A vueltas con el Acceso abierto

Siguen apareciendo artículos sobre el Open access en los blogs de The Guardian. Uno de los últimos es el que lleva por título “Acceso abierto: Crédito para quien se lo merece”, de Bob O’Hara.

O’Hara -ya hicimos referencia a él en otros posts– comienza haciendo referencia a la obra del antropólogo Bruno Latour, La vida en el laboratorio, y en concreto a una de sus ideas centrales: los científicos buscan reconocimiento y recompensas, ser citados incluso después de la muerte, obtener subvenciones, ser invitados por los medios de comunicación, así como por las instituciones y los colegas a programas de televisión, congresos, conferencias, etc.

Esto lleva a que los científicos elijan las revistas en las que publicar, las que gozan de “reputación”, aunque no signifique que las otras sean peores. Por su parte, las revistas buscan publicar lo mejor a la vez que rechazan lo que consideran “no tan bueno”.

¿Qué pasa entonces con el acceso abierto? Dado que el acceso a las revistas que se publican bajo este rótulo debe ser gratuito para los lectores, lo que hacen es cobrar al autor por publicar.  Una de las consecuencias es que lleguen a aceptar cuantos más artículos mejor, lo que podría entrar en conflicto con la calidad. O’Hara menciona que una de estas revistas ha publicado recientemente un trabajo que se había generado al azar, lo que vendría a demostrar que lo único que interesa es el asunto económico. Si una editorial quiere que su revista gane en prestigio y reputación, debe publicar sólo buenos trabajos.

¿Cómo ganan dinero entonces estas editoras de revistas de acceso abierto? Algunas optan por publicar trabajos de gran calidad y también otros no tan buenos pero técnicamente bien elaborados, lo que amplía la base de ingresos.  Para los autores, primero habría que intentar publicar en las revistas de mayor prestigio y si sus artículos son rechazados, ir bajando en exigencia. Algunas editoras, incluso, recomiendan al autor que presente el trabajo a otra de sus revista más adecuada. Esto se hace desde que casas como Springer y Wiley han lanzado revistas de acceso abierto como BioMedCentral. Los comentarios de los revisores también podrían transferirse sin que se produjera un retraso en la publicación. De alguna manera, según O’Hara, este programa alentaría a los autores a ligarse a una editorial. Hay que tener en cuenta que las editoriales mencionadas quieren quitar protagonismo a otras publicaciones de acceso abierto, como PLOS One’s, o arrebatarles cuota de mercado.

O’Hara señala que las protestas que se produjeron hace unos meses contra Elsevier poco tienen que ver con este tema. Se trata, en definitiva, de una cuestión de precios elevados de suscripción. La calidad se mide por lo general según la revista en la que se publica. La comunidad Open access señala que debería desarrollarse una redefinición de los criterios de calidad. Creen que en vez de la revista debería valorarse el artículo individualmente. ¿Cómo? Por ejemplo, por las veces que ha sido leído, descargado o citado.

O’Hara parece referrise a aspectos que no suelen tenerse en cuenta: artículos en prensa, aceptados, artículos que requieren un tiempo para que sean citados, otros que, en cambio, tienen un impacto muy efímero. Todo esto le lleva a decir que cualquier sistema es imperfecto y comenta algunos detalles de nuevas propuestas que tampoco le convencen.

Está claro que el tema está en pleno debate y que los hábitos de publicación científica están cambiando. No nos atrevemos a decir qué derroteros seguirán. Curiosamente este tipo de trabajos sobre el tema no tienen en cuenta la gran cantidad de conocimiento que día a día se aportan a la red sin pasar por las publicaciones científicas de las que se habla aquí. Es más, a veces no sabemos ni quiénes son los autores. Desde mi punto de vista el mundo científico y académico va por detrás de la realidad de la Red. Cualquier cosa que comprometa ese supuesto “prestigio” y las recompensas correspondientes, no gusta. La métrica de las publicaciones científicas lejos de ser una herramienta de ayuda se está convirtiendo en un objetivo en sí mismo. Hay montado un gran entramado con muchos intereses implicados que a mucha gente no le interesan lo más mínimo y que a otros está comenzando a cansarles. Estamos observando que con estos procedimientos se están justificando recortes en investigación, se está segmentando a los investigadores y a los docentes y un largo etcétera. Veremos cómo evoluciona el tema y de dónde provienen las resistencias.

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