Andrés Vesalio (1514-1564). Una nueva forma de ver el cuerpo humano

Al subir en el canal Medicina, historia y sociedad un nuevo vídeo, “Fórceps obstétricos. Un poco de historia (I)“, voy a insertar el guión del anterior, el que dedicamos a Andrés Vesalio: “Andrés Vesalio (1514-1564). Una nueva forma de ver el cuerpo humano.

Guión

En esta ocasión nos vamos a ir a la época del Renacimiento. Bueno, ya sé que algunos me dirán que el Renacimiento no existió.

Fueron otras personas siglos después, especialmente el francés Jules Michelet y el suizo Jacob Burckhardt los que dieron forma al concepto “Renacimiento”.

Por supuesto hay que recordar que ese fenómeno no fue universal y afectó sólo a una parte del planeta, especialmente a Europa.

Unos lo consideran como una continuación o evolución de la época medieval y otros como una completa novedad en la que la persona, liberada del espíritu de la Edad Media se convierte en artífice de sí misma.

Otra manera de considerar al Renacimiento es como una transición crítica, como una dialéctica de dos formas de ver el mundo: la medieval y la moderna con muchas contradicciones internas.

No nos entretengamos en el asunto porque hay abundante literatura sobre el tema. Ocupémonos, aunque no se a fondo, de una de las figuras centrales y decisivas de la Historia de la Medicina: ANDRÉS VESALIO

Vesalio nació en Bruselas en 1514 en el seno de una familia en la que había habido médicos de cámara, es decir, médicos al servicio de emperadores alemanes durante generaciones.

Estudió en Bruselas y Lovaina y a los dieciocho años se trasladó a París para estudiar medicina. Estuvo durante tres años (1533-1536), en un ambiente en el que prevalecía el galenismo, siguió las enseñanzas de Jacobo Silvio y Günther von Andernach. El primero de ellos utilizaba el libro De usu partium de Galeno hasta la mitad; el resto –decía– era demasiado complicado para los estudiantes. Contrariado y seducido por la materia Vesalio trató de completar su formación osteológica con huesos sustraídos del cementerio de los Santos Inocentes. También realizó algunas disecciones ayudado por su compañero Miguel Servet.

El estallido de la guerra entre Francisco I y Carlos V le devolvió a Lovaina, donde permaneció por espacio de dos años (1536-1537). Allí le fue otorgado el grado de bachiller en medicina en 1537. Realizó disecciones y publicó su primera obra. Marchó después a Italia. Pasó primero por Venecia, donde conoció a su futuro colaborador y discípulo de Tiziano, Stefan Kalkar, y fue después a Padua para inscribirse en su escuela médica.

En Padua realizó su prueba doctoral el 5 de diciembre de 1537 y al día siguiente fue nombrado profesor de cirugía con la responsabilidad de explicar cirugía y anatomía. A los pocos días ya había llamado la atención entre alumnos y profesores ¿Por qué? Vesalio rompió con el método didáctico medieval: abandonó la enseñanza libresca de los glosadores de Galeno, bajó de su cátedra y se situó junto al cadáver, disecando y mostrando por sí mismo la parte a la que la explicación se refería.

Utilizó además dibujos que los alumnos le solicitaban y él creía adecuados. Este fue el origen de las Tabulae anatomicae Sex (Venecia, 1538). Los tratados de anatomía de entonces no solían contener ningún tipo de ilustración.

En 1539 con el fin de aportar claridad a una polémica sobre la sangría en las afecciones neumónicas monolaterales, el médico de Carlos V, Nicolás Florena, encargó a Vesalio una exploración disectiva del sistema venoso endotorácico. Descubrió así la vena azigos mayor y su desembocadura en la vena cava superior (si seguimos la idea galénica de la circulación de la sangre sería el origen y no el final). Publicó los resultados ese mismo año y también aceptó el encargo de la Giunta, una afamada casa editorial veneciana, para revisar la edición latina de varios escritos anatómicos de Galeno. Como se puede apreciar, nos encontramos con una de las características del Renacimiento: revisar y corregir. Concluyó el trabajo apenas un año después.

Su experiencia disectiva le demostró día a día que Galeno se equivocó en muchas ocasiones. El hecho de querer extrapolar a los humanos lo que veía en la disección de animales, le condujo a numerosos errores. Desde fines del siglo XIII algunos médicos europeos disecaron cadáveres humanos. Sin embargo, la tradición galénica pesaba tanto, que los disectores no lograban percibir la discrepancia existente entre lo que sus ojos veían y lo que su lengua y su pluma decían. Vesalio se comprometió a escribir un nuevo tratado de anatomía. En 1543 ya estaba redactado su conocido De humani corporis fabrica libri septem. Unos días después también terminó el Epitome, una especie de Fabrica compendiada para uso de los estudiantes.

El texto, al que se unieron trescientas planchas grabadas en madera por Kalkar, salieron en mula hacia Basilea al taller de Juan Oporino. Poco después vieron la luz los primeros ejemplares. La Fabrica iba dedicada al emperador Carlos V y el Epitome al que después sería Felipe II. Vesalio tenía entonces 29 años. La obra originó una reacción airada de algunos galenistas. Jacobo Silvio, su viejo maestro, le propinó calificativos como desvergonzado, impío, calumniador e ignorante.

Siguiendo la tradición familiar, Vesalio fue requerido por Carlos V para que formara parte de su servicio médico; por tanto, marchó a Bruselas. Allí se casó, ejerció la medicina y escribió. Tras abdicar Carlos V en 1556 pasó al servicio de Felipe II, lo que le obligó a trasladarse a Madrid en 1559. Su estancia no fue demasiado grata por cuestiones que no vienen al caso.

Ya hemos visto algunas novedades en la obra y la práctica de Vesalio: a) cambiar el método didáctico, b) el uso de ilustraciones, c) introducir correcciones a la obra de Galeno, y d) incorporar nuevos hallazgos. A esto hay que añadir que Vesalio vio de otra manera la anatomía o al cuerpo humano, una forma nueva que podemos llamar renacentista.

La Fabrica vesaliana muestra su idea descriptiva en su índice, en el orden sistemático que a su propia descripción quiso dar Vesalio. Comienza exponiendo la anatomía del esqueleto, lo que sustenta, las “vigas y las paredes de las casas”. El cuerpo es para él un edificio arquitectónico. Dedica el libro segundo a los ligamentos y músculos (lo que da forma al esqueleto y le permite moverse). Los libros tercero y cuarto a las venas, arterias y nervios (lo que une). En los libros quinto, sexto y séptimo se ocupa de los órganos que encierran la cavidad abdominal (instrumentos de la facultas naturalis), la torácica (instrumentos de la facultas vitalis) y la cefálica (instrumentos de la facultas animalis) y lo hace a la manera galénica, es decir, funcional.

Tres partes, por tanto:

  1. Sistemas edificativos o constructivos
  2. Sistemas conectivos o unitivos
  3. Sistemas animadores o impulsivos

La parte más brillante de la Fabrica es la que se refiere a la osteología. Se describe con detalle cada uno de los huesos. En la miología diferencia bien el ligamento del tendón, el nervio y el músculo, que hasta entonces era frecuente confundirlos. La parte dedicada a la angiología es bastante completa; niega rotundamente la existencia de la famosa rete mirabile. En cuanto a los nervios sigue clasificándolos en duros o motores y blandos o sensitivos. Niega la oquedad de los nervios de los sentidos y de forma especial la del nervio óptico.

Respecto a los órganos de la nutrición y generación sus descripciones de los genitales suponen un avance. Describe bien el peritoneo y el estómago, pero desconoce estructuras como el páncreas. Habla por vez primera de la estructura interna del hígado.

En lo que se refiere a los órganos de la cavidad vital o torácica merece ser mencionada la descripción del corazón. Niega la existencia de los “agujeros” interventriculares pero su esquema de la circulación de la sangre sigue siendo galénica.

La descripción de los órganos de cavidad animal o craneal es cuidadosa. Destruye la concepción errónea de los tres ventrículos del cerebro, y señala la diferencia entre la sustancia gris y blanca del encéfalo entre otras cosas.

En definitiva, Vesalio no sólo enseñó más y mejor la anatomía, sino que también enseñó a hacerlo de otro modo, un modo totalmente renacentista.

Es casi imposible encontrar entre los historiadores de la medicina una opinión sobre Vesalio que no sea la que hemos expuesto. Sin embargo, en 1994, el catedrático ya jubilado de anatomía de la Universidad de Valencia (España), Juan José Barcia Goyanes (1901-2003), publicó el libro El mito de Vesalio. En éste expone la idea de que, en cuanto a contenido anatómico, Vesalio hizo poco por el avance de la anatomía. Para Barcia éste no sólo se limitó a descubrir los errores de Galeno sino que hizo de ellos toda la razón de ser de su investigación anatómica. Esta obra no es fruto de la especulación sino que su autor trata de demostrar lo dicho a través de sus doscientas cuarenta y una páginas. Hay que señalar que el profesor Barcia era conocedor, al menos, de las mismas lenguas clásicas que Vesalio y entre sus obras destaca la Onomatologia anatomica nova, una compilación de los términos anatómicos que aparecen en los textos clásicos griegos y latinos y su evolución a lo largo de la historia; alcanza ésta una extensión de diez volúmenes. Una cosa es cierta, este libro nos hace reflexionar y nos hace ver lo importante que es considerar la ciencia como un producto en cuya realización contribuyeron y contribuyen muchas personas.

Bibliografía

–Ballesteros Massó, R. (2015). Iconografía de Andrés Vesalio, el nacimiento de una idea. Madrid, Universidad Complutense [Tesis]

–Barcia Goyanes, J.J. (1994). El mito de Vesalio. Valencia, Real Academia de Medicina-Universitat de València.

–Barón Fernández, J. (1970). Andrés Vesalio. Su vida y su obra. Madrid, CSIC.

–Duffin, J. (2000). History of Medicine. Houndmills-London, Macmillan Press.

–Huard, P. ; Imbault-Huart, M.J. (Eds). (1983). Andrés Vesalio: iconografía anatómica : fábrica, epítome, tabulae sex. Madrid, Laboratorios Beecham

–Laín Entralgo, P. (1951). La anatomía de Vesalio. Archivos Iberoamericanos de Historia de la Medicina, vol. 3, nº 1, pp. 85-147.

–Laín Entralgo, P. (1948). La anatomía de Vesalio y el arte del Renacimiento. Revista de Ideas Estéticas, nº 21, pp. 3-26.

–O’Malley, Ch.D. (1964). Andreas Vesalius of Bruselas, 1514-1564. Los Ángeles, University of California Press.

–Olmedilla y Puig, J. (1913). Andrés Vesalio (médico de Carlos I y eminente anatómico y escritor del siglo XVI). Madrid, Administración de la Revista de Medicina y Cirugía Prácticas.

–Riera Palmero, J. (2015). V Centenario del Nacimiento de Andrés Vesalio (1514-1564). Llull: Revista de la Sociedad Española de Historia de las Ciencias y de las Técnicas, vol. 38, nº 82, pp. 399-404.

La introducción del salvarsán en España

A continuación insertamos el guión y la bibliografía del vídeo del canal “Historia, medicina y sociedad”, que se insertó hace tres semanas, Introducción del salvarsán en España.

Guión:

Como ya dijimos en el vídeo anterior, el caso del 606 o salvarsán es de los pocos en los que la información científica circuló al mismo tiempo por la prensa diaria y la científica, o lo que es lo mismo, entre la sociedad en general y los profesionales.

¿Los motivos?

–Se trataba de una enfermedad “secreta” que atacaba a un buen número de ciudadanos que se sometían a largos y desagradables tratamientos con mercurio.

–El hecho de que alguien hubiera encontrado un nuevo remedio que en una o unas pocas inyecciones curaba, era noticia de portada.

–Los periódicos más importantes contaban con redactores médicos que podían comprender bien los acontecimientos y divulgarlos adecuadamente entre la población.

¿Qué hitos podemos mencionar en este vídeo sobre la historia de la introducción del salvarsán en España?

[Gráfica]

En esta gráfica se aprecia el número de noticias, artículos e informaciones publicadas en los principales diarios de Madrid desde agosto de 1910 a diciembre del mismo año.:

La Correspondencia de España (39), El Imparcial (39), El Liberal (32) y el Heraldo de Madrid (23).

Por meses se aprecia el desarrollo del fenómeno: comienzo, explosión y normalización.

[Gráfica]

En cuanto a las revistas profesionales:

[Gráfica]

Actas dermosifilográficas publicó 66 artículos, reseñas o noticias sobre el tema; la Revista Clínica de Madrid le superó con 88 y El Siglo Médico 24.

Vemos, pues, que el tema atrajo la atención del público en general y también de los profesionales.

Para resumir cómo entró en España el salvarsán, nos centraremos en los siguientes grupos de personas:

1.Los Ayuntamientos y las diputaciones de gran parte del país nombraron representantes para que fueran a Frankfurt para hablar con Ehrlih, aprender a administrar el 606 y conseguir cierta cantidad de producto. Por ejemplo, en Valencia fueron comisionados los doctores Mauro Guillén y Ramón Alapont, que estuvieron en Alemania en noviembre; en Sevilla, el médico Juan Ruiz García y el farmacéutico Ramón Rodríguez de la Borbolla. Desde Madrid la Beneficiencia envió a su representante, Antonio Navarro Fernández y a Jacinto Navarro; El Cuerpo de Sanidad militar comisionó a Sixto Martín que estaba haciendo una estancia en Viena; la junta de Ampliación de Estudios mandó a los mejor preparados, el médico Juan de Azúa y el farmacéutico José Casares Gil; el ministerio de la Guerra a Ángel Morales.

2.Médicos que, por iniciativa propia, fueron a Frankfurt. Por ejemplo, los hermanos Donato (José y Vicente) de Valencia. De gran interés fueron las crónicas que enviaron al diario Las Provincias en las que informaron de todos los detalles de su viaje y experiencia. Otro ejemplo, de Barcelona fue un tal Dr. Gallego que recogió sus experiencias en este folleto. También lo hizo en las mismas circunstancias Fernando Castelo, de Madrid.

3.La intervención de los médicos publicistas fue también decisiva. Ángel Pulido trabajaba para El Liberal y colaboraba también en revistas profesionales como El Siglo Médico. José Verdés Montenegro lo hacía para El Imparcial. También teníamos médicos que ejercían de periodistas en el extranjero, como Eduardo G. Gereda. Todos hicieron un buen seguimiento de las novedades que se produjeron en torno al nuevo medicamento. Como decía Castelo, “Los médicos estamos obligados a satisfacer la curiosidad pública y a orientar a las gentes en temas transcendentales”.

La primera noticia que apareció en la prensa lo hizo en agosto en el Heraldo de Madrid. Se trataba de la polémica que había en Francia entre Doyen y Ehrlich. Lo publicó su corresponsal en París, el admirado y odiado por igual, Luis Bonafoux. Cuatro días después el médico José Verdés Montenegro, desde Alemania, publicó en El Imparcial información de primera mano del nuevo producto y de los ensayos clínicos que tenían lugar en Alemania.

En septiembre Gereda, Verdés Montenegro, Fernando Castelo, Sixto Martín, Francisco Huertas (en realidad escrito por Marañón) y Bandelac de Pariente mandaron sus artículos a distintos diarios. Como veremos fue el mes en el que se hicieron ya las primeras pruebas en España. La prensa siguió informando de los acontecimientos, algunos columnistas no médicos habían introducido en sus artículos de opinión el 606.

4.El núcleo de médicos en torno a la Revista Clínica de Madrid, fundada el año anterior, y entre los que figuraban médicos de la Facultad, del Hospital de la Princesa, del de San Juan de Dios, del Instituto Rubio o del Instituto Nacional de Higiene. Figuras como Marañón, Juan Madinaveitia, Jacobo López Elizagaray, José Ortiz de la Torre, León Cardenal y Pujals, José Goyanes Capdevila, Nicolás Achúcarro, Teófilo Hernando, Gustavo Pittaluga, y Miguel Gayarre Espinal. Fue en esta revista en la que Sáinz de Aja publicó las primeras reseñas sobre el nuevo medicamento en junio. En agosto apareció la reseña del libro de Ehrlich Beiträge zur experimentellen Pathologie und Chemotherapie por Madinaveitia. En el mismo número Gayarre hizo una reseña del artículo “El nuevo medicamento de Ehrlich”. El 15 de septiembre Marañón publicó una largo artículo titulado “La Quemoterapia de moderna. El nuevo remedio de Ehrlich-Hata contra la sífilis” que remitía desde Francfurt. En el mismo número Gayarre informa de los distintos modos de inyección que se utilizaban en Alemania. En octubre Teófilo Hernando escribe sobre la farmacología de los arsenicales. En los números siguientes se sigue la misma tónica: Teófilo Hernando publicó el folleto La Quimioterapia de Ehrlich: fundamentos y aplicaciones, la reseña de Marañón del libro de Ehrlich y Hata La Quimioterapia experimental de las espirilosis.

5.El grupo de dermatólogos en torno al Hospital San Juan de Dios, de la Academia Española de Dermatología y Venereología y de su órgano de expresión Actas dermo-sifilográficas. Ahí encontramos a Juan de Azúa, Sainz de Aja, Fernando Castelo, Manuel Sanz Bombín, Jaime Nonell, Antonio Pardo Regidor, José Quintana, José Sánchez Covisa, y Vicente Gimeno entre otros.

Médicos de ambos grupos mantenían amistades con destacados médicos franceses del Instituto Pasteur o de los Hospitales de París. Algunos, a su regreso de Frankfurt, pasaban unos días en la capital de Francia con el fin de recabar más opiniones y experiencias.

Entre finales de 1910 y principios de 1911 la revista recogió abundante información y artículos sobre el 606. Francisco Castelo, Sainz de Aja, y especialmente Juan de Azúa, escribieron mucho sobre distintos aspectos del salvarsán: efectos secundarios, su comportamiento en diferentes tipos de sífilis, su administración, etc. Entre ellos un trabajo de 197 páginas titulado “Ensayo clínico del 606”.

Fue este grupo, como es lógico, el que siguió publicando sobre el tema durante bastante tiempo y discutiendo en las reuniones de la Academia Española de Dermatología y Venereología.

6.Curiosamente ninguno de los anteriores puede atribuirse el mérito de ser los primeros españoles en probar el salvarsán en España. Alfonso XIII, conocedor de la novedad del 606 del que se hablaba insistentemente en Europa, cuando regresaba de uno de sus viajes a Inglaterra, se puso en contacto en París con el médico de la embajada española, Alberto Bandelac de Pariente. Le propuso que fuera a Frankfort para obtener información de primera mano.

Se trata de un personaje interesante. Era judío sefardita, nacido en Tánger y nacionalizado español. Viviendo en París estaba al tanto de todo lo que sucedía en Europa, contaba con grandes amistades y atendía a personajes importantes de las realezas y de la política europea. Estuvo dos veces con Ehrlich y publicó en la prensa diaria su experiencia. En la primera ocasión estuvo en la clínica de Herxheimer durante varios días comprobando el valor del ‘606’. Hace notar que la curación «causa verdadera estupefacción por la rapidez de sus resultados y por la igualdad de éstos en los más diversos casos».

Después de explicar al rey su primer encuentro con Ehrlich, se prepararon las primeras inoculaciones en Madrid en el Hospital militar de Carabanchel para el día 22 de septiembre. El primer inyectado fue un soldado del regimiento de María Cristina que se encontraba en el segundo periodo de la enfermedad. Había estado sometido a tratamiento de mercuriales. La cura le produjo menos dolor del esperado y apenas experimentó reacción febril. Un incidente obligó a interrumpir la prueba; había caído la jeringuilla al suelo y se rompió. Siguieron el día después.

Las inyecciones en civiles tuvo lugar en el Hospital San Juan de Dios el día 24. Allí se dieron cita el ministro de la gobernación, autoridades políticas y sanitarias, y personal facultativo.

Ayudado por Sainz de Aja Bandelac mezcló en un mortero el arsenobenzol con una disolución de sosa caústica al 20 por ciento. La mezcla adoptó un color no habitual; por si acaso, Bandelac hizo traer del Hospital de Carabanchel nuevas unidades. Mientras esperaban el producto se fotografiaron todos como si hubieran aplicado las inyecciones. En realidad esperaron al día siguiente. Los primeros inoculados fueron Mariano Blanco, Gregorio Torres, Ramón Martínez, Esteban Carratalá, y Luis París. La prensa siguió en los próximos días la recuperación de los pacientes.

Bandelac regresó a Frankfurt en noviembre para aprender una nueva técnica de inoculación intramuscular. Se inyectaba 1 gr a individuos fuertes y entre 60 y 70 cgrs al resto; se repetía la dosis a las cinco o seis semanas. Desde París mandó dosis del producto a varias diputaciones y también enseñaba la técnica a los españoles que decidieran ir a la capital de Francia.

Los colegas médicos españoles respetaron la decisión de Alfonso XIII. Sólo el republicano El País se mostró en contra. Opinaba que en España había suficientes especialistas preparados como para ocuparse del tema.

En definitiva:

El estudio de este hecho nos ha puesto de manifiesto varias cosas:

  • El alto nivel de muchos científicos españoles, su capacidad para viajar e intercambiar información con sus colegas europeos. Hemos visto que durante el periodo estudiado varios estaban realizando estancias en centros europeos. Otra cosa es que aquí las inversiones en recursos humanos e infraestructuras no estuviesen a la altura, como sigue ocurriendo.
  • La preocupación social por el tema impregnó a todas las capas de la población. Puede seguirse a través de la prensa diaria que se expresa en columnas de opinión, viñetas cómicas, pequeñas obras teatrales cómicas, etc.
  • El interés de la prensa en divulgar acontecimientos científicos con el mayor rigor y precisión apoyándose en crónicas de los propios médicos.
  • El interés de los ayuntamientos y diputaciones de toda España en conseguir el nuevo medicamento para sus ciudadanos.

La cuestión es que en diciembre el medicamento podía adquirirse en muchas farmacias y que se administraba ya tanto en instituciones públicas como en clínicas privadas.

En un último vídeo ofreceremos la historia del tratamiento de la sífilis con fuentes materiales de la época.

Bibliografía

–Fresquet Febrer, J.L. (2010). La Prensa diaria y la introducción en España del 606. Exposición dedicada a la introducción en España del Salvarsán. Disponible en: https://www.historiadelamedicina.org/606Expo/index.html Consultado el 12 de junio de 2020. El lector encontrará en la sección “Créditos” abundante bibliografía.

–Fresquet Febrer, J.L. (2019). Terapéutica etiológicamente orientada. Introducción de la salvarsanoterapia en España a través de la prensa diaria y del periodismo profesional. En: Carrascosa, A.V. y Báguena, M.J.. (coord.). El desarrollo de la Microbiología en España. Volumen I. Madrid, Fundación Ramón Areces, pp. 35-68.

 

 

 

Incorporación de nuevas fuentes iconográficas y materiales de historia de la medicina (julio, 2020)

Hoy hemos añadido a nuestra Colección de fuentes materiales e iconográficas varios medicamentos, alguna imagen y unos cuantos instrumentos.

Entre los primeros, el Bromhidrato de quinina, Bismuto Pons, Kombetín (Estrofantina Boehringer), Strofosid (k-estrofantósido cristalizado), Bioioduro de mercurio y ioduro potásico y Atoxyl.

Bromhidrato_de_quinina

Atoxyl2

 

En cuanto a imágenes, una fotografía de Rudolf Virchow y otra del grupo de estudiantes de la Facultad de Medicina de Valencia que en el curso 1960-61 celebraron su paso del ecuador.

Paso_Ecuador_1960_61

Respecto a los instrumentos, un Inhalador Torrecilla, un Estetoscopio electrónico Medetrón, una Ventosa obstétrica AGI-IMSA, y dos aparatos de electroterapia. Uno de ellos, de corriente galvánica, de Wohlmuth y el otro de Reiniger, Gebbert & Schall.

Medetron_2

Estetoscopio electrónico Medetrón

Ventosa_obstetrica_2

Ventosa obstétrica AGI-IMSA

Wohlmuth_Electroterapia_3

Aparato de electroterapia (corriente galvánica) Wohlmuth

Reiniger_Electroterapia_1

Aparato de electroterapia Reiniger, Gebbert & Schall

Anestesia. Inhalador de Ombrédanne

Como hemos subido un nuevo vídeo al canal de Youtube “Medicina, historia y sociedad”, insertamos a continuación el guión del penúltimo, “Anestesia. El inhalador de Ombrédanne” con su correspondiente bibliografía.

 

Guión

En otro vídeo hablamos del paso de la antisepsia a la asepsia, procedimientos que sirvieron para derribar una de las tres barreras con las que se enfrentaba la cirugía en el siglo XIX: la infección.

En esta ocasión nos ocuparemos de la que quizás fue la primera barrera, el dolor. Lo vamos a hacer utilizando como excusa el inhalador de Ombrédanne, que gozó de gran popularidad en Europa y Latinoamérica. En otro vídeo abordaremos el estudio de otros instrumentos y de otras técnicas.

[Intro]

Desde finales del siglo XVIII la química experimentó un extraordinario desarrollo que permitió crear y probar numerosas sustancias entre las que se encontraban diferentes gases, que pronto llamaron la atención de los médicos. En la Pneumatic Institution de Clifton (Inglaterra), se buscaron aplicaciones para el oxígeno, el éter y el óxido nitroso. A este último, descubierto por Joseph Priestley (1733-36 – 1804), otro químico, Humphry Davy (1778-1829), lo bautizó con el nombre de gas hilarante o gas de la risa que llegó a utilizarse en espectáculos. Su uso médico como anestésico, sin embargo, igual que pasó con el éter, no recibió la atención necesaria.

En Francia H. Hill Hickmann (1799-1829) propuso a la Academia el empleo del éter como anestésico, pero entonces, el poderoso Velpeau, redactó un informe negativo sobre su uso.

En los Estados Unidos Wiliamson Long (1815-1878) intervino en 1842 a varios enfermos con el empleo de la narcosis etérea.  Dos años más tarde Horace Wells (1815-1848) usó el gas de la risa en su práctica odontológica tras probarlo en un espectáculo. No intentó patentarlo para este fin porque pensaba que algo que libraba del dolor debía ser “tan gratuito como el aire”. Solicitó hacer una demostración en el Hospital General de Massachussetts que no funcionó y el público lo abucheó. A partir de aquí su vida fue una sucesión de fracasos que le llevaron al suicidio.

El estadounidense Charles Thomas Jackson (1805-1880) experimentó varios gases, incluso en sí mismo, como el éter. Lo recomendó al dentista William Thomas Morton (1819-1868) quien lo introdujo en su práctica. También hizo una demostración pública en el Hospital general de Massachusetts. El hecho convenció al cirujano John Collins Warren (1778-1856), profesor en Boston, para que interviniera a uno de sus pacientes con el procedimiento. Tuvo lugar el 16 de octubre de 1846 y el éxito logrado fue la mejor publicidad para la divulgación del método. Se patentó la sustancia como Letheon, aunque se supo que era éter.

El nombre de “anestesia” procede de Oliver Wendell Holmes. Varios cirujanos norteamericanos siguieron el camino y en Europa a finales del año sucedía lo mismo: Robert Liston (1794-1847) y Jobert Lamballe (1799-1867). Alfred Armand Velpeau (1795-1867) reconoció su error. La técnica se propagó por el resto de países. En España fue Diego de Argumosa (1792-1865) quien en febrero de 1847 lo utilizó.

Otro hallazgo importante fue el descubrimiento del cloroformo por parte de Eugène Soubeiran (1793-1858), redescubierto en Estados Unidos por Samuel Guthrie (1782-1848) y en Alemania por Justus von Liebig. Fue el médico M.J.P. Flourens quien comunicó a la Academia de París sus propiedades anestésicas en 1847. Ese mismo año el obstetra James Young Simpson (1811-1870) lo utilizó en su práctica obstétrica (todo un logro). Él ya había introducido el éter en Edimburgo.

Comenzó la lucha entre los partidarios del éter y del cloroformo y también aparecieron los que probaron multitud de mezclas. El primero irritaba las vías respiratorias, resultaba desagradable y tardaba mucho en metabolizarse y eliminarse. El segundo tenía más ventajas hasta que empezaron a producirse fallecimientos por su administración. Finalmente la Segunda Comisión Inglesa del Cloroformo, vistas las estadísticas proporcionadas por Ernst Julius Gurlt (1825-1899) en 1897, arrinconaron su uso.

Los sencillos aparatos o instrumentos utilizados al principio (abiertos) para administrar la anestesia, pronto se tornaron más complejos. Con algunos surgían complicaciones como la asfixia, y al final solamente permanecieron los que utilizaban procedimientos llamados abiertos o semiabiertos. Fue muy popular el “gota a gota” y, sobre todo, el de Ombrédanne (parecido al de Clover), que desplazó a una gran cantidad de aparatos. Era sencillo, fácil de transportar, permitía la dosificación adecuada de éter, y también la estimulación del centro respiratorio con el CO2 refluyente. Fue entonces el aparato perfecto de narcosis. Hoy se descartaría por proporcionar mezclas de gases hipóxicas (pobres de oxígeno) e hipercápnicas (con el aumento de la presión parcial del dióxido de carbono).

Vinieron otros anestésicos, como el cloruro de etilo, se revalorizó a principios del siglo XX el óxido nitroso, se inventaron aparatos que insuflaban además oxígeno (Cotton), también se añadió la insuflación intratraqueal, y surgieron otras vías de anestesia, pero nosotros nos detendremos aquí para mostrar y explicar el Aparato de Ombrédanne.

El inhalador de Ombrédanne
El inhalador de Ombrédanne llegó a ser un aparato que, entre otros muchos, llegó a triunfar por su buen funcionamiento, su fácil manejo y sus resultados. Entonces la anestesia la aplicaba el propio cirujano, un alumno interno, enfermera o ayudante. Su simplicidad y fácil aprendizaje quizás influyó en el retraso de la aparición de la especialidad de anestesiología en Europa.

Ombrédanne buscaba un dispositivo diferente a los inhaladores cerrados. Con éstos había que levantar la mascarilla de vez en cuando para que entrara aire fresco.

Algunos dicen que en 1907 fue el cirujano Auguste Nélaton (1807-1873) quien, tras dos accidentes fatales, encargó a su alumno Louis Ombredanne, que ideara un aparato más seguro.

Ombredanne trabajó con el conocido constructor de instrumentos Collin hasta llegar al diseño definitivo.

En el artículo que publicó en la Gazette des hôpitaux en 1908 muestra estos prototipos y describe minuciosamente el que finalmente se fabricó. Imaginó un instrumento con el que el enfermo pudiera aspirar aire en cada respiración junto con cantidades crecientes de vapor de éter de forma gradual.

Se trata de una esfera que a un lado se enrosca una bolsa de reinhalación o de confinamiento. Al otro lado, una entrada en escalera con un regulador o controlador con puntero que se mueve sobre una escala grabada en la esfera. La escala va del 0 al 8.

En la parte superior se encuentra una abertura con tapa por donde se introducía el éter. La cantidad de 150 gramos daba para hora y media. En la parte inferior se sitúa la máscara con dos anillos para los pulgares del anestesista o el ayudante mientras que con los otros dedos levanta la barbilla. Dentro hay un canal con dos amplias chimeneas en la parte superior. Un tubo con ventanas recorre este canal. Éstas giran según el regulador antes mencionado que es empírico. El resto está relleno de guata que se empapa de éter.

Funcionamiento
Estos son nuestros esquemas. Aquí con la aguja en la posición 0, la entrada K está totalmente abierta. Por la misma entra aire atmosférico o fresco. Las ventanas G y G1 que dan a las chimeneas están cerradas y la entrada O1 del tubo de aire respirado está abierta. En esta posición el aire que respira el paciente es aire fresco y una pequeña proporción de aire de la bolsa de confinamiento.

En la posición 8, el otro extremo de la escala, que se usa sólo en algunos casos para la inducción, K está abierta al mínimo, G y G1 abiertas al máximo y O1 cerrada. De esta forma todos los compartimentos del aparato y los pulmones del paciente se van cargando progresivamente de éter, vapor de agua y anhídrido carbónico.

En la posición 4, intermedia o de mantenimiento, la ventana K está semicerrada, G y G1 están semiabiertas y O1 también semiabierta. El aire inspirado se carga con vapores de éter que proceden de la cámara de vaporización así como de la bolsa de confinamiento.

Final
Ya hemos visto cómo funciona el inhalador de Ombredanne, instrumento que ideó con la ayuda de la conocida casa de instrumentos médicos de París Collin. También hemos revisado su funcionamiento. En resumen, se trataba de aumentar la concentración de éter señalado en un índice del 0 al 8, aumentando un punto cada minuto aproximadamente hasta llegar a la posición 4 o de mantenimiento. En algunos pacientes, a veces era necesario seguir hasta la posición 8. Conseguida la anestesia, se descendía de nuevo al número 4. El aparato producía una retención importante de anhídrido carbónico con lo que se conseguía una hipernea.

Su fácil manejo hizo que se vendieran miles de unidades que se utilizaron hasta final de los años treinta del siglo XX, por un lado, y que pudiera ser utilizado por personal de enfermería, alumnos internos o ayudantes. Esto último quizás influyó en que la especialidad de anestesiología se retrasara en muchos lugares.

Louis Ombredanne nació en París en 1871 y murió en la misma ciudad en 1956. Fue ayudante de anatomía, cirujano de los hospitales Ténon, Saint-Louis y Boucicaut. Más tarde fue profesor de clínica quirúrgica infantil y ortopedia en el Hospital de los Niños enfermos. Tras jubilarse fue nombrado profesor honorario. Fue miembro de la Academia de Medicina y de la Academia de Cirugía. Fue premiado con la La Orden Nacional de la Legión de Honor.

Bibliografía
–Armando Nesi, J. (2000). La paradoja del aparato de Ombrédanne. Revista Argentina de Anestesiología, vol. 58, nº 2, pp. 99-106.

–Barry, C.T. (1961). The Ombredanne inhaler. Anaesthesia, vol. 16, nº 2, pp. 184-187

–Cazalaà, J.B. (2012). Ombrédanne Inhaler 1908-1982(¿). Anesthesiology, vol. 117, pp. 1162-1164.

–Duncum, B.M. (1946). Ether anaesthesia 1842-1900.. Postgraduate Medical Journal, vol. 22, nº 252, pp. 280-290.

–Franco Grande, A. (2003).  Los orígenes de la moderna anestesia en España. Madrid, Sociedad Española de Anestesiología, Reanimación y Terapéutica del Dolor (SEDAR)

–Glicenstein, J. (2015). Louis Ombredanne (1871-1956), chirurgien pediatre et plasticien. Annales de Chirurgie Plastique Esthétique, vol. 60, nº 2, pp. 87-93.

–Nei, J.A. (2000). La paradoja del aparato de Ombredanne. Rev. Arg. Anest, vol. 58, nº 2, pp. 99-106.

–Ombredanne Inhaler (1908-1982). Anestesiology Reflections from the Pierre Viars Museum (2012). Anesthesiology, vol. 117, pp. 1162-4.

–Ombredanne, L. (1905). Un appareil pour l’anesthésie par l’éther. Gazette des hôpitaux civils et militaires, vol. 81, pp. 1095-1100.

–Peset, J.L. (1974). El saber quirúrgico. En: Pedro Laín (dir.). Historia universal de la medicina. Barcelona, Salvat, vol. 6, pp. 298-305.

–Zimmer, M. (2008). Histoire de l’anesthésie. Méthodes et techniques au XIXe siècle. Paris, EDP Sciences.

Cajal y la medalla Benlliure

Como hemos subido un nuevo vídeo al canal de Youtube “Medicina, historia y sociedad”, insertamos a continuación el guión del penúltimo, Cajal y la medalla Benlliure con su correspondiente bibliografía.

 

En su Historia de mi labor científica, Cajal dice que en el bienio 1905-1906 se vio favorecido por la medalla de oro Helmholtz y el premio Nobel y que por ello recibió “felicitaciones y premios a granel”, “…telegramas de felicitación; cartas y mensajes congratulatorios; homenajes de alumnos y profesores; diplomas conmemorativos; nombramientos honoríficos de corporaciones científicas y literarias; calles bautizadas con mi nombre en ciudades y hasta en villorrios; chocolates, anisetes y otras pócimas, dudosamente higiénicas, rotuladas con mi apellido; ofertas de pingüe participación en empresas arriesgadas o quiméricas; demanda apremiante de pensamientos para álbumes y colecciones de autógrafos; petición de destinos y sinecuras…; de todo hubo y a todo debí resignarme, agradeciéndolo y deplorándolo a un tiempo, con la sonrisa en los labios y la tristeza en el alma”.

Tomando como excusa la medalla que se le regaló con motivo de la concesión del Nobel, realizada por Mariano Benlliure, trataremos de hacer una síntesis de lo que le sucedió a Cajal durante ese periodo visto desde la prensa diaria.

[Intro]

1905
Cajal ya era un personaje público conocido y un científico respetado desde hacía tiempo.

Entre 1905 y 1907, aparte de desarrollar su trabajo cotidiano como profesor e investigador, tuvo que hacer frente a una serie de acontecimientos importantes:

–Le fue concedida en febrero de 1905 el premio Helmholtz por parte de la Academia Imperial de Ciencias de Berlín. A pesar de que no iba acompañado de una compensación económica, le proporcionó gran prestigio. Este premio se unía, además , al Premio Moscú que había recibido en 1900. Recibió una medalla de oro y una copia de cobre.

–Participó en el homenaje que se le tributó a nuestro primer premio Nobel, en este caso de literatura, José Echegaray, que se le otorgó en 1904. Su contribución destacó sus aptitudes científicas y de divulgación mas que las literarias. Hay que señalar que algunos jóvenes de la generación del 98 criticaron mucho la concesión de este premio. Cajal sorteó el tema.

Dos éxitos, el de Echegaray y Cajal, que de alguna manera contribuyeron a reducir la sensación de derrota, de abatimiento y de desesperanza que produjo la tan traída “catástrofe del 98”. Es más, la Clark University de los Estados Unidos invitó a Cajal. El país que contribuyó a esa derrota española, reconocía a nuestro histólogo como un héroe de la ciencia”. Este hecho no pasó desapercibido en la prensa diaria. Se llegó a ver como una “revancha” tanto por el gobierno como por la población.

–Ese año Cajal también participó en la celebración del aniversario del nacimiento de Manuel García, inventor del laringoscopio, que moriría en Londres al año siguiente. Muy comentado fue, además, el gran homenaje que se le tributó en aquella ciudad.

–¡Cómo no! Cajal se vio implicado en el aniversario de la publicación de El ingenioso hidalgo Don Quijote, idea que lanzó dos años antes el conocido e influyente periodista Mariano de Cavia.

Aprovechó la obra de Cervantes de forma muy inteligente en la conferencia que le tocó impartir. La tituló Psicología de don Quijote y el quijotismo. Usó el quijotismo como recurso para conseguir lo que muchos perseguían, la regeneración del país y eso se conseguía cultivando la ciencia y la técnica. “El quijotismo de buena ley –dijo–, tiene en España ancho campo en que ejercitarse”.

No creamos que sólo España actuaba de esta forma. Otros países europeos se lanzaron desde principios del siglo XX a ensalzar sus “glorias pasadas”.

En 1906 Cajal fue elegido miembro de la Real Academia de la Lengua para cubrir el sillón I mayúscula que había dejado Juan Valera. Sin embargo, no tomó posesión jamás. Se dice que su desinterés procedía de la actitud de la Academia de no apoyar a Galdós para el Nóbel (interesante recordar esto en el Año Galdós que estamos celebrando) y todas las resistencias que ofreció para que se nombrara a Emilia Pardo Bazán como académica.

1906
Como es sabido, en esta etapa los políticos preparaban con cierta antelación la próxima caída del gobierno. Éstas se sucedían a veces en cuestión de unos pocos meses. Segismundo Moret ya preparaba su gabinete y se entrevistó con Cajal a quién poco después, ya en el poder, le ofreció el ministerio de instrucción. Ambos hablaron de las reformas que necesitaba el país y Cajal se sintió seducido y convencido. Sin embargo, no contestó de inmediato y reflexionó durante un viaje que hizo a Lisboa para rechazar finalmente el ofrecimiento que sí aceptó otro médico, Alejandro San Martín, el 6 de junio de 1906.

Como decía Cajal, “Transcurridos algunos meses, y cuando el ánimo reposado y tranquilo volvía a saborear las cautivadoras sorpresas del trabajo concentrado y tácito, cierta mañana de octubre de 1906 sorprendióme, casi de noche, cierto lacónico telegrama expedido en Estocolmo y redactado en alemán… Carolinische Institut verleihen Sie Nobelpreiss…” Se trataba de la concesión del premio Nóbel.

Hacía años que varios colectivos especialmente de médicos, manifestaron la necesidad de homenajear al “sabio español”. Tras difundirse la noticia del Nóbel por los medios, esa necesidad se hizo imperiosa. Cajal se estaba convirtiendo en un mito.

Como siempre, los primeros en reaccionar fueron los estudiantes de los que surgieron varias ideas: regalarle un álbum con todas las firmas de los estudiantes españoles, organizar una velada conmemorativa en el Ateneo, regalarle un busto, proponer al ayuntamiento de la capital que sustituyera el nombre de la calle de Atocha por el de Cajal, fundar un hospital o clínica con su nombre dedicado a las enfermedades nerviosas por suscripción popular, entre otras iniciativas. Invitaban, también, a unirse a todos los escolares de España.

Por su lado el Colegio de Médicos de Madrid se reunió y se sumó a la idea. El busto lo realizó el escultor Agustín Querol Subirats de forma gratuita. Mientras tanto seguían surgiendo nuevas ideas y languideciendo otras.

Por su lado, en Valencia, como había sido profesor de su Universidad, el Ayuntamiento, la Universidad y los estudiantes se unieron para homenajear a Cajal con iniciativas como crear una beca para que un médico recién terminada la licenciatura ampliara estudios de bacteriología y microbiología en el Instituto Alfonso XIII dirigido por Cajal, nombrar a Cajal decano honorario, poner su nombre al anfiteatro anatómico, colocar una placa recordando que había impartido allí sus lecciones, crear un álbum de firmas, entre otras.

El Colegio de Médicos de Madrid iba mientras tanto integrando asociaciones y sociedades que se querían unir a los homenajes (un total de 78). Decidieron asimismo abrir una suscripción para sufragar los gastos.

Cajal salía de Madrid hacia Estocolmo en tren el día 1 de diciembre. Llegó a su destino el día 8. La entrega del premio tuvo lugar el día 10.

1907
A finales de año empezaron a hacerse realidad los homenajes en diferentes ciudades: Zaragoza, en diciembre de 1906, y Palma de Mallorca y Córdoba a principios de 1907. Mención especial merece el acto que se celebró en Valencia en el Teatro Principal el 28 de enero en el que habló Juan Bartual, discípulo valenciano de Cajal.

En enero de 1907 se hablaba ya en la prensa de la Junta de Ampliación de Estudios, su composición y de que Cajal había sido elegido presidente. Era entonces ministro de Instrucción pública el conocido médico y político Amalio Gimeno Cabañas.

En Madrid seguían organizando actividades. Una comisión visitó a Maura para solicitar una senaduría vitalicia para Cajal. También se abrió una suscripción para una medalla. A principios de marzo se habían recogido 6.809 pesetas. Se acordó prorrogar la colecta y encargar la obra a Benlliure, amigo de Cajal.

Las acciones en Madrid fueron disipándose y las que quedaron se distribuyeron en el tiempo debido, quizás, al exceso de participantes, a los cambios en la dirección del Colegio de médicos y a la imposibilidad de llegar a acuerdos. Unas se hicieron realidad y otras no.

Sin embargo, el día 14 de mayo llegó a Madrid una comitiva de estudiantes de Valencia en el tren Correo de Aragón. Le llevaban a Cajal el libro de firmas que dejarían en el Centro Regional Valenciano, situado entonces en la calle Bolsa, para que los valencianos que se encontraran en Madrid pudieran firmar. Se le entregó en una velada que tuvo lugar en el mismo Centro el día 22.

Intervino el presidente del Centro Regional, Luis Cerveró, el conocido estudiante Uxó, quien expuso los trabajos llevados a cabo y el entusiasmo que despertó en Valencia la iniciativa. Después, al son de la marcha de Valencia, le fue entregado a Cajal el álbum. Éste, emocionado, rindió homenaje de gratitud a Valencia. Abelardo Vidal (secretario del centro) le entregó el título de socio de mérito. El diputado Eduardo Vilar y el ministro Rodríguez-San Pedro cerraron los discursos.

Ese mismo año, el 30 de junio, Cajal ingresó también en la Real Academia de Medicina.

Volvamos a la medalla. La idea surgió del ámbito del Colegio de Médicos como hemos visto, pero la materialización del homenaje fue bastante tardía. La mención en el reverso de los que dedican, los españoles amantes del progreso, viene a indicar la heterogeneidad final de los participantes más allá de los colegas médicos.

Probablemente la medalla se acuñó en la Fábrica Nacional de la Moneda y Timbre con cierto retraso en 1908. Finalmente, se entregó a Cajal el 28 de mayo de 1908 y no en un acto público, circunstancia que fue lamentada, sino en una visita de la comisión a su propio domicilio. Como se puede observar en la medalla se mantuvo la fecha de 1907, errónea por otra parte ya que el premio se había concebido en 1906.

La medalla es una de las más conocidas de Mariano Benlliure. Leo ahora la descripción que hace el Museo del Pardo de la misma (Texto extractado de una obra de J. Gimeno Pascual): “La naturalidad expresiva y el desplazamiento de la centralidad en la composición del anverso se completan con el marcado decorativismo de la simbología, por otra parte rotundamente clásica, tanto de la Ciencia como de la Medicina. La caligrafía de la dedicación, que adquiere relieve protagonista en relación con la simbología iconográfica, apoya asimismo el marcado carácter decorativo. Es la manifestación más plenamente modernista de Benlliure y uno de los ejemplos más significativos de la medalla modernista española”.

[Final]

La lectura de los artículos y noticias publicadas en este periodo ofrecen dos visiones complementarias: en una los españoles no conocen la obra de sus sabios y tienen que ser los extranjeros los que nos las descubre, y en otra, que en el extranjero tenían que ir abandonando la idea de una España de toreros, de señoras con mantilla, de conspiradores, pobres y leprosos.

Sin embargo, a diferencia de lo que sucedió con el logro del salvarsán por parte de Ehrlich en 1910, no hemos hallado un solo artículo, información o noticia que contara con algo de detalle los logros que habían hecho a Cajal merecedor del Premio.

Bibliografía
Todos estos acontecimientos los analizo con detalle en este artículo:

–Fresquet Febrer, J.L. (2019). The image of Santiago Ramón y Cajal through the daily press. The awarding of the Nobel Prize. European Journal of Anatomy, vol. 23, Supplement 1, pp. 15-28. [Disponible en: http://www.eurjanat.com/web/paper.php?id=23s10001], donde se puede consultar toda la bibliografía utilizada.

En cuanto a la Medalla Benlliure: Medalla dedicada a Santiago Ramón y Cajal por la concesión del Premio Nobel de Medicina (1907). Museo del Pardo. Disponible en https://www.museodelprado.es/coleccion/obra-de-arte/medalla-dedicada-a-santiago-ramon-y-cajal-por-la/d89e2b09-7edb-49c8-b8f0-94017fdeedc2 Consultado el 8 de enero de 2010. Especialmente el texto extractado de Gimeno Pascual, J. (2013), en: Mariano Benlliure. El dominio de la materia, p. 328.

 

Fuentes materiales e iconográficas de historia de la medicina. Nuevas incorporaciones (febrero, 2020)

Se han añadido a la colección de fuentes iconográficas y materiales  de historia de la medicina nuevas incorporaciones.

En lo que se refiere a objetos, dentro del conjunto de aparatos para “masajes” hemos adquirido el de construcción alemana MASPO, de baquelita, y el de “masaje vibratorio” Veedee, de principios del siglo XX, fabricado en Londres, que llegó a ser muy popular en varios países europeos.

Veedee_Vibrator

También ha pasado a formar parte de la colección el hemoglobinómtero Boehringer, que la marca de medicamentos debía regalar a los médicos para detectar anemias con cierta rapidez. Una cifra baja de hemoglobina se relaciona directamente con un bajo nivel de oxígeno. Es muy parecido al que presentamos hace tiempo, modelo Marucelli.

Hemoglobinometro_boehringer

Un nuevo Otoscopio de Brunton en excelentes condiciones de conservación, se une al que ya teníamos. Incorporamos además un corrector nasal, un pulverizador de anestesia local, posiblemente para uso odontológico, y una jeringuilla hipodérmica en su estuche de finales del siglo XIX.

Hemos adquirido la medalla que conmemora la inauguración del nuevo edificio que en 1949 ocupó la Facultad de medicina de Valencia y que todavía hoy, tras profundas reformas, sigue en funcionamiento.

Medala_Facultad

Como material iconográfico incorporamos dos fotografías que recogen los daños sufridos por el Hospital Clínico de Madrid, que quedó entre los dos bandos durante la guerra civil. Los franquistas en lo que sería la Escuela de Arquitectura y alrededores, y los republicanos en lo que fue la cárcel modelo (hoy el edificio del Ejército del Aire) y el Instituto Rubio (hoy Fundación Jiménez Díaz). Una procede de algún particular y la otra de una agencia de prensa inglesa.

clinico_destruido

Fuentes iconográficas y materiales de historia de la medicina. Nuevas incorporaciones (noviembre, 2019)

Hemos enriquecido nuestra colección de fuentes iconográficas y materiales de historia de la medicina con nuevos elementos. Puede visitarse dentro del sitio web historiadelamedicina.org.

En cuanto a fotografías, la de la Orla de la Facultad de Medicina de Valencia, curso 1933-34 y la de la Orla de la Facultad de Medicina de Valencia, curso 1946-47.

Foto_orla_1933_34

De medicamentos en esta ocasión sólo hemos incluido una lata de Roter, tabletas para la úlcera de estómago, los Laboratorios Pharmaceutische Fabriek, Roter Hilversum, Holanda, y distribuido en España por Laboratorios Ausonia SA de Sarriá, Barcelona.

En cuanto a instrumentos hemos adquirido varios. En primer lugar el Hemocromómetro o hemoglobinómetro modelo Marucelli que se ha conservado en perfectas condiciones y que forma parte de los mejores museos de historia de la medicina. Procede de Italia.

Hemocromometro_3

Por otro lado, un Estuche de instrumentos de cirugía menor. Los más antiguos son de carey que se han mezclado con otros más modernos. Procede de España.

Equipo_cirugia_menor_3

En el conjunto de instrumentos de otología se incorpora una Trompetilla auditiva para sordos desplegable. Este tipo de objetos están muy buscados, especialmente en Gran Bretaña. Éste procede de España.

Trompetilla_sordos_1

También hemos adquirido dos inhaladores del Dr. Nelson (Inhalador Nelson), creados por este señor en 1865 y que todavía siguen vendiéndose. Proceden de Gran Bretaña. Llama la atención que las instrucciones de uso vienen grabadas en la propia botella.

Inhalador_Nelson

Por último, un resucitador que solía tenerse en las fábricas y en las estaciones de bomberos. El Porton Rescue (Resucitador Porton (Porton Rescue) que está en muy buenas condiciones, procede de Gran Bretaña. Para extraerlo se estira el cristal hacia arriba. En los dos laterales de la caja figuran las instrucciones en texto e imágenes.

Porton_3

El pulsoconn del Dr. Macaura

En nuestro canal de Youtube añadimos hace dos semanas un vídeo sobre el Pulsoconn del Dr. Macaura.

El masaje es un remedio terapéutico de tipo físico que viene utilizándose desde la antigüedad clásica hasta hoy. Está descrito en la medicina científica y en otras formas de medicina o sistemas médicos, como las medicinas de los pueblos aborígenes o indígenas, las medicinas arcaicas o, incluso, en las medicinas populares. En éstas se utiliza de forma empírica y a menudo se acompaña de elementos mágico-religiosos. Por si esto fuera poco, en el extenso grupo de medicinas complementarias se encuentran algunas que se basan en la manipulación de los huesos, articulaciones y músculos y utilizan también el masaje. Tanto es así que hoy en día al ciudadano le resulta difícil diferenciar unos masajes de otros y, sobre todo, los que tienen una base científica de los que no.

Durante el siglo XIX y primera parte del XX se produjo en el mundo más desarrollado  abundante literatura sobre el uso de los masajes con fines terapéuticos. También se inventaron aparatos singulares para aplicarlos. Sus creadores prometían curar todo tipo de enfermedades, pero detrás se escondían suculentos negocios. Hoy comentaremos la historia del que se llamó Pulsocón del Dr. Macaura.

El Pulsocón del Dr. Macaura fue creado, como su nombre indica, por Gerald Joseph Macaura. ¿Quién era este señor? Su biografía está plagada de zonas oscuras. Parece que nació en Skibbereen, condado de Cork, Irlanda. (No se conoce la fecha exacta). Como muchos compatriotas en aquella época, emigró a los Estados Unidos donde se unió a la comunidad de trabajadores irlandeses de Nueva Jersey.

Él decía que había estudiado medicina en Chicago. Sin embargo, algún artículo señala que estudió en el Sheerin Psychological College (Columbia), pero no medicina.

Si consultamos la base de datos internacional de patentes, observamos que en 1901 solicitó la de su Movement-Cure Apparatus (US716448 (A)) y en los años siguientes lo hizo también en el Reino Unido y Francia. Después continuó patentando cambios en su artefacto como se aprecia en la lista de la base de datos SPACENET.

Tenemos noticias de que en 1904 vivía en la zona donde nació y que colaboró en la instalación de la estación telegráfica en Brown Head. Adquirió una mansión en las afueras de Skibbereen. Para dar a conocer su aparato comenzó a viajar por diversas ciudades donde lo presentaba públicamente. Su técnica, la de un showman, consistía en alquilar grandes salones, reunir a mucha gente y hacer demostraciones de su invento. Ganó mucho dinero. Su ciudad se benefició de sus ganancias: Contribuyó a la Fundación de los Voluntarios de Skibbereen en 1914, pagó los instrumentos para crear una banda de música (todavía sigue hoy en día) e incluso llegó a construir un cine que fracasó porque no se pudo mantener debido a los pocos habitantes que tenía el pueblo.

Macaura quiso expandirse por otros países del continente. Abrió lo que se llamaron Institutos Macaura en diferentes ciudades europeas en donde se atendía a enfermos.

En circos, casinos, salones, teatros…, como hemos dicho, presentaba este aparato y otro también ideado por él que utilizaba la corriente galvánica.  Llegó a galvanizar a 20.000 personas en el Royal Albert Hall de Londres en 1911. En 1912 había Institutos Macaura en Bélgica, Holanda, Alemania, Suiza, etc.

En Francia, sin embargo, llegó a tener problemas. Tuvo centros en Bordeaux, Tolouse y en el conocido boulevard Haussmann de París. Fue denunciado por intrusismo.

Se le acusó de vender el aparato como una panacea útil contra gran número de enfermedades, porque sus argumentos basados en la fisiología eran falsos, y porque su supuesto diploma en medicina, que no pudo mostrar jamás, no le servía para ejercer en Francia.

Fue arrestado en 1912 pero salió libre el mismo día con una fianza de 50.000 francos. Según expertos una cantidad altísima para su época. La investigación y el juicio se prolongó mucho tiempo y en 1914 fue condenado por fraude a tres años de cárcel y 3.000 euros de multa junto a otros colaboradores que fueron condenados como cómplices a penas menores. No obstante, durante el proceso, los expertos no pudieron demostrar que las vibraciones no tuvieran eficacia contra la excitabilidad nerviosa, el tono muscular, etc. sobre todo porque había otros muchos aparatos que hacían lo mismo y habían sido inventados incluso por médicos de gran prestigio.

En 1923 adquirió la nacionalidad británica y pasó a residir en Londres. Mientras tanto seguía patentando modificaciones de su aparato en varios países como hemos dicho. Su aparato seguía fabricándose y vendiéndose por millares. Llegó a tener diferentes nombres: el Pulsocon, que ya conocemos, El de vibrador de mano Pulsocon de Macaura, y también el Circulador de sangre del Dr. Macaura.

Macaura_3

Se vendía dentro de una caja que se acompañaba de un folleto titulado “El libro de la salud” y de unas hojas en las que trataba de contestar las preguntas más frecuentes de los usuarios.

Macaura murió en 1941 y fue enterrado en el cementerio de Belfast.

De todos las variantes del pulsoconn, la más popular fue la patentada con el número 13.932. Está compuesta por un mango de madera, dos carcasas situadas dentro de otra, que es la que se observa exteriormente, una plataforma en forma de corona que podía estar hecha de vulcanita, y por último, el lugar donde se aloja el cabezal de caucho. Se suministraba con tres: uno en forma de pera, otro en forma de tronco de cono vacío y otro que es un círculo del que sobresalen unas púas.

El mecanismo es sencillo: un movimiento circular que se convierte en otro rectilíneo de vaivén. La velocidad que puede alcanzar depende de la que se imprima a la manivela. No sólo se recomendó para dar masajes sino que acabó como panacea para curar gran cantidad de trastornos: Cura completa de desórdenes nerviosos (neuralgia, neurastenia, debilidad nerviosa, insomnio, asma, corea… etc.); problemas de estómago (dispepsia, indigestión, “catarro gástrico”, úlceras de estómago… etc; problemas de hígado; tratamiento de las enfermedades de la mujer; tratamiento de las enfermedades del hombre (impotencia, alteraciones de la próstata, falta de vigor); para la reactivación de la función muscular; en la ataxia locomotora; para el reumatismo (gota, inflamación, tumores, etc.); para la ciática; para enfermedades de la sangre (anemia); entre otras.

Biblografía

–Goldstone, L.A. (2000). Massage as an orthodox medical treatment past and future. Complementary therapies in nursing and midwifery, vol. 6, nº 4, pp. 169-175.
–Martin, J.-P. (2013). Le Pulsoconn du Dr. Maura. Clystere, nº 19, pp. 14-18.
–Thoinot, L. (1915). L’affaire Macaura, exercise illegal de la médecine et escroquerie. Annales d’hygiène publique et de médecine légale, ser. 4, nº 24, pp. 97-109; 208-222.
–Le docteur Macaura en correctionnelle (1913). Paris Médical, la semaine du clinicien, nº 12, p. 696.
–Petitdant, B. (2018). Le Docteur Macaura et son Pulsoconn, appareil de massage vibratoire. Kinesither Rev, vol. 18, nº 199, pp. 36-42.

Fuentes materiales e iconográficas de la historia de la medicina: Nuevas incorporaciones (marzo, 2019)

Se han incluido en la sección de Fuentes iconográficas y materiales de historiadelamedicina.org varios objetos e imágenes.

En cuanto a instrumentos, un protector ocular de Arruga (Hermenegildo Arruga), que se ha adquirido en Inglaterra. Un conocido aparato quirúrgico que llegó a tener gran éxito en Francia durante la segunda mitad del siglo XIX, el Compresor recto de cadena ideado por el cirujano Chassaignac.

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Por otro lado, el exitoso aparato de masaje del Dr. Macaura (Macaura’s Blood Circulator), que acabó por convertirse en una panacea con la que curar un gran número de enfermedades en la época victoriana.

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También un aparato de respiración artificial “Pulmomán“, fabricado por Electrom, y un botiquín de urgencia de bolsillo que regalaba Laboratorios Frassie a los médicos.

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En cuanto a imágenes, se han incorporado una del antiguo Hospital San Juan de Dios, ya desaparecido, y dedicado a las enfermedades venéreas. Fue allí donde se probaron por primera vez en Madrid las primeras inyecciones de Salvarsán a la población civil. Días antes se aplicaron en el Hospital militar de Carabanchel.

Hospital_San_Juan_Dios

Aparte de una fotografía de estudiantes de medicina en la sala de disección, posiblemente de Valencia, varias postales con fotografías que regalaba el Instituto de Biología y Sueroterapia IBYS a los profesionales: el Instituto Rubio, el Instituto del cáncer, El Hospital de la Princesa y la Casa de salud Santa Cristina, que fue Escuela de matronas, todos ellos de Madrid.

Escuela_matronas_madrid

Fuentes materiales e iconográficas de la historia de la medicina: Nuevas incorporaciones (febrero, 2019)

Se han incorporado a la sección de Fuentes materiales e iconográficas de historia delamedicina.org nuevas imágenes y objetos.

En cuanto a fuentes iconográficas, un libro que recoge un reportaje fotográfico del Hospital provincial de Valencia en 1927.

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Reportaje fotográfico sobre el Hospital Provincial de Valencia en 1927.

Por otro lado, una hoja informativa del Asilo Hospital de Nuestra Señora del Carmen para niñas lisiadas, escrofulosas y raquíticas pobres, de Valencia, Imágenes del miedo en Londres a la epidemia de gripe de 1918 y, finalmente, una imagen del que primero se llamó Hospital Sagrada Familia, después José Antonio y hoy Arnau de Vilanova

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Hospital_Arnau_Vilanova

Hospital Sagrada Familia (principios de los años 70), actualmente llamado Arnau de Vilanova.

En lo relativo a objetos o instrumentos, se han incorporado un Exoftalmómetro de Hertel, un Estuche de instrumentos de otorrinolaringología, el Transfusor eléctrico por pulsación R. Arévalo, un Compresor nebulizador  FASE de uso pediátrico, así como un Laringoscopio Heine.

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Estuche de instrumentos de otorrinolaringología que Lluis Suñé i Molist o su hijo Lluis Suñé i Medant regaló a su amigo José Coll i Bofill, también otorrinolaringólogo.

Transfusor_Arevalo_1

Transfusor eléctrico por pulsación. Se trata del “supermodelo” de Arévalo. 

Laringoscopio_2

Laringoscopio Heine