Dos recomendaciones de ‘Redes’

De entre la cantidad de programas basura que pueblan todas las cadenas de televisión, de vez en cuando se puede encontrar alguno que debe merecer nuestra atención.

En este caso quiero recomendar dos ediciones de Redes, que dirige y presenta Eduardo Punset. Por suerte, aunque su emisión suele resultar incómoda para muchos, se pueden recuperar de Internet para verlos con todo detalle y tranquilidad.

Los temas de las dos emisiones que quiero recomendar son muy diferentes. El primero de ellos habla de educación. Completa de alguna manera el programa ya emitido que también recomendamos en este blog en enero de este año, cuyo título era: Educar para fabricar ciudadanos. En las últimas décadas se han producido muchos cambios en nuestra sociedad. ¿Han cambiado de igual forma los presupuestos teóricos y los métodos de educación para adaptarse a estas nuevas realidades? El programa alterna una entrevista larga, de fondo, con Robert Roeser, de la Universidad de Portland, con opiniones de profesores y estudiantes de Aula abierta.

Se incide en tener en cuenta la diversidad (por ejemplo la de procedencia de los estudiantes) con lo que hay de común en ellos, como las emociones básicas. El programa transcurre en la escuela, que hay que atender tanto o más que a los estudios superiores. Estos niños llegarán —de hecho ya están llegando— a nuestras aulas muy pronto.

Para ver el programa: Redes, 64: La revolución educativa

La otra recomendación es el programa de Redes que sigue al anterior, el número 65, que lleva como título La nueva cardiología. Trata de mostrar éste hacia dónde se dirige esta disciplina en una situación en la que las enfermedades del corazón van en aumento en todo el mundo.

Punset entrevista a Francisco Fernández Avilés, investigador y cardiólogo del Hospital Gregorio Marañón (Madrid), quien con su equipo y la colaboración de la Universidad de Minnesota, lleva a cabo el proyecto de desarrollar el primer corazón artificial a partir e células madre del paciente que se trata de curar.

Asimismo, de forma muy clara explica la terapia celular que puede utilizarse. Se trata de estimular los nichos de células progenitoras del propio corazón o procedentes de otros órganos o tejidos. Es una solución cuando la terapéutica medicamentosa no es eficaz y cuando tampoco está indicada la intervención quirúrgica.

Se entra algo en lo que se ha dado en llamar los bio-órganos, que tienen gran futuro, pero con los cuales no se ha hecho más que iniciar un camino que sin duda será duro y largo.

Redes es un buen programa de divulgación en el que las cosas se explican de forma muy asequible y que también provoca en quien los ve la reflexión sobre los temas que aborda.

Para ver el programa: Redes, 65: La nueva cardiología

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El ‘606’ en ‘Madrid científico’

A continuación reproduzco la información que proporcionó la revista de divulgación científica Madrid científico. Revista ilustrada de Ciencias, ingeniería, Electricidad, Artes, Industrias, Automovilismo, Curiosidades, etc. Esta publicación vio la luz a finales del siglo XIX y se mantuvo hasta la guerra civil; creo que entre 1894 y 1936. No poseo muchos datos sobre la misma, sólo que fue una iniciativa de dos estudiantes de la Escuela de Ingenieros de Caminos, Canales y Puertos, de Madrid: Augusto Krahe y Francisco Granadino, a los que posteriormente se unió Federico de la Fuente.

El preparado 606

El Dr. Ehrlich, médico alemán, residente en Francfort, ha descubierto, en colaboración con un colega nipón, un preparado que al parecer ataca victoriosamente a la sífilis y aun otras enfermedades de carácter microbiano, el paludismo, por ejemplo. El Dr. Ehrlich y su fiel colaborador han buscado y variado hasta lo infinito, con una constancia admirable, los compuestos arsenicales para encontrar al fin el que, matando el virus sifilítico, no fuese tóxico para el organismo humano. El número ‘606’, indica que antes de encontrar la combinación definitiva, fueron probadas otras 605. Y la fórmula hoy encontrada es exactamente un clorhidrato de dioxi-diamido-arseno-benzol. Los métodos de obtención permanecen secretos.

Autor de la teoría tan importante en química de las ‘cadenas laterales’, que permite coordinar y explicar los hechos de inmunización y esterilización del organismo animal, el profesor Ehrlich habíase impuesto la tarea de encontrar una substancia que destruyera la mayoría de los microbios patógenos que infectan nuestra sangre, esterilizando así ésta de todo virus, sin perjuicio para nuestro organismo. Pero estos resultados no se limitan al descubrimiento de su medicamento antisifilítico: esta substancia mata igualmente los agentes patógenos del tifus recurrente, es decir, los espiroquetes, y los de la enfermedad del sueño, tan frecuente en el África Central, llamados tripanosomos, microorganismos emparentados con los treponemos de la sífilis.

Son ya más de 4.000 los enfermos sometidos con éxito al tratamiento del ,’606’. Según todas las presunciones, por tanto, débese a Ehrlich y a su colaborador Hataimo de aquellos descubrimientos médicos más importantes que registra la ciencia.

Según noticias publicadas por algunos médicos especialistas, en la prensa diaria, el ‘606’ se presenta en la forma de un polvo amarillo semejante a la flor de azufre. La dosis es de veinte a sesenta centigramos de ese polvo, en forma de inyección, para lo cual ha de obtenerse el número correspondiente de centímetros cúbicos de una emulsión. Las manipulaciones son muy delicadas, pero no difíciles. Como la emulsión no se conserva arriba de una hora, es preciso repararla al tiempo de hacer su aplicación. Antes deben ensayarse las reacciones específicas y adquirir certeza de que no hay contraindicaciones peligrosas.

El ‘606’ tardará todavía algunos meses en entrar en el comercio de farmacia, porque todavía no se ha podido montar su producción en escala suficiente. Sin embargo, el Dr. Ehrlich ha suministrado algunas muestras que han llegado a España, y con ellas se comenzarán, de un dia a otro, las convenientes experiencias comprobatorias en el Hospital militar de Carabanchel.

Madrid científico, Año XVII  (1910), Núm. 679p. 516

[Proyecto HAR2008-04023]

Otra vez la evaluación de la actividad científica

El número de Nature correspondiente al 17 de junio de este año, es decir, de hace unos días, se ocupa, entre otros, del tema de la cienciometría. Desde hace algún tiempo se está criticando esta disciplina científica (?) que lleva ya varias décadas de desarrollo y que, el Instituto al que estoy vinculado, fue uno de los responsable de su introducción en España. Recordemos también que hace cincuenta años que Eugene Garfield comenzó la publicación del Science Citation Index.

Independientemente de sus bases y fundamentos, lo que está claro es que la cienciometría prácticamente se ha convertido en una poderosa herramienta de control en manos de burócratas, gestores y grupos de influencia y poder. En términos generales se puede afirmar que hay un acuerdo general en aceptar que estos métodos son inviables para evaluar la actividad de un científico. Quizás sirvan para informarse de lo que pasa en grupos, en las instituciones, en países determinados…, siempre que los indicadores se completen con otros procedentes de otros acercamientos.

Organismos de relevancia en el pasado ya pusieron de manifiesto estas críticas, como es el caso de la International Mathematical Union. Conscientes de que el tema preocupa, Nature ha reunido una serie de artículos que reúnen pros y contras, y lo hace de forma abierta para que quien quiera pueda aportar su contribución en línea.

Según se señala en Nature, las opiniones están divididas. Algunos defienden este tipo de medidas porque piensan que son objetivas. Otros creen que el uso de números puede perjudicar cuando se valora el curriculum de un científico para un proyecto, para un contrato o una selección; dicho de otra forma, los tribunales y evaluadores a veces utilizan estas cifras según les conviene.

En muchos lugares este hecho se tiene en cuenta y los tribunales matizan con otros datos las cifras, pero, como se señala, en nuestra cultura los números son muy ‘convincentes’ y muy ‘seductores’. En la actualidad se están desarrollando nuevas herramientas para medir de forma más eficaz y objetiva la actividad que despliegan los científicos.

Vale la pena una visita a estas páginas, aunque este tipo de temas cada vez se complica más y se les dedican baldíos esfuerzos humanos y económicos. Creo que no es más que un síntoma de la extraordinaria decadencia en la que se encuentra la sociedad occidental, ciencia incluida.

Tonómetro de Schiotz

He añadido a la exposición virtual Colección Historicomédica de la Universitat de València, información sobre el que se conoce como Tonómetro de Schiotz, aunque en esta ocasión la pieza procede de un particular.

La tonometría es la técnica que se utiliza para medir la presión intraocular de forma indirecta a través de la medida de la tensión de la membrana corneal. Es indirecta porque se obtiene ejerciendo una fuerza sobre la córnea para estimar la presión en el interior del ojo. De esta forma se controla el equilibrio fisiológico que debe existir entre la formación y evacuación del humor acuoso dentro del globo ocular. Cuando sube la cifra, puede ser debido a un aumento de la producción o a una disminución de la evacuación. Es un factor de riesgo para la aparición del glaucoma.

La tonometría ha cambiado mucho a lo largo de casi dos siglos, desde los primeros intentos de  William Bowman (1826) consistentes en la simple palpación digital a través del párpado superior (véase la figura 1), a las técnicas actuales. La primera técnica que introdujo un instrumento realmente útil y sencillo para la clínica fue la de Hjalmar Schiotz (1850-1927). Recibe el nombre de Tonómetro de Schiotz, cuyo uso se extendió rápidamente convirtiéndose en el aparato estándar para medir la presión intraocular. A lo largo de los años se introdujeron algunas modificaciones y en la actualidad sigue utilizándose.

Este Tonómetro de Schiotz procede de la Casa J. Weiss & Son, Londres, en el número 287 de Oxford Street, lo que lo sitúa entre los años veinte y cincuenta del pasado siglo [Colección particular].

Información completa sobre el Tonómetro de Schiotz en formato pdf

‘El Crash de la información’, de Max Otte

En tiempos revueltos se buscan explicaciones que no se encuentran hoy en los canales habituales. Y no me refiero a esos medios que cualquier persona sensata descartaría desde el principio. No, hablo de aquéllos que desde la serenidad y objetividad informaban a la vez que explicaban los hechos de forma pedagógica para el ciudadano de a pie. Lamentablemente las cosas están cambiando demasiado deprisa para mal. Todo ello, además, en el seno de eso que los fabricantes de rótulos para todo, llaman “sociedad de la información y del conocimiento”.

Por suerte —como se suele decir— si se busca, se encuentra, ya sea en Internet, en las librerías, entre las páginas de los periódicos o en otros medios. En ese contexto quiero recomendar el libro El crash de la información. Los mecanismos de la desinformación cotidiana, de Max Otte. Está publicado en mayo de este año en Ariel. El original creo que es del año pasado y el traductor es Juanmari Madariaga. En ciertos círculos Otte es conocido. En 2006 publicó un libro que llevaba el profético título ¡Que viene la crisis!, que lo hizo famoso. Es doctor por la Universidad de Princeton y en la actualidad es profesor en el Instituto de Ciencias Aplicadas de Worms a la vez que dirige el Instituto de Desarrollo Patrimonial de Colonia, entre otras cosas.

El libro se lee bastante bien, aunque algunos capítulos o páginas de contenido muy económico son más difíciles de digerir para los que no estamos acostumbrados a este tipo de literatura. Son imprescindibles, no obstante, para comprender el origen de la actual crisis financiera y su desarrollo. Aunque poco tiene que ver el tema con un historiador de la medicina, hay que señalar que las crisis de lo económico tienen repercusión inmediata en la vida cotidiana y desde luego en lo que es la organización de la educación, de la enseñanza y de la asistencia médica de un país. Creo que el mundo académico asiste con mucha alegría y sin ningún tipo de crítica a una serie de cambios que tienen un sello inconfundible que poco tiene que ver con los valores que hasta ahora nos han alentado.

El libro no solo trata de explicar la actual crisis, el colapso de los mercados financieros sino que va más allá. Se adentra en el mundo de la desinformación en el que estamos totalmente inmersos. Nos engañan sin grandes disimulos las grandes empresas. Pensemos por un momento en nuestra experiencia con las distintas marcas que ofrecen servicios telefónicos; tarifas engañosas y condiciones plagadas de cláusulas ocultas, por no hablar de la calidad de los servicios. Se refiere también a otro ejemplo palmario: cómo las grandes empresas de alimentación desorientan al cosumidor en todos los aspectos: desde el peso de los productos, a sus características nutritivas, pasando por su precio, etc. Se trata de prácticas totalmente ilegales pero que los estados permiten. Otro ejemplo que acomete de forma minuciosa es cómo se desenvuelven los bancos con sus clientes.

Pero el libro va más allá. Nos cuenta también lo que al principio trataba de apuntar: cómo los medios de comunicación, cómo los periodistas contribuyen a la desinformación. Incluye aquí a todos los que se expresan a través Internet, medio que muchos creen de forma ingenua que va ser “la salvación del mundo”.

Algunos aspectos del libro apoyan sensaciones personales que nunca había visto expresadas de esta forma clara. Me refiero a las distintas formas que tienen de ver las cosas el mundo anglosajón y la Europa continental. La diferencia es grande y está también en la base de los problemas que están surgiendo actualmente en muchos aspectos sociales, por ejemplo la enseñanza, la investigación y la difusión de conocimientos. El autor proporciona referencias a los clásicos y pone varios ejemplos al respecto. Desde hace unos años asistimos a una entrega acrítica a todo lo anglosajón. No se necesita ser ningún gran pensador para darse cuenta de que con una lengua no sólo penetran significados sino que entran también valores, normas, símbolos, ideas y creencias, conductas… formas de ver el mundo, en definitiva. Por otro lado, la continua obsesión consciente e inconsciente de llevarnos a todo hacia la misma orilla, de entregarse sin condiciones ni matices, resulta terriblemente empobrecedor. Pero, eso sí, para otros supone negocios suculentos. Los ejemplos que utiliza el libro, como la mayoría, hacen referencia a Alemania, lo que es un valor añadido.

Incluso el autor se atreve a dar algunas soluciones, a proponer algunas recomendaciones para el lector, lo que tampoco suele ser habitual. Aunque las recetas no son una gran cosa, creo que el mensaje sí es claro: que se fomente el espíritu crítico. A los ‘globalizadores’, a los sinvergüenzas’ y ‘bribones’ que nos acosan durante todo el día no hay nada que les siente peor que les contradigan con argumentos.

Peligros del uso de antipsicóticos en pediatría

El número 19 de JAMA, volumen 303, correspondiente al 19 de mayo de este año, publicaba en su sección ‘Medical News and Perspectives’, la nota ‘Studies Shed Light on Risks and Trends in Pediatric Antipsychotic Prescribing’, de Bridget M. Kuehn. En ella se señalan los riesgos que comporta la prescripción de antipsicóticos en pediatría: aumento de peso y alteraciones en el metabolismo (aumento del colesterol total, triglicéridos, etc.). Se refiere a la Risperidona, que fue aprobada por la FDA para su uso en niños y adolescentes. Para pacientes con esquizofrenia entre los 13 y 17 años, para los enfermos de manía o episodios bipolares entre los 10 y los 17 años, y para los afectados por autismo asociado a irritabilidad entre los 5 y los 16 años. Asimismo habla del Aripiprazol, igualmente aprobado por la FDA para tratar la esquizofrenia de niños entre los 13 y los 17 años. Por otro lado, a finales de 2009 también se aprobó el uso de la Quetiapina y la Olanzapina para el tratamiento de la esquizofrenia en adolescentes (13 a 17 años) así como para tratamientos cortos u ocasionales de episodios de manía o mixtos asociados a transtornos bipolares. A principios de 2010 se anunció el cambio de etiquetado de la Olanzapina advirtiendo los transtornos del metabolismo que podían causar a los adolescentes.

Científicos de la Universidad de Rutgers y de la de Columbia, estudiando los datos de Medicaid y de los seguros privados encontraron que los nilños y adolescentes cubiertos por Medicaid eran cuatro veces más propensos a que se les recetara un antipsicótico (año 2004). De éstos, casi la mitad tenían un diagnóstico de transtorno de la atención con hiperactividad o un transtorno del comportamiento, en comparación con el 26,2 % de los pacientes con seguro privado (Crystal S et al. Health Aff [Millwood]. 2009;28[5]:w770-w781). Muchos de estos diagnósticos habían recibido una medicación no recomendada por la FDA.

También se hace referencia a otro trabajo publicado en Pediatrics por Robert Penfold, del Departamento de ‘Population medicine’ de la Harvard Medical School y el Harvard Pilgrim Health Care Institute, ambos de Boston, que hace referencia al uso de la Ziprasidona en pacientes pediátricos cubiertos por Medicaid en Michigan en 2001 (Penfold RB et al. Pediatrics. 2010;125[3]:475-482). De los que habían sido diagnosticados de un transtorno psiquiátrico y que habían recibido Ziprasidona, sólo algo más de la mitad tenían en realidad un cuadro de psicosis. El resto fueron diagnosticados de personalidad ‘explosiva’, depresión, y de ODD o transtorno de oposición desafiante. Otra parte de niños cubiertos por Medicaid se les recetaba este medicamento sin que tuvieran ningún diagnóstico de tipo psiquiátrico.

Lo que parece deducirse, pues, es que los niños pobres que ‘presentan alteraciones en su comportamiento’ o que crean ‘conflictos’ según determinados criterios, se les droga con medicamentos cuya alta peligrosidad ha sido demostrada.

Lo comentado, que apenas es una pequeña parte de la nota científica, nos plantea muchas preguntas, y no sólo relacionadas con los efectos secundarios de los medicamentos recetados.

Recomendamos al interesado que lea los artículos correspondientes.

Referencia: Bridget M. Kuehn , Studies Shed Light on Risks and Trends in Pediatric Antipsychotic Prescribing, JAMA. 2010;303(19):1901-1903.

Webwise 2010: Imaginar el Futuro digital

El pasado mes de marzo tuvo lugar en Denver el encuentro Webwise 2010 de Bibliotecas y Museos, cuyo tema era Imaginar el futuro digital (Imagining the Digital Future). Se celebró en el Centro de Convenciones de Colorado los días 3, 4 y 5 de marzo pasado. Las distintas conferencias abordaron tanto los logros e innovaciones que se han producido en los últimos años, como las oportunidades y retos del futuro; todo ello centrado en las bibliotecas y los museos.

Con motivo del acontecimiento se ha puesto en marcha un proyecto de historia oral que lleva el título de Pioneros digitales (Digital Pioneers), que recoge entrevistas con figuras destacadas que han desempeñado un papel importante en la digitalización del patrimonio cultural.

Ahora, en su sitio web, el de Webwise, se han puesto a disposición de los que no pudieron asistir, una serie de vídeos que recogen las intervenciones, las conferencias de inauguración y de clausura. Entre éstas encontramos temas muy interesantes. Han tenido el acierto de subtitularlas en inglés, lo que facilita su comprensión para los que tenemos el oído algo duro.

Este tipo de iniciativas —muy de elogiar— es muy interesante porque se convierten en conocimiento que puede ser consultado por cualquiera que tenga interés de cualquier parte del mundo.