Descubierto otro Tuskegee en Guatemala

Acaba de conocerse la noticia de que entre 1946 a 1948 médicos americanos de Salud pública infectaron a setecientos presos, enfermos mentales y soldados guatemaltecos con agentes productores de enfermedades venéreas. Lo hicieron para probar la eficacia de la penicilina. Incluso se llegó a pagar a prostitutas con sífilis para que infectaran a los presos.

Quien ha destapado el caso ha sido la historiadora Susan M. Reverby, del Wellesley College, cuando se encontraba investigando los papeles de Cutler en los archivos de la Universidad de Pittsburgh. Aunque lo hizo público en una conferencia que tuvo lugar en enero de este año, parece que nadie se hizo eco. En junio envió un borrador de un trabajo sobre el tema que está preparando para la revista Journal of Policy History, al exdirector de los Centros de Control de Enfermedades, quien empujó al gobierno a investigar el asunto. Hillary Clinton acaba de pedir disculpas al presidente de Guatemala por este suceso que tuvo lugar hace sesenta y cuatro años. Una falta total de ética con vistas a la mejora de la salud pública; pierden los pobres para que se puedan beneficiar los ricos.

En este hecho jugó un papel importante el ya fallecido John C. Cutler (1915-2003) quién, más tarde, volvió a intervenir en otro de similares características, el llamado caso Tuskegee. Cutler era jefe del programa de enfermedades venéreas del Servicio de Salud Pública de los Estados Unidos. Defendió siempre este experimento, incluso ante las cámaras. Sobre el mismo la historiadora de la medicina Reverby ha publicado dos libros.

Muchos casos parecidos han tenido lugar en los Estados Unidos, independientemente de los que tuvieron lugar durante la segunda guerra mundial y los que se desconocen en otras partes del mundo. Entre 1963 y 1966 investigadores de la Willowbrook State School, por ejemplo, probaron en niños la eficacia de la gamma globulina en la hepatitis.  En 1963, pacientes ancianos del Hospital judío de enfermedades crónicas de Brooklyn recibieron inyecciones de células cancerosas para comprobar si les causaban cáncer. Las audiencias que tuvieron lugar por el caso Tuskegee fueron conducidas por el senador Edward M. Kennedy. Sentaron las bases para las leyes de 1981 de investigación en humanos.

Caso Tuskegee. Inyectando placebo a un enfermo de sífilis. Imagen procedente de Wikipedia

Fuente: New York Times

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