Fuentes materiales e iconográficas de la historia de la medicina (actualización)

Se ha actualizado la sección de fuentes materiales e iconográficas de historiadelamedicina.org.

Ha entrado a formar parte de la colección una serie de fotografías que retratan a un grupo de estudiantes de medicina en la facultad. Casi con toda seguridad se trata de la de Valencia, la que estaba situada en la calle Guillén de Castro. Por tanto deben datar de los años cuarenta o principios de los cincuenta.

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Por otro lado, una fotografía en la que se señala que se trata del laboratorio de la Universidad de Valencia. Por tanto serían dos mujeres estudiantes. Podría datarse en los años veinte o treinta.

En tercer lugar, dos fotografías que hemos titulado “Cuidado del enfermo“. De origen desconocido, en una de ellas se ve a una mujer junto al que podría ser su esposo enfermo acostado. En la otra se aprecia, además, al médico y a una criada sirviendo el café o té. En cuando a la época, debe tratarse de los años veinte o treinta.

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Se ha incluido también una hoja de revista (no consta el título) en la que se ofrece un pequeño reportaje con fotografías del Instituto del Cáncer del doctor Zamora, en Valencia.

Respecto a los objetos han pasado a integrarse en la colección los siguientes: la Insignia del Congreso Internacional de Historia de la Medicina, que se celebró en Madrid en 1935 y la Insignia del  Congreso Internacional de Medicina que también tuvo lugar en Madrid en el año 1903. Una centrífuga manual de 1953 fabricada en la antigua URSS. Un estuche que contiene los materiales necesarios para realizar un análisis de orina por el procedimiento de M. Moya (primer tercio del siglo XX). Una jeringa para enemas (Seamless enema Syringe), un irrigador nasal Parke Davis & Co, una jeringa para el oído de Boots Surgical Department Nottingham (todos ellos del primer tercio del siglo XX), y finalmente, un aplicador con vacuna jenneriana para cuatro personas, fabricada en el Instituto Llorente.

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El Thackray Medical Museum

En Leeds se encuentra el Museo Médico Thackray, el único de este tipo en el norte de Inglaterra, según se lee en su sitio web. En el mismo se proporciona abundante información sobre su contenido, organización, actividades, visitas organizadas, etc. Está dirigido a los que deseen verlo personalmente o a los que quieran alquilar o disponer de sus instalaciones para organizar alguna actividad.

Al lugar se accede cómodamente mediante el transporte público, pero cuenta también con una zona de aparcamiento. Está alojado en lo que era el Leeds Union Workhouse y destaca por su arquitectura y su gran vestíbulo. El edificio se inauguró en 1861 con el propósito de acoger a gente pobre, sin recursos ni un lugar donde ir. Con el tiempo se añadieron nuevos edificios incluida una enfermería que en 1925 se convirtió en el St James’s Hospital. En 1948 pasó a formar parte del National Health Service. En 1990 se consideró que no reunía las condiciones para desarrollar la medicina actual. Al estar protegido el edificio no se pudo demoler y se dieron los permisos para que albergara el Museo Thacray, que abrió sus puertas en 1997.

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Captura de pantalla del sitio web del Museo

El origen del museo está en una pequeña oficina de farmacia de gestión familiar que abrió Charles Thackray en 1902 en la calle Great George, de Leeds. El negocio fue creciendo y se convirtió en una importante firma de suministros médicos a todo el mundo. Uno de los descendientes creó en 1980 un pequeño museo con materiales que había recogido, catálogos comerciales, equipos etc. La compañía se vendió a una multinacional en 1990 y éste se dedicó a la colección. Con alguna que otra ayuda de diferente procedencia, fue creciendo hasta convertirse en lo que hoy es. De su contenido destacan los instrumentos quirúrgicos europeos desde 1600 a la actualidad, los equipos de dentista, materiales de primeros auxilios y de medicina familiar, remedios de charlatanes y medicamentos de patente, monedas y medallas, una extensa colección de audífonos y otra de botes de farmacia de cerámica. Tienen catalogados unos 47.000 objetos.

La colección se organiza en diez grandes secciones que combinan historia de la medicina con temas médicos actuales.  La primera muestra las opciones médicas disponibles que tenía un ciudadano en 1842. Había muchos medicamentos pero la mayoría eran ineficaces. Otros eran muy caros y sólo los ricos podían acceder a ellos. Mucha gente no veía la diferencia entre los charlatanes y los médicos de formación. Empezaron a circular drogas de patente de las que se hacía mucha publicidad aunque, por lo general, apenas tenían efecto o, peor aun, eran perjudiciales para quien las tomaba. El visitante podrá ver el “botiquín” personal del príncipe Alberto entre otros objetos.

La segunda reconstruye una calle victoriana de Leeds con sus casas, sus olores y sonidos característicos y los personajes que las habitaban. La reina Victoria accedió al trono en 1837 y con la revolución industrial en pleno apogeo miles de personas acudieron a las ciudades para trabajar en las nuevas fábricas. Las malas condiciones de vida y el hacinamiento condujeron a un saneamiento deficiente y a la aparición de enfermedades infecciosas como la tuberculosis, el cólera y el sarampión. Uno de cada cinco niños moría antes de los cinco años y el parto mataba a una de cada treinta mujeres. Un trabajador de 21 años sólo podía aspirar a vivir hasta los 50 años. El visitante puede elegir una de las casas de esta calle, entrar para conocer quien vive allí, qué enfermedades padecía y qué se hacía para ayudarles.

La tercera muestra la “enfermedad en retirada”, es un “antídoto” para la sección anterior. En ella se explica cómo los descubrimientos científicos llevaron de forma progresiva a comprender las enfermedades, a cambiar la práctica médica y a crear nuevos medicamentos útiles. Se hace especial hincapié en el extraordinario desarrollo de la microbiología, las vacunas y la elaboración de antibióticos que condujo a una mejora de la salud y del bienestar de la población.

En la cuarta se formula la pregunta ¿Preferiría ser atendido en un hospital de la época victoriana o en uno actual? Se cuenta la historia de Hannah Dyson, una niña de 11 años cuya pierna fue aplastada por una máquina de la fábrica donde trabajaba y lo que hicieron los médicos para salvarla. La situación en la actualidad sería muy distinta, sobre todo porque el trabajo de los niños está prohibido y los accidentes de este tipo son raros.

La quinta se ha rotulado como “Dolor, pus y sangre” y plantea la pregunta de si se pondría en manos de un cirujano que no tuviera formación regular en una universidad. Los ciudadanos de la época victoriana sólo tenían esta opción. La mitad de los pacientes sometidos a intervenciones de cirugía mayor morían, fuera a causa de las hemorragias, por shock o por infecciones. No sabían nada de gérmenes, no disponían de anestésicos todavía ni de sustancias antisépticas. Los cirujanos se formaban de forma artesanal como aprendices en hospitales o con otro cirujano. Adquirían experiencia en las fuerzas armadas o en los hospitales, y las intervenciones que realizaban eran sencillas. En esta sección el visitante podrá comprobar lo que ha cambiado la cirugía hasta hoy.

A la sexta se le ha dado el nombre de “Zona de vida” y son los niños los que más la disfrutan porque de forma activa aprenden sobre el funcionamiento de su cuerpo. Pueden seguir el progreso de un guisante a través de los intestinos, conocer el cerebro, descubrir lo alto que se puede saltar, averiguar cosas sobre los dientes, la diferencia entre los huesos humanos y de animales, el funcionamiento del corazón, etc. “Zona de vida”, según se lee en la página web, es una de las exposiciones más populares entre las familias

La séptima muestra la transformación de la cirugía desde mediados del siglo XIX a la actualidad, haciendo especial hincapié en lo que supuso la revolución quirúrgica o la superación del dolor, la hemorragia y la infección. La primera operación pública en un paciente anestesiado tuvo lugar en el Hospital General de Massachusetts en 1842. Sin embargo, las tasas de supervivencia no mejoraron hasta la década de 1870, cuando Joseph Lister inventó un espray que lanzaba una niebla de ácido carbólico sobre la superficie que se estaba interviniendo y sobre los cirujanos. Es lo que se conoce como “etapa antiséptica” a la que siguió la asepsia. Las tasas de mortalidad por infección disminuyeron mucho y los cirujanos pudieron intentar intervenciones más ambiciosas. De esta forma se allanó el camino para los trasplantes de órganos, que han transformado la vida de muchas personas: córnea, hígado, corazón, válvulas cardíacas, páncreas, riñones, piel y médula ósea. También se muestra la cirugía láser y la microcirugía.

La sección octava se titula “Tener un bebé”. Toma como base historias de la vida real para explorar el proceso del embarazo y del parto desde la década de 1890 hasta el presente. Tener un bebé en esta época era muy peligroso y era frecuente que las mujeres murieran durante el parto. Por otro lado, uno de cada siete recién nacidos morían antes de cumplir un año. Las mujeres solían tener en torno a seis hijos, parían en sus casas ayudadas por un pariente o vecino sin apenas cualificación. También se muestran los cambios y mejoras que se han producido hasta la actualidad: las mujeres tienen como mucho dos hijos, los partos tienen lugar en los hospitales y la mortalidad materna e infantil prácticamente ha desaparecido.

La Wilkinson Apothecary Gallery constituye la sección novena. Se muestra una colección de 600 albarelos, quizás la más grande del mundo. Incluye ejemplares de 1500 hasta 1800 de diferente procedencia. Fue donada por el Dr. John Frederick Wilkinson, un médico de Manchester que murió en 1998 a la edad de 101 años.

La décima y última, “¿Recuperación? De Flandes a Afganistán”, es una exposición en la que se conmemora el centenario de la primera guerra mundial. En la misma se reflexiona sobre la relación medicina y guerras y de cómo éstas la han hecho avanzar. Desarrollada con la ayuda de militares, la exposición se centra en la pérdida de miembros, de la audición y el shock desde la primera guerra mundial a los conflictos actuales. ¿Puede la medicina lograr una recuperación plena de estas personas?

Hasta junio se suma a lo anterior otra exposición que muestra cómo varios artistas han reinterpretado objetos de la colección permanente.

En la página de inicio del sitio web se accede fácilmente a “Planifique su visita” con enlaces a los horarios de apertura, precios, amigos del museo, actos especiales, etc. Debajo está el acceso a “Eventos que no deberían perderse” que contiene información sobre acontecimientos futuros, aspectos recomendables, etc.

El menú horizontal principal proporciona acceso a las siguientes secciones: “Visitar”, “¿Quién hay en…?”, “Educación”, “Reuniones”, “Biblioteca y colecciones”, y “Tienda en línea”.

La primera conduce a lo que ya se ha visto más i o menos en “Visítanos”: planificar una visita, contenidos, visitas en grupo, fiestas de cumpleaños y cafetería. La segunda sección muestra las posibilidades que ofrece el museo a los visitantes: talleres familiares, conferencias sobre medicina e historia, mañanas tranquilas y eventos especiales. En “Mañanas tranquilas” se proporcionan propuestas como resolver un crimen, los supersentidos, un “laboratorio corporal”, el uso de animales que mejoran a los pacientes, los detectives de enfermedades, etc. También se informa de su calendario, precio, etc.

En la sección “Educación” se informa de que el museo dispone de actividades para todo tipo de estudiantes, desde los de primaria a los universitarios. Se refieren a diversos tipos de talleres y visitas dirigidas, de eventos para educadores, de equipos o packs de recursos docentes, de juegos disponibles en línea, de una visita virtual, etc.

En “Reuniones” se ofrecen los espacios para eventos que organicen particulares, empresas, sociedades u otras instituciones así como de los servicios correspondientes.

En “Biblioteca y colecciones” se proporciona información sobre la Biblioteca, que cuenta con más de 23.000 libros incluidos los catálogos relacionados con la historia de la medicina y de la asistencia sanitaria. Muchos de estos están accesibles en línea y también disponen de los de otras bibliotecas en formato de microficha.

El museo tiene una colección de 15.000 volúmenes sobre farmacopeas, historia de las instituciones médicas, biografías, directorios locales y comerciales, etc. Cuentan también con una gran cantidad de libros de texto que ilustran los equipos y las técnicas desde 1500 hasta la actualidad. Conservan asimismo literatura comercial, es decir, de empresas de suministros médicos (medicamentos, instrumentos, material de laboratorio, etc.). Cuentan además con un archivo donde se conservan materiales de este tipo de empresas, y una colección de fotografías de 1800 que ilustran los problemas de salud pública en Leeds.

En esta sección también se mencionan las oportunidades que ofrece el centro para los investigadores. Aparte de los materiales expuestos conservan miles de piezas que están disponibles para su estudio. Se refieren asimismo a una red de personas y organizaciones interesadas en la medicina y las colecciones sobre la salud que se creó en 2005, que comparten e intercambian información y llevan a cabo proyectos conjuntos. Finalmente también se aborda el tema de las donaciones para el museo.

La última sección es la dedicada a la “Tienda”, que ofrece una amplia gama de regalos seleccionados para personas de cualquier edad. Los tienen de tipo educativo, extravagante, divertido y poco vistos, etc. Existe la posibilidad de compras online.

Sin lugar a dudas un museo que merece ser visitado. Sin embargo, no estaría de más que dispusiera de una muestra o de alguna exposición en red para aquellos que no puedan desplazarse.

Exposiciones sobre el registro sonoro

El pasado mes de enero tuve la ocasión de visitar la exposición 1, 2, 3… ¡Grabando! Una historia del registro musical. Se trataba de una extensa, completa y bien realizada muestra sobre la historia del registro musical y su reproducción a través de los tiempos, “un viaje fascinante que se inicia en los albores del registro sonoro con piezas como el fonógrafo de Scott de Martinville o el fonógrafo de Thomas A. Edison”.

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Exposición 1, 2, 3… ¡Grabando!… Fundación Telefónica (octubre 2016-enero 2017)

Las exposiciones de la Fundación Telefónica no suelen defraudar como las que a menudo organizan diletantes que consisten, casi siempre, en la aburrida lectura de paneles. Deberían comprender que eso pertenece al pasado, cuando la gente no tenía acceso a los libros, no existían los documentales ni tampoco la potente Web.

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Exposición 1, 2, 3… ¡Grabando!… Fundación Telefónica (octubre 2016-enero 2017)

En esta ocasión quiero traer aquí una exposición de la Europeana que aborda un tema parecido:  Recording and Playing Machines (Aparatos de reproducción y grabación). Al visitante se le proponen cinco recorridos: cilindros y discos de cera, medios magnéticos y digitales, discos de pasta y de vinilo, receptores y radio, y tocar la pianola.

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Exposición 1, 2, 3… ¡Grabando!… Fundación Telefónica (octubre 2016-enero 2017)

La exposición virtual recoge piezas de colecciones de nueve grandes instituciones reunidas en el proyecto Europeana Sound. Ofrece una selección de aparatos que ilustran una amplia gama de técnicas y de tecnologías. Desde los días del fonógrafo hasta los aparatos digitales actuales, pretende ofrecer una visión completa de la evolución de los instrumentos para registrar y reproducir sonidos.

Cada sección contiene una serie de imágenes y textos explicativos cortos. Pinchando sobre la “i” de aquéllas aparece una página con los datos de la misma, derechos de autor y códigos. Lástima que las imágenes no se puedan agrandar para poder ver detalles.

La exposición contiene información interesante y no es difícil moverse entre las distintas secciones. No obstante, uno espera algo más de la Europeana. Tampoco nadie se ha molestado en traducirla a otros idiomas que no sean el inglés.

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Captura de pantalla de la exposición Recording and Playing Machines (Europeana)

 

Tuberculosis, 100 años del Dispensario Ledo

En el Museo Vasco de Historia de la Medicina se inauguró la pasada semana la exposición Tuberculosis, 100 años del Dispensario Ledo, coincidiendo con el Día Internacional de los Museos.

El Dispensario Ledo se inauguró el 17 de mayo de 1915. Su fundador fue Francisco Ledo que nació en Santiago de Cuba en 1858 y falleció en Bilbao en 1926. Desde este centro y el Hospital de Santa Marina, se luchó contra una de las enfermedades más antiguas y que causó una alta mortalidad en España durante buena parte del siglo XX.

El comisario de la exposición es el profesor titular de Historia de la medicina de la Universidad del País Vasco Anton Erkoreka quien a su vez dirige el Museo. Han participado, además:

Francisco Etxeberria, forense y profesor de la UPV/EHU, y Lourdes Errasti, miembro de la Sociedad de Ciencias Aranzadi, que se han encargado de la paleopatología y la identificación de los primeros casos en necrópolis alavesas, en la Edad Media.

José Ramón Gurpegui, profesor de la Facultad de Medicina y Odontología de la UPV/EHU, y Begoña Madarieta, administradora del Museo de Historia de la Medicina, que han elaborado una revisión histórica de la enfermedad desde las primeras descripciones en el Corpus Hipocraticum, hasta el descubrimiento del microorganismo responsable por Robert Koch en 1882.

Juan Gondra, médico del Ayuntamiento de Bilbao, que se ha ocupado de la tuberculosis en Bizkaia en los siglos XIX y XX y de las medidas que se tomaron, los médicos y las instituciones implicadas.

Ricardo Franco, médico y miembro de la Real Sociedad Vascongada de Amigos del País, y un  equipo de investigadores, que han estudiado la incidencia y evolución de la TBC en las últimas décadas del siglo XX y lo que se lleva de este siglo.

La exposición estará abierta hasta el próximo 1 de julio, de lunes a viernes de 8 a 14 horas, en el Museo Vasco de la Historia de la Medicina y de la Ciencia José Luis Goti, Facultad de Medicina. UPV Campus de Leioa, Leioa (Bizkaia).

 

Captura del pantalla

150 años de caricaturas médicas en la RANM

Caricaturas de más de doscientos médicos se exponen en la sede de la Real Academia Nacional de Medicina en la calle Arrieta de Madrid. La nueva muestra que presenta la institución, con el patrocinio de Asisa, lleva por título 150 años de caricaturas médicas en España.

La presentación corrió a cargo de sus comisarios y también autores de la obra que se ha publicado sobre el tema, Manuel Díaz-Rubio (presidente de honor de la RANM) y Javier Sanz Serrulla (académico correspondiente), a los que acompañó el dibujante de El País José María Pérez González (Peridis). El visitante podrá observar obras de Fresno, los Cortiguera, Cerra, López-Motos, Vitín, etc.

En el libro Díaz-Rubio y Sanz Serrulla, junto a cada una de las caricaturas que aparecen, incluyen una pequeña nota biográfica que sitúa al personaje y su fotografía.

La muestra podrá visitarse hasta el día 17 de julio.

Cartel de la muestra

Postales sobre la Enfermería y sus profesionales en la NLM

La tarjeta postal es una pieza de cartulina, cartón fino o papel consistente preparada para escribir y enviar por correo tradicional sin necesidad de sobre. Las primeras fueron impresas por las administraciones de correos y no contenían ilustraciones salvo el franqueo y algún adorno u orla.

En la última década del siglo XIX se hicieron populares las postales con ilustraciones que editaban empresas privadas. Desde comienzos del siglo XX se generalizaron porque, entre otras cosas, su franqueo era más barato que el de una carta normal. Los paisajes y las fotografías típicas de un lugar solían ser motivos impresos en estas tarjetas, por lo que fueron muy utilizadas como recuerdos turísticos. Poco a poco se estamparon postales con personajes populares, escenas de la vida cotidiana, profesiones, dibujos infantiles, publicidad y un largo etcétera.

A pesar de ser algo efímero, las postales han sido y siguen siendo objeto de colección. Sin embargo, su uso inicial ha ido desapareciendo en favor de otros medios casi inmediatos gracias a la aparición de Internet.

La National Library of Medicine organizó a finales de 2014 una exposición de postales sobre la profesión de enfermería: The Zwerdling Postcard Collection Pictures of Nursing, que enmarca dentro de la serie “Pacientes y profesionales”. El sitio web a ella dedicado sigue las pautas de otras exposiciones en este blog comentadas. Un menú superior conduce al visitante a la exposición propiamente dicha, a la sección educativa, a una galería de imágenes digitales, a los créditos y a datos sobre su itinerancia.

La exposición en red se estructura en una introducción, la sección “Representando la misión de una mujer: el servicio a la humanidad”, “La enfermería como profesión”, “El género de la enfermería”, “Enfermería y respetabilidad” y “El arte de la enfermería”.

Enfermeras y enfermería han sido temas frecuentes de las tarjetas postales. A través de la Colección Zwerdling se examina cómo estas imágenes de postal están influidas por los valores culturales; ideas acerca de las mujeres, los hombres y el trabajo; y por las actitudes hacia la clase, la raza y diferencias nacionales. Esta interesante colección ha sido adquirida recientemente por la National Library of Medicine y abarca más un siglo de imágenes sobre la profesión de enfermería (1893-2011).

El visitante puede recorrer cada sección y acceder a una selección de imágenes clasificadas según se ha dicho. Podrá encontrar, además, diferentes estilos y procedimientos de ilustración.

En la sección educativa se proporcionan materiales para la enseñanza de diversos grados para hacer en el aula y en red, así como una colección de recursos complementarios.

En la “Galería digital” se puede hacer un recorrido por las tarjetas agrupadas en dos temas: postales con imágenes de enfermeras y de la profesión de enfermería, y postales que relacionan la enfermería con aspectos significativos de la vida del siglo XX (en los anuncios publicitarios, en la situación del mundo, en la Cruz Roja, en los frentes de guerra, etc.).

Aparte de los créditos, finalmente el visitante puede consultar los datos sobre la itineraria de esta exposición. Estas exposiciones en red se basan en exposiciones reales que recorren diferentes instituciones del país.

Una oportunidad de pasar un buen rato y de aprender con esta exposición de la National Library of Medicine aunque sea a través de la red.

 

Captura de pantalla de una de las partes de la exposición

Homenaje a Andrés Vesalio en Bruselas

La historia de la medicina considera a Andrés Vesalio como el gran renovador de la anatomía humana. Quinientos años después de su nacimiento, Bruselas le dedica una exposición en el Antiguo Palacio Coudenberg, que estará abierta al público hasta el día 30 de agosto. Quizás se pueda ver en España posteriormente. La muestra forma parte del festival bruselense «Carolus V», que pretende poner de relieve el patrimonio histórico y cultural europeo en la época del Renacimiento con numerosas actividades. A través de imágenes, libros, instrumentos, etc. se presentan las contribuciones científicas del Renacimiento, las enfermedades de Carlos V y la figura de Andrés Vesalio. Participa la Fundación Academia Europea de Yuste, el Museo de Medicina de Bruselas en cooperación con el Palacio de Coudenberg, la Embajada de España en Bélgica, el Gobierno de Extremadura (España) y el Consorcio de Rutas Europeas del Emperador Carlos V. Puede visitarse en el Palacio de Coudenberg de Bruselas hasta el 30 de agosto de 2015.

Vesalio nació en Bruselas el 31 de diciembre de 1514. En esta ciudad y Lovaina realizó los primeros estudios. A los dieciocho años se trasladó a París para estudiar medicina. El estallido de la guerra entre Francisco I y Carlos V le condujo de nuevo a Lovaina, donde permaneció por espacio de dos años (1536-1537). Allí obtuvo el grado en medicina en 1537. Marchó después a Italia. Pasó primero por Venecia, donde conoció a su futuro colaborador y discípulo de Tiziano Jan Stefan Calcar, y fue después a Padua, que era la ciudad universitaria de la República Véneta, para inscribirse en su escuela médica. En esta ciudad realizó su prueba de doctorado el 5 de diciembre de 1537 y al día siguiente fue nombrado Explicator chirurgiae o profesor de cirugía con la responsabilidad de explicar cirugía y anatomía.

Vesalio rompió con el método didáctico medieval: abandonó la cátedra para bajar y situarse junto al cadáver, disecando y mostrando por sí mismo la parte a la que la explicación se refería. Utilizó también dibujos de lo que en el cadáver era difícil de observar. Esto supuso un cambio importante, tanto que tuvo un gran éxito entre sus colegas docentes y entre los estudiantes. Tuvo que editar sus propios dibujos junto con otros que encargó a Calcar. Este fue el origen de las Tabulae anatomicae Sex (Venecia, 1538). Las tres láminas osteológicas son de Calcar, las tres viscerales (hígado, porta y genitales; hígado y cava; corazón y aorta) son del propio Vesalio. Aunque sigue siendo galénico, el cambio que esto significó en la ilustración anatómica fue enorme. Hay que tener en cuenta que, aunque hoy resulte inaudito, los tratados de anatomía de entonces no solían contener ilustraciones.

En 1538 Vesalio publicó una revisión de las Instituciones Anatomicae de su maestro von Andernach, un manual de disección para sus estudiantes. En 1539 con el fin de aportar claridad a una polémica sobre la sangría en las afecciones neumónicas monolaterales, el médico de Carlos V Nicolás Florena, encargó a Vesalio un exploración disectiva del sistema venoso endotorácico. Descubrió así la vena azigos mayor y su desembocadura en la vena cava superior (si se sigue la idea galénica de la circulación de la sangre sería el origen y no el final). Publicó los resultados ese mismo año (Epistola docens venam axillarem dextri cubiti in dolre laterali secandam) y también aceptó el encargo de la Giunta, una afamada casa editorial veneciana, para revisar la edición latina de varios escritos anatómicos de Galeno. Concluyó el trabajo apenas un año después.

El estrecho contacto con Galeno a través de sus obras llevó a Vesalio a darse cuenta de que dejaba traslucir en sus escritos su experiencia disectiva con monos. Al comprobar personalmente en las disecciones tantos errores, Vesalio abandonó hasta entonces al indiscutible Galeno de la enseñanza de la anatomía. El hecho causó cierto revuelo en el claustro de Padua, pero Vesalio se comprometió a escribir un nuevo tratado de anatomía. En 1542 ya estaba redactado su conocido De humani corporis fabrica libri septem. Unos días después también terminó el Epitome, una especie de Fabrica compendiada para uso de los estudiantes. El texto, al que se unieron trescientas planchas grabadas en madera por Calcar, salieron en mula hacia Basilea al taller de Juan Oporino. Poco después vieron la luz los primeros ejemplares. La Fabrica estaba dedicada al emperador Carlos V y el Epitome al que después sería Felipe II. Vesalio tenía entonces 29 años. La obra originó una reacción airada de algunos galenistas. Uno de los que le atacó ferozmente fue su maestro parisino Jacobo Silvio quien le propinó calificativos como desvergonzado, impío, calumniador e ignorante.

Andrés Vesalio regresó a Padua, pero siguiendo la tradición familiar fue requerido por Carlos V para que formara parte de su servicio médico; por tanto, marchó a Bruselas. Allí se casó, ejerció la medicina y escribió. Publicó un opúsculo sobre el uso de la raíz de China o zarzaparrilla, donde aprovechó para defenderse de los que le atacaban por abandonar a Galeno. Mientras preparaba la segunda edición de la Fabrica (1555) también acompañaba al emperador en sus viajes; su función era la de médico “internista” y no la de cirujano.

Tras abdicar Carlos V en 1556 pasó al servicio de Felipe II traslandándose a Madrid en 1559. Su estancia no fue demasiado grata por un desgraciado acontecimiento con el infante, las relaciones con el resto de los médicos de la casa real y, quizás, por la ausencia de cadáveres para disección. Tuvo en España, sin embargo, ardientes defensores como Pedro Jimeno y Luis Collado, profesores en la Universidad de Valencia.

En Madrid recibió unas Observationes anatomicae (Venise, Marco Antonio Ulmo et Gratioso Perchachino, 1561) redactadas por Falopio en Padua en las que incluía rectificaciones a la Fabrica. Vesalio le contestó pero su escrito no llegó a manos de Gabrielle Falopio, que murió prematuramente en octubre de 1562. El escrito quedó en manos del embajador y no se imprimió hasta 1564 cuando Vesalio pasó por Venecia camino de Tierra Santa. No llegó a verlo impreso ya que a su regreso enfermó y murió en la isla griega de Zante, junto al Peloponeso.

José L. Fresquet, Universitat de València, España

 

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