Información médica en YouTube

A nadie se le escapa el hecho de que YouTube se ha convertido en un lugar muy visitado. Lo es también para informarse. Cuando se realiza una búsqueda sobre cualquier tema en Google, por ejemplo, se obtienen resultados relativos a videoclips que allí se alojan. Un ejemplo lo constituyen las guías, conocidas también como tutoriales. Los contenidos no los revisa nadie, a excepción de todo aquello que infrinja las leyes de propiedad intelectual. Se puede creer que los millones de vídeos de YouTube son personales, entrarían en lo que se considera como esfera del ocio y su trascendencia es mínima, pero no es así.

¿Contiene YouTube vídeos de contenido médico? Efectivamente. Habría que hacer una separación entre los que presuntamente ofrecen información científica y los que provienen de los pacientes, generalmente experiencias y opiniones.

En la revista Journal of Urology (octubre 2009), Steinberg, Wason, Stern, Deters, Kowal y Seigne han publicado un artículo en el que estudian YouTube como fuente de información sobre el cáncer de próstata (“YouTube as Source of Prostate Cancer Information”). Básicamente han seleccionado una serie de vídeos por una serie de criterios y han analizado la información que contienen.

Según señalan, 20 millones de hombres se someten a la prueba PSA (Antígeno Prostático Específico) anualmente, y se diagnostican 220.000 casos nuevos. Esto se traduce en una inmensa población que busca información al respecto, ya sea sobre la prueba, ya sobre el tratamiento quirúrgico o la radioterapia. En muchas ocasiones esa información se requiere para tomar decisiones. Por tanto, lo que los pacientes encuentren influirá en las mismas.

Los autores buscaron sobre la prueba PSA, el uso de la radioterapia y el de la cirugía para el cáncer de próstata. Se optó por los que estaban en inglés y tuvieran una duración inferior a los diez minutos. También se desecharon otros por diversas características, por ejemplo, los que recogían testimonios de pacientes. Cada vídeo era visto por dos médicos (uno joven en residencia, y otro mayor), que les asignaban una puntuación (excelente, regular, malo) según el contenido informativo y científico y una especie de postura personal (a favor, en contra o neutral). En caso de discrepancias intervenía otro médico que revisaba el contenido. Para el estudio se utilizaron unos modelos de análisis que aquí omitimos. Hubo mucha información que se extrajo de los datos que proporciona el propio YouTube, como el número de visitas recibidas, valoración de los usuarios, etc.).

Se evaluaron los vídeos relacionados con el diagnóstico y el tratamiento. Entre los revisados, el 73 por cien habían recibido una valoración de regular o mal en lo que respecta al contenido informativo y científico. Una gran parte de los vídeos se inclinaban hacia la prueba PSA. La calidad de los contenidos no se relacionaba con el número de visitas recibidas o la valoración aportada por los usuarios. Muchos de los vídeos sobre cirugía estaban relacionados con la prostatectomía robótica (7 eran prostatectomías grabadas en directo y ofrecían una información muy pobre). Una buena parte podía interpretarse como publicidad. Respecto a los que tenían que ver con la radioterapia, se eligieron pocos para su revisión. Igual que sucedía con los de tipo quirúrgico, no ofrecían información adecuada para que los usuarios comprendieran el papel de la radioterapia en el contexto general del manejo del paciente con cáncer de próstata. Los relacionados con la prueba PSA estaban muy sesgados.

Uno de los hallazgos fue que, de la información que aportaban los vídeos de YouTube, los usuarios podían deducir que la investigación del PSA y el recurso a la cirugía o la radioterapia para este tipo de cáncer se apoyaba en altos niveles de evidencia, lo que no es cierto.

Según los autores un 49% de los hombres tienen dificultades para tomar decisiones en cuanto al tratamiento del cáncer de próstata, y un 45% están afligidos por la decisión que tomaron. Esto refuerza la idea de que la búsqueda de información al respecto no es casual. Como se ha dicho, este tipo de información no se revisa y muchos datos erróneos y enfoques descaradamente parciales se cuelan en los vídeos. Tampoco hay obligación de revelar las fuentes ni las actualizaciones.

Del artículo se deduce que la información que ofrecen los vídeos de YouTube es mediocre y que los médicos deben asesorar a sus pacientes y dirigirlos a sitios de confianza. Otra posibilidad sería subir vídeos adecuados a este gran depósito que es YouTube.  Para quien esté interesado, le recomiendo que lea el artículo. Este tipo de trabajos aportan datos importantes a pesar de las lógicas limitaciones, y deberían realizarse en todas las áreas de la medicina.

Referencia del artículo:

Peter L. Steinberga, Shaun Wasona, Joshua M. Stern, Levi Deters, Brian Kowal and John Seigne (Section of Urology, Department of Surgery, Dartmouth-Hitchcock Medical Center, Lebanon, New Hampshire y Department of Urology, University of Texas Southwestern Medical Center, Dallas, Texas)

YouTube as Source of Prostate Cancer Information, doi:10.1016/j.urology.2008.07.059

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