Artículo divulgativo de E. Metchnikoff (1909)

Reproduzco a continuación la primera parte de un artículo que publicó Elie Metchnikoff, del Instituto Pasteur, en la revista de divulgación Por esos mundos en 1909 (número 178).

Esta revista fue fundada en 1900 por José del Perojo. Era un suplemento de Nuevo Mundo. José Perojo y Figueras nació en Santiago de Cuba en 1850 y murió en Madrid en 1908. Estudió en la Universidad de Heilderberg y se estableció en Madrid. Fundó una editorial que publicó obras como las de Charles Darwin. Dirigió Nuevo Mundo, Por esos Mundos y El Teatro, y publicó en varios diarios y revistas (El Liberal, El Imparcial, La Ilustración Española y Americana, Gaceta Universal, La Opinión, etc. Fue diputado liberal.

Aunque el contenido de Por esos Mundos era de tema geográfico y de viajes, aparecen de vez en cuando artículos de divulgación científica. Uno de los reclamos de la revista eran las ilustraciones y fotografías que incluía. Muchas veces sus artículos los tomaba de otras revistas extranjeras (periodismo de tijera).

Nuestra flora intestinal. La guerra de los microbios
Por Elie Metchnikoff
[Primera parte]

Por esos Mundos, Noviembre, 1909, pp. 457-459

AUNQUE  los progresos realizados por la ciencia médica en los treinta años últimos han sido verdaderamente asombrosos, existen aún multitud de problemas médicos ante los cuales permanecemos tan a ciegas como en la antigüedad.

El simple descubrimiento de los agentes de infección en gran número de dolencias hizo dar a la Medicina pasos gigantescos. Aún conservo palpitantes recuerdos del terror que inspiraba el cólera en aquellos tiempos en que era desconocida la causa de la epidemia. Cuando estalló el cólera en Nápoles, á mediados del verano de 1865, acerté a encontrarme allí. Moríase la gente a puñados, y había que dejarla morir porque se desconocían en absoluto la causa de la enfermedad y los medios de prevenirla. Y así como en 1830 el filósofo Schopenhauer huyó de Berlín a Francfort para burlar el peligro de contagio, yo también, y como única defensa, abandoné precipitadamente a Nápoles.

El pánico estaba bien justificado. Como nadie sabía por qué daba el cólera, veíasele oculto en todas partes, en el aire que se respiraba, en los alimentos que se consumían. Ese miedo a la epidemia alejaba a los corazones caritativos de la cabecera de los enfermos, y aún del contacto con las personas que atendían a los atacados. La situación no podía ser más triste. Pero descubrió Koch el microbio colérico, y todo cambió radicalmente. La seguridad de haber tropezado con la causa verdadera de la dolencia proporcionó en seguida medios fáciles de prevenirse contra ella: siendo ese microbio de naturaleza tan delicada que no soporta ni las altas temperaturas ni la desecación, basta, en efecto, para verse libre de sus ataques abstenerse de tomar alimentos o líquidos que no hayan sido previamente hervidos.

Y no solo mira ya la humanidad al cólera con perfecta tranquilidad. Hoy no inspiran gran temor otras enfermedades infecciosas, tales como la peste bubónica, la difteria, la fiebre puerperal, etcétera.

En cambio, ¡cuánto queda todavía por averiguar respecto a infinidad de enfermedades crónicas, azote constante del pobre ser humano! ¿Qué remedio eficaz existe contra la gota, la diabetes, la arterio-esclerosis y la nefritis, por no citar sino las más generalizadas? Confesemos que toda nuestra moderna ciencia médica y clínica, aplicada á estudiar esas enfermedades, nada o muy poco ha podido sacar en limpio. Sabemos, por ejemplo, que la diabetes es una enfermedad producida por una perturbación del páncreas. En cambio, ignoramos la causa de qué glándula tan importante para la vida como es el páncreas deje de pronto de realizar sus funciones normales y permita la irrupción del azúcar en el torrente circulatorio.

Cosa parecida ocurre con la gota, enfermedad producida porque el ácido único, en vez de ser eliminado por ciertas células del cuerpo, al interrumpir éstas su trabajo normal, se infiltra en el organismo. Investigando las causas de dichas dolencias y de otras enfermedades del tubo digestivo, nos hemos preguntado si no provendrían de la inmensa cantidad de microbios habitadores del intestino. Partiendo de semejante hipótesis, la diabetes estaría determinada porque los microbios escondidos en los órganos de la digestión    penetran en e1 páncreas haciéndole enfermar. Pero si la anterior hipótesis puede ser fácilmente formu1ada, en cambio ofrece grandes dificultades de demostración.

El principal obstáculo para contestar satisfactoriamente al anterior problema (como a otros muchos relativos á las enfermedades del tubo digestivo, cuyas causas permanecen hoy desconocidas) , y para resolver la cuestión de la a1imentación racional, reside a mi juicio en que desde el alborear de la vida los intestinos se encuentran repletos de una flora microbiana numerosísima.

Sabido es que, ocurrida la muerte del individuo los microbios de esa flora precipitan la descomposición del cadáver, extendiéndose gradualmente por todo el cuerpo. Desde un punto de vista general, hay que reconocer la utilidad del fenómeno en cuestión, por cuanto convirtiéndose así las complejas substancias del organismo en cuerpos más simples pueden estos servir de alimento a las plantas.

Ahora bien: fuera importante averiguar con exactitud si la flora intestinal es igualmente útil al organismo vivo.

Numerosas han sido las hipótesis aventuradas sobre este punto; mas solamente en fecha recientísima se han podido obtener  indicaciones satisfactorias.

Pasteur sustentaba ya la opinión de que los numerosos microbios domiciliados en nuestros órganos digestivos nos prestan valiosos servicios, en cuanto, facilitando la digestión de los alimentos, mejoran 1a nutrición del organismo. Los complicados experimentos llevados a cabo en comprobación de la hipótesis dieron resultados en extremo contradictorios, pues mientras algunos conejillos de Indias, alimentados de modo que no  llegasen los microbios a sus intestinos, crecían y se desarrollaban como los demás, las gallinas y los batracios sólo prosperaban físicamente en el caso de dar libre acceso en sus intestinos a los microbios. Y aún se observó algo más: mezclando con sus alimentos determinadas especies microbianas, consiguió Schottelius devolver las fuerzas á varias gallinas debilitadas por el alimento rigurosamente puro.

Dada la extrema dificultad que ofrecían las experiencias con esta clase de animales, recurrióse a otros seres de orden inferior, y justo es decir que las indicaciones obtenidas fueron ya más completas. Bogdanoff, el sabio profesor ruso, ha conseguido inmejorables resultados operando con la larva de la mosca carnívora usada como cebo por los pescadores. Dicho sabio logró averiguar que es relativamente fácil alimentar dichas larvas con absoluta exclusión de todo microbio. A seguida, consiguió ya desarrollarlas desde el huevo a su última evolución, siempre con arreglo a las condiciones del experimento. La única diferencia que pudo observar Bogdanoff era que las larvas así alimentadas no crecían tanto como las ordinarias. También comprobó el sabio ruso que no todos los microbios favorecían el desarrollo de las larvas, sino solamente la bacteria tripsina, gran productora de un fermento digestivo. Averiguado esto, Bogdanoff mezcló al alimento de las larvas vírgenes de microbios cierta cantidad de solución de tripsina. Y , en efecto, las larvas se desarrollaron a maravilla, dando nacimiento a hermosos ejemplares de moscas.

Deduzcamos, pues, en vista de los experimentos de Bogdanoff, que ciertos microbios intestinales son en realidad útiles para la nutrición de los animales en aquel período de su vida en que sus órganos producen escasos fermentos digestivos. También demuestran esos experimentos que vida anormal de los animales puede desenvolverse sin el auxilio de los microbios del intestino a condición de que se añadan a su alimento los fermentos de que carecen.

De ahí que se haya resuelto la cuestión, estableciendo la teoría de que los animales pueden vivir sin la acción auxiliar de la flora intestinal. Esta conclusión hállase corroborada por el hecho de desenvolverse ciertas especies animales, y no solo desarrollarse sino vivir normalmente a despecho de carecer de microbios intestinales. Ejemplos de esas especies son los escorpiones y varias clases de larvas.Y aún pudiera yo añadir un ejemplo interesante a la lista: el de los murciélagos, esos mamíferos volantes que viven como pájaros, que digieren rápidamente y que excretan con frecuencia los residuos de sus alimentos. Pues bien: dadas estas facultades digestivas, claro es que los intestinos del murciélago han de contener muy pocos microbios. Son tan escasos, en efecto, que poca o ninguna ha de ser la acción que ejerzan sobre la nutrición de los murciélagos. Además, aún es posible reducir a la nada su flora microbiana, proporcionándoles solamente alimentos esterilizados. Yo he practicado el facilísimo experimento, con ejemplares del Pteropus medius, de las Indias, alimentándolo con frutas esterilizadas por el vapor. En todos los casos pude observar que los murciélagos vivían como si tal cosa sin microbios en el intestino. Existen, pues, numerosas pruebas de que el organismo puede funcionar bien sin la cooperación de los microbios intestinales.

Estos microbios existen en gran número en el hombre y en casi todos los animales mamíferos; y ya que no sea cosa de ocuparnos en los que puedan ser realmente beneficiosos, debemos estudiar cualesquiera otras especies cuya presencia en nuestros órganos digestivos es, sin duda, perjudicial.

El lector de Por esos Mundos va a tener alguna paciencia. No quiero cansar su ánimo con tecnicismos ni arideces científicas, y ya tiene bastante por ahora con estas páginas que a modo de introducción de mi trabajo se publican hoy. Sepa por el pronto lo que en nuestro organismo pasa, y espere la explicación de ello en el número próximo de esta revista.

Un comentario en “Artículo divulgativo de E. Metchnikoff (1909)

  1. Pingback: Artículo divulgativo de E. Metchnikoff (1909) (Parte 2) « Medicina, Historia y Sociedad

Deja un comentario

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s