Breve historia del escorbuto

Insertamos el guión del vídeo Breve historia del escorbuto que se subió al canal Medicina, historia y sociedad.

Mucho hemos oído hablar de los grandes navegantes del pasado y de sus logros. Sin embargo, de los que embarcaban, en ocasiones regresaban menos de la mitad. Morían más marineros de la enfermedad que llamaban “peste de los mares o peste de las naos” que los que lo hacían a consecuencia de las batallas, naufragios, etc.

Francia, Gran Bretaña, Países Bajos y España, los países con más barcos y experiencia, conocían bien esta dolencia pero carecían de remedios eficaces. No solo causaba estragos en naos y barcos, también lo hacía en los ejércitos, en poblaciones sitiadas, migraciones, etc.

[Intro]

Se dice que esta enfermedad era conocida en la Antigüedad, pero fue en la época de las grandes navegaciones cuando aparecía con frecuencia. Las referencias concretas a la misma son de ese periodo y las primeras proceden de la península ibérica: Viaje de Vasco de Gama de Portugal a la India entre 1497 y 1499 donde se le llamó Mal de Loanda, y la primera vuelta o circunvalación terrestre de Elcano de 1519 a 1522 donde apareció en el Pacífico, el Índico y el Atlántico.

En el primer caso se lee en las crónicas que “se les hinchaban los pies y las manos y les crecían tanto las encías por encima de los dientes que no podían comer”. Cuando llegaron a Mombasa los árabes conocían la enfermedad y sus remedios, como las naranjas y limones entre otros productos frescos. Los enfermos se recuperaron aunque creyeron que la curación se debió al clima y “al buen aire”. Las teorías galénicas lo dominaban todo.

En otra ocasión estuvieron otros tres meses navegando y volvieron a caer muchos. “enfermaban de las encías, que les crecían por encima de los dientes y no podían comer, se les hinchaban las piernas y otras grandes hinchazones les salían por todo el cuerpo, y de tal modo minaban la vida de un hombre, que éste moría sin padecer ninguna otra dolencia”. Buscaron los remedios que tan bien les habían ido pero, aun así, algunos estaban tan enfermos que murieron igual.

Desde entonces trataron de cargar alimentos frescos en todos los viajes y hacer escalas para reponerlos.

Del segundo caso, de la circunvalación Elcano-Magallanes tenemos un testimonio del italiano Antonio Pigafetta (1480-1534), geógrafo, cronista, explorador, que formó parte de la Expedición Magallanes en la nave Trinidad, la capitana, en la primera parte de esta gesta marítima. En la Crónica del primer viaje alrededor del mundo (1524) dice:

“Durante tres meses y veinte días no pudimos conseguir alimentos frescos. Comíamos bizcocho a puñados, aunque no se puede decir que lo fuera porque era sólo polvo mezclado con gusanos que se habían comido lo mejor y lo que quedaba apestaba a orines de rata. Bebíamos agua amarilla, pútrida desde hacía tiempo, y comíamos las pieles de buey que están sobre el palo mayor… las sumergíamos durante cuatro o cinco días en el mar y luego las poníamos un rato sobre las brasas y nos las comíamos. Muchas veces tuvimos que comer el serrín de las maderas. Las ratas se vendían a medio ducado cada una y había poquísimas. Pero la mayor desgracia de todas fue que a algunos hombres se les inflamaron las encías de tal modo que no podían comer y se morían”.

En el Índico volvieron a recaer y el tercer brote apareció al regreso de la nao Trinidad. Sólo comían arroz y agua. Se realizó una autopsia y “halláronle todo el cuerpo que parecía que todas las venas se le habían abierto y que toda la sangre se le había derramado por el cuerpo”.

Recordar que no sólo la dieta era inadecuada sino que el debilitamiento y el duro trabajo eran causa de los fallecimientos.

No es raro encontrar estos mismos detalles o parecidos en las crónicas de otros viajes de la época organizados por holandeses, ingleses o franceses.

En la versión que fray Juan de Torquemada hizo de un texto de fray Antonio de la Ascensión en su Monarquía Indiana encontramos un texto que hace referencia a la exploración de la costa oeste de California de 1602 para cartografiarla a cargo del capitán Sebastián Vizcaino (1547-1627).

Tuvo lugar a la altura del puerto de Monterrey en la Alta California tras seis meses de navegación. Allí solían llegar también naves con viajeros que procedían de China que llevaban cuatro meses navegando. Se consideraba un lugar de pestilencia que afectaba a los cuerpos flacos, cansados y molidos por el trabajo. Padecían intensos dolores, manchas y granos en la piel, verdugones debajo de las rodillas que imposibilitaban mover las piernas, inflamación de las encías que originaban la pérdida de dientes y muelas y una gran dificultad para comer. Los que se dirigían a Mazatlán o hacían allí escala se libraban porque encontraban alimentos frescos, agua y unas frutas que llamaban xocohuitzles.

Algunos dicen que fue algún español quien encontró el remedio de los agrios. Ya hemos visto que esto era conocido con anterioridad. Se pone de ejemplo el Tratado breve de Medicina, y de todas las enfermedades, en que a cada passo se ofrecen… de fray Agustín de Farfán. Efectivamente se recomiendan agrios en las cámaras de sangre, retenciones de la regla, erisipela, contra las señales de las viruelas, en unciones para las bubas con otras muchas sustancias, en la calentura de sangre corrompida, y en la calentura llamada tabardete. Asimismo para las úlceras de la boca. Es difícil saber a qué enfermedades se refiere, pero no parece que lo haga directamente al mal de las naos.

En los viajes de Jacques Cartier, navegante francés, se autopsió a algunos enfermos encontrando pulmones negros y gangrenados, corazón blando y encogido, bazo carcomido, piernas inflamadas y punteadas con gotas de sangre, y boca infectada y podrida con un retroceso de las encías.

En 1564 el médico holandés Johann Weyer (1515-1588) escribió De scorbuto epitome, donde describe los principales signos: hinchazón, exulceración y fungosidad de las encías, manchas en la piel y cansancio.

Otro tanto pasó en los viajes de Francis Drake en 1577, Edward Felton en 1582, Thomas Cavendish en 1586 y Richard Hawkins en 1593. En 1589 Richard Hakluyt utiliza la palabra skurvie en su libro Principal Navigations para referirse a la enfermedad.

Y de esta forma podríamos estar poniendo ejemplos de varios países durante largos periodos de tiempo hasta llegar a un nombre conocido por todos del siglo XVIII: James Lind (1716-1794).

Escocés nacido en Edimburgo, se formó en cirugía y después se embarcó como ayudante médico durante siete años en 1747 a bordo del Salisbury que patrullaba el Canal de la Mancha. Allí se le ocurrió hacer una prueba o su conocido ensayo clínico cuyos resultados publicó en 1753: Tratado sobre el escorbuto en tres partes: Contiene una investigación de la naturaleza, las causas y la cura de la enfermedad junto con una visión crítica y cronológica de lo publicado sobre el tema.

Recibió a 12 enfermos con escorbuto con sintomatología parecida. Fueron encamados en una estancia y recibieron la misma dieta, pero, además,

–2 enfermos recibieron diariamente un cuarto de galón de sidra

–2 tomaron 25 gotas de elixir de vitriolo tres veces al día con el estómago vacío

–2 tomaron dos cucharadas de vinagre tres veces al día con el estómago vacío

–2 enfermos un poco más graves se sometieron a un régimen de agua de mar (media pinta cada día)

–2 enfermos recibían dos naranjas y un limón cada día

–2 enfermos tomaron semilla de una nuez moscada tres veces al día y una mezcla de ajo, semilla de mostaza, bálsamo del Perú, resina de mirra y bebían hordiate acidulado con tamarindos.

Sanaron los que tomaron naranjas y limones, pero no interpretó bien los resultados. Seguía pensando en la humedad del aire que unas veces era fría y otras caliente. Años después de este hallazgo muchos siguieron sin otorgarle fiabilidad y la enfermedad seguía presentándose. Incluso algunos aplicaban sangría. Hipocratismo, galenismo y otros sistemas no lograban comprender la enfermedad.

Lind tiene importancia por haber considerado el primer ensayo clínico. Acertó al controlar las variables del experimento de modo que todos los sujetos estuvieran en similares condiciones: comparar igual con igual, aunque no hubo grupo control.

Como los agrios se estropeaban, se elaboraba con ellos una especie de jarabe al baño maría, con lo que perdía su eficacia. Pero uno de los discípulos de Lind, Gilbert Blane, observó que añadiendo un poco de alcohol destilado (ron o ginebra) el zumo conservaba sus propiedades, y tras dura batalla, consiguió que el Almirantazgo aprobara como obligatoria en todos los buques, la distribución diaria de 21 centímetros cúbicos de zumo de naranja o limón en 1795.

Los viajes a través del Pacífico acabaron haciéndose habituales al sumarse a los españoles los británicos, los holandeses y los franceses. De tanto en tanto podían aprovisionarse de productos frescos o de descubrir frutas y otros productos que los protegían de la enfermedad (cocos, apio, plátanos, etc.).

Una de las expediciones de mayor duración fue la de Malaspina (1789-1794). Éste, conociendo lo que habían hecho otros, como Cook, cargó wort de malta (no servía para nada), zumo de limón, verduras y frutas frescas cada vez que tenían ocasión. Aparecieron otras enfermedades pero no escorbuto. El médico de la expedición escribió Tratado de las enfermedades de la gente de mar y los medios de precaverlas (1805) en el que conocía las experiencias de Lind y que estaba seguro de que naranjas y limones eran esenciales.

Futuras expediciones fueron cambiando la mentalidad y salían preparados con antiescorbúticos, pero en el siglo XIX seguía existiendo como durante la hambruna de la patata del año 1845-7, la fiebre del oro en California entre 1848-50, la guerra de Crimea en 1854, el sitio de París durante la guerra francoprusiana del año 1870-71, en las exploraciones árticas o su aparición en la infancia a partir del año 1877 por la moda del abandono de la lactancia materna y su sustitución por la leche condensada, carente de ácido ascórbico.

En el siglo XIX la medicina sufre grandes cambios. En 1893 Thomas Barlow, estudioso del escorbuto infantil, lo distingue del raquitismo y define su causa, razón por la que al escorbuto también se le denomina enfermedad de Barlow.

Después de que se descubrieran las vitaminas y su importancia para la vida, la vitamina C fue aislada por el fisiólogo húngaro Albert Sent-Györgyi en el año 1932, por lo que le fue concedido el premio Nobel en 1937. Lo bautizó en principio como ácido hexurónico, poco después renombrado como ácido ascórbico. Los siguientes pasos consistieron en identificar su estructura química y su síntesis a escala comercial  (Walter Haworth) y (Tadeus Reichstein).

Bibliografía

–Almazán Altuzarra, J.A. Estudio clínico y epidemiológico de la primera circunvalación a la tierra. Madrid, Tesis.

–Arriagada, J. (2019). James Lind (1716-1794). Revista Médica Clínica Las Condes, vol. 3, nº 2, p. 99.

–Bhatt, A. (2010). Evolution of clinical research: a history before and beyond James Lind. Perspect Clin Res, vol. 1, nº 1, pp. 6-10.

–Bown, S.R. (2005). Escorbuto. Barcelona, Editorial Juventud.

–De Luca, L.M.; Norum, K.R. (2011). Scurvy and cloudberries: a chapter in the history of nutritional sciences. J Nutr, vol. 141, nº 12, pp. 2101-2105.

–Del Portillo, A. (1982). Descubrimientos y exploraciones en las costas de California,1532-1650. Madrid, Ed. Rialp.

–Farfán, A. de (1592). Tratado breve de medicina y de todas las enfermedades que a cada passo se ofrecen [México, Pedro Ochoorta, 1592]

–Jáuregui-Lobera, I. (2017). Navegación e historia de la ciencia: Escorbuto. Journal of Negative & No Positive Results, vol. 2, nº 9, pp. 416-430.

– Lind J. A (1753). Treatise of the Scurvy in Three Parts. Containing an inquiry into the Nature, Causes and Cure of that Disease, together with a Critical and Chronological View of what has been published on the subject. London, A. Millar.

–Magiorkinis, E.; Beloukas, A.; Diamantis, A. (2011). Scurvy: past, present and future. Eur J Intern Med, vol. 22, nº 2, pp. 147-152.

–Prieto, S. (2020). El libro que salió del mar, y otros cuentos médicos. Barcelona, Terra Ignota Eds.

–Rodríguez-Sala, M.L. (1995). Sebastián Vizcaíno y Fray Antonio de la Ascensión, una nueva etapa en el reconocimiento de las Californias novohispanas: estudio socio-histórico. Estudios fronterizos, nº 35-36, pp. 9-41.

–Torquemada, J. de (1975-85). Monarquía indiana, 3a. edición, 7 vols., preparada por el “Seminario para el Estudio de Puentes de la Tradición Indígena” bajo la coordinación de Miguel León Portilla. México, UNAM.

–White, M. (2016). James Lind: el hombre que ayudó a curar el escorbuto con limones. BBC News. Tomado el 29 de abril de 2021 de https://www.bbc.com/news/uk-england-37320399.

Medir la presión arterial. Historia (II)

Hemos añadido un nuevo vídeo en el canal Medicina, historia y sociedad. Así, pues, incluimos el guión del anterior, segunda parte de la historia de la medida de la presión arterial.

Después del aparato de Riva-Rocci, que vimos en el vídeo anterior, siguieron perfeccionándose este tipo de aparatos.

Por un lado mejoró el brazalete y el manguito compresor, así como el indicador de las variaciones de la pulsación arterial en el curso de las compresiones y descompresiones.

Respecto al manómetro, las preferencias se inclinaron por los metálicos mas que por los de mercurio (fácil transporte).

Respecto a los manguitos se idearon los de bolsa doble pero dispuestos como si fueran de bolsa única.

Hoy se clasifican los esfigmomanómetros de la siguiente manera:

  1. Por el metodo de insuflación del manguito: en manuales y automáticos.
  2. Por el metodo en que se visualiza el resultado: en una columna de mercurio, aneroide o análogo en una escala con aguja; y, finalmente, digital, en pantalla.
  3. Por el método de determinación de la presión sistólica y diastólica: en auscultatorio (uso de los sonidos de Korotkov) y oscilométrico.

Vamos a ver algunos de éstos:

Método oscilométrico

Oscilómetro de Pachon

Creado por Michel Victor Pachon (1867-1938) en 1909 junto con un ingeniero de la Compañía de Caminos de Hierro de París. Fabricado por la empresa Boulitte.

Las oscilaciones de presión en la arteria debajo del manguito se transfieren a un aneroide en la carcasa hermética del oscilómetro metálico. Tiene dos escalas: una para leer la amplitud de las oscilaciones (de 0 a 20) y la otra para determinar la presión arterial (de 0 a 30 cm de Hg).

Se registran primero las oscilaciones de baja amplitud, luego oscilaciones crecientes cuyo inicio corresponde a la tensión máxima, y ​​finalmente oscilaciones decrecientes cuyo inicio refleja la presión mínima o diastólica. No requiere fonendoscopio.

El brazalete empleado con este oscilómetro fue diseñado por el cardiólogo francés Louis Gallavardin (1875-1957). El manguito de presión arterial incorpora dos vejigas de goma que se inflan de forma independiente, una superpuesta a la otra.

Oscilometro de Von Recklinhausen

Recoge directamente las oscilaciones de las paredes arteriales en el mismo lugar de la compresión. La parte neumática está conectada con una pera que se utiliza para inflar el manguito y con un oscilómetro que registra de forma continua la presión.

Se abre ligeramente la válvula y al descomprimirse el manguito en el momento de aparecer las primeras oscilaciones evidentes se lee la presión sistólica. Siguen las oscilaciones crecientes y al presentarse la primera oscilación decreciente se lee la presión arterial diastólica. Para finalizar se abre completamente la válvula de la pera de goma y se desinfla el manguito

Método palpatorio

Sólo nos proporciona la tensión sistólica. Se utiliza un esfigmomanómetro. Se infla el brazalete 10 o 20 mm de Hg más que la presión sistólica estimada al desaparecer las pulsaciones de la arteria radial del canal del pulso. Después se va desinflando poco a poco el brazalete o manguito hasta que aparece el pulso radial. El valor que se lee en ese momento a través del manómetro es el correspondiente a la presión arterial sistólica.

Método auscultatorio

El esfigmotensiófono de Boulitte constan de brazalete con su manómetro y un fonendoscopio que se aplica bajo el manguito para auscultar la arteria más próxima inmediatamente por debajo del manguito; la humeral en el pliegue del codo si se coloca el brazalete en el brazo; la braquial si se utiliza el manguito antibraquial.

Con el fonendoscopio sobre la arteria braquial debajo del manguito, se insufla aire hasta el nivel máximo.  Luego se abre la pera de insuflación de forma que el mercurio descienda a razón de 2 mm por segundo. Hay que fijarse en la escala cuando se producen los sonidos de Kortokov (fase 1 a la 5). La fase 1 corresponde a la presión sistólica y la fase 5 a la diastólica.

Fase 1: aparace el sonido al desinflar el manguito

Fase 2: el ruido pierde intensidad, se escucha un soplo

Fase 3: un ruido sordo más suave

Fase 4: el sonido se va apagando progresivamente

Fase 5: se deja de escuchar el sonido

El método oscilatorio solía dar 10 mm de más y los palpatorios de 5 a 10 mm de menos.

Esfigmógrafos automáticos

Los esfigmomanómetro automáticos (denominados también digitales) pueden ser de brazalete aplicable a la muñeca, al brazo o incluso a un dedo. Cuanto más distal es el punto de medida de la tensión arterial, mayor es la influencia de la vasoconstricción periférica sobre los resultados de la medición. El funcionamiento básico de este dispositivo es similar: posee su brazalete y su manómetro; a veces incorpora un compresor eléctrico para inflar el brazalete. Contienen también una pequeña computadora que dispone de memoria y reloj. El brazalete dispone además en su interior de sensores capaces de detectar los sonidos de Korotkoff, permitiendo conocer el intervalo de presión diastólica y sistólica. 

Generalmente, este tipo de aparatos contiene un sistema auscultatorio y otro oscilométrico. El sistema auscultatorio se fundamenta en un micrófono ubicado en el brazalete y que interpreta los ruidos de Korotkoff, mientras que los dispositivos oscilométricos analizan la transmisión de vibración de la pared arterial. No requieren de un estetoscopio adicional.

Hay otras formas de medir la tensión arterial como, por ejemplo, ultrasonidos, métodos de los que no nos ocupamos por ser más raros.

Como siempre, si te ha gustado el vídeo dale un like y suscríbete gratuitamente al canal.

¡Hasta pronto!

Daniele Bovet (1907-1992)

Se ha incluido en la sección Epónimos y biografías médicas de historiadelamedicina.org la de Daniele Bovet !907-1992).

El farmacólogo suizo Daniele Bovet realizó importantes contribuciones en el estudio de las sulfonamidas, los antihistamínicos, el uso del curare en la anestesia, sustancias oxitócicas así como otras drogas que ejercen su acción en el cerebro.

Imagen procedente de Wikipedia [https://commons.wikimedia.org/wiki/File:Daniel_Bovet_nobel.jpg]

Bovet nació en la ciudad suiza de Neuchatel el 23 marzo de 1907. Cursó estudios de Ciencias Biológicas en la Universidad de Ginebra graduándose en 1927. Obtuvo el doctorado en 1930. Entre 1929 y 1947 trabajó en el Laboratorio de Química Terapéutica del Instituto Pasteur de París que entonces dirigía Émile Roux (1853-1933). Primero fue asistente y después llegó a jefe del Laboratorio de Química Terapéutica. Entre 1931 y 1933 trabajó en la quimioterapia del paludismo, leishmaniosis y enfermedad del sueño bajo la dirección de Ernest Fourneau (1872-1949).

En colaboración con J. Tréfouël , Th. Tréfouël y F. Nitti, Bovet participó en el descubrimiento de la actividad bacteriostática de la para-amino-fenilsulfamida. Los resultados de este descubrimiento facilitaron el camino para la terapéutica con sulfonamidas.

En 1938 con A.M. Staub [4] , descubrió una serie de sustancias que de forma selectia se oponían a determinados efectos de la histamina, mediador químico responsable de las manifestaciones alérgicas. Descubrieron varios medicamentos que gozaban de propiedades antialérgicas.

Entre 1939 y 1947 trabajó en el Departamento de Investigaciones Farmacéuticas de Rhône-Poulenc. En 1947 dejó París y aceptó la invitación de Domenico Marotta (1886-1974), director del Instituto Superior de Sanidad de Roma para que organizara en Italia un Laboratorio de Química Terapéutica. Obtuvo la nacionalidad italiana. Su trabajo en esta etapa consistió especialmente en la búsqueda de curare sintético. En 1946 Daniel Bovet descubrió la galamina, un compuesto con tres nitrógenos cuaternarios, que se introdujo en 1948. Presentaba algunas ventajas sobre la d-tubocu- rarina.

En 1964, Bovet se convirtió en profesor de farmacología en la Universidad de Sassari en el noroeste de Cerdeña. En esta fase Bovet trabajó investigando la interacción entre algunas sustancias químicas y el cerebro. En 1971 fue nombrado profesor de psicobiología en la Universidad de Roma, donde permaneció hasta su jubilación en 1982. Falleció en Roma de un cáncer el 8 de abril de 1992 a los 85 años de edad.

La medida de la presión arterial. Historia (I)

Insertamos el guión del vídeo La medida de la presión arterial. Historia (I) que se subió al canal Medicina, historia y sociedad hace tres semanas.

Se suele decir que la medición real de la presión arterial procede del siglo XVIII con los experimentos de Stephen Hales (1677-1761).

Para Johannes Müller, destacado fisiólogo alemán, el descubrimiento de la presión arterial fue más importante, incluso, que el de la circulación.

Veamos una síntesis de esta historia.

INTRO

Hales nació en Bekesbourne, Kent, el 7 de septiembre de 1677. En 1696 ingresó en la Universidad de Cambridge. Allí se interesó por la historia natural y por la astronomía. Fue elegido miembro de la Royal Society en 1718.

Fue capaz de insertar un tubo en una arteria de una yegua y observó que la sangre subía o bajaba con las pulsaciones del corazón. Describió la importancia del volumen sanguíneo en la regulación de la presión arterial. Acuñó el concepto de presión arterial y demostró la capacidad de bombeo del músculo cardíaco. Fueron las primeras mediciones que se hicieron. Sin embargo, se requería un tubo de más de dos metros de longitud y evitar que la sangre se coagulara pronto.            

Un siglo después, en 1828, Jean Léonard Marie Poiseuille (1797-1869) introdujo un manómetro de mercurio. Nació en 1797. Obtuvo la licenciatura en 1828. Igual que Magendie y Claude Bernard, se dedicó a la investigación sin hacer clínica y tener contacto con enfermos. En 1828 leyó su tesis sobre el uso del manómetro de mercurio para medir la presión arterial, con lo que ganó la Medalla de oro de la Real Academia de Medicina. El manómetro iba conectado a una cánula llena de carbonato potásico que actuaba como anticoagulante que se insertaba en una arteria del animal. Llegó a insertar cánulas en vasos de 2mm demostrando que en estas arterias tan pequeñas se mantenía la presión.

Estos hallazgos permitieron al fisiólogo Karl Ludwig idear el quimógrafo, del que ya hemos hablado en otro vídeo. Con el mismo creó la recogida de datos fisiológicos mediante gráficas.

Usó la cánula y el manómetro. Introdujo un sistema para que una punta fuera dibujando una gráfica en un tambor giratorio. A partir de ahí se diseñaron instrumentos similares que registraban otros parámetros fisiológicos.

En otro vídeo vimos cómo Vierordt con su esfigmógrafo medía la contrapresión que era necesaria para hacer que cesara la pulsación en una arteria. Etienne Jules Marey mejoró considerablemente el esfigmógrafo de Vierordt en 1860 y mejoró la precisión para establecer la presión arterial en los pacientes. Sin embargo, para que midiera la presión arterial había que complicar el aparato tanto que no fue útil. Eso sí, quedó para registrar las pulsaciones.

Pierre Charles Édouard Potain (1825-1901) señaló que, al medir la presión, había que tener en cuenta también la resistencia de la pared arterial.

La primera estimación precisa de la presión arterial en las personas fue realizada por el cirujano J. Faivre, en 1856. Durante la realización de una amputación de miembro inferior conectó un tubo de manómetro en forma de U con una cánula de latón, directamente a la arteria del paciente. Pudo obtener lecturas directas. Encontró que la presión arterial de la arteria femoral era de 120 mm Hg y la presión de la arteria braquial entre 115 y 120 mm Hg. Estas y otras lecturas directas fueron de gran valor para establecer un rango normal de presión arterial. Sin embargo, este método era obviamente impracticable para las mediciones de rutina.

Fue Samuel Siegfried Karl Ritter von Basch (1837-1905) quien finalmente prescindió de la punción arterial y del registro directo de la presión arterial.

Von Basch nació en Praga en 1837 y se graduó en Viena en 1862. El método de Von Basch utilizaba una bolsa de goma inflable que se llenaba de agua. Los bordes de la bolsa estaban apretados alrededor del cuello del bulbo manométrico que estaba lleno de mercurio. Una columna hueca subía desde el bulbo, de modo que cualquier presión creada en la bolsa de agua se transmitiría al bulbo, el mercurio subía por el tubo y, por lo tanto, se podría registrar la presión.

Usó un manguito estrecho de solo 5 cm de ancho. Esto provocó que se formara un ángulo agudo entre los bordes superior e inferior del manguito y la piel, lo que provocó que se acumularan áreas locales de alta presión y que la lectura no fuera exacta. Este error fue detectado y corregido por von Recklinghausen en 1901, quien reemplazó la anilla estrecha por una de unos 12 cm de ancho.

Algunos médicos aceptaron la introducción del esfigmomanómetro en la medicina clínica como una valiosa ayuda para el diagnóstico, pero otros sostuvieron la opinión de que al usar el esfigmomanómetro “empobrecemos nuestros sentidos y debilitamos la agudeza clínica”. A pesar de estas acusaciones, Potain hizo su segunda contribución para hacer que el medidor de esfigmomanómetro fuera más apto para uso clínico cuando, en 1889, reemplazó el agua por aire para la compresión. El dispositivo de Potain consistió en un braalete que se utilizó para la compresión de la arteria. Este se inflaba por medio de una segunda perilla y la presión se registraba con un manómetro aneroide portátil.

Con el esfigmomanómetro de Ritter se obtenía bien la presión sistólica, pero no la diastólica. Los médicos comenzaron a utilizar el método oscilatorio. Esto implicó observar las oscilaciones que se transmitían al mercurio en el manómetro desde la arteria, ya que cuando la presión del manguito era igual a la presión arterial, la arteria comprimida latía, provocando así pequeñas fluctuaciones regulares en la presión del manguito. La aparición de oscilaciones claras definió la presión sistólica y la transición de oscilaciones grandes a pequeñas, la presión diastólica.

En Inglaterra, Hill y Barnard inventaron un dispositivo que tenía un manómetro de aguja que era lo suficientemente sensible para registrar la fase diastólica. Su aparato era portátil y fácil de usar. El esfigmomanómetro de Hill y Barnard se ideó en la década de 1890 Sir Leonard Hill (1866-1952), un fisiólogo británico, y Harold Barnard (1868-1908), un cirujano británico. Contribuyó mucho a mejorar la medición de la presión arterial

Scipione Riva-Rocci (1863-1937) publicó ” Un nuevo esfigmomanómetro “, el 15 de diciembre de 1896, y el segundo, “La técnica esfigmomanométrica“, En 1897 en la Gazzetta Medica de Torino. Utilizó una bolsa de goma inflable guardada en una pulsera de material no expandible. Se comprimía toda la circunferencia del brazo mientras se inflaba la bolsa de goma con aire a través de una pera de goma conectada a ella. La presión dentro del brazalete se registraba a través de un manómetro de mercurio. Palpando el pulso, Riva Rocci podía conocer la tensión arterial sistólica al notar la desaparición del mismo cuando inflaba el brazalete, o su reaparición cuando lo desinflaba. La banda inicial era muy angosta: medía solo 5 cm. Heinrich von Recklinghausen hijo del conocido Friedrich Daniel von Recklinhausen, solucionó este problema llevando el ancho del brazalete a 12 cm. Riva-Rocci dirigió el Hospital de Varese y dio clases en la Universidad de Pavía. Murió por una encefalitis letárgica.

Otros atribuyen la lectura de la presión diastólica al ruso Nikolai Korotkov. Nació en 1874 y se graduó de médico en Moscú en 1898. Estuvo de cirujano en diversas guerras y acompañó al ejército ruso a Siberia, Japón y Singapur. Ejerció en la Academia Militar de San Petersburgo como cirujano asistente. Su centro de interés fue la cirugía vascular. Medir la presión como forma de definir la magnitud del daño vascular era entonces una necesidad obvia. Al empleo del esfigmomanómetro Korotkov sumó la colocación de un estetoscopio para niños sobre la arteria braquial, debajo del brazalete. Cuando el mismo se inflaba por encima de la presión arterial máxima la circulación en la arteria braquial se detenía. Al desinflar lentamente el brazalete, se podía auscultar en un momento determinado un ruido: la sangre volvía a circular y ese primer tono correspondía a la presión sistólica. Se escuchaban mientras se seguía desinflando el brazalete murmullos y luego ruidos coincidentes con los latidos, hasta que todo sonido desaparecía. El último ruido escuchado correspondía como sabemos con el momento en que la sangre circulaba libremente por la arteria, porque la presión en el interior del vaso había superado la ejercida por la banda, y la medición señalaba la presión arterial diastólica. Presentó su hallazgo ante la Academia Militar de San Petersburgo en un informe de una sola página en 1905. Murió muy joven, a los 46 años, de tuberculosis.

Su técnica ha resistido la prueba del tiempo, ya que se ha utilizado durante más de medio siglo sin prácticamente ningún cambio.

Arthur Robertson Cushny (1866-1926)

Acabamos de insertar en la sección de biografías y epónimos médicos de historiadelamedicina.org la de Arthur Robertson Cushny (1866-1926).

Cushny fue un destacado farmacólogo de Gran Bretaña que llegó a alcanzar fama internacional como farmacólogo experimental. Sus trabajos de investigación cubren una amplia gama de temas pero, especialmente, destacan tres: su trabajo sobre la digital y el corazón, sobre los isómeros ópticos, y sobre el mecanismo de secreción urinaria.

Arthur Robertson Cushny nació en 1866 en Fochabers, Moray, Escocia. Obtuvo el grado de Medicina en la Universidad de Aberdeen. Amplió estudio con Hugo Kronecker en Berna y con Oswald Schmiedeberg en Estrasburgo. Fue contratado después como profesor de farmacología en la Universidad de Michigan. Regresó a Europa unos años después como profesor del University College de Londres. Finalmente se trasladó a Edimburgo como profesor de Farmacología a la vez que se creaba una cátedra de terapéutica y otra de química aplicada a la medicina. Su Text-Book of Pharmacology and Therapeutics fue de lectura obligatoria para los estudiantes de lengua inglesa; llegó a alcanzar varias ediciones siempre puestas al día. Publicó numerosos artículos sobre los temas antes mencionados en el Journal of PhysiologyJournal of Experimental MedicineArchives Internationales de Pharmacodynamie et de Therapie y en el Journal of Pharmacology and Experimental Therapeutics. Murió de un derrame cerebral en 1926 a la temprana edad de 60 años.

*Imagen procedente de Wikipedia

El rector Rodríguez Fornos

Después de subir un nuevo vídeo al canal Medicina, historia y sociedad, insertamos la transcripción del anterior que estaba dedicado al Rector Rodríguez Fornos.

“Muchas generaciones de estudiantes habrán pasado por nuestra Facultad y, con seguridad, no deben saber a quien representa esta escultura que les ha estado observando y acompañando durante los seis años de carrera. 

Se trata de Fernando Felipe Ramón Rodríguez que adoptó los apellidos de su padre: Fernando Rodríguez Fornos. La familia pnterma procedía de San Félix de Longares, término de Mondáriz (Pontevedra), y la materna de Salamanca, donde nació el 31 de marzo de 1883.

Esta escultura es una réplica en piedra de otra en mármol realizada por José M. Ponsoda Bravo que fue regalada por su hija al grupo escolar que lleva el nombre de Rodríguez Fornos. Esta fue realizada e inaugurada el 9 de octubre de 1963 en presencia del ministro de Educación Lora Tamayo y el alcalde Rincón de Arellano. La realizó Florencio Ramón. Muy cerca está también la calle que lleva su nombre.

En 1898 obtuvo el grado de bachiller. Ese mismo año (tenía 16), ingresó en la Facultad de Medicina de Salamanca. Se licenció con premio extraordinario en 1904. Cursó después el doctorado que obtuvo en Madrid en 1906 con la tesis Enfermedad de Basedow.

Fue profesor auxiliar interino de la Universidad de Salamanca y en el Hospital de la Trinidad.

Cesó en febrero de 1911 por haber tomado posesión de la cátedra de Patología Médica de la Facultad de Medicina de Valencia que había ganado por oposición.

EN VALENCIA
En 1911 se instaló en Valencia. Cuando llegó a nuestra ciudad ya se había casado con María Cuesta, de Salamanca, y habían tenido dos niñas y un niño. En Valencia nacieron otras dos hijas y otro hijo.

Aquí se integró pronto tanto en la Facultad como en el Instituto Médico Valenciano. En nuestros trabajos sobre la época hemos percibido cierta admiración por este personaje. Lo achacamos, quizás, a la demanda de los médicos valencianos más jóvenes que reclamaban reformas y una modernización de la enseñanza y de la investigación.

Rodríguez Fornos impresionó por sus conocimientos y juventud. Empezó pronto a impartir conferencias, género que dominó a la perfección y practicó con éxito a lo largo de toda su vida en Valencia, resto de España y en el extranjero.

EN EL INSTITUTO MÉDICO VALENCIANO
En 1917 fue elegido presidente del Instituto Médico Valenciano para sustituir a Manuel Martí Sanchis. Esta institución extraacadémica jugaba el papel de formación continuada para los médicos que ya desarrollaban su profesión.

Gracias a sus relaciones y a su infatigable actividad, logró acercar a Valencia personajes destacadísimos como Antonio Espina y Capo, Luis Bermejo y Vida, José Sanchis Banús, Gustavo Pittaluga y José Rubio Carracido. Por su parte impartió varias conferencias sobre patología.

Parece que la gestión no era lo suyo en ese momento y apenas asistió a ninguna reunión de la Junta del Instituto, sustituyéndole el vicepresidente, que entonces era Juan B. Peset Aleixandre. En 1918 fue sustituido por el catedrático de oftalmología Tomás Blanco Bandebrande.

Ese año Fornos abandonó su casa de la calle Colón y se mudó a la plaza de Alfons el Magnànim. También ingresó en la Academia de Medicina de Valencia con el discurso Contribución al estudio de las fiebres paratíficas B.

Después de la terrible pandemia de gripe de 1918 se organizaron varias conferencias sobre la misma. Rodríguez Fornos impartió en 1919 en el paraninfo de la Univeridad: La epidemia de gripe de 1918 en la ciudad de Valencia. Presentó cifras, demostró que las zonas más pobladas y con mejor comunicación se habían visto más afectadas, criticó la labor de los políticos y señaló que, para prevenirla, solo eran útiles el lavado de suelos y la ventilación, el uso de mascarillas y la desinfección nasofaríngea del individuo.

Más tarde dedicó otra conferencia a la enfermedad, enfocada en esta ocasión a los aspectos clínicos de la misma. Reconocía tres periodos: en la primera el virus atacaba al pulmón, determinando un estado de receptibilidad que favorecía la invasión por el bacilo de Pfeiffer, que producía una congestión. En la segunda se desarrollaba una neumonía neumocóccica favorecida por el mal estado pulmonar. En la tercera, una sobreinfección por estreptococos que provocaba la sepsis y la muerte. Otras muchas teorías surgieron en ese momento.

Rodríguez Fornos también participó en la I Asamblea Médica Regional Valenciana y en 1920 pronunció en el Instituto Médico Valenciano una conferencia sobre la encefalitis letárgica que abrió un debate que se prolongó durante meses.

Desde que vino a Valencia una de sus preocupaciones fue reformar la enseñanza y las instalaciones que entonces se encontraban en Guillén de Castro.

En 1925 fue designado por el claustro de la Universidad para recibir a Charles Mayo que fue nombrado doctor honoris causa. El acto tuvo lugar en 1925. Mayo ofreció costear una beca para que un médico Valenciano estudiara en la Clínica de Rochester. A raíz de esta visita la Universidad pensionó a Fornos para que analizara en los Estados Unidos la organización de los estudios de medicina. A su regreso dio tres conferencias sobre su experiencia, una en el Paraninfo, otra en el Instituto Médico Valenciano y otra en el Centro escolar y Mercantil de Valencia.

DECANO
En 19129 tomó posesión como decano de la Facultad de Medicina de Valencia. Propuso nombrar a Bartual Moret decano honorario, ya que había abandonado el cargo por razones de salud. Fue aprobado.

En la Facultad hubo problemas con un nuevo decreto de acumulación de cátedras. Los estudiantes estaban en contra igual que algunos profesores. Los estudiantes de la FUE solicitaron la supresión de la enseñanza libre, la aceleración de las obras de la nueva facultad y la creación de una policlínica o dispensario de urgencias para que los alumnos aprendieran. Asimismo solicitaron asistir a las Juntas de Facultad.

A consecuencia de la Asamblea que la FUE celebró el 2 de octubre en el Aula Magna de la Facultad, Rodríguez Fornos presentó su dimisión con carácter irrevocable. Campos Fillol presentó también su renuncia como secretario, que no fue aceptada, y quedó como decano accidental Peset Aleixandre.

En 1931 fue nombrado hijo adoptivo de Valencia. Se instauró un premio con su nombre que se costeó con la entrega de la cantidad de 10.000 pesetas en títulos de Deuda amortizable. Con los intereses se pagaría la beca a un médico joven, de posición modesta, que demostrase su competencia en Patología médica.

En 1933 hubo nuevas elecciones a decano. Ganó Fornos frente a Puche Álvarez, pero visto el descontento de los estudiantes renunció.

RECTOR
El 2 de julio de 1933 el Gobierno de la República designó a Fornos rector. Había sido propuesto por el claustro de profesores y ratificado por el Ministerio de Instrucción Pública

Su proyecto era acabar las obras de la Facultad de Medicina, poner en funcionamiento el campo de deportes para los estudiantes, crear residencias y una ciudad universitaria al modo de los Estados Unidos.

En 1935 murió su hijo menor por un accidente de tráfico. La Universidad de Valencia se adhirió a la de Salamanca para que se le otorgara el nobel de literatura a Miguel de Unamuno. También organizó y participó en una velada necrológica en el Paraninfo para recordar a Cajal.

En 1936 un sector de los estudiantes solicitó su dimisión. Dado el clima del país y el estallido de la guerra civil tuvo que huir de Valencia. Una noche, como a muchos, lo sacaron de su casa pero pudo volver al ser reconocido por uno al que había curado a su madre. Siguió unos días en su cátedra y atendiendo su consulta, pero fue sacando de Valencia en grupos a sus hijos. Cuando estos estuvieron a salvo en Francia, una noche cogió con el resto de la familia un barco pesquero que lo llevó a alta mar. De ahí pasó a un buque inglés que llevaba refugiados a Marsella. Su hijo Fernando no pudo llegar a tiempo y permaneció en Valencia. De Marsella a París. Allí esperaron un mes a reunirse con Fernando. En 1937 entraron a España por San Sebastián y se dirigieron a Salamanca, zona nacional.

Mientras en Valencia se le daba de baja de su cátedra por abandono, en Salamanca, donde tenía casa y familia, era nombrado Capitán Médico Honorífico del Ejército Nacional. Fue nombrado director del Hospital del Generalísimo.

En 1939 se encontraba de nuevo en Valencia. Se le devolvió su antigua cátedra. El 9 de abril de 1941 se le nombró rector de la Universidad. Permaneció en su cargo hasta su fallecimiento.

Su programa fue restablecer la tranquilidad en la Universidad, echar a los militares que habían convertido la casi acabada nueva Facultad en Hospital militar y seguir con su proyecto de ciudad universitaria.

En 1944 se inauguró la Facultad de ciencias. En 1949 la de medicina por el ministro Martín Ibáñez siendo decano Barcia, así como las instalaciones deportivas. También seguía en marcha la residencia de estudiantes que ahora la llamaron Colegio Mayor, diseñada por Guerlich que tuvo que rehacer varias veces el proyecto, y que inauguró por Franco en 1954. Fornos ya no lo pudo ver.

Fornos también logró que el Consejo Superior de Investigaciones científicas, antes Junta de Ampliación de Estudios e Investigaciones Científicas, participara en la nueva Facultad, igual que la Dirección general de Sanidad, en especial para temas de investigación y asistencia.

Fornos también perteneció al CSIC y fue procurador de las Cortes franquistas. Nunca dejó de publicar y de impartir conferencias sobre patología.

Debido a una neoplasia que se le diagnosticó, la última reunión que asistió como rector fue en noviembre de 1950. Operado en tres ocasiones falleció en Valencia un año más tarde el 8 de noviembre de 1951.

Bibliografía
Anuario de la Facultad de Medicina. Curso 1950-51  (1950). Valencia, Tipografía artística

–De las Heras Esteba, E. (2003). La escultura pública en Valencia. Estudio y Catálogo. Valencia, Tesis, Servei de Publicacions.

–Fresquet Febrer, J.L. (2017). El Instituto Médico Valenciano (1898-1930). De la catástrofe del 98 a la Segunda República. Valencia, Universitat de València-Instituto Médico Valenciano.

–Mancebo, M.F. (1994). La Universidad de Valencia. De la Monarquía a la República (1919-1939). Valencia, Instituto de Cultura Juan Gil-Albert-Universitat de València.

–Márquez de la Plata Ferrándiz, C. (1996). Fernando Rodríguez Fornos (1883-1951 y su obra clínica, tesis doctoral, Valencia: Tesis

–Perales Birlanga, G. (2009). Católicos y liberales. El movimiento estudiantil en la Universidad de Valencia (1875-1939). Valencia, PUV.

El síntoma como la figura de un trazado gráfico fijo y mensurable

Como es habitual, presentado un nuevo vídeo en el Canal Medicina, historia y sociedad, insertamos aquí la transcripción del anterior; en este caso “El síntoma como la figura de un trazado gráfico fijo y mensurable”

Guión

En los dos vídeos anteriores hemos conocido que el cuadro sintomático es la expresión del desorden procesal que puede estudiarse desde la física o de la química. Hemos visto la consideración del síntoma como un proceso energético y como un proceso material.

A los médicos, a los que llamamos fisiopatólogos, también les resultó significativa la reducción del síntoma a la figura de un trazado fijo y mensurable.

[INTRO]
En primer lugar. El caso de los síntomas cuya expresión principal es un movimiento mecánico.
La invención del kimógrafo por parte de Carl Ludwig en 1847 fue un modelo de inspiración.
El kimógrafo es un dispositivo que dibuja una representación gráfica de la posición espacial a lo largo del tiempo. Consta de un tambor giratorio mecanizado envuelto con una hoja de papel, sobre la cual se mueve un lápiz o una punta entintada que registra los cambios en fenómenos como la presión arterial, el movimiento muscular, la actividad nerviosa y la respiración. El kimógrafo puede registrar, y luego se puede cuantificar y estudiar los cambios temporales en los fenómenos fisiológicos y la interacción entre ellos.

Uno de los primeros usos que tuvo fue la medición de la presión sanguínea. Su funcionamiento no era del todo perfecto pero de él nacieron los esfigmógrafos de Vierordt (1818-1884) y el de E.J. Marey (1855 y 1860 respectivamente).

Karl von Vierordt estudió en Berlín, Göttingen, Viena y Heildelberg. En 1849 fue nombrado profesor de Tubinga. Desarrolló técnicas y dispositivos para monitorizar el sistema circulatorio. Uno de sus trabajos más conocidos fue un tratado sobre al pulso y la presión arterial Die Lehre vom Arterienpuls im gesunden und kranken Zustände (1855). También publicó un Grundriss der Physiologie des Menschen (1871), un esquema o de la fisiología humana.

Otro de los más destacados es el de Marey. Este médico nació en Beaune (Francia) en 1830 y falleció en París en 1904. Se graduó en 1859 y montó un pequeño laboratorio en París donde estudió la circulación de la sangre. Autor de Du mouvement dans les fonctions de la vie (1868). En 1863 realizó mejoras en el esfigmógrafo que monitorizaba el movimiento del sistema circulatorio (especialmente el pulso) haciendo que fuera transportable.

La esfigmografía objetiva las ondas pulsátiles en forma de curvas características que se desarrollan en el tiempo y cuyos detalles nos informan acerca de la frecuencia y forma del pulso, así como del trabajo cardíaco tanto auricular como ventricular.

Presentamos aquí un modelo inspirado en el de Marey que se denomina Philadelphien.

Wundt, W. en su  Traité élémentaire de Physique médicale y diferentes autores en otros textos, presentan varios esfigmógrafos: aparte del de Marey, el de Longuet, el de Brondel, el de Béhier, etc.

Y aquí tenemos algunos trazados obtenidos con los esfigmógrafos.

Otro ejemplo es la flebografía con la que se obtenía el flebograma. Con el mismo se obtenían datos acerca de del funcionamiento del corazón derecho y del miocardio. Sobre el flebograma también se dejaba sentir el funcionamiento del corazón izquierdo, circulación capilar, circulación venosa periférica incluso la pulmonar, la respiración, y el funcionamiento de la válvula tricúspide. Ahora no tiene este significado pues se utilizan procedimientos radiográficos.

También se puede hablar de fonocardiografía o registro gráfico de los ruidos del corazón para objetivar los datos de auscultación en forma de cardiofonogramas. Más completo era combinar cardiograma con fonocardiograma. El método eléctrico de Einthoven, por ejemplo funcionaría así:

[Se explica el funcionamiento en un esquema]

Desde finales del siglo XVIII, Galvani y después Volta, estudiaron la presencia y el efecto de la electricidad en los seres vivos. El primero diseñó en 1820 un galvanómetro para medir la corriente eléctrica. En 1843 el fisiólogo Bois-Reymond detectó un pequeño potencial eléctrico o diferencia de voltaje en músculos animales en reposo que cambiaba cuando estos se contraían. En 1856 estudiaron los potenciales eléctricos del corazón. El fisiólogo August Waller publicó un trabajo en el que demostraba los cambios electromotores que acompañan al latido cardíaco en la persona. Usaba cables conectados a manos y pies en vez de en el corazón. William Baylis y Ernest Starling mejoraron la técnica y asociaron los cambios eléctricos a fases de la contracción y relajación cardíacas. Einthoven estuvo en una de las demostraciones de Waller en 1889. En 1893 acuñó el término “Electrocardiograma” y comenzó a construir aparatos y métodos de registro y análisis del ECG.

Einthoven convirtió el ECG en realidad combinando varias innovaciones. En 1895 utilizó un galvanómetro mejorado que le permitió identificar 5 picos: P Q R S T. En 1901 inventó un galvanómetro de cuerda que tenía un delgado cable de cuarzo cubierto de plata colocado entre dos electroimanes potentes Modificar las corrientes del cable provocaba movimientos que podían verse cuando un microscopio de transmisión los proyectaba sobre una cinta de papel fotográfico de registro continuo. En 1906 publicó la primera serie de ECGs normales y caracaterísticos de diez enfermedades. En 1924 recibió el Nobel y murió en 1927.

Con esta selección de instrumentos hemos visto la reducción de los síntomas a trazados fijos y mensurables Con el estudio de los mismos como procesos energéticos y como procesos materiales, completamos las principales características de la enfermedad desde la perspectiva fisiopatológica.

Bibliografía
Marey, E.J. (1868). Du mouvement dans les fonctions de la vie. Paris, Germer Baillière.

Rivera-Ruiz, M; Cajavilca, C; Varon, J (2008). Einthoven’s string galvanometer: the first electrocardiograph. Tex Heart Inst J. vol. 35, nº 2, pp. 174–178.

Roguin, A. (2005). Scipione Riva‐Rocci and the men behind the mercury sphygmomanometer. The International Journal of Clinical Practice, vol. 60, nº 1, pp. 73-79.

Wundt, W.M.; Imbert, A.; Monoyer, F. (1884). Traité élémentaire de Physique médicale.  Paris, Baillière.

Vierordt, K. (1855). Die Lehre vom Arterienpuls im gesunden und kranken Zustände. Braunschweig, Druck und Verlag von Friedrich Vieweg und Sohn, 1855

Vierordt, K. Die Pulskurven des Hämodynamometers und des Sphygmographen. Arch f physiol Heilk, 1857, Bd 1, pp. 552.

Vierordt, K. (1863). Die Anforderungen an den Sphymographen. Arch d Heilk, vol. 4, p. 513

Vierordt, K. (1871). Grundriss der Physiologie des Menschen. Tübingen, Verlag der H. Laupp’schen Buchhandlung.

El estudio de las disfunciones como procesos materiales

Como hemos subido un nuevo vídeo al canal de Youtube “Medicina, historia y sociedad“, vamos a insertar aquí en el blog la transcripción del guión del anterior: El estudio de las disfunciones como procesos materiales:

En el vídeo anterior decíamos que dos eran las posibilidades de estudio de las alteraciones funcionales en la enfermedad: investigar las alteraciones como procesos energéticos, estudiables por la física, y como procesos materiales, estudiables por la química. Vimos las primeras con el ejemplo de Wunderlich y la termometría clínica. En otro vídeo abordaremos otros ejemplos.

Hoy vamos a ver la segunda posibilidad, es decir, el estudio de las disfunciones como procesos materiales, estudiables desde la química. Se suele ejemplificar siempre con la obra de Friedrich T. von Frerich (1819-18885).

Nacido en Aurich (Alemania) fue profesor en varias universidades como Kiel, Breslau y Berlín. En 1859 sucedió a Johann Lukas Schönlein como jefe médico de la Charité de Berlín hasta que murió. Dedicó mucho tiempo al estudio de la química fisiológica y aplicó sus conocimientos y técnicas a la investigación de las enfermedades renales y hepáticas así como la diabetes.

Descubrió, por ejemplo, que la atrofia amarilla de hígado, en la que se produce una destrucción masiva de células hepáticas, es una alteración del metabolismo de las proteínas que acaba por hundirse totalmente conduciendo a la muerte del enfermo. A causa de esto, en la orina del paciente aparecen sustancias de desecho como la tirosina y la leucina. Esto se convirtió en signo fisiopatológico, una señal objetiva del trastorno de un proceso orgánico. Es decir, si en la orina de una persona hallamos estas sustancias nos hace sospechar que padece…

También fueron importantes los estudios de Felix Hoppe-Seyler sobre la hemoglobina, que posibilitaron también la introducción de sus alteraciones como signos fisiopatológicos. Este campo se aborda en su Handbuch der physiologisch- und pathologisch-chemische Analyse (Tratado de análisis fisiológico y patológico (1858-1883). Nació en Freyburg en 1825. Fue profesor en Greifswald, Tubinga y Estrasburgo. Murió en Wasserburg en 1895.

A continuación se muestra el Albuminómetro de Esbach, instrumento ideado por Georges Hubert Esbach en 1874 y modificado en 1880. Consiste en precipitar la albúmina con ácido pícrico y cítrico. Se llena el tubo de orina hasta la marca U y el reactivo hasta la marca R. Se tapa y se invierte 12 veces. Se deja reposar 24 horas, después de las cuales se mide la altura del coágulo en la escala grabada en el tubo. Equivale al número de gramaos de albúmina por litro. La presencia de albúmina en la orina nos puede estar indicando un mal funcionamiento del riñón.

En España se popularizó el Manual de análisis químico aplicado a las ciencias médicas del farmacéutico Juan Ramón Gómez Pamo.

Las bases de la colorimetría datan del siglo XVIII y en ella intervinieron varios científicos. Sus hallazgos fueron de gran importancia para los estudios fisiológicos y fisiopatológicos. Se trata de determinar la concentración de una sustancia disuelta al comparar el color de la disolución con un patrón.

El colorímetro de Jules Dubosq (1854), gracias a su sencillez, se incorporó a la clínica a finales del XIX. William Richard Gowers ideo uno formado por dos tubos de cristal, uno de los cuales se había graduado. El primero se dedicaba a poner el líquido de referencia y el otro al líquido problema. Cuando las dos soluciones eran iguales se miraba la marca correspondiente y el tubo graduado del 0 al 140% , dando el porcentaje de hemoglobina. Haldane mejoró el aparato debido a que daba muchos errores.

Suprimido en la grabación: [Otro que incluso sigue utilizandose hoy en países en vías de desarrollo es el que ideó el suizo Hermann Sahli (Berna, 1856 – 1933). Es parecido al de Gowers pero utiliza una solución de ácido clorhídrico al 1% para acercarse  o aproximarse al color del tubo de referencia. De fácil manejo y fiable con el que se consigue una gran reproducibilidad de las muestras.

En el tubo problema, a una solución de ácido clorhídrico hasta la señal 10 se vertían 20 mm cúbicos de sangre obtenida por punción digital. Después se añadían pequeñas cantidades de agua destilada hasta conseguir igualar el color del contenido del tubo con el testigo. Más tarde, como la intensidad del color del tubo testigo variaba por la acción de la luz y del tiempo, la solución fue sustituida por una referencia sólida basada en un cristal de composición y color inalterables.

Sahli también utilizó un hemocitómetro para contar las plaquetas que se conoce con el nombre de Hayem-Sahli]

Para el conteo de células (eritrocitos, leucoctos y plaquetas se utilizaron varios instrumentos. Uno de ellos fue la cámara de Bauer. Ideado por Carl Theodor Neubauer (1830-1879), que ahora veremos que incorpora este equipo, el Aparato de Bürker para el recuento de los glóbulos rojos y blancos de la sangre. Este hemocitómetro fue ideado por Karl Bürker (1872-1957) que simplificó el sistema de conteo y precisión entre finales del siglo XIX y principios del XX. Este tipo de instrumentos facilitó el nacimiento de la hematología.

Recordemos que el hemocitómetro sirve especialmente para el recuento de células en un medio líquido, que puede ser un cultivo celular, sangre, orina, líquido cefalorraquídeo, líquido sinovial, etc.

El conocido como Citron-Kanitz, de origen checo, sirvió para medir la cantidad de glucosa en sangre, en orina así como la hemoglobina.

Ha habido otros instrumentos más sencillos y para una primera aproximación, como el de Laboratorios Boehringer y el de Marucelli. Se hace una pequeña punción en el dedo, se extrae una pequeña cantidad de sangre con una pipeta; se deposita una gota en el círculo y se espera un tiempo. Luego se compara con la rueda de colores.

Aquí tenemos otro instrumento que nos mide la hemoglobina en sangre pero por el procedimiento de la espectrometría. Colorimetría es la técnica utilizada para determinar la concentración de una solución que tiene color. Mide la intensidad del color y relaciona la intensidad con la concentración de la muestra.

La espectrometría es un método científico que se utiliza para medir cuánta luz absorbe una sustancia química, midiendo la intensidad de la luz cuando un haz luminoso pasa a través de la solución muestra. También puede usarse para medir la cantidad de un producto químico conocido en una sustancia.

Fabricado por la Casa Hellige creada por Fritz Hellige en 1895. Consta de un visor, en la parte superior de un botón rojo, la escala regulable en el frontal y en la parte posterior el cajetín donde se inserta la muestra.

Este otro de la American Optical Company es el mismo que el anterior con alguna variación. El visor está a un lado; en el contrario está la conexión a la corriente; en la parte frontal las escalas regulables y en la cara posterior, el lugar donde se pone la muestra en esta especie de cajoncitos.

Volvemos al estudio de la orina. Aquí mostramos este estuche M.Moya. Con cada uno de estos reactivos podremos conocer la concentración de sustancias presentes como la glucosa, la acetona, etc.

Este otro utiliza 4 reactivos; dos de ellos para conocer la glucosa, otro para la albúmina y un último para la acetona (acidosis). En la tabla se indica el número de gotas de orina en la columna izquierda y los gramos de glucosa por litro en la columna de la derecha.

El Metrorin Barry sirve igualmente para determinar la albúmina, la glucosa y la acetona en orina. En el mismo se incluye un pequeño manual.

Por último éste sirve para hacer el test de azúcar en orina Sheftel, elaborado por Lilly and Company, Indianápolis. Las pastillas azules son de sulfato de cobre, las blancas de Metenamina. Igualmente se acompaña de un pequeño manual y de la escala de colores correspondiente,

Salvando la distancia en tiempo, viene a ser como éste actual, el COMBUR 5 HC, que nos mide varias cosas en orina: glucosa, leucocitos, nitritos, proteína, presencia de sangfre y de hemoglobina

También fueron apareciendo pruebas funcionales, exámenes clínicos rigurosamente estructurados para obtener información sobre el estado funcional del organismo o de alguna de sus partes cuando se les somete a una exigencia nueva y calculada.  Por ejemplo la exploración funcional del riñón tras ingestión de yoduro potásico, de azul de metileno, o de agua.

O  el examen de la capacidad funcional del diabético frente a los hidratos de carbono como la prueba de Külz, las pruebas de Naunyn y Strauss, o la de la “glucemia provocada” de Noorden y Rosenberg.

Siguieron otras pruebas funcionales renales, hepáticas, cardíacas, etc.

Lo mismo que sucedió con la forma de pensar o la mentalidad anatomoclínica que dio lugar a una nueva semiología, en este caso sucedió lo mismo. Así, capítulos de la patología actual se edifican sobre estos criterios: enfermedades de las glándulas de secreción interna, metabolismo y nutrición, etc.

Esta mentalidad condujo a la aparición de una nueva disciplina: la patología experimental o la investigación en los animales de experimentación de los procesos disfuncionales. Uno de sus creadores fue Ludwig Traube (1818-1876), amigo de Virchow y muy influido por los experimentalistas franceses Magendie y Claude Bernard. Éste último reunió valiosos trabajos en su Cours de pathologie expérimentale (1859).

El representante de la institucionalización de esta disciplina es Julius F. Conheim (1839-1884), discípulo de Virchow de quien modificó algunas de sus explicaciones sobre la inflamación mediante investigación.  Demostró que los leucocitos pueden salir de los vasos sanguíneos y aparecer en los focos inflamatorios. Fue autor de una Vorlesungen über allgemeine Pathologie (Leccions sobre patología general, 1877-80). En éstas ofreció una exposición del estudio científico de la enfermedad basada en supuestos fisiopatológicos y en los resultados de la patología experimental. Esta institucionalización también estuvo presente en los Archiv de Naunyn y Shmiedeberg. Hay que tener en cuenta que la farmacología también se benefició del enfoque fisiopatológico. Se crearon gran número de medicamentos que actuaban sobre síntomas y signos, aunque no sobre las causas.

En el próximo vídeo seguiremos hablando de la enfermedad desde el punto de vista de las funciones alteradas.

Bibliografía

–Bynum, WF et al (2006). The Western Medical Tradition 1800 to 2000. Cambridge, Czmbridge University Press

–Cámara de Neubauer. En Wikipedia. Disponible en https://es.wikipedia.org/wiki/C%C3%A1mara_de_Neubauer , Consultado el 2 de enero de 2021.

–Fresquet Febrer, J.L. (2009). William Ricahrd Gowers (1845-1915). En: Biografías y epónimos médicos. historiadelamedicina.org. Disponible en: https://www.historiadelamedicina.org/gowers.html Consultado el 2 de enero de 2021.

–Fresquet Febrer, J.L. (2010). Albuminómetro de Esbach. Museo de Historia de la Medicina y de la Ciencia. Material didáctico. Disponible en: https://www.uv.es/fresquet/Expo_medicina/Patologia_XIX/Albuminometro_de_Esbach.pdf Consultado el 2 de enero de 2021.

–Karl Bürker. En Wikipedia alemán. Disponible en https://de.wikipedia.org/wiki/Karl_Bürker , Consultado el 2 de enero de 2021.

–Laín Entralgo, P. (1978). Historia de la medicina. Barcelona, Salvat.

–López Piñero, J.M. (2010). Historia de la medicina universal. Valencia, Ajuntament de València.

–Obituario de Georges Hubert Esbach (1890). Br Med J, vol. 1, nº 1523, p. 577.

–Sánchez González, MA (2012). Medicina y humanidades médicas. 2ª ed., Barcelona, Elsevier

–Verso, ML (1971). Algunos pioneros de la hematología del siglo XIX. Medical History,, vol.15, nº 1, pp. 55-67.

Wilder G. Penfield (1891-1976)

Hemos insertado en la sección de “epónimos y biografías médicas” de historiadelamedicina.org, la biografia de Wilder G. Penfield.

Conocemos los epónimos “homúnculo de Penfield”, “síndrome de Penfield” y “disectofres de Penfield”. Penfield significa en la Historia de la medicina excelente neurocirujano que creó el Instituto Neurológico de la Universidad McGill, de Montreal, que contribuyó con importantes avances en el estudio del tejido nervioso, de las enfermedades neurológicas –especialmente la epilepsia– y en técnicas neuroquirúrgicas.

Nació en Spokane, Washington, en 1891. Tuvo la suerte de formarse con los mejores anatomistas, fisiólogos, médicos, histólogos y cirujanos de de su época. Estuvo en Princeton. Después marchó becado a Oxford, donde conoció a Sherrington y Osler. Se graduó en la Escuela de Medicina de la John Hopkins. Estuvo interno en el Hospital Brigham donde conoció a Cushing. Regresó a Oxford para completar su formación con Sherrington. De regreso a los Estados Unidos, fue ayudante en el Hospital Presbiteriano de la Universidad de Columbia en el Departamento que dirigía Whipple. Hizo una estancia en Madrid para aprender las técnicas de estudio del sistema nervioso de Cajal y su escuela. En Alemania trabajó con Otfrid Foerster, quien había ideado un método para evaluar las funciones de las diferentes áreas del cerebro.

En 1933 Penfield fue nombrado profesor de neurocirugía de la Universidad McGill. En Montreal desarrolló el Instituto Neurológico, centro de formación, investigación y tratamiento de trastornos del sistema nervioso y del cerebro. Se centró, sobre todo, en la intervención de los epilépticos que no tenían cura médica. Describió dos áreas cerebrales especiales: la corteza motora y la corteza somatosensorial y también cartografiar las distintas zonas o áreas cerebrales. Sin dejar la investigación, en la segunda parte de su vida se dedicó a viajar y dar conferencias y a escribir sobre temas médicos desde la perspectiva de la divulgación así como novelas. Es lo que él denominó “su segunda carrera”. Murió en abril de 1976.

(*) Imagen procedente de Wikipedia

Wunderlich y la termometría clínica

Subido un nuevo vídeo al canal Medicina, historia y sociedad, insertamos en este post la transcripción del anterior: Wunderlich y la termometría clínica.

“En el vídeo anterior hablábamos de la importancia de la lesión y de las alteraciones estructurales en patología. Sin embargo, esto solo nos proporciona información de la enfermedad en un determinado momento y en localizaciones concretas.

A lo largo de las primeras décadas del siglo XIX Alemania salía de un periodo en el que habían florecido los sistemas especulativos por la influencia de la llamada Naturphilosophie. La química y la física seguían proporcionando apoyo para la construcción de una patología científica. Ahora era necesario estudiar la enfermedad desde el punto dinámico.

Dos eran las posibilidades: investigar las alteraciones como procesos energéticos, estudiables por la física, y como procesos materiales, estudiables por la química.

Carl Reinhold August Wunderlich, hijo de alemán y francesa, fue uno de los primeros en adentrarse en el primer campo. Veamos cómo.

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Wunderlich nació en 1815 en Sulz, junto al Neckar (suroeste de Alemania). Su padre era médico y trabajó en salud pública. Falleció en 1824. Con su madre y su abuela se trasladó a Stuttgart donde finalizó sus estudios secundarios en 1833. Estudió después medicina en Tubingen –donde se ofrecía una enseñanza libresca– hasta 1837. Allí fue influenciado por Albert Frederich Schill (1812-1839), un profesor que había estado en Francia e Inglaterra, que le recomendó que aprendiera percusión y auscultación, lo que hizo durante tres viajes a Viena. Con otros dos renovadores (Wilhelm Roser (1817-1888) y Wilhelm Greisinger (1817-1868) fundó el el Archiv für Physiologische Heilkunde en 1842, donde clamó por una nueva medicina basada en la observación científica y en particular por la obra fisiológica de Johannes Müller (1801-1858). Uno de los artículos de la introducción llevaba el título “Sobre las deficiencias de la medicina alemana actual y sobre la necesidad de una firme orientación científica de la misma”, donde decía: ‘La medicina, como ciencia empírica e inductiva, tiene que vestir el mismo atavío y progresar con los mismos métodos que las ciencias físicas exactas… La medicina fisiológica, apoyándose en hechos comprobados, tiene que formular las leyes según las cuales el organismo vive y enferma, sana y perece’.

Estuvo un año en París donde aprendió especialmente de Pierre Charles A. Louis (1787-1872) y también de Louis D. Jules Gavarret (1809-1890), empirismo y estadística aplicada.

Regresó a Stuttgart donde presentó su tesis en 1838 sobre la nosología del tifus. De nuevo estancia en París y después, en 1840, se trasladó a Viena. Publicó un libro (Wien und Paris) en el que realiza un agudo análisis crítico en el que comparaba la medicina que se hacía en ese momento en Francia y la que se desarrollaba en el área germánica. París era para él el lugar más adecuado para formarse. También se refería al renacimiento de la escuela vienesa en torno a las figuras de Rokitansky y Skoda.

Habiéndose habilitado en 1839 como profesor en la Universidad de Tubinga, pasó por asistente y sustituto. En 1846 fue nombrado profesor ordinario de clínica médica. Hubo reacciones en contra por parte del profesorado conservador y tuvo que interceder por él el ministro de educación del reino de Württemberg.

En 1845 publicó Versuch einer pathologischen Physiologie des Blutes (1845) y al año siguiente comenzaron a ver la luz los tres volúmenes de su Handbuch der Pathologie und Therapie (1850-1852). El libro sobre la fisiopatología patológica de la sangre es una muestra de que Wunderlich hizo investigación experimental de laboratorio. El segundo indica que la fuente principal de su obra de investigación fue la observación y la exploración clínica.   

En 1850 Wunderlich aceptó una de las cátedras de más prestigio de Alemania, la de la Universidad de Leipzig. Allí estuvo a lo largo de veinticinco años durante los cuales publicó una Geschichte der Medizin (1858) y su obra central Das Verhalten der Eigenwärme in Krankheite (El comportamiento de de la temperatura corporal en las enfermedades) (1868). Convirtió su servicio del Jakobshospital en uno de los más importantes de Alemania. Dio clases de patología y terapéutica, de psiquiatría y también de historia de la medicina

Wunderlich culminó el grueso de su trabajo sobre termometría mientras estuvo en Leipzig. A lo largo de dieciocho años antes de publicar Das Verhalten der Eigenwärme in Krankheiten, recogió datos del examen clínico de más de veinticinco mil pacientes. Reunió miles y miles de registros de las lecturas de la temperatura. El análisis de estos datos produjo una veintena de trabajos sobre termometría además del libro.

El termómetro
Galileo ya utilizó el termoscopio que Sanctorius empleó con fines médicos. Varios médicos franceses y alemanes del siglo XIX se interesaron también por el termómetro. Sin embargo, el mérito de haber sentado de modo sistemático los fundamentos científicos de la termometría clínica es de Wunderlich, así como haber convertido el termómetro en un instrumento imprescindible de la práctica médica.

Aquí vemos distintos tipos de termómetros algunos muy antiguos. Muy recientemente se sustituyó el mercurio de los mismos. [Se muestran varios termómetros de diferentes épocas].

En el contexto de la mentalidad fisiopatológica Wunderlich se interesó por la fiebre, el signo más adecuado a una consideración energética y procesal. Buscó descubrir por vía experimental que las modificaciones de la temperatura en las enfermedades se hallan fundamentadas en una ley. 

Los principios de los que partió Wunderlich fueron: (a) la constancia de la temperatura en las personas sanas, y (b) la variación de la temperatura en la enfermedad. Recogió millones de registros, como hemos dicho. Trató de buscar regularidades en los trazados termométricos de las enfermedades. Los halló a pesar de que con frecuencia había variaciones que dependían de influencias accidentales. Por tanto, muchas especies morbosas se corresponden con tipos bien delimitados de temperaturas alteradas.

Wunderlich extrajo las curvas térmicas típicas del tifus abdominal, el tifus exantemático, la fiebre recurrente, el sarampión, la viruela, la neumonía, la escarlatina y el paludismo reciente. Otras eran relativamente típicas, como la de la septicemia, rubeola y varicela, erisipela, amigdalitis, meningitis, reumatismo agudo, pleuritis, etc.

El espectacular desarrollo de la microbiología en la segunda mitad del siglo XIX y la aparición de medicamentos eficaces contra las infecciones a principios del siglo XX oscurecieron de alguna manera la excelente labor de Wunderlich.

Mientras Wunderlich trabajó en el tema, el también alemán Justus von Liebig (1803-1873) acababa de descubrir que el calor animal se originaba en los procesos químicos orgánicos, especialmente en las oxidaciones. Por otro lado, los trabajos de Meyer, Joule y Helmholtz habían llevado a la formulación del primer principio de la termodinámica.

Wunderlich falleció cuatro años después que su hijo, en septiembre de 1877″.

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