Cuando Lister cumplió los ochenta años, en ‘Las Provincias’

Resulta interesante que un diario como Las Provincias se hiciera eco de la celebración del cumpleaños de Joseph Lister en su primera página. Nació el 5 de abril de 1827, por lo que en 1907 cumplió los ochenta. Murió cinco años más tarde, el 10 de febrero de 1912.

Las Provincias, de Valencia, dedica un artículo para dar noticia de esa celebración y aprovecha para contar sus principales contribuciones en el campo de la medicina, especialmente la antisepsia. No lleva firma. A continuación lo transcribo.

El inventor de los antisépticos

Con motivo de su aniversario, Lord Lister se ve honrado en todas partes, principalmente Berlín y Copenhague, y lo merece el inventor de la aplicación de antisépticos para el tratamiento de las heridas y la realización de las operaciones quirúrgicas.

Lord Lister es uno de los grandes bienhechores modernos del género humano. A su vez, no puede quejarse de la ingratitud ajena. El Mensaje que le han dirigido los médicos y estudiantes del King’s College Hospital aparece encabezado en los siguientes términos:

“Al Right Honourable lord Lister, O.M., F.R.S., M.D., D.C.L., Ll.D., F.R., C.S., etcétera, cirujano mayor de S.M. el rey, cirujano consultor del King’s College Hospital, etc.”

Cada uno de ese grupo de letras representa un honor o una dignidad, y en la enumeración no aparecem todas las letras a cuya “apendicitis” tiene derecho el famoso cirujano, a quién, por añadidura, se le ha dado el codiciado título de lord. Además, todo el mundo médico de Londres está desfilando estos días por Park Crescent, en Portland Place, calle que va desde Regent’s Street a Regent’s Park, y en la que viven casi todos los médicos afamados de Londres. Eso aparte de los numerosos telegramas de felicitación que todas las ciudades y pueblos de Inglaterra, Escocia e Irlanda, de todas las regiones del Imperio Británico y de todos los países civilizados llueven sobre la casa de Park Crescent para coronar de gloria la cabeza de este anciano. Pero todo se lo merece el inventor de los antisépticos.

Lord Lister debe gran parte de su invento a los trabajos que emprendió Pasteur allá por el año 1860, en que se aplicaba ya universalmente el cloroformo, con lo que el público perdió el miedo a las operaciones. Antes del cloroformo la gente prefería dejarse morir a aguantar los dolores de las operaciones.

Pero con la aplicación del cloroformo, los hospitales ingleses se llenaron de gentes deseosas de que las operaran sin hacerles daño, y como los enfermos se amontonaban y se desconocían los antisépticos, y herramientas y sábanas y atmósfera estaban emponzoñadas, el resultado era que se morían casi todos y que los médicos atribuían la muerte a la “fiebre de hospital” o a la “gangrena de hospital”.

De las investigaciones de Pasteur sacó lord Lister dos ideas provechosas: que la descomposición en tejidos orgánicos se debe a la intrusión de gérmenes vivos de formas bajas de vida vegetal, y que esos gérmenes nacen siempre de primogenitores semejantes, pues no pueden brotar espontáneamente en el cuerpo animal.

Con estas dos ideas se dedicó a estudiar sistemáticamente las inflamaciones que entonces aparecían comunmente allá donde se aplicaba el bisturí, y llegó a la conclusión de que la formación de pus en las heridas se debía a la descomposición de la sangre expuesta al aire.

Los trabajos de Pasteur le sugirieron la idea de que la completa exclusión de los gérmenes impediría la putrefacción de las heridas y evitaría consecuentemente la formación del pus. Y entonces se le ocurrió aplicar cautelosamente el ácido carbólico en aquellas fracturas en que los huesos quedaban al aire libre.

El éxito de esta aplicación fue inmediato y completo. Como el ácido carbólico, por ser demasiado irritante, no podía aplicarse a las heridas quirúrgicas, tuvo que dedicarse a estudiar otros desinfectantes. Al cabo de varios años de trabajo logró dar con ellos, y actualmente nadie discute que las inflamaciones en las heridas se deben a gérmenes exteriores, sino que los médicos se preguntan cómo han entrado.

Hoy la antisepsia se practica por todos los médicos del mundo. A ella se debe que haya disminuido tanto la mortalidad en las guerras. A ella deben también la vida la mayoría de los toreros españoles que han recibido heridas. Y gracias a la antisepsia se pueden actualmente realizar operaciones en todas o casi todas las cavidades del cuerpo humano. En otro tiempo el bisturí no se aventuraba nunca por los pulmones, el estómago o los intestinos. Ahora va a todas partes, y cuando no se llama demasiado tarde, los resultados son satisfactorios.

Lord Lister es un gran bienhechor del género humano.
Las Provincias, 18 de abril de 1907, p. 1.

La imagen muestra al catedrático de clínica quirúrgica de la Universidad de Valencia, Enrique Ferrer Viñerta (1830-1891) realizando un intervención quirúrgica con la aplicación del método de Lister. El grabado fue incluido en el libro de Juan Aguilar y Lara, La nueva cirugía antiséptica, Valencia, Librería de Pascual Aguilar, 1882.

[Proyecto HAR2008-04023]

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