Gracias a los visitantes de historiadelamedicina.org

Hace tiempo que no revisaba las estadísticas de visitas a mi sitio web historiadelamedicina.org. Siempre he estado tranquilo por el hecho de que su contenido interesa a millones de personas desde que está activa en Internet, hace ya unos 22 años. Hubo un tiempo que estuve haciendo un seguimiento.

El último año tuvo 341.308 visitantes que vieron 497.794 páginas. Aquí no se incluyen las visitas al blog que está alojado en otro servidor. Las páginas más vistas son las biografías.

Estadisticas_2019

Los buscadores han llevado a mi sitio al 87 por ciento de los visitantes. El 12 por ciento llega de forma directa.

El 43 por ciento conectan con el sitio desde dispositivos móviles, el 2 por ciento de tabletas y la mayor parte, el 56 por ciento, desde otros dispositivos, suponemos que la mayoría son ordenadores.

La mayor parte de los usuarios proceden de México (46 por ciento), seguidos de los de Colombia (10 por ciento), Perú (10 por ciento), Estados Unidos (7 por ciento) y Chile (el 4 por ciento). En esta lista España figura en octavo lugar (2 por ciento). Excepto de algunos países del continente Africano, desde el resto del mundo en alguna ocasión han conectado con mi sitio web.

Procedencia-visitas

Respecto al blog “Medicina, historia y sociedad” en 2019 recibió 132.440 vistas procedentes de 96.313 visitantes. Respecto a su origen geográfico, como se observa en la figura, México se sitúa en primer lugar, seguido de Estados Unidos, España, Colombia, Argentina, Perú, Chile, Ecuador, Venezuela y República Dominicana.

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En fin, muy agradecido a los visitantes a mi sitio, especialmente a los latinoamericanos cuya actividad en la red –no sólo en mis páginas– es muy activa y muy superior a la de los españoles a pesar de las muchas dificultades en las que la población de algunos de estos países vive. No hay más que darse una vuelta por Youtube para encontrar que mantienen canales de gran interés.

 

De la antisepsia a la asepsia. El pulverizador de fenol

Hace unas semanas se subió al canal “Medicina, historia y sociedad” de YouTube, el vídeo “De la antisepsia a la asepsia. El pulverizador de fenol”·

En este vídeo se explica de forma muy sencilla lo que es la antisepsia y el conocido como método de Lister. Se muestra con detalle el pulverizador de ácido fénico que se utilizó en la época, en concreto el diseñado por el francés Lucas Championnière, que se parecía bastante al del inglés. En España se utilizó este modelo. Por ejemplo, según señala Salvador Cardenal, estuvo funcionando en su clínica y en su servicio del Hospital de Nuestra Señora del Sagrado Corazón de Jesús, de Barcelona.

A mediados del siglo XIX en las salas quirúrgicas de los hospitales la mortalidad oscilaba entre el 30 y el 50 por ciento, especialmente por infecciones (piemia, erisipela, gangrena, etc.

En los hospitales de París, por ejemplo, se hizo una estadística; de 560 intervenciones quirúrgicas se produjeron 300 defunciones.

Intervenciones realizadas por Ernst Küster entre 1868-1869:

  • 6 amputaciones de brazo – 5 fracasos
  • 5 amputaciones de antebrazo – 4 fracasos
  • 15 amputaciones de muslo – 11 fracasos

Casi todos fallecieron por piemia.

Con estos datos nos hacemos una idea de lo que suponía la cirugía a mediados de siglo. Sin embargo, fue en el siglo XIX cuando se superaron las tres barreras que todavía tenía que superar la cirugía:

  • El dolor con la anestesia
  • La hemorragia con la hemostasia
  • La infección, primero con la antisepsia y después con la asepsia

Vamos a dejar para otra ocasión los dos primeros y nos ocuparemos de la infección. Ésta se solucionó a lo largo de dos etapas que se conocen con el nombre de “Antisepsia” y “Asepsia”

El escenario principal fue Europa y se desarrolló, sobre todo, en las últimas décadas del siglo XIX.

El químico Louis Pasteur (1822-1895) descubrió que todo proceso de fermentación y descomposición orgánica se debe a la acción de organismos vivos. Asimismo que preservando del aire las sustancias que se suelen descomponer Pasteur explicó cómo se evitaba la putrefacción.

Los manuales de historia de la medicina se centran sobre todo en la figura del inglés Joseph Lister cuando se refieren a la antisepsia. Las ideas de Pasteur le llevaron a buscar un método para evitar que los gérmenes invadieran las heridas. ¿Cómo hacerlo?

Utilizó el ácido fénico o carbólico, que fue descubierto en 1834 por Friedrich Ferdinand Runge. Se usaba para limpiar y evitar los malos olores de los albayaldes (se parecía mucho al olor que se percibía en las salas quirúrgicas) y contra los parásitos de los animales que atacaban al ganado en zonas rurales.

Sin embargo, habría que revisar más a fondo los acontecimientos, lo que no es fácil. Sabemos que algunos cirujanos utilizaron otras sustancias buscando lo mismo. Tenemos noticia de que en 1863 en la Charité de Novara (Italia) Enrico Bottini lo utilizó en seiscientos enfermos. Ese mismo año el médico y farmacéutico Lemaire publicó un libro de más de cuatrocientas páginas sobre el ácido fénico y su acción sobre los vegetales, animales, fermentos, venenos, virus y miasmas… En 1865 publicó la segunda edición ampliada.

En un texto de la época se lee:

“Esta es la teoría de los gérmenes. Hay gérmenes dañinos en el aire y donde sea que el aire pueda depositarlos, instrumentos, manos, vendajes, heridas quirúrgicas: “el cirujano debe ver los gérmenes en la atmósfera como ve a las aves en el cielo”.

Pero volvamos a Lister. La publicación de “On the antiseptic principle in the practice of surgery” de 1867, demuestra los buenos resultados de su método. Escogió las heridas abiertas de las extremidades inferiores que habitualmente acababan en amputación. Con este procedimiento esta acción quirúrgica pasó a ser rara.

A lo largo de su vida Lister continuó mejorando su técnica y utilizándola en otro tipo de intervenciones. Aparte de compresas impregnadas con pomadas fenicadas utilizó un pulverizador cuyo uso se popularizó rápidamente por Europa. En Francia, por ejemplo, fue adoptado por Lucas Championnière quien diseñó, a su vez, un pulverizador semejante al de Lister.

Aquí tenemos uno que adquirimos en Francia. En España se utilizó este modelo. Por ejemplo, Salvador Cardenal, lo usó en su clínica privada y en su servicio del Hospital de Nuestra Señora del Sagrado Corazón de Jesús, de Barcelona. Consta de una caldera esférica que es calentada por la llama de un mechero de alcohol. Posee una válvula de seguridad. En uno de los costados hay una especie de embudito del mismo metal y que se cierra a rosca por el que se introduce el agua. Está colocada a tal altura que indica cuándo se sobrepasa la medida.

De la parte alta de la caldera salen dos tubos por los que sale el chorro de vapor. Son orientables. No tienen espita ya que se cierran cuando están en posición vertical.

Estos dos tubos se dirigen en ángulo agudo contra el extremo de otros dos tubos por los que tiene lugar la aspiración del líquido fenicado que, previamente se ha colocado en este recipiente sujeto por la parte inferior al aparato.

No era necesario usar los dos tubos a la vez. Uno servía de reserva por si se producían obturaciones. Podía funcionar durante dos horas con una sola carga de agua y emitía un chorro fino a bastante distancia.

Aparte de esto algunos cirujanos comenzaron a utilizar una disolución de ácido fénico al 5% para lavarse las manos, para sumergir el instrumental. Para el pulverizador también se usaba esta dilución que luego se debilitaba al mezclarse con el vapor de agua. También se usaba mucho el “agua fenicada” que era una disolución al 2 o 2,5 %. Era la más usada para el que entonces llamaban “listerismo”: lavado de la herida, de esponjas, de apósitos, para inyectar en cavidades, etc.

El ácido fénico presentaba, sin embargo, algunos problemas: alergias, irritación, picazón, etc. Otros cirujanos –como ya hemos dicho– ensayaron otras sustancias con mayor o menor fortuna.

A las ideas de Pasteur se sumaron después las del otro grande la microbiología: las del alemán Robert Koch. En 1887 publicó su Investigaciones sobre la etiología de la infección de heridas. De éstas aisló diferentes gérmenes que causaban en animales de investigación abcesos, necrosis, sepsis, fiebre, etc. Esto llevó a los cirujanos a pensar en evitar la entrada de gérmenes en vez de luchar contra ellos cuando ya estaban presentes en las heridas.

El alemán Ernst von Bergman (1836-1907) vio que en tiempos de guerra el tratamiento de las heridas de los soldados heridos por arma de fuego con un largo y tedioso traslado a los centros de cura era perjudicial. Se limitó a una limpieza superficial suave de las mismas y a aislarlas con un vendaje enyesado.

En principio esto funcionó mejor que la antisepsia. Aunque criticado en ocasiones, fue puliendo su técnica hasta llegar a la esterilización de todo (instrumentos, apósitos, vendas, batas, etc.) mediante vapor de agua. Publicó los resultados en 1891. Otros cirujanos adoptaron el método aséptico y los quirófanos cambiaron totalmente de aspecto.

Antes hemos mencionado a Salvador Cardenal. Este médico valenciano, por cierto, aunque desarrolló su carrera profesional en Barcelona, publicó en 1880 la Guía práctica para la cura de heridas y aplicaciones del método antiséptico. Hubo tres ediciones de este libro hasta 1894-95. A través de ellas es posible observar cómo se pasa de la antisepsia a la asepsia.

Bibliografía

Bergmann, Ernst. In: J. Pagel (Hrsg.): J. Pagel: Biographisches Lexikon hervorragender Ärzte des neunzehnten Jahrhunderts. Urban & Schwarzenberg, Berlin 1901 [http://www.zeno.org/Pagel-1901/A/Bergmann,+Ernst]. Consultado el 12 de noviembre de 2019.

Cardenal Fernández, S. (1895). Manual práctico de Cirugia antiséptica, 3ª ed. rev. y considerablemente aum.. Ilustrada con grabados intercalados y [9] láminas, aparte en fototipia y cromolitografia. Barcelona, Biblioteca ilustrada de Espasa y Cª, Editores.

Championnière, L. (1899). Le passé et le présent de la Méthode antiseptique. Paris, Leçon d’Overture d’un Cours de Clinbique Chirurgicale.

Championnière, L. (1909). Pratique de la Chirurgie antiseptique. Leçons professées a l’Hotel-Dieu. Paris, G. Steinheil ed.

Désinfectants (1869). En: Nouveau dictuionnaire  de Médecine et de Chirurgie pratiques… vol. 11. Paris, J.B. Baillière et fils, 1869, pp. 224-244.

Fresquet Febrer, J.L. (2008). Salvador Cardenal Fernández (1852-1927). En: Biografías y epónimos médicos, historiadelamedicina.org. Disponible en: https://www.historiadelamedicina.org/cardenal.html. Consultado el 12 de noviembre de 2019.

Fresquet Febrer, J.L. (2011). Just Lucas-Championnière (1843-1913). En: Biografías y epónimos médicos, historiadelamedicina.org. Disponible en: https://www.historiadelamedicina.org/championniere.html .Consultado el 12 de noviembre de 2019.

Koch, R. (1878). Untersuchungen über due Aetiologie der Wundinfectionskrakheiten. Leipzig, Verlag von F.C.W. Vogel.

Lemaire, J. (1863). De l’Acide phénique, de son action sur les végétaux, les animaux, les ferments, les venins, les virus, les miasmes, et de ses applications à l’industrie, à l’hygiène, aux sciences anatomiques et à la thérapeutique, par… Paris, Germer Baillière

Lister, J. (1867). On the antiseptic principle in the practice of surgery. British Medicsal Journal, vol. 2, nº 351, pp. 246-248.

Peset, J.L. Cirugía general. En: Pedro Laín (dir.). Historia Universal de la Medicina. Barcelona, Salvat, vol. 6, pp. 298-305.

Noticias de interés. Enero 2020, #1

Alista UAEH 75 aniversario de Escuela de Medicina.
Fuente: El Independiente de Hidalgo (México)

Se cumplen 110 años de la muerte del naturalista francés Alfredo Dugés.
Fuente: notus (México)

Pseudoterapias: entre la fe y el fraude
Fuente: Huffingtonpost

Los 29 proyectos de Fontilles en Asia, África y América Latina beneficiarán a casi 800.000 personas en 2020.
Fuente: València Extra

De cuando se profesionalizó el oficio de comadronas en el siglo XIX en España.
Fuente: La Vanguardia

Cinco noticias sobre salud que destacaron en 2019. Agencia EFE.
Fuente: Noticiassin

Hitos y avances en el ámbito de la salud en 2019.
Fuente: Webconsultas

Vicent DeVita, el doctor que investigó el cáncer para evitar ir a la Guerra de Vietnam y desarrolló la quimioterapia.
Fuente: BBC News Mundo

Conoce los 9 científicos que hicieron historia en 2019. Por Berenice González Durand
Fuente: El Universal(México)

Cuanta más bioquímica, mejor medicina. Por Jaime Gómez Márquez.
Fuente: La Voz de Galicia

Historia y tradición / Dr. Pablo Acosta Ortiz, el Mago del bisturí. Por Eumenes Fuguet.
Fuente: El Carabobeño

La última Navidad del pequeño comercio: “hemos sobrevivido 157 años, pero se acabó”. [Librería Nicolás Moya, Madrid].
Fuente: El Confidencial

Así era el demonio asirio que ‘causaba la epilepsia’. Por David Ruiz Marull.
Fuente: La Vanguardia

Oskar Liebreich (1839-1908)

Liebreich

En la línea de rescatar a los protagonistas de la conversión de la materia médica en farmacología experimental, hemos insertado en la sección de biografías y epónimos médicos de historiadelamedicina.org la del alemán Oskar Liebreich (1839-1908).

Liebreich nació el 14 de febrero de 1839 en Köngsberg, Prusia oriental. Se formó como técnico químico con Carl Remigius Fresenius (1818-1897). Posteriormente estudió medicina en las Universidades de Königsberg, Tübingen y más tarde en la de Berlín. Trabajó después como asistente químico en el Instituto de Patología que dirigía Rudolf Virchow.

Tras habilitarse como profesor de farmacología, fundó el Instituto de Farmacología Experimental de Berlín. Se le conoce, sobre todo, por la introducción del hidrato de cloral en terapéutica, pero estudió también anestésicos generales y locales procedentes de productos naturales y de síntesis, la neurina, la lanolina y las sustancias procedentes de las cantáridas, entre otros. Tuvo interés asimismo en la balneoterapia y fundó la revista Therapeutische Monatshefte.

Durante muchos años fue el presidente de la asociación médica de Berlín y más tarde su presidente honorario.

Era hermano del oftalmólogo Richard Liebreich (1830-1917), conocido por inventar el oftalmoscopio que lleva su nombre. Se casó con María, hija del químico suizo Hans Heinrich Landolt (1831-1910). No le faltaron amigos y seguidores, no solo en Alemania, sino también en el extranjero. Disfrutó de una gran reputación en Inglaterra, que visitó en varias ocasiones. Fue nombrado doctor honoris causa de Oxford y Aberdeen [19].

Murió en Berlín en 1908.

Noticias interesantes (diciembre, 2019 #2)

Mary ‘la tifoidea’, la mujer que mató a tres personas sin salir de la cocina. Por Laura Prieto/Miguel Górgolas
Fuente: El País

Historia, usos y costumbres de los moriscos en objetos y grabados. Por Antonio Arenas
Fuente: Ideal

Roche, 120 años cambiando la sociedad con la innovación
Fuente: El Economista

La vuelta al mundo en 80 libros científicos. Por Alfonso Vázquez
Fuente: La Opinión de Málaga

La historia de la primera mujer médica de Cuba, una oftalmóloga
Fuente: Sputniknwes

La doctora Concepción Aleixandre Ballester, médica pionera, solidaria y feminista
Fuente: EFE: Salud

Historia de la anatomía humana: origen y personajes destacados: Por Marcelo Ferrando
Fuente: RedHistoria

Esquerra Republicana y la Ciencia. Por Alfonso V. Carrascosa
Fuente: Libertad Digital

Ortopedas ponen a circular libro sobre historia ortopedia dominicana
Fuente: Diario Salud(República Dominicana)

Vicenzo Cervello (1854-1918)

Hemos añadido a la sección de biografías y epónimos médicos de historiadelamedicina.org la del Italiano Vicenzo Cervello (1854-1918).

Seguimos insertando biografías de los científicos que contribuyeron a incorporar nuevos fármacos a la terapéutica desde las bases científicas de la nueva farmacología experimental. En este caso traemos la del italiano Vicenzo Cervello. Nació en Palermo el 13 de marzo de 1854. Su padre era profesor de la vieja asignatura de “materia médica y terapéutica” en la Universidad de Palermo, en la que estudió Vicenzo. Después se formó con el fisiólogo Angelo Mosso en su Instituto de Turin y pasó tres años con Oswald Schmiedeberg en su Instituto de Farmacología experimental de Estrasburgo.

Vicenzo Cervello acabó sustituyendo a su padre en la cátedra e introdujo la nueva farmacología experimental en Italia. Entre sus contribuciones está el aislamiento del principio activo de la Adonis vernali, el estudio de la acción de varias sales metálicas y la introducción en terapéutica del paraldehido, sustancia sintetizada por Widenbusch en 1829.

Cervello también colaboró en la lucha contra la epidemia de cólera de 1887 en Italia y fue un incansable luchador contra la tuberculosis. Cervello formó parte de la comisión designada por el gobierno para la revisión periódica de la farmacopea oficial del reino. También fue presidente de la Real Academia de ciencias médicas y de la Real Academia de ciencias, letras y artes de Palermo. Fue miembro del consejo provincial de salud y concejal de higiene del Ayuntamiento de Palermo. En 1893 fundó la revista Archivio di farmacologia e terapeutica, de la cual también fue su director entre 1893 y 1913. Murió en Palermo el 4 de diciembre de 1918.