Sigue hablándose del 606

A las pocas semanas de publicado el anterior artículo, apareció este otro en la misma revista en la que se refiere a que el interés inicial del público en este nuevo medicamento estaba desapareciendo. No obstante, si se lee con atención, lo que encontramos es la explicación de cómo funciona la sustancia. En este caso un médico, el Dr. San Pedro Anchochury, trata de hacer divulgación científica. La cambiante situación política de la época queda reflejada en la analogía que utiliza al final en su explicación, poco afortunada a nuestro juicio:

El “606”

Poco a poco se va desvaneciendo el entusiasmo que desde un principio despertó el descubrimiento de Ehrlich; el público ya no se interesa; el 606 va pasando de moda, y sólo de él se ocupan los médicos, especialistas y alguno que otro enfermo de verdad, pues hay muchos  pseudo-avariosicus que todavía persiguen el remedio con la febril excitación, siempre ilógica, de los sujetos que padecen fobias.

Pero, aun a pesar de ello, conviene poner en conocimiento del gran público todo cuanto se relaciona con el célebre descubrimiento, aunque no sea nada más que con el fin de demostrar el amor que a la humanidad sienten determinados hombres (muy pocos por cierto) y los trabajos y desvelos que ocasiona ese cariño; la Naturaleza, sin duda alguna, deposita en ellos, con verdadera prodigalidad, mayor visión de las cosas, mayor transparencia mental que en los demás, pues aunque el hombre, en general, siempre tiende hacia el progreso y el bien, como dice Balmes, parece, sin embargo, y aun sin parecer, que en el entendimiento de ciertos seres privilegiados cristaliza la suma de conocimientos que los demás mortales efectuamos, y que en ellos se mantiene esa suma como una fuerza en tensión que espera ponerse en actividad en cualquier momento, a la sola acción de un pequeño excitante.

Admiremos, pues, a esos gigantes de entendimiento, porque ellos representan con sus actos verdaderamente convulsivos el valor que posee la figura que ocupa el primer puesto en la escala de la animalidad.

Veinticinco años le han sido necesarios a Ehrlich para “aprender a apuntar al blanco de su visión”, según frase del mismo sabio, sin efectuar la impacción, pues dice: “lo que no ha conseguido el 606, seguramente lo alcanzará el 706”; va para largo el éxito, como se ve, pero cualquiera que sea el resultado, Ehrlich ha dado a conocer un procedimiento, mejor dicho, una teoría que ha de producir una gran revolución en la terapéutica del porvenir.

Los fundamentos teóricos (que exponemos con un fin puramente especulativo) que le han servido a Ehrlich como punto de partida para llegar a su descubrimiento, son los siguientes: una substancia introducida en el organismo no se reparte por igual en todo él, sino que elige o es elegida por determinados órganos o cuerpos extraños (parásitos, por ejemplo), en los que se deposita para producir al poco tiempo efectos beneficiosos o perjudiciales, según los casos; cuando la substancia introducida es atraída por los órganos, recibe el nombre de organótropa y parasitótropa si se encariña con los parásitos. Pero este maridaje de órganos y parásitos con substancias medicamentosas no se realiza porque sí, sino que precisa la existencia de ciertos productos celulares llamados quimioceptores, y a la práctica de esta terapéutica se la denomina Quimioterapia. De lo expuesto se deduce que, cuando el terapeuta consiga obtener un compuesto que sólo destruya los parásitos (substancias parasitótropas) sin ocasionar trastornos al organismo, «ha dado en el blanco» y convierte el ideal en hecho, y este ideal parece que lo ha realizado Ehrlích o le falta muy poco para puntualizarlo.

La teoría expuesta quizá no haya sido comprendida, porque en todas ocasiones tienden a confundir los inevitables vocablos técnicos, y para obviar este inconveniente nos valdremos de Fray Ejemplo, que siempre fue y será el mejor predicador.

Supongamos estar presenciando una sesión de cualquier organismo social, y nos servirá como paradigma un ayuntamiento. Observaremos: primero, que los concejales (cuerpos extraños o substancias medicamentosas), al entrar en el salón se dirigen a sus asientos, formando agrupaciones por razones políticas (quimioceptores); segundo, los concejales comienzan a discutir (acción perjudicial… o beneficiosa); si la discusión y aprobación recae sobre materias que está de ellas necesitado el pueblo, como abaratamiento de subsistencias, saneamiento de las poblaciones, reglamentación del trabajo, etc., etc., así como de la destrucción de otras causas parásitas que corroen al proletariado y clase media, los concejales en este caso no envenenan, curan (acción parasitótropa); pero supongamos que la discusión se entabla sobre la supresión de de los consumos, y un concejal presenta un proyecto malo: inmediatamente en el salón se oye un quejido y ciertas imprecaciones. La sesión se hace tumultuaria, y en este caso, los intereses del pueblo (que es el organismo social que representan los concejales) peligran, se envenenan, la medicación fracasa, mata, no obra como parasitótropa, sino como organótropa, y “los concejales no dan en el blanco”.

Dr. San Pedro Anchochury
Nuevo Mundo, 27 octubre de 1910 (Año XVII, Núm. 877)

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s