría sin padecer ninguna otra dolencia”. Buscaron los remedios que tan bien les habían ido pero, aun así, algunos estaban tan enfermos que murieron igual.

Desde entonces trataron de cargar alimentos frescos en todos los viajes y hacer escalas para reponerlos.

Del segundo caso, de la circunvalación Elcano-Magallanes tenemos un testimonio del italiano Antonio Pigafetta (1480-1534), geógrafo, cronista, explorador, que formó parte de la Expedición Magallanes en la nave Trinidad, la capitana, en la primera parte de esta gesta marítima. En la Crónica del primer viaje alrededor del mundo (1524) dice:

“Durante tres meses y veinte días no pudimos conseguir alimentos frescos. Comíamos bizcocho a puñados, aunque no se puede decir que lo fuera porque era sólo polvo mezclado con gusanos que se habían comido lo mejor y lo que quedaba apestaba a orines de rata. Bebíamos agua amarilla, pútrida desde hacía tiempo, y comíamos las pieles de buey que están sobre el palo mayor… las sumergíamos durante cuatro o cinco días en el mar y luego las poníamos un rato sobre las brasas y nos las comíamos. Muchas veces tuvimos que comer el serrín de las maderas. Las ratas se vendían a medio ducado cada una y había poquísimas. Pero la mayor desgracia de todas fue que a algunos hombres se les inflamaron las encías de tal modo que no podían comer y se morían”.

En el Índico volvieron a recaer y el tercer brote apareció al regreso de la nao Trinidad. Sólo comían arroz y agua. Se realizó una autopsia y “halláronle todo el cuerpo que parecía que todas las venas se le habían abierto y que toda la sangre se le había derramado por el cuerpo”.

Recordar que no sólo la dieta era inadecuada sino que el debilitamiento y el duro trabajo eran causa de los fallecimientos.

No es raro encontrar estos mismos detalles o parecidos en las crónicas de otros viajes de la época organizados por holandeses, ingleses o franceses.

En la versión que fray Juan de Torquemada hizo de un texto de fray Antonio de la Ascensión en su Monarquía Indiana encontramos un texto que hace referencia a la exploración de la costa oeste de California de 1602 para cartografiarla a cargo del capitán Sebastián Vizcaino (1547-1627).

Tuvo lugar a la altura del puerto de Monterrey en la Alta California tras seis meses de navegación. Allí solían llegar también naves con viajeros que procedían de China que llevaban cuatro meses navegando. Se consideraba un lugar de pestilencia que afectaba a los cuerpos flacos, cansados y molidos por el trabajo. Padecían intensos dolores, manchas y granos en la piel, verdugones debajo de las rodillas que imposibilitaban mover las piernas, inflamación de las encías que originaban la pérdida de dientes y muelas y una gran dificultad para comer. Los que se dirigían a Mazatlán o hacían allí escala se libraban porque encontraban alimentos frescos, agua y unas frutas que llamaban xocohuitzles.

Algunos dicen que fue algún español quien encontró el remedio de los agrios. Ya hemos visto que esto era conocido con anterioridad. Se pone de ejemplo el Tratado breve de Medicina, y de todas las enfermedades, en que a cada passo se ofrecen… de fray Agustín de Farfán. Efectivamente se recomiendan agrios en las cámaras de sangre, retenciones de la regla, erisipela, contra las señales de las viruelas, en unciones para las bubas con otras muchas sustancias, en la calentura de sangre corrompida, y en la calentura llamada tabardete. Asimismo para las úlceras de la boca. Es difícil saber a qué enfermedades se refiere, pero no parece que lo haga directamente al mal de las naos.

En los viajes de Jacques Cartier, navegante francés, se autopsió a algunos enfermos encontrando pulmones negros y gangrenados, corazón blando y encogido, bazo carcomido, piernas inflamadas y punteadas con gotas de sangre, y boca infectada y podrida con un retroceso de las encías.

En 1564 el médico holandés Johann Weyer (1515-1588) escribió De scorbuto epitome, donde describe los principales signos: hinchazón, exulceración y fungosidad de las encías, manchas en la piel y cansancio.

Otro tanto pasó en los viajes de Francis Drake en 1577, Edward Felton en 1582, Thomas Cavendish en 1586 y Richard Hawkins en 1593. En 1589 Richard Hakluyt utiliza la palabra skurvie en su libro Principal Navigations para referirse a la enfermedad.

Y de esta forma podríamos estar poniendo ejemplos de varios países durante largos periodos de tiempo hasta llegar a un nombre conocido por todos del siglo XVIII: James Lind (1716-1794).

Escocés nacido en Edimburgo, se formó en cirugía y después se embarcó como ayudante médico durante siete años en 1747 a bordo del Salisbury que patrullaba el Canal de la Mancha. Allí se le ocurrió hacer una prueba o su conocido ensayo clínico cuyos resultados publicó en 1753: Tratado sobre el escorbuto en tres partes: Contiene una investigación de la naturaleza, las causas y la cura de la enfermedad junto con una visión crítica y cronológica de lo publicado sobre el tema.

Recibió a 12 enfermos con escorbuto con sintomatología parecida. Fueron encamados en una estancia y recibieron la misma dieta, pero, además,

–2 enfermos recibieron diariamente un cuarto de galón de sidra

–2 tomaron 25 gotas de elixir de vitriolo tres veces al día con el estómago vacío

–2 tomaron dos cucharadas de vinagre tres veces al día con el estómago vacío

–2 enfermos un poco más graves se sometieron a un régimen de agua de mar (media pinta cada día)

–2 enfermos recibían dos naranjas y un limón cada día

–2 enfermos tomaron semilla de una nuez moscada tres veces al día y una mezcla de ajo, semilla de mostaza, bálsamo del Perú, resina de mirra y bebían hordiate acidulado con tamarindos.

Sanaron los que tomaron naranjas y limones, pero no interpretó bien los resultados. Seguía pensando en la humedad del aire que unas veces era fría y otras caliente. Años después de este hallazgo muchos siguieron sin otorgarle fiabilidad y la enfermedad seguía presentándose. Incluso algunos aplicaban sangría. Hipocratismo, galenismo y otros sistemas no lograban comprender la enfermedad.

Lind tiene importancia por haber considerado el primer ensayo clínico. Acertó al controlar las variables del experimento de modo que todos los sujetos estuvieran en similares condiciones: comparar igual con igual, aunque no hubo grupo control.

Como los agrios se estropeaban, se elaboraba con ellos una especie de jarabe al baño maría, con lo que perdía su eficacia. Pero uno de los discípulos de Lind, Gilbert Blane, observó que añadiendo un poco de alcohol destilado (ron o ginebra) el zumo conservaba sus propiedades, y tras dura batalla, consiguió que el Almirantazgo aprobara como obligatoria en todos los buques, la distribución diaria de 21 centímetros cúbicos de zumo de naranja o limón en 1795.

Los viajes a través del Pacífico acabaron haciéndose habituales al sumarse a los españoles los británicos, los holandeses y los franceses. De tanto en tanto podían aprovisionarse de productos frescos o de descubrir frutas y otros productos que los protegían de la enfermedad (cocos, apio, plátanos, etc.).

Una de las expediciones de mayor duración fue la de Malaspina (1789-1794). Éste, conociendo lo que habían hecho otros, como Cook, cargó wort de malta (no servía para nada), zumo de limón, verduras y frutas frescas cada vez que tenían ocasión. Aparecieron otras enfermedades pero no escorbuto. El médico de la expedición escribió Tratado de las enfermedades de la gente de mar y los medios de precaverlas (1805) en el que conocía las experiencias de Lind y que estaba seguro de que naranjas y limones eran esenciales.

Futuras expediciones fueron cambiando la mentalidad y salían preparados con antiescorbúticos, pero en el siglo XIX seguía existiendo como durante la hambruna de la patata del año 1845-7, la fiebre del oro en California entre 1848-50, la guerra de Crimea en 1854, el sitio de París durante la guerra francoprusiana del año 1870-71, en las exploraciones árticas o su aparición en la infancia a partir del año 1877 por la moda del abandono de la lactancia materna y su sustitución por la leche condensada, carente de ácido ascórbico.

En el siglo XIX la medicina sufre grandes cambios. En 1893 Thomas Barlow, estudioso del escorbuto infantil, lo distingue del raquitismo y define su causa, razón por la que al escorbuto también se le denomina enfermedad de Barlow.

Después de que se descubrieran las vitaminas y su importancia para la vida, la vitamina C fue aislada por el fisiólogo húngaro Albert Sent-Györgyi en el año 1932, por lo que le fue concedido el premio Nobel en 1937. Lo bautizó en principio como ácido hexurónico, poco después renombrado como ácido ascórbico. Los siguientes pasos consistieron en identificar su estructura química y su síntesis a escala comercial  (Walter Haworth) y (Tadeus Reichstein).

Bibliografía

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–Torquemada, J. de (1975-85). Monarquía indiana, 3a. edición, 7 vols., preparada por el “Seminario para el Estudio de Puentes de la Tradición Indígena” bajo la coordinación de Miguel León Portilla. México, UNAM.

–White, M. (2016). James Lind: el hombre que ayudó a curar el escorbuto con limones. BBC News. Tomado el 29 de abril de 2021 de https://www.bbc.com/news/uk-england-37320399.

Medir la presión arterial. Historia (II)

Hemos añadido un nuevo vídeo en el canal Medicina, historia y sociedad. Así, pues, incluimos el guión del anterior, segunda parte de la historia de la medida de la presión arterial.

Después del aparato de Riva-Rocci, que vimos en el vídeo anterior, siguieron perfeccionándose este tipo de aparatos.

Por un lado mejoró el brazalete y el manguito compresor, así como el indicador de las variaciones de la pulsación arterial en el curso de las compresiones y descompresiones.

Respecto al manómetro, las preferencias se inclinaron por los metálicos mas que por los de mercurio (fácil transporte).

Respecto a los manguitos se idearon los de bolsa doble pero dispuestos como si fueran de bolsa única.

Hoy se clasifican los esfigmomanómetros de la siguiente manera:

  1. Por el metodo de insuflación del manguito: en manuales y automáticos.
  2. Por el metodo en que se visualiza el resultado: en una columna de mercurio, aneroide o análogo en una escala con aguja; y, finalmente, digital, en pantalla.
  3. Por el método de determinación de la presión sistólica y diastólica: en auscultatorio (uso de los sonidos de Korotkov) y oscilométrico.

Vamos a ver algunos de éstos:

Método oscilométrico

Oscilómetro de Pachon

Creado por Michel Victor Pachon (1867-1938) en 1909 junto con un ingeniero de la Compañía de Caminos de Hierro de París. Fabricado por la empresa Boulitte.

Las oscilaciones de presión en la arteria debajo del manguito se transfieren a un aneroide en la carcasa hermética del oscilómetro metálico. Tiene dos escalas: una para leer la amplitud de las oscilaciones (de 0 a 20) y la otra para determinar la presión arterial (de 0 a 30 cm de Hg).

Se registran primero las oscilaciones de baja amplitud, luego oscilaciones crecientes cuyo inicio corresponde a la tensión máxima, y ​​finalmente oscilaciones decrecientes cuyo inicio refleja la presión mínima o diastólica. No requiere fonendoscopio.

El brazalete empleado con este oscilómetro fue diseñado por el cardiólogo francés Louis Gallavardin (1875-1957). El manguito de presión arterial incorpora dos vejigas de goma que se inflan de forma independiente, una superpuesta a la otra.

Oscilometro de Von Recklinhausen

Recoge directamente las oscilaciones de las paredes arteriales en el mismo lugar de la compresión. La parte neumática está conectada con una pera que se utiliza para inflar el manguito y con un oscilómetro que registra de forma continua la presión.

Se abre ligeramente la válvula y al descomprimirse el manguito en el momento de aparecer las primeras oscilaciones evidentes se lee la presión sistólica. Siguen las oscilaciones crecientes y al presentarse la primera oscilación decreciente se lee la presión arterial diastólica. Para finalizar se abre completamente la válvula de la pera de goma y se desinfla el manguito

Método palpatorio

Sólo nos proporciona la tensión sistólica. Se utiliza un esfigmomanómetro. Se infla el brazalete 10 o 20 mm de Hg más que la presión sistólica estimada al desaparecer las pulsaciones de la arteria radial del canal del pulso. Después se va desinflando poco a poco el brazalete o manguito hasta que aparece el pulso radial. El valor que se lee en ese momento a través del manómetro es el correspondiente a la presión arterial sistólica.

Método auscultatorio

El esfigmotensiófono de Boulitte constan de brazalete con su manómetro y un fonendoscopio que se aplica bajo el manguito para auscultar la arteria más próxima inmediatamente por debajo del manguito; la humeral en el pliegue del codo si se coloca el brazalete en el brazo; la braquial si se utiliza el manguito antibraquial.

Con el fonendoscopio sobre la arteria braquial debajo del manguito, se insufla aire hasta el nivel máximo.  Luego se abre la pera de insuflación de forma que el mercurio descienda a razón de 2 mm por segundo. Hay que fijarse en la escala cuando se producen los sonidos de Kortokov (fase 1 a la 5). La fase 1 corresponde a la presión sistólica y la fase 5 a la diastólica.

Fase 1: aparace el sonido al desinflar el manguito

Fase 2: el ruido pierde intensidad, se escucha un soplo

Fase 3: un ruido sordo más suave

Fase 4: el sonido se va apagando progresivamente

Fase 5: se deja de escuchar el sonido

El método oscilatorio solía dar 10 mm de más y los palpatorios de 5 a 10 mm de menos.

Esfigmógrafos automáticos

Los esfigmomanómetro automáticos (denominados también digitales) pueden ser de brazalete aplicable a la muñeca, al brazo o incluso a un dedo. Cuanto más distal es el punto de medida de la tensión arterial, mayor es la influencia de la vasoconstricción periférica sobre los resultados de la medición. El funcionamiento básico de este dispositivo es similar: posee su brazalete y su manómetro; a veces incorpora un compresor eléctrico para inflar el brazalete. Contienen también una pequeña computadora que dispone de memoria y reloj. El brazalete dispone además en su interior de sensores capaces de detectar los sonidos de Korotkoff, permitiendo conocer el intervalo de presión diastólica y sistólica. 

Generalmente, este tipo de aparatos contiene un sistema auscultatorio y otro oscilométrico. El sistema auscultatorio se fundamenta en un micrófono ubicado en el brazalete y que interpreta los ruidos de Korotkoff, mientras que los dispositivos oscilométricos analizan la transmisión de vibración de la pared arterial. No requieren de un estetoscopio adicional.

Hay otras formas de medir la tensión arterial como, por ejemplo, ultrasonidos, métodos de los que no nos ocupamos por ser más raros.

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¡Hasta pronto!

Daniele Bovet (1907-1992)

Se ha incluido en la sección Epónimos y biografías médicas de historiadelamedicina.org la de Daniele Bovet !907-1992).

El farmacólogo suizo Daniele Bovet realizó importantes contribuciones en el estudio de las sulfonamidas, los antihistamínicos, el uso del curare en la anestesia, sustancias oxitócicas así como otras drogas que ejercen su acción en el cerebro.

Imagen procedente de Wikipedia [https://commons.wikimedia.org/wiki/File:Daniel_Bovet_nobel.jpg]

Bovet nació en la ciudad suiza de Neuchatel el 23 marzo de 1907. Cursó estudios de Ciencias Biológicas en la Universidad de Ginebra graduándose en 1927. Obtuvo el doctorado en 1930. Entre 1929 y 1947 trabajó en el Laboratorio de Química Terapéutica del Instituto Pasteur de París que entonces dirigía Émile Roux (1853-1933). Primero fue asistente y después llegó a jefe del Laboratorio de Química Terapéutica. Entre 1931 y 1933 trabajó en la quimioterapia del paludismo, leishmaniosis y enfermedad del sueño bajo la dirección de Ernest Fourneau (1872-1949).

En colaboración con J. Tréfouël , Th. Tréfouël y F. Nitti, Bovet participó en el descubrimiento de la actividad bacteriostática de la para-amino-fenilsulfamida. Los resultados de este descubrimiento facilitaron el camino para la terapéutica con sulfonamidas.

En 1938 con A.M. Staub [4] , descubrió una serie de sustancias que de forma selectia se oponían a determinados efectos de la histamina, mediador químico responsable de las manifestaciones alérgicas. Descubrieron varios medicamentos que gozaban de propiedades antialérgicas.

Entre 1939 y 1947 trabajó en el Departamento de Investigaciones Farmacéuticas de Rhône-Poulenc. En 1947 dejó París y aceptó la invitación de Domenico Marotta (1886-1974), director del Instituto Superior de Sanidad de Roma para que organizara en Italia un Laboratorio de Química Terapéutica. Obtuvo la nacionalidad italiana. Su trabajo en esta etapa consistió especialmente en la búsqueda de curare sintético. En 1946 Daniel Bovet descubrió la galamina, un compuesto con tres nitrógenos cuaternarios, que se introdujo en 1948. Presentaba algunas ventajas sobre la d-tubocu- rarina.

En 1964, Bovet se convirtió en profesor de farmacología en la Universidad de Sassari en el noroeste de Cerdeña. En esta fase Bovet trabajó investigando la interacción entre algunas sustancias químicas y el cerebro. En 1971 fue nombrado profesor de psicobiología en la Universidad de Roma, donde permaneció hasta su jubilación en 1982. Falleció en Roma de un cáncer el 8 de abril de 1992 a los 85 años de edad.

La medida de la presión arterial. Historia (I)

Insertamos el guión del vídeo La medida de la presión arterial. Historia (I) que se subió al canal Medicina, historia y sociedad hace tres semanas.

Se suele decir que la medición real de la presión arterial procede del siglo XVIII con los experimentos de Stephen Hales (1677-1761).

Para Johannes Müller, destacado fisiólogo alemán, el descubrimiento de la presión arterial fue más importante, incluso, que el de la circulación.

Veamos una síntesis de esta historia.

INTRO

Hales nació en Bekesbourne, Kent, el 7 de septiembre de 1677. En 1696 ingresó en la Universidad de Cambridge. Allí se interesó por la historia natural y por la astronomía. Fue elegido miembro de la Royal Society en 1718.

Fue capaz de insertar un tubo en una arteria de una yegua y observó que la sangre subía o bajaba con las pulsaciones del corazón. Describió la importancia del volumen sanguíneo en la regulación de la presión arterial. Acuñó el concepto de presión arterial y demostró la capacidad de bombeo del músculo cardíaco. Fueron las primeras mediciones que se hicieron. Sin embargo, se requería un tubo de más de dos metros de longitud y evitar que la sangre se coagulara pronto.            

Un siglo después, en 1828, Jean Léonard Marie Poiseuille (1797-1869) introdujo un manómetro de mercurio. Nació en 1797. Obtuvo la licenciatura en 1828. Igual que Magendie y Claude Bernard, se dedicó a la investigación sin hacer clínica y tener contacto con enfermos. En 1828 leyó su tesis sobre el uso del manómetro de mercurio para medir la presión arterial, con lo que ganó la Medalla de oro de la Real Academia de Medicina. El manómetro iba conectado a una cánula llena de carbonato potásico que actuaba como anticoagulante que se insertaba en una arteria del animal. Llegó a insertar cánulas en vasos de 2mm demostrando que en estas arterias tan pequeñas se mantenía la presión.

Estos hallazgos permitieron al fisiólogo Karl Ludwig idear el quimógrafo, del que ya hemos hablado en otro vídeo. Con el mismo creó la recogida de datos fisiológicos mediante gráficas.

Usó la cánula y el manómetro. Introdujo un sistema para que una punta fuera dibujando una gráfica en un tambor giratorio. A partir de ahí se diseñaron instrumentos similares que registraban otros parámetros fisiológicos.

En otro vídeo vimos cómo Vierordt con su esfigmógrafo medía la contrapresión que era necesaria para hacer que cesara la pulsación en una arteria. Etienne Jules Marey mejoró considerablemente el esfigmógrafo de Vierordt en 1860 y mejoró la precisión para establecer la presión arterial en los pacientes. Sin embargo, para que midiera la presión arterial había que complicar el aparato tanto que no fue útil. Eso sí, quedó para registrar las pulsaciones.

Pierre Charles Édouard Potain (1825-1901) señaló que, al medir la presión, había que tener en cuenta también la resistencia de la pared arterial.

La primera estimación precisa de la presión arterial en las personas fue realizada por el cirujano J. Faivre, en 1856. Durante la realización de una amputación de miembro inferior conectó un tubo de manómetro en forma de U con una cánula de latón, directamente a la arteria del paciente. Pudo obtener lecturas directas. Encontró que la presión arterial de la arteria femoral era de 120 mm Hg y la presión de la arteria braquial entre 115 y 120 mm Hg. Estas y otras lecturas directas fueron de gran valor para establecer un rango normal de presión arterial. Sin embargo, este método era obviamente impracticable para las mediciones de rutina.

Fue Samuel Siegfried Karl Ritter von Basch (1837-1905) quien finalmente prescindió de la punción arterial y del registro directo de la presión arterial.

Von Basch nació en Praga en 1837 y se graduó en Viena en 1862. El método de Von Basch utilizaba una bolsa de goma inflable que se llenaba de agua. Los bordes de la bolsa estaban apretados alrededor del cuello del bulbo manométrico que estaba lleno de mercurio. Una columna hueca subía desde el bulbo, de modo que cualquier presión creada en la bolsa de agua se transmitiría al bulbo, el mercurio subía por el tubo y, por lo tanto, se podría registrar la presión.

Usó un manguito estrecho de solo 5 cm de ancho. Esto provocó que se formara un ángulo agudo entre los bordes superior e inferior del manguito y la piel, lo que provocó que se acumularan áreas locales de alta presión y que la lectura no fuera exacta. Este error fue detectado y corregido por von Recklinghausen en 1901, quien reemplazó la anilla estrecha por una de unos 12 cm de ancho.

Algunos médicos aceptaron la introducción del esfigmomanómetro en la medicina clínica como una valiosa ayuda para el diagnóstico, pero otros sostuvieron la opinión de que al usar el esfigmomanómetro “empobrecemos nuestros sentidos y debilitamos la agudeza clínica”. A pesar de estas acusaciones, Potain hizo su segunda contribución para hacer que el medidor de esfigmomanómetro fuera más apto para uso clínico cuando, en 1889, reemplazó el agua por aire para la compresión. El dispositivo de Potain consistió en un braalete que se utilizó para la compresión de la arteria. Este se inflaba por medio de una segunda perilla y la presión se registraba con un manómetro aneroide portátil.

Con el esfigmomanómetro de Ritter se obtenía bien la presión sistólica, pero no la diastólica. Los médicos comenzaron a utilizar el método oscilatorio. Esto implicó observar las oscilaciones que se transmitían al mercurio en el manómetro desde la arteria, ya que cuando la presión del manguito era igual a la presión arterial, la arteria comprimida latía, provocando así pequeñas fluctuaciones regulares en la presión del manguito. La aparición de oscilaciones claras definió la presión sistólica y la transición de oscilaciones grandes a pequeñas, la presión diastólica.

En Inglaterra, Hill y Barnard inventaron un dispositivo que tenía un manómetro de aguja que era lo suficientemente sensible para registrar la fase diastólica. Su aparato era portátil y fácil de usar. El esfigmomanómetro de Hill y Barnard se ideó en la década de 1890 Sir Leonard Hill (1866-1952), un fisiólogo británico, y Harold Barnard (1868-1908), un cirujano británico. Contribuyó mucho a mejorar la medición de la presión arterial

Scipione Riva-Rocci (1863-1937) publicó ” Un nuevo esfigmomanómetro “, el 15 de diciembre de 1896, y el segundo, “La técnica esfigmomanométrica“, En 1897 en la Gazzetta Medica de Torino. Utilizó una bolsa de goma inflable guardada en una pulsera de material no expandible. Se comprimía toda la circunferencia del brazo mientras se inflaba la bolsa de goma con aire a través de una pera de goma conectada a ella. La presión dentro del brazalete se registraba a través de un manómetro de mercurio. Palpando el pulso, Riva Rocci podía conocer la tensión arterial sistólica al notar la desaparición del mismo cuando inflaba el brazalete, o su reaparición cuando lo desinflaba. La banda inicial era muy angosta: medía solo 5 cm. Heinrich von Recklinghausen hijo del conocido Friedrich Daniel von Recklinhausen, solucionó este problema llevando el ancho del brazalete a 12 cm. Riva-Rocci dirigió el Hospital de Varese y dio clases en la Universidad de Pavía. Murió por una encefalitis letárgica.

Otros atribuyen la lectura de la presión diastólica al ruso Nikolai Korotkov. Nació en 1874 y se graduó de médico en Moscú en 1898. Estuvo de cirujano en diversas guerras y acompañó al ejército ruso a Siberia, Japón y Singapur. Ejerció en la Academia Militar de San Petersburgo como cirujano asistente. Su centro de interés fue la cirugía vascular. Medir la presión como forma de definir la magnitud del daño vascular era entonces una necesidad obvia. Al empleo del esfigmomanómetro Korotkov sumó la colocación de un estetoscopio para niños sobre la arteria braquial, debajo del brazalete. Cuando el mismo se inflaba por encima de la presión arterial máxima la circulación en la arteria braquial se detenía. Al desinflar lentamente el brazalete, se podía auscultar en un momento determinado un ruido: la sangre volvía a circular y ese primer tono correspondía a la presión sistólica. Se escuchaban mientras se seguía desinflando el brazalete murmullos y luego ruidos coincidentes con los latidos, hasta que todo sonido desaparecía. El último ruido escuchado correspondía como sabemos con el momento en que la sangre circulaba libremente por la arteria, porque la presión en el interior del vaso había superado la ejercida por la banda, y la medición señalaba la presión arterial diastólica. Presentó su hallazgo ante la Academia Militar de San Petersburgo en un informe de una sola página en 1905. Murió muy joven, a los 46 años, de tuberculosis.

Su técnica ha resistido la prueba del tiempo, ya que se ha utilizado durante más de medio siglo sin prácticamente ningún cambio.

Arthur Robertson Cushny (1866-1926)

Acabamos de insertar en la sección de biografías y epónimos médicos de historiadelamedicina.org la de Arthur Robertson Cushny (1866-1926).

Cushny fue un destacado farmacólogo de Gran Bretaña que llegó a alcanzar fama internacional como farmacólogo experimental. Sus trabajos de investigación cubren una amplia gama de temas pero, especialmente, destacan tres: su trabajo sobre la digital y el corazón, sobre los isómeros ópticos, y sobre el mecanismo de secreción urinaria.

Arthur Robertson Cushny nació en 1866 en Fochabers, Moray, Escocia. Obtuvo el grado de Medicina en la Universidad de Aberdeen. Amplió estudio con Hugo Kronecker en Berna y con Oswald Schmiedeberg en Estrasburgo. Fue contratado después como profesor de farmacología en la Universidad de Michigan. Regresó a Europa unos años después como profesor del University College de Londres. Finalmente se trasladó a Edimburgo como profesor de Farmacología a la vez que se creaba una cátedra de terapéutica y otra de química aplicada a la medicina. Su Text-Book of Pharmacology and Therapeutics fue de lectura obligatoria para los estudiantes de lengua inglesa; llegó a alcanzar varias ediciones siempre puestas al día. Publicó numerosos artículos sobre los temas antes mencionados en el Journal of PhysiologyJournal of Experimental MedicineArchives Internationales de Pharmacodynamie et de Therapie y en el Journal of Pharmacology and Experimental Therapeutics. Murió de un derrame cerebral en 1926 a la temprana edad de 60 años.

*Imagen procedente de Wikipedia

El rector Rodríguez Fornos

Después de subir un nuevo vídeo al canal Medicina, historia y sociedad, insertamos la transcripción del anterior que estaba dedicado al Rector Rodríguez Fornos.

“Muchas generaciones de estudiantes habrán pasado por nuestra Facultad y, con seguridad, no deben saber a quien representa esta escultura que les ha estado observando y acompañando durante los seis años de carrera. 

Se trata de Fernando Felipe Ramón Rodríguez que adoptó los apellidos de su padre: Fernando Rodríguez Fornos. La familia pnterma procedía de San Félix de Longares, término de Mondáriz (Pontevedra), y la materna de Salamanca, donde nació el 31 de marzo de 1883.

Esta escultura es una réplica en piedra de otra en mármol realizada por José M. Ponsoda Bravo que fue regalada por su hija al grupo escolar que lleva el nombre de Rodríguez Fornos. Esta fue realizada e inaugurada el 9 de octubre de 1963 en presencia del ministro de Educación Lora Tamayo y el alcalde Rincón de Arellano. La realizó Florencio Ramón. Muy cerca está también la calle que lleva su nombre.

En 1898 obtuvo el grado de bachiller. Ese mismo año (tenía 16), ingresó en la Facultad de Medicina de Salamanca. Se licenció con premio extraordinario en 1904. Cursó después el doctorado que obtuvo en Madrid en 1906 con la tesis Enfermedad de Basedow.

Fue profesor auxiliar interino de la Universidad de Salamanca y en el Hospital de la Trinidad.

Cesó en febrero de 1911 por haber tomado posesión de la cátedra de Patología Médica de la Facultad de Medicina de Valencia que había ganado por oposición.

EN VALENCIA
En 1911 se instaló en Valencia. Cuando llegó a nuestra ciudad ya se había casado con María Cuesta, de Salamanca, y habían tenido dos niñas y un niño. En Valencia nacieron otras dos hijas y otro hijo.

Aquí se integró pronto tanto en la Facultad como en el Instituto Médico Valenciano. En nuestros trabajos sobre la época hemos percibido cierta admiración por este personaje. Lo achacamos, quizás, a la demanda de los médicos valencianos más jóvenes que reclamaban reformas y una modernización de la enseñanza y de la investigación.

Rodríguez Fornos impresionó por sus conocimientos y juventud. Empezó pronto a impartir conferencias, género que dominó a la perfección y practicó con éxito a lo largo de toda su vida en Valencia, resto de España y en el extranjero.

EN EL INSTITUTO MÉDICO VALENCIANO
En 1917 fue elegido presidente del Instituto Médico Valenciano para sustituir a Manuel Martí Sanchis. Esta institución extraacadémica jugaba el papel de formación continuada para los médicos que ya desarrollaban su profesión.

Gracias a sus relaciones y a su infatigable actividad, logró acercar a Valencia personajes destacadísimos como Antonio Espina y Capo, Luis Bermejo y Vida, José Sanchis Banús, Gustavo Pittaluga y José Rubio Carracido. Por su parte impartió varias conferencias sobre patología.

Parece que la gestión no era lo suyo en ese momento y apenas asistió a ninguna reunión de la Junta del Instituto, sustituyéndole el vicepresidente, que entonces era Juan B. Peset Aleixandre. En 1918 fue sustituido por el catedrático de oftalmología Tomás Blanco Bandebrande.

Ese año Fornos abandonó su casa de la calle Colón y se mudó a la plaza de Alfons el Magnànim. También ingresó en la Academia de Medicina de Valencia con el discurso Contribución al estudio de las fiebres paratíficas B.

Después de la terrible pandemia de gripe de 1918 se organizaron varias conferencias sobre la misma. Rodríguez Fornos impartió en 1919 en el paraninfo de la Univeridad: La epidemia de gripe de 1918 en la ciudad de Valencia. Presentó cifras, demostró que las zonas más pobladas y con mejor comunicación se habían visto más afectadas, criticó la labor de los políticos y señaló que, para prevenirla, solo eran útiles el lavado de suelos y la ventilación, el uso de mascarillas y la desinfección nasofaríngea del individuo.

Más tarde dedicó otra conferencia a la enfermedad, enfocada en esta ocasión a los aspectos clínicos de la misma. Reconocía tres periodos: en la primera el virus atacaba al pulmón, determinando un estado de receptibilidad que favorecía la invasión por el bacilo de Pfeiffer, que producía una congestión. En la segunda se desarrollaba una neumonía neumocóccica favorecida por el mal estado pulmonar. En la tercera, una sobreinfección por estreptococos que provocaba la sepsis y la muerte. Otras muchas teorías surgieron en ese momento.

Rodríguez Fornos también participó en la I Asamblea Médica Regional Valenciana y en 1920 pronunció en el Instituto Médico Valenciano una conferencia sobre la encefalitis letárgica que abrió un debate que se prolongó durante meses.

Desde que vino a Valencia una de sus preocupaciones fue reformar la enseñanza y las instalaciones que entonces se encontraban en Guillén de Castro.

En 1925 fue designado por el claustro de la Universidad para recibir a Charles Mayo que fue nombrado doctor honoris causa. El acto tuvo lugar en 1925. Mayo ofreció costear una beca para que un médico Valenciano estudiara en la Clínica de Rochester. A raíz de esta visita la Universidad pensionó a Fornos para que analizara en los Estados Unidos la organización de los estudios de medicina. A su regreso dio tres conferencias sobre su experiencia, una en el Paraninfo, otra en el Instituto Médico Valenciano y otra en el Centro escolar y Mercantil de Valencia.

DECANO
En 19129 tomó posesión como decano de la Facultad de Medicina de Valencia. Propuso nombrar a Bartual Moret decano honorario, ya que había abandonado el cargo por razones de salud. Fue aprobado.

En la Facultad hubo problemas con un nuevo decreto de acumulación de cátedras. Los estudiantes estaban en contra igual que algunos profesores. Los estudiantes de la FUE solicitaron la supresión de la enseñanza libre, la aceleración de las obras de la nueva facultad y la creación de una policlínica o dispensario de urgencias para que los alumnos aprendieran. Asimismo solicitaron asistir a las Juntas de Facultad.

A consecuencia de la Asamblea que la FUE celebró el 2 de octubre en el Aula Magna de la Facultad, Rodríguez Fornos presentó su dimisión con carácter irrevocable. Campos Fillol presentó también su renuncia como secretario, que no fue aceptada, y quedó como decano accidental Peset Aleixandre.

En 1931 fue nombrado hijo adoptivo de Valencia. Se instauró un premio con su nombre que se costeó con la entrega de la cantidad de 10.000 pesetas en títulos de Deuda amortizable. Con los intereses se pagaría la beca a un médico joven, de posición modesta, que demostrase su competencia en Patología médica.

En 1933 hubo nuevas elecciones a decano. Ganó Fornos frente a Puche Álvarez, pero visto el descontento de los estudiantes renunció.

RECTOR
El 2 de julio de 1933 el Gobierno de la República designó a Fornos rector. Había sido propuesto por el claustro de profesores y ratificado por el Ministerio de Instrucción Pública

Su proyecto era acabar las obras de la Facultad de Medicina, poner en funcionamiento el campo de deportes para los estudiantes, crear residencias y una ciudad universitaria al modo de los Estados Unidos.

En 1935 murió su hijo menor por un accidente de tráfico. La Universidad de Valencia se adhirió a la de Salamanca para que se le otorgara el nobel de literatura a Miguel de Unamuno. También organizó y participó en una velada necrológica en el Paraninfo para recordar a Cajal.

En 1936 un sector de los estudiantes solicitó su dimisión. Dado el clima del país y el estallido de la guerra civil tuvo que huir de Valencia. Una noche, como a muchos, lo sacaron de su casa pero pudo volver al ser reconocido por uno al que había curado a su madre. Siguió unos días en su cátedra y atendiendo su consulta, pero fue sacando de Valencia en grupos a sus hijos. Cuando estos estuvieron a salvo en Francia, una noche cogió con el resto de la familia un barco pesquero que lo llevó a alta mar. De ahí pasó a un buque inglés que llevaba refugiados a Marsella. Su hijo Fernando no pudo llegar a tiempo y permaneció en Valencia. De Marsella a París. Allí esperaron un mes a reunirse con Fernando. En 1937 entraron a España por San Sebastián y se dirigieron a Salamanca, zona nacional.

Mientras en Valencia se le daba de baja de su cátedra por abandono, en Salamanca, donde tenía casa y familia, era nombrado Capitán Médico Honorífico del Ejército Nacional. Fue nombrado director del Hospital del Generalísimo.

En 1939 se encontraba de nuevo en Valencia. Se le devolvió su antigua cátedra. El 9 de abril de 1941 se le nombró rector de la Universidad. Permaneció en su cargo hasta su fallecimiento.

Su programa fue restablecer la tranquilidad en la Universidad, echar a los militares que habían convertido la casi acabada nueva Facultad en Hospital militar y seguir con su proyecto de ciudad universitaria.

En 1944 se inauguró la Facultad de ciencias. En 1949 la de medicina por el ministro Martín Ibáñez siendo decano Barcia, así como las instalaciones deportivas. También seguía en marcha la residencia de estudiantes que ahora la llamaron Colegio Mayor, diseñada por Guerlich que tuvo que rehacer varias veces el proyecto, y que inauguró por Franco en 1954. Fornos ya no lo pudo ver.

Fornos también logró que el Consejo Superior de Investigaciones científicas, antes Junta de Ampliación de Estudios e Investigaciones Científicas, participara en la nueva Facultad, igual que la Dirección general de Sanidad, en especial para temas de investigación y asistencia.

Fornos también perteneció al CSIC y fue procurador de las Cortes franquistas. Nunca dejó de publicar y de impartir conferencias sobre patología.

Debido a una neoplasia que se le diagnosticó, la última reunión que asistió como rector fue en noviembre de 1950. Operado en tres ocasiones falleció en Valencia un año más tarde el 8 de noviembre de 1951.

Bibliografía
Anuario de la Facultad de Medicina. Curso 1950-51  (1950). Valencia, Tipografía artística

–De las Heras Esteba, E. (2003). La escultura pública en Valencia. Estudio y Catálogo. Valencia, Tesis, Servei de Publicacions.

–Fresquet Febrer, J.L. (2017). El Instituto Médico Valenciano (1898-1930). De la catástrofe del 98 a la Segunda República. Valencia, Universitat de València-Instituto Médico Valenciano.

–Mancebo, M.F. (1994). La Universidad de Valencia. De la Monarquía a la República (1919-1939). Valencia, Instituto de Cultura Juan Gil-Albert-Universitat de València.

–Márquez de la Plata Ferrándiz, C. (1996). Fernando Rodríguez Fornos (1883-1951 y su obra clínica, tesis doctoral, Valencia: Tesis

–Perales Birlanga, G. (2009). Católicos y liberales. El movimiento estudiantil en la Universidad de Valencia (1875-1939). Valencia, PUV.