Homenaje a Darwin de los estudiantes de medicina de Valencia (1909). Parte 15

Continuamos con la inserción de artículos y noticias que motivaron el acto homenaje a Carlos Darwin de los escolares de medicina de la Universidad de Valencia en 1909.

Unamuno

“Sólo los fuertes van solos… sin sentir la nostalgia del amo o deseos de mandar un rebaño…” ha dicho alguien no ha mucho y anoche confirmaba Unamuno en el Paraninfo de la Universidad.

La oración, el discurso, son la piedra  de toque que revela al hombre sincero y acusa sus diferencias con el comediante… cuendo el predicador es otro comediante, decía Goethe. Pronto se avizora en el discurso si quien lo recita a las multitudes trata de conducirlas como rebaño hacia su corraliza, pasándoles la mano dulcemente por el lomo, o si por lo contrario trata de cruzarles el rostro con el litigio de la verdad, marcándolo con sello indeleble y propio.

Los primeros son vulgares histriones de la humanidad; halagan sus gustos, estudian sus debilidades, aventan el fuego de sus pasiones, despiertan sus institntos, si alguno quedaba dormido, y al son de tambor de su espontánea retórica congregan a su alrededor a las seducidas masas y disponen de ellas a su antojo. El caso es el mismo, sea el histrión un orador, sea un charlatán de plazuela; y el resultado el mismo también: la doliente humanidad sigue quejándose a pesar de la panacea que le ofrece el primero y de los menjurjes que compra al segundo. La labor fue estéril…

Los otros, hombres fuertes, sinceros y honrados colocándose de frente a las multitudes y les alzan la voz y la mano, azotándoles despiadadamente. Y, cosa natural, hablan verdad y no son creídos; echan sobre las llamas de las malas pasiones, de los errores y de las rutinas humanas el jarro de agua fría de su sereno razonar, y les dicen: “Sois locos soñadores; no sois… [tres o cuatro palabras no legibles]. Vuestra ciencia es la paradoja. Vuestro edificio de arena y de ilusiones. No edificaréis nada eterno ¿No veis que las multitudes no os siguen?”

Pero ellos siguen impertérritos su senda, diciendo Verdad, rasgando con mano impía las vestiduras de púrpura de la Mentira, porque “sólo los fuertes caminan solos”, laborando sin tregua en su gabinete, en la cátedra, en el periódico, en la tribuna, en el libro… importándoles bien poco que el rebaño humano les siga o no, que vaya tras el histrión funanbulesco o se pare en la plaza pública ante el histrión de los menjurjes.

De los primeros, de los que mienten verdad al pueblo y trabajan para sí, aunque otra cosa discurra el infeliz rebaño humano, es el momento presente; pero un presente fugaz, brevísimo. Depende su duración del más leve movimiento de los omóplatos del pedestal humano que les mantiene.

De los segundos, de aquellos que arrostran y provocan la ira de la multitud, arrojándoles al rostro en atrevidas paradojas, sus prejuicios, sus errores, sus vicios, es el porvenir; pero un porvenir eterno, seguro, inmutable.

La humanidad se les entrega dos o tres generaciones después, como hembra enamorada y sumisa y esclava, cuando del conquistador no queda sino la parte más exquisita de su ser: sus ideas madres, fósforo de su mente que no se extingue jamás, y gracias a cuya luz no camina la humanidad a ciegas, por entre tinieblas.

¡Triste sino el de los precursores! Reinan cuando los histriones de su tiempo yacen en el polvo del olvido y otros histriones se apoderan de sus ideas para barajarlas y aturdir con sus juegos malabares, retóricos a las muchedumbres…

¿Será que la humanidad espera que el tiempo separe del genio lo grosero de lo exquisito, la escoria del metal, la prosaica materia del aristocrático espíritu? ¿Será por esto por lo que experimentamos tan desolador quebranto cuando después de admirar la obra “del genio” conocemos “al hombre”? ¿Es que sólo cuando la materia orgánica parece se abre paso a la luz del espíritu?

Sea ello lo que sea, lo único cierto y positivo es, que el presente es del histrión siempre; el porvenir del hombre fuerte y sincero.

¡Ah! Si muchos espíritus funambulescos poseyeran el talento, la preciosa personalidad individual y científica del rector de la Universidad de Salamanca, autor de los clásicos “Diálogos del escritor y el político”, es seguro que a estas horas serían jefes de un partido o de una bandería política por lo menos, y nos hubieran redimido ya cincuenta veces muy a gusto de ellos y de nosotros.

Pero Unamuno labora para el porvenir. Es un precursor que desprecia los triunfos materiales y momentáneos y ama y espera el definitivo que logrará sobre la conciencia de nuestros hijos y de nuestros nietos.

“Sólo los fuertes caminan solos…” y Unamuno es un solitario, porque como él mismo nos decía: “un hombre fuerte puede crearse un mundo y sostenerlo él solo”.

Bernardo Morales San Martín, “El Correo”, 23 de Febrero de 1909

Technorati Tags: , , ,

Deja un comentario

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s