De museos y exposiciones

A principios de mes tuve ocasión de visitar de nuevo el Museo Reina Sofía para ver la reordenación del segundo tramo de su colección (1945-1968), situado en la planta cuarta del edificio Sabatini. Corresponde a las décadas de los años cuarenta, cincuenta y sesenta, con el título ¿La guerra ha terminado?. Un año antes, en las mismas fechas, vi la del primer tramo. El pasado mes de noviembre el Museo celebró su vigésimo aniversario.

En los años ochenta una serie de documentales sobre arte que emitió alguna televisión, quizás Canal +, logró engancharme. Era la primera vez que alguien me explicaba con todo detalle movimientos como el expresionismo, el futurismo, el cubismo, el surrealismo, las vanguardias, el pop y un largo etcétera. Había estudiado un bachillerato técnico y mis conocimientos sobre arte eran decepcionantes. Combinaba las biografías con el contexto político, social, económico y cultural de cada época, así como con las correspondientes expresiones en otras ramas de las artes y de las ciencias. No tomé nota y nunca pude recuperar esa serie.

Una sensación parecida es la que tuve el año pasado y el actual con mis visitas a las zonas renovadas del Reina Sofía. Por fin se va más allá de exposiciones kilométricas de obras ordenadas de acuerdo con diversos criterios. El visitante que quiere hacer una lectura un poco más profunda que la que proporciona el simple paseo por las galerías, ahora puede hacerlo. No soy experto en arte, soy un mero consumidor, como se diría ahora, pero sí me gusta acercarme a las realidades del pasado de la forma más completa posible. El turista igual puede hacer su rápido recorrido y ver los grandes hitos, pero ahora quien quiere, obtiene una lectura más cabal. Es más, a medida que pasa el tiempo, lo que para ti fue presente va incorporándose al pasado en las salas de los museos. Las últimas incorporaciones me resultan ya más familiares; uno va envejeciendo.

El espacio se ha triplicado (más de 40.000 metros cuadrados) y da cabida a unas mil nuevas obras (un sesenta por cien que no se exhibía). Si en el 2007 tuvo un millón y medio de visitantes, ahora sobrepasa ya los dos millones.

Bienvenida sea esta nueva concepción, reordenación o como se quiera llamar. Creo que se sigue trabajando y en dos años su director, nuestro paisano Manuel Borja Villel, quiere tener todo el contenido replanteado. Seguiremos atentos.

También tuve ocasión de visitar la llamativa exposición que se muestra en los locales de la Biblioteca Nacional, en el Paseo de Recoletos: La Cocina en su tinta. Se ha optado también por una ordenación cronológica: Antigüedad y Edad Media, Edad Moderna y Edad Contemporánea. Se ha añadido, además, con personalidad propia, ‘América’.

Dentro de la primera etapa, Antigüedad y Edad Media, podemos ver las secciones: Etiqueta, Medicina, Recetarios, Técnicas y utensilios. En la segunda, Edad Moderna, Medicina, Etiqueta y Recetarios. En Contemporánea, Cocineros, Recetarios, Publicidad, El hambre, Tratadistas, La mujer, y Medicina. Con acierto, tiene personalidad propia como hemos dicho el impacto de los nuevos productos americanos sobre la alimentación y la cocina europeas.

Abarca tanto contenido que muchas de las secciones se quedan cortas. Cuando se está visitando la exposición, percibiendo un cálido aroma a cacao, no se puede evitar pensar que falta esto y aquello, y lo otro. El tema tiene tantos aspectos que se podría llenar todo un museo. Quizás los aspectos relacionados con la medicina —los que más conozco— hubieran requerido una redacción algo diferente. La parte contemporánea es para mí, la más floja.

Hay que reconocer que la Biblioteca Nacional posee unas fuentes extraordinarias: manuscritos, revistas, libros, fotografías, carteles, etiquetas publicitarias, etc.  El vídeo que muestra en gran pantalla secuencias de películas españolas de todos los tiempos en los que la comida es uno de los protagonistas, me parece excelente. Siempre había pensado que sólo en el cine francés aparecían secuencias de personas comiendo o comprando en los mercados.

De cualquier forma es una Exposición estimulante y muy entretenida que merece ser visitada. Espero que algunos tomen nota para organizar otras que desarrollen cada uno de los aspectos tratados en ésta. Valdría la pena.

Exposición sobre Marañón en la Biblioteca Nacional

Esta semana pasada tuve ocasión de ir a ver la exposición Marañón (1887-1960). Médico, humanista y liberal, en una de las salas de exposiciones de la Biblioteca Nacional (Paseo de Recoletos, 20). Está organizada por la Biblioteca Nacional y la Sociedad Estatal de Conmemoraciones Culturales. El proyecto es de la Fundación Gregorio Marañón. Colaboran además la Comunidad de Madrid, el Ayuntamiento de Madrid, Asisa y la Fundación Tejerina.

Fueron los Reyes los que inauguraron la Exposición que pretende recordar la vida y la obra de Gregorio Marañón cincuenta años después de su muerte (véanse las fotografías del acto). Los comisarios de la misma han sido el historiador Juan Pablo Fusi y Antonio López Vega. La muestra, distribuida en dos grandes salas y una intermedia que sirve de comunicación entre ambas, contiene gran cantidad de pinturas (Sorolla, Zuloaga, Darío de Regoyos, El Greco, Gutiérrez Solana, Beruete, Vera, Vázquez Díaz, Juan de Echevarría, Leandro Oroz, Ramón Casas), grabados, esculturas, libros y artículos, manuscritos, cartas y fotografías. En la sala intermedia se han dispuesto con instrumentos y objetos de la época, recreaciones de su laboratorio, su despacho y una habitación del hospital.

La Exposición se acompaña de un imprescindible catálogo-libro de trescientas ochenta y tres páginas. Contiene éste los siguientes capítulos:

Semblanza biográfica, por Gregorio Marañón y Bertrán de Lis y Antonio López Vega
La herencia de Marañón, por Marcelino Oreja Aguirre
La juventud de Marañón, por Francisco Pérez Gutiérrez
Romeros del ideal: intelectuales en las dos Españas de Marañón, por Santos Juliá
Marañón y la medicina en España, por Emilio Balaguer y Rosa Ballester
La obra endocrina de Marañón, por José Antonio Clavero
Vocación y ética, por Diego Gracia
Marañón y la psicología, por Helio Carpintero
El liberalismo de Marañón, por Gregorio Marañón y Betrán de Lis, y Antonio López Vega
Gregorio Marañón, de la Dictadura de Primo de Rivera a la II República, por Genoveva García Queipo de Llano
Marañón, América y el exilio, por Lorenzo Delgado Gómez Escalonilla
Marañón: una visión personalista de la historia, por Antonio Morales Moya
La iconografía de Marañón, por Genoveva Tusell García
El cigarral de Marañón, por Gregorio Marañón y Bertrán de Lis
Marañón, Toledo y El Greco, por Fernando Marías
Marañón en la historia, por Juan Pablo Fusi
La Fundación Gregorio Marañón, 1988-2010, por Alejandro Fernández de Araoz Marañón y Tom Burns Marañón
Así hablarón de Marañón
Obra plástica
Relación de obra

Además, se acompaña de un DVD con un documental hecho para la ocasión, lo que me parece una excelente idea. Sabemos de la existencia de buenos documentales que luego es imposible conseguir ya que apenas se han difundido y no se comercializan.

Creo que es una excelente ocasión para reflexionar sobre la figura de Marañón y la etapa histórica que le tocó vivir. La característica de ir más allá del cultivo de la medicina no es exclusiva de Marañón, circunstancia explicable por el contexto histórico, político y social de la España de la época. Sin embargo, su caso es mejor conocido como demuestra esta exposición. No obstante, queda mucho por investigar, incluido el propio Marañón.

En resumen, si tiene ocasión vaya a ver la Exposición y si tiene interés en profundizar, compre también el libro.

Sabemos que la Universidad Miguel Hernández, Emilio Balaguer y Rosa Ballester,  ha dedicado una jornada a analizar la figura de Marañón y ha organizado la exposición Gregorio Marañón y Posadillo (1887-1960). La España que no pudo ser, en la Sala de Exposiciones CajaMediterráneo (CAM) de Elche.

Exposición sobre Larra

Desde 1980 enseño en la Universidad de Valencia. A lo largo de los años he podido comprobar la preparación de los estudiantes. Cuando hablo de preparación me refiero a los conocimientos y prácticas que se supone que el estudiante ha adquirido a lo largo de los procesos educativos regulares, y a lo que ha aprendido por voluntad e interés propios. Lo que podemos llamar “formación de tipo medio” se está empobreciendo año tras año, curso tras curso. Quizás sepan de temas muy concretos pero son ignorantes en otros muchos. Problema de los modelos educativos, de los constantes cambios de planes en la enseñanza, del camino hacia la decadencia que recorre nuestra sociedad y cultura… No sé.

En mis clases hago referencia en ocasiones a escritores y alguna de sus obras, a películas de cine, a noticias de actualidad, etc. Vaya un ejemplo. A Sigmund Freud hace unos años lo conocían todos. Ahora un porcentaje reducido de cada curso. Algunos han oído hablar de Baroja, pero nadie sabe decirme quién es Albert Camus o Azorín. Y así podría seguir. Confío en que algunos estudiantes los conzcan y se callen, pero el empobrecimiento es patente, no sólo en el campo de la literatura sino en otros muchos como el cine. Puede que este tipo de conocimientos no sean directamente decisivos para ser un buen médico, pero sí lo son para conocer la sociedad y la cultura en la que se ejerce, su historia, sus problemas, sus valores, sus símbolos… y, desde luego, para que el cerebro razone de forma fértil.

Al hilo de estos comentarios, la semana pasada estuve en Madrid y puede ver la exposición que sobre Mariano José de Larra acoge la Biblioteca Nacional (Larra: Fígaro de vuelta, 1809-2009). Está organizada por la Sociedad Estatal de Conmemoraciones Culturales con motivo del segundo centenario del nacimiento de Mariano José de Larra (1809-2009). “La exposición, comisariada por Leonardo Romero Tomar, reúne ciento cincuenta piezas que abarcan documentos autógrafos, libros, artículos, muebles, grabados, cuadros y grabaciones musicales relacionadas con la figura y la obra del que está considerado como el primer escritor moderno profesionalizado de la literatura española”. Acompaña a la exposición un documental que me pareció muy interesante.

Con motivo de esto estuve releyendo alguno de los artículos que están disponibles en la Biblioteca Cervantes en pdf y que se pueden cargar a un ebook. Quizás valga la pena comprarse la nueva edición de las obras completas en dos volúmenes que ha impreso Cátedra. Aparte de que es uno de nuestros clásicos, hay que ver la actualidad de sus artículos. Larra ya decía que este país no tenía solución, lo que algunos seguimos opinando doscientos años después. Menos mal que alguien se acuerda de este tipo de conmemoraciones para refrescarnos los recuerdos de las lecturas que algunos hicimos cuando cursamos el bachillerato. Es una lástima que muchos, entre ellos estudiantes universitarios de cualquier disciplina, se lo pierdan.

Sólo un pero. Como siempre digo, de cualquier exposición debería haber una versión digital en red. Respecto a los documentales, es el típico género que se pierde. Si no se comercializa o lo emite alguna televisión, acaba olvidándose. Si lo pagamos todos los ciudadanos, debería estar siempre disponible en la red.

Exposición sobre la Malaria en la Biblioteca Nacional

Desde el 18 de marzo al 14 de junio la Biblioteca nacional está exhibiendo en la Sala Recoletos la exposición titulada Malaria. Persigue tres objetivos: concienciar a los ciudadanos sobre un problema grave; mostrar que la malaria tuvo importancia en los países de clima templado (el caso de España, por ejemplo, en el siglo XVIII); exponer los medios y formas en las que se luchó y venció esta enfermedad en algunos sitios.

Los comisarios son José A. Nájera y Antonio González Bueno, con la colaboración de Alfredo Baratas. El recorrido es cronológico, desde la Antigüedad clásica hasta el presente. Destacan hitos como los textos hipocráticos, el uso de la quina, el descubrimiento del parásito y del vector causantes de la enfermedad, las estrategias de lucha utilizadas desde comienzos del siglo XX, las campañas antipalúdicas llevadas a cabo en España, así como la evolución de la enfermedad en el presente.

La exposición está integrada por ciento cincuenta piezas. Éstas son libros, manuscritos, dibujos, láminas, fotografías, carteles e instrumentos médicos que proceden de más de veinte entidades de Italia, Gran Bretaña y España (algunos de los propios fondos de la Biblioteca).  La exposición se acompañaba de vídeos y una corta película que muestra las manifestaciones de la enfermedad, sus condiciones socio-ambientales y los medios para combatirla.

Como debe ser, para todos aquellos que no puedan visitar la exposición, tienen en Internet los materiales (en flash). Su estructura es la que sigue:

Las Fiebres intermitentes:
—Diagnóstico y prevención en la Antigüedad
—Prácticas terapéuticas
—La utilización de la quina

La quinina
—Identificación de los principios activos
—El cultivo de la quina: científicos, comerciantes y contrabandistas

El descubrimiento del parásito y el vector
—Hipótesis sobre el origen de las fiebres intermitentes
—El descubrimiento del parásito como vector de la enfermedad

Estrategias de lucha
—Las estrategias de erradicación de la malaria con anteriroridad a la segunda guerra mundial
—Las estrategias de erradicación de la malaria con posterioridad a la segunda guerra mundial

Las campañas antipalúdicas españolas
—Estudios epidemiológicos en España anteriores a la guerra civil
—El control de la epidemia tras la guerra civil

La malaria en tiempos recientes
—El fin de la utopía: los problemas en la década de 1960
—La estrategia “apaga fuegos”: Las décadas de 1970 y 1980
—La conferencia de Amsterdam: una esperanza global
—Erradicación ¿es posible?

También hay una sección de tipo informativo con imágenes de la exposición y los créditos. Asimismo, el visitante puede descargarse el folleto informativo (6,89Mb) y una Guía didáctica (26 ,3 Mb) en formato pdf. ¡Sí señor!, así debe ser. Creo que están en el buen camino. Espero que estos materiales los dejen para el futuro. Pueden tener utilidad para la enseñanza.

En la exposición han colaborado La Cruz Roja Española, CRESIB y está patrocinada por la obra social de Caja Madrid. Todavía quedan unos días para visitarla.

Captura de pantalla

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