Glaxo y su apuesta ‘open source’ contra la malaria

GlaxoSmithKline, la segunda empresa farmacéutica del mundo, ha puesto en marcha un proyecto que imita el llamado ‘open source’ que en Wall Street llaman ‘enfoque Linux’.  Consiste en abrir los diseños de trece mil quinientos compuestos químicos que podrían ser de utilidad contra la malaria. A partir de aquí, quien estuviera interesado en el tema podría colaborar con ellos para elaborar nuevos medicamentos útiles contra esta enfermedad. Como sucede con las aplicaciones de código abierto, otros pueden ver algo distinto en esos compuestos que ellos no han visto.

La noticia la proporcionó en Nueva York Andrew Witty, presidente ejecutivo de la compañía. El objetivo, señaló, es que otros científicos puedan probar y desarrollar estas sustancias como antipalúdicos. Por otra parte, “las farmacéuticas multinacionales tienen que equilibrar la responsabilidad social con la necesidad de obtener ganancias para sus accionistas”. Buscan con esta acción ganar confianza social y puede que otros imiten la idea.

En estos momentos la farmacéutica está buscando la aprobación de su vacuna experimental contra la malaria. La que se denomina Mosquirix, se encuentra en la última etapa de ensayos clínicos con 16.000 personas. Podría estar disponible en 2012.

Una búsqueda rápida y una hojeada a distintos blogs y foros que hablan sobre el tema, se recogen distintas opiniones. Algunos alaban la iniciativa independientemente de sus consideraciones sobre las grandes multinacionales del ramo. Otros se preguntan qué motivos se esconden detrás de esta acción. Otras muchas consideraciones se sitúan entre los dos extremos.

Imagen procedente de los Archivos Wellcome Images

Vía: BBC Mundo

Dos libros críticos sobre la alimentación

En esta ocasión quiero recomendar dos libros que hablan de la alimentación y ‘de lo que se esconde detrás’. Sin duda este va a ser uno de los temas centrales de la medicina en un futuro próximo. En éste que llamamos ‘primer mundo’, poco sabemos de lo que está sucediendo en los continentes más pobres y cómo las multinacionales de la alimentación les están empobreciendo más si cabe.

El primer libro lleva como título Lo que hay que tragar. Minienciclopedia de política y alimentación. Lo escribe Gustavo Duch, veterinario y activista comprometido con la tierra y la alimentación. Lo prologa Federico Mayor Zaragoza. Está publicado en Barcelona por Los libros del lince (2010).

El libro está repleto de datos de los que no teníamos noticia alguna, como lo que se cuenta en la contraportada: “Cada día 3.500 cerdos viajan desde otros países de Europa a España, y ese mismo día otros 3.000 cerdos hacen el viaje inverso’.¡Que absurdo! Algunos de esos datos dejan de ser anécdotas o curiosidades y se transforman en asuntos gravísimos que desconocemos porque los medios de comunicación apenas nos informan. Duch cuestiona de forma seria los monocultivos, la producción de agrocombustibles, la agricultura transgénica y todo un sin fin de atropellos a los pequeños campesinos y los pescadores de todos los países, especialmente de los más pobres. Denuncia con nombre a los oligopolios de los alimentos y sus tropelías: Calvo, Monsanto, Pescanova, Danone, Nestlé, entre otros como Benetton, el Banco de Santander, etc.

Los títulos de los capítulos son muy ilustrativos: “Dime cómo funciona”, “Dime de dónde viene”, “Dime, cuéntame”, “Dime qué es”, y “Dime quién es”. Algunas de las cosas que cuenta son obvias y no necesitan de grandes argumentaciones, lo que pasa es que tenemos puesta una venda en los ojos. El libro se lee rápido y con interés y poco a poco se descubren las atrocidades que suceden a nuestras espaldas.

Quién decide lo que comemos es de Felicity Lawrence, una periodista de investigación muy reconocida que lleva dos décadas escribiendo sobre el tema. Está publicado en Barcelona por Ediciones Urano (2009). Felicity es autora de otro libro que tuvo mucho éxito, Lo que la etiqueta no dice, en el que advertía de los peligros de muchos alimentos que consumimos cada día. En el nuevo libro se adentra en la industria de los alimentos, una de las más poderosas del mundo globalizado. Nos descubre cosas como las explicadas en el texto que hemos comentado de Duch: desaparición de ecosistemas, desastres ecológicos, explotación de los más pobres: ‘delincuentes’, ya es hora de llamar a las cosas por su nombre.

Cuando se habla de obesidad se recurre casi siempre a argumentos de malos hábitos, sedentarismo, conductas alteradas, modas, pero casi nunca se hace referencia a los alimentos que compramos a diario en los supermercados, a los alimentos como la soja que sin saber por qué han irrumpido en nuestras dietas. Con ellos nos tragamos centenares de mentiras sobre lo que estamos ingiriendo y se ha llegado al extremo de que para el ciudadano es muy difícil saber qué es bueno y qué es malo para su salud e incluso que, cuando piensa que ha adquirido un producto saludable, sólo lo sea en la publicidad.

Dos libros para leer con pasión y para recomendar a los estudiantes de ciencias de la salud. Si además se les invita a que la próxima vez que vayan a un supermercado lean las etiquetas con detenimiento, mejor que mejor.