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El ‘606’ en el ‘Heraldo de Madrid’

5 julio 2010

El Heraldo de Madrid fue uno de los diarios más importantes de España y de mayor tirada. Comenzó a publicarse en 1890 y terminó de hacerlo en 1839. En 1893 fue adquirido por José Canalejas y su grupo que ocupaban una posición de izquierdas dentro del Partido Liberal. En 1906 lo fue por la Sociedad Editorial Española de la que ya formaban parte tanto El Imparcial como el El Liberal.

El Heraldo de Madrid dio cumplida noticia en 1910 de la llegada del ‘606’ y publicó varios artículos al respecto. Contiene datos que, por el momento, no hemos visto en otras publicaciones.

Hoy reproduzco el que apareció en agosto de 1910, redactado por Luis Bonafoux, que habla de la polémica Doyen-Ehrlich (Francia y Alemania) sobre la nueva sustancia, seguidos de otros más breves que aparecieron hasta el 21 de septiembre.

París al día. El duelo Doyen-Ehrlich

Si yo no estimara profundamente —en su calidad de sacamantecas de la Ciencia— al doctor Doyen, buena ocasión sería esta para ensañarme en su personalidad de sabio.

‘Le Journal’ publicó la noticia tan importante para la Humanidad, de que el profesor alemán Ehrlich había descubierto un remedio, el ‘606’, para curar, en los más de los casos, a ciertos enfermos. desde luego, notaba el más lego que el informe contenía errores y equivocaciones, debido o a ignorancia del reporter o a la precipitación con que se hacen los trabajos periodísticos de información; pero el buen doctor Doyen se abalanzó a la primera columna de la primera plana de ‘Le Matin’, rival de ‘Le Journal’, para consignar, sin más, que

606—0

Luego la emprendió con el profesor Ehrlich por su ‘nota extraordinaria’ y su ‘opinión prematura’, y con el Dr. Koch, y con el Dr. Behring, y con ‘la patriotería científica de los sabios alemanes’, y terminó con un toquecito político contra los que dijeron que debía bajarse a tiros los aeroplanos franceses que pasaron la frontera. ¡Todo un sabio ocupándose, en un artículo científico, de una botaratada de un periodicucho alemán, que hizo una frase por hacer un reclamo!

He dicho que había terminado el doctor Doyen, y he dicho mal: el doctor terminó su estupendo análisis de un remedio que, según él, se titula ‘606’ ‘para excitar con su apariencia misteriosa la curiosidad pública’, aconsejando el tratamiento de la sífilis por su ‘Micolisina’, cuyas dos primeras sílabas escaman a cualquiera.

Así las cosas, y cuando los más de los lectores juzgaban que el ‘606’ era una camama y el profesor Ehrlich un impostor, el citado ‘Le Matin’, cumpliendo deberes de información y de justicia, ha tenido que afirmar la verdad del descubrimiento del sabio alemán, ‘reconocida —dice aquel diario— por sabios de Berlín. Petersburgo, Moscou, Bucarest, Roma, Melbourne, Tokio, Chicago, Lyon, y por el Dr. Thomas, del Instituto Pasteur, de París’.

El profesor alemán, después de explicar las condiciones de su suero —servido gratis a quien lo pide—, que llamó ‘6060’ porque le precedieron, sin éxito, 605 fórmulas, combinadas por él en veinticinco años de trabajo, se extraña de que el doctor Doyen ‘prefiere inspirarse en el error de un periodista a enterarse de las múltiples publicaciones científicas que han tratado del remedio’.

—Por lo demás— añadió—, yo he observado algo así como una paridad internacional, no haciendo distinción entre franceses, alemanes, rusos o americanos, a todos los cuales he entregado gratuitamente mi remedio.

Ahora sólo falta —para colmo de parisinismo— que el Dr. Doyen le mande los padrinos al profesor Ehrlich, proponiéndole, para zanjar la desavenencia científica, un duelito, con puntazo, cinematógrafo y 606 bombos en los periódicos.

Luis Bonafoux

Heraldo de Madrid. Miércoles 24 de Agosto de 1910, p. 1

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Comentarios breves. El de la suerte

El de la suerte, queridos lectores, para los infelices de sangre envenenada es el 606. Yo no pensaba hablar del 606, ni de Ehrlich, el sabio autor de la fórmula, al que no había oído citar en mi vida, ni de Doyen, su contradictor irrespetuosísimo, al que conozco mucho tiempo gracias a Bonafoux, ni a los amigos a los que interesa que el remedio sea verdaderamente eficaz.

Pero yo no pensaba hablar del 606 porque creía —¡infeliz de mí! — que a la gran masa del público teníala sin cuidado el acierto  o el desacierto del doctor alemán. ¡Sí, sí, Percebea!… La gran masa charla por los codos en los tabernuchos, en las sacristías, en los Casinos, en los cafés, en los teatros, discutiendo la virtud curativa del 606 o afirmando que sus efectos son milagrosos; la gran masa espera que lleguen a Madrid los tubitos de Ehrlich como si estuviese hambrienta y aguardase el maná; la gran masa, revolucionados los nervios y epiléptica de ansiedad, devora cuanto se refiere a Ehrlich y a su descubrimiento. ¿Procede así la gente por desinteresada y noble curiosidad, por amor a la Ciencia?… No; procede así por egoísmo, por terror, por esperanza. La tercera parte de los españoles —ahora se ha demostrado— necesita inyectar en sus venas el preparado de Ehrlich; hay muchos miles de litros de sangre azul podrida —alégrense los rojos—, y muchos millones de litros de sangre roja envenenada —alégrense los azules—. España, en esto, es completamente europea, y su corrupción puede compararse con las más civilizadas currupciones. Caprínez, el valiente bohemio, no está más podrido que Percebes, el notable artista, y Percebea no tiene más fango en la sangre que Cacumendi, el piadoso burgués. Millones de criaturas que están muriéndose a chorros piden a gritos el 606, y salúdanse con simpatía ante la inyección igualitaria.

¡El 606! ¡Un remedio que cerrará las llagas de las víctimas del amor y que les pondrá en condiciones de volver al dulce combate! ¡Un remedio que afirmará unas narices que se desprendían, que dejará terso y limpio un cutis rugoso y manchado, que restablecerá los bríos de una juventud que se amustiaba!…Aunque fuera peligrosa la aplicación del preparado —que no lo es, según Ehrlich— convendría arriesgarse. Porque más vale morir con esperanza, que ‘doblar’ desesperado a los pies de un especialista, que no os cura y que os varea.

Parmeno
Heraldo de Madrid, miércoles, 21 de septiembre de 2010, p. 1

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Noticias sueltas. El 606

El Dr. Bandelac visitará pasado mañana el hospital de San Juan de Dios, con objeto de elegir los enfermos a quienes ha de aplicar el famoso ‘606’.

En la visita será acompañado por el ministro de la Gobernación

Heraldo de Madrid, miércoles, 21 de septiembre de 2010, p. 2

[Proyecto HAR2008-04023]

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