El ‘606’ en el ‘Heraldo de Madrid’ (4)

Seguimos con esta serie de breves y artículos sobre el ‘606’ publicados en el Heraldo de Madrid, para el trabajo que estamos preparando. Ya que andamos en la tarea, creo que es interesante compartir estos artículos dentro del espíritu de la Web 2.0 y porque es una forma de recuperarlos para quien esté interesado.

En noviembre se publicó una interesante entrevista a uno de los protagonistas, el Dr. Azúa, que apareció en portada, con fotografía. Se la hizo el Dr. José de Eleizegui. Aquí la transcribimos:

El 606
Hablando con el Doctor Azúa

La experiencia personal desde que regresó de Francfort el doctor Azúa.— Veintiséis casos tratados.— Modificaciones prácticas.— Su juicio comparativo con los demás tratamientos.— ¿Adónde llegará el 606?— ¿Qué porvenir aguarda a la quimioterapia?

Sigue siendo la novedad científica del día el preparado de Ehrlich. Se suceden las publicaciones, se repiten las casuisticas, se propaga el método, y ya no solo la clase médica, sino la Humanidad entera, está pendiente de que la Ciencia dé su definitiva sanción. Escuchar a Azúa resultaba, pues, de un interés extraordinario. Los juicios del primer especialista español tienen para nosotros toda la fuerza de una sentencia irrefutable… porque, al exponerlos ahora, habla por propia cuenta, por investigación personal, resultado de sus trabajos en la clínica de San Juan de Dios.

Decididos, pues, a interrogarle, contábamos desde luego con su amabilidad, nunca desmentida, o invocando la necesidad de exteriorizar la labor de nuestros maestros en crédito de la cultura patria, sabíamos que era hacedero el que nos dedicase unos minutos. Y así fue. Nuestro deseo se cumplió ampliamente, y nos honramos dando al mundo la opinión documentada y terminante de Azúa acerca del 606.

Hela aquí, fielmente reproducida:

—Mis observaciones propias confirman la eficacia grande e inmediata del 606 para hacer desaparecer las manifestaciones genuinamente sifilíticas, en un tiempo mucho más corto que con la medicación mercurial y potásica. Justifican esta opinión los siguientes hechos: ayudado por los Dres. Nonell, Covisa, Aja y Serrano hemos practicado hasta la fecha 26 inyecciones, de las que 16 han sido intravenosas, 7 intramusculares y 3 por un procedimiento con mezcla de lanolina, petrovaselina y 606.

Entre los casos hay uno de un niño de pocos meses, con graves lesiones en la boca y garganta, que desde una semana antes de la inyección le impedían tragar y mamar, y en estado tan agónico al ser inyectado que ni siquiera sintió el pinchazo de la aguja. Murió a las ocho o diez horas. Se empleó el método Ht. Evidente es, dado su estado de muerte inminente, a causa, principalmente, de la falta de alimento, que ninguna responsabilidad alcanza al 606.

En la clínica de Herxheimer he visto un caso parecido con igual resultado, y es que no hay medicina alguna capaz de salvar agónicos. En cambio, otros muy graves, pero aún con resortes vitales, han obedecido al 606 con gran premura.

Un enfermo tabético no avanzado ha tolerado, exceptuadas las molestias locales, la inyección intramuscular sin contratiempo alguno. Quince días después sólo acusa ligeras mejorías sintomáticas, que aún no es tiempo de decidir si son verdaderas o puramente sugestivas.

Otro inyectado intravenoso por neuritis óptica específica el día 19, no presenta aún modificaciones apreciables en los tres días transcurridos.

En los 23 restantes, el resultado inmediato ha sido una franca mejoría claramente apreciable, tanto que en 14 de los 16 enfermos tratados por inyección intravenosa se hizo ostensible antes de las 24 horas.

Uno que cito expresamente  ‘sin más propósito que establecer la mayor intensidad de acción de la inyección intravenosa’, tenía grandes y viejas lesiones gomosas. Fue tratado por el Dr. Bandelac con inyección intramuscular de cinco decígramos de 606 y no se notó mejoría alguna. Persistiendo este estado, 25 días después de la intramuscular, inyecto en las venas 4 decígramos. Pasan tres días sin modificación importante objetiva, aunque sí con sensación subjetiva de bienestar, y desde el cuarto día se inicia rápido alivio que lleva camino de curación.

Los enfermos inyectados intramuscularmente por mí, han mejorado todos también muy rápidamente, y lo mismo ha sucedido a uno inyectado por el Sr. Aja. El método con lanolina y petrovaselina, ha sido seguramente eficaz, pero comienza un poco más lentamente y acrecienta su acción del segundo al tercero día.

En resumen: ningún efecto perjudicial, y exceptuado el tabético, aun en tela de juicio, efectos favorabilísimos en casos graves, algunos de los cuales han curado antes de doce días.

En inyección intramuscular  hemos puesto cinco y seis decígramos y usado el método de H, eficaz sin duda, pero doloroso. Con la fórmula de la lanolina, cinco y seis decígramos.

En inyección intravenosa, de tres a cuatro decígramos. No hemos tenido ningún fenómeno de infección. La fiebre ha sido, a veces, alta, pero pasajera. Algunos han tenido náuseas o vómitos y diarrea, sin dolores.

Impertinente sería hacer constar aquí ‘detalles descriptivos’ que abrillantasen el valor del 606, y reservo para una publicación técnica; pero en conjunto, de mis observaciones se desprende que las sífilis graves y precoces, las lesiones tercianas, incluso las óseas y articulares, las manifestaciones en las mucosas, tan peligrosas por los contagios que ocasiona, y la lesión inicial de la enfermedad se curan facilísimamente con el 606. También hemos curado una albuminuria por sífilis y aliviado transtornos de la vista y del oído. También hemos hecho tratamiento abortivo mediante la destrucción de la lesión inicial con aire caliente e inyecciones múltiples periféricas de 606 e inyección intramuscular.

—Y dígame, don Juan, ¡qué modificaciones ha hecho usted al procedimiento?

—Ahora verá. Schreiber, de Magdeburgo, que ha estudiado y sistematizado de un modo admirable el método de las inyecciones intravenosas, emplea para hacerlas una jeringa de disposición funcional muy ingeniosa, puesto que evita que sin conocimiento del operador se pueda inyectar el 606 fuera de la vena; pero es de manejo algo engorroso. He sustituido la jeringa por un inyector por presión de altura, que permite también comprobar cuando está bien colocada la aguja y es de más fácil manejo que la jeringa de Schreiber.

El aparato resultará de precio muy económico, de desinfección muy sencilla y con ayuda de una persona cualquiera, aunque no sea médico, podrá ser seguramente manejado, contribuyendo de esta manera a la difusión de la práctica de las inyecciones intravenosas de 606, método que en los casos graves y para hacer el primer ataque a la enfermedad, tiene una supremacía evidente sobre todos los demás.

Otra pequeña modificación consiste en la adaptación al 606 de la fórmula misma que sirve para preparar el aceite gris, salicilato de mercurio y calomelanos, con lanolina y petrovaselina. He comunicado esta técnica de preparación desde Francfort a la Sociedad Dermatológica Española en la sesión del 6 de octubre de este año. Posteriormente, los doctores Levi-Bing y Lafay han publicado el día 20 de octubre en la ‘Gazette des Hopitaux’ este mismo procedimiento, disminuyendo la cantidad de lanolina e indicando sería ventajoso sustituir la petrovaselina por el aceite de clavel coagulable.

He practicado tres inyecciones con la mezcla propuesta por mí; en dos casos apenas han molestado después de hacerlas, y en los días siguientes no han sido apenas incómodas. Pero en una mujer, la inyección ha sido dolorosa inmediatamente después de hecha, y ha continuado molestando varios días.

Kromayer, de Berlín, hace las inyecciones en parafina líquida, resultando una emulsión que dicen que no es dolorosa al inyectarla; pero nosotros hemos comprobado en la misma clínica de Kromayer que días después es dolorosa. Si las preparaciones hechas con lanolina y petrovaselina u otra grasa aceitosa resultase que no alteran el 606, podría encontrarse con ellas un método que, aunque no de acción tan intensa y rápida como la inyección intravenosa y la de Ht, fuese utilizable cuando las circunstancias no exigiesen tanta prisa o intensidad. Una disposición de la masa o o inyectar en tubos a estilo de cómo están los calomelanos Zambelieri, sería muy aceptable.

—¿Por manera que no hay exageración en decir que el 606 es maravilloso y superior a los demás tratamientos?

El tratamiento por el 606 produce la impresión, por sus inmediatos y bruscos resultados en los ‘casos que está indicado’ de un medicamento altamente específico , que destruye el germen de la enfermedad y regenera los tejidos con rapidez sorprendente, sin originar en el organismo más que alteraciones leves y pasajeras. Médicamente se palpa que la medicación aniquila el agente causal de la avariosis ‘en las lesiones en actividad’.

No es posible afirmar actualmente que el 606 extinga la enfermedad con una sola inyección, y en cuanto a la acción  de varias consecutivas, a través de meses o de años, no han pasado los bastantes para que sobre este punto se puedan hacer afirmaciones definitivas.

El tratamiento abortivo por destrucción de la lesión inicial, inyecciones periféricas a ella  o inyección intramuscular soluble, representa el máximum de garantías terapéuticas; pero sólo cuando los enfermos así tratados pasen años sin manifestaciones y sin reacción de Wasserman, podrá estimarse se consiguió la curación definitiva.

Seguro es se trata de un medicamento perfectamente específico, cuyo uso repetido, ‘si se demuestra no tiene inconvenientes’, nos debe conducir, dada su superioridad específica sobre el mercurio, a resultados que superen a los conseguidos con este también excelso medicamento. Pero todo depende de que sea o no posible hacer tratamientos crónicos con el 606. Si no son posibles, el mercurio persistirá con su envidiable acción específica para ser empleado después de los ataques hechos con el 606 en los casos en que éste resulte ineficaz o cuando esté contraindicado por condiciones del enfermo. Es un propósito muy razonables el asociar en una misma fórmula química los elementos activos del 606 ey el mercurio, y quizás esto ya se persigue por los maestros inventores de esta medicación.

—¿Y la noticia que ahora circula por la Prensa de modificaciones que ha hecho Ehrlich a su preparado?

—La acción divulgadora de la Prensa, usted lo sabe, querido Eleizegui, se corre ‘algunas veces’, y esto ha sucedido con el notición referente a la vieja novedad de que Ehrlich recomendaba las preparaciones solubles; quien trajo la noticia llegó con retraso. Ehrlich ha recomendado siempre como mejor tratamiento la inyección intravenosa, a lo menos para la primera intervención terapéutica, y claro es que las inyecciones intravenosas han sido y son en disolución perfecta. Así las han ejecutado Iversen y Scheiber desde el principio de la experimentación, y así las hacemos nosotros. Por otra parte, los procedimientos de Ht, de Duhot, de Taiges y otros, ya dados a conocer algunos hace tiempo, son también disoluciones del 606.

En resumen: que la anunciada última novedad no lo es, porque desde hace tiempo ya se realiza.

—¿Tiene usted fe en la quimioterapia?

—Mi opinión respecto de la quimioterapia es la de una profunda admiración hacia unos estudios que llevan camino de hacer pasar el arte de curar, un tanto aventurero a veces, a la categoría de ciencia da curar, precisa y consciente en sus determinaciones, y realizadora de la máxima perfección terapéutica: curar sin producir perjuicio alguno. A los sabios nunca bastante venerados como Ehrlich que orientan la ciencia por esos derroteros llenos de esperanza, la humanidad actual nunca los recompensará bastante. Los hombres del porvenir los harán santos, si para entonces los santos están de moda.

Los enfermos esperaban. Los minutos que se distraiga a Azúa son otros tantos perjuicios para el paciente que aguarda. Era necesario poner punto final a una conversación tan interesante y definitiva, Interesante porque el 606 ha llegado a apasionarnos a los médicos; definitiva porque, al menos para mí, en estas cuestiones D. Juan es un oráculo,

Dr. José de Eleizegui

Heraldo de Madrid, 22 de Noviembre de 1910, p. 1

Reproducción parcial de la portada en la que aparece la entrevista

[Proyecto HAR2008-04023]

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