Comprender bien la lengua en la que se expresan los pacientes

El pasado volumen del Journal of the American Medical Association, más conocido como JAMA (vol.301, nº 4, Enero 28, 2009), recoge un artículo-comentario que me ha llamado la atención. Lleva como título “Describing Physician Language Fluency. Deconstructing Medical Spanish” y es de Lisa C. Diamond, MD, MPH y  Daniel S. Reuland, MD, MPH.

Plantea básicamente el problema que existe en la atención médica en los Estados Unidos con la cada vez más numerosa parte de la población que no habla bien el inglés o simplemente no lo entiende. Asimismo, la cantidad de profesionales que no dominan bien otras lenguas distintas del inglés. Está claro que este hecho influye en la calidad de la asistencia.

En mi opinión el problema no sólo es la lengua. Hay que comprender bien lo que dice una persona desde su contexto social, cultural e individual. En los Estados Unidos funcionan como aquí en España, en algunas instituciones sanitarias, los “interpretes o traductores”. Hay que tener en cuenta que estos no sólo se limitan a traducir las palabras de una lengua a otra, sino que su objetivo es “interpretar” en el sentido más amplio, incluyendo los elementos socioculturales.

Volviendo al artículo mencionado, casi todo el tiempo se refiere a las personas que hablan español, lengua que, como todos sabemos, cada vez hablan más personas en los Estados Unidos por los motivos que conocemos. Constituyen el colectivo más numeroso de habla no inglesa. Lo mismo cabe decir de los profesionales de la medicina; es el idioma que mayor número de ellos conoce.

El artículo se refiere, sobre todo, a cómo medir el nivel de fluidez y conocimiento de la lengua con el fin de garantizar la mejor asistencia posible. Se habla de una escala de cinco grados, que también debería aplicarse en organizaciones sanitarias, educativas, de investigación y clínicas. Se trataría que, al menos, cada uno expresara en cuál de estos niveles se desenvuelve adecuadamente.

Hace unos días me refería a que determinados proyectos de investigación que requieren cumplimentar largos cuestionarios, dejaban de lado a las minorías. Una de las causas debe ser, sin duda, el desconocimiento de la lengua en la que se desarrolla la investigación.

Lo que me llama la atención es el interés que se dedica al tema. Se trata de ser prácticos y desarrollar una comunicación eficaz. Esto me recuerda a los médicos cirujanos del siglo XVI en España que comenzaron a abandonar el latín para que sus textos llegaran a los cirujanos, entonces de un nivel inferior, y que pudieran beneficiarse de los conocimientos científicos. Esto lo expusieron con claridad Juan Calvo y Daza Chacón.

Como sucede con las especies biológicas, la diversidad de lenguas enriquece. Centrarse en una sola, manejada a su antojo por unos y por otros, embrutece el mensaje, dificulta la comunicación y empobrece. No es extraño leer textos de organismos internacionales en inglés o en otro idioma y no comprender bien el mensaje.

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