El ungüento y las píldoras Holloway

En otra entrada nos ocupamos del Compuesto vegetal de Lydia Pinkham. Hoy traemos otro producto similar que llegó a tener una enorme popularidad tanto en el siglo XIX como en parte del XX, no solo en el Reino Unido sino en otros países como España: el ungüento y las píldoras Holloway. Se dice que incluso la reina Victoria los utilizó. Sin subestimar el efecto placebo, estas sustancias no podían curar lo que prometían. Sin embargo, llegaron a proporcionar cuantiosos beneficios a sus creadores.

Thomas Holloway nació el 22 de septiembre de 1800 en Devonport, Plymouth. Su madre se llamaba Mary y su padre Thomas. Tenían una panadería. La familia cambió varias veces de domicilio. Cuando su padre murió Thomas abrió una tienda de comestibles con su madre y su hermano en el mercado.

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Cartón publicitario Holloway (Colección Fresquet)

En 1828 Thomas marchó durante un tiempo a Roubaix, Francia. Regresó a Inglaterra en 1831. Trabajó como secretario y traductor en Londres para una familia de importadores y exportadores. Más tarde, en 1836, se instaló en la Broad Street como agente comercial. Fue en esta época cuando empezó a hacer ungüentos y píldoras. La fórmula –según decía– procedía de un tal Felix Albinolo de Turín, vendedor de sanguijuelas y del ungüento de San Cosme y San Damián. Thomas lo presentó a las autoridades del St Thomas’ Hospital como inventor de una medicina, pero no mostraron demasiado interés igual que no lo hizo la Inglaterra protestante. Sin embargo creyó que un producto de similares características podía ser aceptado por el público. Algunos opinan que Thomas le robó la fórmula a Albinolo. Surgió así el Ungüento de Holloway que, en 1837, fabricaba en la cocina de su casa.

En 1840 Thomas contrajo matrimonio con Jane Pearce Driver que le ayudó a fabricar el ungüento y las píldoras, que creó más tarde. Durante un tiempo añadió a su nombre el título de “profesor” como estratagema comercial. Thomas Holloway también tenía claro que el éxito de sus productos no podía lograrse sin publicidad. Hoy se diría que fue un gran emprendedor. Acompañaba sus píldoras y ungüento con panfletos que prometían la curación de varias enfermedades.

En 1837 aparecieron en los periódicos los primeros anuncios. Apenas cinco años después el gasto en publicidad estaba en las 5.000 libras anuales. Acabó endeudándose y pasó por la cárcel. Una vez en la calle reanudó su negocio y la publicidad de sus productos. Siguió insertando anuncios pero de forma más selectiva. Al final de su vida la cifra se había disparado a las 50.000 libras esterlinas y no solo se anunciaba en la prensa sino que también lo hizo en forma de postales, tarjetas, juegos, folletos y carteles entre otros. En 1864 el volumen de ventas superaba las 250.000 libras anuales.

También visitaba los muelles de Plymouth, donde promocionaba sus productos entre los capitanes y la tripulación de los barcos que viajan a todas partes del mundo, consciente de que sus medicinas llegarían a otros países.

Se rumoreaba asimismo que mandaba a su hermano a las principales tiendas de la ciudad preguntando por las famosas píldoras de Holloway. Si no disponían de ellas simulaba un gran enfando. Después pasaba el propio Thomas para ofrecerles sus productos para la venta.

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Cartón publicitario Holloway (Colección Fresquet)

Holloway se fue a vivir en 1869 a Tittenhurst Park, una casa de campo georgiana de 29 hectáreas, London Road en Beggar’s Bush, cerca de Ascot. En 1898 fue adquirida por Thomas Hermann Lowinsky, gerente de unas minas de carbón de la India. En 1969 se convirtió en el hogar de John Lennon y su esposa Yoko Ono. Después vivió allí Ringo Starr con su familia hasta finales de la década de los ochenta. Después fue adquirida por el presidente de los Emiratos Árabes Unidos. Fue en esta casa donde Holloway falleció el 24 de diciembre de 1883 a la edad de 83 años. Su esposa lo había hecho en junio de 1876. El negocio continuó dirigido por su sobrino George Martin Holloway. En 1929 la compañía se llamaba Hollowys Oill Ltd.

Holloway se convirtió en uno de los hombres más rico de Gran Bretaña. No tuvo hijos. Fue un gran filántropo. Creó el Sanatorio Holloway en Virginia Water y el Royal Holloway College para mujeres, integrado en la Universidad de Londres. En vez del College, su idea era construir un hospital para enfermos incurables, pero su mujer lo persuadió para que hiciera algo para las mujeres en un momento en que su acceso a la educación superior era algo controvertido. Ambos edificios fueron diseñados por el arquitecto William Henry Crossland. También donó a la Universidad una excelente colección de arte, especialmente de pinturas.

Los productos Holloway aseguraban curar todo tipo de dolencias. Estaban compuestos de jengibre, cardamomo, azafrán, canela, raíz de ruibarbo y “confección de rosas”, aunque la fórmula era secreta. Tras su muerte se vio que algunos no contenían ningún principio activo. Su popularidad descendió progresivamente hasta que la competencia “Píldoras de Beecham” compró el negocio en 1930. Durante muchos años sus productos se vendieron no sólo en Gran Bretaña sino en multitud de países, entre ellos España.

En la imagen se puede ver la publicidad insertada en El Áncora (Barcelona) en octubre de 1850

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Otro de los anuncios deja bien claro las enfermedades que puede curar:

“Este inestimable específico, compuesto enteramente de yerbas medicinales, no contiene mercurio ni alguna otra sustancia deletérea. Benigno a la niñez más tierna y a la complexión más delicada, e igualmente pronto y seguro para desarraigar el mal en la complexión más robusta, es enteramente inofensivo en sus operaciones y efectos, mientras busca y remueve las enfermedades de cualquiera especie, y en cualquier grado, por antiguas y arraigadas que sean.

Entre los millares de personas curadas con esta medicina, muchas que ya estaban a las puertas de la muerte, perseverando en su uso, han llegado a recobrar su salud y sus fuerzas, después de haber tentado inútilmente todos los otros remedios.

Los más afligidos no deben entregarse a la desesperación ; hagan un competente ensayo de los eficaces efectos de esata asombrosa medicina, y pronto recobrará n el beneficio de la salud.

No se perderá tiempo en tomar este remedio para cualquiera de las enfermedades siguientes:

Accidentes epilépticos
Almorranas
Asma
Calenturas biliosas
Calenturas intermitentes
Calenturas de toda especie
Cólicos
Debilidad o extenuación
Debilidad o falta de fuerzas por cualquier causas
Disentería
Dolor de garganta
Dolor de vientre
Erisipela
Enfermedades del hígadoçEnfermedades venéreas
Gota
Hidropesía
Ictericia
Indigestiones
Inflamaciones
Irregularidad de la menstruación
Jaqueca
Lamparones
Lombrices de toda especie
Lumbago o dolor de riñones
Mal de piedra
Manchas en el cutis
Obstrucción de vientre
Retención de orina
Reumatismo
Síntomas secundarios
Tic-doloroso
Tisis o conunción pulmonar
Tumores
Úlceras

Estas píldoras se venden en el establecimiento general de Londres, 244, Strand, y en casa de todos los farmacéuticos, droguistas y otras personas encargadas de la venta en toda América del Sur, La Habana y la España.

Las cajitas se venden a 1fr. 60 cént, 4 fr. 20 cts, y 6 fr. 40 cént. Cada cajita contiene una instrucción en español para explicar la manera de hacer uso de estyas píldoras”.

Otro anuncio más breve, publicado esta vez en Las Provincias en 1913 dice:

“Diario de Avisos. Ungüento y Píldoras Holloway.– Para la curación de las úleras, de las quemaduras y las heridas de toda clase, el célebre Ungüento Holloway se encuentra sin rival. En el momento en que él se aplica a la parte afectada, sus virtudes balsámicas alivian el dolor, protegen los nervios expuestos contra el aire, dan a los vasos el vigor necesario para que sane la llaga, y purifica de tal modo la sangre, que cuanta carne crece, en lugar de la destruida es perfectamente sana. Las Píldoras Holloway, si se toman al mismo tiempo que se usa el Ungüento, aumentan considerablemente el poder depurativo y refrigerante de este último. Unidas dichas medicinas, obran como por encanto. Ningún enfermo que las haya ensayado ha dejado de librarse de su enfermedad, o por lo menos, de ser mitigadas sus penas”.

 

Bibliografía

–Bingham, C. (1987). The History of Royal Holloway College, (1886-1986). London: Constable.
–Harrison-Barbet, A. (1990). Thomas Holloway, victorian Philanthropist: a biographical Essay. London: Lyfrow Trelispen.
–Homan, P.G.; Hudson, B.; Rowe, R.C. (2008). Popular Medicines. An illustrated History. London-Chicago: Pharmaceutical Press.

 

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Un comentario en “El ungüento y las píldoras Holloway

  1. JOSE MERITA

    JOSE LUIS FRESQUET muy interesante el artículo sobre Pildoras Holloway. Preciosos los anuncios de la colección. Se forró a costa de la inocencia de los consumidores y con el beneplacito de la Administración. Era un remedio secreto y su publicicidad desde 1860 estaba prohibida.

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