Homenaje a Darwin de los estudiantes de medicina de Valencia (1909). Parte 28

Continuo insertando noticias sobre el Homenaje de los estudiantes de medicina de Valencia a Darwin en 1909. Se incluye la primera parte de una larga reseña de la conferencia que Unamuno pronunció en la Universidad popular.

Noticias
Ayer tarde, en la Facultad de Medicina, los escolares rindieron un nuevo homenaje solemne y secillo a Darwin, inaugurando una lápida, que quedará como recuerdo del centenario del genial autor de la teoría evolucionista.

En la Facultad se congregaron gran número de escolares, el claustro de Medicina y el rector de la Universidad salmantina don Miguel de Unamuno.

Hicieron uso de la palabra con extraordinaria elocuencia los ilustres doctores Bartrina, Peset y Casanova, que demostraron la importancia del acto que se celebraba.

El cónsul inglés, muy emocionado, dirigió también la palabra a los escolares para agradecer en nombre de su país el homenaje que se tributaba a Darwin.

Seguidamente el sabio Dr. Unamuno pronunció un breve discurso para elogiar a los estudiantes que tienen un recuerdo para uno de los hombres que más se distinguieron en la Ciencia.

Luego de descubrir la lápida el decano de esta Facultad, el Sr. Unamuno recorrió todas las dependencias de la misma, acompañado por los profesores y escolares.

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Ayer mañana realizó el Sr. Unamuno su excursión a la histórica Sagunto, acompañado de alguno de los socios de la Academia Médico-Escolar.

Regresaron todos muy satisfechos del viaje.

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Hoy saldrá el Sr. Unamuno con dirección a Madrid, de donde se trasladará a Salamanca.

El Pueblo, 25 de febrero de 1909

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Los socios de la Academia Médico-Escolar obsequiaron ayer al Sr. Unamuno con una excursión a la histórica población de Sagunto.

Salieron los expedicionarios por la mañana y visitaron en la antigua ciudad romana el Anfiteatro y Castillo, admirando el valor que encierran las ruinas.

A la una de la tarde regresaron a Valencia los expedicionarios.

El Radical, 25 de febrero de 1909

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Universidad popular
Conferencia de Unamuno

Anoche se inauguró en el Centro de la calle de Libreros el presente curso de la Universidad popular, institución meritísima que, fundada por nuestro ilustre maestro Blasco Ibañez y avalorada por el concurso de ilustres y doctos maestros, continua su labor merced a la cooperación de estos y a los trabajos de reorganización realizados por nuestro director D. Félix Azzati.

Este tuvo encomiable acierto de invitar para la lección de apertura al ilustre rector de la Universidad de Salamanca D. Miguel de Unamuno, que aceptó el requerimiento.

El nombre del conferenciante atrajo numeroso público y confundidas todas las clases sociales llenaron los espaciosos salones del Centro, donde no faltaron muchísimas señoras y señoritas.

En el estrado tomaron asiento distinguidas personalidades de la cátedra, el foro y la política y muchos escolares.

A las nueve en punto entró en el Casino el Sr. Unamuno, acompañado de nuestro director, y de otros señores y resonaron aplausos entusiastas.

Ocupó la presidencia el conferenciante y el Sr. Azzati pronunció un elocuente y breve discurso ensalzando al pensador insigne y dando como abierto el curso de la Universidad popular.

Fue ovacionado y los aplausos se redoblaron al comenzar su discurso el conferenciante.

Sentimos muy de veras no poder ofrecer más que unas ligeras notas de la profunda y elocuente conferencia en la que el ilustre escritor, con una complejidad vastísima presentaba y exponía ideas originales, de una intensidad excepcional, henchidas de grandes proplemas que se sucedían continuamente.

He aquí un reflejo de los que expuso y dijo:

Discurso de Unamuno
Esta es la tercera vez que hablo en Valencia y en condición bien distinta de las otras dos.

Estas eran preparadas en cierto modo.

En la primera, a indicaciones de los escolares, tramé algunas ideas, y la segunda era también, como digo, preparada en cierto modo.

Esto de hoy es imprevisto.

Cuando hablo en público lo hago siempre como experimentación, y tomo a éste —y permitidme el símil— como conejillo de Indias en el laboratorio de un médico investigador.

Y así veo cómo responde el público y estudio su carácter psicológico.

Esta, según el Sr. Azzati, es una sociedad donde pueden hablar, contando con el respeto de los oyentes, lo mismo los hombres de la derecha que los de la izquierda, como decimos ahora.

Y esto es lo que más falta hace en España.

No recibir a tiros al enemigo, sino buscarle para que nos diga qué piensa y oponer a sus ideas las nuestras, con el fin de que broten las nuevas.

Porque para vivir siempre dentro de mis propias ideas, me basto yo solo.

Por eso me subleva que en muchos casinos se prohiba toda discusión política y religiosa.

Esto es una imposición salvaje.

En este concepto, cuando alguien quiere que me descubra cuando se tocan ciertos himnos, puedo contestarle: «Muy bien; que se descubran ellos cuando tocan el himno de Riego».

Esta noche hablaré, como suele decirse, con el corazón en la mano. Quizás discrepe en mucho de cuanto vosotros pensáis.

En primer término creo muy poco en las conferencias como cosa de educación.

En ellas el público, por cortesía o por cualquier otra causa, no protesta, pero quizás tampoco aprende. Hay, además, una curiosidad sin provecho alguno, porque no es científica. Y es la de oír al orador como se va a ver a un oso blanco.

Muchas gentes hacen ciencia y les ocurre lo que a los que escriben cuentos para niños. Estos los leen con gusto, pero se ríen de ellos y hasta les diputan tontos.

Es algo así como quienes para que los entienden los niños. Estos los leen con gusto, pero se ríen de ellos y hasta les disputan tontos.

Es algo así como quienes para que los entienden los niños balbucean igual que ellos o quienes chapurrean hablando con los extranjeros.

Esto es siempre vulgar, ridículo, grotesco.

Yo recuerdo que en un libro dije que el gran Quijote no habló en lenguaje cabreril a los cabreros que encontró en el camino. Y estos lo entendieron.

Hay en España tal separación de clases, tal falta de continuidad en la acción de las mismas, que entre ellas median abismos.

La separación es tal, que dificulta todo trabajo de cultura.

En mi pueblo, por ejemplo, hay dos paseos: uno llamado de las señoritas y otro de las costureras.

¿Es que son aquéllas únicamente las que se apartan de éstas? No; es que se repelen unos a otros; es que en ambas partes hay soberbia.

En este respecto he de recordar un cuento de suma elocuencia.

Un español y un inglés comenzaron juntos a gastar su caudal.

Al principio el inglés era soberbio y humilde el español.

A medida que perdían sus riquezas se cambiaban los papeles, los caracteres.

Y es que el español es más soberbio cuanto más pobre.

No se si en España hay pueblo, extendiendo esta denominación desde el más alto al más bajo, que esto es el verdadero pueblo. Así en el “demos” (pueblo) griego, todos se preocupaban de la suerte común, pero sobre la base de la esclavitud, a la que se consideraba como clase inferior, que no constituía parte del pueblo.

Hoy creo que la esclavitud existe en España. Y así no hay democracia. Y ésta es considerada de manera muy distinta a lo que es verdaderamente; porque las democracias rara vez son liberales.

Mientras haya en España hombres que necesiten ganar tres o cuatro pesetas, no puede gobernar el que decimos pueblo.

Este siempre delegará en otros hombres.

Cuando el pueblo elige representantes que de él vienen, estos dejan de ser obreros.

Y tened entendido que un abogado es siempre un pésimo concejal, porque la abogacía tiene una lógica especial que da primero la conclusión que los datos. Es algo así como lo que hacen los teólogos: antes afirman el dogma y después buscan las pruebas. Y lo que no les conviene lo callan.

Los políticos menos malos son los que se dedican exclusivamente a la política, los que son técnicos de la política.

Por ello acaso fuera bueno el sueldo.

Con la constitución económica actual no puede haber democracia.

El pueblo no tiene acción consciente, sino considerada como una fuerza. Y esta es, debe ser siempre insaciable, creando necesidades.

Lo más pernicioso en España es la sobriedad, que quizás y hasta cierto punto sea virtud en el hombre, pero que es perjuicio en el orden social.

Si vais a Zamora y del Duero sacáis un cubo de agua, veréis como queda un poco de tierra de cuatro dedos de espesor.

Id a la desembocadura y veréis cómo cada año van a parar al mar millones de toneladas de tierra que se pierde y deja las rocas descarnadas, el suelo granítico.

Y aquellos habitantes se dedican al pastoreo trashumante, que exige muy poco esfuerzo.

… continuará…

El Pueblo, 25 de febrero de 1909

Technorati Tags: Charles Darwin, Homenaje, Universidad de Valencia, Historia de la medicina

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