Incorporación de nuevas fuentes iconográficas y materiales de historia de la medicina (julio, 2020)

Hoy hemos añadido a nuestra Colección de fuentes materiales e iconográficas varios medicamentos, alguna imagen y unos cuantos instrumentos.

Entre los primeros, el Bromhidrato de quinina, Bismuto Pons, Kombetín (Estrofantina Boehringer), Strofosid (k-estrofantósido cristalizado), Bioioduro de mercurio y ioduro potásico y Atoxyl.

Bromhidrato_de_quinina

Atoxyl2

 

En cuanto a imágenes, una fotografía de Rudolf Virchow y otra del grupo de estudiantes de la Facultad de Medicina de Valencia que en el curso 1960-61 celebraron su paso del ecuador.

Paso_Ecuador_1960_61

Respecto a los instrumentos, un Inhalador Torrecilla, un Estetoscopio electrónico Medetrón, una Ventosa obstétrica AGI-IMSA, y dos aparatos de electroterapia. Uno de ellos, de corriente galvánica, de Wohlmuth y el otro de Reiniger, Gebbert & Schall.

Medetron_2

Estetoscopio electrónico Medetrón

Ventosa_obstetrica_2

Ventosa obstétrica AGI-IMSA

Wohlmuth_Electroterapia_3

Aparato de electroterapia (corriente galvánica) Wohlmuth

Reiniger_Electroterapia_1

Aparato de electroterapia Reiniger, Gebbert & Schall

Historia de la medicina. Noticias de interés en español (junio, 2020 #3)

Las extrañas sesiones de “baños galvánicos” a principios del siglo XX (galería). Por Lisandro Pardo.
Fuente: neoteo

Ocho ficciones y documentales imperdibles sobre epidemias y pandemias.
Fuente: Los Tiempos

La historia de cómo 399 afroamericanos fueron abandonados a la sífilis. Por Ignacio Crespo.
Fuente: La Razón

Así eran los primeros respiradorres artificiales. Por Yessica Torres.
Fuente: El Universal

El sarampión emergió con las primeras grandes ciudades. Por Miguel Ángel Criado.
Fuente: El País

¿Qué puede enseñarnos Avicena en tiempos del Covid-19?
Fuente: mundoislam.com

Un hallazgo vital para la medicina: así se descubrió la circulación sanguínea hace 400 años. Por Emilio Lara.
Fuente: biobiochile

Salud.– Una enfermedad tropical en la Europa medieval revisa la historia de un patógeno relacionado con la sífilis.
Fuente: notimerica.com

Mujeres que cambiaron el mundo.
Fuente: elancasti.com.ar

¿Cómo surgieron los bancos de sangre? Te contamos su historia. Por Jhoanell Angulo
Fuente: Tekcrispy.com

La “gran gripe rusa”: la primera pandemia en un mundo interconectado.
Fuente: BBC News. Dinero

Salvarsán. La bala mágica

Insertamos el guión del vídeo Salvarsán. La bala mágica que subimos al canal de Youtube “Medicina, historia y sociedad”.

 

Intro

Durante el siglo XIX la medicina asistió a la conversión de la materia médica en farmacología experimental, es decir, del uso de productos procedentes de la naturaleza para curar, a la extracción de sus principios activos y a la síntesis de otros nuevos. Asimismo se avanzó mucho en el estudio de sus acciones y efectos.

A finales de siglo XIX ya se disponía de un buen número de productos útiles que actuaban sobre síntomas: antipiréticos, narcóticos, anestésicos, analgésicos… pero pocos que actuaran sobre la causa de las enfermedades.

El médico alemán Paul Ehrlich se empeñó en buscar lo que llamó “la bala mágica”, es decir, una sustancia que actuara sobre la causa de una enfermedad creando los mínimos efectos secundarios o tóxicos al enfermo que la padeciera. Y lo logró.

En 1910 se probó con extraordinario éxito el conocido como 606 o salvarsán (arsénico que salva) contra la sífilis.

¿Cuándo y cómo ese medicamento llegó a España?

Rótulo

Se trata de un tema largo y complejo pero que merece nuestra atención a pesar de que nos veamos obligados a exponerlo en dos vídeos.

Aun así, no podemos abarcarlo todo y sólo hablaremos de grandes hitos, así que a ellos nos ceñiremos.

El salvarsán fue diseñado para matar al Treponema pallidum, bacteria causante de la sífilis. La humanidad llevaba luchando contra esa enfermedad desde el siglo XVI –conocida entonces entre nosotros como Morbo Gálico, mal francés, o mal de Nápoles– sin haber logrado ningún avance significativo. Su tratamiento era a base de mercurio, elemento de uso peligroso, tóxico, pero que de alguna manera detenía la enfermedad o la alargaba en el tiempo. En ocasiones se administraba junto con otros medicamentos. Se empleaba ya en el Renacimiento.

La sífilis era una enfermedad venérea, una enfermedad infecciosa que estaba bastante extendida. Se la relacionaba entonces con la degradación de la persona, con el deterioro físico y moral. Recordemos la existencia de la sífilis congénita y de que entonces la evolución natural de la enfermedad recorría los tres periodos llegando al último o periodo en el que se afectaba el cerebro, los nervios, los ojos, el corazón, los vasos sanguíneos, el hígado, los huesos y las articulaciones. Esto podía ocurrir muchos años después de la infección original no tratada. Aparte estaba también la neurosífilis o la afectación del cerebro y del sistema nervioso (los enfermos acababan sus días en asilos de alienados) y la sífilis ocular.

Desconocemos la tasas de sífilis en España porque no era enfermedad de declaración obligatoria. Aquí unas estadísticas de la mortalidad en Madrid y de los casos atendidos en el Hospital San Juan de Dios que era el lugar específico para el tratamiento de enfermedades venéreas y dermatológicas [Se muestran las estadísticas]. Están extraídas el libro de Antono Navarro Fernández, La prostitución en Madrid (1909).

A finales del siglo XIX la mentalidad etiológica, el estudio de las causas, tomó una extraordinaria relevancia en medicina. La microbiología por si sola pudo explicar la causa de numerosas enfermedades. En el caso de la sífilis. Elie Metchnikoff y Émile Roux demostraron en el Instituto Pasteur que la sífilis se podía transmitir de forma experimental al mono y algunas de sus lesiones al ojo del conejo. En 1905 Richard Shaudin y Paul Erich Hoffman pudieron descubrir que el Treponema pallidum  era el causante de la sífilis o avariosis

Sólo un año después, Albert Neisser y August von Wassermann desarrollaron una prueba de detección de anticuerpos en sifilíticos proporcionando la base para el desarrollo del serodiagnóstico de la infección sifilítica.

Wasserman, basándose en hallazgos científicos de Ehrlich como su teoría de las cadenas laterales, había comenzado en 1900 a trabajar en las reacciones de fijación del complemento e investigó la reacción toxinas-antitoxinas en la sangre.

Pero volvamos a fijar nuestra atención en Paul Ehrlich. Estudió medicina en Breslau, Estrasburgo, Friburgo y Leipzig. Trabajó en la Charité como asistente de Friedrich von Frerichs que le dejó que se dedicara a la investigación. Trabajó especialmente con los colorantes de los tejidos animales (histoquimia). Cuando murió Frerichs su sustituto obligó a Ehrlich a realizar práctica clínica. Como no le gustaba abandonó la Charité. Contrajo la tuberculosis. Una vez recuperado trabajó en su casa, luego en el Instituto de Robert Koch donde comenzó a investigar la inmunidad y las leyes por la que ésta se regía. Estudió, por ejemplo, la toxina antidiftérica. Dirigió después el Institut für Serumforschung und Serumprüfung que adoptó el nombre de Institut für experimentelle Therapie cuando fue trasladado a Frankfurt. Después se hizo cargo de la Georg Speyer Haus für Chemotherapie fundada para él por la viuda del banquero Speyer. Esto marcó la tercera etapa en la vida científica de Paul Ehrlich. Retomó uno de los aspectos de su tesis de doctorado: la necesidad de estudiar la relación existente entre la composición química de los fármacos y su modo de acción sobre el organismo y sobre las células del cuerpo a las que iban dirigidos. Igual que sucedía en inmunología, uno de sus propósitos era encontrar los productos específicos que tuvieran afinidad por los organismos patógenos. Él habló de “balas mágicas”: que actuarían sobre la causa de enfermedad dejando indemne al huesped.

Ehrlich utilizó el término “quimioterapia” para referirse a una parte de la terapéutica experimental, diferenciándola del término “farmacología”.

La terapéutica experimental, para Ehrlich, debía reproducir las enfermedades en animales para, más tarde, estudiar científicamente la acción de los fármacos. Las enfermedades infecciosas eran un ejemplo.

Tres áreas formaban para el médico alemán la terapéutica experimental: la Organoterapia (que incluiría más tarde el estudio de las hormonas), la Bacterioterapia y la Quimioterapia.

Contra la sífilis ya se usaba el atoxil –sustancia sistetizada por Pierre Antoine Béchamp en 1869–, pero tenía una alta toxicidad que lo hacía inviable.

Ehrlich trabajó con Sahachiro Hata (1873-1938), que era especialista en infecciones experimentales por Treponema pallidum en conejos y también había estudiado la eficacia de los derivados del atoxil.

El ‘606’ fue dado a conocer por Ehrlich en abril de 1910, en Wiesbaden, en el 27 Congreso alemán de Medicina interna.

La andadura del nuevo medicamento no fue, al principio, un camino de rosas. Farbwerke-Hoechst no esperó más ensayos y distribuyó 65.000 unidades de forma gratuita entre los médicos. El producto, en ocasiones, presentaba efectos secundarios y algunos adversarios no tardaron en importunar y criticar a Ehrlich; el cabecilla acabó en prisión.

A pesar de que se trató de retener el producto hasta que se hubiera probado en centenares de pacientes, Ehrlich no pudo evitar la demanda creciente del nuevo fármaco. El salvarsán también tuvo otro tipo de enemigos: la iglesia ortodoxa rusa, por ejemplo, sostuvo la opinión de que las enfermedades venéreas eran el castigo de Dios a la inmoralidad y no debían tratarse. La policía alemana también estuvo contra el salvarsán debido a los problemas que planteaba la prostitución. Fueron cuatro años difíciles hasta que Ehrlich sustituyó el 606 por el 914 o neosalvarsán, más soluble, fácil de usar y no perdía eficacia.

Ehrlich logró eliminar de esta manera a los gérmenes causantes de enfermedad sin lesionar al organismo mediante la inyección de un producto en la sangre. Es lo que antes hemos llamado “balas mágicas”. Este conjunto de trabajos significó su gloria y el comienzo de una fase revolucionaria para la farmacología y, por tanto, para la terapéutica. En poco tiempo siguieron las sulfamidas y después los antibióticos, y toda una serie de productos orgánicos con eficacia terapéutica.

El hallazgo de Ehrlich se difundió tanto en las revistas profesionales como en la prensa general de todo el mundo. España no fue una excepción y sucedió todo lo contrario que con el premio Nobel de Cajal. Numerosos artículos explicaron qué era el 606 o salvarsán, cuál era su acción, qué efectos tenía, cómo de importante podía ser su toxicidad y comentaban los ensayos clínicos que se llevaban a cabo.

La noticia se difundió por todo el mundo y Frankfurt se convirtió en el lugar donde llegaban por decenas los representantes de países, instituciones y sociedades para hablar con Ehrlich, conseguir unas dosis del nuevo medicamento y aprender a utilizarlo.

En resumen,

–Al principio el salvarsán no fue bien en todos los casos de sífilis. En algunos produjo efectos secundarios.

–En otros, en cambio, resultó ser una cura casi milagrosa.

–Algunos médicos se pasaron de entusiastas y otros de críticos.

–Su administración implicaba no pocos problemas técnicos.

–Se probaron la vía intradérmica, la intramuscular y la endovenosa.

–Significó un empuje para la medicina de laboratorio.

–Ambos sexos se beneficiaron del mismo.

–Contribuyó a que se hablara con menos prejuicios de las enfermedades venéreas desde el punto de vista de la salud pública.

¿Cómo conoció España el Salvarsán? La respuesta en el próximo vídeo.

Bibliografía

–Fresquet Febrer, J.L. (2004 y revisado en 2012). Paul Ehrlich (1845-1915). En: Epónimos y biografías médicas. Historiadelamedicina.org. Disponible en: https://www.historiadelamedicina.org/ehrlich.html , Consultado el 20 de marzo de 2020. Incluye amplia bibliografía:

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—Dolman, C. Paul Ehrlich, En: Charles Coulston Gillispie. Editor in chief: Dictionary of Scientific Biographies. Charles Scribner’s Sons, New York, 1971. Volume 4, pp. 295-305. American Council of Learned Societies.

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—García Sáncuez, J.E.; Lucila Merino, M. Cien años de la bala mágica del Dr. Ehrlich (1909–2009). Enfermedades infecciosas y Microbiología Clínica, 2010: 28(8): 521-533.

—Gesamtliste der Publikationen von Paul-Ehrlich, disponible en (http://www.pei.de/DE/institut/paul-ehrlich/publikationen/paul-ehrlich-publikationen.html?__nnn=true). Consultado en junio de 2012.

—Laín Entralgo, P. (1973), Farmacología, farmacoterapia y terapéutica general, En: Historia Universal de la Medicina (Dir.: Pedro Laín), Barcelona, Salvat, vol. 6, pp. 259-268.

—Lloyd, N.C.; Morgan, H.W.; Nicholson, B.K.; Ronimus, R.S. The composition of Ehrlich’s Salvarsan: Resolution of a Century-Old Debate. Angew. Chem. Int. Ed, 2005; 44: 941-944.

—Marquardt Martha. Paul Ehrlich als Mensch und Arbeiter. Erinnerungen aus dreizehn Jahren seines Lebens (1902-1915). Mit einer Einführung von Dr. Richard Koch. Stuttgart/Berlin/Leipzig, 1924. Versión en inglés: Paul Ehrlich. New York, Henry Schuman, 1951.

—Neosalvarsán, solu-salvarsán. Su descubrimiento, su obtención y comprobación, la técnica de su empleo y las indicaciones. Barcelona, Bayer-Meister Lucius, sa.

—Rubin LP. Styles in scientific explanation: Paul Ehrlich and Svante Arrhenius on Immunochemistry. J Hist Med Allied Sci. 35(4):397-25,1980

—Parascandola, Paul Ehrlich’s Chemoterapy, J Hist Med and All Scien, 36 (1), 19-43, 1981.

—Paul Ehrlich. Biography. Nobelprize.com. (http://nobelprize.org/medicine/laureates/1908/ehrlich-bio.html). Consultado en noviembre de 2004.

—Silverstein, A. The collected papers of Paul Ehrlich: why was volume 4 never published? Bull Hist Med, 76(2), 335-339, 2002.

—Witkop B.Paul Ehrlich and his Magic bullets–revisited. Proc Am Philos Soc. 143(4), 540-57, 1999.

Más bibliografía

Bosc, F.; Rosich, L. (2008). The contribution of Paul Ehrlich to pharmacology: a tribute on the occasion of the centenary of his Nobel Prize. Pharmacology, vol. 82, nº 3, pp. 171-179.

Buchwalow, I.; Boecker, W.; Tiemann, M. (2015). The contribution of Paul Ehrlich to histochemistry: a tribute on the occasion of the centenary of his death. Virchow Arch., vol. 466, nº 1, pp. 111-116.

Calvo, A. (2006). Ehrlich y el concepto de “bala mágica”. Rev Esp Quimioterap, vol. 19, nº 1, pp. 90-92.

Drews, J. (2004). Paul Ehrlich: magister mundi. Nat Drug Discov, vol. 3, nº 9, pp. 797-801.

Kaufmann, S.H. (2008). Paul Ehrlich: founder of chemotherapy. Nat Rev Drug Discov, vol. 7, nº 5, p. 373.

Sepkowitz, K.A. (2011). One hundred years of Salvarsan. N England J Med, vol. 365, nº 4, pp. 291-293.

Strebhardt, K.; Ullrich, A. (2008). Paul Ehrlich’s magic bullet concept: 100 years of progress. Nat Rev Cancer, vol. 8, nº 6, pp. 473-480.

Vernon, G. (2019). Syphilis and Salvarsan. Br J Gen Pract, vol. 69, nº 682, p. 246.

 

Historia de la medicina. Noticias de interés 3n español (junio, 2020 #2)

Hipócrates y la enfermedad de la bilis negra. Por Jesús Ramírez-Bermúdez
Fuente: La Razón

El sida, historia de una pandemia que llegó para quedarse. Por Pedro Gargantilla
Fuente: 20 minutos

Cayetano Heredia: el prodigioso cirujano de guerra que cambió la historia de la medicina en el Perú.
Fuente: La República

Hace 420 años se realizó la primera autopsia en tierras checas.
Fuente: Radio Prague International

Informe del mercado mundial de Medicina Tradicional China (MTC), historia y pronóstico 2020-2025 recién publicado. Por Caleb Clifford
Fuente: La Vanguardia Noticias

Breve historia de las pandemias. Por Diego Arias Serna
Fuente: La Crónica de Quindío

Por primera vez en la historia de la medicina revelan el efecto de la anestesia en los pacientes.
Fuente: La 100 radio

Balmis: el artífice de la primera misión humanitaria de la Historia. Por Coronel Carlos Bustos Saiz
Fuente: El Faro de Ceuta

Biografía de Asclepio (Esculapio), el dios de la medicina. Por Olivio Ferrando.
Fuente: Red Historia

Antonio Carreras (catedrático de Historia de la Ciencia): “La gente está teniendo comportamiento propios del siglo XIV”.
Fuente: La Gaceta de Salamanca

Católicos y científicos: Martínde la Cruz. Por Alfonso V. Carrascosa Santiago
Fuente: Ecclesia

Una isla para cuarentenas. Por Loreto Mármol.
Fuente: Público

Familia colombiana radicada en Miami honra el legado de la medicina. Por Camila Mendoza.
Fuente: Diario Las Américas

El aviso de Pedro Cavadas sobre el riesgo del coronavirus que desoyó el gobierno. Por Alberto Caparrós.
Fuente: ABC Comunidad Valenciana

Historia de la medicina. Noticias de interés en español (junio, 2020 #1)

Historia y desarrollo de la medicina intensiva.
Fuente: Diario de Chimbote

Montserrat Cabré: “Las pandemias realzan problemas que ya existen”. Por Monica G. Prieto.
Fuente: La Marea

La vacunación Jenner. Por Omar López Mato.
Fuente: Perfil

Muere Pere Mata, fundador de la medicina forense en el Estado. Por Marc Pons
Fuente: El Nacional cat

Desde la gripe española al MERS: la historia del uso del plasma para enfrentar pandemias.. Por Sebastián Dote.
Fuente: El Dínamo (Chile)

La historia de los 22 niños gallegos que salvaron al mundo de la viruela. Por Marta Docampo.
Fuente: Cadena 100

Científica, pionera y menospreciada: la injusta historia de Roalind Franklin, “La dama oscura del ADN”. Por Paula Peña.
Fuente: Vanity Fair

Cinco lecturas para pensar la ciencia y la técnica. Por Juan Carlos González.
Fuente: La Voz del Sur

Una máscara para la peste y la muerte: historia de los trajes médicos. Por Felipe Retamal.
Fuente: La Tercera

Nuestros ancestros lucharon contra el cocoliztli, y nosotros contra el COVID-19: la historia 500 años de epidemias en México. Por Oscar Steve
Fuente: Xataca (México)

Jorge Castellanos Robayo: el defensor de la atención primaria en salud. Por Daniel -Alzate Gutiérrez.
Fuente: Eje 21 (Colombia)

Ramón, el médico de pueblo. Por Pedro González Barbieri
Fuente: Agencia Digital de Noticias (Argentina)

La salud en las orillas: el curandero en el siglo XIX. Por Pablo A. Vazquez
Fuente: La Prensa (Argentina)

Gripe de Hong Kong, una epidemia más mortal que el COVID-19: la historia. Por Aquiles Siller
Fuente: Político (México)

El barbijo: una vieja y larga historia
Fuente: Río Negro (Argentina)

Oliva Sabuco, la manchega que descubrió en el siglo XVI el poder salvador de la mascarilla. Por María José Fuenteálamo
Fuente: El Español

José María Carrera: “Un médico también cura por lo que dice y la forma en que lo dice”. Por Ion Stegmeier
Fuente: Diario de Navarra

Cinco científicos LGBT que dejaron huella en la historia a pesar de los prejuicios. Por Romina Monteverde
Fuente: Teckcrispy

La mascarilla y una evolución marcada por pestes e infecciones
Fuente: Ultimahora

Coronavirus. La gripe olvidada que mató a más de un millón de personas hace medio siglo. Por Cristina J. Orgaz
Fuente: BBC

Lavarse las manos. Ignaz Semmelweis

Insertamos el guión del vídeo que subimos al canal de Youtube “Medicina, historia y sociedad” de Youtube hace unas semanas dedicado a Ignaz Semmelweis y que hemos titulado Lavarse las manos. Ignaz Semmelweis.

 

Entre los consejos que constantemente estamos recibiendo desde hace unas semanas para luchar contra la pandemia de Covid-19, destaca el lavado de las manos.

Nadie duda de que la higiene nos ha ayudado a librarnos de muchas enfermedades infecciosas o al menos reducir su incidencia. Pero es verdad que hace meses leíamos en algún artículo que la gente estaba perdiendo hábitos de higiene entre los que se encontraba el lavado de manos con cierta frecuencia.

A mediados del siglo XIX un médico también llamó la atención sobre este hecho para prevenir la temida fiebre puerperal. Proporcionó una explicación científica, pero hasta que llegaron Pasteur y Koch décadas después, casi nadie le hizo caso.

[Intro]

En 1924 el conocido y a la vez odiado médico y escritor Louis Ferdinand Céline presentó su tesis que hablaba de Semmelweis, personaje central en esta historia.

Nació Semmelweis en lo que hoy es Budapest (Hungría) en 1818. Entonces formaba parte del imperio austríaco cuya capital era Viena. Su padre poseía una tienda y un almacén de venta de especias y productos generales. Parecía que su vocación lo llevaba a estudiar derecho en la Universidad de Viena en 1873, pero al año siguiente cambió a Medicina tras asistir, según se dice, a una autopsia realizada por Rokitansky.

Allí tuvo a destacados maestros, como señala Céline, como el gran clínico Joseph Skoda y el anatomopatólogo Carl von Rokitanski. El primero de ellos incluso le ayudó a superar su depresión por las continuas bromas que le gastaban sus compañeros por su marcado acento húngaro. Si su carácter era ya algo difícil estos hechos lo acentuaron.

En 1838 regresó a Budapest y se inscribió en la nueva escuela de medicina que allí se creó, pero la enseñanza que se impartía no le gustaba. En 1841 regresó a Viena y sufrió una crisis vocacional. Mientras tanto se aficionó por la botánica. Finalizó sus estudios en 1844.

En 1845 fue nombrado por concurso profesor de cirugía. Sin embargo, su plaza tardaba en llegar. Aceptó un puesto de obstetricia convirtiéndose en ayudante de un mediocre Johann Klein que dirigía la primera clínica obstétrica del Hospital Maternal de Viena. Había una segunda que dirigía Franz Bartchs.

En cuanto Semmelweis empezó a destacar, agrupó todas las envidias contra él. Estas cosas, como vemos, no sólo pasan en España.

La mortalidad en cirugía era altísima. Lo mismo que en los dos servicios de obstetricia, donde la fiebre puerperal era frecuente.  Lo sabía la población y sólo las mujeres en absoluta miseria o las rechazadas por las intransigentes costumbres de la época (solteras embarazadas, prostitutas, etc.) acudían allí para parir.

Sensibilizado por la alta mortalidad Semmelweis intentó averiguar los motivos. Eso ya fue colocar la primera piedra, algo que parece que al resto del personal no le preocupaba.

Observó que la mortalidad en el servicio de Klein era muy superior al de Bartch. Su capacidad de observación le hizo fijarse en el hecho de que en el de Bartch eran exploradas y atendidas por las estudiantes de comadronas y en la de Klein por estudiantes de medicina.

Pensó que las maniobras de las futuras comadronas se realizaban con cuidado mientras que los estudiantes actuaban con cierta brutalidad produciendo inflamaciones. Puesto de manifiesto, se acusó a los estudiantes extranjeros de ser los responsables. Muchos fueron expulsados y la mortalidad descendió. Quizás una casualidad.

Mientras tanto Semmelweis descartó otras explicaciones pintorescas, incluso de tipo religioso, que no merecen que nos detengamos. Él estaba convencido que los motivos estaban allí, en su clínica.

Mientras tanto tuvo que hacer frente a burlas y críticas de parte de sus colegas y estudiantes. Le acusaron de que él mismo provocaba ansiedad a las parturientas que las predisponía a contraer la enfermedad.

Observó también que las mujeres que parían en la calle y después eran llevadas a la clínica se salvaban más que las que parían en la propia clínica. Entonces decidió seguir a los estudiantes mucho más de cerca. Recordó que cuando estaba trabajando con Rokitansky se temía que éstos se hicieran incisiones involuntarias durante las autopsias porque solían ser mortales.

Semmelweis estaba más cerca de la verdad. Sin demasiada base científica como hoy la entenderíamos, se le ocurrió que los alumnos se lavaran las manos antes de acercarse a las embarazadas. Hizo instalar lavabos en las puertas de la clínica.

A Klein le pareció una idea ridícula y se opuso de forma violenta. Hizo todo lo que estuvo en sus manos para deshacerse de su ayudante. Otros muchos colegas creían lo mismo. La cosa se salió de lo normal y el 20 de octubre de 1846 Semmelweis fue destituido.

Un grupo de médicos pidió explicaciones sobre los hechos. Skoda movió todos los recursos para que se le devolviera su puesto. Mientras tanto Semmelweis realizó un largo viaje a Venecia.

A los dos meses regresó. Acababa de fallecer su amigo el forense Jakob Kolletschka de una herida accidental durante una autopsia.

Revisando el caso Semmelweis dijo que “la noción de identidad de este mal con la infección puerperal de la que morían las parturientas se impuso tan bruscamente en mi espíritu, con una claridad tan deslumbradora, que desde entonces dejé de buscar por otros sitios”.

Los dedos de los estudiantes se contaminaban con los exudados de los cadáveres y transportaban esas partículas cadavéricas a los órganos genitales de las mujeres, especialmente al cuello uterino.

Gracias a la influencia de Skoda, Bartch, médico jefe de la segunda maternidad, acabó por recibir a su protegido a título de asistente, aunque en realidad no tuviese ninguna necesidad de personal en aquel momento. Se hizo una prueba: los alumnos de Klein pasaron a la clínica de Bartch a cambio de las comadronas.

La mortalidad en la clínica subió al 27 % lo que representa un aumento del 18 % respecto al mes anterior. Así, pues, se demostraba que el problema eran los estudiantes.

Ese mes ingresó una mujer que pensaban que estaba embarazada. Semmelweis la examinó y encontró un cáncer de cuello de útero. Después, sin pensar en lavarse las manos hizo tacto vaginal sucesivamente a cinco mujeres que estaban dilatando. En las semanas siguientes todas ellas murieron por infección puerperal.

Semmelweis escribió: “Las manos, por su simple contacto pueden ser infectantes”.

Pidió que se preparara una solución de cloruro calcificó con la que cada estudiante, que hubiese disecado el mismo día o la víspera, debía lavarse cuidadosamente las manos antes de efectuar cualquier clase de reconocimiento en una mujer encinta. En el mes que sigue a la aplicación de esta medida la mortalidad descendió al 0,23 por ciento.

Sin embargo, obstetras y cirujanos rehusaron, en un impulso casi unánime, con odio, el inmenso progreso que se les ofrecía. Klein logró agrupar contra Semmelweis desde el primer momento a casi todos los miembros de la Facultad.

Céline dice al respecto “En el corazón de los hombres sólo habita la guerra”.

Solo cinco médicos se colocaron al lado de Semmelweis: Rokitansky, el gran dermatólogo Hebra, Heller, Helm y Skoda.

Se consultó a médicos del extranjero, pero la mayoría no se molestó ni en contestar. Ni Amsterdam, ni Berlín ni Edimburgo. Tampoco París. Ni siquiera tuvieron la curiosidad de probar algo tan sencillo en sus clínicas. Hablar de médicos que producían iatrogenia no cabía en sus cabezas. La estupidez humana no tiene límites.

Insultos, calumnias, risas, odio… ya no sólo de colegas, también se unieron estudiantes y enfermeros. La situación se hizo insostenible y Semmelweis fue destituido el 20 de marzo de 1849 por segunda vez.

Skoda comunicó a la Academia los resultados concluyentes y absolutamente favorables a la teoría que acababa de obtener por infección de fiebre puerperal experimental en un cierto número de animales.

Hebra, declaró en la Sociedad Médica de Viena que el hallazgo de Semmelweis gozaba de gran interés para el porvenir de la cirugía y de la obstetricia, y solicitó el inmediato nombramiento de una comisión para examinar, con toda imparcialidad, los resultados que se habían obtenido. Pero la tarde de “ciencia” y “académicos” terminó en una verdadera batalla campal de insultos y calumnias hasta llegar a zurrarse.

El ministro prohibió entonces que la comisión se reuniera y obligó a ser Semmelweis abandonara Viena lo más pronto posible.

Cuando regresó a Budapest el ambiente social y político ya estaba muy enrarecido. Sucedieron muchas cosas que aquí no caben, pero, en definitiva, la personalidad de Semmelweis comenzó a deshacerse. En 1848 se produjo comenzó la revolución húngara.

Semmelweis vivía humildemente del ejercicio de la medicina. Por si fuera poco, dos desgraciados accidentes le provocaron fractura de brazo primero y de pierna después. Quedó incapacitado e inmovilizado en su cama. No murió de hambre y frío gracias a sus amigos que lo impidieron. Corría el invierno de 1849.

Su amigo el cirujano Lajos Markusovszky fue a Budapest a ver a Semmelweis y escribió a Skoda para contarle la situación. Consiguieron que Birley, director de la Maternidad de San Roque, lo aceptara durante unos meses si renunciaba a “sus ideas”. Semmelweis, sin embargo, no hizo nada nuevo, ni siquiera fue a ver a Birley.

Un día un médico le llevó un mensaje. Le contó que el obstetra Gustav Adolf Michaelis se había suicidado. Atendió un parto de una de sus primas, la infectó y murió de fiebre puerperal. Investigó si era él el responsable. Días antes había atendido a mujeres con fiebre puerperal y no guardó las debidas precauciones. La culpa le lanzó a la vía del tren.

Este hecho hizo despertar a Semmelweis que fue a ver a Birley. Mostrándose cauto con sus ideas obtuvo tiempo para escribir su única obra: La etiología de la fiebre puerperal.

Muerto Birley se hizo cargo de la maternidad e impuso sus ideas. De nuevo burlas, enemistades… incluso se dice que sus ayudantes no se lavaban las manos con plena conciencia para aumentar el número de muertes.

Poco a poco Semmelweis entró en demencia hasta convertirse en miseria moral a principios de 1865. Hacía cosas raras. Incluso abrió un cadáver, se impregnó de pus y se hizo a sí mismo una incisión. Enfermó.

Conocedor de tal degradación, Skoda fue a Budapest a buscar a Semmelweis para trasladarlo a Viena. Nada más llegar el 22 de junio de 1865 fue conducido al asilo de alienados. Tras una agonía de tres semanas murió allí el 16 de agosto de 1865.

Luego se ha dicho que esa última fase de Semmelweis se debía a una sífilis terciaria.

Esta historia debe ser motivo de reflexión para muchos científicos sobre sus conductas.

Hasta casi cincuenta años después de las observaciones de Semmelweis, gracias a Pasteur y a Koch, no se supo comprender sus ideas. Lister, del que nos ocupamos en otro vídeo, tuvo más suerte y su idea de la antisepsia fue aceptada finalmente con éxito.

Ya en el siglo XX, conocido el valor de la higiene y de la medicina preventiva, los gobiernos de diferentes países fueron introduciendo estas ideas entre la población en general y especialmente entre los niños.

Un ejemplo es la película corta  Hand washing in patient care, del Servicio de Salud Pública de los Estados Unidos que se lanzó con afán educativo en 1961.

Este otro, del Communicable Disease Center, de los Estados Unidos,  Hand washing in patient care, de 1962, es otro ejemplo.

Carteles, cartillas de higiene, libros de texto, etc., se llenaron de estas recomendaciones.

Más recientemente, en el brote de SARS que surgió en el Hospital Príncipe de Gales de Hong Kong en 2003, las autoridades sanitarias informaron al público que lavarse las manos ayudaría a prevenir la propagación de la enfermedad, causada por un coronavirus.

Ahora, con el COVID-19, todos las autoridades de todos los países han vuelto a insistir en el tema: Semmelweis sigue más vivo que nunca.

Bibliografía

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Vídeos

Hand washing in patient care
Contributor(s): Coppage, Claire M.
United States. Public Health Service.
Publication: [Washington, D.C.] : U. S. Public Health Service : [for sale by National Audiovisual Center; Atlanta : for loan by National Medical Audiovisual Center, 1961]
The National Library of Medicine believes this item to be in the public domain
https://collections.nlm.nih.gov/catalog/nlm:nlmuid-7601415A-vid

The nurse combats disease
Contributor(s): Lester, Mary R., McDonald, Ellen.
Communicable Disease Center (U.S.)
Publication: [Atlanta]: The Center : [for loan by National Medical Audiovisual Center ; Washington : for sale by National Audiovisual Center], 1962
The National Library of Medicine believes this item to be in the public domain.
https://collections.nlm.nih.gov/catalog/nlm:nlmuid-7602239A-vid

Historia de la Medicina. Noticias de interés en español (mayo, 2020 #2)

El informe Tuskegee. Por M;anuel Carmona Curtido
Fuente: kaosenlared.net

¿Cuando surgieron los cubrebocas?
Fuente: elsudcaliforniano.com.mx

Cuando el cólera cerró todo Chile: la “gran epidemia” de 1886 que mató a 30 mil personas. Por Felipe Retamal
Fuente: latercera.com

La verdadera historia del médico que salvó miles de vidas por saber escuchar a las mujeres. Por Verónica Lugo
Fuente: actitudfem.com

Tres pandemias que pasaron por Tunja, y la que llega. Por Abel Martínez Martín
Fuente: El Espectador

La mascarilla, una historia de pestilencia. Por Kelly Macnamara
Fuente: Chicago Tribune

La macabra y romántica historia de Anne, el primer maniquí para practicar primeros auxilios. Por Sendoa Ballesteros Peña.
Fuente: La Nueva España

¿Cómo la historia de la peste negra nos puede ayudar a superar la pandemia actual? Por Jhoanell Angulo
Fuente: tekcrispy

La enfermera Florence Nightingale. Por Antonio Varo Baena
Fuente: Diario de Córdoba

Curar a veces, ayudar confrecuencia y consolar siempre. Hipócrates de Cos. Por Santiago Fiol.
Fuente: mallorcadiario.com

Historia de una destrucción. Por Ramón Aymerich
Fuente: La Vanguardia

La curiosa historia de la “pandemia de baile” que azotó a Europa después de la peste negra. Por Juan Batalla
Fuente: infobae

El patólogo forense que conoce los secretos de la historia de Colombia. Por Jorge Cardona Alzate
Fuente: El Espectador

La verdadera y trágica historia del robo de líquido de rodillas. Por Santiago Salgado Borge.
Fuente: sinembargo.mx

20 museos de ciencias de todo el mundo que puedes visitar sin salir de casa
Fuente: sinembargo.mx

Qué es la telemedicina: tipos, definición, ventajas y desventajas
Fuente: La Nación

¿Cuántas veces se inventó la penicilina? Por Guillermo Pérez Rossel
Fuente: El País Viajes

Cómo un misterioso médico del siglo XIX está salvando vidas hoy. Por Ada Nuño.
Fuente: El Confidencial

Ilya Ilyich Mechnikov (1845-1916) y el fenómeno de la fagocitosis

Tal día como hoy, pero de 1845, nació en Charcow, Rusia, Elie Metchnikoff (Ilya Ilyich Mechnikov), quien en 1908 compartió el Premio Nobel de Medicina con Paul Ehrlich (1845-1915). Su padre era ofical de la Guardia Imperial y su madre era de origen judío. Desde sus años de escuela en Kharkoff mostró afición por la historia natural. Estudió ciencias naturales en la Universidad de Kharkoff realizando en sólo dos años lo que habitualmente los estudiantes cursaban en cuatro. Estuvo después investigando la fauna marina de Helgoland. Prosiguió sus estudios en las Universidades de Giessen y de Munich; en ésta última bajo el magisterio de Siebold. Más tarde realizó trabajos en Nápoles con Kovalevsky y preparó su tesis de doctorado sobre el desarrollo embriológico de la Sepiola y del crustáceo Nelalia. Regresó a Rusia en 1867.

Mechnikov

Imagen en dominio público. Procede de Wikipedia.

En 1870 fue nombrado profesor de zoología y anatomía comparada en la Universidad de Odessa, donde permaneció hasta 1882; lo dejó debido a las presiones del gobierno reaccionario, posteriores al asesinato de Alejandro II. Durante este periodo se dedicó a la investigación y, por un breve periodo de tiempo, en 1886, dirigió el Instituto de Bacteriología de Odessa. Durante la primera etapa publicó varios trabajos sobre la embriología de los invertebrados, destacando los dedicados a los insectos y a las medusas.

En 1883 estuvo en Messina en un laboratorio privado; allí inició los trabajos que después se convertirían en el capítulo más importante de su vida. Descubrió el fenómeno de la fagocitosis, a la que su nombre se suele asociar. Estudiando las larvas de la estrella de mar vio que se trataba de un mecanismo de defensa. Hizo después otros experimentos y comprobó que en la inflamación en los animales con sistema vascular, los leucocitos podían escaparse de los vasos y podían digerir bacterias. De regreso a Odessa visitó al profesor de zoología en Viena para explicarle el hallazgo, quien le sugirió el nombre de “fagocito”. Hizo una comunicación inicial sobre el fenómeno en el Congreso de Odessa en 1883 y publicó en el Virchow Archiv für Pathologische Anatomie und Physiologie (1884: 96: 177-95) el trabajo “Über eine Sprosspilzkrankheit der Daphnien. Beitrag zur Lehre über den Kampf der Phagocyten gegen Krankheitserreger”. Los estudios de Louis Pasteur sobre la rabia atrajeron a Metchnikov a París; además, Metchnikoff no era médico y tuvo ciertos problemas en su puesto en Odessa. Pronto se vinculó al Instituto de París donde sustituyó a su fundador en 1895. Permaneció en el puesto hasta su fallecimiento. Allí pudo proseguir sus trabajos sobre la inmunidad celular. Destacan sus trabajos “Sur la destruction extracellulaire des bactéries dans l’organisme”, que publicó en los Annales de l’Institut Pasteur (1895; 9: 433-61) y el volumen titulado L’immunité dans les maladies infectieuses (París, 1901), cuya versión inglesa se publicó en Nueva York en 1905.

Metchnikov firmó también el capítulo “Die Lehre von der Phagozyten und deren experimentelle Grudlagen” del Handbuch der pathogenen Mikroorganismen de Kolle y de Wassermann, que se publicó en Jena entre 1903 y 1909. En 1892 se editaron sus Leçons sur la pathologie comparée de l’inflammation. Llamó “fagocitos” a las células que eran capaces de ingerir pequeños microorganismo y diminutas porciones de sustancias extrañas; “macrófagos” a las grandes células mononucleraes de la sangre y de los tejidos especialmente relacionadas con la ingestión de partículas extrañas: y “micrófagos” a los leucoitos polinucleraes de la sangre que eran muy activos en la ingestión de microorganismos.

En el Instituto Pasteur probó también que la sífilis puede transmitirse al mono. Realizó estos estudios con Roux. Con él publicó en los Anales del Instituto Pasteur “Études expérimentales sur la syphilis” (1903-4; 17: 809-21; 18: 1-6). En 1905 se editaron las “Recherches microbiologiques sur la syphilis” y al año siguiente presentaron un resumen de sus trabajos en el Congreso Dermatológico de Berna.

Se dedicó más tarde a estudiar la flora intestinal. Lo relacionó con un aspecto muy disputado en la época, que era la longevidad. Atribuyó el envejecimiento a los procesos de putrefacción del intestino. Recomendó una dieta con leche fermentada con bacilli que producían gran cantidad de ácido láctico. Esta recomendación se hizo muy popular. Publicó en 1903 Étude sur la nature humaine, essai de philosophie optimiste y La vieillesse. En 1908 apareció “Etudes sur la flore intestinale” y, dos años más tarde, el artículo “Poissons intestinaux et sclérose”. En 1913 comenzó a tener problemas de corazón. Murió el 16 de julio de 1916 en París.

[Reedición]

Herbert Spencer Gasser (1888-1963)

Tal día como hoy, pero de 1963, falleció en Nueva York Herbert Spencer Gasser quien, en 1944, compartió el Premio Nobel de medicina con Joseph Erlanger por sus descubrimientos sobre las funciones de las fibras nerviosas aisladas.

Joseph_Erlanger
Imagen en dominio público, procedente de Wikipedia

Gasser nació en Platteville, Wisconsin, el 5 de julio de 1888. Estudió en la Escuela normal y después en la Universidad de Wisconsin, donde obtuvo el grado de bachiller en 1910 y el de máster un año después. Se formó en fisiología con Erlanger. Más tarde continuó su formación en la John Hopkins University y obtuvo el doctorado en 1915. Tras pasar un año en la Universidad de Wisconsin como farmacólogo marchó a la de Washington y fue asociado de Erlanger. En 1921 ocupó un puesto de profesor de farmacología.

Con una ayuda de la Fundación Rockefeller, en 1923 realizó un viaje científico por Europa. Trabajó con los profesores A. V. Hill, W. Straub, L. Lapicque y Henry Dale. Su actividad docente en la Washington University de St. Louis se prolongó hasta 1931. Posteriormente dirigió el Departamento de Fisiología del Cornell University College (New York) hasta 1935. Por último fue nombrado director del Rockefeller Institute for Medical Research, retirándose el mismo año en que falleció.

Como hemos señalado, Gasser se encontró con su maestro Erlanger en St. Louis en 1921. Desde entonces desarrollaron una investigación conjunta que más tarde les valió el Premio Nobel. Los resultados los ofrecieron en el trabajo “The compound nature of the action current of nerve as disclosed by the cathode ray oscillograph” que se publicó en el American Journal of Physiology (vol. 70, pp. 624-666) en 1924. Ambos colaboraron también en la redacción de la obra Electrical signs of nervous activity (1937). Sus trabajos de investigación estaban encaminados al estudio en profundidad de las funciones diferenciadas de las fibras nerviosas. Esto mismo intentó hacer el británico Edgar Douglas Adrian utilizando un electrómetro capilar y un amplificador. Sin embargo, Erlanger y Gasser usaron un oscilógrafo de rayos catódicos valiéndose del tubo que ideó el físico alemán Karl Ferdinand Braum. Pudieron diferenciar así la distinta capacidad de conducción de las fibras nerviosas que estaba en relación directa con el grosor de las mismas. Es de destacar su precisión técnica y el rigor con el que actualmente se realiza la investigación neurofisiológica.

Gasser recibió doctorados honorarios de varias universidades como Rochester, Columbia, Harvard, Oxford y París, entre otras. Fue nombrado doctor honoris causa por la Universidad Libre de Bruselas y la de París. Fue miembro de la Academy of Sciences, la Philosophical Society, la Association of American Physicians, y la American Physiological Society, entre otras.

[Reedición]

Historia de la Medicina. Noticias de interés en español (mayo, 2020 #1)

Comunidad indígena en Ecuador teme ser eliminada por el avance del coronavirus.
Fuente: Swissinfo.ch

La OMS pide testar la eficacia de la medicina tradicional en África contra el Covid-19.
Fuente: Siglo XXI

La OMS apoya la medicina tradicional científicamente probada. Por Agustín Millán.
Fuente: Diario 16

Gripe española y COVID-19: en qué se parecen. Por Francisco Cañizares.
Fuente: Consumer Eroski

La primera vacuna de la humanidad data de 1796 contra la viruela. Por Karina Méndez.
Fuente: Quadratin (México)

Cómo cambió el mundo hace cien años con la gripe española.
Fuente: BBC News Mundo

“Hubo muchas mujeres entre los herejes de la Sevilla del siglo XVI”. Por José Antonio Ollero.
Fuente: Diario de Sevilla

La distancia social: lecciones de la pandemia de 1918. Por Nancy K. Bristow.
Fuente: El Diario.es

Otras pandemias, qué podemos aprender de ellas.. Por Francisco Cañizares.
Fuente: Consumer Eroski

June Almeida, la científica que descubrió los coronavirus. Por Felipe Alcaíno.
Fuente: DUNA 89.7

Recuerdos de la peste de Atenas del 430 a.C. y algunas enseñanzas para hoy.
Fuente: El Pitazo

Los muros no detienen a las enfermedades sino a la ciencia. Por Hodei Ontoria.
Fuente: Público

¿Cómo combatió Córdoba la epidemia del siglo XIX? Por Rafael Ruiz.
Fuente: ABC Córdoba

Roosevelt, lecciones de liderazgo. Por José M. Areilza.
Fuente: Las Provincias

Médicos distinguidos en la epidemia de cólera morbo de 1893. Por José Manuel Ledesma Alonso
Fuente: El Día

La historia del bálsamo más famoso de Asia: el bálsamo de tigre. Por Blanca del Río
Fuente: Elle

La verdadera historia de la científica sin estudios que descubrió los coronavirus. Por Carlos Megía.
Fuente: El País

Católicos y científicos: Pedro Manuel Chaparro. Por Alfonso V. Carrascosa.
Fuente: Ecclesia

Ciencia y superstición. Por Marcelino Gutiérrez.
Fuente: El Comercio

La vacuna del doctor Piguillem y la leyenda española del hombre vaca. Por Marc Pons.
Fuente: El Nacional. CAT

El niño coruñés que “estrenó” la penicilina en España
Fuente: El Español