Malas pautas de conducta entre los científicos. Dos artículos de The Guardian

Interesantes los dos artículos que han aparecido estos días en The Guardian y uno de sus blogs sobre el tema de la ética de los científicos y sobre el fraude y la mala conducta que amenazan la investigación científica. Aunque el de Alok Jha, “False positives: fraud and misconduct are threatening scientific research” se refiere al campo de la psicología, no faltan los ejemplos de medicina y de otras ciencias. El otro artículo “Fraud and the Decline of Science”, toma en consideración el anterior y hace algo de historia utilizando como referencia Reflections on the decline of science in England, and on some of its causes, de Charles Babage.

Si los artículos llaman mucho la atención e invitan a la reflexión, los comentarios que les acompañan también. Ahí se descubre, por ejemplo, al defensor acrítico a ultranza de los actuales procedimientos de control y evaluación, y de aquel que cree que todo lo científico está por encima del bien y del mal y lejos de cualquier opinión. Por suerte, otros señalan abiertamente que la actividad científica no es más que una actividad humana y, por tanto, sujeta a cualquier tipo de influencias.

En los artículos se habla de que el seguimiento del método científico riguroso debe dejar de lado cualquier tipo de subjetivismo y de influencias externas. Sin embargo, el fraude parece que es moneda común en la ciencia y no sólo en la actualidad. Entre las causas se señalan, la creciente competencia por llevarse parte de los presupuestos públicos para investigación y las recompensas desmesuradas que se otorga a los científicos por publicar en determinadas revistas. Creo que aquí podrían añadirse muchas más, algunas de las cuales se comparten en otros ámbitos profesionales: conseguir un puesto de trabajo fijo; lograr una línea de financiación segura de una empresa; buscar el reconocimiento público; utilizar la ciencia como trampolín para otros fines, etc. Otro hecho que resalta Alok Jha es lo que llama “Neofilia”, es decir, la obsesión actual que hay por la novedad.

Todo ello lleva a la falsificación de resultados, a ignorar o esconder datos que puedan afear el trabajo, a agregar nombres en las publicaciones de personas que realmente no han contribuido, a no revelar los conflictos de intereses cuando los hay, etc. Podríamos añadir la obsesión por publicar en determinadas revistas, la estrategia de publicar artículos de revisión, el uso abusivo de autocitas y de citas a amigos o colegas, cambiar las cosas de nombre para darles apariencia de novedad, etc.

Pero no sólo debe ternerse en el punto de mira a los científicos. El problema no se puede comprender bien si no se tienen en cuenta las empresas que aportan financiación en cada caso (la industria farmacéutica, por ejemplo), los lobbies de la publicación científica y académica, las políticas científicas de cada país,  así como las supuestas “ciencias” que dan objetividad y rigurosidad a todos los procedimientos de evaluación (cienciometrías, bibliometrías y otras ías). Todos defendiendo sus intereses. No hay más que echar un vistazo a lo que sucede a nuestro alrededor. La situación llega a estar tan extendida que es normal escuchar a científicos emitiendo juicios apoyándose en creencias de la misma naturaleza que la magia y la religión. En países como el nuestro, además, los ejemplos son más propios de una película de Berlanga que de otra cosa. Llama la atención que la autocrítica sea tan escasa entre los que más deberían practicarla. Por otro lado, hay casos como los que se señalan en los artículos, que atañen a enfermos, y las malas prácticas a los que nos estamos refiriendo pueden tener consecuencias catastróficas.

Buena ocasión, pues, para leer estos artículos y reflexionar sobre un tema que cada día se hace más acuciante y resulta más vergonzante.

5 comentarios en “Malas pautas de conducta entre los científicos. Dos artículos de The Guardian

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  3. CARLOS QUINTANA

    Muy buenos conceptos. Yo no dejaría de lado que quienes cometen fraude lo hacen, también, por el ansia de prestigio y por motivos de su propia psiquis y personalidad.
    Esto curre incluso en disciplinas alejadas de los grandes subsidios o de los temas más vigentes (como pueden ser los de medicina).
    En Argentina es elocuente el caso de los fraudes realizados por Ulyses Pardiñas, un paleontólogo (véase: https://sites.google.com/site/quintanamdp/home/articulos/LARBO2.pdf ). Lo lamentable de este, y otros casos, es que la falta no tiene un correlato con la repulsa de la sociedad científica ni penalidades por parte de las instituciones que representa.
    Lo positivo, en éste y otros casos, es que todos los fraudes científicos son descubiertos por otros científicos.

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