La reforma Obama se abre paso

La que se conoce como “Reforma Obama” se ha aprobado. Los medios de comunicación españoles le han dado mucha cobertura a la noticia. Sin embargo, hay que señalar que poco tiene que ver con los sistemas de colectivización de la asistencia sanitaria que disfrutan algunos países europeos, entre ellos España. La ley Obama no universaliza el derecho de acceso a los servicios sanitarios de todos los ciudadanos del país.

El primero que presentó una propuesta de universalización de la asistencia sanitaria en los Estados Unidos fue el congresista John D. Dingall en 1933. Éste representó al distrito de Michigan desde 1933 a 1955. Su hijo, con el mismo nombre, es el que introdujo en noviembre pasado la propuesta de esta ley.

En un país (y su cosmovisión) que vive obsesionado en ver oportunidades de negocio en todo, la sanidad no va a ser menos. Hay que decirlo claro: en Estados Unidos la asistencia sanitaria es un negocio y los pobres pueden aspirar a una especie de beneficencia comparable a la que tenían los países europeos en el siglo XIX, salvando las distancias, claro.

La ley Obama obliga de alguna manera a que todo ciudadano compre una póliza de seguros sanitarios.  El Estado pagará o subsidiará el pago de la póliza a personas con unos niveles de renta determinados (por debajo de los 16.500 dólares). Los que no superen los 43.000 dólares deberán suscribir un seguro obligatorio privado, que estará subvencionado.  Los fondos procederán de un impuesto sobre la renta que pagarán las personas que ganen más de una determinada cantidad al año. Asimismo, de lo que se obtenga de la mejora de la gestión de los sistemas públicos Medicare y Medicaid. También se obliga a los empresarios a ofrecer seguro sanitario a sus empleados. Por tanto, millones de pólizas nuevas (entre 25 y 30) tendrán que contratarse, lo que supone suculentos beneficios.

Parece que la Ley prohibirá a las compañías aseguradoras a que nieguen el seguro a enfermos crónicos. A éstas, sin embargo, lo que les preocupa es la existencia de una aseguradora pública, como Medicare. Parece que ofrece mejores servicios a costes menores, ya que se ahorran los gastos de marketing, promoción, administración y esos enormes sueldos que se autoadjudican los directivos de las empresas. Así es que el seguro público podría ser más barato que el que ofrecen las aseguradoras privadas y de mayor calidad.

Lo que resultaría interesante es saber cuánto dinero han transferido los lobbies para imponer sus criterios. Algunos progresos se han hecho, pero me temo que debemos seguir hablando de “medicina para ricos y medicina para pobres”, modelo que viene arrastrándose, salvo contadas ocasiones, desde la Grecia clásica. Es un buen momento para repasar desde el punto de vista histórico cómo surgió la colectivización de la asistencia sanitaria, los modelos existentes y por qué siempre fracasó su implantación en los Estados Unidos.

Véase también en este Blog: Los costes en salud y la esperanza de vida

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