Se recuerda el fallecimiento de Joseph Lister hace 100 años

En algunos medios e instituciones británicas se ha celebrado el centenario del fallecimiento de Joseph Lister (5 abril de 1827 – 10 de Febrero de 1912). Véase, por ejemplo, el artículo de Lee Randall ‘The chief of surgeons: our debt of gratitude to Joseph Lister‘, publicado en Scotsman.com.

A lo largo del siglo XIX la cirugía encontró soluciones para los tres grandes problemas que tenía todavía planteados: el dolor, la infección y la hemorragia. La superación de estas tres barreras es lo que se conoce como “Revolución quirúrgica”. Las aportaciones de Joseph Lister fueron decisivas para solucionar la temible infección.

Cuando Lister se hizo cargo de la Clínica quirúrgica de Glasgow, debía enfrentarse a lo que era uno de los principales problemas: de un 30 a un 50% de los enfermos ingresados sucumbían víctimas de la gangrena hospitalaria, la erisipela, la piemia o el edema purulento. Como otros cirujanos en el pasado, quiso rebelarse contra la doctrina del pus loable, pero lo hizo de manera distinta. Pensó que la infección de las heridas y la formación de pus eran equiparables a la putrefacción.

Lister estaba al corriente de las ideas de Pasteur. Por una parte, sabía que éste había demostrado que este fenómeno se debía a la llegada de gérmenes vivos hasta la materia putrefascible, y por otra, que ésta se conservaba inalterable si se mantenía fuera del contacto del aire o si éste llegaba filtrado. Trasladó estas nociones al terreno de la cirugía, especialmente a los casos de fracturas abiertas. Había observado que las simples curaban sin demasiados problemas, mientras que las abiertas o con heridas acababan supurando e infectadas. Pensó que el aire atmosférico era el responsable porque aportaba los gérmenes. Por tanto, había que «filtrarlo» de alguna manera. Probó el cloruro de cinc y los sulfitos, pero pensó que podía emplear el ácido fénico, sustancia que se obtenía facilmente del alquitrán de hulla y que, desde 1859, se venía empleando para evitar putrefacciones. Sabía que se usaba para evitar la fetidez de los albañales y que en los campos por donde discurrían las aguas fenicadas desaparecían los entozoos que parasitaban al ganado.

En 1857 publicó el trabajo titulado Nuevo tratamiento de las fracturas abiertas y de los abcesos; observaciones sobre las causas de la supuración, que apenas tuvo resonancia entre los científicos. En 1867 presentó los resultados de un nuevo estudio sobre el tema ante la Asociación médica británica. Un año más tarde lo hizo en la Sociedad Médico-quirúrgica de Glasgow. En 1869 lo tomó como tema de la lección de apertura de curso de su Universidad. Este material lo publicó en forma de libro en 1867 con el título On the Antiseptic Principle in the Practice of the Surgery.

Entre la primera publicación y la segunda depuró la técnica. Primero aplicaba compresas de agua fenicada y después pulverizó el ambiente y los objetos que podían entrar en contacto con la herida completándolo con el uso de pomadas fenicadas. Poco a poco fue acumulando una serie de casos fruto de una experiencia continuada. En 1867, por ejemplo, decidió operar a un enfermo con una fractura de tibia que había consolidado defectuosamente, usando su método antiséptico. Normalmente en estas situaciones el desenlace era funesto. Sin embargo, el paciente curó sin ningún problema.

Pronto el “listerismo” comenzó a tener adeptos en el continente, aunque también tuvo detractores. Conociendo el valor de la estadística, Lister acumuló datos y cifras. En 1870 presentó resultados relativos a amputaciones. Antes del empleo de la antisepsia la mortalidad era del 45 % y después descendió al 15 %. A partir de 1871 la tendencia a aplicar el método de Lister se generalizó con rapidez en todos los países.

Lister murió el 10 de febrero de 1912 habiendo recibido toda clase de honores, homenajes y reconocimientos. Se celebró el funeral en la Abadía de Westminster, donde se grabó su efigie junto a la de Hunter y Willis.

Convenio entre la ULPGC y la Fundación Juan Negrín

Parece que se ha firmado un convenio de colaboración entre la Fundación Juan Negrín y la Universidad de Las Palmas de Gran Canaria para estudiar las más de 150.000 fichas que forman los fondos de la F. Negrín. Las áreas implicadas son Medicina e Historia contemporánea.

Tras completar la catalogación de los documentos será posible profundizar en la vida y obra del eminente científico y político español  y estudiar su carrera como médico y fisiólogo, como político y presidente de gobierno de la II República, su vida familiar y las relaciones con amigos y colegas.

Recordemos que Negrín nació en Las Palmas de Gran Canaria el 3 de febrero de 1892 y murió en París el 12 de noviembre de 1956.

De forma paralela se está restaurando el edificio que albergará la Casa Museo Juan Negrín y que se encuentra en Vegueta. Parece que allí estarán disponibles los documentos originales que se han digitalizado.

Buena noticia para la Historia de la Medicina. Deseamos que ambos proyectos lleguen a feliz término.

Fuente: Laprovincia.es Diario de Las Palmas