Hoy hace 160 años que nació Santiago Ramón y Cajal

Tal día como hoy, pero de 1952 nació en Petilla de Aragón, Santiago Ramón y Cajal. Con tal motivo Google le dedica el Doodle en este día:

Nosotros recordaremos el homenaje que se le tributó a Cajal el 24 de abril de 1926 en el Parque del Retiro, de Madrid.

El 24 de abril de 1926, sábado, se inauguró en el Parque del Retiro, de Madrid, el monumento en honor a Cajal. Según Ángel Vegue y Goldoni, “Sin desdoro para los colegas del artista, hay que decir que pocos son los que, como él, tienen sentido de lo monumental. Organizar masas de granito, bajo el rigor de la disciplina geométrica, para encuadrar o destacar las curvas de las figuras humanas en actitudes dinámicas, no solía ser criterio estético. Victorio Macho (1887-1966), además, comprendiendo lo que las líneas arquitectónicas se animan al desatarse en la superficie de las aguas estancadas, logró un efecto pictórico singular, por la fuerza de sugestión que encierra. La estatua meditabunda del sabio, el erguimiento de esa neohelénica Sofia, las escenas rememorativas de la Vida y de la Muerte sobre sendas fuentes de fluente ninfa, todo ello, en armonía, se integra”.

Asistieron al acto el Rey, el presidente de Gobierno, Sr. Primo de Rivera, los ministros de Instrucción pública y de Estado, el alcalde de Madrid; y el gobernador civil entre otras autoridades. Estuvieron allí también Torres Quevedo, Chicote, Pulido, Recaséns, Florestán Aguilar, Hernández Briz y otros científicos. Figuraban asimismo los miembros de la Comisión organizadora: Cortezo, Álvarez de Sotomayor, Francos Rodríguez, Amalio Gimeno, Rodríguez Carracido, Tello y el marqués de Urquijo. Quien leyó el discurso de Cortezo (presidente de la Comisión) fue Gimeno. Siguió el del alcalde y el del Presidente del Gobierno. Finalmente el de Cajal. El Rey descubrió después el monumento, la Banda municipal interpretó algunas piezas y los niños desfilaron ante el monumento arrojando flores a su paso.

A continuación reproducimos el discurso de Cajal:

“Señoras y señores: Sirvan mis primeras palabras, en esta solemne inauguración de un monumento consagrado a un modesto obrero de la Ciencia, para expresar mi profunda gratitud a Su Majestad el Rey, que se ha dignado realzar el acto con su augusta presencia; al excelentísimo señor alcalde de Madrid, conde de Vallellano, que, en representación del ilustre Concejo, ha querido autorizar y enaltecer la ceremonia; a los patricios esclarecidos patrocinadores de la suscripción nacional, y singularmente, al sabio veterano doctor Cortezo, apostol entusiasta y fervoroso de todas las iniciativas encaminadas a honrar a los hombres de ciencia y abnegación, y en particular a los surgidos en la ilustrada clase médica.

Cada región española posee características. Decir Castilla, y sobre todo Madrid, es mentar dos grandes cualidades: comprensión y generosidad. ¡Madrid…! Con razón te llaman “tierra de amigos”. Acoges amorosa a todos los hijos de España, hasta los nacidos en las más remotas comarcas peninsulares y ultramarinas. No preguntas a nadie de dónde viene; te contentas con saber que el nuevo huesped aporta un programa de actividad útil y siente en su corazón arder la llama del ideal patriótico. Esres grande, porque eres justo; mejor aún: porque eres generoso y magnánimo.

No quisiera aludir al motivo del grandioso homenaje. El “yo”, se ha dicho, es siempre antipático. Ciertas honras desproporcionadas sonrojan y anonadan; pero hay que aceptarlas, so pena de adoptar actitudes rayanas en la irreverencia y la ingratitud. ¡Qué remedio! Vivimos en el país  del énfasis y de la hipérbole, y no vamos a corregir ahora nuestra secular psicología. Cuanto más que, según veremos luego, tales exageraciones entrañan valor educativo. Me es imposible, empero, disimular mi asombro al recordar cuántos españoles ilustres, héroes de la voluntad, de la imaginación o de la inteligencia, carecen de monumento, y cuántos otros vamos a tenerlo con méritos escasos o discutibles.

Y ahora perdonadme un rasgo de ruda franqueza. Desapruebo, en principio, las estatuas en vida, aunque se erijan -éste no es mi caso- a varones eminentes en la Política, Artes y Letras y Ciencias. Para aquilatar la obra de un hombre es menester la perspectiva ideal del tiempo, de ese depurador implacable de prestigios y decantador de verdades. Fuera de los hechos aportados, que esos, por fortuna, perdurarán mientras no varíen las leyes del Universo, las doctrinas científicas, al modo de los gustos y modas filosóficas y literarias, están sujetas a perpetua revisión.

Me doy cuenta, además, según insinuaba antes, de que aún ciertos hiperbólicos agasajos entrañan alto sentido pragmático, a condición de despersonalizarlos. Representan seductora bandera de enganche. Apuntan al porvenir más que al presente. Por encima del monumento contempláis paternalmente a la juventud estudiosa. Con admirable previsión  incubáis los futuros valores de la raza. Les prometéis magníficos trofeos si aciertan a triunfar  en una lucha tan ardua y peligrosa como las pugnas internacionales. Porque quien halla una verdad la arrebatan a los extraños. Cándido fuera, pues, confiar en su rápida acogida. Hiere demasiados intereses creados y amenaza a muchos ídolos de barro. Por eso -y es observación vulgar- cada laboratorio constituye fortaleza donde se combate a los innovadores, primero con denegaciones, luego con reservas, y últimamente con tardas y frías aprobaciones. De ahí el tipo actual de viajante científico, inquieto pregonador de las propias conquistas, ansioso de apresurar y si le es dable, forzar el veredicto inapelable de la posteridad. Ello es humano y, por tanto, disculpable.

Pero, en fin, si mis méritos son harto precarios y discutibles, alguna razón habrá para vuestro homenaje. Haciendo examen de conciencia, sólo columbro en mi deber dos prendas modestas, al alcance de todo el mundo: la religión del trabajo obstinado y la fe inquebrantable en la aptitud de la raza hispana para emular las hazañas de los grandes descubridores científicos. Empleando un símil manido, he procurado ser antena vigilante, captora y magnificadora de los juicios desdeñosos o despectivos del extranjero, para hacerlos resonar, primero, en el ‘altavoz’ del periódico, de la monografía científica y del libro, y después, en los cerebros indolentes o distraídos de la juventud.

Hoy no hacen falta estímulos. Por fortuna, contamos ya en todos los dominios del saber con iniciadores preclaros, cuyo nombre ha traspasado las fronteras. De importadores nos hemos transformado en exportadores. Y no me refiero sólo a lo que extranjeros llaman benévolamente ‘escuela de Cajal’ (de la cual, dicho sea de pasada, han surgido varias escuelas filiales creadoras de métodos nuevos) sino muy principalmente a los numerosos investigadores formados al calor de sabios nacionales o de lumbreras extranjeras; es decir: a la pléyade gloriosa de naturalistas, médicos, físicos, químicos, matemáticos e ingenieros, cuyos hallazgos e invenciones son considerados y estudiados con creciente interés en Centros científicos europeos y americanos. Ni es raro sorprender hoy en nuestros laboratorios y seminarios profesores y becarios de allende el mar y allende el Pirineo afanosos por conceder ‘de visu’ los métodos españoles de investigación para aplicarlos en sus pesquisas. Pecaríamos de injustos si olvidáramos que en esta creciente ascensión cultural (exceptuamos a los autodidactas) han colaborado decisivamente en las iniciativas de la Junta para Ampliación de Estudios, siempre secundadas y apoyadas por los Gobiernos de todos los matices políticos.

Al fin, hemos comprendido una verdad muy sencilla: que la prosperidad y el poderío de las naciones no se funda solamente en la grandeza militar ni en el florecimiento artístico y literario, sino en el caudal de ideas científicas, de conquista técnicas y de todo linaje de invenciones útiles. Por tener averiada la rueda de la Ciencia, la pomposa carroza de la civilización hispana ha caminado dando tumbos por el camino de la Historia.

Decíamos antes que tal situación había mejorado notablemente. Importa, empero, no engreirnos demasiado. Si en ciertas ramas muy especiales del saber hacemos buena figura, en otras, desgraciadamente las importantes, vamos muy a la zaga de las naciones próceres.

Continuemos, pues, laborando con creciente celo y voluntad indomable. Con razón se ha dicho que el trabajo es plegaria. Obra milagros. Transmuta el cerebro indolente, a quien otorga el excelso don de crear. Hasta las manos se transforman en exquisitos instrumentos de precisión. Insigne cobardía fuera desmayar en mitad del camino. Y la espléndida cosecha de ‘ideas fuerzas’, de concepciones científicas originales, puestas al servicio de la Medicina, de la Agricultura, de la gran industria, de la gestión política y hasta del arte militar y naval, afirmarán enérgicamente en lo futuro nuestra personalidad espiritual, y preparan esa España grande, esclarecida y respetada con que todos soñamos.

Entretando, yo, a despecho de las decadencias de la senectud, y confinado en angosto pejugal, prosigo abriendo mi pobre surco, la mano temblorosa en la esteva, los ojos fijos en el horizonte, donde con los colores de nuestra bandera, flamea la aurora, nuncio de ese Sol de mediodía (demasiado lejano para mí) que alumbrará la gloriosa epifanía de la raza.

He dicho”

El Dr. Amalio Gimeno leyendo el discurso en nombre del Dr. Cortezo en el acto de inauguración.

La figura de Cajal en el centro. Detrás la Fons viate, a la izquierda y la Fons mortis, a la derecha. Bajo la primera un bajorrelieve que simboliza una familia con los padres y un niño. Bajo la segunda, otro bajorrelieve que representa una mujer llorando que sostiene un cadáver. Entre las dos fuentes, la figura de Minerva, en bronce. La diosa de la sabiduría lleva en su mano una corona de laurel en ademán de entregársela a Cajal.

Bibliografía

-El acto de esta mañana. Se inaugura en el Retiro el monumento a Cajal. Un magnífico discurso del maestro.- Se concede a Ramón y Cajal la segunda medalla “Plus Ultra”. Heraldo de Madrid, sábado 24 de abril de 1926, p. 1.

-La fuente de Cajal. El Rey inaugura el monumento. Un discurso del sabio histólogo. El Imparcial, domingo 25 de abril de 1926, pp. 1-2

-La inauguración del monumento a Cajal en el Retiro. Nuevo Mundo, año XXXIII, nº 1.684, 30 de abril de 1926.

Un comentario en “Hoy hace 160 años que nació Santiago Ramón y Cajal

  1. Sin duda alguna el “Patriotismo Científico” de Cajal contribuyó al desarrollo y avance de la medicina de su época y colocó a España como porta-estandarte de la Neurociencia. Ejemplo digno de imitar por su perseverancia y vocación de trabajo fructífero. Modeló su propio cerebro para la investigación y dejó una puerta abierta para quienes estimulados por sus investigaciones dirijan su espíritu a la exaltación de las ciencias.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s