Religiosidad y cáncer terminal

Aunque habitualmente se les presta poca atención, los aspectos sociales y culturales de los pacientes están siempre presentes en la concepción de la salud, de la enfermedad, del tratamiento y de la prevención. Uno de esos elementos está constituido por las creencias religiosas.

Algunos pacientes ante enfermedades graves, crónicas o inesperadas, recurren a la religión. Aunque no por ello dejan de confiar y recurrir a los servicios sanitarios, a veces, la religión es un complemento que juega un papel en la disminución del estrés creado por la nueva situación, en su aceptación, etc. La relación puede ser positiva o negativa. En este último caso se interpreta la enfermedad como un castigo divino.

Acaba de aparecer un artículo en el JAMA (2009; 301(11), pp. 1140-1147) cuyo título es: “Religious Coping and use of intensive life-prolonging care near death in patients with advanced cancer”. Los autores señalan que se han hecho trabajos sobre religión y cáncer, concretamente sobre el recurso a la fe religiosa para afrontar la enfermedad. Sin embargo se sabe poco de la relación entre religión y tratamientos para prolongar la vida y la atención sanitaria al final de la vida. Este trabajo se ocupa del tema. El estudio se ha realizado con 345 pacientes con cáncer avanzado que fueron seleccionados entre el 1 de enero de 2003 y el 31 de agosto de 2007. Estaban ingresados en siete hospitales y centros especializados en el tratamiento del cáncer de diversas partes de los Estados Unidos. Aparte de las entrevistas que mantuvieron con ellos, también se hizo un seguimiento de los cuidados que recibieron durante la última semana de sus vidas.

Por tanto, la religión, además de desempeñar un papel para afrontar y adaptarse a la enfermedad, también puede influir en la toma de decisiones de tipo médico por parte del paciente. Ya se han realizado algunos estudios que lo demuestran.

El trabajo al que hacemos referencia fue financiado por el Instituto Nacional del Cáncer y el Instituto Nacional de Salud mental. Se investigaron, sobre todo, las relaciones entre los aspectos psicosociales, especialmente la religión y espiritualidad, con el uso agresivo de la atención médica y la calidad de la muerte al final de la vida. En parte se llevó a cabo porque el mismo equipo realizó otro estudio que se publicó en 2007 en el Journal of Clinical Oncology (vol. 25(5), pp. 555-560) con el título “Religiousness and spiritual support among advanced cancer patients and Associations with end-of-life treatment preferences and quality of life”, que ya revelaba la tendencia al recurso a métodos agresivos para prolongar la vida en los sujetos más religiosos.

El estudio demuestra que la mayoría de pacientes con cáncer terminal recurren a la religión para hacerle frente, que se asocia a la solicitud de medios “agresivos” o “intensivos” para prolongar artificialmente la vida. Los que afrontan la enfermedad desde esta perspectiva resultaron ser tres veces más propicios a recibir cuidados médicos para prolongar la vida, como la respiración asistida o la resucitación cardiopulmonar, en los últimos momentos. La tendencia se mantuvo incluso después de considerar otros factores como la etnia o la edad. Este tipo de pacientes tampoco es propenso a definir su voluntad respecto a sus últimos momentos de vida.

Los autores comentan sus resultados en el marco de los que ofrecen otros estudios. Así, otro trabajo en el que intervenían 68 enfermos de diversas etnias también con cáncer avanzado, mostró la asociación de la creencia en los milagros con la reanimación, la respiración asistida y la hospitalización. Algunas investigaciones también han mostrado la creencia en Dios para curar a un accidentado grave aun en el caso de que no hubiera esperanzas por parte de los profesionales médicos. También se ha visto que las personas religiosas ven moralmente incorrecta la decisión de no intervenir, “de no hacer nada”. Asimismo, aunque los tratamientos pueden ser de alto riesgo, agresivos y con beneficios dudosos, la confianza en Dios hace optar por los mismos.

Algunos trabajos desvelan que el paciente quiere colaborar con Dios en la curación de la enfermedad y que el sufrimiento de los tratamientos agresivos es bueno. Por tanto, los pacientes con profundas convicciones religiosas aguantan más las terapéuticas que implican dolor y son agresivas al final de sus vidas. Los tratamientos paliativos se interpretan muchas veces como “abandono”. Si es necesario mantener la vida, debe mantenerse, “porque sólo Dios sabe el momento en el que uno debe morir”.

En resumen -según los autores- los resultados ponen de manifiesto que los médicos deben reconocer y ser sensibles al grado de religiosidad de sus pacientes a la hora de tomar decisiones de tipo médico. En momentos decisivos, lejos de dejarse aconsejar por los profesionales, se ponen en manos de Dios. Los profesionales pueden hacer una especie de “historia espiritual del enfermo”; pueden valerse de los capellanes o de los servicios de psiquiatría en un doble sentido: para establecer la actuación de los médicos y para que el paciente y familiares comprendan la realidad de la situación. Los autores advierten que hay que diferenciar los casos en los que los enfermos aceptan su situación y están por la labor de recibir cuidados paliativos. Asimismo, como la mayor parte de los participantes se refieren al cristianismo, la aplicabilidad de los resultados a otro tipo de creencias es dudoso o hay que tomarla con precaución.

Los puntos fuertes de este trabajo son la diversidad étnica y socioeconómica de los participantes, el uso de encuestas validadas y su diseño prospectivo.

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