Historia de la ilustración anatómica II

Como siempre, al subir un nuevo vídeo al canal de Youtube Medicina, historia y sociedad, incluimos en este blog la transcripción del guión del anterior. Éste hace referencia a la segunda parte de la Historia de la ilustración anatómica.

[Intro]

Seguimos en este vídeo la historia de la ilustración anatómica que iniciamos en el inmediato anterior y cuyo enlace pueden encontrar aquí arriba (señalando)

Decíamos que el potencial del color en la metodología de la ilustración no se realizó plenamente hasta el último periodo.

Mostrábamos alguna de las extraordinarias láminas de Paulo Mascagni (1755-1815), prosector de Anatomía en la Universidad de Siena, como la del ‘tórax explotado’. Su Anatomia Universa (1823-1832) fue una obra completa de anatomía con cuarenta y cuatro láminas coloreadas a mano posiblemente por Antonio Serrantoni.

A continuación hablaremos del último periodo, de las reconstrucciones anatómicas por planos, de la divulgación de la anatomía y de los avances proporcionados por las nuevas tecnologías.

[Títulos]

El último periodo fue el que marcó  De basi encephali  de Soemmering  de 1778 hasta mediados del siglo XIX.

Una característica de esta fase es un mayor cambio hacia la anatomía de los órganos internos, a la luz de los nuevos descubrimientos realizados como resultado de un estudio más especializado.

La mecanización de la imprenta en el siglo XIX, junto con la invención y el desarrollo de la litografía, hizo que los textos y las ilustraciones pudieran producirse en masa y distribuirse ampliamente a través de redes de editores y libreros.

Con la introducción de la cromolitografía en la década de 1830, la ilustración anatómica alcanzó quizás su nivel más alto en el atlas de ocho volúmenes de Bourgery. 

Bourgery empezó a trabajar en su magnífico atlas en 1830 en colaboración con el ilustrador Nicolas Henri Jacob (1782-1871), un alumno del pintor francés Jacques Louis David. Los primeros volúmenes se publicaron al año siguiente, pero completar el tratado requirió cerca de dos décadas de esfuerzos; Bourgery consiguió culminar en vida su magna tarea, pero el último de los ocho volúmenes del tratado no se publicó en su totalidad hasta cinco años después de la muerte de su autor.

Los ocho volúmenes del tratado de Bourgery cubren la anatomía descriptiva, anatomía topográfica y técnicas quirúrgicas (con descripciones detalladas de casi todas las principales intervenciones que se realizaban durante la primera mitad del siglo xix), anatomía general, embriología y anatomía microscópica.

Aquí podemos contemplar unas láminas del primer volumen dedicado a la Osteología y Sindesmología (huesos, articulaciones y ligamentos). Aquí otras del segundo volumen sobre Miología, es decir, músculos, tendones y fascias.

Del tercer volumen consagrado a la Neurología (sistema nervioso central, periférico y vegetativo, así como los órganos de los sentidos) podemos observar estas láminas.

La Angiología (corazón, arterias, venas y sistema linfático) constituye el cuarto volumen. He aquí unas láminas del mismo.

Estas otras láminas son una muestra del quinto volumen dedicado a la Esplacnología constituido por las vísceras abdominales, aparatos digestivo y genitourinario.

Y estas otras lo son del sexto volumen sobre Anatomía quirúrgica o topográfica.

Estas lo son del séptimo volumen, también consagrado a la anatomía quirúrgica, que contiene interesantes láminas de procedimientos quirúrgicos con sus instrumentos. Por último, estas láminas son un ejemplo del octavo volumen dedicado a la Embriología, Anatomía comparada y Anatomía microscópica.

Todas las láminas del Traité se realizaron e imprimieron mediante la litografía, que significa “escritura o dibujo en piedra”. Esta técnica nació en Praga entre 1796 y 1798. Su descubrimiento supuso una auténtica revolución, ya que hasta entonces el único medio para reproducir una imagen era el grabado en hueco especialmente sobre cobre o en relieve sobre madera.

La litografía y su coste reducido significó que el número de litógrafos y de imprentas que la utilizaban creciera.

En un principio sólo se imprimió en blanco y negro. Las láminas de la primera edición se iluminaron a mano. En 1837 G. Engelmann registró la patente de la litografía en color (uso del rojo, amarillo, azul y negro). El procedimiento seguía siendo largo y costoso.

La segunda edición del Tratado se imprimió utilizando ya la cromolitografía. Se iban entregando a los suscriptores en grupos de 8 láminas y 8 hojas.

Por último señalar que cada volumen de láminas se acompañaba de un volumen de texto.

Por otro lado, el anatomista escocés John Bell, prefería y reivindicó un estilo sencillo adaptado a las necesidades de la enseñanza y la cirugía, frente a las pretensiones de los libros anteriores. La conocida Anatomía de Henry Gray de 1858, ilustrada por Henry Vandyke Carter, aspiró a un modo descriptivo simple.

La Grey’s Anatomy se editó y reeditó a lo largo de los años por sucesivos profesores. La primera edición es de 1858 con 363 dibujos. Apenas hay estilo, poco modelado en luces y sombras, ningún intento de colocar figuras en poses elegantes y sin fondos evocadores

En 1923, cuando se alcanzaron 22 ediciones, el libro había ganado 1378 páginas con 1256 ilustraciones, muchas en color. De las ediciones actuales queda poco de Gray.

A finales del siglo XIX las imágenes anatómicas se convirtieron en parte integral de la enseñanza de la anatomía.

Los cambios tecnológicos, sociales y culturales y otras circunstancias favorables permitieron el surgimiento de los ilustradores anatómicos profesionales. Aunque algunos de ellos no tenían formación anatómica solían adquirir conocimientos de esta y otras disciplinas médicas como la fisiología, la cirugía, la ginecología, etc.

Un ejemplo lo tenemos en el alemán Max Brödel que trabajó en la Escuela de Medicina de la John Hopkins University. Creó técnicas nuevas como la de polvo de carbón y tablero punteado para reproducir el tejido de forma más vívida. Incorporó el realismo de los tejidos con la anatomía transversal. Desarrolló un patrón instructivo y didáctico de ilustración médica y muchos le consideran el padre de la ilustración médica moderna.

Otro ejemplo es el también conocido Frank H. Netter, cirujano estadounidense y célebre ilustrador médico. Pronto se dedicó a esta última profesión en exclusiva. En su opinión, una ilustración médica tenía poco valor si no aclaraba bien los aspectos médicos que pretendía mostrar o explicar. Su obra cumbre fue su Colección de ilustraciones médicas (1948) para CIBA en un solo volumen. Después se amplió a 13 volúmenes con 4.000 ilustraciones.

De las ilustraciones anatómicas se compuso su Atlas de Anatomía (1989). Rápidamente se convirtió en uno de los preferidos de los estudiantes de muchos países. Se edita en 16 idiomas.

Aquí hojeamos el volumen 3, parte segunda dedicada al aparato digestivo.

También mostramos aquí un atlas de anatomía para que sea coloreado por el estudiante (Netter].

También queremos poner de relieve los textos que contienen láminas iluminadas, recortadas y superpuestas.

Aquí tenemos un ejemplo del texto G.A. Kuhff, doctor en medicina y preperador del Laboratorio de Antropología de la École des Hautes Études, ilustrado por Edouard Cuyer. Traducido y publicado en España por Baillière en 1880. Necesita restauración.

Esta idea se ha repetido después mucho antes de la aparición de las imágenes 3D generadas por ordenador. Yo como estudiante lo conocí con el nombre de Belorcio o una reconstrucción o atlas del cuerpo humano por planos. Muchos venían en bruto y el estudiante tenía que recortarlos, coloréalos y armarlos como complemento a las prácticas de anatomía.

Aquí vemnos reunidos los Belorcios de la Escuela anatómica de Escolar, utilizados en la enseñanza de la anatomía en Valencia bajo la dirección de Víctor Smith Agreda.

Esta idea se integró con facilidad en los libros desplegables –que hoy con la invasión del inglés llaman pop-up– y que muestran de forma más sencilla la estructura del cuerpo humano para niños. Los hay más cercanos a la realidad y los hay que explotan más los aspectos artísticos.

Los adelantos tecnológicos han contribuido a mejorar cada vez más las imágenes anatómicas. Los rayos X, la angiografía, la ecografía (la ecocardiografía, por ejemplo), la tomografía axial computerizada, la Resonancia magnética, la utilización de estas dos últimas con la ayuda de potentes ordenadores que permiten obtener imágenes 3D mediante reconstrucción volumétrica. Igualmente con el TAC y la Resonancia en combinación con la tomografía por emisión de positrones PET, se están desarrollando nuevas generaciones de imágenes digitales que representan los detalles estructurales en 3D de la anatomía viva.

No olvidemos la fotografía y la fotografía estereoscópica. A finales del siglo XX el cadáver de un condenado a muerte y el de una mujer desconocida que permanecían congelados en una mezcla de agua y gelatina sirvieron para hacer cortes transversales de 1 mm que luego se fotografiaron. Estas se usaron para crear modelos completos de cuerpos humanos masculinos femeninos. Las imágenes pasaron a formar parte de la National Library of Medicine que emprendió en 1989 el The Visible human project.

Aquí termina la síntesis de la Historia de la ilustración anatómica que hemos visto a través de dos vídeos. Por supuesto podría ampliarse a muchos más, pero nuestra intención es ofrecer una primera toma de contacto.

¡Hasta el próximo!

Bibliografía

–Hernández-Mansilla, J.M. (Juan Valverd de Amusco, a hombros de gigantes. Disponible en https://www.institutoeticaclinica.org/wp-content/uploads/Juan-Valverde-de-Amusco-a-hombros-de-gigantes.pdf Consultado el 12 de mayo de 2021.

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