Centenario de la publicación de las ‘Cartas escandinavas’, de Angel Pulido

Hace cien años en el diario El Liberal aparecieron una serie de artículos o crónicas que iba enviando desde diferentes países europeos, especialmente los del norte,  Angel Pulido Fernández (1852-1932). El rótulo genérico era ‘A través de Europa’. Un año después fueron reunidas en forma de libro con el título Cartas escandinavas (Veraneo de 1910) [Madrid, Establecimiento Tipográfico de El Liberal’, 230 pp.]

El libro estaba dedicado a S.A.R. la Infanta Doña María de la Paz Borbón. En él, Pulido señala, “Mi viaje veraniego de 1910, realizado a través de varias naciones de Europa, lo emprendí con el deseo especial de visitar, por el Norte, los pueblos escandinavos, y descender, por el Sur, hasta Munich, para tener el honor de saludar a V.A. y conocer de visu la enseñanza que reciben en Nymphenburg esos niños pobres, que en lenguaje familiar y con sentido cariñoso, hemos dado en llamar los golfillos españoles, patrocinados por la caridad de V.A. y el amor patrio y despierto de tan bondadoso como ilustrado canónigo salmantino don Gonzalo Sanz”.

Una de las grandes pasiones de Pulido era viajar, y lo hizo en varias ocasiones a lo largo de su vida.  Aprovechaba los viajes para estudiar, visitar hospitales y museos, centros de enseñanza, instalaciones sanitarias, organizaciones de puericultura y para la infancia, asociaciones para ciegos, oficinas contra el paro obrero, auxilios para ancianos, etc. Según su hijo, Pulido “quería ver y conocer personalmente, pues siempre dijo que, quien tiene la responsabilidad como gobernante en cualquier ramo de los que constituyen el Estado, debe conocer por sí propio cuanto de ese ramo haya en el sitio donde se encuentre más adelantado”.

En el viaje que comentamos, aprovechó la ocasión para asistir en París al Congreso de Higiene Escolar. Era el tercero después de los celebrados en Nuremberg en 1904 y en Londres en 1907. Habían más de mil participantes y España, según dice, participaba con apenas 10 asistentes y 39 adheridos. Los representantes del Gobierno eran los doctores Tolosa Latour y Masip. Allí visitó también la Fundación Rothschild y la Escuela de Saint-Mandé cuyos métodos se fundamentaban en la enseñanza al aire libre que tan buenos resultados había dado en varias ciudades de Francia, Inglaterra, Suiza y Alemania.

En Copenague estuvo en el Hospital Rigs donde estudió con minuciosidad los planos, su estructura y funcionamiento. También se encargó de analizar el sistema de protección a la infancia de Dinamarca, las instituciones benéficas, así como la alimentación de niños pobres. Estuvo también en Noruega y en Suecia.

En Upsala estudió el Instituto de Ciegos de Fomteboda y en Estocolmo, todos los servicios municipales. Un capítulo lo dedica al Patronato de niños españoles pobres, de Munich,  al que hace referencia la dedicatoria.

Llamaba su atención las bajas tasas de analfabetismo y que la escolarización estaba dirigida a todas las capas sociales. Tenía claro que el desarrollo intelectual de Dinamarca, por ejemplo, tenía su origen en los esfuerzos dedicados a la enseñanza primaria.

El libro va alternado descripciones, datos estadísticos, comparaciones, opiniones sobre la situación de España al respecto, etc. No sólo hace referencia a instituciones de tipo pedagógico y médico, sino que también se ocupa de contar costumbres, formas de vida, estilos de construcción, etc. Hay que tener en cuenta, sin embargo, que el libro es una colección de artículos o narraciones de viaje destinadas a un diario, y no se puede esperar por ello rigurosidad científica ni datos exhaustivos.

Angel Pulido no fue el único español que estuvo interesado en los países del norte de Europa. Angel Ganivet (1865-1898), por ejemplo, fue cónsul a finales del siglo XIX en Helsinki y también dejó por escrito muchas opiniones e impresiones sobre estos países y sus ciudadanos en obras como Cartas finlandesas (1896) y Hombres del norte (1898).

Después de cien años, es un buen momento para rendir este sencillo homenaje a la compleja figura del médico Angel Pulido Fernández. Además, después de todo este tiempo seguimos admirando el sistema educativo de estos países sin que seamos capaces de ‘copiar’ nada.

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