Se digitaliza el Códice de La Cruz-Badiano

El conocido como Códice de La Cruz Badiano, se encontraba en la Biblioteca Vaticana. Su descubrimiento —o redescubrimiento— por parte de Charles Upson Clarck, parace que tuvo lugar en 1929. Entonces suscitó gran interés por parte de historiadores, antropólogos y médicos. Se hicieron dos ediciones en inglés. Una de W. Gates, The de la Cruz-Badiano Aztec Herbal of 1552, (Baltimore, The Maya Society, 1939), y la otra de E.W. Emmart, The Badianus Manuscript, (Baltimore, The Johns Hopkins University Press, 1940). En 1955 Francisco Guerra hizo una edición con traducción castellana de los textos. Más tarde, en 1991, se hizo otra en dos volúmenes por el Fondo de Cultura Económica y el Instituto Mexicano del Seguro Social; uno con estudios y los textos en náhuatl y latín, y su correspondiente traducción al castellano, y el otro que es un facsímil del original. Es la edición que adquirí en México y utilicé cuando estudiaba la incorporación de las plantas americanas al arsenal terapéutico europeo en el siglo XVI.

El manuscrito fue devuelto a México en 1990 por Juan Pablo II. Fue escrito por el indio Martín de la Cruz, médico indígena de Santa Cruz de Tlatelolco, en náhuatl. Lo tradujo casi de inmediato al latín Juan Badiano, indio de Xochimilco y lector en el mismo Colegio. Puso el título de Libellus de Medicinalibus Indorum Herbis. Parece que el manuscrito fue un regalo del virrey Mendoza a Felipe II. Éste lo dejó en la Biblioteca de El Escorial. Fue vendido años después a Diego de Cortavila, boticario de Felipe III. Pasó más tarde al Cardenal Barberini, cuya Biblioteca acabó en la Vaticana en 1902. También se le conoce con el nombre de Códice Barberini.

Ahora el Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH) lo ha digitalizado y ha hecho una edición electrónica  para divulgar su conocimiento. Forma parte de una colección que incluye otros Códices. Se presentó en el Museo Nacional de Antropología el pasado día 17 de junio. Participó Miguel León Portilla, que formó parte del comité que gestionó su restitución, entre otros.

Portilla considera al manuscrito como una de las cinco fuentes históricas para comprender los usos y las costumbres de los antiguos pueblos indígenas en lo que a medicina y tratamiento se refiere. Desde luego, es un excelente complemento a otras obras. Su traducción al latín, lengua culta en esos momentos, demuestra el aprecio que se debió tener por los conocimientos de Juan de la Cruz. Se vislumbra una equivalencia entre la “racionalidad” de la medicina indígena y la de la medicina que los europeos llevaron al continente. Más tarde, la imposición de la tradición galénico-hipocrática, relegó los conocimientos indígenas a medicina “falsa”. El Códice es testimonio del comienzo de un mestizaje que, como señala Carlos Viesca, caracteriza al mexicano y su cultura.

El libro se divide en trece capítulos (quizás tuviera relación con los criterios astrológicos de origen prehispánico). Contiene la relación de una serie de tratamientos contra las enfermedades más comunes entre los indígenas que habitaban en la Ciudad de México. La mayor parte de los remedios mencionados son vegetales, pero se encuentra algún producto animal y también de tipo mineral. Los capítulos se ordenan de la cabeza a los pies, según la zona donde se sitúa la enfermedad a tratar. Los nombres de las enfermedades están en latín, pero destacan algunos cuyo origen es claramente prehispánico.

Todavía quedan por desvelar muchas incógnitas en lo que se refiere a este Códice, su historia y su contenido. Bienvenida sea su digitalización y difusión.

Una de las páginas del Códice

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