El ‘606’ en el ‘Heraldo de Madrid’

El Heraldo de Madrid fue uno de los diarios más importantes de España y de mayor tirada. Comenzó a publicarse en 1890 y terminó de hacerlo en 1839. En 1893 fue adquirido por José Canalejas y su grupo que ocupaban una posición de izquierdas dentro del Partido Liberal. En 1906 lo fue por la Sociedad Editorial Española de la que ya formaban parte tanto El Imparcial como el El Liberal.

El Heraldo de Madrid dio cumplida noticia en 1910 de la llegada del ‘606’ y publicó varios artículos al respecto. Contiene datos que, por el momento, no hemos visto en otras publicaciones.

Hoy reproduzco el que apareció en agosto de 1910, redactado por Luis Bonafoux, que habla de la polémica Doyen-Ehrlich (Francia y Alemania) sobre la nueva sustancia, seguidos de otros más breves que aparecieron hasta el 21 de septiembre.

París al día. El duelo Doyen-Ehrlich

Si yo no estimara profundamente —en su calidad de sacamantecas de la Ciencia— al doctor Doyen, buena ocasión sería esta para ensañarme en su personalidad de sabio.

‘Le Journal’ publicó la noticia tan importante para la Humanidad, de que el profesor alemán Ehrlich había descubierto un remedio, el ‘606’, para curar, en los más de los casos, a ciertos enfermos. desde luego, notaba el más lego que el informe contenía errores y equivocaciones, debido o a ignorancia del reporter o a la precipitación con que se hacen los trabajos periodísticos de información; pero el buen doctor Doyen se abalanzó a la primera columna de la primera plana de ‘Le Matin’, rival de ‘Le Journal’, para consignar, sin más, que

606—0

Luego la emprendió con el profesor Ehrlich por su ‘nota extraordinaria’ y su ‘opinión prematura’, y con el Dr. Koch, y con el Dr. Behring, y con ‘la patriotería científica de los sabios alemanes’, y terminó con un toquecito político contra los que dijeron que debía bajarse a tiros los aeroplanos franceses que pasaron la frontera. ¡Todo un sabio ocupándose, en un artículo científico, de una botaratada de un periodicucho alemán, que hizo una frase por hacer un reclamo!

He dicho que había terminado el doctor Doyen, y he dicho mal: el doctor terminó su estupendo análisis de un remedio que, según él, se titula ‘606’ ‘para excitar con su apariencia misteriosa la curiosidad pública’, aconsejando el tratamiento de la sífilis por su ‘Micolisina’, cuyas dos primeras sílabas escaman a cualquiera.

Así las cosas, y cuando los más de los lectores juzgaban que el ‘606’ era una camama y el profesor Ehrlich un impostor, el citado ‘Le Matin’, cumpliendo deberes de información y de justicia, ha tenido que afirmar la verdad del descubrimiento del sabio alemán, ‘reconocida —dice aquel diario— por sabios de Berlín. Petersburgo, Moscou, Bucarest, Roma, Melbourne, Tokio, Chicago, Lyon, y por el Dr. Thomas, del Instituto Pasteur, de París’.

El profesor alemán, después de explicar las condiciones de su suero —servido gratis a quien lo pide—, que llamó ‘6060’ porque le precedieron, sin éxito, 605 fórmulas, combinadas por él en veinticinco años de trabajo, se extraña de que el doctor Doyen ‘prefiere inspirarse en el error de un periodista a enterarse de las múltiples publicaciones científicas que han tratado del remedio’.

—Por lo demás— añadió—, yo he observado algo así como una paridad internacional, no haciendo distinción entre franceses, alemanes, rusos o americanos, a todos los cuales he entregado gratuitamente mi remedio.

Ahora sólo falta —para colmo de parisinismo— que el Dr. Doyen le mande los padrinos al profesor Ehrlich, proponiéndole, para zanjar la desavenencia científica, un duelito, con puntazo, cinematógrafo y 606 bombos en los periódicos.

Luis Bonafoux

Heraldo de Madrid. Miércoles 24 de Agosto de 1910, p. 1

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Comentarios breves. El de la suerte

El de la suerte, queridos lectores, para los infelices de sangre envenenada es el 606. Yo no pensaba hablar del 606, ni de Ehrlich, el sabio autor de la fórmula, al que no había oído citar en mi vida, ni de Doyen, su contradictor irrespetuosísimo, al que conozco mucho tiempo gracias a Bonafoux, ni a los amigos a los que interesa que el remedio sea verdaderamente eficaz.

Pero yo no pensaba hablar del 606 porque creía —¡infeliz de mí! — que a la gran masa del público teníala sin cuidado el acierto  o el desacierto del doctor alemán. ¡Sí, sí, Percebea!… La gran masa charla por los codos en los tabernuchos, en las sacristías, en los Casinos, en los cafés, en los teatros, discutiendo la virtud curativa del 606 o afirmando que sus efectos son milagrosos; la gran masa espera que lleguen a Madrid los tubitos de Ehrlich como si estuviese hambrienta y aguardase el maná; la gran masa, revolucionados los nervios y epiléptica de ansiedad, devora cuanto se refiere a Ehrlich y a su descubrimiento. ¿Procede así la gente por desinteresada y noble curiosidad, por amor a la Ciencia?… No; procede así por egoísmo, por terror, por esperanza. La tercera parte de los españoles —ahora se ha demostrado— necesita inyectar en sus venas el preparado de Ehrlich; hay muchos miles de litros de sangre azul podrida —alégrense los rojos—, y muchos millones de litros de sangre roja envenenada —alégrense los azules—. España, en esto, es completamente europea, y su corrupción puede compararse con las más civilizadas currupciones. Caprínez, el valiente bohemio, no está más podrido que Percebes, el notable artista, y Percebea no tiene más fango en la sangre que Cacumendi, el piadoso burgués. Millones de criaturas que están muriéndose a chorros piden a gritos el 606, y salúdanse con simpatía ante la inyección igualitaria.

¡El 606! ¡Un remedio que cerrará las llagas de las víctimas del amor y que les pondrá en condiciones de volver al dulce combate! ¡Un remedio que afirmará unas narices que se desprendían, que dejará terso y limpio un cutis rugoso y manchado, que restablecerá los bríos de una juventud que se amustiaba!…Aunque fuera peligrosa la aplicación del preparado —que no lo es, según Ehrlich— convendría arriesgarse. Porque más vale morir con esperanza, que ‘doblar’ desesperado a los pies de un especialista, que no os cura y que os varea.

Parmeno
Heraldo de Madrid, miércoles, 21 de septiembre de 2010, p. 1

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Noticias sueltas. El 606

El Dr. Bandelac visitará pasado mañana el hospital de San Juan de Dios, con objeto de elegir los enfermos a quienes ha de aplicar el famoso ‘606’.

En la visita será acompañado por el ministro de la Gobernación

Heraldo de Madrid, miércoles, 21 de septiembre de 2010, p. 2

[Proyecto HAR2008-04023]

El ‘606’ en ‘Madrid científico’

A continuación reproduzco la información que proporcionó la revista de divulgación científica Madrid científico. Revista ilustrada de Ciencias, ingeniería, Electricidad, Artes, Industrias, Automovilismo, Curiosidades, etc. Esta publicación vio la luz a finales del siglo XIX y se mantuvo hasta la guerra civil; creo que entre 1894 y 1936. No poseo muchos datos sobre la misma, sólo que fue una iniciativa de dos estudiantes de la Escuela de Ingenieros de Caminos, Canales y Puertos, de Madrid: Augusto Krahe y Francisco Granadino, a los que posteriormente se unió Federico de la Fuente.

El preparado 606

El Dr. Ehrlich, médico alemán, residente en Francfort, ha descubierto, en colaboración con un colega nipón, un preparado que al parecer ataca victoriosamente a la sífilis y aun otras enfermedades de carácter microbiano, el paludismo, por ejemplo. El Dr. Ehrlich y su fiel colaborador han buscado y variado hasta lo infinito, con una constancia admirable, los compuestos arsenicales para encontrar al fin el que, matando el virus sifilítico, no fuese tóxico para el organismo humano. El número ‘606’, indica que antes de encontrar la combinación definitiva, fueron probadas otras 605. Y la fórmula hoy encontrada es exactamente un clorhidrato de dioxi-diamido-arseno-benzol. Los métodos de obtención permanecen secretos.

Autor de la teoría tan importante en química de las ‘cadenas laterales’, que permite coordinar y explicar los hechos de inmunización y esterilización del organismo animal, el profesor Ehrlich habíase impuesto la tarea de encontrar una substancia que destruyera la mayoría de los microbios patógenos que infectan nuestra sangre, esterilizando así ésta de todo virus, sin perjuicio para nuestro organismo. Pero estos resultados no se limitan al descubrimiento de su medicamento antisifilítico: esta substancia mata igualmente los agentes patógenos del tifus recurrente, es decir, los espiroquetes, y los de la enfermedad del sueño, tan frecuente en el África Central, llamados tripanosomos, microorganismos emparentados con los treponemos de la sífilis.

Son ya más de 4.000 los enfermos sometidos con éxito al tratamiento del ,’606’. Según todas las presunciones, por tanto, débese a Ehrlich y a su colaborador Hataimo de aquellos descubrimientos médicos más importantes que registra la ciencia.

Según noticias publicadas por algunos médicos especialistas, en la prensa diaria, el ‘606’ se presenta en la forma de un polvo amarillo semejante a la flor de azufre. La dosis es de veinte a sesenta centigramos de ese polvo, en forma de inyección, para lo cual ha de obtenerse el número correspondiente de centímetros cúbicos de una emulsión. Las manipulaciones son muy delicadas, pero no difíciles. Como la emulsión no se conserva arriba de una hora, es preciso repararla al tiempo de hacer su aplicación. Antes deben ensayarse las reacciones específicas y adquirir certeza de que no hay contraindicaciones peligrosas.

El ‘606’ tardará todavía algunos meses en entrar en el comercio de farmacia, porque todavía no se ha podido montar su producción en escala suficiente. Sin embargo, el Dr. Ehrlich ha suministrado algunas muestras que han llegado a España, y con ellas se comenzarán, de un dia a otro, las convenientes experiencias comprobatorias en el Hospital militar de Carabanchel.

Madrid científico, Año XVII  (1910), Núm. 679p. 516

[Proyecto HAR2008-04023]

El ‘606 en ‘El Liberal’ (1910) (3)

Seguimos con la información que difundió El Liberal sobre el ‘606’. Comenzamos con un breve que da noticia del regreso de Francfort de Jacinto Navarro, comisionado por el Ayuntamiento de Madrid. Sigue después un artículo de Antonio Navarro Fernández que lleva el expresivo título ‘En busca del 606’. Nos habla de su visita a Ehrlich y menciona por vez primera la palabra ‘Quimioterapia’. El siguiente es la continuación. La lectura de estos dos trabajos resulta muy interesante porque está narrada con mucha naturalidad y cuenta detalles que muestran aspectos de la vida de los científicos de entonces.

Luego viene un artículo de Ruíz Albéniz en el que reseña el trabajo Tratamiento de la sífilis por el ‘606’, de Gregorio Marañón. Por último, otro artículo, en este caso de Manuel Ortiz de Pinero, que nos describe las opiniones de otro médico, el Dr. Azúa, que también estuvo en Alemania aprendiendo la técnica de administración del salvarsán.

Breve
Ha regresado de Francfort, donde fue comisionado por el Excmo. Ayuntamiento de Madrid, para estudiar el ‘606’, el doctor Jacinto Navarro y Santín.

El Liberal, miércoles 12 de octubre de 1910, p. 3.

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En busca del ‘606’

Saliendo de Paris de noche, al amanecer se despierta en plena tierra alemana, de cuyo cambio se da uno cuenta por la presencia de unos mocetones con banderola, rubios, casi albinos, que con gritos enormes hacen saber a los viajeros que han llegado a la Aduana.

Después se ve la campiña brumosa e igualmente verde, que da la impresión de nuestra Asturias, aunque con tono más glacial y más triste. De esta monotonía, sólo interrumpida por el paso del Rhin y del Maine, nos saca nuestra llegada a Francfort. Pálido es lo que nos refiere la obra del mismo nombre para facilitarnos la llegada a Speyerhause, mansión señorial del profesor Ehrlich, en donde se guarda la preciada joya. Como nadie habla más que alemán, que es precisamente lo que nosotros no podemos comprender, los pocos españoles que hemos venido, la peregrinación a Speyerhause resulta más laboriosa que a la Meca. Gracias a una carta dirigida a mí antes de marchar, por Ehrlich, y enseñada a todo el pueblo, pudimos llegar. Debe ser un consuelo para los que dicen que ni aún en Madrid se le conoce a Cajal, pues en Francfort tampoco la generalidad conoce a Ehrlich. Speyerhause es, sencillamente, una Policlínica. Un filántropo aquí nacido, con instintos altruistas, legó al Estado este Instituto, el cual recuerda algo a nuestro San Juan de Dios, por su forma de pabellones, salvando la arquitectura, algo extraña. En esta Policlínica no falta un pabellón con enfermos de avariosis de uno y otro sexo, y una consulta mixta, de pago y gratuita, en donde se hacen las experiencias. Anexo al Hospital existe el Laboratorio de Higiene pública, de donde Ehrlich es profesor. Como llegamos en domingo a nadie encontramos. Estaba el Hospital más guardado que una fortaleza.

En la lección del lunes, que fue muy fructífera, nos presentaron los casos clínicos en tratamiento y los ya casi curados. Y ahora, ya de lleno en el asunto, empezaremos a fijar bien los términos para luego llegar con base a las conclusiones. Hay que ir muy despacio en este asunto, juzgarlo desapasionadamente y concretarnos a discutir hechos. Creo que en la ciencia se debe prescindir en absoluto de fantasías. Así que, empezando por la preparación, diremos que no es lo que ahí se ha venido diciendo: que era una disolución o una emulsión; es sencillamente una mezcla del producto contenido en el tubo y la lejía de sosa y agua destilada, las cuales en ningún caso hacen variar el color de dicha mezcla, que siempre queda amarilla opaca. Esta mezcla, hecha en un mortero, es tan densa y tan poco soluble, que suele ocurrir con frecuencia lo que ocurrió ayer: que se obstruyó la aguja por dos veces y tuvo que sufrir el enfermo dos pinchazos.

Este detalle, como se ve, tiene gran importancia, pues viene a aclarar lo que tanto se ha dicho: de que el preparado lo hacía incoloro la adición de los demás. De la técnica ya se ha dicho tanto que nada nuevo hay que decir. Y ahora vamos al otro punto, punto el más capital, pues es el enfermo. Se puede asegurar ya categóricamente por el parecer unánime de todos los asistentes, que no curará a todos, como se ha asegurado, como tampoco cura a todos ningún medicamento en otras dolencias.

De otra manera, no sólo no cura, sino que puede perjudicar en las lesiones, con destrucción de los centros nerviosos. El mismo Ehrlich, que al principio lo mandó a las Clínicas francesas de Neurología, hoy cree que no se debe usar hasta estudiar mejor el asunto.

Lo mismo sucede con las lesiones avanzadas de los vasos y el corazón. En las lesiones secundarias de la piel y las mucosas, el efecto es realmente sorprendente y maravillosa la rapidez de su acción. También es de discutible resultado en las lesiones de los huesos. Se ha visto un enfermo con enormes cicatrices en las tibias, curadas con una sola inyección. Ésta, que era una lesión de una persistencia desesperante, si se logra curarla con el ‘606’, se acredita la fama mundial del preparado. Otros casos hemos visto; pero serán objeto de otra crónica.

De esta primeras impresiones se saca la consecuencia de que puesta la primera piedra para la construcción del gran edificio que se llama Quimioterapia.

Antonio Navarro Fernández. Francfort. El Liberal, miércoles 12 de octubre de 1910, p. 4.

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En busca del ‘606’

Congregados aquí, en Francfort, lejos de la Patria querida, sólo para servirla en la emancipación de la terrible  dolencia de la avariosis, la lucha ha sido titánica para dar con el ansiado específico. La casualidad hizo que estando en el Café Ruhland hablando con mi querido amigo y compañero de Sevilla, Rodríguez de la Borbolla, Batlle, un músico de la orquesta de dicho café, vino a nosotros en demanda de noticias de nuestra querida Patria.

Después de charlar un rato de cosas de España, convinimos en reunimos en fraternal abrazo toda la pequeña colonia de españoles que aquí estudia la ciencia alemana.

Mis compatriotas, en su entusiamo por la Patria, toman gran parte en mis experiencias. Si algo puedo lograr, a ellos se lo debo. Esta colonia la constituyen Sánchez Díaz, Pieras Rosselló, Macau, Planas Figa, Gúdel, Serra, Aguiló y Colmer, los cuales aquí sostienen con honra la ciencia española.

Hoy Serra me presentó al vicecónsul Herr Alexander Brunch, un alemán muy simpático, que ha residido en España, el cual tuvo la galantería de sentarnos a su mesa. Esta noche también rendiremos pleitesía la colonia a la bella artista Paz Calzado, que con su hermana Rosarito está haciendo una fructífera campaña por toda Europa. Después, en Spanische Weinhandlung, que aquí sirve de reunión, brindaremos por la prosperidad de la Patria.

Respecto al ‘606’ seguimos paso a paso el restablecimiento rápido de unos cuantos enfermos, que todos los días son dados de alta con la reacción de Wassermann negativa, lo cual indica que la lesión está curada.

Ahora está aquí sobre el tapete la cuestión de las recidivas, y todos los días hay discusión sobre si será otra más importante la hectina en las lesiones cutáneas que el ‘606’.

Parece, por lo tanto, que los franceses quieren resucitar otra vez la hectina de Hallopeau, y por eso hacen guerra tan cruenta al remedio de Ehrlich.

Todavía existe el pugilato científico entre Alemania y Francia, como existe el político. Esto hace que a Ehrlich no se le perdone en Francia ser alemán y ser judío, razón por la cual éste se niega a administrar el preparado por temor a exageraciones en la estadística de muertes.

En la demostración de hoy me enseñaron un caso que, después de veinte días, no se había modificado una sifilido-tuberculina de la cara, en vista de lo cual se le ha inyectado nuevamente.

Hasta ahora, lo que tengo de experiencia personal es su acción maravillosa en las lesiones de la boca y de la piel, que se modifican hacia la cicatrización a los tres días generalmente. Como caso de inocuidad debo citar un niño de cinco meses que ha recibido una inyección de tres centígramos. El enfermito sigue bien, sin más que una molestia en el sitio de la inyección.

También es de notar que el ‘606’ produce en el tejido celular flemones como el mercurio, que se ponen dolorosos y supuran.

Esto es, hasta ahora, lo que por aquí se ve y se dice, esperando que en sucesivas crónicas podamos dar más detalles de los enfermos que ahora tenemos en tratamiento.

Antonio Navarro (Francfort, 8 de octubre).

El Liberal, jueves 13 de octubre de 1910, p. 4.

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Un folleto sobre el ‘606’
Quemoterapia moderna, según Ehrlich.—Tratamiento de la sífilis por el ‘606’, por G. Marañón.— Casas Vidal editor.

La literatura médica española dista mucho de padecer las inercias que los libros de otros ramos del humano saber sufren con cronicidad desesperante. Existen en España, en Madrid sobre todo, una pléyade de jóvenes médicos, animosos, esperancistas, que ponen todo el brío de sus pocos años al servicio del engrandecimiento profesional y que preparan, sobre sólidas bases, una verdadera etapa gloriosa para la Medicina española. Aún no ha muchos años, los grandes rotativos rechazaban los escritos y a los escritores médicos; hoy no existe redacción de periódico importante donde no figure un galeno cronista. Con este nuevo criterio, la divulgación científica —no la vulgarización, porque vulgarizar la Ciencia es fabricar monedas falsas— es un hecho, y se prestan verdaderos servicios de alta monta social al país. Recuérdese, al efecto, la campaña que insignes doctores hicieron en la malograda hoja del del colega “Heraldo de Madrid”, titulada “La Medicina y los médicos”, la que se inicó cuando la última epidemia tífica del cólera y el “606”, recientemente insertadas todas ellas de indudable valor ilustrativo y dignas de todo aplauso.

A este grupo de denodados propagandistas pertenece el doctor Marañón, autor del folleto “Quemoterapia moderna, según Ehrlich”- Tratamiento de la sífilis por el ‘606’, recientemente isnertadas todas ellas de indudable valor ilustraivo y dignas de todo aplauso.

El doctor Marañón, concienzudo especialista, ha tenido ocasión de estudiar seriamente los efectos del revolucionario ‘606’. Modestamente, el autor dice a la cabeza del folleto que sólo se trata de una recopilación de datos dispersos; pero en realidad trátese de un verdadero estudio profundo sobre el nuevo medicamento avalorado con buen número de datos clínicos y de laboratorio que merecen la mayor atención.

El autor estudia la génesis del ‘606’, los fundamentos teóricos y experimentales que le ocasionaron, las observaciones clínicas de Ehrlich y los que le ayudaron en el estudio del Dioxydiamidoarsenobenzol, las observaciones clínicas obtenidas a la cabecera del enfermo en casos de avariosis primaria, secundaria y terciaria y su resultado en enfermedades parasifilíticas y hereditarias.

En un amplio y meditado capítulo trátese de las indicaciones y contraindicaciones del ‘606’; viene luego un extenso estudio bactericida, en que científicamente se estudia la acción del específico sobre el spirocheto, deduciéndose de este conocimiento una seria investigación acerca de las probabilidades de recidiva, que en la serie Wechselman, la más numerosa y mejor observada, no pasa de ocho recidivas en 375 enfermos tratados por el ‘606’.

Consígnase a este tenor la opinión del propio Ehrlich sobre la manera de realizarse la Quemoterapia por el método del tratamiento por etapas, que consiste en repetir las inyecciones de tiempo en tiempo cuando los parásitos no desaparecen de una vez y para siempre del organismo.

La técnica de la aplicación del ‘606’, las enfermedades distintas de la avariosis, el ‘606’, y la desconcertante reacción de Wasserman completan el trabajo meritorio del doctor Marañón.

El joven doctor da su opinión sobre el nuevo remedio de forma concluyente: “Al prescindir este paso colosal —dice el señor Marañón— que ha dado a nuestra Ciencia, creemos que es empequeñecerla ateniéndonos para juzgarle a los resultados clínicos obtenidos. Estos pueden ser inseguros todavía: pero el camino que Ehrlich nos ha enseñado “es ya definitivo”; y como él dijo en una ocasión: “Lo que el ‘606’ no cure, lo curará el ‘706’.

Nuestro aplauso incondicional al doctor Marañón por su trabajo de ahora que debe servirle de estímulo para ir más allá en los estudios especilistas. De él esperamos mucho los médicos españoles, porque nadie más autorizado para llevarnos por la buena senda y salvarnos de las desorientaciones más o menos pasionales, que en esto, como en todo, ya han empezado a surgir.

Dr. Ruíz Albéniz

El Liberal, Domingo, 16 de Octubre de 1910, p. 2.

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Opinión del doctor Azúa sobre el ‘606’

Entre médicos y profanos era grande el interés que había por escuchar al doctor Azúa el juicio que le había sugerido, después de su viaje a Francfort y a las clínicas alemanas, la nueva medicación contra la avariosis, asunto tan debatido este verano y sobre el que se emitieron opiniones muy opuestas.

Hubo algunos que, con gran alborozo, creían que la Humanidad había triunfado de una de las más horribles plagas; otros, por el contrario, negaron la eficacia del remedio y afirmaron que el ‘606’ era igual a cero.

Ante esta dualidad, era discreto aguardar a que los especialistas, exentos de todo prejuicio y apasionamiento, estudiasen y analizasen los efectos obtenidos hasta ahora con el preparado de Ehrlich.

El Gobierno español confió esta misión al doctor Azúa, y, de regreso de Francfort, el sabio dermatólogo, que comparte hoy con el doctor Bombín la supremacía de los sifilógrafos españoles, se dispuso a exponer públicamente su opinión en una conferencia que dio anteanoche en el salón de actos del Ateneo de Madrid.

El valor terapéutico del ‘606’ es innegable. El disertante refirió varios casos vistos por él que patentizan el triunfo de la nueva medicación.

Un niño, contagiado por herencia, en verdadero estado preagónico, tal era la depauperación orgánica producida por el terrible mal, fue salvado de las garras de la muerte por el arsenobenzol. En la clínica de Schreiber recobró prontamente la audición una enferma cuya sordea como todas las de origen específico, se había rebelado a todo tratamiento. Otro caso de avariosis, con una estrechez rectal que había acarreado también una gravísima extenuación, fue también curado. Aquí, en San Juan de Dios, se ha conseguido otro triunfo en una enferma baldada y ciega del ojo derecho, que a las pocas horas de habérsele inyectado el ‘606’ distinguía ya la luz de una vela y antes de las cuarenta y ocho horas veía las personas y los objetos.

Todos estos casos revelan la indiscutible  intensidad y rapidez de acción del arsenobenzol; pero éste tiene también sus quiebras, imputables indudablemente a deficiencias de la aplicación, no al medicamento.

Ha habido enfermos cuyas manifestaciones no se han modificado por el empleo del ‘606’; por otra parte, las recidivas no dejan de ser frecuentes, y, en algunos casos, las inyecciones no han sido inocuas. El Sr. Azúa citó un caso de uremia consecutiva a una inyección de arsenobenzol.

Las inyecciones pueden ser intravenosas, intramusculares o o hipodérmicas. Por las primeras se consigue mayor rapidez en la acción y en la eliminación; pero la dosis no debe pasar nunca de 0,4; las intramusculares y las hipodérmicas tienen el inconveniente de que la eliminación es más lenta y el arsenicismo más fácil. El peso del paciente puede servir de tipo para la dosis; se inyectarán tantos centígramos de la solución como kilogramos pese el enfermo.

El doctor Azúa, piensa introducir una modificación de la técnica, mezclando el medicamento a la lanolina.

Como en toda cuestión médica puede buscarse siempre un aspecto social, el ‘606’ no se ha sustraído a la regla.

El preparado de Ehrlich combate eficaz y rápidamente las manifestaciones superficiales del segundo periodo, que son las más peligrosas para el contagio, producido muchas veces involuntaria e inocentemente.

Las profesionales del amor no rehuirán el tratamiento a que hayan de someterse, pues las estancias en los Hospitales serán más cortas y los quebrantos económicos menores.

En las mujeres embarazadas y en las nodrizas que sean específicas, los efectos del ‘606’ son valiosísimos, pues redundan en provecho de la raza, hoy tan depauperada por los estrahos de la avariosis, de la tuberculosis y del alcohol.

El distinguidísimo auditorio aplaudió con entusiasmo la hermosa conferencia de Azúa, que en su clínica de San Juan de Dios se apresta a colaborar dignamente en la genial obra de Pablo Ehrlich.

Manuel Ortíz de Pinero. El Liberal, Lunes, 24 de octubre de 1910, p. 2.

La Georg Speyer Haus en 1906. En este lugar algunos españoles aprendieron todo lo relativo al ‘606’ y la forma de administrarlo, en 1910. En pocas semanas se hacían las primeras pruebas en España.

Sigue el 606

Cerramos las noticias sobre el 606 que aparecieron en la revista Nuevo Mundo. Éste es el artículo que apareció en enero de 1911 que habla ya de los buenos resultados obtenidos con su administración.

La Fórmula 606
Felicísimos resultados de su aplicación en España

La aplicación de la famosa fórmula del Dr. Ehrlich para la curación de la avariosis no había sido en España un completo fracaso; pero es lo cierto que tampoco se obtuvieron de la aplicación de las inyecciones esos maravillosos y rapidísimos resultados que en el extranjero se habían conseguido y de que nos dieron asombrosa cuenta, no sólamente las revistas profesionales con la autoridad que les presta la condición técnica de sus redactores y colaboradores, sino también la prensa toda de información.

Los que juzgando por el escaso fruto que de estas primeras experiencias habían logrado apresuráronse a fallar en contra, asegurando que el Dr. Ehrlich había exagerado la bondad de su invento, no tendrán más remedio que reconocer que eran ellos los que padecían lamementable error al ver los maravillosos resultados que actualmente se obtienen de la aplicación de la fórmula.

El Ayuntamiento de Madrid, mostrando un plausible interés en este asunto de tan decisiva trascendencia para la salud pública, tuvo el buen acuerdo de comisionar al Dr. D. Antonio Navarro Fernández, notable especialista cuyo crédito científico corre parejas con la solidez de sus conocimientos, para que como delegado especial hiciese un detenido estudio de la fórmula y de su aplicación en aquellos países en que más positivos y admirables resultados habíanse obtenido de ella.

A su regreso de Francia y Alemania, donde el Dr. Navarro permaneció algún tiempo estudiando concienzudamente tan importante materia en los hospitales en que con más eficaces resultados se aplica el descubrimiento de Ehrlich, el ilustre doctor estableció en su clínica de la calle de Fernando VI un servicio de aplicación de la fórmula, con resultados tan absolutamente satisfactorios que hasta en enfermos que habían resistido los más radicales tratamientos sin que por su virtud se consiguiera vencer el mal, se ha logrado en plazo brevísimo, no ya una mejoría indudable, sino la franca convalecencia que promete una cura tan rápida como completa.

Es indudable que el secreto del prodigioso descubrimiento del sabio alemán estaba para nosotros en la manera de su aplicación, y que conocida ésta minuciosamente y en todos sus detalles mediante el detenido estudio efectuado por el eminente especialista español, el éxito de la fórmula es tan seguro como prodigioso, pues se da el caso verdaderamente estupendo de obtener la cura radical con una o dos inyecciones, aún en enfermos sometidos a otros tratamientos y en los que los más extremos recursos de la ciencia habían sido ineficaces para atajar los funestos progresos de la dolencia.

Para rendir el homenaje de admiración y de gratitud a que el Dr. Navarro se ha hecho acreedor por los felicísimos resultados obtenidos en cuantos enfermos han acudido a su clínica mediante la sabia y prudente aplicación del 606, en armonía con las circunstancia que cada caso requiere, numerosos compañeros profesionales, admiradores y amigos obsequiáronle con un banquete. De esta agradable fiesta íntima en que se rendía tributo a la ciencia y a la perseverancia ofrecimos a nuestros lectores una instantánea en nuestro número anterior, y completando el deber que nos impone la actualidad y la importancia que el hecho tiene, añadimos hoy estas líneas como justo homenaje a los méritos del Dr. Navarro y sus brillantes éxitos científicos.

Nuevo Mundo, enero de 1911 (Año XVIII, Núm. 889)

Sigue hablándose del 606

A las pocas semanas de publicado el anterior artículo, apareció este otro en la misma revista en la que se refiere a que el interés inicial del público en este nuevo medicamento estaba desapareciendo. No obstante, si se lee con atención, lo que encontramos es la explicación de cómo funciona la sustancia. En este caso un médico, el Dr. San Pedro Anchochury, trata de hacer divulgación científica. La cambiante situación política de la época queda reflejada en la analogía que utiliza al final en su explicación, poco afortunada a nuestro juicio:

El “606”

Poco a poco se va desvaneciendo el entusiasmo que desde un principio despertó el descubrimiento de Ehrlich; el público ya no se interesa; el 606 va pasando de moda, y sólo de él se ocupan los médicos, especialistas y alguno que otro enfermo de verdad, pues hay muchos  pseudo-avariosicus que todavía persiguen el remedio con la febril excitación, siempre ilógica, de los sujetos que padecen fobias.

Pero, aun a pesar de ello, conviene poner en conocimiento del gran público todo cuanto se relaciona con el célebre descubrimiento, aunque no sea nada más que con el fin de demostrar el amor que a la humanidad sienten determinados hombres (muy pocos por cierto) y los trabajos y desvelos que ocasiona ese cariño; la Naturaleza, sin duda alguna, deposita en ellos, con verdadera prodigalidad, mayor visión de las cosas, mayor transparencia mental que en los demás, pues aunque el hombre, en general, siempre tiende hacia el progreso y el bien, como dice Balmes, parece, sin embargo, y aun sin parecer, que en el entendimiento de ciertos seres privilegiados cristaliza la suma de conocimientos que los demás mortales efectuamos, y que en ellos se mantiene esa suma como una fuerza en tensión que espera ponerse en actividad en cualquier momento, a la sola acción de un pequeño excitante.

Admiremos, pues, a esos gigantes de entendimiento, porque ellos representan con sus actos verdaderamente convulsivos el valor que posee la figura que ocupa el primer puesto en la escala de la animalidad.

Veinticinco años le han sido necesarios a Ehrlich para “aprender a apuntar al blanco de su visión”, según frase del mismo sabio, sin efectuar la impacción, pues dice: “lo que no ha conseguido el 606, seguramente lo alcanzará el 706”; va para largo el éxito, como se ve, pero cualquiera que sea el resultado, Ehrlich ha dado a conocer un procedimiento, mejor dicho, una teoría que ha de producir una gran revolución en la terapéutica del porvenir.

Los fundamentos teóricos (que exponemos con un fin puramente especulativo) que le han servido a Ehrlich como punto de partida para llegar a su descubrimiento, son los siguientes: una substancia introducida en el organismo no se reparte por igual en todo él, sino que elige o es elegida por determinados órganos o cuerpos extraños (parásitos, por ejemplo), en los que se deposita para producir al poco tiempo efectos beneficiosos o perjudiciales, según los casos; cuando la substancia introducida es atraída por los órganos, recibe el nombre de organótropa y parasitótropa si se encariña con los parásitos. Pero este maridaje de órganos y parásitos con substancias medicamentosas no se realiza porque sí, sino que precisa la existencia de ciertos productos celulares llamados quimioceptores, y a la práctica de esta terapéutica se la denomina Quimioterapia. De lo expuesto se deduce que, cuando el terapeuta consiga obtener un compuesto que sólo destruya los parásitos (substancias parasitótropas) sin ocasionar trastornos al organismo, «ha dado en el blanco» y convierte el ideal en hecho, y este ideal parece que lo ha realizado Ehrlích o le falta muy poco para puntualizarlo.

La teoría expuesta quizá no haya sido comprendida, porque en todas ocasiones tienden a confundir los inevitables vocablos técnicos, y para obviar este inconveniente nos valdremos de Fray Ejemplo, que siempre fue y será el mejor predicador.

Supongamos estar presenciando una sesión de cualquier organismo social, y nos servirá como paradigma un ayuntamiento. Observaremos: primero, que los concejales (cuerpos extraños o substancias medicamentosas), al entrar en el salón se dirigen a sus asientos, formando agrupaciones por razones políticas (quimioceptores); segundo, los concejales comienzan a discutir (acción perjudicial… o beneficiosa); si la discusión y aprobación recae sobre materias que está de ellas necesitado el pueblo, como abaratamiento de subsistencias, saneamiento de las poblaciones, reglamentación del trabajo, etc., etc., así como de la destrucción de otras causas parásitas que corroen al proletariado y clase media, los concejales en este caso no envenenan, curan (acción parasitótropa); pero supongamos que la discusión se entabla sobre la supresión de de los consumos, y un concejal presenta un proyecto malo: inmediatamente en el salón se oye un quejido y ciertas imprecaciones. La sesión se hace tumultuaria, y en este caso, los intereses del pueblo (que es el organismo social que representan los concejales) peligran, se envenenan, la medicación fracasa, mata, no obra como parasitótropa, sino como organótropa, y “los concejales no dan en el blanco”.

Dr. San Pedro Anchochury
Nuevo Mundo, 27 octubre de 1910 (Año XVII, Núm. 877)

‘Llega el 606 a España’. La visión de la prensa de entonces

La labor de Paul Ehrlich de encontrar un medicamento inocuo para los enfermos y de máxima toxicidad para el germen responsable de la sífilis (Treponema pallidum) fue una de sus facetas que mereció el interés de la prensa cotidiana. Halló esta sustancia en 1910 tras ensayar otras 605; de ahí viene el nombre de 606, que también se llamó “Salvarsán”. Dos años más tarde mejoraría la fórmula con el 909 o Neosalvarsán.

Ese mismo año la prensa española daba noticia del hallazgo de Ehrlich mientras se comisionaba a unos científicos para que fueran a Alemania a estudiar los pormenores del 606. Mientras tanto, a través del médico de la Embajada de España en París, Alberto Bandelac, el salvarsán llegó a Madrid y se probó en el Hospital Militar de Carabanchel y en el Hospital de San Juan de Dios.

Sin embargo, éste no debió ser el único camino por el que penetró en España la nueva sustancia. Ya lo veremos.

Hoy reproduzco aquí la noticia que dio Nuevo Mundo, fundado por José del Perojo, en septiembre de 1910, dando noticia de las pruebas que se estaban realizando en los mencionados hospitales y de la visita que el ministro de la Gobernación, Sr. Merino, y otras autoridades habían realizado para comprobar tales experiencias.

El Dr. Alberto Bandelac

La fórmula 606 en España
Grandísimos son el interés y la espectación despertados en España por la fórmula del 606 del profesor Ehrlich, de Francfort, para la curación de la avariosis. Gracias a los cuidados que pone D. Alfonso  XIII para introducir en nuestro país todos los adelantos que para bien de la humanidad logra la ciencia, esa fórmula ha sido aplicada ya en los hospitales de Carabanchel y de San Juan de Dios por el ilustre médico don Alberto de Bandelac, agregado a la Embajada de España en París y al cual confirió nuestro soberano, a su paso por la capital francesa en su reciente viaje a Londres, el encargo de visitar al profesor Ehrlich y solicitar de él unas dosis de su medicamento para emplearlo aquí.
El Dr. Bandelac describe así la nueva fórmula: El medicamento, tal como lo entrega su inventor, es un polvo amarillento, de apariencia semejante al azufre y con el que por manipulaciones delicadísimas, pero no difíciles, se prepara una emulsión en el momento mismo en que la inyección ha de operarse. No se puede conservar esta emulsión más allá de 60 minutos después de haberla dispuesto. Sobrevienen alteraciones rápidas, que son causa de fracaso en la aplicación. En cuanto a las condiciones operatorias, la dosis de la inyección varía de dos centígramos a sesenta centígramos del polvo, equivalentes en la emulsión de dos centímetros cúbicos a diez centímetros cúbicos. Antes de que sea operado el enfermo, son necesarios reconocimientos de especialistas que garanticen que no hay contraindicaciones peligrosas. Sin estos reconocimientos no debe ser practicada la inyección. La ciencia ofrece garantías bastantes para que no se proceda a ciegas. La reacción de Wasserman asegura de si es procedente la inyección de Ehrlich. Y aún hay otra garantía suprema: la reacción de Stern, suprema y definitiva definición del logaritmo del paciente. Una vez obtenidas estas pruebas, la inyección Ehrlich triunfa.
Así parace que es en los casos tratados en Madrid: en los pacientes inyectados en el Hospital Militar de Carabanchel y en el de San Juan de Dios se notan rápidamente los efectos del nuevo medicamento, y hasta ahora todos los síntomas que presentan son satisfactorios.
En vista de los resultados obtenidos en todos los casos en que la fórmula ha sido aplicada, y correspondiendo a la curiosidad y excitación que despierta el medicamento, el Gobierno ha conferido a los médicos D. Juan Azúa y D. José Casares la misión de trasladarse a Alemania, con carácter oficial, para estudiar en la clínica de Ehrlich las propiedades, aplicaciones y valor terapéutico de este nuevo método curativo de la avariosis.

Nuevo Mundo (Madrid), 29 de septiembre de 1910.

Inyectando el 606 a un paciente del Hospital San Juan de Dios

Fotos de N.M. Por Cámara (1910)