¿Experiencias de telemedicina hace 81 años? (III)

Viene de un post anterior.

Las revistas se hicieron eco también de la experiencia llevada a cabo entre el doctor Montellano, de Buenos Aires, y el doctor Calandre, de Madrid. En esta ocasión voy a reproducir la reseña de una revista dedicada al mundo de la radio, Ondas, que copia prácticamente el artículo de Félix Herce que se publicó en Sol. Asimismo no faltaron los acercamientos más satíricos como el que apareció en Muchas gracias. Revista cómico-satítica.

Las maravillas de la Ciencia. El doctor Calandre diagnostica desde Madrid a unos enfermos de Buenos Aires
[Félix Herce. Ondas, Año VI, número 264, 5 de Julio de 1930, p. 8]

El  redactor de “El Sol” don Félix Herce, publicó en dicho periódico madrileño, el jueves 26, una curiosa información, que reproducimos:

“Ayer mañana cuando se disponía a salir para pasar su consulta del Hospital de la Cruz Roja, recibió un aviso telefónico el doctor Calandre, por el que se se comunicaba que el doctor Montellano, de Buenos Aires, quería transmitirle una demostración de ruidos y tonos cardíacos desde la capital del Plata por medio de la radiotelefonía.

En la Compañía Telefónica esperaban al doctor Ca!andre, con los directores y alto personal, los doctores Pulido, Cortezo (V.), Ubeda, Cerrero y los médicos de la Compañía.

Para poder transmitir la interesante demostración científica cooperaba con la Compañía Telefónica Nacional la United River Plate Telephone Company.

El doctor Montellano explicó cómo transmitía la auscultación, valiéndose de un amplificador y con un micrófono puesto sobre el pecho del paciente, utilizando la radiotelefonía para la tranmisión a distancia.

La emoción de todos al escuchar los ruidos del primer corazón fue intensa; se oían claros, precisos, como si se auscultara directamente, sin ningún ruido intermedio que los desfigurara. Se trataba de un individuo normal, cuyo corazón mostraba una ligera taquicardia
(velocidad en el ritmo, cien pulsaciones al minuto). Esta velocidad era debida al estado de emoción del sujeto con el que se hacia la experiencia.

Después, el micrófono se apoyó sobre pechos enfermos. Los ruidos ya no eran normales. En unos, los latidos eran galopantes; en otros variaba la intensidad de unos a otros. Calandre fué escuchando atentamente los diversos enfermos, y pronunció el diagnóstico auscultatorio por el orden siguiente: insuficiencia aórtica, estrechez mitral, enfermedad de Hogdson e insuficiencia mitral. El asombro de todos fue grande cuando el doctor Montellano, con voz emocionada, confirmó en absoluto que los diagnósticos auscultatorios de Ca- landre correspondían con las fichas clínicas que leyó a continuación.

Seguidamente, el doctor Montellano presentó varios enfermos de aparato respiratorio, oyéndose claramente los ruidos clásicos de una bronquitis crónica y varios casos más de lesiones típicas pulmonares.

Terminó el doctor argentino por pronunciar unas cariñosas frases de saludo hacia la Medicina española.

Antes de abandonar al doctor Calandre conversamos brevemente con él. Se mostraba entusiasmado de la experiencia, a la que daba más valor como experiencia científica que como adelanto clínico, pues bien es sabido que para diagnosticar un proceso cardíaco no basta sólo el oír los ruidos del corazón; son muchos los datos clínicos que se necesitan para un perfecto diagnóstico. Pero como experiencia científica es asombroso, y es la primera vez que se realiza en España.

Con este motivo nos recordó que la amplificación de los ruidos del corazón, con fines docentes, por medio de las lámparas de tres electrodos, es un hecho realizado hace tiempo en Bruselas por Philippson.

Ya Calandre, en una de sus últimas conferencias, hablaba de esta amplificación y aun de algo más positivo: registrar los ruidos cardíacos en película sonora, trabajo que piensa emprender el próximo otoño en el Hospital de la Cruz Roja.

El suceso, aunque desconocido por el público, causó gran sensación en los que lo presenciaron, por lo que representa para la clase médica. Hemos de manifestar que dentro de breves días se repetirá, con la retransmisión de vanos casos de enfermos cardiacos y respiratorios de una clínica de Buenos Aires, explicando una lección el doctor Montellano”

Corazones por radio
[José Bruno. Muchas gracias. Revista Cómico-satírica, Año VII, Número 335, 12 de Julio de 1930, p. 19]

Hoy las ciencias adelantan de un modo que es la verdadera barbaridad. A nuestro eminente doctor Calandre le ha transmitido el doctor Montellano, desde Buenos Aires, el ruido de varios corazones. Un descubrimiento que parecería propio de los tiempos románticos. El mentado doctor bonaerense avisó a nuestro médico, y le dijo:

—A ver si oye usted este corazón de un amigo mío, que se halla presente aquí, en mi clínica…

Y valiéndose de un amplificador de radio, y poniendo un micrófono sobro el pecho del tal, hizo una demostración de ruidos y tonos cardíacos ¡desde la ciudad del Plata!, ya digo, ‘Nuestro doctor Calandre oyó latidos de un corazón normal, y luego, de diversos corazones enfermos.

La cosa era estupenda. Se había ideado e inaugurado una auscultación gigantesca, fenomenal: nada menos que la transmisión trasatlántica de latidos de corazones.

A mí se me antoja esa prueba científica el mejor acto llevado a cabo, hasta ahora, para el fomento de las cordiales relaciones hispanoamericanas ; y mientras no se haga esto un cansino tópico literario y oratorio, me seguirá pareciendo bello.

¿Qué cosas se derivarán de la prueba hecha? No se sabe.

Quizá, que un enfermo cardíaco, desahuciado aquí, pueda consultar al doctor Montellano; y un repudiado en la Argentina pueda consultar al doctor Calandre.

Yo lanzaría también la idea de que se estableciera un servicio de transmisión cordial entre enamorados a gran distancia.

Se oiría el siguiente o parecido despacho :

—Paca; oye cómo mi corazón palpita por ti… ¡ Plon, plon, plon… i

Paca respondería:

—Pues, escucha tú el mio… ¡ Plon, plin, plum!…

—¡ Pero, chica; tú debes ir al médico, porque tu corazón no me gusta nada!

—Es la emoción.

—Pues, allá va un beso… ¡¡Plum!!

Con este servicio original, el corazón que lata por otro corazón sabrá de la fidelidad, de la firmeza e invariabilidad con que el amado corazón lejano lata.

¿Les estoy dando a ustedes la lata? Pues, ahueco. A hueco me está sonando a mí toda esta monserga. El corazón me lo está diciendo, y lo oigo perfectamente.

En el siguiente post haré referencia a la segunda prueba que se llevó a cabo a primeros de julio.

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