Los insecticidas en los cultivos, otra vez en entredicho

The Guardian publica hoy un interesante artículo sobre un estudio que se ha publicado en el Journal Environmental Science and Pollution Research financiado por una fundación de caridad del Banco ético Triodos. El informe tiene el título de Worldwide Integrated Assessment on Systemic Pesticides.

Los insecticidas más utilizados en el mundo han contaminado el planeta y ponen en riesgo la producción de alimentos. La situación se compara con lo escrito por Rachel Carson en 1962 en su libro Silent Spring (En España, Primavera silecnciosa, publicado por Grijalbo), donde se hablaba de la destrucción de numerosas especies de aves e insectos por el uso del DDT.

Al año se venden millones de dólares de insecticidas que han ido envenenando todos los hábitats y han actuado sobre criaturas vivas (desde las abejas a las lombrices) que son esenciales para la producción mundial de alimentos. Se dice, por ejemplo, que los agricultores aplican de forma rutinaria neonicotinoides sin que se tenga evidencia científica de que aumenten el rendimiento de sus cultivos.

Según Jean-Marc Bonmatin, del Centro Nacional de Investigación Científica (CNRS) de Francia, estamos siendo testigos de una amenaza para la productividad de nuestro medio ambiente natural y de cultivo equivalente a la que plantearon los organofosforados o el DDT . Las abejas y otros polarizadores, que polinizan las tres cuartas partes de los cultivos del mundo, y los organismos encargados de crear suelos adecuados, están en peligro.

En el artículo se recuerda el impacto que produjo Silent Spring, que parece que se ha olvidado, según David Goulson, de la Universidad de Sussex. La historia se repite.

La evaluación que se ha realizado y se acaba de publicar, señala que las sustancias químicas son un factor clave en la disminución del número de abejas y en la pérdida de la capacidad de hacer túneles de los gusanos que airean los suelos. Otros insectos también se ven afectados. El informe advierte que se pueden ver afectadas las aves que viven de estos insectos y las que directamente comen semillas impregnadas de insecticidas.

La Unión Europea, con la oposición del gobierno británico y la Unión Nacional de Agricultores ha impuesto una moratoria de tres años sobre el uso de algunos neonicotinoides en determinados cultivos. En Estados Unidos Barack Obama ha ordenado una evaluación urgente de los efectos de estas sustancias en las abejas.

Sin embargo, la Crop Protection Association, que representa a los fabricantes de plaguicidas, ha criticado el informe publicado. Dicen que el informe publicado se refiere a estudios realizados en los peores escenarios y producidos en condiciones de laboratorio.

También se hace referencia en el artículo de The Guardian al tratamiento de las semillas con nuevos insecticidas que acaban afectando a todas las partes de las plantas y su lenta descomposición de los mismos en los suelos. Niveles peligrosos de insecticidas se acumulan en los suelos.

Uno de los principales problemas es que no se tienen estudios realizados a largo plazo ni se poseen datos públicos del uso de insecticidas en un buen número de países. Por ejemplo, sólo se ha estudiado el efecto de los neonicotinoides en cuatro especies de las veinticinco mil de abejas que se conocen. Las repercusiones sobre reptiles y mamíferos ni siquiera se han considerado.

Otro tema importante es el efecto sobre las personas y sobre la salud.

 

Polinización

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