El doctor Moliner

Con motivo de haber subido nuevo vídeo al canal de Youtube “Medicina, historia y sociedad”, insertamos en este blog la transcripción del anterior vídeo, dedicado en esa ocasión al doctor Moliner o Francisco Moliner y Nicolás (1855-1915).

[Intro]
“Estoy frente al Hospital que hoy se llama Dr. Moliner. Fue inaugurado el 15 de julio de 1899 en las dependencias de la antigua Cartuja, en la sierra Calderona, como Sanatorio de Porta-coeli. Estaba destinado a los enfermos pobres.

Tras la guerra civil, las habitaciones de los enfermos de un hospital todavía en construcción, se convirtieron en celdas y su patio en zona de reclusión. Llegaron a concentrarse más de diez mil presos políticos.

El actual hospital se reconstruyó a finales de 1942 como Sanatorio Nacional Antituberculoso dado que la TBC volvió a convertirse en un problema. En 1943 fue adquirido por la Diputación provincial. En 1987 fue adscrito al INSALUD y se destinó a enfermos crónicos de media y larga estancia y terminales.

Tras este “Sanatorio” se encuentra la voluntad de un médico valenciano que luchó siempre por los derechos de los enfermos pobres y la “reconstrucción” de una verdadera sanidad pública y de la enseñanza de la medicina. A pesar de los pocos logros que consiguió, luchó incansablemente hasta el día de su muerte manteniendo sus principios. Nos referimos al conocido como Doctor Moliner, o Francisco Moliner y Nicolás.

[Rótulo]
Ya existían los sanatorios antituberculosos para las clases acomodadas, como el de Busot, y para niños, como el de Chipiona, pero no para las clases trabajadoras y pobres. Moliner también quería acoger a los soldados enfermos repatriados a la península desde Ultramar.

Moliner propuso la creación de sanatorios para ellos donde la disciplina, una buena alimentación, aire limpio, sol y reposo, les devolvería la salud. De lo contrario supondrían un peligro para toda la sociedad.

Creía que los gastos debían correr a cargo del estado, las instituciones provinciales y locales. Sabía que era difícil pues denunció que el estado dedicaba la irrisoria cantidad de 480.000 pesetas a la Sanidad, de las cuales 350.000 se dedicaban a sueldo del personal.

Moliner comenzó la campaña de 1 céntimo diario que convenció a a 14.000 obreros valencianos. A ellos se sumaban algunas donaciones y las colectas organizadas por los estudiantes.

Las obras del sanatorio comenzaron en 1898.

Obtuvo el favor (sólo eso) de la protección de la reina regente y de su hijo. Se nombró una junta de patronos. José Juan Dómine presentó el proyecto en la Conferencia Internacional Antituberculosa que se celebró en Berlín en 1899.

Moliner era el director, José Chabás (que después creó una revista especializada en tuberculosis) era el jefe clínico. Había además un practicante, un farmacéutico, dos enfermeros, dos ordenanzas, dos limpiadoras, dos cocineras, un repostero, un pinche, un mozo de limpieza, dos sirvientes de cocina, una jefa de comedor y dos camareros.

A finales de 1899 el gobierno declaraba de utilidad pública el Sanatorio y aceptaba una propuesta de ley para convertirlo en nacional.

En mayo de 1901 se habían atendido a 320 enfermos. Algunos médicos criticaron el derroche de dinero ofreciendo seis comidas abundantes a los pacientes.

Al no recibir subvenciones oficiales de forma regular el sanatorio tuvo que cerrar en 1902 con unos treinta enfermos.

En 1905 logró que el rey visitara el centro. Le hizo promesas como una subvención de 25 millones de pesetas, que, por unas razones u otras, tampoco se cumplieron.

Esbozo biográfico
Francisco Moliner nació en Valencia en 1855 y no en 1851 como se suele decir en algunos textos, en el seno de una familia acomodada. Estudió el bachillerato en el Instituto de Segunda Enseñanza de Valencia.

Se matriculó después en la Facultad de Medicina. En 1874 consiguió una plaza de alumno interno y en 1876 obtuvo la licenciatura con la calificación de sobresaliente y premio extraordinario. Cursó el doctorado en Madrid, grado que ganó en 1878 con la tesis “De la bomba del estómago y sus aplicaciones generales”. En la misma describe las propiedades exploratorias y terapéuticas del aparato ideado por Kussmaul y Weiss.

Ese mismo año ganó por oposición la plaza de Ayudante del Disector del Museo Anatómico de Valencia. En 1880 ganó la de profesor clínico, puesto que ocupó hasta 1883 cuando ganó las oposiciones a la cátedra de Patología de la Universidad de Zaragoza. En junio obtuvo la cátedra de Obstetricia de Granada y el 16 de julio la permutó por la de Fisiología de Valencia.

En Valencia vivió activamente la epidemia de cólera de 1885. Se declaró seguidor de la nueva bacteriología, pero se enfrentó a Ferrán y a Amalio Gimeno y seguidores por “problemas en la experimentación” y “falta de fiabilidad de las estadísticas”. Se enfrentó así a una serie de personas que luego se encontraría en el camino. Quizás los directores generales de sanidad Cortejarena y Pulido fueron poco receptivos en atender sus peticiones por ese motivo. Es difícil afirmarlo, pero conociendo el carácter patrio no sería extraño. Contrapuso a la vacunación, un método para el tratamiento del cólera, denominado “lavado de la sangre”, que pretendía la disolución de las toxinas microbianas y su posterior eliminación por la orina, mediante la inyección endovenosa de grandes cantidades de suero salino.

En 1887, tras el fallecimiento de José Crous, pasó a ocupar la cátedra de Patología especial de Valencia hasta 1908. En 1889 publicó Lecciones clínicas dadas en la Facultad de Medicina durante el curso 1888 a 1889.

Poco a poco los intereses de Moliner se desplazaron hacia temas médico-sociales. En 1890 pronunció el discurso inaugural del Instituto Médico Valenciano: Necesidad de crear cátedras de Medicina popular. Ese mismo año fue comisionado por el Ayuntamiento y la Academia para que fuera a Alemania a estudiar el procedimiento de Koch contra la tuberculosis.

En 1893 publicó Tratado clínico de la pulmonía infecciosa. Ese mismo año fue nombrado rector de la Universidad.

En 1894 hizo hincapié en la importancia de “las granjas-sanatorios en el tratamiento de los tísicos pobres” y publicó dos años después su discurso “Aspecto social de la tuberculosis”, en el que defendió, principalmente, con datos epidemiológicos, que “la tuberculosis es una verdadera enfermedad social, por su extensión, por su naturaleza, por las condiciones biológicas de su germen, por su modo de propagación, por su distribución geográfica y social, por los problemas que provoca y por la terapéutica que reclama”.

En 1895 fue nombrado presidente del Ateneo Científico y Literario de Valencia. Inauguró el curso con la conferencia Aspecto social de la tuberculosis.

En otoño de 1897 se produjeron abundantes lluvias en Valencia y ocasionaron el desbordamiento del río Turia. Las entidades culturales organizaron actos para recaudar dinero para ayudar a los damnificados. El Ateneo organizó una corrida de toros benéfica cuya presidencia fue aceptada por la reina regente. Mientras tanto fue nombrado rector. Se celebró la corrida y asistió a la misma como tal. Esto se consideró como una vergüenza nacional por la prensa de Madrid. El Gobierno consideró la corrida poco adecuada para un rector y lo destituyó.

En 1899 creó la Liga Nacional contra la tuberculosis y de socorro a los tísicos pobres en el seno del Instituto Médico Valenciano. Sus objetivos eran atender a los enfermos sin recursos y fomentar la creación de sanatorios para ellos. Pretendía extenderse por todas las provincias. Sin embargo fue languideciendo poco a poco.

Aquí situaríamos ahora todo lo dicho al principio del vídeo sobre el Sanatorio.

Tras el fracaso en parte del Sanatorio de Portaceli inició otra campaña para la creación de este tipo de sanatoriospopulares en todo el estado. A pesar de los miles de apoyos esta iniciativa tampoco se atendió.

Se presentó a elecciones por la “Candidatura médica independiente” con el fin de lograr, entre otras cosas, una ley para la protección de los tuberculosos pobres. Su insistencia y modos resultaron ser incómodos y se hizo lo posible para expedientarlo e incapacitarlo.

El 8 de abril de 1905 presentó su dimisión de la cátedra de Valencia por falta de medios para enseñarla. Su renuncia no fue aceptada.

En 1908 publicó Por la enseñanza y la salud. Mostraba su indignación porque las cortes habían denegado cinco millones para la mejora de la enseñanza y concedido doscientos para la marina de guerra. Incitaba a los estudiantes valencianos a que reclamasen un empréstito de cien millones para la enseñanza y la salud pública.

Encabezó las revueltas de los propios estudiantes y el gobernador le mandó encarcelar junto a ellos. Estuvo un mes encerrado, lo que le supuso la separación de la cátedra.

En 1909 pidió la creación de un ministerio de sanidad independiente, lo que fue desestimado.

En 1911 escribió el folleto Pidiendo una revisión en defensa de la verdad y de la justicia. En el mismo reivindicaba la cátedra y criticaba a quienes lo atacaron en los sucesos de 1908.

En 1914 se presentó de nuevo a diputado por el Partido Conservador. Siguió luchando por la defensa de los enfermos pobres, por la dignificación de la enseñanza y la sanidad pública.

Uno de sus últimos objetivos fue la aprobación de un proyecto de ley sobre epidemias.

Moliner falleció el 21 de enero de 1915 de una hemorragia cerebral.

En Madrid fue trasladado desde la casa mortuoria hasta la Estación de Mediodía. A los lados del coche mortuorio iban los porteros del Congreso con hachas encendidas. La presidencia estaba compuesta por los presidentes del Consejo de Ministros y del Congreso de Diputados. El ministro de Gobernación, el hijo de Moliner, el alcalde de Valencia, los doctores Pulido, Cortezo y Albiñana.

Su entierro en Valencia fue un auténtico acontecimiento social, fiel reflejo de la popularidad y del gran aprecio que el pueblo valenciano sentía por Moliner. Presidió el capitán general, el arzobispo, el gobernador civil, el alcalde y demás autoridades. En una segunda presidencia estuvieron el decano de la Facultad de Medicina, el presidente de la Academia, del Instituto Médico y representantes de la Casa del Pueblo y de los escolares.  En el cementerio leyeron discursos el hijo de Moliner y su fiel seguidor el doctor Albiñana.

Monumento y calle homenaje a Moliner en Valencia
Inmediatamente se formó una junta pro-monumento a Moliner. Fueron llegando las donaciones. En 1916 se hizo un concurso que ganó el escultor José Capuz. Sin embargo, tardó en realizarla al surgir numerosos problemas. Debió terminarse en 1920 o 1921. Se montó sin inauguración.

En el centro aparece la figura de Moliner revestido con toga universitaria sobre un pedestal en el que figura la inscripción “PAZ Y ARMONÍA SOCIAL POR EL AMOR Y LA CIENCIA”. Abajo, “AL DR. MOLINER”. A ambos lados le flanquean dos matronas que simbolizan el amor y la ciencia. Ambas recostadas sobre enormes volutas. En la trasera existe un relieve que deja constancia de la fecha. En torno al monumento se dispuso después una alberca con juego de surtidores e iluminación nocturna (1972).

Valencia le dedicó también una calle en 1924, la actual calle Sueca. Después se cambió por otra que va desde Micer Mascó (antes Luis Simarro) al actual Blasco Ibáñez a la altura del Hospital Clínico y la Facultad de Medicina. Data de 1936 y fue solicitada por el concejal médico García Brustenga.

Bibliografía

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–De las Heras Esteban, H. (2001). El monumento al Dr. Moliner en la Alameda de Valencia, obra del escultor José Capuz Mamano. Archivo de Arte Valenciano, nº 81, pp. 109-115.

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–El doctor Moliner. La Hormiga de Oro, 30 de enero de 1915, pp. 8-10.

–Fresquet Febrer, J.L. (2012). Dr. Moliner: la corrida de toros que le costó el rectorado. En Medicina, historia y sociedad. Disponible en: https://historiadelamedicina.wordpress.com/2012/11/08/dr-moliner-la-corrida-de-toros-que-le-costo-el-rectorado/, consultado el 12 de mayo de 2020.

–La Unión Ilustrada, 31 enero de 1915, pp. 20

–Lo que dice Capuz. El monumento al Dr. Moliner. Las Provincias, 16 de agosto de 1919, p. 2.

–La Ilustración Artística, 1 de febrero de 1915, p. 107.

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–Micó Navarro, J. (1991). Francisco Moliner y Nicolás (1851-1915), fundador de la moderna patología respiratoria en Valencia y del sanatorio antituberculoso de Porta-coeli. Médicos, nº 36, pp. 7-9.

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–Perales Birlanga, G. (2009). Católicos y liberales. El movimiento estudiantil en la Universidad de Valencia (1875-1939). Valencia, Publicacions de la Universitat de València.

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–VV.AA. El Camp de Concentració de Portaceli (1939-1942). Tavernes Blanques, València, L’Eixam Edicions.

Historia del tratamiento de la sífilis

Como siempre, cuando subimos un nuevo vídeo al canal de Youtube “Medicina, historia y sociedad”, proporcionamos en este blog la transcripción del vídeo anterior junto con una selección bibliográfica.

En esta ocasión se trata de la Historia del tratamiento de la sífilis. Se han añadido algunos fragmentos que fueron suprimidos del vídeo a última hora para ajustarse al tiempo.

La sífilis es conocida como una de las nuevas enfermedades que surge en el Renacimiento. Se presentó en Europa de forma epidémica a finales del siglo XV tras el descubrimiento de América. Durante siglos se ha debatido si su origen es americano o europeo.

Se alternan básicamente tres teorías: la llamada “precolombina”, que afirma que las enfermedades treponémicas, incluida la sífilis, se propagaron por el Viejo y el Nuevo mundo. En Europa se confundían con la lepra. En sucesivas mutaciones fueron apareciendo diferentes enfermedades. La sífilis de transmisión sexual surgió de la sífilis endémica en el sudoeste de Asia, debido a las temperaturas más bajas de la era postglacial y se extendió a Europa y al resto del mundo. Inicialmente se manifestó como una enfermedad leve, que eventualmente se agravó y creció en virulencia a fines del siglo XV.

La hipótesis “unitaria”, bastante parecida a la anterior, que defiende que las enfermedades treponémicas siempre han tenido una distribución global. Según esta teoría, tanto la sífilis como las enfermedades treponémicas no venéreas son variantes de las mismas infecciones y las diferencias clínicas se deben a las variaciones geográficas y climáticas y al grado de desarrollo cultural de las poblaciones dentro de áreas dispares. Así, la pinta, el pian, la sífilis endémica y la sífilis venérea se consideran respuestas adaptativas de T. Pallidum a los cambios en el medio ambiente, las diferencias culturales y el contacto entre varias poblaciones.

Por último la hipótesis conocida como “colombina”, que stablece que los navegantes de la flota de Colón habrían traído una nueva enfermedad a su regreso del Nuevo Mundo en 1493. Para los indígenas era una enfermedad conocida (bejel y pian). En Europa la bacteria pudo haber evolucionado a una nueva subespecie del Treponema pallidum.

Con la investigación de esqueletos europeos y americanos con nuevas técnicas, vuelve a cobrar fuerza esta teoría. Se ha descubierto que la sífilis venérea guarda estrecha relación con las cepas de pian de transmisión no sexual de América del Sur.

¿Cómo ha luchado la humanidad contra la sífilis?

Lo habitual para un médico del siglo XVI era acudir a los clásicos para ver qué es lo que estos recomendaban. Sin embargo, no encontraron nada porque para ellos era desconocida.

Esto supuso una ventaja pues los liberaba en buena medida de su autoridad. Podían buscar, probar, establecer diferentes puntos de vista… aunque en el fondo las ideas galénicas seguían estando ahí para justificar cualquier elección.

Guayaco
En la edición de la Materia médica de Dioscórides de Andrés Laguna se encuentran ya algunos medicamentos americanos. En el capítulo dedicado al Ébano Laguna dice:

“Hallándose muchas especies de Ebano, entre las cuales es una, y la más excelente aquel bendito y Santo madero llamado vulgarmente Guayaco, el cual por divina bondad, y misericordia, fue comunicado a los hombres. Porque dado que es Dios todo poderoso, por nuestras maldades y excesos nos castiga con infinitas enfermedades, todavía como padre piadoso, para que nos desesperemos, juntamente con cada una de ellas, nos da subido el congruente remedio…”

Se trataba de un medicamento diaforético. Claro, si se tomaba en infusión caliente se sudaba, lo que “cuadraba” bien con las teorías médicas entonces vigentes. Se reforzaba el efecto con baños de sudor, por donde se eliminaba el humor causante de la enfermedad.

El guayaco tuvo defensores como Ulrich von Hutten que en 1519 escribió: De guaiaci medicina et morbo galico. Los banqueros y comerciantes holandeses también lo apoyaron, como los Fugger. La corona española les concedió la exclusiva de su comercio con lo que obtuvieron grandes ganancias.

Junto con el guayaco se usaron otros sudoríficos como la zarzaparrilla.

Mercurio
Pero ya en el siglo XVI se dieron cuenta de que la eficacia de los sudoríficos no era la esperada. Se recuperó un medicamento que ya se había utilizado en la Edad Media para problemas de piel. Venía recomendado por el entonces prestigioso Guy de Chauliac en su Cirugía magna (1363).

Parece que fueron los cirujanos los que primero utilizaron el mercurio contra la sífilis. Hay que tener en cuenta que entonces la cirugía se consideraba como una ocupación socialmente inferior a la del médico, a excepción de los médico-cirujanos españoles e italianos.

Un ejemplo es Arias de Benavides que fue a Nueva España (México) y alabó el uso del metal contra las bubas. Dirigió durante unos años el Hospital del Amor de Dios de la capital mexicana donde se trataba esta enfermedad.

En Europa defendieron su uso Ruy Diaz de Isla, Paracelso y Fracastoro.

El mercurio tenía un problema. Era muy tóxico. Como muchos minerales y metales, se usaba por vía externa, sobre todo de dos formas. Se encerraba a los enfermos en una especie de estufas en cuya base se quemaba cinabrio (sulfuro de mercurio). Se liberaban vapores de mercurio que actuaban sobre la piel de los enfermos y también se podían respirar. A veces se producían accidentes graves.

Aquí tenemos dos muestras de cinabrio de las minas de Almadén.

Otra forma era aplicar el mercurio con fricciones sobre la piel, o en emplasto sobre las úlceras. Dependía de los productos con los que se mezclara, los compuestos a los que daba lugar y de las cantidades utilizadas que resultara más o menos tóxico o venenoso.

Lo único que podemos decir del mercurio es que resulta ser un ligero antiséptico o bacteriostático. Quizás por este motivo siguió siendo el tratamiento de elección hasta principios del siglo XX.

Las formas de administración cambiaron. Se prefería la vía oral. En el siglo XVIII –se confundía mucho con la gonorrea–, el cirujano van Swieten popularizó el uso del licor de Swieten (sublimado corrosivo o cloruro mercúrico). En forma de pastillas estuvieron de mnoda las “píldoras de Dupuytren”. Ricord creó las suyas (píldoras de Ricord) a base de yoduro mercurioso. También se usaron los calomelanos o cloruro de mercurio.

Algunos dermatólogos de la época prefirieron la inyección intramuscular y muy pocos la intravenosa de algunos de estos productos.

El Tratado de Terapéutica de finales del siglo XIX del químico y médico Vicente Peset, en el capítulo de los mercuriales, se refiere a varias docenas de preparados con este metal. Señala que en su época comenzaron a aclararse las acciones de algunos de estos fármacos. Poco a poco fueron desapareciendo de los manuales de farmacología.

Yoduros
El uso de yoduros –especialmente el youduro potásico– procede del irlandés William Wallace quien señala que los utilizó con éxito en los años treinta del siglo XIX. Posteriormente fue el francés Ricord quien difundió su uso en Europa para la sífilis terciaria. Algunas veces se asociaba con productos mercuriales, como el que mostramos.

Es una mezcla de bi-ioduro de mercurio y de ioduro potásico, elaborado por el Laboratorio de Esterilización B. Martín, de Madrid, premiado con la Medalla de oro en la Exposición de París de 1915 y registrado en la Dirección General de Sanidad en 1921.

Atoxyl
Aquí mostramos el Atoxil, uno de los arsenicales con los que comenzó Ehrlich a trabajar para obtener su bala mágica. Se usaba contra las tripanosomiasis. Era muy tóxico; podía producir ceguera. Este procede del Laboratorio de Hipodermia de París.

Salvarsán
Los cambios en la medicina durante el último tercio del siglo XIX y los primeros años del siglo XX fueron extraordinarios. Ya hemos dicho algo de ello en los vídeos anteriores. Nos centraremos en la síntesis del salvarsán por parte de Paul Ehrlich.

Para él la obtención del 606 supuso ‘siete años de desgracia con un éxito’. Para ello fueron necesarias, según él, las 4 Gs: Geld, Geduld, Geschick y Gluck ; ew decir, dinero, paciencia, habilidad y suerte.

Según Ehrlich obtuvo una sustancia de dos átomos de arsénico de doble enlace, cada uno unido a un grupo aminofenol. En 2004 se despejó la duda. En realidad se trataba de una mezcla o compuesto de especies de arsénico cíclico, de un trímero cíclico y un pentámero. Esto se pudo saber gracias al análisis espectroscópico ESI (espectrometría de masas que utiliza la ionización por electrospray.

El salvarsán y sus análogos fueron el tratamiento estándar de la sífilis hasta el final de la Segunda guerra mundial cuando fue posible fabricar penicilina en grandes cantidades.

Aquí tenemos un envase de madera de Salvarsán o arsfenamina fabricado ya en Nueva York. Como se traduce de los vídeos anteriores, la inyección de este producto era difícil. Se preparaba con una solución de sosa cáustica. Al tener mucha afinidad por el oxígeno del aire, se oxidaba rápidamente y se transformaba en sustancias tóxicas. El producto venía envasado en una ampolla seca y libre de aire. Tenía que prepararse bien y rápidamente.

A partir del mismo se obtuvieron otras fórmulas más estables y fáciles de administrar. Uno era éste que presentamos el “Salvarsán sódico”, que ya llevaba incorporado el sodio de forma estable. Sólo había que disolverlo en agua. Se usaba por vía intravenosa en el caso de que después de un tratamiento normal el paciente siguiera presentando un Wassermann positivo. También en casos de sífilis terciaria.

Uno de los preparados salvarsánicos más icónicos fue este: el Sulfoxil-Salvarsán. Difícilmente se oxidaba y ya venía listo para inyectar. Permanecía mucho tiempo en el organismo antes de eliminarse. Se usaba en los periodos terciarios y para los casos tratado habitualmente pero que seguían presentando Wassermann positivo.

Otro de los preparados fue el conocido como 914 o Neosalvarsán. Se trataba de una solución estable y dispuesta para su uso. Se administraba por vía intramuscular en el cuadrante superexterno del glúteo mayor.

También circuló el Solusalvarsán, dispuesto para inyección tanto intramuscular como intravenosa. De utilidad en todos los estadios de la enfermedad, especialmente en el periodo inicial.

Por último mostramos el Neo espirol, = al 914 fabricado por Laboratorios del Dr. Esteve, el primer salvarsán fabricado en España. Se administraba por vía intravenosa.

Bismuto
El origen del uso del bismuto está en los trabajos de Benjamin Sauton de 1914. No pudo proseguirlos porque murió en la primera gran guerra. En 1921 Robert Sazerac y Constantin Levaditi demostraron que el bismuto tenía eficacia contra las trepanomatosis. A ello se unía baja toxicidad. A pesar del éxito de los salvarsanes, acabó desplazando al mercurio.

Aquí vemos una caja de inyectables de un “poderoso antiluético a base de protóxido de bismuto en ampollas esterilizadas de 2 cc de suspensión oleosa”. De Laboratorios Pons, de Lérida.

Penicilina
La penicilina se creó en un momento social, político y económico difícil. Transcurría la Segunda guerra mundial. Se probó su eficacia en humanos en 1941. En 1943 ya se comercializaba.

En la sífilis la introdujeron John Mahoney, Richard Arnold y AD Harris ese mismo año. La administraron a un paciente cada cuatro horas durante ocho días. Dados los buenos resultados, en 1945 se generalizó su uso.

Se administraba Penicilina G benzatina o procaína por vía parenteral en cualquiera de los tres periodos de la sífilis. La benzatina o la procaína tenían la finalidad de alargar su vida en el organismo. Se administraba por vía intramuscular.

Mostramos este vial de Farmaproina, penicilina G Procaina de 600.000 UI. Fabricada por Compañía Española de Penicilina SA en 1966, con el permiso de Merck & Co.

Después se han ido creando nuevos antibióticos.

Bibliografía
–Calvo, A. (2006). Ehrlich y el concepto de “bala mágica”. Revista Española de Quimioterapia, vol. 19, pp. 90-92.

–Centurion-Lara A, Molini BJ, Godornes C, Sun E, Hevner K, Van Voorhis WC, et al. (2006). Molecular differentiation of Treponema pallidum subspecies. J Clin Microbiol vol. 44, pp. 3377-3380.

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–Fresquet Febrer, J.L. (1993). La experiencia americana y la terapéutica en los ‘Secretos de chirurgia’ (1567) de Pedro Arias de Benavides. Valencia, Instituto de Estudios Documentales e Históricos sobre la Ciencia.

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–Ros-Vivancos, C.; González-Hernández, M.; Navarro-Gracia, J. F:; Sánchez-Payá, J.; González Torga, A.; Portilla-Sogorb, J. (2018). Evolución del tratamiento de la sífilis a lo largo de la historia. Revista Española de Quimioterapia, vol. 31, nº 16, pp. 485-492.

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–Tampa, M.; Sarbu, I.; Matei, C.; Benea, V. Georgescu, S.R. (2014). Brief History of Syphilis. J Med Life, vol. 7, nº 1, pp. 4-10.

–Vilanova X. (1955). El tratamiento penicilínico de la sífilis. Rev Clin Esp vol. 58, pp. 307-20.

 

 

 

Incorporación de nuevas fuentes iconográficas y materiales de historia de la medicina (julio, 2020)

Hoy hemos añadido a nuestra Colección de fuentes materiales e iconográficas varios medicamentos, alguna imagen y unos cuantos instrumentos.

Entre los primeros, el Bromhidrato de quinina, Bismuto Pons, Kombetín (Estrofantina Boehringer), Strofosid (k-estrofantósido cristalizado), Bioioduro de mercurio y ioduro potásico y Atoxyl.

Bromhidrato_de_quinina

Atoxyl2

 

En cuanto a imágenes, una fotografía de Rudolf Virchow y otra del grupo de estudiantes de la Facultad de Medicina de Valencia que en el curso 1960-61 celebraron su paso del ecuador.

Paso_Ecuador_1960_61

Respecto a los instrumentos, un Inhalador Torrecilla, un Estetoscopio electrónico Medetrón, una Ventosa obstétrica AGI-IMSA, y dos aparatos de electroterapia. Uno de ellos, de corriente galvánica, de Wohlmuth y el otro de Reiniger, Gebbert & Schall.

Medetron_2

Estetoscopio electrónico Medetrón

Ventosa_obstetrica_2

Ventosa obstétrica AGI-IMSA

Wohlmuth_Electroterapia_3

Aparato de electroterapia (corriente galvánica) Wohlmuth

Reiniger_Electroterapia_1

Aparato de electroterapia Reiniger, Gebbert & Schall

Salvarsán. La bala mágica

Insertamos el guión del vídeo Salvarsán. La bala mágica que subimos al canal de Youtube “Medicina, historia y sociedad”.

 

Intro

Durante el siglo XIX la medicina asistió a la conversión de la materia médica en farmacología experimental, es decir, del uso de productos procedentes de la naturaleza para curar, a la extracción de sus principios activos y a la síntesis de otros nuevos. Asimismo se avanzó mucho en el estudio de sus acciones y efectos.

A finales de siglo XIX ya se disponía de un buen número de productos útiles que actuaban sobre síntomas: antipiréticos, narcóticos, anestésicos, analgésicos… pero pocos que actuaran sobre la causa de las enfermedades.

El médico alemán Paul Ehrlich se empeñó en buscar lo que llamó “la bala mágica”, es decir, una sustancia que actuara sobre la causa de una enfermedad creando los mínimos efectos secundarios o tóxicos al enfermo que la padeciera. Y lo logró.

En 1910 se probó con extraordinario éxito el conocido como 606 o salvarsán (arsénico que salva) contra la sífilis.

¿Cuándo y cómo ese medicamento llegó a España?

Rótulo

Se trata de un tema largo y complejo pero que merece nuestra atención a pesar de que nos veamos obligados a exponerlo en dos vídeos.

Aun así, no podemos abarcarlo todo y sólo hablaremos de grandes hitos, así que a ellos nos ceñiremos.

El salvarsán fue diseñado para matar al Treponema pallidum, bacteria causante de la sífilis. La humanidad llevaba luchando contra esa enfermedad desde el siglo XVI –conocida entonces entre nosotros como Morbo Gálico, mal francés, o mal de Nápoles– sin haber logrado ningún avance significativo. Su tratamiento era a base de mercurio, elemento de uso peligroso, tóxico, pero que de alguna manera detenía la enfermedad o la alargaba en el tiempo. En ocasiones se administraba junto con otros medicamentos. Se empleaba ya en el Renacimiento.

La sífilis era una enfermedad venérea, una enfermedad infecciosa que estaba bastante extendida. Se la relacionaba entonces con la degradación de la persona, con el deterioro físico y moral. Recordemos la existencia de la sífilis congénita y de que entonces la evolución natural de la enfermedad recorría los tres periodos llegando al último o periodo en el que se afectaba el cerebro, los nervios, los ojos, el corazón, los vasos sanguíneos, el hígado, los huesos y las articulaciones. Esto podía ocurrir muchos años después de la infección original no tratada. Aparte estaba también la neurosífilis o la afectación del cerebro y del sistema nervioso (los enfermos acababan sus días en asilos de alienados) y la sífilis ocular.

Desconocemos la tasas de sífilis en España porque no era enfermedad de declaración obligatoria. Aquí unas estadísticas de la mortalidad en Madrid y de los casos atendidos en el Hospital San Juan de Dios que era el lugar específico para el tratamiento de enfermedades venéreas y dermatológicas [Se muestran las estadísticas]. Están extraídas el libro de Antono Navarro Fernández, La prostitución en Madrid (1909).

A finales del siglo XIX la mentalidad etiológica, el estudio de las causas, tomó una extraordinaria relevancia en medicina. La microbiología por si sola pudo explicar la causa de numerosas enfermedades. En el caso de la sífilis. Elie Metchnikoff y Émile Roux demostraron en el Instituto Pasteur que la sífilis se podía transmitir de forma experimental al mono y algunas de sus lesiones al ojo del conejo. En 1905 Richard Shaudin y Paul Erich Hoffman pudieron descubrir que el Treponema pallidum  era el causante de la sífilis o avariosis

Sólo un año después, Albert Neisser y August von Wassermann desarrollaron una prueba de detección de anticuerpos en sifilíticos proporcionando la base para el desarrollo del serodiagnóstico de la infección sifilítica.

Wasserman, basándose en hallazgos científicos de Ehrlich como su teoría de las cadenas laterales, había comenzado en 1900 a trabajar en las reacciones de fijación del complemento e investigó la reacción toxinas-antitoxinas en la sangre.

Pero volvamos a fijar nuestra atención en Paul Ehrlich. Estudió medicina en Breslau, Estrasburgo, Friburgo y Leipzig. Trabajó en la Charité como asistente de Friedrich von Frerichs que le dejó que se dedicara a la investigación. Trabajó especialmente con los colorantes de los tejidos animales (histoquimia). Cuando murió Frerichs su sustituto obligó a Ehrlich a realizar práctica clínica. Como no le gustaba abandonó la Charité. Contrajo la tuberculosis. Una vez recuperado trabajó en su casa, luego en el Instituto de Robert Koch donde comenzó a investigar la inmunidad y las leyes por la que ésta se regía. Estudió, por ejemplo, la toxina antidiftérica. Dirigió después el Institut für Serumforschung und Serumprüfung que adoptó el nombre de Institut für experimentelle Therapie cuando fue trasladado a Frankfurt. Después se hizo cargo de la Georg Speyer Haus für Chemotherapie fundada para él por la viuda del banquero Speyer. Esto marcó la tercera etapa en la vida científica de Paul Ehrlich. Retomó uno de los aspectos de su tesis de doctorado: la necesidad de estudiar la relación existente entre la composición química de los fármacos y su modo de acción sobre el organismo y sobre las células del cuerpo a las que iban dirigidos. Igual que sucedía en inmunología, uno de sus propósitos era encontrar los productos específicos que tuvieran afinidad por los organismos patógenos. Él habló de “balas mágicas”: que actuarían sobre la causa de enfermedad dejando indemne al huesped.

Ehrlich utilizó el término “quimioterapia” para referirse a una parte de la terapéutica experimental, diferenciándola del término “farmacología”.

La terapéutica experimental, para Ehrlich, debía reproducir las enfermedades en animales para, más tarde, estudiar científicamente la acción de los fármacos. Las enfermedades infecciosas eran un ejemplo.

Tres áreas formaban para el médico alemán la terapéutica experimental: la Organoterapia (que incluiría más tarde el estudio de las hormonas), la Bacterioterapia y la Quimioterapia.

Contra la sífilis ya se usaba el atoxil –sustancia sistetizada por Pierre Antoine Béchamp en 1869–, pero tenía una alta toxicidad que lo hacía inviable.

Ehrlich trabajó con Sahachiro Hata (1873-1938), que era especialista en infecciones experimentales por Treponema pallidum en conejos y también había estudiado la eficacia de los derivados del atoxil.

El ‘606’ fue dado a conocer por Ehrlich en abril de 1910, en Wiesbaden, en el 27 Congreso alemán de Medicina interna.

La andadura del nuevo medicamento no fue, al principio, un camino de rosas. Farbwerke-Hoechst no esperó más ensayos y distribuyó 65.000 unidades de forma gratuita entre los médicos. El producto, en ocasiones, presentaba efectos secundarios y algunos adversarios no tardaron en importunar y criticar a Ehrlich; el cabecilla acabó en prisión.

A pesar de que se trató de retener el producto hasta que se hubiera probado en centenares de pacientes, Ehrlich no pudo evitar la demanda creciente del nuevo fármaco. El salvarsán también tuvo otro tipo de enemigos: la iglesia ortodoxa rusa, por ejemplo, sostuvo la opinión de que las enfermedades venéreas eran el castigo de Dios a la inmoralidad y no debían tratarse. La policía alemana también estuvo contra el salvarsán debido a los problemas que planteaba la prostitución. Fueron cuatro años difíciles hasta que Ehrlich sustituyó el 606 por el 914 o neosalvarsán, más soluble, fácil de usar y no perdía eficacia.

Ehrlich logró eliminar de esta manera a los gérmenes causantes de enfermedad sin lesionar al organismo mediante la inyección de un producto en la sangre. Es lo que antes hemos llamado “balas mágicas”. Este conjunto de trabajos significó su gloria y el comienzo de una fase revolucionaria para la farmacología y, por tanto, para la terapéutica. En poco tiempo siguieron las sulfamidas y después los antibióticos, y toda una serie de productos orgánicos con eficacia terapéutica.

El hallazgo de Ehrlich se difundió tanto en las revistas profesionales como en la prensa general de todo el mundo. España no fue una excepción y sucedió todo lo contrario que con el premio Nobel de Cajal. Numerosos artículos explicaron qué era el 606 o salvarsán, cuál era su acción, qué efectos tenía, cómo de importante podía ser su toxicidad y comentaban los ensayos clínicos que se llevaban a cabo.

La noticia se difundió por todo el mundo y Frankfurt se convirtió en el lugar donde llegaban por decenas los representantes de países, instituciones y sociedades para hablar con Ehrlich, conseguir unas dosis del nuevo medicamento y aprender a utilizarlo.

En resumen,

–Al principio el salvarsán no fue bien en todos los casos de sífilis. En algunos produjo efectos secundarios.

–En otros, en cambio, resultó ser una cura casi milagrosa.

–Algunos médicos se pasaron de entusiastas y otros de críticos.

–Su administración implicaba no pocos problemas técnicos.

–Se probaron la vía intradérmica, la intramuscular y la endovenosa.

–Significó un empuje para la medicina de laboratorio.

–Ambos sexos se beneficiaron del mismo.

–Contribuyó a que se hablara con menos prejuicios de las enfermedades venéreas desde el punto de vista de la salud pública.

¿Cómo conoció España el Salvarsán? La respuesta en el próximo vídeo.

Bibliografía

–Fresquet Febrer, J.L. (2004 y revisado en 2012). Paul Ehrlich (1845-1915). En: Epónimos y biografías médicas. Historiadelamedicina.org. Disponible en: https://www.historiadelamedicina.org/ehrlich.html , Consultado el 20 de marzo de 2020. Incluye amplia bibliografía:

—Ackerknecht, E.H. (1973), Therapeutics from the primitives to the 20th Century, New York, Hafner Press.

—Dolman, C. Paul Ehrlich, En: Charles Coulston Gillispie. Editor in chief: Dictionary of Scientific Biographies. Charles Scribner’s Sons, New York, 1971. Volume 4, pp. 295-305. American Council of Learned Societies.

—Ehrlich, Paul. Collected papers of Paul Ehrlich. compiled and edited by F. Himmelweit. EA. three volumes. London, Pergamon Press, 1956-60.

—García Sáncuez, J.E.; Lucila Merino, M. Cien años de la bala mágica del Dr. Ehrlich (1909–2009). Enfermedades infecciosas y Microbiología Clínica, 2010: 28(8): 521-533.

—Gesamtliste der Publikationen von Paul-Ehrlich, disponible en (http://www.pei.de/DE/institut/paul-ehrlich/publikationen/paul-ehrlich-publikationen.html?__nnn=true). Consultado en junio de 2012.

—Laín Entralgo, P. (1973), Farmacología, farmacoterapia y terapéutica general, En: Historia Universal de la Medicina (Dir.: Pedro Laín), Barcelona, Salvat, vol. 6, pp. 259-268.

—Lloyd, N.C.; Morgan, H.W.; Nicholson, B.K.; Ronimus, R.S. The composition of Ehrlich’s Salvarsan: Resolution of a Century-Old Debate. Angew. Chem. Int. Ed, 2005; 44: 941-944.

—Marquardt Martha. Paul Ehrlich als Mensch und Arbeiter. Erinnerungen aus dreizehn Jahren seines Lebens (1902-1915). Mit einer Einführung von Dr. Richard Koch. Stuttgart/Berlin/Leipzig, 1924. Versión en inglés: Paul Ehrlich. New York, Henry Schuman, 1951.

—Neosalvarsán, solu-salvarsán. Su descubrimiento, su obtención y comprobación, la técnica de su empleo y las indicaciones. Barcelona, Bayer-Meister Lucius, sa.

—Rubin LP. Styles in scientific explanation: Paul Ehrlich and Svante Arrhenius on Immunochemistry. J Hist Med Allied Sci. 35(4):397-25,1980

—Parascandola, Paul Ehrlich’s Chemoterapy, J Hist Med and All Scien, 36 (1), 19-43, 1981.

—Paul Ehrlich. Biography. Nobelprize.com. (http://nobelprize.org/medicine/laureates/1908/ehrlich-bio.html). Consultado en noviembre de 2004.

—Silverstein, A. The collected papers of Paul Ehrlich: why was volume 4 never published? Bull Hist Med, 76(2), 335-339, 2002.

—Witkop B.Paul Ehrlich and his Magic bullets–revisited. Proc Am Philos Soc. 143(4), 540-57, 1999.

Más bibliografía

Bosc, F.; Rosich, L. (2008). The contribution of Paul Ehrlich to pharmacology: a tribute on the occasion of the centenary of his Nobel Prize. Pharmacology, vol. 82, nº 3, pp. 171-179.

Buchwalow, I.; Boecker, W.; Tiemann, M. (2015). The contribution of Paul Ehrlich to histochemistry: a tribute on the occasion of the centenary of his death. Virchow Arch., vol. 466, nº 1, pp. 111-116.

Calvo, A. (2006). Ehrlich y el concepto de “bala mágica”. Rev Esp Quimioterap, vol. 19, nº 1, pp. 90-92.

Drews, J. (2004). Paul Ehrlich: magister mundi. Nat Drug Discov, vol. 3, nº 9, pp. 797-801.

Kaufmann, S.H. (2008). Paul Ehrlich: founder of chemotherapy. Nat Rev Drug Discov, vol. 7, nº 5, p. 373.

Sepkowitz, K.A. (2011). One hundred years of Salvarsan. N England J Med, vol. 365, nº 4, pp. 291-293.

Strebhardt, K.; Ullrich, A. (2008). Paul Ehrlich’s magic bullet concept: 100 years of progress. Nat Rev Cancer, vol. 8, nº 6, pp. 473-480.

Vernon, G. (2019). Syphilis and Salvarsan. Br J Gen Pract, vol. 69, nº 682, p. 246.

 

Louis Ombrédanne (1871-1956)

Hemos añadido a la sección de Biografías y epónimos médicos de historiadelamedicina.org la de Louis Ombrédanne.

Ombredanne

Nació en París en 1871 y murió en la misma ciudad en 1956. Estudió medicina y se formó en cirugía sobre todo con Auguste Nélaton. Sus áreas de trabajo fueron la cirugía general, la anestesia, la cirugía pediátrica y la cirugía plástica y reconstructora. Entre otros hospitales, dirigió uno de los servicios de cirugía pediátrica y ortopedia del Hôpital des Enfants malades-Necker, de París. También fue profesor de la Facultad de Medicina.

Conocido, sobre todo, por la invención de un inhalador de éter que lleva su nombre. Por su facilidad de uso se hizo popular en toda Europa continental y Latinoamérica entre 1908 y finales de los años treinta del siglo XX.

Describió, junto con Armingeat, el síndrome de palidez-hipertermia que lleva el nombre de los dos y que se caracteriza “por su aparición gradual, en una o dos etapas, con una palidez impresionante, con ojeras, una enorme aceleración del pulso que se vuelve incontable, mientras que la temperatura alcanza los 42º y la muerte ocurre repentinamente por síncope cardíaco”.

También hay otra intervención que lleva el nombre de Ombrédanne: la orquidopexia transcrotal en el niño. Por otro lado dedicó gran parte de sus investigaciones a la cirugía plástica y reconstructora, campo en el que también investigó. Buena parte de sus hallazgos los aplicó a la cirugía pediátrica, especialmente a la corrección de las malformaciones congénitas y adquiridas.

Autor de numerosos libros, artículos y comunicaciones a congresos, academias y sociedades científicas.

Homenaje a Federico Rubio y Galí (1906)

Hace unas semanas añadimos al canal Medicina, historia y sociedad, de Youtube, un vídeo sobre la inauguración del monumento a Federico Rubio, en Madrid, en 1906.

Como solemos hacer después de haber “subido” un nuevo vídeo al canal, ofrecemos ahora su transcripción:

Introducción
El Heraldo de Madrid del jueves 13 de diciembre de 1906 llevaba en su portada la crónica de la inauguración de un monumento:

Desde hoy podrá admirar el público de la capital un monumento del ilustre artista Miguel Blay. ¡Ya era hora!… Es la primera obra del laureado escultor admitida para el ornato de las vías públicas madrileñas, donde con frecuencia tropieza el paseante con cualquier Espartero ó marqués del Duero propios para destruir toda idea artística de buen gusto y también para partir los más empedernidos corazones. Se impone una revisión de estatuas, ¡oh, popular alcalde!, y lanzar muchas de ellas á la región de las tinieblas, en cualquier covacha, ó mejor aún en cualquier fundición, donde, perezcan á fuego… Pero esta revisión, á la que me permitiré aportar algunas indicaciones, queda para otro día y ocasión oportuna.

Se refería en esta ocasión para bien, a la escultura del cirujano Federico Rubio y Gali.

Decía Laín en el prólogo que hizo para una reedición de una obra de Rubio que, pese al puesto que ocupa este nombre en la epigrafía urbana, si alguien preguntase por su vida y su obra a un centenar de españoles cultos, no sabía cuántos darían respuesta satisfactoria. Y, sin embargo, –añadía– Rubio ha sido el médico más importante de todo nuestro siglo XIX a excepción de Cajal a quien considera investigador de ciencias básicas.

Hoy es posiblemente un personaje olvidado pero en su época y durante buena parte del siglo XX fue quizás magnificado.

Bueno, esto nos obliga a trasladarnos a Madrid.

Ante el monumento en el Parque del Oeste
… Uno de los más distinguidos monumentos de finales del siglo XIX es el que se levantó en honor al médico y político Federico Rubio y Galí, nacido en el Puerto de Santa María, Cádiz, el 30 de agosto de 1827 y fallecido en Madrid el día 31 de agosto de 1902.

Fue inaugurado en 1906 en el madrileño paseo “Parque del Oeste” donde hay varias decenas de esculturas. Fue este el primer parque que se creó en Madrid. Se abrió al público en 1905. Se sitúa entre el barrio de Argüelles y la estación de Príncipe Pío.

Su autor fue el escultor Miguel Blay y Fábregas nacido en Olot en 1866 y fallecido en Madrid en 1936.

Este monumento es de piedra caliza marfil (la figura y el sillón de estilo modernista donde está sentado el prestigioso cirujano), y en bronce, (una joven mujer con un hijo en brazos y otro a su lado que le obsequian con un ramo de flores en señal de agradecimiento).

Durante la guerra civil esta zona quedó entre los dos bandos que se enfrentaron a lo largo de tres años. Los franquistas estaban aquí detrás, en la Escuela de Arquitectura, apenas a 300 metros. Los republicanos se encontraban en lo que fue la cárcel modelo y el Hospital Clínico…

[Se ubican en un plano el monumento, la antigua cárcel modelo (hoy Cuartel del ejército del aire), Hospital Clínico, Fundación Jiménez Díaz, donde estuvo el Instituto Rubio, y la Escuela de Arquitectura]

Uno de los proyectiles impactó sobre la cabeza de Rubio y lo decapitó. También quedaron marcados en el resto de monumento varios impactos, alguno de los cuales se puede contemplar todavía.

Tras la guerra civil y un informe del Conde de Casal, el monumento fue reconstruido a pesar de las raíces republicanas de Federico Rubio.

Este distinguido médico cirujano había logrado que la gente más humilde a la que prestaba su ayuda lo llamase el “médico de los pobres”.

Su vida y contribuciones
Perteneciente a una familia de tradición liberal y perseguida en numerosas ocasiones, Federico nació en Puerto de Santa María (Cádiz) el 30 de agosto de 1827.

Después de los estudios secundarios se decantó por los de Medicina en el Colegio Nacional de Medicina y Cirugía de Cádiz (más tarde Facultad de Medicina).

Mientras tanto, sus escasos recursos le obligaron a realizar varias actividades que le proporcionaron dinero para sobrevivir. En 1850 se trasladó a Sevilla donde opositó para una plaza de cirujano en el Hospital Central que obtuvo el menos capacitado de los que se presentó, pero que tenía apoyos políticos. Lo ocurrido favoreció, sin embargo, a Rubio, quien se fue haciendo con una buena clientela privada a la vez que ganaba prestigio.

En esta época también comenzó a moverse en política. Como otros demócratas, fue detenido en 1859 y tuvo que exiliarse. Se fue a Inglaterra y en Londres aprovechó para formarse como cirujano con William Fergusson. Regresó en 1860.

En 1864 tuvo que exiliarse de nuevo. En esta ocasión marchó a París donde estuvo con figuras tan conocidas e influyentes como Alfred Velpeau, Piel Paul Broca y Auguste Nélaton. Asistió además a los cursos de microscopía de Eloy Carlos Ordóñez que también fue el maestro de Aureliano Maestre de San Juan. Estuvo además en Breslau con Johannes Evangelista Purkinje para completar su formación histológica.

En la década de los sesenta publicó bastante. También participó activamente en la preparación de la Revolución de Septiembre de 1868. Formó parte de la Junta provisional revolucionaria de Sevilla, cargo que fue renovado por sufragio en las elecciones que se celebraron en octubre, alcanzando la vicepresidencia.

Gracias a la revolución y a la libertad de enseñanza pudo crear la Escuela Libre de Medicina y Cirugía de Sevilla, cuna del especialismo médico en España, donde enseñó Clínica quirúrgica.

En el terreno político fue diputado en las Cortes Constituyentes, legislatura de 1869-1870. Fue reelegido en 1871, pero renunció.  En las elecciones generales de 1872 ganó un puesto de senador por Sevilla para la legislatura 1872-73. Durante la Primera República (1873-74) fue enviado a Londres para que el gobierno de Gran Bretaña reconociera al gobierno republicano español, cosa que no logró. No obstante, antes de regresar a España viajó a los Estados Unidos donde visitó hospitales de Nueva York, Chicago y Filadelfia. Más tarde se le reconoció haber actuado como embajador en Gran Bretaña.

En 1874 fijó su residencia en Madrid. Durante la Restauración abandonó la política y se convirtió en el médico de la aristocracia y alta burguesía de Madrid. En 1874 ingresó en la Academia.

En Madrid sintonizó bien con el grupo intelectual en torno a Giner de los Ríos y la Institución Libre de Enseñanza.

En 1880 creó el Instituto de Terapéutica Operatoria en el Hospital de la Princesa de Madrid que se encontraba entonces en lo que hoy es la calle de Alberto Aguilera. Para ello se valió no solo de su prestigio sino que utilizó además su amistad con políticos influyentes.

Este centro se independizó en 1896 cuando fue trasladado a unos edificios nuevos en la zona de Moncloa sufragados, en parte, por suscripción pública.

En la Fundación Jiménez Díaz
Nos encontramos ahora en la Fundación Jiménez Díaz, edificada en los mismos terrenos que ocupó el Instituto Rubio que fue destruido durante la guerra civil.  Los terrenos fueron cedidos por el Estado. Se construyeron varios edificios por pabellones. El principal, de tres plantas y sótano, albergaba la recepción de enfermos, unas dependencias privadas para Rubio y la administración. Otro edificio se destinó a enfermos varones, otro a mujeres y otro a enfermos infecciosos. Después se construyó una capilla donde se velaban los cadáveres y donde quiso ser enterrado el doctor Rubio.

La guerra civil destruyó tanto el edificio que se encontraba en pleno frente, como la labor del gran equipo de profesionales que allí trabajaban y que acabaron dispersándose.

Durante la guerra civil esta zona quedó entre los dos bandos que se enfrentaron a lo largo de tres años.

Si vemos los planos de la época situaríamos a los franquistas detrás, desplegados en la zona que ocupa la Escuela de Arquitectura. Todavía pueden verse trincheras y búnqueres.

Los republicanos se encontraba alrededor de la cárcel modelo, espacio que ocupa hoy el Ejército del Aire, y del Hospital clínico. Como se ve el monumento queda entre los dos y sufrió las consecuencias. Los impactos de proyectiles todavía se pueden ver hoy. También fue decapitado aunque gracias a un informe del conde de Casal el monumento fue reconstruido a pesar de las raíces republicanas de Rubio.

Consciente de que la revolución quirúrgica exigía nuevas instalaciones y personal técnico, creó también la Escuela de enfermeras Santa Isabel de Hungría, la primera de España de inspiración laica y burguesa.

En 1899 apareció la revista Revista Iberoamericana de Ciencias Médicas, donde publicó varios trabajos suyos como es lógico, así como la labor desarrollada en el Instituto.

Desde 1901 la salud de Federico Rubio se deterioró. Murió en Madrid, en la casa que su hija Sol poseía en la calle Barquillo, el 31 de agosto de 1902. Fue enterrado dos días más tarde en el panteón construido en la capilla de su Instituto por el rito católico.

Respecto a la obra de Rubio, aparte de su producción médica destaca El libro chico (1863) donde resumió sus ideas filosóficas y psicológicas y donde se refleja la influencia del krausismo; El Ferrando (1863), que escribió para defenderse de las críticas al anterior; La mujer gaditana (1902) y Mis maestros y mi educación (publicado por su hija después de su muerte) y que vendría a ser una suerte de autobiografía incompleta. Aquí tenemos dos ediciones del mismo.

También se ha destacado mucho su discurso de 1890 en la Academia que tituló La Sociopatología. Se trata de un ensayo original en el que defendió que la realidad y la vida del cuerpo social deben ser incumbencia del médico. Reconoce que disciplinas como el derecho, la filosofía, la economía, etc. deben estudiar la sociedad, pero sólo el médico posee la mentalidad y los métodos exigidos por el saber sociológico; puede pasar analógicamente desde el organismo individual hasta el organismo social. Por otro lado, para Rubio la sociedad es como un organismo pluricelular, un ser colectivo y natural y como tal puede también enfermar.

Este texto es un programa o esbozo de una ciencia que pugnaba por nacer y que esperaba que se desarrollara en el futuro como así ha sido.

Sin salirnos del tema, destaca su artículo en el que hace referencia al anterior, que con el título “Clínica social” publicó en 1899 en la Revista Ibero-Americana de Ciencias Médicas.

Aquí termina este acercamiento a un destacado médico y cirujano del siglo XIX del que siempre podrás obtener más datos de la bibliografía que dejaremos en el blog.

Bibliografía
–Carrillo, J.L. et al. (2002). Federico Rubio y Gali (1827-1902). Estudio Documental y Bibliográfico. Puerto de Santa María, Concejalía de Cultura del Ayuntamiento.

–Carrillo Martos, J.L. (Coord.) (2003). Medicina y sociedad en la España de la segunda mitad del siglo XIX: una aproximación a la obra de Federico Rubio y Galí, (1827-1902). Puerto de Santa María, Ayuntamiento.

–Laín Entralgo, P. (1986). Medicina y sociedad en la obra de Federico Rubio. En: Ciencia, técnica y medicina. Madrid, Alianza, pp. 333-341.

–Rubio y Galí, F. (1890): Discursos leídos en la solemne sesión inaugural del año de 1890 de la Real Academia de Medicina [La Sociopatología]. Madrid, Establecimiento Tipográfico E.Teo- doro, pp. 25-49.

–Rubio y Galí, F. (1899). Clínica social. Revista Ibero-americana de Ciencias Médicas (Madrid), vol. 2, no 3, `pp. 50-78.

Prensa:

–Del Diario de un paseante. Por Luis Bello. El Imparcial, 16 de diciembre de 1906, p. 2.

–El monumento a D. Federico Rubio. El Siglo futuro, 14 de diciembre de 1906, p. 2.

–Arte y artistas. Heraldo de Madrid, jueves 13 de diciembre de 1906, p. 1.

–Monumento al doctor Rubio. El Correo Español, jueves 13 de diciembre de 1906, p. 4.

–El monumento al Dr. Rubio. ABC, 14 de diciembre de 1906, p. 3.

 

Oskar Liebreich (1839-1908)

Liebreich

En la línea de rescatar a los protagonistas de la conversión de la materia médica en farmacología experimental, hemos insertado en la sección de biografías y epónimos médicos de historiadelamedicina.org la del alemán Oskar Liebreich (1839-1908).

Liebreich nació el 14 de febrero de 1839 en Köngsberg, Prusia oriental. Se formó como técnico químico con Carl Remigius Fresenius (1818-1897). Posteriormente estudió medicina en las Universidades de Königsberg, Tübingen y más tarde en la de Berlín. Trabajó después como asistente químico en el Instituto de Patología que dirigía Rudolf Virchow.

Tras habilitarse como profesor de farmacología, fundó el Instituto de Farmacología Experimental de Berlín. Se le conoce, sobre todo, por la introducción del hidrato de cloral en terapéutica, pero estudió también anestésicos generales y locales procedentes de productos naturales y de síntesis, la neurina, la lanolina y las sustancias procedentes de las cantáridas, entre otros. Tuvo interés asimismo en la balneoterapia y fundó la revista Therapeutische Monatshefte.

Durante muchos años fue el presidente de la asociación médica de Berlín y más tarde su presidente honorario.

Era hermano del oftalmólogo Richard Liebreich (1830-1917), conocido por inventar el oftalmoscopio que lleva su nombre. Se casó con María, hija del químico suizo Hans Heinrich Landolt (1831-1910). No le faltaron amigos y seguidores, no solo en Alemania, sino también en el extranjero. Disfrutó de una gran reputación en Inglaterra, que visitó en varias ocasiones. Fue nombrado doctor honoris causa de Oxford y Aberdeen [19].

Murió en Berlín en 1908.

Joseph Bienaimé Caventou (1795-1877)

Si hace unos días incorporábamos la biografía de Pierre Joseph Pelletier (1788-1842) en la sección de epónimos y biografías de historiadelamedicina.org, hoy lo hemos hecho con la de Joseph Bienaimé Caventou (1795-1877). Una de las razones es que una buena parte de sus vidas compartieron trabajo y lograron estudiar muchas sustancias naturales y aislar varios principios activos.

Pelletier_Caventou

Monumento dedicado a Pelletier y Caventou que se inauguró en París en 1900. Se destruyó para fundirlo entre 1942-44 durante el gobierno de Vichy. En 1948 se aprobó un decreto para reponerlo. Finalmente se inauguró el 2 de marzo de 1951. En esta ocasión, sin embargo, se sustituyó a las dos figuras por una alegoría de la curación de la fiebre. [De la colección del autor]

Ya dijimos que tanto los químicos, como los farmacéuticos y los médicos colaboraron en la tarea de aislar principios activos de los productos naturales, especialmente vegetales, y de estudiar sus efectos sobre el organismo. Esto sucedió así en Francia.

Caventou fue un farmacéutico que nació en 1795 en Saint Omer (Francia). Asistió a las clases de la Facultad de Ciencias y de la Escuela de Farmacia. Estuvo después con las tropas de Napoleón. Dirigió el servicio farmacéutico de Zuyderzée, nombre de un departamento del Primer Imperio Francés en los actuales Países Bajos. El 18 de junio de 1815 tuvo lugar la batalla de Waterloo, actual ciudad de Bélgica, situada a pocos kilómetros de Bruselas, entre las tropas del emperador Napoleón Bonaparte y las tropas británicas, holandesas y alemanas. El imperio sucumbe y Caventou acaba enfermo en Waarden, Holanda. Allí ayudó a potabilizar el agua y a fabricar jabón. Después regresó a París para reanudar sus estudios

Se presentó al internado y fue destinado al Hospital Saint-Antoine, a la farmacia del servicio de Jean-Baptiste Kapeler (1780-1852). Aparte de trabajar con Pelletier, llegó a impartir el primer curso de química orgánica en la Escuela de Farmacia de París. Después se le creó una cátedra de toxicología que ocupó hasta su jubilación en 1860. Falleció en 1877. Tras sufrir una hemorragia cerebral severa en 1874, todavía vivió tres años más hasta que finalmente falleció el 5 de mayo de 1877 en París.

 

Pierre-Joseph Pelletier (1788-1842)

Se ha incluido una nueva biografía en la sección de “Epónimos y biografías” de historiadelamedicina.org. Se trata del farmacéutico francés Pierre-Joseph Pelletier.

Pelletier

La historia del aislamiento de los principios activos de los productos naturales fue una de las primeras fases de la conversión de la materia médica en farmacología experimental. Entre los muchos científicos que participaron destaca el nombre de Pierre Joseph Pelletier que, por lo general, va unido al de Joseph Bienaimé Caventou (1795-1877), que dejaremos de lado de momento. Pelletier pertenecía a una familia de larga tradición farmacéutica. En el siglo XVII Charles Pelletier, uno de sus antepasados, se estableció como boticario en Bayona.

Pierre nació en París en 1788 y estudió en la Escuela Superior de Farmacia. Se diplomó en 1810 cuando tenía 23 años. Trabajó en la farmacia de su padre, se doctoró y llegó a ser profesor de la École de Pharmacie. Tenía una gran formación en química. Su nombre se relaciona con el aislamiento de la emetina, la estricnina, la brucina, la cafeína, la veratrina y, sobre todo, de la quinina. Colaboró también con Fraçois Magendie y con químicos como Dumas. En 1925 fue nombrado profesor numerario de la Escuela de Farmacia de la que fue director adjunto en alguna ocasión.

Publicó gran cantidad de trabajos y regentó la famosa farmacia de la rue Jacob, que contaba con un extraordinario laboratorio.

Homenaje de los estudiantes de medicina de Valencia a Jaime Ferrán (1918)

Hemos abierto un nuevo videoblog en Youtube, “Medicina, historia y sociedad“, que pretende ser un complemento de éste blog. Esto implica bastante trabajo: guión, grabación, postproducción, etc., máxime cuando solo una persona se encarga de ello, como sucede con los canales de mayor éxito de Youtube. Se pretende realizar un nuevo vídeo cada dos o tres semanas si recibe un mínimo apoyo “moral” de los visitantes.

El vídeo inaugural pretende contar el homenaje que los estudiantes de medicina de Valencia dedicaron a Jaime Ferrán en el marco de la Primera Asamblea Médica Regional Valenciana. El motivo: agradecer a Ferrán haber aplicado por primera vez en el mundo su vacuna contra el el cólera morbo asiático en la epidemia que sufrió Valencia en 1885.

El acto se celebró el día 16 sobre las 12,30 h. En la prensa de entonces se puede leer:

«Abrían la marcha la guardia municipal de caballería en traje de gala, las banderas de todos los centros docentes acompañadas de los respectivos alumnos; seguían los municipios de Alcira y Valencia en corporación, llevando el síndico de la primera de las citadas poblaciones la bandera de la ciudad.

La presidencia la formaban…..

El homenaje consistía, como es sabido, en descubrir una lápida dedicada al ilustre bacteriólogo, en el año 1885 y su estudio sobre el remedio de la terrible enfermedad del cólera, que tantos estragos causaba.

La comitiva se detuvo frente a la casa número 25 de la calle de Pascual y Genís, donde por primera vez se hicieron inoculaciones del suero anticolérico. Allí se había  construido un tablado, al que subieron las autoridades y comisiones oficiales.

Don Ramón Such, alumno de quinto curso de la facultad de medicina, leyó unas cuartillas haciendo una acertadísimo bosquejo de la personalidad científica de Ferrán, y el secretario del Ayuntamiento señor Jiménez Valdivieso, dio lectura al siguiente siguiente telefonema: 

“Imposible estar en Valencia en estos momentos; estoy de Valencia enamorado y agradecido; ruégole, como representante pueblo valenciano, ensalce nombres inolvidables a Amalio Gimeno, Ángel Pulido, Manuel Candela como representantes clase médica época 85. Sin la generosidad y la conjunción de ese pueblo admirable no hubieran sido posibles demostración vacuna anti colérica. Ruégole en mi nombre un vibrante ¡viva valencia! – Jaime Ferrán….»

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Casa de la calle de Pascual y Genís donde se colocó la lápida

Leyó después el profesor Manuel Candela una carta que le había remitido Ferrán. Intervino a continuación el alcalde de Alzira recordando la actitud de sus habitantes que depositaron toda su fe y confianza en Ferrán para experimentar su vacuna. Fue el alcalde de Valencia quien cerró el acto excitando a la juventud de Valencia a seguir los pasos marcados por Jaime Ferrán. A los acordes de himno de la Exposición (hoy el himno regional) se descubrió la lápida conmemorativa que todavía se puede ver en la actualidad.

En Las Provincias del día 19 se recoge el agradecimiento de los estudiantes a las autoridades e instituciones que participaron en el acto: el alcalde de Valencia, el gobernador civil, el capitán general, el presidente de la Asamblea médica Peset Aleixandre (“amable y pródigo maestro a quien tanto debemos”), al rector Rafael Pastor, a los directores de los diferentes centros docentes, al alcalde de Alzira y a todos los estudiantes que se sumaron al homenaje. Firmaban la carta en representación de los estudiantes, M. Such y M. Gómez.

No olvidemos que se celebró en 1918. Quizás se habían presentado los primeros casos de la terrible epidemia de gripe que afectó a todo el mundo. Unos meses más tarde, en octubre, Ferrán vino a Valencia para trabajar en el Laboratorio Bacteriológico Provincial con Peset, Rincón de Arellano (del Laboratorio militar) y Pablo Colvée (del Laboratorio Municipal).

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Placa conmemorativa dedicada a Jaime Ferrán que se colocó en la calle de Pascual y Genís. Fue una iniciativa de los estudiantes de medicina de Valencia.

Bibliografía
–En honor del Dr. Ferrán. Las Provincias, 17 de marzo de 1918, p. 1.
–En honor del ilustre Dr. Ferrán. El Pueblo, 17 de marzo de 1918, p. 1
–El homenaje a Ferrán. Las Provincias, 19 de marzo de 1918, p. 4
–El Dr. Ferrán en Valencia. Las Provincias, 29 de octubre de 1918, p. 1
–Guijarro, F.G. Descubrimiento de la lápida dedicada al Dr. Jaime Ferrán. Oro de ley, nº 82, 24 de marzo de 1918, p. 160